domingo, junio 07, 2026

BARCONES, UNA POBLACIÓN EN LA FRONTERA

 

BARCONES, UNA POBLACIÓN EN LA FRONTERA

Hoy en la provincia de Soria, perteneció a la de Guadalajara hasta 1833

 

   Barcones, es la primera población que aparece tras dejar atrás los paisajes de Atienza; en la actualidad en la provincia de Soria, y que perteneció hasta 1833 a Guadalajara, del mismo modo que fue parte de la tierra de Paredes de Sigüenza, cuando esta parte perteneció a los condes de Coruña y al Vizcondado de Torija, creado en una rama de los Mendoza descendientes del primer Marqués de Santillana. A Barcones se llega a través de la antigua carretera de Berlanga que hasta allá llega desde Atienza, población a la que, con anterioridad a integrarse en la tierra de Paredes, perteneció.




 

Barcones, en la frontera

   Poco o nada tiene que ver la población que en la actualidad se nos muestra al entrar en la provincia hermana, puesto que, por esta parte, como señalamos, es el primer pueblo de ella que nos encontraremos; situado, eso sí, como lo estuvo a través del tiempo en esa definición enciclopédica que nos legaron los siglos pasados: “en forma de anfiteatro en el descenso de un pequeño cerro, y con buena ventilación”. Como que fue parte de una extensa línea fronteriza que dominó parte de las Castillas; por donde se alzaron torres vigías que habían de estar al tanto del paso de huestes enemigas. La línea fronteriza de Soria con Guadalajara conserva un buen número de ellas con las melladuras del paso de los siglos, aun manteniendo la hidalguía de una historia que nos une.

   Incluso nos unió la estructura románica de su incomparable iglesia parroquial del Arcángel San Miguel, que conserva de sus primitivos tiempos la portada de acceso, de lo poco que quedó después de que, cuando la primera guerra carlista daba las últimas bocanadas, un incendio la redujese a escombros y cenizas el 6 de agosto de 1839, desapareciendo entre otras cosas su magnífico retablo, obra del atencino Francisco del Castillo, heredero en este arte del también maestro de la villa Diego de Madrigal, quien heredó, a más del modelo artístico, el taller que Madrigal tuvo abierto en la calle de San Pedro de la atencina villa. La iglesia se reconstruyó a partir de 1840 para darle el aspecto que hoy tiene, con la colaboración de todo el vecindario y del obispado de Sigüenza al que entonces pertenecía.

 

Tierra de arévacos

   Por aquí anduvo a la caza de restos prehistóricos don Juan Cabré quien pateó toda la línea serrana que desde Barahona (o Baraona), llega a Retortillo, deteniéndose en Tiermes. Los arévacos levantaron en el territorio algunas poblaciones de relativa importancia, como pudieron hacer con Numancia, tras cuya caída se inició la romanización del territorio, que estuvo cruzado por numerosos ramales de calzadas que posteriormente fueron rutas ganaderas, puesto que por aquí bajaron los ganados trashumantes en busca de los pastos invernales de la Extremadura castellana. Haciendo que la propia población de Barcones se convirtiese en un emporio ganadero en el que se asentaron familias que tuvieron renombre en la serranía hasta bien avanzado el siglo XIX. Nombres que nos suenan, como los Gamboa, Romanillos, Botija, Manrique, Beladíez o Lozano. Familias que conjugaron sus posesiones de aquí con las de Atienza, Miedes, Condemios o Campisábalos. También fueron, los hombres de Barcones, hábiles tratantes en mulas cuando la muletería tenía asentada en esta parte de Castilla uno de sus principales centros en los que se criaban las muletas que, enseñadas a la labor, recorrían las principales ferias comarcanas de Almazán, Berlanga, Sigüenza, Jadraque, Sepúlveda, Ayllón o Atienza. Hermanadas por una similar Historia.

   Barcones fue población de buen número de habitantes, pues se aproximó en sus mejores tiempos al millar; en la actualidad apenas alcanza las dos docenas, como parte de esa Siberia española despoblada, o como queramos llamarla, de la que sus habitantes tuvieron que salir decenios atrás en busca de mejores medios de vida, ya que las promesas se las llevó el viento. Aquí en Barcones en los primeros decenios del siglo XX estaba prevista una estación de parada del que había de ser vehículo vertebrador para el futuro; la línea de ferrocarril que uniese España con Europa, pero el buen conde de Romanones, quien por aquí disparó a las codornices, debió de encontrar mejor aventura para sus negocios en la provincia de Segovia, dejando a los sorianos como lo hizo con los guadalajareños de esta parte, compuestos y sin tren.

 

