viernes, enero 30, 2026

RETIENDAS POR LA CANDELARIA

 

RETIENDAS POR LA CANDELARIA

Con su botarga y sus tradiciones, es una de las fiestas tradicionales de invierno más significativas de la provincia

 

   El mes de julio de 1818 fue uno de los más importantes en la historia de Retiendas, puede que el que más. Ese mes cambió su historia. Al fin, tras un largo proceso, la población alcanzaba su soñada independencia de Tamajón y se convertía en Villa, con la alegría de los propios y el disgusto de los ajenos.

   Los últimos pasos para llevar a cabo la segregación jurisdiccional los comenzaron a dar los representantes del común de la localidad cuatro años antes, en 1814, apenas concluida la guerra contra los franceses; muy a pesar de que desde el siglo anterior se habían dado algunos avances tendentes al fin perseguido. En el último cuarto del siglo XVIII la población logró contar con cura propio que les dijese misa y los asistiese espiritualmente, pues hasta 1793 fueron asistidos por el párroco de Tamajón quien en ocasiones, según los vecinos de Retiendas, no llegaba a tiempo para administrar a los moribundos los últimos sacramentos; desde entonces contaron, por facultad real, con herrero propio e incluso con toro padre, mantenido por los ganaderos de la población. No fueron pocas las localidades que por estos siglos, y hasta bien avanzado el XX, contaron con toro y cerdo semental para la cubrición de sus ganados respectivos, como una más de las ventajas de ser población populosa. Toro o cerdo semental que periódicamente se renovaban, a fin de mantener en perfecto estado de salud la cabaña ganadera.




   

La Villa de Retiendas

   Hasta aquel mes de julio de 1818 fue Retiendas uno más de los lugares de la tierra de Tamajón, creada en la cabeza de los Mendoza; y fue Tamajón, por esta parte de la provincia, con Beleña y Cogolludo, una de las villas de más histórica raigambre en todos los aspectos; tanto que la historia cuenta que a punto estuvo la majestad de Felipe II de elegir estas tierras para su reposo eterno.

   También fue Retiendas uno de los lugares más significativos de la tierra de Tamajón, con una población que hasta bien entrado el siglo XX rondó los quinientos habitantes e incluso en algunas épocas estuvo por encima. Nada que ver con los tiempos actuales en los que la despoblación la ha llegado a situar en torno al medio centenar de censados, que no de vecinos.

   Unos vecinos que a lo largo de la historia vivieron de la agricultura y más aún de la ganadería, caprina principalmente, pues fue la cabra serrana uno de los principales productos de por aquí; como que es animal que todo lo aprovecha y pone pocos peros a lo escabroso o improductivo del terreno. En aquel tiempo en el que Retiendas se propuso la meta de llegar a ser villazgo, declaró que en su suelo pastaban nada menos que 1.200 cabezas de caprino, que ya son. El vacuno alcanzaba al medio centenar y el lanar, tan delicado como su apariencia, estaba por debajo de las doscientas cabezas. Fue uno de los avales que los de Retiendas pusieron a la hora de adquirir el título al que aspiraban, puesto que, por cada uno de sus sesenta vecinos, debían dejar en las arcas reales algo así como 7.500 maravedíes que, en total, superaban los 450.000, o lo que es lo mismo, en torno a los 14.000 reales. Mucho dinero a pesar de la lejanía de los tiempos. Pueblos hubo que para pagar los derechos de villazgo se hipotecaron por dos o tres siglos.

