sábado, octubre 03, 2026

SANTOS BOZAL CASADO, MÁS QUE UN MAGISTRADO

 

SANTOS BOZAL CASADO, MÁS QUE UN MAGISTRADO

Hijo del periodista Santos Bozal Moreno, fue uno de los pioneros del periodismo en Guadalajara

 

   Santos Bozal Casado llegó al mundo en Guadalajara en 1887, hijo del entonces funcionario del Gobierno Civil y periodista vocacional Santos Bozal Moreno, quien fue fundador en la capital provincial de uno de los periódicos de aparición semanal más populares de los últimos años del siglo XIX e inicios del XX: “La Crónica”, cuyo primer número vería la luz apenas dos años antes del nacimiento de nuestro hombre, el 22 de octubre 1885.






 

Los inicios literarios y jurídicos

   Influenciado sin duda por la afición literaria de su padre, Santos Bozal Casado se entregó a la literatura a muy temprana edad, iniciándose en el mundo del relato y del cuento en los primeros años del siglo XX, colaborando con cuentecitos y narraciones de poca extensión tanto en el periódico dirigido por su padre, como en algunos más de tirada nacional como El Diario de Alicante, El Defensor de Córdoba o la revista, editada en Barcelona, Álbum Salón; en cuyas páginas verían la luz algunos de ellos, a lo largo de 1907, cuando su firma comenzaba a ser habitual en “La Crónica de Guadalajara”, periódico o semanario que seguía los dictados políticos del Conde de Romanones. No faltarán sus colaboraciones en el también periódico provincial: “La Torre de Aragón” junto a los periodistas y escritores Claro Abánades y Ángel Monterde; formando parte del equipo de redacción en 1908.

   Llamado en un principio por la literatura y el periodismo se dedicaría en este tiempo a la prensa, al tiempo que llevaría a cabo estudios tendentes al ingreso en el Cuerpo de Vigilancia y Policía; trasladándose a Madrid en los inicios de la década de 1910 para seguir estudios de Derecho, que llevaría a cabo en la Universidad Central, licenciándose en el mes de junio de 1916, dejando atrás Madrid para instalarse en Guadalajara, en donde comenzará a ejercer la abogacía en el despacho profesional de su padre, en la calle de los Jáudenes. Compartiendo su dedicación al derecho con la literatura, puesto que no dejará sus colaboraciones en el periódico familiar, de cuya dirección se apartará su padre en 1915, pasando a dirigirlo el político y periodista, natural de Cifuentes, José Serrano Batanero, con quien Santos Bozal Casado codirigirá el semanario entre 1917 y su definitiva desaparición al año siguiente. Tras el cierre de “La Crónica”, Santos Bozal colaborará en alguno de los periódicos que se publican en la ciudad de Guadalajara, entre los que no faltan “Flores y Abejas” y “La Unión Alcarreña”. Integrándose en alguna de las sociedades existentes en este tiempo en la capital, entre ellas la Agrupación Mercantil de Guadalajara, de la que será Secretario bajo la presidencia de D. Antonio Sanz Vacas y vicepresidencia del también escritor y periodista Luis Cordavias Pascual, entre 1917 y 1919.

 

Manualista de oposiciones

   Regresará Santos Bozal entonces a Madrid, ocupando plaza de funcionario en el Cuerpo de Vigilancia; retornando nuevamente a Guadalajara en 1922.

   Para entonces había contraído matrimonio, en el mes de junio de 1920, con Antonia Gil Montero, hija de uno de los más populares industriales de la capital, y hermana del también escritor y periodista provincial Julián Gil Montero.

   A su regreso a la capital provincial se instalará junto a su padre, dedicado ya únicamente a su labor de funcionario en el Gobierno Civil, con quien dará a la imprenta una serie de “libros-programa”, para el acceso a oposiciones del funcionariado, tanto en los cuerpos de policía como en la administración del Estado. Con su padre ya había colaborado en 1920 en la edición del libro: “El Indicador Legislativo de Abastos”.

   Igualmente con la colaboración de su padre y del también funcionario, maestro y periodista, Jorge Moya de la Torre, dará a la imprenta en 1925 sus: “Contestaciones al programa para Secretarios de Ayuntamiento de 2ª Categoría”. Un año antes dio a la imprenta sus: “Apuntes de derecho e identificación ajustada al programa para las oposiciones al Cuerpo de Vigilancia”. En su producción preparatoria para oposiciones a la administración pública no faltan algunos otros manuales, como “Derecho e identificación”; “Derecho Municipal”; “Derecho Político Administrativo” y “Manual de Formularios Municipales”, en colaboración, este último, con su padre.

