lunes, julio 13, 2026

EL PUENTE DE TRILLO SOBRE EL RÍO TAJO

 

EL PUENTE DE TRILLO SOBRE EL RÍO TAJO

Un puente, con una larga historia detrás

 

   Doscientos años se cumplen por ahora desde que el 18 de julio de 1826, debemos de entender que de simbólica manera y adaptando la situación a nuestros tiempos, se cortó la cinta inaugural del magnífico puente que sobre el río Tajo se ha convertido a través del tiempo en uno de los emblemas de Trillo, una localidad que tanto puede presumir de esto, de su elegante puente, como del paso del río más singular de la provincia, el Tajo, o de unir en su casco las de este con las del Cifuentes, cuyas aguas parecen correr a través de sus cascadas en busca de las aguas mayores que recorren de un extremo a otro la provincia.

 




Trillo: algo de su historia

   A la tierra de Atienza, como tantas localidades más de la hoy provincia de Guadalajara, perteneció Trillo desde que se tiene memoria, para pasar un par de siglos después de que aquella tierra o común se formase, a poder del conocido caballero don Juan Manuel, hijo del infante don Manuel, que tantas páginas literarias y de historia dejó escritas en nuestra bendita tierra de Guadalajara. Antes de que ello acaeciese tiene Trillo su novela histórica a través de las páginas que escribieron por su posesión don Pero García, doña Mayor, su viuda, o Garci Pérez, a cuyas aventuras nos invita a acudir la propia historia de la villa.

   A don Juan Manuel, quien tanto tiempo tuvo para la batalla y la literatura, se atribuye la edificación de lo que fue el castillo de la villa en los guerreros años del siglo XIV, a partir de 1322, castillo que maltratado por el tiempo y las batallas, luego de que las tropas de Napoleón, en los años que mediaron entre 1808 y 1814, lo desportillasen en lo más de sus murallas el 23 de octubre de 1810, terminó por derrumbarse antes de mediar el siglo XIX.

   Trillo, con don Juan Manuel, pasaría a integrarse en sus señoríos de Cifuentes, antes de que fuese desposeído de ellos, se integrasen en los señoríos de la corona y de que Juan II los pusiese en manos de otra de las familias todopoderosas de la tierra alcarreña, los Silva, que llegaron de Portugal para quedarse por aquí.

   Vivieron sus vecinos del tráfico de la madera que descendió por las aguas del Tajo, desde las tierras altas de Molina hasta las domadas de Aranjuez, disponiendo a la vera de la población, por donde hoy se despeñan las aguas del Cifuentes, como industrias mayores, de algunos conocidos artefactos, sierras de madera, movidas por el despeñarse del agua, consideradas por Ambrosio de Morales en el siglo XVIII como: “invención de mucho ingenio”; no faltaron, como tierra de muchos caudales, los molinos de agua.

   En 1630 obtuvo del rey Felipe IV el derecho de villazgo alzando en señal de ello la correspondiente picota o rollo, y su horca, levantada en el cerro del que tomó el nombre, donde ajusticiar a los condenados.

  Del paso de las tropas austriacas en 1710, durante la Guerra de Sucesión que llevó al trono al rey Borbón, Felipe V, se escribió que, entre el 6 y el 10 de diciembre, las tropas comandadas por el conde de las Atalayas estuvieron a punto de hacer desaparecer la población: “…padeció Trillo la tala de sus montes y plantíos, la destrucción de sus colmenas y ganados, la quema de las maderas de su tráfico, y de más de doscientas casas, de forma que sólo quedaron en pie doscientas ochenta; la rapiña de sus alhajas y dinero, la vejación y cruel trato de sus vecinos, el saqueo de su pósito, archivo e iglesia y, en una palabra los horrores de la guerra todos juntos”. Horrores guerreros que volverían a vivirse un siglo después; cuando los franceses volaron lo que quedaba del castillo, saquearon la población y persiguieron hasta casi la muerte, a su cura párroco, que les plantó cara, don Esteban Llorente, quien para librarse de la seguridad de la muerte hubo de acudir al refugio de su tierra natal, Villares del Alto Rey, o de Jadraque.

 

El puente de Trillo sobre el rio Tajo

   El cronista provincial Sr. García López nos indica, en cuanto al monumental puente que permite el cruce del Tajo, y que tan disputado fue en todo tiempo en época de confrontación bélica, que: “Si existía ya en la Edad Media no tenemos de ello datos documentales ni arqueológicos. Los autores de la relación topográfica que se escribió en 1580 hablan de la puente de cal y canto de sillería, que atraviesa todo el río, de un solo ojo y confina con las mismas casas de dicho lugar; pero en la obra actual, muy reformada en tiempos de Carlos III, (hacía 1770) cuando se establecieron las famosas termas, no es fácil distinguir lo antiguo de lo moderno y aun consta la obra de un solo ojo. En 1811 lo rompieron los franceses, por allí de continuo apretados por los guerrilleros nacionales, pero después de la guerra se reparó…”

   La solicitud para su reparación partió de un oficio que el Concejo envió al Consejo del Reino en 1817, en la que, nos continúa diciendo García López, se pedía que “se procediese a reparar el puente tan dañado por los enemigos, y decían que era obra útil y magnífica, y al parecer, de los últimos tiempos de los árabes”. Indudablemente, y como muy lejano en el tiempo, el puente debió de levantarse en aquel siglo XVI de que nos hablan las relaciones topográficas.

