lunes, abril 13, 2026

EL EREMITORIO DE LAS CUEVAS, EN ATIENZA

 

EL EREMITORIO DE LAS CUEVAS, EN ATIENZA (Eremitorios medievales en la villa de Atienza)

 

    Si buscamos una definición para eremitorio, al día de hoy no nos será complejo poderla hallar en cualquiera de los numerosos diccionarios, incluso virtuales, que tenemos a nuestra mano. En ellos nos darán cuenta de que son el antecedente de nuestras conocidas ermitas: es un término que ha sido empleado para hacer alusión al lugar al que se retira y donde realiza sus actividades el eremita. ​ Una palabra relativa a la arquitectura religiosa que provendría de la palabra eremita (ermitaño), a su vez del griego eremites, también se define como el “sitio en que hay una o varias ermitas”. Un ejemplo antiguo de su uso se halla en “Del establecimiento de los primeros eremitorios, pretenden los antiguos cronicones arrancar la fundación de algunas iglesias”.




   No falta quien opine que la definición proviene del francés “hermitage”, y por supuesto, su referencia a las ermitas.

   Numerosos son los eremitorios que se han descrito a lo largo y ancho de la provincia de Guadalajara en los últimos años, sobre todo en las falas de las sierras de Miedes, Pela y Bulejo y, por encima de ellas, en el Desierto de Bolarque.

   También han sido numerosos los autores que se han ocupado de ellos, desde Francisco Cortijo Ayuso (El Desierto de Bolarque), a autores más recientes que, al hablarnos de la comarca alcarreña de Peñalver se han introducido en el mundo del monasterio de La Salceda; entre ellos José Luis García de Paz o José Ramón López de los Mozos, quienes nos descubrieron en aquellos parajes las famosas cuevas o eremitorios de Los Hermanicos.

   Conocidas son, en tierras de Miedes, Ujados e Hijes, las también cuevas eremitorios de El Espinarejo (Miedes); o las numerosas del entorno, en Albendiego o Romanillos.

   Y, ante todo, las ubicadas en término de Ujados. Todas ellas orientadas al Sur, y horadadas sobre la montaña de roca rojiza, las descritas y conocidas en Ujados son cuatro, Peña Gorda, Puentecilla, del Tío Grillos y Mingolario.

   Algunas más se hallan en tierra de Higes y otras continúan hacía Albendiego, haciendo pensar que fueron excavadas por el hombre, bien para servir de refugio habitacional o bien, como en otras partes de la provincia o región, a modo de eremitorios.

   La roca blanda, de fácil trabajo para horadar en ella las distintas estancias, permitió dotarlas de una especie de sala o estancia principal, en la mayoría de ellas, ensanchada en algunos casos por los derrumbes naturales. Casi todas ellas constan de una única entrada, sin más orificios al exterior, lo que permitía su fácil defensa, caso de tener que refugiarse en ellas ante el peligro de ataque de algún animal; pues no cabe pensar que fuesen utilizadas como defensa ante el ataque de otros humanos.

   La creencia en cuanto a su construcción, ya que lo fueron indudablemente por manos humanas, es que esta debió de llevarse a cabo entre los siglos V y XI.




   En las cercanías de cada una de ellas, para cubrir las necesidades del más que probable eremita que las habitó, se encuentra una fuente de agua dulce.

   E igualmente en las cercanas poblaciones de Alcolea de las Peñas y el desaparecido poblado de Morenglos se encuentran las allí conocidas como de La Merendilla. Bajo la que fuese iglesia de Morenglos se encuentran las de dicho nombre, quizá de las mayores que encontramos en la comarca.

   No se ha descrito por ninguno de los autores conocidos, ni se han publicado en ninguno de los trabajos que recogen este tipo de edificaciones, si tal denominación podemos dar a las cuevas edificadas en la roca, ninguna de las existentes en el término municipal de Atienza, quizá por no encontrarse en lugares elevados, o rocosos que llamen la atención. La principal de ellas se localiza en medio de un valle, con agua dulce cercana, al igual que las anteriormente conocidas, e igualmente orientada al Sur, o más bien Sur-Oeste.

   Frente a estas cuevas-eremitorio, ubicadas en el paraje denominado de Los Arroyuelos, y más comúnmente conocido en Atienza como “Las Cuevas”, a mayor distancia de la villa, en las faldas del monte Hontanar y lugar conocido como “El Nacedero”, se hallan otras de mayores dimensiones orientadas en dirección a la villa, posición Norte.