   Junto a Jorge Moya de la Torre, en el domicilio paterno, y con su colaboración, Moya de la Torre y Bozal Casado se dedicarán particularmente a la preparación de opositores a la administración.

   Santos Bozal Casado, en este tiempo, se verá también atraído por la política municipal, accediendo a presentar su candidatura en las elecciones llevadas a cabo en la ciudad en 1925 y 1926, logrando un acta de concejal y ocupando un puesto como segundo teniente de Alcalde de la capital de la Alcarria; quedando como diputado suplente en 1927 para la Diputación provincial. Encargándose en el Ayuntamiento de Guadalajara de la concejalía de festejos.

   No faltará su firma en los semanarios provinciales, incorporándose a la redacción del semanario “Flores y Abejas” en 1927, dando a conocer los entresijos de la historia de nuestra ciudad a través de los entonces poco conocidos archivos municipales; al tiempo que se prepara para su ingreso por oposición en la judicatura, logrando plaza de juez de Instrucción en el mes de julio de 1928.

 

Entre el juzgado y la magistratura

   Abandonará Guadalajara al año siguiente para encargarse del Juzgado de Primera Instancia de Sos del Rey Católico (Zaragoza), iniciándose a partir de aquí una nueva etapa en su vida, al compaginar la literatura con la judicatura. Ejerciendo posteriormente en Amurrio, Estepona, Arenas de San Pedro, Osma, Jarandilla (Cáceres), o Cartagena (Murcia), donde se vio sorprendido por la Guerra civil de 1936/39. Ocupando durante este tiempo, como escribiese su primer biógrafo, Sinforiano García Sanz, “el cargo de Capitán jurídico en el ejército de ocupación”.

   Durante su estancia en Cartagena vería la luz una de sus obras más populares: “Genio y Signo de la Rosa de los Vientos”, ensayo biográfico que recoge la historia y vicisitudes de la primera ambulancia marítima de la Cruz Roja Española salida del puerto de Cartagena, obra editada en esta ciudad en 1945. Con anterioridad, y centrada en su provincia de Guadalajara, había dado a la imprenta su obra: “Como las aguas del Tajo”, editada en 1940.

   En 1945 se despedirá de Cartagena, al ser nombrado para ocupar un puesto de magistrado en la Audiencia Territorial de Sevilla, en donde permanecerá el resto de su vida, sin dejar sus colaboraciones en la prensa de Guadalajara, escribiendo alternativamente en los dos semanarios que en este tiempo se publican: “Flores y Abejas” y “Nueva Alcarria”, con artículos en torno a la historia y personajes de la provincia, popularizándose como historiador del remoto pasado de la ciudad. En Sevilla escribirá su obra más popular: “El toro de Viandar”.

   Compaginará sus ocupaciones en los tribunales con la literatura, las charlas docentes y algunas conferencias en torno a la historia o personajes míticos como Rodrigo de Vivar; llegándole la muerte, de manera prácticamente imprevista, en Sevilla, el 31 de octubre de 1960.

   Casualmente, en el mismo número del semanario en el que en Guadalajara se daba a conocer su fallecimiento, publicado el 2 de noviembre de 1960, aparecía en el semanario “Flores y Abejas” su última colaboración, centrada en recordar sus años de concejal en el Ayuntamiento de Guadalajara presidiendo la comisión de fiestas. El artículo llevará el título de: “Las corridas de ferias”.

   Uno de sus hijos, Santos Bozal Gil, continuaría sus pasos en la magistratura, alcanzando a ser Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.

   Gentes de esta tierra que son seña de identidad más allá de nuestros confines.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria; periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 2 de octubre de 2026


NOMBRES PARA UNA LEYENDA DE GUADALAJARA

 

Nombres para una leyenda de Guadalajara

 

   Continuando con sus “Semblanzas de Guadalajara”, biografías y memorias de personajes que habitaron la provincia, el autor nos trae en esta ocasión una selección de nombres, de personajes, que fueron historia en la provincia de Guadalajara, cuyos hechos y vidas pudieran pertenecer al mundo de la leyenda.