   No fue respondida de inmediato la solicitud del Concejo, pues todavía pasarían dos años más antes de que desde la ya creada Diputación provincial e Intendencia de la provincia, sin duda por el importante beneficio que resultaba para cuantas personas se dirigían a los más que famosos “Baños”, volvieron nuevamente a solicitar en esta ocasión del rey, la reparación de aquella necesaria obra. El resultado de las comunicaciones dio pie a que Fernando VII insinuase al entonces obispo diocesano, don Manuel Fraile García, que fuese él quien se pusiese al frente y costease tan magnífica reparación.  Por fin el puente, cuyas obras dieron comienzo en 1821, estaba concluido para 1826, cuando el obispo mandó “situar a la entrada del puente, por la parte de Trillo, una columna de piedra con esta inscripción”:   

 

Reynando el Señor Don Fernando VII, se reedificó este puente volado por el Exército invasor de Napoleón en 23 de octubre de 1810 en su vergonzosa y precipitada fuga. Monumento eterno del heroísmo de los Españoles, de los Paternales desvelos de S.M. y de la gloria de su trono.

A 18 de julio de 1826.

 

   Curiosamente, cuando el obispo quiso asistir con motivo de la inauguración, a ver el puente, “y situándose a media legua de distancia, en el monasterio de Ovila, a las orillas del Tajo, recibió oficio en que el Sr. Ministro de Gracia y Justicia, D. Francisco Tadeo Calomarde, le participaba desde Solar de Cabras, con fecha 22 de junio (de 1826) la intención de SS.MM. D. Fernando VII y su esposa Dª María Josefa Amalia, de venir a Sigüenza el 5 de agosto siguiente y hospedarse en el palacio episcopal. La venida de SS.MM. se atribuyó principalmente al deseo de la virtuosísima reina Amalia de visitar las reliquias de nuestra Patrona, Santa Librada, a fin de alcanzar del Señor, por la intercesión de la Santa, la suspirada sucesión para estos reinos”. La reina falleció de fiebres, tres años después, sin dejar herederos al trono.

   Doscientos años redondos, se cumplen de aquellos días en los que, el puente, comenzó a verse como hoy se ve.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 10 de julio de 2026


TRILLO; HISTORIA Y CRÓNICA DE LA VILLA

 

 TRILLO; Historia y Crónica de la Villa y su Balneario

 

De Trillo (Guadalajara), mucho es lo que se ha escrito, y mucho lo que queda por escribir, de su historia, de sus baños, aguas, balneario…

   Las que siguen son páginas que tratan de contribuir al conocimiento de su pasado, a continuar con aquellas que, en 1853, nos decían que…

 

   Con amenos paisajes y saludables aguas bríndale al río Cifuentes caminar dos leguas hacía mediodía el frecuentado pueblo de Trillo, recostado en la pendiente de un valle, entre risueñas cascadas, en la confluencia del inquieto Cifuentes y del verdoso Tajo, que fertilizan al par su vega y ponen en movimiento su reducida industria. Mejor que por esta, casi destruida en las sangrientas vicisitudes de la guerra de sucesión, mejor que por los vestigios de cierta población antigua algo más oriental, llamada vulgarmente Villavieja, se distingue Trillo por sus famosos baños, erigidos en el reinado de Carlos III, que casa verano atraen una variada concurrencia en busca de salud o de esparcimiento. Sus nuevos edificios blanqueando entre copudos olmos, cabe el río que serpea por la deliciosa cañada, aparecen a vista de pájaro desde las alturas que se encrespan al mediodía; ni a las peñas faltan, en toda la extensión dela cordillera, frondosa vegetación y caprichosos y extraños cortes, descollando entre ellas ocho leguas a la redonda las tetas de Viana, cuyo nombre toman del pueblo situado a su opuesta falda…

 Paisajes y Bellezas de España

Trillo, 1853

 

El libro, pulsando aquí

 

SUMARIO:

-I-

La tierra, la geografía y el entorno

Pág. 15

La Alcarria; Trillo, en los manuales o diccionarios; El Despoblado de Villavieja; Demografía de Trillo

 

-II-

Entre los tiempos remotos, y la reconquista

Pág. 33

Páginas para la Historia

 

-III-

El Señorío de Trillo

Pág. 45

Don Juan Manuel; El Castillo de Trillo; Doña Constanza Manuel, Señora de Cifuentes y Trillo

 

-IV-

El Condado de Cifuentes, Señores de Trillo

Pág. 61

Los Condes de Cifuentes

 

-V-

Trillo hasta el Siglo XVI

Pág. 77

Las Relaciones Topográficas de Felipe II; Trillo, de Lugar a Villa

 

-VI-

Trillo en el siglo XVIII

Pág. 91

El Conde de las Atalayasen Trillo; Cifuentes y el Catastro de Ensenada; El interrogatorio de Tomás López

 

-VII-

¡Guerra a los franceses!