   El porqué de estos lugares lo podríamos encontrar en la reseña que nos hace Carmen Díez González (Los eremitorios en la Cuenca del Tajo): A la hora de buscar el retiro y alejamiento del mundo parece que las fundaciones obedecen a tres estilos. La primera correspondería a la búsqueda de parajes ocultos, verdaderamente escondidos donde poder desarrollar la oración en silencio y en consonancia con una naturaleza propicia que insiste en la imagen de ahondamiento espiritual. Por otra parte la que corresponde con una vida de ascesis anímica en la que se asciende en grados de perfección abandonando comodidades, elige lugares agrestes o las cimas de las montañas. Por último, la busca el sosiego y la paz interior se corresponde con paisajes suaves, abiertos, de carácter amable…




   Este último sería el caso de las cuevas-eremitorio de Atienza. Ubicadas en las cercanías de la villa y sin embargo lo suficientemente alejadas para encontrarse con el sosiego y reposo de la Naturaleza.

   Desconocemos desde cuando fueron habitadas, ya que indudablemente se excavaron en la roca por la mano del hombre, probablemente en época visigoda, y seguramente utilizadas con posterioridad a la Reconquista como lugar de reposo y oración por las numerosas órdenes religiosas que pasaron por la comarca. Hasta que la edificación de monasterios y conventos las hizo innecesarias, como sucedió en otros lugares. Pasando a ser, en numerosas ocasiones, ermitas hoy distribuidas por los cuatro puntos cardinales de España.

   La roca bajo la que se asientan, forma parte de una gran laja de arenisca roja, de fácil excavación, lo que permitió a los primitivos constructores llevar a cabo una gran obra, al descubrir una primera sala e ir ampliando con el paso del tiempo, hasta llegar a descubrirse dos amplios espacios con cuatro entradas diferentes, tres de ellas abiertas sin duda por la mano del hombre y la cuarta provocada sin duda por un desprendimiento en la excavación. Desprendimiento que unió en algún momento el conjunto.

   Como bien indica Enrique Daza Pardo (La edilica Rupestre en el norte de Guadalajara: Hábitat y eremitismo): Se trata de rocas fácilmente moldeables, ya sea por la acción de los agentes atmosféricos como por la mano humana, lo que favorece su elección como soporte de cara a la excavación de una substructura.





   Sobre la roca, en la actualidad cubierta de maleza, una conveniente limpieza podría descubrirnos otras oquedades como, sin lugar a dudas, algún tipo de tumba antropomorfa semejante a las halladas en Morenglos o Ujados.

   El paso del tiempo, y las distintas utilizaciones que desde su abandono como eremitorio, no permiten encontrar rastros de inscripciones, e incluso podrían haber desaparecido algún tipo de hornacina que en este tipo de cuevas fueron frecuentes. El espacio fue utilizado a lo largo del tiempo como refugio de pastores y ganado. Pues su interior, de espaciosa anchura al igual que altura, lo permitió.

   A pesar de ello, se trata de un espacio digno de estudio y conocimiento del que no dudamos que estas primeras líneas en torno a él, serán preludio de otras muchas y, sin duda, de mayor calado y ciencia.

   No es el único; como sucede en otros puntos de importancia en la provincia de Guadalajara, Atienza cuenta en sus alrededores con, al menos, tres eremitorios más, si bien de menores dimensiones que el conocido de “Las Cuevas”.

 

Tomás Gismera Velasco/ Revista Digital “Atienza de los Juglares” / Núm. 131. Noviembre 2020

domingo, abril 12, 2026

LA IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA, EN ATIENZA

 

LA IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA, EN ATIENZA

Sin duda, la más moderna, que no por ello deja de sorprender

 

 

   Probablemente nunca conoceremos la fecha en que se levantó la primitiva iglesia de San Juan Bautista, en Atienza, de trazas románicas como apuntan los entendidos en este arte. Es lo cierto que debió de ser una de las últimas en alzarse en la época del auge atencino, llamada a estar entre las principales por su situación. Al menos desde el siglo XV cuando la parte alta de la villa quedó prácticamente arrasada, quedando el gran calvero despoblado que actualmente y desde aquel tiempo rodea al castillo. A partir de los años finales del siglo XV o inicios del XVI, cuando comenzó a tomar forma la entonces Plaza Mayor, en la que se ubicó este templo, comenzó a denominarse a la iglesia “del Mercado”; en la plaza se celebraban los mercados semanales, y no solo eso también las celebraciones de importancia e incluso los actos más significativos de la justicia ciudadana, real o local, puesto que en la plaza se centraban los poderes: el de la iglesia, el de la justicia y el del Concejo. Aquí se alzó la sede del Cabildo de Clérigos, la del Concejo, la del Corregidor, la cárcel…




 

Una iglesia en obras

   La primitiva iglesia, románica o de transición, fue derribada en torno al siglo XVI; para entonces a juzgar por los testimonios escritos ofrecía un estado lamentable, con amenaza de ruina en su interior. Nos cuenta el papeleo documental de sus archivos que para 1624 la mitad de la nueva iglesia ya se encontraba levantada tras 38 años de trabajos. Muy a pesar de que entre obra y obra continuaron los oficios litúrgicos, puesto que aquellas se llevaron a cabo por partes y mientras la capilla mayor se encontraba entre andamiajes, los oficios tenían lugar en alguna de las laterales. Cuando no quedaban, las obras, interrumpidas por la falta de dinero que fue una constante desde que se derrumbó la antigua. El mayor problema a la hora de alzar el edificio tal y como hoy lo conocemos siempre fue el económico, puesto que esta iglesia nunca estuvo entre las de mayor recaudación de Atienza, por lo que se recurrió a las arcas de Santa María del Rey, una de las de mayores posibles entonces, junto a la de San Salvador.