Nombres en la Historia de Barcones

   Cuando el conde venía por aquí a la caza de la codorniz apenas quedaban ya ilustres nombres de la hidalguía comarcana; la mayoría de ellos habían levantado la casa para establecerse en Atienza, Guadalajara o Madrid. De aquí salió una rama de los Gamboa que asentados en Sigüenza fueron parte de la historia de la ciudad mitrada, ocupando cargos en la política y en la catedral; como lo hicieron los Iglesia, o de la Iglesia, quienes desde sus puestos legislativos, pasaron a la historia de la abogacía como entendidos en derecho o legislación. Siendo, D. Gregorio de la Iglesia, aquí nacido, uno de los más significativos hombres en la administración del ducado de Alba, puesto que fue Archivero y Bibliotecario de la Casa ducal, a más de Abogado de los Reales Consejos. Su pariente, don Francisco Iglesias, deán que fue de la catedral de Sigüenza y alcanzó a ser colegial de Bolonia; oidor de la Chancillería de Granada fue D. Miguel de la Iglesia, quien se empeñó en tratar de demostrar a través de sus escritos que Numancia no se alzó donde nos dicen los estudiosos, sino en Almazán. Y también aquí tuvieron parte de nacencia los Fajardo, que han pasado a la historia a través de la novela de Benito Pérez Galdós, uniendo en un descendiente de ellos, D. Antonio Botija Fajardo, todo el poder familiar. D. Antonio casó con su prima, Dª Antonia Botija y Verdugo, también heredera en Jadraque de mediana hacienda y aquí, en Jadraque, levantaron su imperio industrial con fábrica de harinas y luz incluidas. D. Antonio también fue diputado provincial y uno de los más prestigiosos Ingenieros Agrónomos de su tiempo, quien dio a la imprenta unas cuantas obras de sabiduría del campo. También fue D. Antonio el hombre que habiendo recibido en herencia el cuadro que Francisco de Goya pintó de D. Gaspar Melchor de Jovellanos, lo sacó al mundo a través de un trapero de Madrid, que fue entonces el único que se interesó por la pintura.

   Por supuesto que en este relatar de nombres ilustres salidos de la localidad, no nos ha de faltar don Antonio Sanz Romanillos, doctor en varias ciencias, Secretario de la Constitución de Bayona, que dejó el trono en las manos de José Napoleón I, y su ministro del Consejo de Estado y Hacienda, quien además fue uno de los hombres más ilustrados de su tiempo.

 

La Villa que Barcones quiso ser

   También quiso Barcones ser villa independiente eximiéndose de Paredes de Sigüenza, como lo quisieron Alcolea de las Peñas, Cercadillo y algunas otras poblaciones más, alegando que los alcaldes de la cabeza de la tierra no trataban bien a quienes se encontraban un tanto alejados de su centro de poder. Como la mayoría de las poblaciones que lo intentaron, Barcones no pudo reunir la inmensa cifra que se pidió para la exención, quedando como un lugar más del antiguo Común de Villa y Tierra de Atienza; con una historia tan cercana que a pesar de que la carretera nos distancia y la sierra se enrisca, sus líneas y antiguos legajos nos unen.

  Tierras y pueblos con tantas cosas en común que las distancias desaparecen y animan al conocimiento.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 5 de junio de 2026


BARCONES (Soria); Historia, Entorno y Gentes

 

BARCONES (Soria); Historia, Entorno y Gentes

 

   Se encuentra BARCONES en la provincia de Soria, prácticamente en la línea divisoria que separa esta provincia de la de Guadalajara, provincia a la que perteneció hasta 1833, dentro del amplio Común de Villa y Tierra de Atienza, de cuya historia participará a lo largo de los siglos, por cercanía y hermandad de gentes.

   Pasará, sin dejar de estar integrado en el común atencino, a la Tierra de Paredes, integrada en el Condado de Coruña y Vizcondado de Torija, rama de los Mendoza que descenderá del primer Marqués de Santillana.

   Su sencilla historia, unida a la agricultura y la ganadería, dejará el nombre de Barcones inscrito en sus anales a través de sus gentes, de sonoros apellidos como Ranz Romanillos o Botija Fajardo, nombres y apellidos que se unirán a la aristocracia ganadera serrana.

   A través de las páginas siguientes el autor nos introduce en el pasado de Barcones, continuando su trayectoria a lo largo del tiempo, hasta situarnos en los albores del presente, a través de crónicas escritas  que, en conjunto, forman el diario histórico de la población.

 

 

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Detalles del LIBRO

  • ASIN ‏ : ‎ B0DPDC83XP
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 211 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8301835087
  • Peso del producto ‏ : ‎ 336 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.35 x 21.59 cm

 

 

 


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lunes, junio 01, 2026

FRANCISCO MORALES, EL TABERNERO DE NAHARROS

 

FRANCISCO MORALES, EL TABERNERO DE NAHARROS

Llegó a ser uno de los hosteleros más populares de Madrid

 

    Que la hostelería madrileña se ha alimentado desde hace dos o tres siglos con mano de obra de Guadalajara es algo que nadie puede poner en duda; sobre todo desde que en las duras décadas de 1940 y 1950 la emigración de la provincia tomó como destino la capital de España. Si bien es cierto que desde mucho tiempo atrás, tal vez desde los siglos XVIII y XIX, en Madrid ya triunfaban en el mundo de la hostelería numerosos naturales de nuestra provincia. Tal vez una de las mujeres que más renombre adquirió en ese último siglo, el XIX, fuese Segunda López del Postigo, natural de Fuentelencina quien el 2 de mayo de 1808, en plena batalla madrileña contra el invasor francés recibió un tiro en un muslo, lo que la hizo pasar a la categoría de héroes premiados por la majestad de Fernando VII cuando en 1814 recuperó el trono, señalándole una renta vitalicia de cuatro reales diarios que a nuestra paisana sirvieron para alzar un edificio que dedicó a la hostelería y la hospedería en la madrileña calle del Arco de Santa María (actual calle de Augusto Figueroa).

   Más cercano en el tiempo, en los inicios del siglo XX, don Arturito Contreras, nieto del más que famoso médico don Bibiano, alcalde que fue de Jadraque e inversor minero en Hiendelaencina, junto a su mujer, Isabel Bueno, descendiente de muleteros de Maranchón, elevaron a la historia literaria madrileña el Café Comercial de la Glorieta de Bilbao.

