LOS HERMANOS PASCUAL RUILÓPEZ, PROTECTORES DE ATIENZA
Bruno, Antonio y Francisca se convirtieron en una auténtica
institución social
Casi setenta años han pasado desde que abandonó estos mundos Francisca
Pascual Ruilópez, última representante de una familia que dejó su nombre
inscrito en la Atienza de la primera mitad del siglo XX; junto a ella
destacaron dos de sus hermanos, Bruno y Antonio; a ellos se debe el que algunas
de las tradiciones más significativas de la villa continúen vivas, o que a la
entrada de la población se mantenga uno de los edificios más emblemáticos, el
que fuese Hospital de Santa Ana.
Bruno Pascual, el político
Sin duda, fue Bruno uno de los hombres más conocidos en el entorno de la
Serranía desde la última década del siglo XIX hasta su fallecimiento, en
Madrid, el 13 de marzo de 1921. Había nacido en Atienza el 6 de octubre de
1858, en una de las casas más significativas de la población, ya que antes de
ser hogar para funcionarios municipales, su padre fue Secretario Municipal a lo
largo de varias décadas, al igual que su abuelo, ostentó el honroso título de
Casa del Concejo, o Ayuntamiento de la Villa.
Destacó Bruno Pascual en Atienza por sus
labores sociales, prestando dinero sin interés a los agricultores,
enemistándose de esa manera con los prestamistas oficiales, o dotando a los
colegios, iglesia u hospital de algunas de las cosas que necesitaban. Siendo
protector del Hospital de Santa Ana, reparado en la década de 1915-25 gracias a
su intervención, costeando las obras, a fin de dedicarlo a colegio infantil,
creando junto a su hermana Francisca la primera fundación social para
mantenerlo. Igualmente dotó a las parroquias de multitud de objetos sacros,
principalmente a los patronos del pueblo, el Santo Cristo y la Virgen de los
Dolores de Atienza, a cuya imagen donó en 1909 el famoso Rosario de Faroles que
en la actualidad acompaña las procesiones de Semana Santa, estrenado el Viernes
de Dolores de 1910.
Atienza le rindió innumerables homenajes,
nombrándole igualmente Hijo Predilecto de la localidad, y situando una placa en
su casa natal, así como dando su nombre a la plaza de San Juan del Mercado, en
la que vivió y nació.
Antonio
Pascual Ruilópez
Antonio nació en 1862 y, como su hermano, llevó
a cabo estudios superiores tras su paso por el Instituto Provincial. En la
Universidad madrileña cursaría Agronomía. Regresó a Guadalajara en 1891 para
desempeñar el cargo de catedrático interino de agricultura en el Instituto,
cargo que abandonó en 1896 al aprobar las oposiciones al cuerpo de Agrónomos
del Estado, siendo destinado a Pontevedra y desempeñando diversos cargos en el
Ministerio de Agricultura, alcanzando el de Ingeniero Jefe de segunda clase, del
que se jubiló en el mes de marzo de 1924.
Recorrió Logroño, Santander y Álava, para
establecerse definitivamente en Madrid a partir del mes de octubre de 1911,
tras ser nombrado profesor de Ampelografía, Viticultura y Enología de la
escuela especial de Ingenieros Agrónomos. Posteriormente profesor de
Horticultura y Jardinería de la Granja Central de Castilla, dependiente del
Estado. En el tiempo que ocupó el cargo en las provincias de Logroño y Álava se
mejoraron las plantaciones de viñedo, comenzando a experimentar sus productos
una gran expansión. Siendo comisionado por el Gobierno para el estudio de la
fabricación de vinos y plantación de viñedos en La Rioja.
Falleció de forma repentina en Ávila, donde
se encontraba pasando una temporada vacacional, el 29 de julio de 1930, siendo
trasladado su cuerpo a Madrid para recibir sepultura en la sacramental de San
Isidro.
Francisca
Pascual Ruilópez
Francisca nació en
1865, trasladándose a Madrid junto a su hermano Bruno en la década de 1890. En Madrid
contrajo matrimonio en los primeros años del siglo XX con un prestigioso
abogado, enviudando poco tiempo después del matrimonio. Persona, al igual que
el resto de la familia, de marcadas creencias religiosas, guardó gran devoción al
Santo Cristo de Atienza y la Virgen de los Dolores, a los que tanto ella como
sus hermanos dotaron con diferentes obras, entre ellas la corona de plata de la
patrona, acogiendo incluso la reforma de sus respectivas capillas.
