LOS CRISPINES DE ATIENZA
Así fueron coloquialmente conocidos los cofrades de San Crispín y
San Crispiniano
Se conservan, en el Archivo de la Clerecía de Atienza, los al parecer
últimos restos de una de las cofradías más peculiares y desconocidas con las
que contó la villa de Atienza, de la que poco ha permanecido a través del
tiempo, salvo alguna ligera referencia en torno a sus celebraciones recogida en
los libros de cuentas del antiguo convento de San Francisco.
Se trata de la cofradía de los Santos Mártires San Crispín y San
Crispiniano, que estuvo adscrita a la iglesia de Santa María del Val. Lo que se
conserva de ella en el Archivo de la Clerecía son los últimos libros de cuentas
que median entre 1702 y 1758.
La
iglesia de Santa María del Val
Fue sin duda una de las más antiguas de la población, levantada en pleno
periodo de la arquitectura románica de la que conserva su hermosa y sugestiva
portada de acceso, con esos saltimbanquis, o lo que representen, las figuras
que se sujetan a su baquetón.
La iglesia mantuvo hasta poco antes de iniciarse el siglo XX algunas de
las cofradías o hermandades más significativas de Atienza, entre las que se
contó la de la Purísima Concepción, la Natividad de Nuestra Señora, la del
Glorioso San Ramón Nonato, patrono de las parturientas, la de La Piedad, y la
de los gloriosos San Crispín y San Crispiniano, patronos de uno de los gremios
igualmente significativos dentro de Atienza, el de artesanos del cuero, los
curtidores y el calzado.
Evidentemente
se trataba como otras existentes en la villa, de una cofradía gremial, en este
caso dedicada a festejar a los santos patronos y reunir en ella a imagen de la
única que nos han llegado, la de arrieros que festeja la cofradía de la
Santísima Trinidad, a los miembros de aquellos oficios, a fin de ayudarse entre
ellos en asuntos tan humanos como el entierro, la última enfermedad o la
asistencia a la familia del fallecido cuando carecía de medios.
Un
gremio numeroso
Un simple repaso al Catastro de Ensenada de 1752, época de la que se
conservan las cuentas de la cofradía, nos dice cuántos y quiénes eran los que
en Atienza se dedicaban al oficio, donde ya se nos habla de la existencia de “quince tenerías, catorce pertenecientes a
seculares y la otra al Cabildo Eclesiástico, así como diecisiete tratantes de
suela y cordobán”. Dejándonos los nombres de cada uno de ellos, entre los
que se repiten algunos apellidos que han llegado a nuestros días, como el Yagüe
o el Bermejo, indicándonos que, como solía suceder en otros, también aquí se
continuaban los oficios por tradición familiar. Junto a estos tratantes de suela
y cordobán nada menos que veintisiete zapateros; un oficial y dos aprendices.
Por lo que, entre unos y otros, se aproximaban al medio centenar los dedicados
a la trata del cuero en sus diversos estados.
Mucho tiempo después, en los inicios del siglo XX, todavía el gremio de
zapateros y curtidores tendrá amplia representación. Así, por ejemplo, en 1905,
en un censo municipal incompleto, teníamos cuatro zapateros con taller abierto:
Donato y Fausto Cabellos, y Emilio y Tiburcio de las Heras. Mientras que en el
censo industrial de 1908 nos aparecen relacionados con los mismos oficios un
número mayor, y acorde a la realidad del momento. Figurando dos albarqueros:
Silverio López y José Arribas; y cuatro zapateros: Esteban García, Carlos
Guijarro, Pedro Galán y Feliciano Esteban. Nombres que poco a poco a través del
tiempo quedarían reducidos a uno sólo ya avanzada la última mitad del siglo XX,
hasta que la modernidad, como sucedería con otros oficios, llevó a la extinción
de este en Atienza.
Las
funciones de la Hermandad
Que fue cofradía con buenos rendimientos económicos nos lo dejan ver
algunos de los gastos anuales, puesto que pagaban al abad de la parroquia, por
sus oficios litúrgicos, mediado el siglo XVIII, ochenta reales; más los gastos
de las festividades, ofrendas, cera para las lámparas y monumentos, o santero
que cuidaba el entorno de la iglesia, que sumaban algo más de ciento veinte; el
doble por el coste de las juntas, en refrescos a los hermanos y algunas
cantidades más que se ofrecían al secretario, manda y encargados de las
cuentas. A más de lo aportado por los cofrades gestionaba, y de ahí parte de su
riqueza, una de las tenerías ubicadas en la villa, de la que salía suela y
cordobán para los zapateros.