   Son sólo dos nombres, con medias historias, de las decenas de ellos que podríamos señalar, triunfantes en su dedicación.

 


Francisco Morales de Mingo

   Cuando abandonó su localidad natal, Naharros, o para mejor distinguir, Naharros de Atienza, en la Serranía, apenas con diez años de edad, concluía la década de 1910. Salió del pueblo con apenas unas pesetas en el bolsillo, con parte de ellas compró un billete de tren, por Yunquera, presentándose en Madrid en busca de la vida. Una vida que por estas tierras fue siempre dura y apretaba un poco más cuando no se tenía demasiado de lo que disponer.

   Sus primeros pasos en el mundo laboral madrileño, contaba don Francisco Morales de Mingo, tal su nombre, los daría en una tienda de ultramarinos, de la que fue titular un familiar. En ella aprendería a moverse en el mundo de los negocios, y en el difícil trato con la clientela.

   Regresó a su Naharros natal casi diez años después de la partida cuando, cosas del destino, había que cumplir, se estuviera donde se estuviera, con la Patria. Entonces, en el regreso, algunas cosas comenzaban a cambiar por esta tierra: la carretera que conduce desde Hiendelaencina a Atienza, haciendo alto en Naharros, se encontraba en obras. Sería de lo poco nuevo que Francisco Morales pudo observar, pues todo lo demás continuaba como lo dejó. Por probar la dureza de los trabajos serranos, Francisco Morales se enganchó a una de aquellas cuadrillas que abrieron la caja de la carretera, hasta que llegó la hora de acudir a servir a la Patria, a Melilla y, desde Melilla, retornó a Madrid, a la cantina de Ingenieros Militares de la Ronda del Conde Duque, donde se guardaban los vehículos con los que el Rey Alfonso XIII se aficionó a la automoción. Con lo ahorrado en dos años de trabajo se compró un traje y un par de zapatos.

 

La taberna de Puerta Cerrada

   Francisco Morales comenzó su andadura personal en el mundo de la hostelería en 1933, cuando se quedó con el traspaso de un local por la calle del Carmen, junto a la Puerta del Sol, con dinero prestado y toda una vida por delante; era el sábado 3 de marzo de aquel histórico año que preludiaba los que estaban por venir. Aquel, el día de la inauguración, al contar la caja se encontró con 386 pesetas; todo un capital; claro está que al hacer la caja tres días después, el martes, apenas habían entrado media docena de clientes que se dejaron 8 pesetas; después los años de la guerra, que dejaron temblando a media España, y un buen dinero en sus bolsillos a cuenta de la venta de vino; dinero que, a la conclusión, dejó de tener valor. Tras ese tiempo vinieron los días ácidos del exilio francés; dormir en las playas a donde fueron conducidos los españoles que pasaban las fronteras; el retorno por León y, al fin, la vuelta a Madrid, donde le aguardaba su mujer, natural de Alcolea del Pinar, que continuaba regentando el antiguo local de la calle del Carmen que, para iniciar de nuevo la vida, puso en traspaso. Las 29.000 pesetas que le dieron por el antiguo, añadiendo 500 más, las empleo en adquirir la taberna de la plaza de Puerta Cerrada.

   En este tiempo, no muy lejos de allí, en la Plaza de Sevilla número 6, donde ya se ubicaba la Casa de Guadalajara en Madrid, don Ángel Pareja, quien pasaría en más de una ocasión por Casa Paco, y quien a la sazón regentaba el Restaurante de la Casa, ofrecía los menús especiales a 3,45 pesetas. Y es que no eran pocos los paisanos que, asilados en pensiones, se veían en la necesidad de pasar por cualquier casa de comidas, a llenar el estómago. Y Casa Paco sería una de ellas.

 

La taberna de las estrellas

   No llegó, hasta la década de 1950, el poner de comer en la taberna, que no tardó en hacerse popular; la calidad, junto a la simpatía y el entorno, hicieron lo suyo a la hora de que traspasasen sus puertas primero los militares, después los políticos, más tarde los toreros y, por último, las estrellas del firmamento cinematográfico que catapultaron a la fama la taberna Casa Paco.

   Por aquí pasarían, Mario Moreno “Cantinflas”, cuando rodaba su “Don Quijote cabalga de nuevo”; y antes que él, Ava Gadner, y luego Roger Moor, Orson Welles o Gary Cooper, y más tarde, el Rey don Juan Carlos de Borbón, a quien, tras la comida, le regaló un mechero y un puro, y el rey, campechano él, le pidió otro para su hijo, el príncipe don Felipe, que los coleccionaba, y contaba don Francisco Morales en qué consistió el menú: “un plato de jamón para empezar, un trozo de carne para comer, ensalada…”

   De aquella quedó una foto, que se unió a las ya existentes, con lo que fueron llenándose las paredes de la taberna, y del comedor, de imágenes de don Francisco Morales de Mingo, con las estrellas del firmamento cinematográfico, o del mundo de la política, que harían populares sus platos más sabrosos de la cocina castellana. Por aquí pasaron Manolete y Lupe Sino, los Dominguines, Curro Romero…, y seguro que a su tiempo algunos de aquellos escritores que dejaron su sello en la literatura española de la última mitad del siglo XX, desde Pío Baroja a Camilo José Cela, que tanto gustaron de la sencillez del plato como del buen guiso.