   No debió de ser el caso de Retiendas, puesto que en los dos plazos que se le marcaron pagó los derechos y el 11 de julio de 1818, a eso de las once y media de la mañana, don José Riegas en nombre del Rey declaró que Retiendas dejaba de ser lugar y se convertía en Villa; y allá juraron cargos sus alcaldes y regidores, Diego del Olmo, Manuel de Santa María, Leandro Merino, Valentín Robledillo, Manuel y Domingo Gamo, y quienes ejercieron de secretario y alguacil, Facundo Robledillo y Facundo Gamo, por cada uno de los cargos. Después juraron y prometieron desempeñarlos y “administrar justicia sin excepción de personas, mirando por los huérfanos, viudas, y pobres, defendiéndolos, y el Misterio de la Inmaculada Concepción de María Santísima Madre de Dios y Señora nuestra, como también los privilegios de este pueblo”. A continuación, se repitió a voz en grito, conforme a la costumbre y tradición, por tres veces, lo de ¡Viva el Rey!, que era don Fernando VII de mal recuerdo. Y concluyó el acto con fiesta de altas miras.

   Con ello se adquiría el derecho a levantar horca, que se alzó en el cerro de la Nevera; y picota con argolla y cuchillo, a 22 pasos de la iglesia, porque entonces no había todavía plaza pública ni casa de Ayuntamiento, dándoseles tres años de plazo para levantarla, y se levantó.

   En los días siguientes se procedería al deslinde y amojonamiento de las tierras, señalando los límites con Tamajón y poblaciones vecinas. Aquí hubo sus más y sus menos, pero al fin hubo acuerdo y de entonces a hoy.

 

La Candelaria

   Ya se celebraba en aquel tiempo la festividad de la Virgen de las Candelas, con algunas más invernales y las clásicas veraniegas para celebrar el final de la cosecha. Muy a pesar de que es sin lugar a dudas la fiesta de las Candelas la más tradicional de Retiendas, asistida por su singular figura de la Botarga; sin que conozcamos desde cuándo por aquí o por cualquiera otro de nuestros rincones provinciales, la figura diablesca y colorida del personaje hace su representación; situando su aparición en el siglo XVI a manera de referencia, puesto que los escritos pasados, que tanto se ocuparon de nuestras devociones o castillos, apenas nos dejaron reseña de las muestras festivas o folclóricas que se nos asoman a los calendarios al día de hoy; añadiendo al personaje en cuestión la antigüedad o caracteres que más se adaptan a la tierra o celebración. Por aquí se contaba, y así lo recogió Sinforiano García Sanz cuando la dio a conocer mediada la década de 1940, que la botarga de Retiendas tenía su origen en un gracioso que para que la Virgen María no sintiese vergüenza cuando salió por vez primera de la casa, tras la cuarentena maternal, fue con ella haciendo gracias a su paso. Sea como fuere, la botarga de Retiendas, al contrario de lo que sucediese con otras del entorno, se mantuvo firme a lo largo del siglo, a pesar de que sus diabluras, como las de otros lugares, llevaron a que curas y autoridades civiles prohibiesen este tipo de representaciones durante algún tiempo, puesto que las vieron los unos como irrespetuosas ante la sagrada divinidad, y otros como germen de disturbios propios de un tiempo que no se quería recordar.

   Nuestro recordado García Sanz nos dice en sus trabajos que: “algunos años los desmanes de este enmascarado han rayado en lo monstruoso”; y es que el botarga, o la botarga, tenía, o se tomaba, la libertad de robar: “pues algunos años, en combinación con los mozos del lugar y aprovechando el descuido de alguna ama de casa, ha hurtado las suculentas comidas festeras, y alegremente ha dado fin de ellas al calor de la hoguera. Como goza de libertad para entrar en las casas, obtiene bollos, rosquillas, magdalenas, orejones, etc.”

   Con el tiempo, la botarga se ha ido moderando, y al día de hoy es uno más de nuestros emblemas invernales, de las fiestas previas al carnaval, o del sentir tradicional de una tierra que respira historia y folklore por los poros de sus montes y el silencio de sus calles.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 30 de enero de 2026


RETIENDAS (Guadalajara)

 

 

RETIENDAS (Guadalajara) Notas para una memoria

 

   Se encuentra Retiendas en la provincia de Guadalajara, a la vera del macizo de Ayllón, a la sombra del pico Ocejón; una población en retroceso en cuanto a su población, que destacó en tiempo pasado por su monasterio de Bonaval, en lo religioso, y destaca por su botarga en lo tradicional.