   De Santa María del Rey se tomaron en préstamo algunos cientos de fanegas de trigo a devolver en siete años, los que a partir de 1624 debían de ser los que viesen la obra concluida. Que lo estaba para 1665, fecha en la que se remató la torre de las campanas. No hubo dinero para más, ya que las iglesias de Santa María del Rey y de la Trinidad habían prestado la práctica totalidad de su grano, moneda de entonces, y dinero, para estas obras casi interminables, sin recuperar siquiera la mitad del préstamo, y no había ya de dónde sacar para dotar a la iglesia de una elegante torre campanera como hubiera sido deseable. A pesar de ello la mole parroquial, aún sin torre, ya que se aprovechó uno de los torreones de la muralla para albergarla, en poco desdice del urbanismo atencino.

   La remató el cantero Simón de Rioseco; las bóvedas las concluyó Fernando Álvarez; y tampoco conocemos con certera precisión, ni siquiera de forma aproximada, a cuanto se elevaron unas obras que en el tiempo se prolongaron finalmente por espacio de más de cincuenta años, con piedra del antiguo templo, y alguna carretada más traída de las canteras de la cercana población de Morenglos.

 

Un interior deslumbrante

   Concluida la caja fue necesario llenarla, para lo que de nuevo hubo de recurrirse a la voluntad del vecindario e iglesias de la villa. Algunas de las notables familias, la de Luis de Arias entre otras, aportó algunos cientos de maravedíes para la construcción del retablo mayor; el comendador del convento-hospital de San Antón unas fanegas de trigo; e incluso los párrocos de las vecinas poblaciones de Naharros, Jadraque o La Miñosa pusieron algo de su parte.

   Fue probablemente el retablo mayor una de las piezas más costosas, tasado en torno a los 15.900 reales, ajustado por el retablista seguntino Diego del Castillo, y concluido por el atencino Diego de Madrigal, tal vez el más aventajado de sus alumnos. Retablo que se ejecuta entre 1686 y 1714/16, cuando se concluye el dorado por Agustín Vázquez.

   Retablo para el que se ajustó con el taller de Alonso del Arco la serie de pinturas que debían ornarlo, y que finalmente fueron: en la predela, a la izquierda, El Bautismo de Cristo; a la derecha La predicación del Bautista; en el segundo piso, en la calle izquierda, La Lapidación de San Esteban, y a la derecha, San Martín partiendo su capa con el pobre; por último, en el ático, en el lateral izquierdo, la Oración de Zacarías; en el centro la Asunción de la Virgen, y en el lateral derecho el Nacimiento de San Juan Bautista. Falta actualmente un octavo lienzo, el titulado el Banquete de Herodes, que se encuentra en el Museo de Arte Religioso de San Gil y que probablemente ocupó un lugar en el nicho central de la predela. Por el conjunto de la obra se pagó la nada desdeñable cifra de 4.140 reales, actuando de intermediario el corredor de pinturas Juan de Moya, a quien se envió, como recogen los libros de fábrica, es de suponer que a más de la cantidad correspondiente a la intermediación de su trabajo, dos perniles de tocino, dos quesos y cuatro pares de perdices, para que tuviera buen gusto a la hora de elegir las pinturas. Se encontrarían en Atienza en 1693, prácticamente diez años antes de la muerte del artista, en Madrid en 1704.

 

Hidalgos y caballeros

   Apellidos de sonoro lustre, como los Sopuerta; Vigil de Quiñones; Arias de Saavedra; Serantes de Sandoval; Elgueta, Olier, y una o dos docenas más, hallaron reposo eterno en las capillas laterales, actualmente alteradas y que tradicionalmente estuvieron dedicadas a San Antonio de Padua, con su imagen, buena escultura y arriba lienzo que representa a la Virgen poniendo la casulla a San Ildefonso; San José, con su imagen de talla, grupo moderno de la Sagrada Familia y otra escultura de un Santo; de la Virgen de los Dolores (labrado con posterioridad a 1700), con su imagen de muy buena escultura, y el Niño Jesús, talla de lo mejor de la iglesia, y escultura de San Joaquín y Santa Ana; El de La Virgen que llaman vulgarmente “de la Resurrección”, con su imagen; el Altar de San Francisco Javier, con lienzo del santo, imagen moderna de gran talla de La Milagrosa. Y arriba otro cuadro en lienzo de San Juan Evangelista; el Altar de la Virgen del Rosario, con su imagen, escultura de José Salvador Carmona, y arriba un lienzo de la Flagelación; y el Altar de la Inmaculada; con su imagen moderna y un lienzo arriba…; como reflejaron los inventaros del primer cuarto del siglo XX.