Pág. 110

El 2 de Mayo; Los Condes del Siglo XIX

 

-VIII-

Trillo, Siglo XIX

Pág.  125

Las Guerras Carlistas; Trillo en los tiempos del Cólera; Los Baños de Trillo, 1850; La Feria y Mercado de Trillo; Recuerdos y Bellezas de España, Trillo, 1853; El final de un Siglo

 

-IX-

El Patrimonio Histórico

Pág. 163

La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora; El Lignum Crucis; El Retablo del Maestro de Santamera; El Puente de Carlos III

 

Apéndices

Pág. 195

La Batalla de Trillo, junio 1810

 

-X-

EL MONASTERIO DE ÓVILA

Pág. 177

 

SUMARIO:

-I-

La tierra, la geografía y el entorno

Pág. 15

-II-

Entre los tiempos remotos, y la reconquista

Pág. 33

-III-

El Señorío de Trillo

Pág. 45

-IV-

El Condado de Cifuentes, Señores de Trillo

Pág. 61

-V-

Trillo hasta el Siglo XVI

Pág. 77

-VI-

Trillo en el siglo XVIII

Pág. 91

-VII-

¡Guerra a los franceses!

Pág. 110

-VIII-

Trillo, Siglo XIX

Pág. 125

-IX-

El Patrimonio Histórico

Pág.163

-X-

EL MONASTERIO DE ÓVILA

Pág. 177

Apéndices

Pág. 195

La Batalla de Trillo, junio 1810

 

El libro, pulsando aquí

 



lunes, julio 06, 2026

UN ECLIPSE POR TODO LO ALTO

 

UN ECLIPSE POR TODO LO ALTO

Desde Miralrío, el 18 de julio de 1860

 

   Aquel eclipse de 1860, que había de tener lugar el 18 de julio, habría de vivirse en la provincia de Guadalajara en torno al mediodía, pasada la una y antes de las dos. De lo que habría de suceder, antes y después, se habló durante meses en la prensa sobre lo que podría, o no, ocurrir; con animales, plantas, personas e, incluso, con el sol y la luna.

   El Gobierno del reino, reinaba la majestad de doña Isabel II, por aquello de que España, a nivel europeo, era uno de los lugares en los que por las condiciones geográficas mejor podía seguirse, designó una serie de lugares en los que serían recibidos científicos y astrónomos de medio mundo. Lugares tan atrayentes como los altos picachos de la provincia de Guadalajara, los cántabros, por aquello de que por allí vendría; y las costas valencianas, por donde nos diría adiós.




 

La Reina y el Duque de Montpensier

   Tanta expectación levantó el asunto que la Reina anunció que iría allí donde mejor se viese el enlace entre los astros. Y, como no podía ser menos, lo mismo anunció su cuñado, don Antonio. Tanto cariño se tenían la Reina y su cuñado, el Duque de Montpensier, que si la reina anunciaba que iría a Atienza, al día siguiente lo anunciaba el duque, con lo que la reina, al tercero, daba cuenta de que lo vería en lugar diferente, y… terminaron viéndolo, el duque en Sagunto y la reina en Aranda de Duero, pues ninguno de ellos quiso coincidir en el mismo punto.

   Sucedía que nuestra provincia, tan avanzada para según qué cosas pecaba de comunicaciones. Atienza y Jadraque fueron los puntos centrales señalados por el Gobierno para recibir a las comisiones extranjeras. El problema estaba en que, sin ferrocarril ni carreteras, no resultaba fácil hacer llegar a los científicos a su punto de observación. Por lo que uno de los ejes centrales se situó en la cima del Moncayo. Los europeos, desde Europa, podían llegar cómodamente hasta Tudela y desde allí tomar una reata de mulas arrieras que los subiese a la cumbre. Que así lo hicieron, entre otros, don Léon Foucault, el del péndulo, que además era un entendido fotógrafo. Advertencias las clásicas para la época: se tuviese cuidado, en el momento del suceso, con los caballos, ya que se detendrían en seco en el momento en que el día se hiciese noche, aunque por segundos fuere; con las aves, que volando dejarían de hacerlo y podían caer encima del paseante descalabrando al menos precavido… Cosas por el estilo.

   Claro está que los reverendos párrocos de aldeas, lugares y villas, en previsión y para ponerse, quien lo deseare, a bien con el Altísimo, anunciaron que durante los días previos, y en los momentos de mayor gravedad, mantendrían abiertas de par en par las puertas de iglesias y capillas, con exposición permanente del Santísimo para invocar el celestial consuelo.