   Son biografías y memorias de Lino Bueno Utrilla, que vació una roca para hacerse una “Casa de Piedra” en Alcolea del Pinar; de Mariano Barberán, que llevó a cabo el primer vuelo transoceánico a bordo del avión “Cuatro Vientos”; de José Serrano Batanero, defensor del Capitán Sánchez y de sí mismo; de Narciso Martínez Izquierdo, primer Obispo de Madrid, asesinado por el cura Galeote; de Wenceslao Argumosa, que ideó el monumento a los héroes del 2 de mayo en Madrid; de Luisa Bravo de Guzmán, que gobernó Lanzarote sin haber pisado nunca las islas; de Damián Sáez, un Obispo al que, tras su muerte, conservaron en una barrica de aguardiente; Bibiano Gil, un desconocido ermitaño que llegó a Cifuentes en vísperas de una Navidad; o de Benito Hernando, que puso cara al rey moro Boabdil en el famoso cuadro de la Rendición de Granada.

   Nombres y semblanzas que vieron su luz en el periódico Nueva Alcarria, de Guadalajara, en la página que el autor mantiene bajo el título de “Guadalajara en la Memoria” y que, en conjunto, nos ofrecen una serie de relatos dignos de conocer.

 

 

 NOMBRES PARA UNA LEYENDA DE GUADALAJARA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

 

Sumario:

 

LINO BUENO UTRILLA

El hombre de la Casa de Piedra

Pág. 9

 

JUAN BAUTISTA SACRISTÁN

El Obispo que salió de Maranchón

Pág. 16

 

MARIANO BARBERÁN

El héroe del Cuatro Vientos

Pág. 20

 

JOSÉ SERRANO BATANERO

El Crimen del Capitán Sánchez, y algunos más

Pág. 29

 

GABRIEL DE LA PUERTA Y RÓDENAS

Un sabio de Mondéjar

Pág. 39

 

MANUEL PÉREZ VILLAMIL

En la catedral de Sigüenza

Pág. 43

 

SINFORIANO GARCÍA SANZ

El Señor de las Botargas

Pág. 49

 

NARCISO MARTÍNEZ IZQUIERDO

Que fue el primer Obispo de Madrid, y nació en Rueda de la Sierra.

Pág. 58

 

WENCESLAO ARGUMOSA BOURKE

El hombre del 2 de mayo

Pág. 68

 

ANTONIO PEREZ DEL HIERRO

El villano de la historia

Pág. 73

 

ANTONIO ORFILA

El Señor de la Plata

Pág.78

 

LUISA BRAVO DE GUZMÁN.

La Cleopatra de aquí.

Pág. 85

 

PEDRO ESTEBAN GÓRRIZ

El Marqués de Hiendelaencina

Pág. 93

 

DAMIÁN SÁEZ SÁNCHEZ

Un Obispo en aguardiente

Pág. 99

 

JULIÁN SAINZ MARTÍNEZ, “SALERI II”.

El torero

Pág. 106

 

ROMÁN ATIENZA BALTUEÑA.

Un médico contra la epidemia, y mucho más

Pág. 112

 

CALIXTO RODRÍGUEZ GARCÍA

El Rey de la Resina

Pág.117

 

ANDRÉS ANTÓN SÁNCHEZ

El cantor de Iriépal

Pág. 123

 

URBANO ASPA Y ARNAO

El compositor de Sigüenza

Pág. 128

 

LORENZO ARRAZOLA GARCÍA

El primer caballero

Pág. 132

 

BIBIANO GIL

El ermitaño que llegó a Cifuentes en vísperas de Navidad

Pág. 136

 

BENITO HERNANDO ESPINOSA

Boabdil de Guadalajara

Pág. 140

 

LAUREANO CERRADA

El gran falsificador

Pág.145

 

EUSEBIO BALLESTEROS CERRADA

Y el hojaldre de Torrelavega

Pág. 150

 

JUAN DE DIOS BLAS MARTÍN

Y una ermita por amor

Pág. 155

 

LORENZO DE SERANTES

El Carcelero de Riperdá

Pág. 161

 

GUMERSINDO DEL MORAL

Mal llamado “Pocoseso”, de Brihuega

Pág. 166

 

JUAN FRANCISCO MARINA ENCABO

El Cid en los Tribunales

Pág.  172

 

PEDRO GORDO

Un mártir para Cantalojas

Pág. 179

 

FULGENCIO DE MIGUEL

El Concejal de los Chisperos de Madrid

Pág. 185

 

JOSÉ DE SALAMANCA

Esquilmando de las salinas provinciales

Pág. 191

 

FRANCISCO FERNÁNDEZ IPARRAGUIRRE

El Apóstol del Volapük

Pág. 197

 

JUAN BALLESTEROS

Los tiradores de Luzaga

Pág. 202

 

FÉLIX BADILLO Y RODRIGO

El Príncipe del retrato

 

Detalles del Libro

  • ASIN ‏ : ‎ B0C6C6263R
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 217 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8396105140
  • Peso del producto ‏ : ‎ 345 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.4 x 21.59 cm