   El tiempo dejó a don Francisco Morales algunas condecoraciones y reconocimientos, que siempre vienen a cuento, ante todo cuando se trata de reconocer la labor bien hecha; a su tiempo recibió la Placa del Mérito; la Medalla del Trabajo, la del Turismo, los honores del Ayuntamiento de Madrid, e incluso el homenaje de sus paisanos en la capital del reino a través de la Casa de Guadalajara, a la que don Francisco perteneció.

   Y es que hay gentes, e industrias, más allá de los horizontes de nuestra provincia; industrias y gentes que, desde la lejanía, también engrandecieron nuestra pequeña patria.

  

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 29 mayo de 2026


NAHARROS DE ATIENZA

 

 NAHARROS; en Tierra de Atienza

 

   Los tres diccionarios de consulta para los pueblos de Guadalajara, publicados en el siglo XIX, el de Sebastián Miñano de 1827, Pascual Madoz de 1848, así como el Nomenclátor de la Diócesis de Sigüenza de 1886, hablan de Naharros con parquedad, si bien los tres coinciden en algo, en que “se halla situado en terreno áspero, con clima frío y excelente ventilación”.  

   No son muchos los datos históricos que se ofrecen, salvo el número de sus habitantes, o vecinos: 40 según el Nomenclátor, que equivaldrían a unos 120 habitantes; 137 cuenta Miñano que tenía en 1827 y en torno a los 100 son los que pone Madoz. Los tres señalan que depende del municipio de La Miñosa; y en cuanto al nombre igualmente le dan distintas acepciones: Narros para el Noménclator; Naharros para Miñano y Madoz.   


NAHARROS, EN TIERRA DE ATIENZA (El libro, pulsando aquí)

   En cualquier caso aclaremos un extremo: Naharros, como tantas otras poblaciones, ha cambiado mucho desde aquellos remotos tiempos a la actualidad. Un simple vistazo a su caserío nos lo muestra, si bien ha perdido algo de su identidad; hasta la década de 1960 era conocido en la comarca como “el de los tejados de pizarra”, cuando todavía no estaba descubierta la ruta de los pueblos negros y Naharros era uno de tantos, si bien algo alejado de aquellos, al pie de la carretera que desde Atienza conduce a Hiendelaencina, en un paraje de excepcional belleza, a pesar de la pobreza y aridez del terreno.  

   Su origen hay que buscarlo en las repoblaciones que se llevaron a cabo en Castilla tras la conquista de Toledo, avanzado el año 1100, y el topónimo del nombre ya nos da a entender quiénes fueron sus pobladores, originarios del entonces reino de Navarra, probablemente llegados a estas tierras, como tantos otros repobladores de la Vieja Castilla, atraídos por las exenciones de Alfonso VI y Raimundo de Borgoña.     

 

NAHARROS, EN TIERRA DE ATIENZA (El libro, pulsando aquí)

 

   Son muchos los estudios sobre la toponimia vasca en Castilla llevados a cabo a lo largo del siglo XX, y algunos señalados, como los Salvador de Madariaga o  Antonio Llorente Maldonado de Guevara, en los que se profundiza en la materia, dando cuenta de cómo, el origen del nombre, así como sus primitivos pobladores, llegan de aquella zona, anteriormente reino de Pamplona, así como de la multitud de poblaciones que, en Castilla, llevan un nombre semejante: Narros, Naharros, Narrillos, Naharrillos, etc., la mayor parte de ellos pertenecientes, al día de hoy, a las provincias de Avila, Segovia, Salamanca, Cuenca y, por supuesto, nuestro Naharros de Guadalajara.

 

NAHARROS, EN TIERRA DE ATIENZA (El libro, pulsando aquí)

 

   Algunos autores aseguran que esta repoblación de navarros al otro lado del Duero se produjo a partir de la batalla de Las Navas de Tolosa.


jueves, mayo 21, 2026

ALFONSO VIII, REY DE ATIENZA

 

ALFONSO VIII, REY DE ATIENZA

A él se debe el auge de la villa a partir del siglo XIII, así como la tradicional Caballada

 

   Si un rey hubiera de coronar la villa de Atienza este no debía de ser otro que Alfonso VIII de Castilla quien, desde su tierna infancia hasta que la muerte lo llevó pudo considerarse como su benefactor; quizá debido a que siendo niño la tradición cuenta que de aquí lo sacaron a lomos de mulos, escondido entre sus bártulos, los arrieros de la villa; la historia, caprichosa en ocasiones, no da cuenta con señales, escritos o documentos la realidad del hecho, que se conmemora año a año desde solo Dios sabe cuándo, en fechas coincidentes con la festividad de Pentecostés. Contándonos la tradición que aquella escena, la salida de Atienza, es el origen de La Caballada. La segunda fiesta de los arrieros, puesto que la primera ha de ser, como lo es para cualquier hermandad o cofradía que se precie, la de su patrono principal, La Santísima Trinidad.




 

Alfonso VIII rey de Castilla y de Atienza

   Contó don Julián Enrique Rueda, en Soria, por el mes de septiembre de 1881, la historia del pequeño rey Alfonso quien, huérfano de padre y madre a la temprana edad de tres o cuatro años, y luego que su padre Sancho III nombrase tutores para el infante, quiso disputarle el trono su tío, Fernando II a quien en herencia tocó el reino de León; a Alfonsito le cayó el de Castilla y en aquellas batallas, verbales en principio y que tornaron luego en disputa armada, Alfonso fue llevado a Soria, de aquí a San Esteban de Gormaz y desde la amurallada ciudadela… “y para mayor seguridad, lo trasladó a Atienza”; a lomos de buen caballo, guiado por Pedro Núñez, Señor de Fuente Almegir. Hecho que debió de acontecer entre 1159 y 1164, a juicio de los entendidos.