   La mayoría de los retablos primitivos que compusieron las llamadas “capillas” de la iglesia fueron labrados, o tallados, entre la mitad del siglo XVII (1666 el de la Inmaculada; 1670 el de la Virgen del Rosario, etc.) y parte del XVIII (altar de la Virgen de los Dolores). Años en los que Atienza es, de alguna manera, patria de grandes artistas en el arte del retablo, su escultura o su dorado, con nombres que sonarán para el futuro artístico de la diócesis, desde el ya dicho Diego de Madrigal a Lorenzo Forcada, Francisco Gonzalo, José de la Fuente o Francisco del Castillo.

   La visita siempre es una sorpresa.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 10 de abril de 2026

 

 

ATIENZA DE AYER A HOY, IMÁGENES DEL PASADO Y DEL PRESENTE

 ATIENZA DE AYER A HOY. IMÁGENES DEL PASADO Y DEL PRESENTE
La transformación de Atienza (Guadalajara), a lo largo del siglo XX, a través de la imagen.
Un libro de imágenes fotográficas que nos lleva al ayer y nos presenta, documentadamente, el hoy.
Fotos antiguas de Atienza (Guadalajara), y su versión actual, en el mejor libro de imágenes posible.


Atienza (Guadalajara), es una de las villas con más carácter, historia y monumentos, de la provincia de Guadalajara y, a su nivel, de Castilla. Su historia, ha sido tratada en numerosas ocasiones. Es grande. Como su paso a través de los siglos dejando, marcando, su huella. 




En el transcurso de ellos, de los siglos, y de ella, de la historia, Atienza fue creciendo, añadiendo obras a su monumentalidad, hasta llegar a nuestros días. 

La obra fotográfica de diversos autores, que ya fijaron su mirada en Atienza desde la mocedad de la fotografía hasta nuestros días, nos harán recrearnos en el pasado de nuestra villa y en su indudable transformación a través del siglo, hasta llegar a ser como hoy la conocemos. 




Transformaciones en muchas ocasiones acertadas, en otras tendrá que ser el lector, o el visitante, quien lo juzgue, ya que la crítica no es objeto de esta obra; sino la de mostrar, con imágenes del antes y el después, nuestra evolución. 

De cualquier modo, Atienza, siempre merece una mirada. Incluso comparativa.



DE LA PASIÓN, SEGÚN GUADALAJARA

 

DE LA PASIÓN, SEGÚN GUADALAJARA

En estos días se rememoran costumbres y tradiciones a través de la provincia

 

   Sinforiano García Sanz dedicó un buen número de horas al estudio de una de las costumbres de su pueblo natal, Las Mozas Ramas de Robledillo de Mohernando, costumbre del Domingo de Ramos, preludio de la Semana Santa; no es la única localidad en la que algo similar ocurre: en Málaga del Fresno, las mujeres cuaresmales recorrieron sus calles con el canto de “La oveja perdida”; este domingo en la práctica totalidad de las poblaciones es bendecido el ramo que según las zonas, es de olivo, tomillo, acebo cuando las condiciones lo permiten, o de boj, como lo fue en Alustante, a donde llegaba del bujedal de Piqueras, ramos que una vez bendecidos y a modo de talismán colgaron de puertas y ventanas a través de los siglos. García Sanz no será el único que estudie la Semana Santa provincial; Antonio Aragonés Subero siguió unos pasos que continuaron otros autores, hasta legarnos un mapa completo de ritos y costumbres a lo largo de la provincia.



 

Una Semana Santa de tradiciones

   Un intenso desfilar de Crucificados recorre nuestras calles a partir del Domingo de Ramos, seguidos de una patrona, una Virgen en Soledad, reflejo de un dolor transmitido de generación en generación. Son decenas las peculiaridades de cada localidad, siempre con un denominador común: la tradición: en El Sotillo las mujeres se reunían en la iglesia para rezar 33 credos; en Valverde de los Arroyos los niños vestían una parte de la indumentaria de los danzantes del Corpus; en Zaorejas se entonaron los Cantos de la Pasión; el Romance de Judas Amoroso, en Romancos; la Salve a la Dolorosa, en Atienza; y ante todo, “El Reloj”, “El Arado”, o “La Baraja”, romances cuyas letras conocidas por la práctica totalidad de las mujeres del pueblo, aluden a la pasión y muerte de Jesús, adaptando los distintos momentos del vía crucis a las cartas, las horas o las piezas del arado, y no resulta extraño encontrar semejanza en las distintas canciones porque muchas de ellas fueron llevadas de pueblo en pueblo por los maestros o sacerdotes que recorrieron aquellos como parte de sus destinos.