 

 

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viernes, septiembre 25, 2026

BAILES, RONDAS Y MÚSICA POPULAR EN GUADALAJARA

 

BAILES, RONDAS Y MÚSICA POPULAR EN GUADALAJARA

El baile y la danza son partes importantes en algunas de nuestras celebraciones

 

    Tan sólo hay que echar un vistazo a algunos de los libros que nuestra provincia tiene dedicados a algunos aspectos de la tradición de nuestros pueblos para darnos cuenta de la importancia que tuvieron las danzas y los danzantes en las festividades de cada uno de nuestros municipios. No son pocas las páginas que nos hablan de ellas, si bien dos destacan por encima de todas, la una por la distancia del tiempo en que vio la luz: “Danzas, rondas y música popular en Guadalajara”, que en 1973 puso en manos de los interesados Antonio Aragonés Subero; la otra, “Danzantes de Guadalajara”, de Raúl Conde Suárez, aparecida en 2006.

 


Danzas, rondas y música popular

   Algunos autores se dedicaron, con anterioridad a los dos mencionados, a hablarnos de las danzas, las rondas o la música popular o tradicional, a su manera de entenderla, principalmente en la mitad del siglo XX, cuando estas tradicionales muestras de nuestro folclore comenzaron a ser vistas con buenos ojos, pues tiempo hubo en el que la mirada torcida de algunos sectores de la población las relegó a un segundo plano.

   Entre ellos no hemos de dejar de mencionar a Sinforiano García Sanz, quien ya nos dejó algunos rastros de ello en su “Cancionero de Guadalajara y su Geografía Popular”, que fue desgranando a lo largo de varios años a través de la prensa provincial y posteriormente se recopiló en dos obras, a través de la revista cultural “Cuadernos de Etnología de Guadalajara”, en 1993, y el libro en que se resumieron sus estudios: “Mi Obra”, que vería la luz en 1996 dentro de la colección literaria “Arriaca” de la Casa de Guadalajara en Madrid.

   Nombre a tener en cuenta en aquel tiempo, centrándose un poco más en el folclore, danzas y rondas molinesas será igualmente José Sanz y Díaz, cuya extensa obra se pierde a través de los anaqueles de las bibliotecas, siempre precisa de una revisión, por lo que muestra y descubre. Igualmente, Sanz y Díaz desgranó su obra etnográfica y tradicional a través de la prensa provincial.

   Sin que nos falte un nombre que, si bien siempre relacionaremos con la historia, también dedicó líneas al folclore, danza y tradición: Francisco Layna Serrano, quien a través de su obra, en libro y artículo de prensa, dejó imperecederos recuerdos de sus propias vivencias al calor de la danza, la fiesta o la música, con pasajes entrañablemente emotivos como se puede descubrir, principalmente, a través de la revista “Nosotros”, que también la Casa de Guadalajara en Madrid editó en los primeros años de la década de 1930; Layna Serrano también recogió algunos instrumentos musicales que posteriormente formaron parte de las colecciones del Museo Nacional de Artes y Tradiciones Populares, del que fue patrono.

   Sin dejar atrás la magnitud de la obra recopilatoria de Asunción Lizarazu de Mesa y su enorme “Cancionero Popular Tradicional de Guadalajara”, que, en sus tres tomos, legó a la posteridad provincial en 1995.

 

Aragonés Subero, y sus danzas provinciales

   El de Antonio Aragonés Subero es quizá uno de los primeros libros que la provincia de Guadalajara vio enteramente dedicado a este aspecto de nuestra tradición, anteriormente algunos autores, como Gabriel María Vergara, dejaron retazos a través de la Revista de Dialectología y Ciencias Populares. “La danza -nos decía Aragonés Subero- nace como una necesidad anímica del hombre, pero siempre acompasada por el ritmo de un movimiento originado por el día y la noche, por creencias, por luchas o por la plástica que impone la propia Naturaleza. Nace pues de la mano del ritmo sonoro, del mimetismo animal, de la melodía de un canto o un conjunto de cantos animales o humanos. Así pues, danza, ritmo y melodía se complementan”.

   Pasando a estudiar, o describir, en su obra, los danzantes y aspectos de danza que entonces teníamos a la orden del día, que para las décadas de 1950-60, cuando Aragonés Subero puso en orden su obra no eran demasiadas, y muchas de ellas confundidas en festividades, para mantener su permanencia.

