UN
ECLIPSE DE SOL, ENTRE ALMAZÁN Y SIGÜENZA
El
que tuvo lugar el 30 de agosto de 1905
Fue el año de gloria de 1905, para la provincia de Guadalajara, uno de
los que se marcan con líneas de colores en los calendarios; año en el que los
eventos de todo tipo se prodigaron por lo largo y ancho de nuestro territorio,
aderezados con el singular acontecimiento de celebrarse el tercer centenario de
la publicación de la más que celebrada obra de Miguel de Cervantes, “Don
Quijote de la Mancha” que, en numerosas poblaciones, cambió incluso el repertorio
callejero, como sucedería en Atienza, donde una de sus principales calles, la
de la Zapatería, antigua Mayor, pasó a denominarse: “de Cervantes”; poco
después de que, hasta Atienza también, y procedente de Somolinos, en el mes de
marzo de este mismo año llegase la electricidad. En este mismo año, el pintor
Joaquín Sorolla retrató de cuerpo entero a la segunda mujer del hombre más
poderoso de la tierra de Molina a través de las resineras, don Calixto Roríguez;
mientras don Elías Bartolomé y Gil, hábil industrial de la ciudad de Sigüenza,
registraba el 20 de noviembre de este particular año, en La Raposera de
Sigüenza, un pozo de petróleo; también hubo nacimientos, como el que el 8 de
agosto tuvo lugar en Jadraque, donde vio la luz del mundo nuestro poeta más
cantarín, José Antonio Ochaíta, hijo del maestro de la localidad; y si de maestros
y escuelas hablamos, digamos que en este año de 1905 desapareció la escuela de
Casillas de Atienza devorada por el fuego; sucesos hubo, como el que causó la
muerte en Cifuentes al famoso ermitaño Bibiano Gil, el 21 de febrero de ese
año; poco después, el 19 de marzo, por vez primera que se tenga memoria,
llegaban a Majaelrayo, algunos excursionistas de la Sociedad Pedad Madrileña;
el 18 de junio quedaban inauguradas, en la calle del Horno de la Mata, de
Madrid, las aulas del Centro Alcarreño, precursor de la Casa de Guadalajara; a
la capital de la Alcarria accedía como alcalde don Ángel Campos García; el 11
de enero los jueces confirmaban el “error judicial” de Mazarete, por el
crimen que nunca ocurrió y, claro está, el 30 de agosto… el eclipse.
La maestra de las estrellas
Una
de las personas que más entendió de eclipses y de todo lo que tiene algo que
ver con el universo, allá por los últimos años del siglo XIX e inicios del XX,
fue Isabel Muñoz-Caravaca y López de Acevedo, a la sazón maestra en Atienza,
aunque dedicada a las clases particulares; pues para entonces había ya dejado
la docencia municipal para la que llegó. Sus ideas, un tanto peculiares para la
época la aconsejaron el retiro.
Doña
Isabel, nacida en 1848 en Madrid, contaba con 12 años de edad cuando se produjo
el eclipse de sol más seguido de la historia hasta entonces, el del 18 de julio
de 1860, escribiendo a su tiempo que: “hizo un día espléndido y vi
maravillada aquella magnífica corona solar”; no opinarían lo mismo los
astrónomos europeos que se desplazaron a España para seguirlo. A alguno de
ellos, tal que Leon Foucault, el del péndulo, a causa de las inclemencias, se
le arruinó la fiesta. Otros como Urbain Le Verrier o Hervé Faye, de la Academia
de Ciencias del Imperio Francés; el egipcio Ismail Effendi; el astrónomo de
Leipzig, Karl Brunhs, e incluso el Sr. Tissot, de la relojería suiza, lo verían
con ojos más acordes al tiempo que les tocó vivirlo, sobre las cimas del
Moncayo.
Doña Isabel, que gustó siempre mirar las estrellas, y de ello dejó
amplia muestra a través de sus escritos, solía acudir a uno de los parajes que
ella encontró excepcionales para ello en la villa de Atienza: el pretil de la
iglesia de la Santísima Trinidad. Sus aficiones a la astronomía tampoco serían
entendidas en una Atienza, la de los últimos años del siglo XIX e inicios del
XX, conservadora y, tal vez, anclada en tiempos remotos. Su afición la
traspasaría a su hijo, el maestro y poeta Jorge Moya de la Torre y
Muñoz-Caravaca; y la llevaría a viajar en numerosas ocasiones a Francia, de
cuya Academia de Astronomía fue miembro de la mano de uno de sus directores y
fundadores, Camille Flanmarión.
Sigüenza-Almazán,
1905
Aquél
de 1860 no fue el único eclipse que pudo contemplar doña Isabel, vivió y contó
con precisión el de mayo de 1900, como acostumbraba a observar el ir y venir de
las estrellas. Desde aquel año hasta el que relató su hijo Jorge Moya de la
Torre, el de 1905, hubo algunos más, solares y lunares, totales y parciales.