   Hubo alcalde que, hechas cuentas y tratando de calmar a sus administrados, emitió bando con significativa elocuencia en la que venía a decirles que no habían de temerse cosas malas; que esto de los eclipses ya venía sucediendo desde siglos atrás en Europa, y el que sucediese en España era algo bueno, nos hermanaba con los europeos

 

El ferrocarril, a su paso por Guadalajara

   Se estaba llevando a cabo, por aquellos días, la construcción de la vía férrea que desde Madrid, siguiendo la línea del Henares atravesaría Guadalajara para llegar a Zaragoza primero y Barcelona después. La línea férrea que trazó, o de la que sacó tajada, nuestro amigo el bueno de don José de Salamanca y Mayol, marqués de su apellido después. E ideó don José la manera de que el eclipse se convirtiese en el lanzamiento publicitario de su vía férrea, desde Madrid hasta las cercanías de Jadraque, tramos que ya estaban, más o menos, en función.

   Encargó a su hijo, don Fernando, la expedición que había de llevar al confín del mundo, es decir, Atienza o Jadraque, a los expedicionarios: el marqués de la Vega de Armijo, el duque de Sexto; diputados, senadores, banqueros… La flor y nata de las glorias del reino. Que pudo, también, llevar a Su Majestad la Reina y a Su Alteza, el Duque de Montpensier, aunque estos declinaron la invitación. Se montó un convoy especial que, desde Madrid, los llevase hasta… donde pudiera llegar. Madrugaron, pues el tren salió a las siete y media de la mañana, con previsión de llegar, a donde fuese, a eso de la una del mediodía.

   A las nueve y media de la mañana llegaron a Guadalajara, dos horas en tren pasan volando, aunque abren el apetito, por lo que en nuestra capital se sirvió a los invitados un suculento desayuno a base de chocolate con picatostes sin descender de sus coches correspondientes, mientras se daba tiempo a que llegase, para unirse a la comitiva, el señor Gobernador Civil de la Provincia, D. Pedro Celestino Argüelles, con otros altos representantes de las Alcarrias. Como don José de Salamanca pensó en todo, incluso en lo de que les entraría la gazuza por el camino se llevó, para aplacar los estómagos más exigentes, a quien entonces era, en la capital del reino, el mago de los fogones. Don Emilio Lhardy. El del figón de la Carrera de San Jerónimo.

 

El eclipse, desde los altos de Miralrío

   Los excursionistas se entretuvieron demasiado escuchando las ventajas que, en torno a la vía férrea y sus puentes, les fueron detallando los ingenieros, de modo que cuando quisieron darse se les echó la hora encima. El jefe de la expedición advirtió que ni a Jadraque podrían llegar, por lo que tres o cuatro kilómetros antes de alcanzar los pies del castillo del Cid hubieron de descender sus señorías. Previsto estaba el por si acaso, y los arrieros de los pueblos vecinos prevenidos con sus caballerías para subir a sus excelencias a los altos de Miralrío donde, abierta a propios y extraños, como en media España, se encontraba la iglesia. Condes, duques, marqueses, y banqueros, que quisieron asumir el riesgo, tomaron por la embocadura de la escalera de la torre de la iglesia hasta llegar a su campanario poco antes de que, allá en el horizonte, sol y luna comenzasen el baile que preludia la cópula astral. Extasiados contemplaron el evento. Tanto que el cronista de la expedición, escribió: Hacía el Norte y a una distancia que perfectamente se dominaba con la vista se destacó majestuosa la sombra que debía recorrer 2.000 leguas y que pasó el horizonte en pocos segundos. Hacía el sur se descubría el día, aunque modificada su claridad. Y en Miralrío se retrocedió a los primeros crepúsculos de la mañana. Dudamos que pueda ser más placentero observar un eclipse total bajo la zona de completa sombra que en el término medio elegido por la comitiva de aficionados a quienes con tanta finura obsequió la empresa de los ferrocarriles …

   Después llegó el suculento ágape, preparado por el Sr. Lhardy junto al castillo de Jadraque, para celebrar que no pasó nada. Que la tierra, y la Naturaleza, siguieron su curso.

   Bueno, descalabrados hubo. De aquellos que, por mejor ver, se subieron a los árboles, torres y tejados y, de la emoción, dieron con sus huesos en el suelo. Pero ni pararon en seco los caballos, ni se helaron las fuentes, ni corrieron a ocultarse las gallinas, ni se desplomaron los pájaros.

   Lo que está claro es que, desde los altos de Miralrío, se tiene una de las mejores vistas de la provincia y, sin duda, de los eclipses de sol.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 3 de julio de 2026


ELMONCAYO DE FOUCAULT

EL MONCAYO DE FOUCAULT


El 18 de julio de 1860 tuvo lugar uno de los mayores eclipses de sol conocidos hasta aquella época. Hubo otro anterior, en la década de 1840, pero faltaron los medios suficientes para seguirlo. 

EL MONCAYO DE FOUCAULT. El libro, pulsando aquí


Para 1860 la ciencia astronómica había avanzado lo suficiente como para tener un cono-cimiento más exacto del tiempo de duración así como de la línea que seguiría y de los lugares desde donde mejor poderlo observar. 