   Por la obra desfilan los imperecederos danzantes de Galve de Sorbe, Valverde de los Arroyos, Valdenuño-Fernández, Utande, Condemios de Arriba; o las jotas de Molina de Aragón; las seguidillas de Horche; los boleros de Azuqueca; las serranas de El Cardoso; las Olivareras, de El Olivar; o las más que tradicionales del “Pollo” de Maranchón; “La Paletilla de Alcoroches”, o tantas otras muestras más.

   Por nuestra parte añadiremos, en torno al baile de la “Paletilla”, que esta fue costumbre de bodas en algunas poblaciones del entorno molinés de la que nos dejó cumplida reseña en 1923 quien fuese maestra de Valhermoso, Julia Ochaíta Muñoyerro, natural de Trillo y casada con el entonces maestro de la localidad, Francisco Rello. Maestra ella también puso letra a la tradición: “Después de suculenta comida, el pueblo todo se traslada a la plaza, y allí en original carrera pedestre, se disputan los mozos la pierna de un tierno cordero, mientras la novia va invitando a las mozas con torta de huevos y azúcar. Y con un animado baile, en el cual cada invitado ha de bailar con la desposada, terminan estas ceremonias tradicionales que acaso no estén exentas de poesía para las gentes sencillas del lugar”.

 

Danzantes de Guadalajara

   La obra de Conde Suárez nos acerca en el tiempo a los danzantes que ya, en los inicios del siglo XX, recorrían la provincia, manteniendo en unos casos la tradición, y recuperándola en otros.

   Por la obra vuelven a desfilar los danzantes de Valdenuño, los de la Virgen de la Hoz, Utande, Valverde de los Arroyos, La Huerce, Condemios, Galve y Majaelrayo, añadiéndonos sus cantos, su indumentaria y calendario festivo.

   La mayor parte de los grupos danzantes se hacen acompañar por un botarga, que aleja a los curiosos de los danzantes, al tiempo que los dirige y, al igual que las invernales del periodo carnavales, hace de las suyas.

   Al ritmo de la danza los bailarines nos irán trenzando cordones y, ante todo, como muestra llamativa de su repertorio, ejecutarán las danzas de paloteo o espadas, ampliamente estudiada por el insigne Julio Caro Baroja en su magnífico “Estío Festivo”.

   Costumbre imperecedera, al margen de los grupos de danzantes organizados en torno a un patrón local, o patrona, fue el que, en numerosas poblaciones, durante la procesión patronal, el pueblo dance por delante de la imagen, al ritmo que marca gaita y tambor; a cabo se llevan estas danzas en algunas poblaciones serranas, y ampliamente extendida está la tradición por las vecinas poblaciones de Soria, Segovia, Ávila y su aledaña Salamanca. Sin que nos falte la danza individual, ejecutada claro está por un solo danzante, en contraposición a los grupos; un danzante “que, como David, bailara”, ante el patrón o, generalmente, patrona, como nos afirmase Caro Baroja.

   La mayoría de los danzantes de Guadalajara se apoyan, a la hora de seguir el ritmo musical, en la dulzaina y el tambor, como recoge Conde Suárez, formando al propio tiempo parte de la cultura y tradición de nuestros pueblos. Claro está que los tiempos han cambiado, al igual que el modo de vivir y sentir nuestras fiestas, muy a pesar de que los sonidos, del entrechocar de los palos de los danzantes, de la gaita o del tambor, nos llevarán en muchos casos a volver la vista a través para, de alguna manera, encontrarnos con nuestro pasado, el de nuestros pueblos, hoy en silencio a lo largo del año, bulliciosos en torno a los danzarines.

   Como que la fiesta en torno al titular del municipio se festeja en todos sus ámbitos, y, especialmente, con danza y música.

  

   Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ periódico Nueva Alcarria, Guadalajara, 25 de septiembre de 2026


Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara

 

Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara

 

    La provincia de Guadalajara, sus pueblos, mantienen decenas de tradiciones enraizadas con su pasado histórico, folclórico y tradicional; algunas de ellas han pasado a pertenecer al calendario festivo.

   El autor rescata en este libro decenas de ellas que en ocasiones se confunden con la multitud de leyendas que jalonan los pueblos.

   Por las páginas de la obra desfilan las botargas; el toque de las campanas; el carnaval; la Semana Santa; las ferias; las romerías; los trajes tradicionales; las rondas; los danzantes; las tradiciones enraizadas con los difuntos; la matanza o la Navidad.

   En su mayoría son notas de folklore y tradiciones que el autor ha ido desgranando en sus artículos semanales en el periódico Nueva Alcarria, de Guadalajara, en el que desarrolla la página “Guadalajara en la Memoria” y que, en conjunto, conforman una serie de relatos que mantienen no solo la memoria, también la tradición etnográfica y folklórica de una provincia a través de sus tradiciones populares.