   Delayer y del hoy de Retiendas van las páginas siguientes.  Descubriendo los renglones de la historia, en un entorno descubierto en los inicios del siglo XX por escritores y periodistas:

   “Abrese a nuestros pies, en las arcillas bermejas de diluvial, el valle de Retiendas, y en un bello rincón, como detalle de ornamentación, el caserío de Retiendas… Y aquí y allá, decorando el paisaje, las encinas verdinegras, los robles gallardos. Todo está luminoso y transparente y es un deleite bajar por la senda tortuosa que desciende rápida hasta el arroyo de las Huertas, donde los sauces inclinan sus ramas.

   He aquí Retiendas. Es un verdadero pueblo de tipo alpino como las aldeas que yo vi en Saboya y en Suiza. El lecho pedregoso de un torrente corta en dos al pueblo y así es su calle Mayor el propio canturral. Don Jacinto, el maestro amable, es nuestro patrón y se desvive por que estemos bien.

   ¡Cuán limpia, tranquila y serena su casita! Y al final de la comida inolvidable, la miel de ámbar que las abejas obtuvieron de las jarras silvestres y las nueces bulliciosas que la hija desprendió del nogal paterno. Y mientras como, pienso conmovido en estas santas mujeres castellanas que se dan íntegras al hogar y a la virtud sin alarde ninguno del sacrificio.

   A la comida disponemos la excursión. Hoy veremos y estudiaremos el carbonífero de Bonaval; mañana el cretáceo de Tamajón y el silúrico del Pico Ocejón formidable….”

   A ello vamos.

 

 

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 EL LIBRO:

  • ASIN ‏ : ‎ B0DW7P5D5X
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 196 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8309520718
  • Peso del producto ‏ : ‎ 313 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.24 x 21.59 cm

 

 

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viernes, enero 23, 2026

MANDAYONA, EL AHORCADO Y LA VIRGEN DE LA PAZ

 

MANDAYONA, EL AHORCADO Y LA VIRGEN DE LA PAZ

La Virgen de la Paz es una de las celebraciones invernales más arraigadas en la provincia

 

   Don Antonio Ponz, al pasar por Mandayona en la segunda mitad del siglo XVIII, no pudo describir mejor la población, a la orilla del río y dentro de un conjunto paisajístico inigualable: “Logra este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas. El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor. También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…”

   Los señores del lugar no eran otros que los duques del Infantado, que aquí tuvieron casa palacio, a la vera del Henares, que es el río que don Antonio nos describe; el obispo que siguió a Delgado Venegas sería don Inocencio Bejarano quien aquí falleció el 13 de diciembre de 1818, y desde aquí, en fúnebre procesión, fue trasladado a su reposo eterno de la catedral de Sigüenza.



 

El Señorío de Mandayona

   Fue uno de los señoríos más señalados del entorno del Henares el que tuvo por cabeza a Mandayona. Se compuso, además de por la villa cabecera, por los, primero lugares y villas después, de Villaseca de Henares, Aragosa, Mirabueno y la parte que le cupo de Algora (que fue la mitad de la población, ya que la otra parte perteneció al ducado de Medinaceli). Teniendo por la villa cabecera, Mandayona, especial predilección, tanto doña Brianda de Castro, tal vez una de sus más significativas dueñas, como sus sucesores, ya que a través de enlaces matrimoniales el señorío de Mandayona, con sus villas y lugares, fue a parar a las manos de otra de nuestras grandes damas alcarreñas, doña Ana de la Cerda, princesa de Éboli. Sus emblemas, o mejor, los de sus padres y abuelos, todavía lucen al día de hoy con severa urbanidad sobre la elegante portada renacentista de la iglesia parroquial, como que tomaron parte en su construcción.

 

Mira Bueno…

   No son pocas las tradiciones que nos hablan de su pasado, histórico, cultural y etnográfico, entre ellas la que hace referencia a una de las devociones de la comarca: la Virgen de Mirabueno.

