viernes, febrero 13, 2026

CARNAVAL DE BOTARGAS Y ENMASCARADOS ALCARREÑOS

 

CARNAVAL DE BOTARGAS Y ENMASCARADOS ALCARREÑOS

Otra imagen del carnaval provincial

 

   El carnaval es tiempo de inversión, de confundir lo blanco con lo negro. Reír las penas transformándolas en alegrías, como escribiese el etnógrafo López de los Mozos. Atronar y, si llega el caso, molestar. Cosa que no gustó a nuestras autoridades civiles y eclesiásticas tiempo ah; de ahí que sacasen un estricto reglamento por el que se anunciaba que: “Próxima la fiesta de Carnaval, que si por su índole bulliciosa y expansiva permite alguna mayor libertad que la acostumbrada a los que toman parte en aquella, no puede sostenerse, sin embargo, que sea motivo de molestias para nadie y menos de que, a su amparo, se cometan verdaderos atropellos en pugilato de desatenciones, descortesías y mal intencionados actos rayanos, unos en lo grosero y en lo indecoroso otros, actos todos estos que no pueden escudarse, como se ha indicado, en el bullicioso y expansivo carácter de la fiesta”. En evitación en lo posible de esas consecuencias, quedaba regulado y prohibido los disfraces con uniformes, arrojar confeti al rostro, recogerlo del suelo para lanzarlo de nuevo, y, en general, emplear cualquier objeto que pudiese molestar al público.

   Claro está que en aquellos tiempos el público se decantaba más por el carnaval a la veneciana, con trajes de etiqueta y máscaras de ilusión que se lucían en bailes y casinos de sociedad, principalmente. Y quienes no disponían de caudal para ello salían a la calle echándose encima el primer trapajo o piel de carnero, que encontraban por la casa.

 


Prácticas de carnaval

  Y es que las prácticas carnavalescas conllevan una serie de acciones que a través de distintos personajes afines a éstos días se han mantenido: arrojar pelusa, ceniza, paja o harina; quemar trastos viejos; correr gallos; mantear animales, principalmente gatos y perros;  producir ruidos e incluso centrar las iras en un ensañamiento con determinadas personas, generalmente dispuestas para asumir el papel de víctimas y cargar con las culpas de una sociedad que se ve de esa manera liberada de faltas.

   Toda esta serie de actos llevaron a que a partir del siglo XVI se tratase de reconducir manteniendo la fiesta y anulando personajes, excesos y burlas, sin contar que hubo reiterados intentos para terminar con unas manifestaciones que eran consideradas como desorden colectivo. Carlos I en 1523; Felipe V en 1717, 1745 y 1746, y Carlos IV en 1797, entre otros, promulgaron medidas destinadas a impedir su desarrollo, aunque fue mucho más numerosa la legislación municipal en esta materia.

   La jerarquía eclesiástica, desde la Baja Edad Media, combatió los festejos populares centrados en este período como supervivientes de rituales paganos contrarios a la doctrina de la iglesia y por supuesto, en menoscabo de ella.

   Más recientemente, durante el largo periodo que medió entre 1937 y 1977, el carnaval y sus manifestaciones estuvieron prohibidos mediante la orden de 3 de febrero de 1937 dictada en Burgos y ratificada en Madrid el 22 de febrero de 1940, mediante la cual: queda prohibido el uso en la vía pública de disfraces, caretas y demás prendas de carácter similar, así como la organización de bailes o reuniones cuya modalidad tienda a conmemorar tales fiestas, quedando excluidas de la prohibición los bailes o reuniones que celebren aquellos centros que los organizan habitualmente, siempre que en ellos no se haga especial alusión al carnaval, así como los de trajes regionales, sin antifaz. La orden era recordaba año a año, por el Gobernador Civil de cada provincia todos los meses de enero.