 

 


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SUMARIO:

BOTARGAS, PARA COMENZAR EL AÑO

 

ALARILLA: LA PRIMERA BOTARGA

 

EL NIÑO PERDIDO, DE VALDENUÑO-FERNÁNDEZ

 

SAN ANTÓN Y LOS SANTOS DEL FRÍO

 

LA BARBARIDAD DE HORCHE

 

LAS CAMPANAS DE SANTA ÁGUEDA

 

TIEMPO DE CUERNOS, DIABLOS Y CENCERROS

 

CARNAVAL, BAJO LA MONTAÑA SAGRADA

 

MEMORIA DE DON CARNAL Y SU SARDINA

 

LA PASIÓN, SEGÚN JADRAQUE

 

EL ROSARIO DE FAROLES DECRISTAL DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES, DE ATIENZA

 

LA CRUZ DE CRISTO, EN LA PROVINCIA DE GUADALAJARA

 

LAS SANTAS ESPINAS DE ATIENZA. EL GRIAL DE GUADALAJARA

 

LA SANTA ESPINA DE PRADOS REDONDOS

 

MAYO, DE CRUCES Y CAMPANAS

 

¿POR QUIÉN TOCAN LAS CAMPANAS?

 

LA ROMERÍA DE LA VIRGEN MIRABUENO

 

LA REINA DEL SEÑORÍO

 

LA MIGAÑA. LA FILA ROMA DE GUADALAJARA

 

EL DÍA DE LA ASCENSIÓN

 

MEMORIA DE UNAS FOTOS

 

BOINAS, GORRAS Y SOMBREROS.

 

LA IMPORTANCIA DE UN BUEN ALMIREZ

 

AGOSTO DE DANZAS Y DANZANTES, EN LA SERRANÍA

 

POR DECIR ¡VIVA SAN ROQUE!

 

EL ALTO REY SE VISTE DE ROMERÍA

 

UN SANTO EN EL CALENDARIO: SAN MIGUEL PAGADOR

 

TIEMPOS DE FERIA

 

HIENDELAENCINA

 

POR CANTALOJAS, DE FERIA

 

PARA MORIRSE COMO DIOS MANDA

 

ATIENZA, Y SU DANZA DE LA MUERTE

 

PAREDES DE SIGÜENZA, Y EL SECRETO DE SU CEMENTERIO

 

MAZUECOS Y LAS CALABAZAS DEL DÍA DE ÁNIMAS

 

DICIEMBRE, MES DE LA MATANZA EN LA SERRANÍA

 

NAVIDAD DE PASTORES, CENCERROS Y NOCHEBUENO

 

BUSTARES, NAVIDAD EN LAS ALTURAS

 

 

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ATIENZA, DICHA Y DESDICHA DE 1905

 

ATIENZA, DICHA Y DESDICHA DE 1905

En este año llegó la electricidad, la desgracia y la Junta de Beneficencia

 

  En medio de las celebraciones por el centenario de la publicación del Quijote, que se vivió en Atienza con inusitado interés, llegaron para la villa tristes y alegres noticias. Apenas unos días antes de que los chiquillos de las escuelas desfilasen enarbolando banderas en honor y homenaje al creador del loco más cuerdo de la literatura española, don Miguel de Cervantes, y de que la antigua calle Mayor, que el pueblo conoció como de la “Zapatería”, se dedicase al  genio de las letras, hasta Atienza llegó el rayo de la luz eléctrica, que quedó oficialmente inaugurada con ocasión de las tradicionales ferias de San José, en el mes de marzo; también llegó, con la electricidad, el temor de que el mundo se acabase, puesto que hubo quien temiendo al vaticinio de que aquel avance era el comienzo del fin de la humanidad, se echó a temblar al observar que tras la llegada de la electricidad las tormentas lo hicieron con más fuerza, y que incluso algún que otro atencino bajó, por culpa del rayo de la luz, a la tumba. Tal sucedió al panadero del horno de San Gil, quien murió fulminado por un chispazo cuando se disponía a cambiar una bombilla; o al borriquillo de un pastor, que pisó el cable desprendido de un poste. No faltaron argumentos para acusar de diabólico el invento. Sin embargo, una de las noticias más tristes para Atienza estaba todavía por llegar.