   En el entorno del Alto Rey son prácticamente las mismas letras porque el cura de Bustares, procedente de la Campiña, mediado el siglo XX, los enseñó en éste y pueblos aledaños como El Ordial, Prádena o Aldeanueva de Atienza, lugares a los que acudía a regir los oficios. A Peralveche llegaron de manos de otro cura que procedía de Gascueña de Bornova; a Orea de otro que llegó de Alcoroches, y así podríamos ir enlazando unos con otros hasta llegar sin lugar a dudas y si ello fuese posible, que no lo es, al punto de partida original.

   Las peticiones para costear los oficios y cera de estos días, casi siempre fue cosa de mujeres. En San Andrés del Congosto salían 5 o 6 chicas organizadas por dos mayordomas portando un crucifijo, y el ramo, adornado con cintas, estampas y medallas recorriendo no solo su pueblo, sino también los aledaños. En Solanillos del Extremo cantaban y pedían "para Dios", el primer domingo desde el altar de la iglesia y los restantes por las casas, vestidas de luto y llevando un crucifijo con cintas también negras. En Sotodosos también eran seis las mozas elegidas, entre las solteras, quedando libres de aquel servicio las huérfanas, hijas de madres enfermas y pastoras, éstas por motivos de trabajo, las otras porque se suponía debían ayudar en sus casas o atender a su familia, en un servicio que era prácticamente obligatorio. En Campillo de Ranas pedían con una cruz de flores y dos canastillos donde depositaban las limosnas, por lo general huevos, recibiendo habitualmente dos, uno para el Señor y otro para ellas, que como en otros muchos lugares se empleaba en la fiesta que éstas celebraban el domingo de Pascua. Y así podíamos seguir por toda la provincia, La Huerce, Gualda, Corduente, Cendejas de Padrastro, Humanes, Cogolludo, Bustares, Bujalaro, El Bocígano, Barriopedro, Arbeteta, Arbancón, Villanueva de Alcorón, Valtablado del Río, y tantos otros pueblos cuya relación sería casi interminable.

 

Peleles, Judas y Gastronomía

   Costumbres algo más peculiares tienen en algunas poblaciones: en Horche se subasta el derecho a portear los pasos, como en Sienes o Riba de Santiuste, y son numerosas las poblaciones que cierran sus actos con la quema del judas, como Cogolludo, Navalpotro, Castilmimbre y tantas más.

   Siempre con historias propias en cada término municipal que hablan de devoción, tradición o costumbrismo y sentimiento. En Sigüenza, por suscripción popular, una peseta por vecino, se adquirió hace unos cuantos años el paso de La Borriquilla para la procesión del Domingo de Ramos. En Sienes la urna del Santo Entierro fue construida por quien fuese párroco de la localidad, D. Higinio Olmeda, en madera de peral, para luego ser frotada con aceite de oliva por una vecina, Cecilia Caballero, en 1910; particularidades que se añaden a la devoción popular.

     Un punto importante en todas las festividades y en esta no lo podía ser menos, es la gastronomía, con productos característicos de cada región, por supuesto en la nuestra la miel está en platos y postres esencialmente de gran parte de nuestros pueblos durante estos días, algunos de los cuales comienzan a elaborarse en torno al domingo de ramos, escabechados y limonadas principalmente, que necesitan reposo y maceración, desapareciendo del menú diario las carnes y embutidos de nuestras tradicionales matanzas, para pasar a degustar las patatas con bacalao, los huevos verdes en Milmarcos, las rosquillas fritas en Brihuega, los matambres de pan y leche en Atienza, las torrijas con leche, vino o miel en cualquier pueblo de la provincia, y por supuesto la limonada, o zurracapote, como la denominan en localidades alcarreñas con Trillo a la cabeza.

 

Y las cofradías

   Vera Cruz, Santo Sepulcro, Del Señor o del Dulcísimo Nombre de Jesús Nazareno, en Milmarcos, documentada desde 1607. Si en otras provincias y ciudades por éstos días sus respectivas cofradías preparan sus pasos, túnicas o capirotes, en nuestros pueblos preparan sus capas castellanas y sus iglesias; en otras ocasiones aportan fondos para construir una carroza o adquirir una nueva imagen.

   Como también es costumbre inmemorial que sean las autoridades públicas del municipio quienes presidan las procesiones o lleven a cabo otras labores, en cuanto a la devoción del pueblo hacia sus imágenes se refiere. En Atienza son los concejales del Ayuntamiento quienes gozan del privilegio de introducir en el templo el Viernes de Dolores a la Patrona tras la procesión que concluye en la plaza, donde éstos cargan con las andas relevando en aquél punto a los cargadores del paso.  Que en determinadas poblaciones, como Horche, Sienes o Riba de Santiuste, se remata entre los hombres de la población que suelen acudir a la puja como parte de una promesa u ofrecer determinada cantidad en base a la propia devoción.