   De don Julián Enrique Rueda tomó don Francisco Layna los datos que acompañó a su estudio sobre La Caballada de Atienza que vio la luz a través de la Revista Hispania, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en 1942; e igualmente de aquí saldrán los datos que numerosos de cuantos seguimos o siguieron el paso del rey, relatamos en torno a la llegada y posterior partida de Atienza, del pequeño rey.

   De lo que no cabe la menor duda, muy a pesar de la falta de documentos que nos indiquen la salida atencina del niño Alfonso a lomos de mula, envuelto entre arrieros, es de que llegado que fue al trono, Alfonso VIII convirtió Atienza en una de las enseñas reales; en Atienza mejoró su castillo, levantó templos, amplió el cerco de sus murallas y por allí anduvo cuando las cuentas pendientes del reino se lo permitieron, llevando consigo a los hombres buenos de esta tierra en cuantas batallas, que muchas fueron, llevó a cabo a lo largo de su reinado, concediendo, cuentan algunos de los muchos cronistas de aquel tiempo, a las poblaciones que le siguieron en la batalla de Las Navas de Tolosa, el título de muy noble y muy leal a las villas de las que salieron sus hombres.

 

El Rey en Atienza

   Pocos se ponen de acuerdo a la hora de dar cuenta de cuánto tiempo estuvo entonces el rey en la población aquella primera vez. Mientras que la tradición, sin dato documental, nos dice que pudieron ser varios meses; también se nos dice que pudieron ser apenas unos días, antes de que desde Atienza lo llevasen camino de los seguros muros de Ávila, como también recoge el P. Ariz en sus magníficas “Grandezas de Ávila”, que vieron la luz en los albores del siglo XVII.

   Es el caso que Alfonso VIII, tornó a Atienza en cuantas ocasiones los asuntos del reino le hicieron pasar por sus cercanías; o las batallas se lo permitieron; conociendo que en aquellos remotos siglos no tenían los reyes lugar fijo en el que residir, siendo la corte ambulante y estableciéndola allá donde la noche, si de viaje iban, se les echaba encima, por decirlo de manera coloquial; puesto que de antemano, abandonando un lugar, señalaban el de la pernoctación o estancia del siguiente.

   Documentadas en parte se encuentran las estancias reales de Alfonso VIII en Atienza:

   En 1166 y desde finales de junio hasta principios de julio, se encontró Alfonso VIII en la villa, donde el día 3 de julio concedió al monasterio de San Salvador, de Atienza, los famosos beneficios que ostentaron sobre las salinas de tierra de Atienza, dos bestias cargadas de sal, que semanalmente podían emplear para sus usos.

   En 1174, concedió al monasterio de la Vid (nos cuenta la Crónica de Alfonso VIII el Noble), encontrándose en Atienza el 14 de febrero de ese año, ciertos privilegios cuando venía de acompañar a su tía, la reina Sancha de Aragón. De Atienza marchó a San Esteban de Gormaz.

   En 1181 permaneció Alfonso VIII en Atienza una gran parte del mes de julio, pues en la villa suscribió con fecha del día 13 la donación de Hornillos y Orbaneja al monasterio de Rocamador, sito cerca del primer pueblo, y el 31 firmaba en Atienza los nuevos fueros de Palencia, con compensaciones a su obispo y cabildo.

   En 1194 se encontró Alfonso VIII en Atienza, donde estaba el 12 de diciembre, y desde donde confirmó la fundación del monasterio de Valfermoso, llevada a cabo por los ilustres hijos de la villa Juan Pascasio, Flamba su mujer, y sus hermanos.

   También visitó Atienza en el año 1200; en la villa se encontraba el 25 de octubre, y aquí confirmó el acuerdo entre el obispo de Sigüenza y el concejo de Atienza; siendo Rodrigo, sobrino y heredero en el obispado de Martín de Finojosa, el beneficiario del documento que se le entregaba para la repoblación de Cabanillas.

   Regresó a Atienza el rey en el año de gracia de 1203, y aquí estuvo al menos desde el 11 de mayo hasta el 19, cuando algunos documentos hablan de su salida en dirección a Berlanga de Duero, población a la que llegaría el día 20.

   La última estancia real nos lleva al año 1207, entre el 14 y el 16 de marzo. En estas fechas suscribió en Atienza algunos documentos, entre ellos una donación al monasterio de Las Huelgas Reales, en Burgos, fundación familiar del propio monarca castellano, tanto como de sus hijas y su mujer, Leonor de Plantagenet.

   El 6 de octubre de 1214 se despidió del mundo el Rey: “El mismo día que pasó desta vida…” Cuenta la crónica real; para ser llevado a su definitivo reposo.

  Las crónicas nos dicen que: “Fue sepultado pues en el Monasterio junto a Burgos, por los obispos Rodrigo de Toledo, Tello de Palencia, Rodrigo de Sigüenza, Mendo de Osma, Giraldo de Segovia, y por otros religiosos, haciendo el gasto de las ostentosas exequias la Reyna Berenguela su hija, la cual concluyó aquella función lúgubre con tan intenso dolor que casi se extinguiera con los golpes y lágrimas que producía. Y así como adelantó el reyno en vida con sus virtudes, llenó en muerte a toda España, o por mejor decir, a todo el mundo de lágrimas. Fue pues sepultado en el sobredicho monasterio por los referidos prelados, donde no podrá borrar ni la envidia ni el olvido la memoria de sus alabanzas”.