 

Madrid, patria de todos

   Crecía en este tiempo Madrid a cuenta de cuantos desde las provincias limítrofes acudían en busca de futuro. Los estudios nos dicen que dos fueron las provincias que más vecinos aportaron a la capital del reino, Guadalajara y Segovia; en ello, en el estudio del movimiento de gentes y su establecimiento en los distintos barrios de la capital, surgidos en sus cuatro esquinas horizontales, fue pionero nuestro paisano, natural de Milmarcos, don Mariano Escolano López-Montenegro, quien dedicó media vida a trabajos censales, y a ensalzar la provincia desde la Casa de Guadalajara en Madrid, que fue, como su  antecesor Centro Alcarreño, fundado por estos mismos años de los que hacemos memoria, techo bajo el que se cobijaron los que llegaban sin rumbo. La provincia de Guadalajara, en el estudio de López-Montenegro, y por número de sus habitantes, fue la que más mano de obra aportó a Madrid a lo largo de la historia, convirtiéndose la capital del reino, como en tantas ocasiones se ha apuntado, en el mayor pueblo de la provincia de Guadalajara. Si seguimos aquel voluminoso trabajo que nos dio la imprenta: “Guadalajara en la savia de Madrid”, firmado por quien esto escribe, comprobaremos que, al día de hoy, son cientos de miles, los guadamadrileños de la capital. Una capital que hoy está, como quien dice, a dos pasos, pero en aquellos inicios del siglo XX y posteriores se encontraba, como mínimo, a un par de horas de la Puerta del Sol.

 

Obreros, meleros y hueveros

   Madrid, que como Francisco de Quevedo escribiese es patria de todos, vio pasear a lo largo de los siglos por sus calles a todo tipo de guadalajareños: obreros para emplearse en la construcción, o meleros alcarreños que con su cantarilla de miel y arrope vocearon por las calles su producto; también hueveros que, como los de Cereceda se dedicaron a lo suyo, a comerciar con el fruto de la gallina; los hubo que comerciaron con el libro, pues en Madrid abundaron las librerías fundadas por hijos de la provincia; y quienes lo hicieron  con la hostelería, desde que Segunda López del Postigo, natural de Fuentelencina, recibiese el 2 de mayo de 1808 un tiro en el muslo cuando desde el balcón de la casa de su hermano, en la calle de Toledo alentaba a las masas a levantarse contra los invasores franceses; la majestad de Fernando VII premió en 1816 a nuestra paisana con unos duros de recompensa que ella empleó en la construcción de un modesto edificio, en la calle del Arco de Santa María, para convertirlo en hospedería. De entonces a hoy, centenares, sino miles, han sido los hosteleros guadalajareños en Madrid.

 

La desgracia del tercer depósito

   Para tanto gentío como Madrid fue congregando, se necesitaron en la capital servicios; y uno de ellos, esencial, fue el del agua, puesto que desde los tiempos de Felipe V apenas se había renovado la distribución, que lo comenzó a hacer con Isabel II; proyectándose en los inicios de siglo el gran complejo de depósitos del Canal, en el barrio de Chamberí. Centenares de obreros llegaron para trabajar en el que por entonces fue uno de los mayores proyectos de la capital, destinado a que a los madrileños no les faltase el agua.

   El tercer depósito, aparentemente construido con enormes deficiencias, según contaron las posteriores investigaciones, se desplomó atrapando en su interior a decenas de obreros. En el momento del hundimiento, alrededor de las ocho de la mañana del 8 de abril de ese desdichado 1905, se encontraban trabajando entre 250 y 300 hombres. La superficie que se desplomó sobre ellos, de unos 50 metros de ancho por más de 200 de largo los pilló desprevenidos. Fueron varias decenas los fallecidos en los primeros momentos, y el número fue creciendo con el paso de las horas, llegando al cabo de la mañana a cerca del medio centenar, según se contó. El número final se estableció en algo así como treinta muertos y un centenar de heridos; a los que se sumaron los que, al cabo de la tarde, causó la policía al reprimir una manifestación de protesta.

   Entre los muertos se encontrarían cinco hijos de la provincia, uno de ellos natural de Atienza: Valentín Cabellos Gismera; su cuerpo sería rescatado tres días después de la tragedia. El muchacho, contaba con apenas veintidós o veintitrés años de edad, había marchado a la capital para ahorrar algún dinero con el que ayudar a la familia. El dinero que enviaba a casa era el único medio de subsistencia, por lo que inmediatamente se puso Atienza en movimiento para socorrerla abriendo una suscripción pública que encabezó Francisco Ranz. En dos días se lograron recaudar 150 pesetas, como anotaba la prensa. La madrileña daba cuenta de que Valentín Cabellos había dejado a sus padres en la más absoluta miseria. Que su padre llegó a Madrid aquel día para solicitarle una ayuda económica de unas pocas pesetas con las que comprar unos kilos de patatas para sembrar; y conoció la noticia del desastre cuando llegó a la pensión en la que se alojaba, en la calle de Santa Engracia número 117; y que aguardó en pie firme los tres días, hasta que de entre los escombros sacaron los despojos del hijo, que recibió sepultura en Madrid el día 16.