De entre toda Europa, y a través de los distintos observatorios, se llegó a la conclusión de que España era el lugar más apropiado para la observación. Lo que sucedió en el Moncayo aquel 18 de julio de 1860, aquí se cuenta.

lunes, junio 29, 2026

LOS HERMANOS PASCUAL RUILÓPEZ, PROTECTORES DE ATIENZA

 

LOS HERMANOS PASCUAL RUILÓPEZ, PROTECTORES DE ATIENZA

Bruno, Antonio y Francisca se convirtieron en una auténtica institución social

 

      Casi setenta años han pasado desde que abandonó estos mundos Francisca Pascual Ruilópez, última representante de una familia que dejó su nombre inscrito en la Atienza de la primera mitad del siglo XX; junto a ella destacaron dos de sus hermanos, Bruno y Antonio; a ellos se debe el que algunas de las tradiciones más significativas de la villa continúen vivas, o que a la entrada de la población se mantenga uno de los edificios más emblemáticos, el que fuese Hospital de Santa Ana.

 



Bruno Pascual, el político

   Sin duda, fue Bruno uno de los hombres más conocidos en el entorno de la Serranía desde la última década del siglo XIX hasta su fallecimiento, en Madrid, el 13 de marzo de 1921. Había nacido en Atienza el 6 de octubre de 1858, en una de las casas más significativas de la población, ya que antes de ser hogar para funcionarios municipales, su padre fue Secretario Municipal a lo largo de varias décadas, al igual que su abuelo, ostentó el honroso título de Casa del Concejo, o Ayuntamiento de la Villa.

   Destacó Bruno Pascual en Atienza por sus labores sociales, prestando dinero sin interés a los agricultores, enemistándose de esa manera con los prestamistas oficiales, o dotando a los colegios, iglesia u hospital de algunas de las cosas que necesitaban. Siendo protector del Hospital de Santa Ana, reparado en la década de 1915-25 gracias a su intervención, costeando las obras, a fin de dedicarlo a colegio infantil, creando junto a su hermana Francisca la primera fundación social para mantenerlo. Igualmente dotó a las parroquias de multitud de objetos sacros, principalmente a los patronos del pueblo, el Santo Cristo y la Virgen de los Dolores de Atienza, a cuya imagen donó en 1909 el famoso Rosario de Faroles que en la actualidad acompaña las procesiones de Semana Santa, estrenado el Viernes de Dolores de 1910.

   Atienza le rindió innumerables homenajes, nombrándole igualmente Hijo Predilecto de la localidad, y situando una placa en su casa natal, así como dando su nombre a la plaza de San Juan del Mercado, en la que vivió y nació.

 

Antonio Pascual Ruilópez

   Antonio nació en 1862 y, como su hermano, llevó a cabo estudios superiores tras su paso por el Instituto Provincial. En la Universidad madrileña cursaría Agronomía. Regresó a Guadalajara en 1891 para desempeñar el cargo de catedrático interino de agricultura en el Instituto, cargo que abandonó en 1896 al aprobar las oposiciones al cuerpo de Agrónomos del Estado, siendo destinado a Pontevedra y desempeñando diversos cargos en el Ministerio de Agricultura, alcanzando el de Ingeniero Jefe de segunda clase, del que se jubiló en el mes de marzo de 1924.

   Recorrió Logroño, Santander y Álava, para establecerse definitivamente en Madrid a partir del mes de octubre de 1911, tras ser nombrado profesor de Ampelografía, Viticultura y Enología de la escuela especial de Ingenieros Agrónomos. Posteriormente profesor de Horticultura y Jardinería de la Granja Central de Castilla, dependiente del Estado. En el tiempo que ocupó el cargo en las provincias de Logroño y Álava se mejoraron las plantaciones de viñedo, comenzando a experimentar sus productos una gran expansión. Siendo comisionado por el Gobierno para el estudio de la fabricación de vinos y plantación de viñedos en La Rioja.

   Falleció de forma repentina en Ávila, donde se encontraba pasando una temporada vacacional, el 29 de julio de 1930, siendo trasladado su cuerpo a Madrid para recibir sepultura en la sacramental de San Isidro.

 

Francisca Pascual Ruilópez

   Francisca nació en 1865, trasladándose a Madrid junto a su hermano Bruno en la década de 1890. En Madrid contrajo matrimonio en los primeros años del siglo XX con un prestigioso abogado, enviudando poco tiempo después del matrimonio. Persona, al igual que el resto de la familia, de marcadas creencias religiosas, guardó gran devoción al Santo Cristo de Atienza y la Virgen de los Dolores, a los que tanto ella como sus hermanos dotaron con diferentes obras, entre ellas la corona de plata de la patrona, acogiendo incluso la reforma de sus respectivas capillas.