   La reina Leonor no tardaría en acompañarle en la muerte: “probablemente acometida por las mismas fiebres que se llevaron al rey, al finalizar aquel mismo mes de octubre de 1214, la vino la muerte a visitar en las vísperas del día de todos los santos”.

   Dejando ambos, en Atienza, su imperecedero recuerdo, y La Caballada.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 22 de mayo de 2026

 

LA CABALLADA DE ATIENZA. UNA TRADICIÓN CASTELLANA

 

LA CABALLADA DE ATIENZA. Una tradición Castellana.

   Te presentamos este libro sobre La Caballada de Atienza, un clásico que vuelve renovado y puesto al día con todo aquello que deseas conocer en cuanto a La Caballada de Atienza. Un libro que ha sido, y sigue siendo considerado como lo mejor que se ha escrito en torno a esta centenaria tradición castellana.

   Se presentó en Atienza, en  el mes de septiembre de 1994, ya que ni entonces ni después tuvo cabida dentro de los actos y entorno de la Hermandad. Hasta aquella fecha nada se había conocido en libro,en torno a La Caballada de Atienza, desde el mítico estudio que llevó a cabo Francisco Layna Serrano, su ya conocida La Histórica Cofradía de La Caballada de Atienza.



   El libro, en aquella ocasión, fue financiado y editado por la entidad Ibercaja, cediendo  el autor los derechos de aquella edición. Todos los cofrades que entonces pertenecían a la hermandad, así como la mayoría de los vecinos de Atienza, recibieron, grauitamente, un ejemplar de la obra. También, como resultas de la edición, se llevaron a cabo interesantes intervenciones de aquella entidad, relacionadas con Atienza.

   Fue entusiastamente recibido en todos los medios, desde el gran periodista Luis Carandell, a los distintos estamentos literarios y culturales de la provincia, y fuera de ella. Ya que ponía al día la histórica tradición.







   Gismera, era entonces, y está considerado al día de hoy como el  auténtico Cronista de la villa de Atienza y analista de su historia, y de su Serranía, habiendo participado en numerosos encuentros, dado charlas y conferencias en torno a esta festividad, así como también ha incluído su visión de La Caballada de Atienza, en otros libros, foros y debates; entre ellos el gran libro etnográfico en torno a las festividades ibéricas "Máscaradas de la Península Ibérica"; el reciente "Cien propuestas para conocer Guadalajara", o el ya clásico album recopilatorio de la obra del fotógrafo Santiago Bernal.





   Y ha  dado a la imprenta otros volúmenes y estudios en torno a La Caballada de Atienza. Entre ellos, La Caballada de Atienza, paso a paso, en la que estudia y desarrrolla cada uno de los actos, con un completo "diccionario" en torno a su palabrerío"; el más clásico "La Caballada de Atienza, historia y tradición", o el más complejo de "Arrieros, muleteros y mercaderes", en el que estudia este oficio para la comarca de Atienza, y provincia de Guadalajara. Al tiempo que la ha dado a conocer a través de numerosos encuentros, foros, y artículos de prensa, en todos sus aspectos.



   El libro que ahora nos llega es, por tanto, la suma de una obra que comenzó a estudiarse en la década de 1990, y, en cuanto a su estudio, continúa.  Libro que ha sido adaptado a los tiempos modernos.





   La obra,con multitud de imágenes, mantiene la esencia de la primera edición. Con decenas de fotografías, en blanco y negro, que conservan y es su fin, el sentir de una fiesta tradicional; quizá la más arraigada de la villa natal del autor. Que fue, en tiempo pasado, por encima de todo, una hermandad en la que destacó el respeto a la opinión y conocimiento de sus mayores, a través del llamado "Consejo o Mesa de Seises"; en la actualidad, de alguna manera, representativo, como todo su contenido.

   Al libro accedes pulsando aquí, o sobre los títulos de: "La Caballada de Atienza".  Cómodamente y sin molestías, en dos o tres días, lo tienes en tu casa. Forma parte de la nueva forma de edición coonocida como "Impresión bajo demanda", ya que de otra forma no sería posible, como no lo ha sido hasta ahora, poner a disposición del curioso, estudioso o lector, este tipo de obras.

   Y, si así lo quieres, también puedes acceder, a partir de ahora, a aquella gran obra en torno  a La Caballada, que dejó escrita en la década de 1940 el historiador Francisco Layna Serrano: La Histórica Cofradía de La Caballada de Atienza. Tan sólo tienes que pulsar aquí.  



viernes, mayo 15, 2026

RECORDANDO A DON TOMÁS BRAVO Y LECEA

 

RECORDANDO A DON TOMÁS BRAVO Y LECEA

En el centenario de su fallecimiento

 

   En el anochecer del martes 26 de mayo de 1926, en Cabanillas del Campo, se despidió del mundo de los vivos don Tomás Bravo y Lecea cuando contaba con sesenta años de edad, había nacido en Madrid en 1866, y se dedicó en Guadalajara, donde pasó la mayor parte de su vida, al mundo de la judicatura, la prensa, la novela o la literatura en general; siendo uno de los hombres más significativos en el mundo del periodismo en una provincia en la que, en este tiempo, abundaba la prensa escrita; en numerosas de sus páginas dejó Tomás Bravo y Lecea su firma, e incluso llegó a presidir en el segundo decenio del siglo, la Asociación de la Prensa de Guadalajara.