   Cuenta la tradición que el origen del nombre de la población, de Mirabueno, se encuentra en esas dos sencillas palabras, la del Bueno, nombre o apellido común en algún tiempo en la zona, y la del mira, unidas ambas a la sencilla frase que una chiquilla dirigiese a su hermano cuando, allá por los años medios del siglo XIV, cuentan que se apareció en el entorno del encinar una hermosa paloma, en historia que compuso don Luciano Ochoa: “… una pastora de Mandayona, según la tradición, encuentra en el hueco de una encina una paloma que guarda en su zurrón. De regreso a casa, va a enseñársela a su hermano diciéndole: “Mira Bueno”, y nota que la paloma ha desaparecido. Vuelve al lugar en el que la encontró viendo que, de nuevo, está allí en el hueco del tronco. La recogen para presentársela a sus padres. Más, otra vez, al ir a enseñársela, ven que no está en el saco. Ponen inmediatamente el hecho en conocimiento del cura del pueblo y, comprobado después que se trata de una imagen de la Virgen, deciden construir una ermita en el lugar donde la encontraron…”

   Forma la leyenda parte de la tradición que nos habla de la devoción del pueblo de Mirabueno y su vecino de Mandayona a la venerada imagen a la que, desde aquel entonces, la fecha que se marca es la de 1350, se llamó Nuestra Señora de Mirabueno, a la que levantaron ermita o Santuario y, desde aquellos siglos, hasta los presentes, acudieron en romería. La de las Cruces a la Virgen.

 

Y la Virgen de la Paz

   Por aquí anduvieron los franceses en la Guerra de la Independencia dando buenos palos a las guerrillas y a las gentes que buscaban que permaneciese lo suyo en su lugar. En una de aquellas, a modo de castigo y según solían, los gabachos prendieron fuego al caserío, después de cometer alguna que otra tropelía por el mes de septiembre de 1809. Entre los excesos estuvo el ahorcamiento público de alguno de sus vecinos. Quizá en ello esté una delas tradiciones más curiosas que ha vivido el folclore provincial, y que el tiempo denominó como “el ahorcado de Mandayona”, que se conmemoró con motivo de la festividad de la Virgen de la Paz.

   Ninguna crónica pública nos dejará constancia de la celebración por estos años de la tradición del “ahorcado”, estudiada por López de los Mozos en 2006, quedando igualmente reflejo en “Botargas y enmascarados alcarreños. Carnaval en Guadalajara”, resumiéndose su fiesta, tenida por ancestral, y desconociéndose su origen en la población, en breves líneas: “El carácter de agravio e injuria del carnaval queda reflejado en la provincia en dos ejemplos, "La Carta Candelas" y "El Ahorcado", de ellos es éste último el más llamativo e incluso cruel, seguido en otros puntos de la península y en la actualidad prácticamente desaparecido en toda ella. Este ensañamiento, por extraño que resulte, también se ejecutaba en ciudades populosas. En Oviedo, por ejemplo, se elegía entre los pobres e indigentes el personaje en cuestión, que cubierto de andrajos era paseado por las calles, cayendo sobre él toda clase de desperdicios, para terminar la función arrojándolo a una alberca, un pozo o un charco de agua sucia. Sin embargo éstos rituales, que hoy podemos considerar exagerados y sin sentido, por supuesto, eran comunes en los pueblos primitivos englobados dentro de las denominadas purificaciones. Estas eran de dos clases, generales y particulares o extraordinarias y ordinarias”.

   Las generales ordinarias se practicaban cuando en una asamblea antes del sacrificio, un sacerdote después de haber mojado una rama de laurel o un tronco de verbena, planta sagrada para los celtas, en el agua lustral, hacia la aspersión al pueblo. Las purificaciones generales extraordinarias se verificaban en las épocas de peste, hambre o calamidad pública. Entonces eran crueles, especialmente en el pueblo griego. Para llevarlas a cabo elegían a aquél de los habitantes de la ciudad que tenía peor aspecto y destacaba por su fealdad o deformaciones y lo conducían con pompa triste y fúnebre al lugar del sacrificio, donde era inmolado y quemado, arrojando sus cenizas al mar.