   Desde muy joven se significó como una personalidad dentro de la sociedad atencina, así como de la de la provincia de Guadalajara, tanto por su elevada clase social como por la personalidad de sus hermanos; heredando a la muerte de Bruno la representatividad familiar en esos actos, religiosos y políticos en los que la familia se significó, señalándose como una firme defensora del gobierno de Miguel Primo de Rivera, hasta el punto de ser en Atienza la madrina de los somatenes. Fue aquel sin duda el acto formal en el que se convirtió en madrina del somaten atencino, al que pertenecía toda la alta clase social de Atienza, desde su alcalde a maestros o veterinarios, así como gran parte del pueblo, el acto más significativo que se vivió en Atienza en aquel periodo. La entrega y bendición de la bandera a los somatenes de Atienza tuvo lugar el 17 de septiembre de 1929 y traspasó los límites de la provincia, siendo recogida incluso por la prensa de Madrid.

   A la muerte de sus hermanos continuó sosteniendo las capillas de la Virgen de los Dolores y del Santo Cristo, a las que Bruno Pascual había beneficiado en su testamento, al igual que ella haría en el suyo propio, dictado en Madrid, ante el notario Rafael Núñez Lagos, el 18 de febrero de 1958.

   El testamento, extenso en dotaciones de misas y legados, contenía alguna que otra cláusula de obligado cumplimiento por sus testamentarios contadores; lo eran su abogado de Madrid, don Francisco García Astigarraga, y su administrador en Atienza. Tras dar cumplimiento al legado familiar dejando su parte a los herederos que consideraba forzosos, descendientes de su hermano Antonio y su sobrina Loreto, hacía diversas particiones entre gentes de la villa, reservando una parte de su capital para continuar manteniendo otra de las instituciones que habían sido emblemáticas para la familia, desde que su hermano decidiera invertir parte de su capital en su rehabilitación en el primer decenio del siglo XX: el hospital de Santa Ana.

    Ordenando y dotando económicamente una fundación que, a perpetuidad, mantuviese aquella dedicación, un colegio de párvulos para niños de ambos sexos, hasta los ocho años de edad. Fundación compuesta por un Patronato del que formaban parte como vocales, de forma vitalicia, y con derecho a sucesión por sus hijos varones, sus dos contadores, formando igualmente parte de dicho Patronato el Alcalde de Atienza que lo fuese en cada momento, así como la Reverenda Madre Superior de Religiosas de la Divina Pastora en Atienza, a cuyo cargo se encontraban las aulas.

   La fundación, en principio, estaba destinada a “restaurar y mejorar el edificio y servicios del Hospital de Atienza y sostenimiento de enfermos ingresados en dicho Hospital”, así como mantener las aulas y facilitar el estudio a cuantos naturales de Atienza acudían a aquellas clases, en las que era obligatoria la enseñanza católica “y buenos modales y costumbres”. Fueron gran número los hijos de Atienza que, gracias a Francisca Pascual Ruilópez, puesto que con anterioridad a su fallecimiento ya mantenía el establecimiento de estas aulas, accedieron a la enseñanza. Un día se cerró aquel hospital, del mismo modo que se cerraron sus aulas, tal vez por falta de alumnos. De la fundación “benéfico-particular de carácter puro”, instituida por doña Francisca Pascual Ruilópez, tal y como se recoge en la escritura de su fundación, y que todavía figuraba en algunos documentos oficiales en épocas recientes, nunca más se supo. Falleció en Madrid el 10 de abril de 1958, recibiendo sepultura junto a sus hermanos en la Sacramental de San Isidro.

   Sin duda, tres nombres para no olvidar.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 26 de junio de 2026


LA VIRGEN DE LOS DOLORES, PATRONA DE ATIENZA

 

 LA VIRGEN DE LOS DOLORES, PATRONA DE ATIENZA

El libro:


El 12 de enero de 1669 llegó a Atienza (Guadalajara), una imagen de la Virgen de la Soledad, copia de la entonces existente en el convento de la Victoria, de Madrid, tallada cien años atrás por Gaspar Becerra.

La imagen fue recibida en la villa con todo el cumplimiento que su devoción merecía, siendo depositada de forma provisional en la iglesia de San Juan del Mercado, entonces en obras. Venía para ser, con toda probabilidad, la imagen que presidiese la capilla funeraria de su donante, Juan de las Huertas, con alto cargo en los oficios del Real Alcázar.






Poco después de su llegada se la dotó de capilla, siendo el hijo de Atienza, Diego de Madrigal, el autor de su retablo. Ya que era, dn Diego, uno de los mejores artífices en aquel arte, de la diócesis de Sigüenza.

A mediados del siglo XVIII la imagen cambió de denominación para ser Nuestra Señora de los Dolores, o de los Siete Dolores, y convertirese en la Patrona de la Villa.







Desde aquellos orígenes, en los que la Condesa de Ureña puso de moda el vestir a estas imágenes a imitación de las viudas nobles castellamas; o que Gaspar Becerra impusiese la de las imágenes “de vestir”, o la reina Isabel de Valois extendiese la devoción por España, han pasado casi quinientos años; de la llegada de la Virgen de la Soledad, más tarde de los Dolores a Atienza, se cumplirán 350.