Sabemos, a través de los libros de cuentas, que la cofradía contaba con
dos “Baras” de plata,
correspondientes a Prioste y Mayordomo, pues ambas fueron “aderezadas” (arregladas o compuestas) en 1713, por importe de
catorce reales, ajustándose la cofradía a un ordenamiento de mandos similar a
las del resto de hermandades aquí conocidas, en las que anualmente se renovaban
los cargos siendo de obligado cumplimiento la celebración del patrón, el 25 de
octubre, así como la asistencia a los funerales y entierros de los cofrades,
los cuales se reunían ese mismo 25 de octubre en comida fraternal, para la que
se sacrificaban varios carneros pertenecientes a la propia hermandad. Hay que
recordar que hasta finales del siglo XIX o comienzos del XX en otros casos, la
mayoría de las cofradías de Atienza criaba, para la celebración anual, sus
propios carneros que, en la mayoría de los casos, pastaban libremente por los
campos atencinos.
Sin que nos haya llegado el dato de cuándo nació la hermandad y cuándo
desapareció, si bien todo hace pensar que sus últimos pasos se dieron a fines
del siglo XIX, probablemente en la misma iglesia a la que estuvieron adscritos.
Hasta poco antes de la desaparición del convento de San Francisco a él pagaban
la misa mayor con motivo de su santo patrón. Para los franciscanos de Atienza
los miembros de esta hermandad eran, simplemente, los “crispines”, nombre con el que eran conocidos sus integrantes
igualmente en la villa.
La mayoría de las cofradías correspondientes al gremio surgieron en
torno a los siglos XIV y XV, por lo que admitiremos que la cofradía de
zapateros de Atienza surgió igualmente en esta época en la que, a la antigua
calle Mayor de la población comenzó a denominarse coloquialmente “zapatería”.
San
Crispín y San Crispiniano
San Crispín y San Crispiniano fueron dos hermanos, romanos, de familia
noble, que vivieron en el siglo III y murieron decapitados por Diocleciano. En
su huida de Roma se asentaron en Francia, donde predicaron el cristianismo y se
ganaron la vida haciendo zapatos por la noche. De ahí todo lo demás. Incluso
Shaskespeare los cita en su Enrique V.
Todavía, a lo largo de la primera mitad del siglo XX se mantuvieron en
vigor algunas cofradías en torno a los santos Crispín y Crispiniano en nuestra
provincia, puede que la más reconocida fuese la de Sigüenza, que todos los años
rifaba un cordero con cuyo producto colaborar a los gastos de la festividad, la
celebración religiosa la solían llevar a cabo en la ermita de San Roque.
Algunas otras poblaciones de la península tienen por patronos a los santos
zapateros, por el Levante y por Asturias. En la década de 1940 San Crispín y
San Crispiniano fueron declarados patronos del Sindicato de la Piel, con lo
que, quienes pertenecían al mismo, se reunían en su festividad a fin de acudir
a misa y tras ella reunirse en el almuerzo de hermandad clásico de tantas
hermandades, al menos en la capital de la provincia.
En Atienza todavía, al día de hoy, queda el recuerdo del gremio en la
calle de la Zapatería, la cual, a pesar de ser rebautizada como de Cervantes,
mantiene la memoria del oficio.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la
memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 23 de octubre de 2026
HISTORIAS Y MEMORIAS DE LA VILLA DE
ATIENZA
(Guadalajara)
Historia, Arte, Literatura, Leyenda, Personajes, Devoción, y más
Historias y Memorias de la Villa de Atienza (Guadalajara), es una recopilación de artículos periodísticos que el autor ha ido publicando en la prensa provincial de Guadalajara, principalmente en el periódico Nueva Alcarria, principalmente entre 2016 y 2026, a través de los que se recogen en extensión aspectos parciales de la historia de Atienza a través de personajes con nombres propios; Leyendas, devociones, historia, etnografía y todo aquello que algo tiene que ver con la población, desde el punto de vista histórico o periodístico. Un compendio de páginas que invitan a conocer Atienza, y su entorno, de manera amena, coloquial, entretenida, didáctica…
Historias y Memorias de la Villa de Atienza, el libro, pulsando aquí
Detalles del producto
- ASIN : B0GQ89HMXW
- Editorial : Independently published
- Idioma : Español
- Longitud de impresión : 367 páginas
- ISBN-13 : 979-8249795153
- Peso del producto : 798 g
- Dimensiones : 17.78 x 2.34 x 25.4 cm