   En Mandayona el sujeto elegido, y dado su conformidad, era mantenido a expensas del pueblo durante la semana previa a la celebración de la Virgen de la Paz, 24 de enero, día en el que era paseado por las calles de la población sobre unas parihuelas, recibiendo los insultos de la comparsa acompañante, que iba a grandes voces dando cuenta de la sentencia de ejecución:

 

Pobladores de la villa,/ venid a oír la sentencia/ que ha dictado la justicia. / Por mangante y por tramposo, / por mujeriego y bribón, / del holgazán que aquí veis, se ordena su ejecución.

 

   De aquella manera llegaban hasta la plaza, donde con gran pompa era manteado y posteriormente se procedía a su "ejecución", simulando su ahorcamiento del árbol central, mientras la comparsa acompañante solicitaba de los presentes un donativo para mantener a la viuda e hijos del "ejecutado". La costumbre fue suprimida tras la guerra de 1936, si bien permaneció en el recuerdo de un buen número de sus pobladores, y en las coplillas que de aquella tradición se dedicaron, hasta su reciente recuperación.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 23 de enero de 2026

 MANDAYONA

    Tomé mi ruta para la Villa de Mandayona (Guadalajara), quasi todo por entre monte de encinas, que la mayor parte, como el dicho pueblo, pertenecen al Duque del Infantado. Mandayona logra de una excelente situación en un valle, que aunque no muy ancho, ni largo, es a propósito para toda suerte de frutales, como se experimenta con los pocos que hay de camuesas, perales, cerezos, nogales… El Palacio del Señor (de los Mendoza) que estaba junto a la iglesia, y una famosa huerta que tuvo pegada a él, están hoy reducidos a nada, y el terreno de la huerta sirve para siembras.

   Logra este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas. El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor. También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…

 Antonio Ponz
“Viajes por España”



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SUMARIO:
-I-
La tierra, la geografía y el entorno
Pág.9

-II-
Un repaso por la historia
Pág. 25

-III-
La Comunidad de Villa y Tierra de Atienza
Pág. 35

-IV-
Mandayona, entre Doña Urraca y María de Castilla
Pág. 45

V-
Las tierras de Gómez Carrillo
Pág. 55

-VI-
Íñigo de la Cerda y Brianda de Castro, Señores de Mandayona
Pág. 61

-VII-
La vida en Mandayona, entre los siglos XVI y XVIII
Pág. 73

-VIII-
Guerra por una Independencia
Pág. 91

-IX-
La vida municipal
Pág. 106

-X-
Mandayona Siglo XX . Las líneas que nos llevan al presente
Pág. 123

Apéndices
Pág. 133


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El Libro:

  • ASIN ‏ : ‎ B09XZGTZDS
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 256 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8805392369
  • Peso del producto ‏ : ‎ 281 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 0.94 x 22.86 cm

 




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viernes, enero 16, 2026

MONTARRÓN, UNA CALLE Y UNA TELEVISIÓN

 

MONTARRÓN, UNA CALLE Y UNA TELEVISIÓN

Devastado en 1936, el pueblo fue reconstruido en 1941

 

   A Montarrón la historia no lo trató bien y mucho menos la que se desarrolló entre 1936 y 1939, cuando la población se encontró, a causa de la Guerra, inmersa entre dos frentes de batalla. Montarrón y sus gentes, sin saber cómo ni porqué asistieron al triste momento en el que al pueblo le llegó la lluvia de bombas; en el que sus vecinos tuvieron que abandonar sus casas que, al retorno, después de que la tormenta hubiese pasado encontraron sin vida; cadáveres vivientes de paredes y tejados desvanecidos. La guerra había terminado con toda una historia en la que sus gentes como en tantos otros lugares sucediese, no habían tenido nada que ver.