Es por ello que en este libro hacemos reseña de toda esa historia, o parte de ella, pasada en Atienza; desde la llegada de la imagen a la de su Rosario de Faroles de Cristal que desde el 18 de marzo de 1910 acompaña su procesión.




viernes, junio 19, 2026

LOS VIAJES DEL DOCTOR KAESTNER POR GUADALAJARA

 

LOS VIAJES DEL DOCTOR KAESTNER POR GUADALAJARA

De Cogolludo al Alto Rey, pasando por Hiendelaencina

 

   Hasta la cima del Alto Rey de la Majestad llegaron, ahora se cumple un siglo desde que lo conocimos, el alemán Doctor Kaestner y acompañantes en un recorrido que desde Guadalajara a Cogolludo; de Cogolludo a Hiendelaencina y de aquí a la cumbre, a lo largo de varios días, los llevó a conocer una parte de la Guadalajara serrana cuando echaba a andar el siglo XX.

   Para el mundo lo contó D. Joaquín Menéndez Ormaza y García Barzanallana quien, a más de ser uno de los más prestigiosos Ingenieros de Minas de su tiempo, fue personaje popular en el entorno de Hiendelaencina, en donde se centraron gran parte de sus trabajos; como lo fue en España a través de una importante obra literaria y periodística.




D. Joaquín Menéndez Ormaza

   A través del relato, publicado en un principio y antes de convertirse en libro en uno de los periódicos de mayor popularidad, el lector puede llegar a dudar de si en verdad existió o no el alemán Dr. Kaestner quien, al parecer, sí que lo hizo. Muy a pesar que tal y como Menéndez Ormaza nos lo presenta bien pudiera ser uno de aquellos caprichosos personajes que escapan de las novelas de Julio Verne para recorrer mundo, con escenas en ocasiones imposibles. Al lector dejó D. Joaquín el encargo de descubrir la realidad o fantasía de sus escritos.

   Pues la vida de Menéndez Ormaza también fue todo un relato de idas y vueltas a través de nuestros pueblos serranos, puesto que nacido en Madrid en 1875 y en Madrid fallecido el 23 de enero de 1938, por Hiendelaencina, Alcorlo, Villares y Gascueña de Jadraque, con algunos lugares más, a más de sacarlos al mundo literario, gastó parte de su vida. Y no le fue mal, como nos cuenta.

   A Hiendelaencina llegó en los años finales del siglo XIX recién concluidos sus estudios madrileños para convertirse en pocos años en uno de los principales hombres al mando de la Sociedad Minera La Plata, que por estos tiempos era ya una de las pocas que se mantenían firmes al pie del filón, en la pantorrilla de las estribaciones del Alto Rey. No solo a engrandecer la Sociedad minera para la que trabajó se dedicó D. Joaquín, puesto que modernizó sus instalaciones dotándolas, incluso, de luz eléctrica, la misma energía eléctrica que abasteció en los primeros tiempos a Hiendelaencina desde uno de los molinos entonces existentes en tierra de Villares de Jadraque, movidas las turbinas con aguas del río Bornoba, o Bornova, que tanto da. Fue aquello, lo de la luz en Hiendelaencina, en una de las fiestas locales, fiesta que fue el 5 de junio de 1910; presidido el evento por uno de los alcaldes más populares que Hiendelaencina conoció, D. Vicente Dulce Ibáñez, primer edil del municipio, entre 1910 y 1914.

    Menéndez Ormaza, al tiempo que a dirigir las obras de modernización de La Plata, y de alguna manera de Hiendelaencina, colaboró con numerosos medios de prensa y, por encima de ello, fue autor de un sinnúmero de obras literarias entre las que se cuentan la biografía, novela, relato o historia.

 

El Dr. Kaestner, en Cogolludo

   Ha de servir de guía, a juicio de Ormaza, a nuestro Dr. Kaestner en su aventurero viaje, un personaje natural de Atienza, arruinado en sus negocios y buen conocedor del terreno, a quien dieron el apodo de “El Arcipreste”, quien desde Atienza debía de viajar a Cogolludo donde en la posada, entonces ubicada en el señorial palacio de los Medinaceli, aguardarían Kaestner con su acompañamiento, dos muchachas a quienes presentándolas como sus sobrinas le servían de asistencia a la hora de la elaboración del menú del día o de los arreglos del vestuario. Pues en aquellos tiempos no viajan nuestros expedicionarios con la mochila a las espaldas, sino que en recua de mulas transportaban los caprichosos que les acompañarían en el viaje, desde una ligera biblioteca, a los trajes más elegantes por sí, en cualquier localidad, había que recurrir a ellos para la presentación en sociedad.

   Que Ormaza y Kaestner prepararon a conciencia el viaje nos lo hacen saber al darnos cuenta de una parte de la historia de la villa, de su palacio y, por supuesto, de los duques de Medinaceli; sin que falte el apunte de que por aquí anduvo, en representación teatral, Lope de Rueda, escribiendo D.  Joaquín: “Sirven los viajes, al que viajar sabe, para plasmar la belleza del recuerdo, esfumada en la neblina del pasado

   Cumplidos los primeros deberes partieron de Cogolludo camino de Veguillas a través de los empolvados senderos que circundaban la serranía, con la mirada puesta en la cima del Alto Rey, y la esperanza de encontrar a los míticos caballeros templarios que, según las leyendas conocidas, allí alzaron monasterio.