   Otra tradición que ha ido alcanzando renombre y goza de interés creciente durante los últimos años son las representaciones de la Pasión Viviente que se localizan ya en numerosas poblaciones que, partiendo de Hiendelaencina, donde su entonces párroco Bienvenido Larriba con la colaboración de los maestros, la ideó por vez primera, ha ido extendiéndose a otros municipios, como Albalate, Chiloeches, o Marchamalo, también aquí introducida por el propio Bienvenido Larriba. Casi todas tienen lugar el día de Viernes Santo; cada representación con su propio estilo, gozando de la dedicación y esmero de sus propios intérpretes, que alcanzan en casi todos los casos el centenar de figurantes.

   Son costumbres, tradiciones o devociones del pueblo que, en estos días, alcanzan rango de fiesta mayor.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 1 de abril de 2026

 

Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara

 

Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara

 

    La provincia de Guadalajara, sus pueblos, mantienen decenas de tradiciones enraizadas con su pasado histórico, folclórico y tradicional; algunas de ellas han pasado a pertenecer al calendario festivo.

   El autor rescata en este libro decenas de ellas que en ocasiones se confunden con la multitud de leyendas que jalonan los pueblos.

   Por las páginas de la obra desfilan las botargas; el toque de las campanas; el carnaval; la Semana Santa; las ferias; las romerías; los trajes tradicionales; las rondas; los danzantes; las tradiciones enraizadas con los difuntos; la matanza o la Navidad.

   En su mayoría son notas de folklore y tradiciones que el autor ha ido desgranando en sus artículos semanales en el periódico Nueva Alcarria, de Guadalajara, en el que desarrolla la página “Guadalajara en la Memoria” y que, en conjunto, conforman una serie de relatos que mantienen no solo la memoria, también la tradición etnográfica y folklórica de una provincia a través de sus tradiciones populares.

 

 


 El libro, pulsando aquí

 

 

 

SUMARIO:

BOTARGAS, PARA COMENZAR EL AÑO

 

ALARILLA: LA PRIMERA BOTARGA

 

EL NIÑO PERDIDO, DE VALDENUÑO-FERNÁNDEZ

 

SAN ANTÓN Y LOS SANTOS DEL FRÍO

 

LA BARBARIDAD DE HORCHE

 

LAS CAMPANAS DE SANTA ÁGUEDA

 

TIEMPO DE CUERNOS, DIABLOS Y CENCERROS

 

CARNAVAL, BAJO LA MONTAÑA SAGRADA

 

MEMORIA DE DON CARNAL Y SU SARDINA

 

LA PASIÓN, SEGÚN JADRAQUE

 

EL ROSARIO DE FAROLES DECRISTAL DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES, DE ATIENZA

 

LA CRUZ DE CRISTO, EN LA PROVINCIA DE GUADALAJARA

 

LAS SANTAS ESPINAS DE ATIENZA. EL GRIAL DE GUADALAJARA

 

LA SANTA ESPINA DE PRADOS REDONDOS

 

MAYO, DE CRUCES Y CAMPANAS

 

¿POR QUIÉN TOCAN LAS CAMPANAS?

 

LA ROMERÍA DE LA VIRGEN MIRABUENO

 

LA REINA DEL SEÑORÍO

 

LA MIGAÑA. LA FILA ROMA DE GUADALAJARA

 

EL DÍA DE LA ASCENSIÓN

 

MEMORIA DE UNAS FOTOS

 

BOINAS, GORRAS Y SOMBREROS.

 

LA IMPORTANCIA DE UN BUEN ALMIREZ

 

AGOSTO DE DANZAS Y DANZANTES, EN LA SERRANÍA

 

POR DECIR ¡VIVA SAN ROQUE!

 

EL ALTO REY SE VISTE DE ROMERÍA

 

UN SANTO EN EL CALENDARIO: SAN MIGUEL PAGADOR

 

TIEMPOS DE FERIA

 

HIENDELAENCINA

 

POR CANTALOJAS, DE FERIA

 

PARA MORIRSE COMO DIOS MANDA

 

ATIENZA, Y SU DANZA DE LA MUERTE

 

PAREDES DE SIGÜENZA, Y EL SECRETO DE SU CEMENTERIO

 

MAZUECOS Y LAS CALABAZAS DEL DÍA DE ÁNIMAS

 

DICIEMBRE, MES DE LA MATANZA EN LA SERRANÍA

 

NAVIDAD DE PASTORES, CENCERROS Y NOCHEBUENO

 

BUSTARES, NAVIDAD EN LAS ALTURAS

 

 

El libro, pulsando aquí

viernes, marzo 27, 2026

ALGUNAS TRADICIONES DE TORREBELEÑA

 

ALGUNAS TRADICIONES DE TORREBELEÑA

La Mozas Ramas, con la Virgen de Peñamira, y la del Cerro

 

   Fray Juan de San Frutos, franciscano que marchó a ejercer su ministerio a Filipinas y por tierras asiáticas falleció el 20 de junio de 1693, es uno de los personajes más salientes nacido en Torrebeleña, el 17 de mayo de 1652, cuando Torrebeleña pertenecía, como una buena parte de esta parte de la provincia de Guadalajara, al arzobispado y reino de Toledo. Marchó a Filipinas en 1682, para pasar poco después a tierras chinas, a Chang-Cheu, en la provincia de Xan-tung, donde se dedicaría a ejercer la caridad, adquiriendo tal fama de santidad que habiendo fundado un hospital para leprosos en Cantón, y muerto él, tanta estima se le tenía que a su entierro acudieron con cruces y estandartes cientos de personas que le consideraban como hombre de santas virtudes, pasando a ser uno de los Venerables de la iglesia católica.