 


 

 

Una historia de tiempos lejanos

   Montarrón perteneció en los lejanos tiempos que siguieron a la reconquista de la tierra y a su formación tal y como hoy aproximadamente la conocemos, a la tierra de Beleña, que se amparó bajo uno de los castillos más singulares y maltratados por el tiempo. Sirvió para defender la tierra y el tiempo terminó por abocarlo a la ruina, dejando para la leyenda las hermosas líneas que nos remiten a un tiempo perdido entre la realidad y la fantasía. Del mismo modo que nos remiten a las luchas familiares entre los descendientes del marqués más literario que nos ha legado Guadalajara el de Santillana. Beleña y su tierra cayó en los inicios del siglo XVI del lado de doña Juana de Mendoza, a cuya muerte volvería a suscitarse el pleito por la propiedad, volviendo a vivirse escena semejante a la que protagonizasen los hombres del primer Santillana con el Alcaide entonces de la fortaleza, Fernán Páez, hasta que llegó la paz, o el acuerdo, mediante la firma de la correspondiente concordia en Guadalajara a 22 de julio de 1525 por la cual el entonces duque del Infantado cedía “cuantos derechos pudiera alegar sobre Beleña”, quedando bajo la posesión del Conde de Coruña y Vizconde de Torija, del que fue pasando a sus sucesores hasta la extinción de los señoríos en el siglo XIX.

   Estando formada la tierra o alfoz de Beleña, desde el lejano año de 1170, por las aldeas, lugares, villas o poblaciones de Aleas, La Mierla, Montarrón y Torrebeleña, incorporándose, o fundándose en el transcurso del tiempo algunas aldeas o lugares más como lo fueron los desaparecidos de Romerosa o La Torre e incorporándose Muriel.

   En posesión de Doña Beatriz Enríquez de Mendoza se encontraba Montarrón en el momento de elaborarse las llamadas Relaciones Topográficas ordenadas por Felipe II, que tienen lugar en esta población en 1580, el 18 de diciembre se firmaron, sin que quede históricamente documentada la manera en que llega la población a doña Beatriz o, mejor aún, a sus padres, doña Petronila de Mendoza y don Benito de Cisneros, si bien todo hace pensar en que con motivo de aquellos pleitos hereditarios que se sucederán a lo largo de este siglo y parte del anterior, Montarrón caerá hereditariamente en una de las ramas femeninas del señor de Beleña, puesto que doña Petronila de Mendoza fue hija de Juan de Mendoza, hermanastro del duque del Infantado, entre quienes se entabló nuevamente largo pleito sucesorio.

 

El condado de Montarrón

   Un siglo después de elaborarse las Relaciones Topográficas de Felipe II, Montarrón, bajo la denominación de Monterrón, fue creado condado en la cabeza de Juan de Andicano y Celáa, por el Hechizado rey Carlos II en 1689, y en cuya familia ya se encontraba la población como señorío.

   Don Juan de Andicano, natural de la localidad guipuzcoana de Mondragón donde nació en 1638, desempeñó a lo largo de su vida numerosos cargos desde que llevó a cabo sus primeros estudios en las Universidades de Valladolid y Salamanca, siendo hijo de don Diego de Andicano y de doña Isabel López de Celáa, linajes oriundos del Valle de Bérriz. Montarrón llegaba a manos de don Juan de Andicano por compra a su anterior señor, D. Diego Ramírez de Vargas; compra que tendría lugar en 1687 y por la que pagaría la nada desdeñable cantidad de 60.000 reales, quedando las tierras a su fallecimiento en el mayorazgo fundado en su hija Isabel María, quien levantará en la localidad natal del padre, a su fallecimiento en Madrid en el mes de junio de 1691, el conocido palacio de Monterrón. Como tantos otros misterios, tampoco se conoce fielmente la manera en la que la población llegó a poder de los Ramírez.