   En Veguillas subieron a lomos de mula para encaminarse a través de La Nava, por Fraguas, a Villares de Jadraque, a donde habían de llegar a la conclusión del día.

   Un detalle nos deja el autor del relato en torno a la fecha exacta en la que se llevó a cabo el viaje. Nos lo cuenta a través de breves líneas: “Una complicada máquina, que me pareció un compresor de aire, sobre un enorme carretón atascado en un bache impedía el paso. La empujaban con gatos y palancas variedad de gente, azuzando al propio tiempo a un gran número de bueyes que por mediación de gruesas cuerdas tiraban del armatoste”.

   Se trataba de la máquina de vapor destinada a la mina La Vascongada que, llegada a la estación ferroviaria de Jadraque en la primavera de 1868, fue trasladada por carreteros de Condemios, abriendo camino por la hoy carretera de La Toba, a su destino final, donde fue puesta en funcionamiento en el mes de julio de aquel revolucionario año. La máquina procedía de Inglaterra.

 

Y, por fin, la cumbre

   Ya por entonces, retomando los trabajos que se iniciaron bajo la dominación romana, se horadaba la montaña en busca de un tesoro más valioso aún que el de la plata. Por La Nava de Jadraque se buscaba oro en la llamada “Mina Vieja”. Bajo las alturas dejaron las perforadas tierras de Alcorlo y Hiendelaencina para dirigirse de mañana hacia Villares, en su ánimo de alcanzar la cumbre serrana. Haciendo escala, a la hora del almuerzo, en Bustares: “convidándose y convidando a medio pueblo para marear a preguntas a todo bicho viviente; el ascenso se hizo penoso. No encontramos persona alguna en el camino, salvo un pordiosero que, retirándose a un lado, nos dejó paso alargando la mano en demanda de una limosna, sin hablar palabra”. Después conocieron que se trataba de un sordomudo, conocido en el entorno como “El Bafometo”.

   Al cabo de la tarde alcanzaron la cumbre, encontrando las ruinas del supuesto santuario templario: “Hoy refugio de mendigos. Antiguamente lugar de cruce de las andanzas guerreras medievales por las fronteras de Castilla. Allá a lo lejos, por donde el sol se pone, que dice nuestro guía, la sierra de Ayllón bifurca los silurianos picos rocosos empujando hacia el Norte el cauce del Duero. A levante Miedes nos separa de la medieval Atienza, alcanzándose a ver tan solamente de esta su derruido castillo sobre ingente roca. Ayllón y Atienza determinaban en aquellos tiempos el cordón de fortalezas moras que en acecho de los pasos del Duero constituían la cristiana frontera”.

   Capricho fue, sin duda, hacer semejante viaje para encontrar, en lo alto, la visión de una tierra que, incluso a través de relatos imaginados, invita a soñar con la grandeza de nuestra Serranía, siendo, los “Viajes y Andanzas del Dr. Kaestner”, una lectura siempre recomendable.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 19 de junio de 2026

 

COGOLLUDO (Guadalajara) Una Villa Ducal

 

COGOLLUDO (Guadalajara). Una Villa Ducal

 

   Cogolludo es, al día de hoy, una localidad con retroceso en su población, de la provincia de Guadalajara, a la sombra del que fuese uno de los castillos más enigmáticos que se conocieron por estas tierras; levantado sin duda en tiempos de la dominación árabe; en parte, olvidado por uno de los palacios más significativos de esta parte de la tierra castellana.

   El autor, en su recorrido a través de los pueblos de la provincia, llega a Cogolludo y a través de los testimonios escritos a lo largo del tiempo por cronistas e historiadores, entre los que cabe destacar a Francisco Layna Serrano, Juan-Catalina García López, nos adentra en el ayer de Cogolludo, su palacio y su castillo; tomando los textos publicados por aquellos, junto a otros muchos, para darnos cuenta de la importancia que Cogolludo y su tierra alcanzaron a través de los siglos; acompañando la obra con los textos de aquellos quienes, cada uno en su sentir, opinó en torno a lo que admiraron sus ojos y conocieron en su debido momento.

   Puede, en ocasiones, parecernos confuso el discurrir del texto de unos y otros; ha de ser el lector quien, observando y analizando, llegue a la conclusión que las páginas siguientes buscan.

   Junto al castillo, la villa o el palacio, y como parte de la propia obra, el autor nos lleva a conocer, siquiera de manera somera, los acontecimientos históricos del entorno; así como las costumbres que acompañaron la vida de esta parte de la provincia de Guadalajara; empleando investigaciones y fuentes propias.

   Sin duda, las páginas siguientes, como otras anteriormente escritas y publicadas, nos acercan a un entorno que siempre merece una atención; una detenida mirada…

 

 

 


 

 COGOLLUDO, UNA VILLA DUCAL, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