   Por otra parte, los excesos también se regularon. Principalmente en los inicios del siglo XX, al menos para la provincia de Guadalajara, haciendo que algunas de aquellas acciones que trataban de humillar; así como cierto maltrato a los animales desapareciese o se reconvirtiera en otro tipo de actuación. De ahí la circular del Gobierno civil de Guadalajara de 22 de febrero de 1911 en la que acotaba los excesos y ponía las correspondientes penas de prisión, calabozo o multa, a los infractores.

 

Botargas y enmascarados alcarreños

     Así pues, las sucesivas prohibiciones y la consiguiente despoblación desterraron de numerosos de nuestros pueblos la costumbre ancestral de aquellos personajes que, pasado el tiempo, por estos días, y desde los pasados navideños, nos vienen a visitar, puesto que se ha demostrado la identidad del carnaval con otras festividades invernales: San Nicolás, Santos Inocentes, Reyes, San Antón, Candelaria, San Blas o Santa Águeda. En todas ellas se repiten actos similares: libertades y bromas; peticiones de aguinaldos; y ante todo las máscaras, las que nos traen representaciones y burlas que llevan en muchos casos añadida la tentación; el intento de romper las normas y por supuesto saltar la barrera de lo prohibido entregándose por unos días al exceso antes de entrar en la penitencia impuesta por la cuaresma que nos llega. Algunas fiestas son incluso comunes a las que se celebraban en otros períodos del año como herederas de hábitos que tuvieron asiento en nuestros pueblos.

   Por lo que se refiere al carnaval propiamente dicho son muchos los estudios que le dan unas fechas fijas, determinadas en unos pocos días o llegando incluso a semanas: las anteriores a la Cuaresma; situando su inicio en el jueves llamado gordo, lardero o de comparsas, según las zonas. En algunos puntos de Guadalajara bien puede decirse que tiene su comienzo en los días posteriores a Navidad, fechas en las que hacen aparición las primeras máscaras (botargas) para terminar generalmente en las vísperas previas al Domingo de Ramos, día en el que siguen manteniéndose costumbres acordes a estas jornadas.

   En localidades, especialmente de las serranías del Ocejón y Alto Rey vieron éstos mismos personajes los días de Navidad, con anterioridad y después de la Misa del Gallo integrando comparsas de mozos. En algunas poblaciones ha desaparecido totalmente y en otras se han ido ajustando a festividades diferentes: San Sebastián, San Blas, la Candelaria...e incluso fiestas veraniegas o patronales. Principalmente para contar así con un mayor número de participantes o espectadores, puesto que la despoblación también afecta a la fiesta.

    Cada uno de aquellos, y en cada uno de sus lugares respectivos, tenían su propio cometido. En Robledillo de Mohernando y otros pueblos de la campiña arriacense cuando salían las vaquillas en carnaval iban vestidas de sacos, serillos, o alfombras de esparto deshilachadas; portando sobre los hombros unas amugas de las que se usaron para acarrear la mies, con unos cuernos de buey o de vaca clavados o sujetos en los dos extremos de delante y las grandes zumbas de las vacas al cuello o la cintura. Su misión era destrozar los vestidos de quienes se disfrazaban el martes de carnaval, entre otros. El toro de carnaval de Peralejos de las Truchas, costumbre que aún perduraba en el año 1930, era celebrado con un simulacro de corrida de toros el martes de carnaval, disfrazándose un hombre de la localidad. Toro de carnaval que era lidiado en la plaza del pueblo. Tras pasar por todas las fases de la lidia taurina le daban muerte para después llevarlo a la taberna donde le hacían beber hasta que resucitase.  En Cabanillas del Campo la botarga se llevaba los chorizos que encontraba, en Ujados salía la botarga junto a las máscaras correspondientes, recorriendo el pueblo haciendo sonar cencerros y campanillas; en Anguita acompañaba a la vaquilla; en Villares de Jadraque sus vaquillones hacen retemplar las entrañas del pueblo; y así por decenas de nuestros municipios de donde, de muchos de ellos se nos ha perdido la memoria, ya que este tipo de fiestas no solían quedar reflejados en los anales de su historia.