   También en Torrebeleña, donde había nacido, murió don Manuel Cañamares Fernández el 24 de enero de 1897. Don Manuel, hombre de fortuna ganada con la agricultura y la ganadería, ligado al partido liberal, alcanzó estudios superiores, licenciándose en derecho y especializándose en Jurisprudencia, siendo durante algún tiempo a lo largo del siglo XIX, presidente de la Diputación provincial de Guadalajara. A Don Manuel también lo nombró la reina regente Comisario de Agricultura, Industria y Comercio, para la provincia de Guadalajara, en 1893.




 

La Virgen de Peñamira

   Se levanta la actual ermita de la Virgen de Peñamira en un paisaje que domina parte de la que fue Tierra de Beleña, en término de la vecina Muriel; antaño fue romería y devoción común a los pueblos de la comarca. La tradición oral, puesto que la escrita si es que existió desapareció, da cuenta de que la primitiva ermita o santuario se levantó en el lejano siglo XII o XIII, poco tiempo después de la reconquista y de que se apareciese en el lugar la imagen de la Virgen que fue reuniendo en romería a sus devotos. La misma tradición habla de uno de aquellos caballeros medievales que, tratando de pasar las aguas crecidas del Sorbe, y a punto de fenecer en el intento, se encomendó a quien con el tiempo fue patrona del lugar, que se le apareció para librarle del mal y el caballero, en agradecimiento, mandó alzar aquella sencilla capilla o devocionario que, con el tiempo, se convirtió en ermita de más altos vuelos. Ermita que, como la inmensa mayoría de las que se conocieron en esta tierra, y siendo lugar de refugio de pastores y peregrinos, permaneció, por si se daba el caso de necesitar amparo ante la tempestad o el crudo invierno, con las puertas abiertas.

   No se conservan imágenes de la primitiva talla de la patrona, que sufrió, como el edificio, las consecuencias de la Guerra de 1936, quedando a continuación prácticamente abandonada, a pesar de que con el tiempo sería modestamente rehabilitada; el tiempo y la despoblación añadieron su parte, más aún cuando en la década de 1970 se iniciaron definitivamente las obras de construcción del embalse o pantano de Beleña, proyectado ya en los inicios del siglo, como uno de los que habían de aportar caudal al entonces conocido Canal de Riego del Henares. La imagen primitiva, probablemente románica, fue sustituida en la década de 1940 por otra, al parecer de yeso o escayola que quedó en la ermita cuando esta comenzó a ser anegada por las aguas. José Ramón López de los Mozos, al alzar la voz cuando la ermita, en 1976, comenzaba a perderse bajo los escombros, anotará que: “La de Peñamira era una imagen románica que se custodiaba en la iglesia de San Miguel de Beleña…”. Iglesia de San Miguel que en este tiempo también amenaza ruinas.

   Las aguas cubrieron definitivamente el entorno entre los últimos y los primeros meses de 1982/83, anegando no sólo la ermita, sino que también lo hicieron con lo que quedó dentro, incluida la talla de la patrona, que se trató de rescatar en los primeros días de junio de 1983, a pesar de que, quienes se sumergieron en las aguas, no la hallaron, suponiéndose que se había desecho la escayola o yeso de la que estaba formada. Para entonces había comenzado a construirse la nueva ermita, a quinientos metros de distancia de la primitiva, a la que se trasladó la devoción.

   La nueva, con trazas distintas a la original, sería finalmente abierta al culto en 1997, algo más de diez años después de lo previsto. Regresando a la tierra de Beleña la romería de la Virgen de Peñamira, en el último sábado de mayo.

 

La Virgen del Cerro

   Patrona de la localidad, su festividad tuvo lugar tradicionalmente coincidiendo con la de la Virgen de Septiembre, el día 8; estando presente en su ermita, dominadora de un amplio panorama en una de las partes más altas del entorno, ermita ya existente en los primeros años del siglo XVI, y que será renovada en la década de 1940.

   El estudioso de la historia de Torrebeleña, Guillermo Yela Garralón, nos da cuenta de la celebración de la festividad, con la traída de la Virgen desde su ermita a la iglesia parroquial, donde tienen lugar los actos religiosos, antes de ser nuevamente devuelta a su lugar; si bien esta procesión de ida y vuelta es en parte simbólica. Siendo precedida la festividad por la tradicional novena, compuesta la actual por quien fuese párroco de la localidad, D. Calixto Sánchez Maldonado.