Hasta que llegó el de 1905 que, de nuevo, atrajo la atención de cuantos
observadores de los fenómenos interestelares pisaban la tierra. Para este se
convino desde la capital del reino que uno de los lugares desde donde mejor
podría observarse era Sigüenza, y aquí, a la ciudad del Doncel, se dirigieron
las miradas.
Doña Isabel, en cambio, entendió que en lugar de Sigüenza el lugar más
apropiado se encontraba en las alturas de la cercana Almazán y allá se dirigió
con cuantos la quisieron seguir, entre ellos el flamante Camille Flammarion,
quien con su esposa y desde su París de acogida atravesó una parte de Francia,
y otra de España, para llegar hasta Atienza y desde aquí, con el cortejo que
acompañó a doña Isabel, dirigirse a Almazán. Tanto ella como sus acompañantes
fueron recibidos en la población como se recibe a las grandes personalidades,
muy a pesar de que los científicos españoles desdeñaron los escritos de la
Muñoz-Caravaca, por mujer; cierto, el Ministerio de la Gobernación había pedido
oficialmente a las autoridades locales y provinciales que a quienes venían: “se
les guarde toda suerte de respetos y consideraciones”; y en Almazán se
cumplió con creces, siendo recibidos nuestros personajes por la representación
municipal encabezada por su alcalde.
Desde
Almazán, Jorge Moya de la Torre contó a quienes lo quisieron leer, el sucedido.
En los campos de Almazán se dieron cita los científicos americanos del
Observatorio de Indiana; los franceses; los mejicanos del Observatorio de
Tacubaya, y cuantos españoles de a pie siguieron sus pasos…, hasta que se hizo
la noche y, después, volvió a amanecer: “… entre cánticos de gloria”.
Mientras
que la prensa se hacía bocas de lo vivido en Sigüenza, donde se puso el
completo a hostales y casas de viajeros, recibidos estos en la estación a los
acordes musicales de la banda; sobre todo a los viajeros de postín, ya que
fueron numerosos los ministros que, invitados por el conde de Romanones,
acudieron a la ciudad para presenciarlo. También hubo viajes en tren, de ida y
vuelta, por el módico precio de 20 pesetas, más 5 por el almuerzo, en primera
clase. Contaron que, en pleno apogeo eclipsal, se sintió un frío glaciar, y eso
que era agosto. También comenzaron a cantar los gallos cuando se descorría la
cortina solar. Contaron que Sigüenza fue, ese día, una sucursal de la corte
real. Como que todo personaje de posibles se llegó hasta aquí.
Seguro que, de este que nos viene, y que ampliamente podrá seguirse en
la provincia, salvo que las nubes, como a los del Moncayo en 1860 hagan de las
suyas; o como en Almazán lo haga la lluvia, que comenzó a caer a eso del
mediodía, próximo a la cúpula solar.
Las crónicas no dejarán de contarnos maravillas; eso sí, tras el celaje,
la vida, como antes sucedió, continuará abriéndose camino y, como escribirse la
Muñoz-Caravaca, todo es estudio y observación.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la
memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 7 de agosto de 2026
ISABEL MUÑOZ CARAVACA. LA MUJER QUE SOÑÓ UN MUNDO JUSTO
ISABEL MUÑOZ CARAVACA
La mujer que soñó un mundo justo
(Biografías de Guadalajara)
Isabel Muñoz Caravaca, nacida en Madrid y surgida al mundo del periodismo en Guadalajara, fue una de las mujeres pioneras en la lucha por muchos derechos: la igualdad de la mujer; la abolición de la pena de muerte; el voto femenino; la dignidad de la profesión a la que pertenecía como maestra, etc.
Fue la primera mujer en figurar en el mundo de la Astronomía, a la que dedicó una parte importante de su vida; y puede considerarse como una de las primeras mujeres que profesaron una ideología liberal en la provincia de Guadalajara, a pesar de que nunca estuvo afiliada a ningún partido político.
ISABEL MUÑOZ CARAVACA, LA MUJER QUE SOÑÓ UN MUNDO JUSTO, EL LIBRO, AQUÍ
Su pensamiento quedó impreso a través de decenas de artículos periodísticos que nos muestran que fue, ante todo, una luchadora y, por qué no, una soñadora. Pensamientos que le granjearon, producto de los tiempos, la enemistad de algunos sectores de la sociedad.
Hoy es un nombre respetado y, en algunos aspectos, desconocido.
A través de las páginas siguientes nos introducimos en su vida, su mundo y sus escritos, tratando de llegar a conocer la humanidad de la persona por encima de todo.
ISABEL MUÑOZ CARAVACA, LA MUJER QUE SOÑÓ UN MUNDO JUSTO, EL LIBRO, AQUÍ