   Y después, todo pasado, el miércoles de ceniza, tras el entierro de la sardina, en 1877 se celebró por vez primera en Guadalajara, el silencio. De momento, ruido.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 13 de febrero de 2026

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A propósito de Carnaval


Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara

 

Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara

 

    La provincia de Guadalajara, sus pueblos, mantienen decenas de tradiciones enraizadas con su pasado histórico, folclórico y tradicional; algunas de ellas han pasado a pertenecer al calendario festivo.

   El autor rescata en este libro decenas de ellas que en ocasiones se confunden con la multitud de leyendas que jalonan los pueblos.

   Por las páginas de la obra desfilan las botargas; el toque de las campanas; el carnaval; la Semana Santa; las ferias; las romerías; los trajes tradicionales; las rondas; los danzantes; las tradiciones enraizadas con los difuntos; la matanza o la Navidad.

   En su mayoría son notas de folklore y tradiciones que el autor ha ido desgranando en sus artículos semanales en el periódico Nueva Alcarria, de Guadalajara, en el que desarrolla la página “Guadalajara en la Memoria” y que, en conjunto, conforman una serie de relatos que mantienen no solo la memoria, también la tradición etnográfica y folklórica de una provincia a través de sus tradiciones populares.

 

 


 El libro, pulsando aquí

 

 

 

SUMARIO:

BOTARGAS, PARA COMENZAR EL AÑO

 

ALARILLA: LA PRIMERA BOTARGA

 

EL NIÑO PERDIDO, DE VALDENUÑO-FERNÁNDEZ

 

SAN ANTÓN Y LOS SANTOS DEL FRÍO

 

LA BARBARIDAD DE HORCHE

 

LAS CAMPANAS DE SANTA ÁGUEDA

 

TIEMPO DE CUERNOS, DIABLOS Y CENCERROS

 

CARNAVAL, BAJO LA MONTAÑA SAGRADA

 

MEMORIA DE DON CARNAL Y SU SARDINA

 

LA PASIÓN, SEGÚN JADRAQUE

 

EL ROSARIO DE FAROLES DECRISTAL DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES, DE ATIENZA

 

LA CRUZ DE CRISTO, EN LA PROVINCIA DE GUADALAJARA

 

LAS SANTAS ESPINAS DE ATIENZA. EL GRIAL DE GUADALAJARA

 

LA SANTA ESPINA DE PRADOS REDONDOS

 

MAYO, DE CRUCES Y CAMPANAS

 

¿POR QUIÉN TOCAN LAS CAMPANAS?

 

LA ROMERÍA DE LA VIRGEN MIRABUENO

 

LA REINA DEL SEÑORÍO

 

LA MIGAÑA. LA FILA ROMA DE GUADALAJARA

 

EL DÍA DE LA ASCENSIÓN

 

MEMORIA DE UNAS FOTOS

 

BOINAS, GORRAS Y SOMBREROS.

 

LA IMPORTANCIA DE UN BUEN ALMIREZ

 

AGOSTO DE DANZAS Y DANZANTES, EN LA SERRANÍA

 

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UN SANTO EN EL CALENDARIO: SAN MIGUEL PAGADOR

 

TIEMPOS DE FERIA

 

HIENDELAENCINA

 

POR CANTALOJAS, DE FERIA

 

PARA MORIRSE COMO DIOS MANDA

 

ATIENZA, Y SU DANZA DE LA MUERTE

 

PAREDES DE SIGÜENZA, Y EL SECRETO DE SU CEMENTERIO

 

MAZUECOS Y LAS CALABAZAS DEL DÍA DE ÁNIMAS

 

DICIEMBRE, MES DE LA MATANZA EN LA SERRANÍA

 

NAVIDAD DE PASTORES, CENCERROS Y NOCHEBUENO

 

BUSTARES, NAVIDAD EN LAS ALTURAS

 

 

El libro, pulsando aquí


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