   Curiosamente, la Virgen del Cerro lució, desde poco después de mediar el siglo XIX, un manto que fue regalado por la reina Isabel II, conforme a las noticias que en aquel tiempo se hicieron circular, cuando corría el mes de febrero de 1864.

 

Las Ramas de Torrebeleña y el Niño Perdido

   Al respecto de las Ramas, o mozas de cuaresma, que aparecen por algunas poblaciones del entorno de la Campiña en las semanas anteriores a la Cuaresma con objeto de pedir dinero con el que mantener la cera y aceite del monumento cuaresmal, dejará escrito el estudioso Sinforiano García Sanz que: “No sé el origen que pueda tener esta costumbre cuyo objeto es pedir limosna para cera durante toda la Cuaresma”; hablándonos de las mozas ramas de Robledillo de Mohernando, su localidad natal, al tiempo que nos indica que también en Torrebeleña existe costumbre parecida, y tal vez por la proximidad de ambos lugares, sea del mismo origen.

   Que igualmente las hubo en tierras algo más metidas en la montaña, como Almiruete; grupos formados por tres mujeres generalmente, cinco en Torrebeleña, que con un ramo, de forma ovalada, adornado con cintas, medallas, cruces, abalorios, relicarios, miniaturas y tres ramitas de olivo en la parte superior, se dedican a llevar a cabo aquellas peticiones, al tiempo que entonan cantos relativos a la Semana Santa, siendo tradicionales en la comarca los que se refieren a la Pasión y muerte de Jesús, con títulos ampliamente conocidos, como la Baraja, o el Arado. En Torrebeleña salen por primera vez el primer domingo de Cuaresma, o domingo de Piñata.

   Entre sus obligaciones se encontraba la construcción y ornato del monumento, el miércoles santo, asistiendo a los actos del viernes de Pasión con el luto que acompaña la muerte y pasión de Cristo.

   Junto a la costumbre tradicional de las Mozas Ramas, se celebró, con idéntica o semejante puesta en escena que en algunos pueblos del entorno, como Valdenuño-Fernández, la fiesta del Niño Perdido, a continuación de la Epifanía, y en torno a la cual surgió la leyenda que fue recogida por algunos etnógrafos provinciales, entre ellos Sinforiano García Sanz, en “Los lobos del Carrascal”.

   Tradiciones y costumbres que llenan nuestro libro de etnografía provincial.

 

Tomás Gismera Velasco /Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 27 de marzo de 2026


TORREBELEÑA, EN TORNO A SU PASADO

 

Torrebeleña, en torno a su pasado

   Torrebeleña, o La Torre de Beleña, es uno más de los pueblos de Guadalajara, con una historia amena, y en muchos casos desconocida, a la que tratamos de acercarnos en las páginas siguientes. A través de las crónicas escritas, en muchas ocasiones, y siguiendo la línea de quienes antes, con mayor o menor extensión, se ocuparon de darlo a conocer, en la esperanza de que las páginas siguientes sirvan para que, en el futuro, alguien profundice un poco más en busca de sus raíces.

   Perteneció a la Tierra y Señorío de Beleña de Sorbe, al condado de Coruña y Vizcondado de Torija y mantiene un importante legado histórico, junto a las tierras de su entorno.

 

 

 

 

EL LIBRO DE TORREBELEÑA, (Pulsando aquí)

 

 

SUMARIO GENERAL:

 

-I-

LA GEOGRAFÍA DE LA TORRE DE BELEÑA

Pág. 9

 

La tierra y el entorno

Demografía. Evolución de la población

Torrebeleña en los manuales: Los Diccionarios

 

-II-

TIEMPO DE HISTORIA

Pág. 27

 

Tiempos antiguos

 

-III-

TORREBELEÑA,

ENTRE EL MEDIEVO Y LA MODERNIDAD

Pág. 39

 

Los Señores de Beleña, Condes de Coruña y Vizcondes de Torija, en el tiempo

El Venerable Fr. Juan de San Frutos

 

-IV-

TORREBELEÑA, SIGLO XVIII

Pág. 57

 

El Catastro de Ensenada

 

-V-

ELSIGLO XIX EN TORREBELEÑA

Pág. 77

 

El 2 de mayo

Las guerras carlistas

La vida municipal

En torno al Pósito

La asistencia médica y farmacéutica

Horno de pan cocer

Zofra y adra o hacendera (prestación personal)

El fin de un siglo

 

 

-VI-

Torrebeleña, crónica del siglo XX

Pág. 107

 

Notas de etnografía y folclore: Las Ramas de Torrebeleña y el Niño Perdido

La Virgen de Peñamira y la del Cerro

 

 

Apéndices

Pág. 119

 

La Leyenda: Los Lobos del Carrascal

Respuestas al Interrogatorio para el Establecimiento de la Única Contribución (Catastro de Ensenada)

 

 

Detalles del libro

  • ASIN ‏ : ‎ B0BRYZNQKP
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 143 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8372939523
  • Peso del producto ‏ : ‎ 245 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 0.91 x 21.59 cm

 

 

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