   Las tierras y condado de Montarrón, o Monterrón, pasarán a la hermana de don Juan, doña María de Andicano, quien contraería nupcias con el capitán Mateo de Aranguren, en cuya línea sucesoria continuaría el condado. Así, el 20 de febrero de 1752, cuando se firman las respuestas catastrales conducentes al establecimiento de la Única Contribución, Montarrón pertenece a su señor conde, que lo era don Ignacio de Villarreal y Bérriz, quien recibía, a más de las contribuciones y alcabalas, como vasallaje de los monterronenses, en aguinaldo navideño, sesenta gallinas, a tres reales cada una, y doce perdices, a dos reales la pieza.

 

El tiempo en Montarrón

  No muchos más trajines tuvo la tierra hasta pasado que fue el siglo XIX y entrado que hubo el XX, sin más alteraciones que las de celebrar anualmente sus festejos en torno a la festividad de su Cristo de la Agonía, hasta que llegó aquel oscuro mes de julio de 1936 en el que nos cambió la historia.

   Años atrás, en el de 1927, también en el mes de julio, Montarrón rindió homenaje a uno de los hombres de nuestra ciencia médica patria, Don Santiago Ramón y Cajal, de los primeros honores que recibió en la provincia de Guadalajara; uniendo en homenaje conjunto al nombre del sabio aragonés el de quien por estas tierras andurreaba buscando dar a conocer alguna de sus historias, el Dr. D. Antonio Castillo de Lucas, quien ya figuraba entre los cronistas, etnógrafos e historiadores de nuestra tierra patria. A ambos les pusieron calle, y a Castillo de Lucas, ya que en Montarrón nacieron sus ancestros, lo nombraron Hijo Adoptivo. Descubrieron sus placas en memoria de ambos y fiesta hubo. Las placas se perdieron en aquellas del 36.

 

Y, de nuevo, fiesta

   La batalla terminó con la población, que fue nuevamente reconstruida unos cuantos cientos de metros más allá; en lugar más llano y soleado. Su arquitectura de calles rectas y casas prácticamente iguales se trazó en los despachos de los arquitectos, que dibujaron casas para los labradores pudientes, y para los menos; con iglesia en la plaza, escuela y nuevo ayuntamiento, siendo don Francisco Echenique uno de sus forjadores. El nuevo pueblo se trazó en 1941; y ahí sigue, de entonces a hoy.

   Y, una vez más, en los primeros días de julio de 1962, se repitió aquella historia de tornar a colocar en las esquinas de sus casas las placas perdidas, la de Ramón y Cajal y la de Castillo de Lucas. También, como invitados de honor, asistieron al acto quienes en aquel momento ostentaban el título heráldico de Condes de Montarrón. Ya no tenían en el pueblo otra memoria que la de la historia más a pesar de ello algo debió de hurgarles en el corazón; la señora Condesa, encargada de descubrir la placa, fue nombrada Alcaldesa Honoraria; y henchida de emoción, regaló al pueblo uno de los primeros aparatos de televisión por aquí conocidos; ocupó lugar preferente en el salón parroquial, donde el pueblo comenzó a reunirse. A los Condes también les pusieron calle.

   Y ahí sigue Montarrón, con sus historias, entre botargas cascaruleras y recuerdos hermosos que desdibujan los malos momentos.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 16 de enero de 2026

 

 

HISTORIA DE MONTARRÓN (Guadalajara)


HISTORIA DE MONTARRÓN

MONTARRÓN es uno más de los pueblos de Guadalajara, perteneciente al antiguo partido judicial de Cogolludo.

   Dependiente en tiempos medievales de aquella ciudad, tiene tras de sí una larga historia unida a las poblaciones del entorno, hasta la adquisición de su título de Villa y marquesado.

   A través de las páginas siguientes tratamos de acercarnos a su pasado.

 

EL LIBRO DE MONTARRÓN (Pulsando aquí)

 

EL LIBRO DE MONTARRÓN

  • ASIN ‏ : ‎ B0C1J1PC2T
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 177 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8390582657
  • Peso del producto ‏ : ‎ 290 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.14 x 21.59 cm

 

 

 

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