   Noble gesto tuvo el joven rey Alfonso XIII, que visitó inmediatamente el lugar de la tragedia; lo mismo que la reina madre lo hizo a los hospitales donde fueron atendidos los heridos; mientras que la prensa se organizaba para recaudar fondos con los que socorrer a las víctimas, puesto que no había otros medios de ayuda, Saturnino Cabellos, el padre, a quien apodaban en Atienza “Saturnino el de las Teas”, recibió 150 pesetas de aquellas recaudaciones, que no le sirvieron para mucho, murió de la congoja pocos días después.

   Algo noble dejó la desgracia para la villa de Atienza, aquel Francisco Ranz, junto a Pedro Galán, Simón Cortés y Francisco Caballo, fueron los iniciadores de lo que más tarde sería la Junta de Beneficencia de Atienza, una pequeña institución que, con la bendición municipal, nacía para atender casos similares; y se mantuvo cuando las desgracias llovían como caídas del cielo.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 18 septiembre 2026


ATIENZA: HISTORIA Y CRÓNICA DEL SIGLO XX

 

 ATIENZA: HISTORIA Y CRÓNICA DEL SIGLO XX

 

   Esta es la historia-crónica del siglo XX en Atienza, desde los inicios del siglo XX, hasta sus años finales. Con sus anécdotas, sus personajes, sus gentes, sus avances, sus retrocesos… La que nos habla de lo cercano, de lo que nos llega, de nuestros padres o abuelos, de lo que ellos vivieron y a nosotros nos legaron.

   La Atienza cercana…

    El periodista Salvador Toquero Cortés, al respecto de la obra recopilatorio en la que una parte de la historia del siglo XX se asomaba a “Crónicas de un siglo”, escribió:

 …me atrevería a decir que Gismera, desde la atalaya bravía de su Atienza, se ha asomado al balcón de cien años de toda una provincia, aupado a un trabajo de investigación laborioso, de paciente manejo de documentos y periódicos, pero sazonando cada relato con la aportación personal de lo directo o de la referencia próxima del terreno que pisa y de las gentes que trata. El ayer remoto, el ayer inmediato y el hoy, en sus expresiones de economía, sociedad, costumbres y cultura, tienen tratamiento prolijo en la obra de Gismera.

  Es un contar vivencias que recorren y perfuman la transformación paulatina de todo ese acerbo y que a fuerza de próximo y humano sigue oliendo a verdad, como la leña verde de las chimeneas, el pan que ya no se hace en el horno comunal; la cera de la procesión del día de la fiesta o el inconfundible paso de la dula de las cabras a la vuelta del careo. De todo eso, de cómo era, de cuándo y por qué dejó de ser y por qué se ha transformado nuestra provincia, a lo largo del siglo recientemente liquidado, hay mucha huella feliz en el libro de Gismera. No busquemos en el libro la historia rigurosa y exigente del transcurso de un siglo. Gismera, yo creo que de manera acertada, ha huido de ello y nos ha servido su trabajo en forma de crónicas, donde hasta lo heterogéneo, el juego con los años, el relato o la cita aparentemente inconexos, prestan contagiosa amenidad, gratificante y admirable desparpajo.

Otros autores añadieron:

 La historia pasada de Atienza es densa. El transcurso de los siglos lo ha permitido. Como ha permitido que se estudie a través de los archivos, las piedras, los monumentos y los viejos pergaminos.

La historia del siglo XX es reciente. Es la vivencia de nuestros padres y abuelos, la más cercana y que más directamente nos toca y llega, porque queda ahí a la vuelta de la esquina, y la continuamos escribiendo.

Las crónicas se pierden, por eso, a través de ellas, recuperamos las vivencias de los nuestros, para que continúen vivas, porque estas, al contrario que los grandes hechos, no se dejan anotados en el pergamino del archivo histórico.

 

   Por el conjunto de la obra desfilan los cambios que fue experimentando Atienza; los alcaldes, maestros, maestras o párrocos que fueron. Las gentes que destacaron, y las que no; las celebraciones, las fiestas, las tradiciones....

 

   Todo aquello que fue la Atienza de gran parte del siglo XX. Componiendo en su conjunto la mayor obra histórico-literaria publicada hasta ahora en torno a la villa, que complementa otras que vieron la luz hasta la actualidad.

 

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