 

Bravo y Lecea, hombre de letras y de leyes

   El profesor Calero Delso, sin duda el más significativo de los biógrafos de Bravo y Lecea, nos indica que nació en Madrid, en el ya señalado año de 1866, y en la capital del reino dedicó los primeros años de su vida al estudio, en el Instituto del Cardenal Cisneros, por supuesto que con notable aplicación, ya que obtuvo varios premios cuando apenas contaba con 14 años de edad, destacando en él su pronta vena literaria: Con apenas veinte llevaría su nombre a los medios de prensa, apareciendo sus primeras líneas escritas en algunos medios de Valladolid, ciudad en la que concluyó sus estudios de derecho, dedicando los ratos de ocio a poner sus pensamientos en verso y prosa. Allí, en Valladolid, en el mes de julio de 1887, obtendría la licenciatura en Derecho civil y canónigo, continuando de esa manera la obra paterna. Su padre, Antonio Bravo Tudela, también llevó a cabo estudios legislativos, ejerciendo como abogado, dedicación que dejaría por la judicatura, llegando a ser nombrado en 1889 presidente de la Audiencia Provincial de Guadalajara, trasladándose a nuestra capital, a la que posteriormente le seguiría su hijo.

   Antonio Bravo sin embargo no ejercería su labor en Guadalajara durante mucho tiempo, ya que la muerte le sorprendió en Madrid el 18 de julio de 1891 cuando, tras pasar el verano en uno de los famosos balnearios nacionales, se disponía a regresar a nuestra capital.

 

Bravo y Lecea, en Guadalajara

   Como anteriormente apuntábamos, antes de llegar a Guadalajara, Bravo y Lecea era ya conocido en el mundo literario. Sus cuentos, relatos y poemas aparecían con relativa frecuencia en revistas literarias como La Ilustración Nacional, de Madrid; La Tempestad y El Faro de Castilla, de Segovia; El Norte de Castilla, de Burgos; o la Revista de Vizcaya, de Bilbao, entre otros numerosos medios de prensa castellanos y madrileños, en los que se llegó a forjar una pequeña fama literaria que le acompañaría a Guadalajara, en donde abrió gabinete jurídico en la calle Mayor cuando corría el año 1892, desde donde se ocupó de casos, civiles y penales de nombradía, entre ellos ejerciendo la defensa de uno de los acusados del famoso “crimen del ermitaño”, de Cifuentes; o de los encausados por el no menos conocido de los “muleteros de Maranchón”.

   En Guadalajara se encontraba al menos desde dos años atrás, pues desde aquí firmaba y enviaba sus colaboraciones de prensa a los medios. Y aquí en Guadalajara firmó, junto a nuestro buen sacerdote y arqueólogo, a más de gran escritor, natural de Horche, Ignacio Calvo y Sánchez, una de sus más reconocidas obras literarias en este tiempo, la novelita: “La Flor de la Alcarria”, que vería la luz primero en la prensa y posteriormente en libro, en 1890. Un año antes, en Valladolid, había dejado su primera recopilación de cuentos y artículos de prensa que llevaría el título de “Nubes y Celajes”. Sin que falten en este tiempo sus colaboraciones en la prensa de Guadalajara, principalmente en el semanario “El Eco”.

 

Bravo y Lecea, y sus publicaciones

   Para 1893 se pondría al frente de uno de sus primeros proyectos periodísticos, al dirigir un nuevo medio de prensa, La Ilustración, al servicio de los intereses políticos en la provincia de quien comenzaba a destacar en este mundo, Álvaro de Figueroa, nuestro Conde de Romanones quien, a través de este medio, trataría de convencer a su electorado alcarreño. La Ilustración, sin embargo, tan solo publicaría tres números, dedicando sus portadas al Sr. Conde, a D. Antonio Botija y a D. Diego García Martínez. Por supuesto que en sus páginas se ensalzaban la figura política, y los logros, de cada uno de ellos.

   No por ello, el cese de publicación de La Ilustración, dejó Bravo y Lecea de escribir en los medios provinciales, ya que inmediatamente comenzó a aparecer su firma en el semanario Flores y Abejas, al tiempo que se ocupaba de su bufete jurídico, interviniendo en cuantos eventos culturales tuvieron lugar en este tiempo en la ciudad, ante todo en el Ateneo Caracense, donde ofreció numerosas conferencias; estrenándose en algunos de los teatritos de la capital algunas de sus numerosas obras, o juguetes cómicos teatrales, de corta duración.

   En 1895 dará a la imprenta, en Guadalajara, su obra “La clase obrera”, y en el mes de junio de este mismo año pasará a ocupar el cargo de redactor jefe del semanario provincial “La Crónica”, que llegará a dirigir durante algún tiempo, siendo sus crónicas y opiniones no muy bien recibidas por algunos sectores políticos contrarios a sus ideas, lo que le llevarán a sentarse en el banquillo de los juzgados capitalinos; de los que saldrá libre de cargos.

   No faltarán en su vida los oficios que llevaba aparejada la existencia de un personaje de nuestra talla. Bravo y Lecea pasará por los juzgados municipales de la ciudad de Guadalajara, ocupando los cargos de juez y fiscal; por el Gobierno Civil, y no faltarán, en su larga lista de nombramientos y ocupaciones la secretaría de la administración provincial de la Beneficencia, la de cofradías, cátedras y reuniones culturales; añadiendo a su colección de nombramientos, incluso, la de Bibliotecario del Casino de Guadalajara, en 1900. Entre numerosos más.