Desde muy joven se significó como una
personalidad dentro de la sociedad atencina, así como de la de la provincia de
Guadalajara, tanto por su elevada clase social como por la personalidad de sus
hermanos; heredando a la muerte de Bruno la representatividad familiar en esos
actos, religiosos y políticos en los que la familia se significó, señalándose
como una firme defensora del gobierno de Miguel Primo de Rivera, hasta el punto
de ser en Atienza la madrina de los somatenes. Fue aquel sin duda el acto formal
en el que se convirtió en madrina del somaten atencino, al que pertenecía toda
la alta clase social de Atienza, desde su alcalde a maestros o veterinarios,
así como gran parte del pueblo, el acto más significativo que se vivió en
Atienza en aquel periodo. La entrega y bendición de la bandera a los somatenes
de Atienza tuvo lugar el 17 de septiembre de 1929 y traspasó los límites de la
provincia, siendo recogida incluso por la prensa de Madrid.
A la muerte de sus hermanos continuó
sosteniendo las capillas de la Virgen de los Dolores y del Santo Cristo, a las
que Bruno Pascual había beneficiado en su testamento, al igual que ella haría
en el suyo propio, dictado en Madrid, ante el notario Rafael Núñez Lagos, el 18
de febrero de 1958.
El testamento, extenso en dotaciones de
misas y legados, contenía alguna que otra cláusula de obligado cumplimiento por
sus testamentarios contadores; lo eran su abogado de Madrid, don Francisco
García Astigarraga, y su administrador en Atienza. Tras dar cumplimiento al
legado familiar dejando su parte a los herederos que consideraba forzosos,
descendientes de su hermano Antonio y su sobrina Loreto, hacía diversas
particiones entre gentes de la villa, reservando una parte de su capital para
continuar manteniendo otra de las instituciones que habían sido emblemáticas
para la familia, desde que su hermano decidiera invertir parte de su capital en
su rehabilitación en el primer decenio del siglo XX: el hospital de Santa Ana.
Ordenando y dotando económicamente una
fundación que, a perpetuidad, mantuviese aquella dedicación, un colegio de
párvulos para niños de ambos sexos, hasta los ocho años de edad. Fundación
compuesta por un Patronato del que formaban parte como vocales, de forma
vitalicia, y con derecho a sucesión por sus hijos varones, sus dos contadores,
formando igualmente parte de dicho Patronato el Alcalde de Atienza que lo fuese
en cada momento, así como la Reverenda Madre Superior de Religiosas de la
Divina Pastora en Atienza, a cuyo cargo se encontraban las aulas.
La fundación, en principio, estaba destinada
a “restaurar y mejorar el edificio y
servicios del Hospital de Atienza y sostenimiento de enfermos ingresados en
dicho Hospital”, así como mantener las aulas y facilitar el estudio a
cuantos naturales de Atienza acudían a aquellas clases, en las que era
obligatoria la enseñanza católica “y
buenos modales y costumbres”. Fueron gran número los hijos de Atienza que,
gracias a Francisca Pascual Ruilópez, puesto que con anterioridad a su
fallecimiento ya mantenía el establecimiento de estas aulas, accedieron a la
enseñanza. Un día se cerró aquel hospital, del mismo modo que se cerraron sus
aulas, tal vez por falta de alumnos. De la fundación “benéfico-particular de carácter puro”, instituida por doña
Francisca Pascual Ruilópez…, tal y
como se recoge en la escritura de su fundación, y que todavía figuraba en
algunos documentos oficiales en épocas recientes, nunca más se supo. Falleció
en Madrid el 10 de abril de 1958, recibiendo sepultura junto a sus hermanos en
la Sacramental de San Isidro.
Sin duda, tres nombres para no olvidar.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la
Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 26 de junio de 2026
LA VIRGEN DE LOS DOLORES, PATRONA DE ATIENZA