   Iniciará, junto al también abogado José María Solano, en 1901, el que será uno de sus grandes proyectos y que mayor número de años permanecerá en el tiempo, la edición del Anuario Guía de Guadalajara, en principio dedicado a la ciudad, que por vez primera verá la luz en 1902, en el que se incluirán los principales datos de la industria, el comercio o los profesionales de la ciudad; que en años sucesivos irá ampliándose para abarcar a las principales poblaciones de la provincia; de periodicidad anual, con sucesivas ampliaciones a los partidos judiciales, y que será sustituida al final del decenio por la guía de la abogacía, “El Indispensable para el abogado, y útil para los demás”. Convertida en obra de referencia no sólo en Guadalajara, sino que su ámbito se extenderá a la totalidad del reino.

   Dejaría Guadalajara por Barcelona, acompañando a su hija Amparo en 1923, sin por ello olvidarse de la prensa y vida social de nuestra provincia. Allí sería redactor del “Diario de Barcelona”, compaginando a partir de entonces sus estancias catalanas con las provinciales en Guadalajara o Cabanillas, a cuya población se ligaría a través de su esposa, Adelaida de Bartolomé, manteniendo en ambas poblaciones sus amistades y vida sociales.

   A Guadalajara y Cabanillas regresó definitivamente en el mes de abril de 1926, con la intención de recuperarse de la afección que en aquellos momentos le aquejaba; enfermedad de la que no se repondría, alcanzándole la muerte en aquel anochecer del 26 de mayo de 1926, recibiendo sepultura al día siguiente en el cementerio municipal de Guadalajara. Cien años hace.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 15 de mayo de 2026


MUJERES EN GUADALAJARA

 

MUJERES EN GUADALAJARA

 

   El autor reúne, en esta obra, a una serie de mujeres que han formado, y forman, parte de la historia de Guadalajara y su provincia. Mujeres que pertenecieron a la nobleza; que tomaron parte de la vida política o cultural; escritores, poetisas, mujeres sencillas, y, por supuesto, maestras, cada una en su mundo.

   Semblanzas biográficas ampliadas en torno a las publicaciones del autor, algunas de las cuales han aparecido esbozadas en sus colaboraciones en la prensa provincial. Son, sin duda, mujeres que hicieron, y son historia.

 

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   En las páginas que componen esta obra encontraremos las semblanzas de: María Diega Desmassières y Sevillano; Luisa Bravo de Guzmán; Antonia Bronchalo Lopesino (Lupe Sino); Carmen Bueno Paz; Carmen de Burgos Seguí (Colombine);  Eva Cervantes (Esperanza Perales);  Mayor Guillén de Guzmán; Catalina de Lancaster; Luisa de Medrano; Ana de Mendoza y de la Cerda; Brianda de Mendoza y Luna; Mencía de Mendoza; Isabel Muñoz Caravaca; Vicenta Ortíz Cuesta; María Pacheco de Mendoza; María Pérez de Sotomayor; Elena Sánchez de Arrojo; Amelia de la Torre y Asunción Vela López.

 

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SUMARIO GENERAL

-I-

María Diega Desmassières y Sevillano, Condesa de la Vega del Pozo, Duquesa de Sevillano

Dedicó su vida a hacer, sobre todo, obras de caridad

Pág. 9

 

-II-

LUISA BRAVO DE GUZMÁN

Marquesa de Lanzarote; la mujer que ganó casi todas sus batallas

Pág. 19

 

-III-

LUPE SINO

(Antonia Bronchalo Lopesino)

La novia del torero

Pág. 31

 

-IV-

CARMEN BUENO PAZ, DE LAYNA

Detrás de un gran hombre…

Pág. 45

 

-V-

CARMEN DE BURGOS SEGUÍ,

“COLOMBINE”

Una dama de las letras, en Guadalajara

Pág. 65

 

-VI-

EVA CERVANTES

La poetisa que descubrió Jadraque

Pág. 75

 

-VII-

MAYOR GUILLÉN DE GUZMÁN

Señora de Palazuelos, Alcocer y el Infantado, y su descendencia

Pág. 87

 

-VIII-

CATALINA DE LANCASTER

Reina y Señora de Guadalajara

Pág. 115

 

-IX-

LUISA DE MEDRANO

¿La primer Catedrático?

Pág. 123

 

-X-

ANA DE ÉBOLI

La princesa cautiva de Pastrana y de Cifuentes

Pág. 131

 

-XI-

BRIANDA DE MENDOZA Y LUNA

Memoria de una dama, en la historia de Guadalajara

Pág. 139

 

-XII-

MENCÍA DE MENDOZA

Dama del Renacimiento

Pág. 147

 

-XIII-

ISABEL MUÑOZ CARAVACA

La mujer que soñó un mundo justo

Pág. 155

 

-XIV-

VICENTA ORTIZ CUESTA

Una mujer de medalla

Pág. 209

 

-XV-

MARÍA PACHECO

La Comunera Mendoza

Pág. 215

 

-XVI-

MARÍA PÉREZ DE SOTOMAYOR

La Varona de Paredes

Pág. 221

 

-XVII-

ELENA SÁNCHEZ DE ARROJO

La primera concejala

Pág. 229

 

-XVIII-

AMELIA DE LA TORRE

La actriz de Illana

Pág. 235

 

-XIX-

ASUNCIÓN VELA LÓPEZ

Maestra de maestras

Pág. 245

 

 

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  • ASIN ‏ : ‎ B0BNK7LKCT
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 257 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8366086028
  • Peso del producto ‏ : ‎ 399 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.65 x 21.59 cm 
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