EL
INCENDIO DE PUEBLA DE BELEÑA
El
fuego terminó, en 1902, con la mayor parte de la población
La botarga de Puebla de Beleña acostumbraba a salir la mañana de San
Blas, que fue santo de amplia devoción en la provincia, al que aquí rindieron
culto desde que se alzó su iglesia, a él dedicada, levantada tal y como hoy la
conocemos a partir del siglo XVI. Y rindiendo cuenta a la tradición lo hizo en
honor a San Blas, aunque ya no en el día de su Santo, sino en el domingo más
próximo a la festividad. Y es que la despoblación obliga a amoldar las fiestas
al día en el que los de fuera pueden llegar con más facilidad al pueblo.
Puebla
de Beleña, que llegó a contar en sus buenos tiempos con trescientos habitantes
de vida y residencia, en la actualidad apenas tiene medio centenar de censados
que, llevados a habitantes de población fija podría reducirse a la mitad.
Antaño, en su día, la botarga aparecía recorriendo la población desde
las primeras horas de la mañana, tocando a la puerta de los vecinos a fin de
que estos despertasen al día festivo hasta que las campanas anunciaban la
llegada de la hora de la misa mayor, en cuyo transcurso se exhibía la reliquia
del Santo. San Blas, patrono de la garganta, es Santo de mucha devoción, y
reliquias, en la provincia; con estancias de su vida en Albalate, Budia,
Brihuega, Cifuentes, Escamilla, Pareja, Sigüenza, Sotodosos, Tortuero, Atienza,
Uceda, Villanueva de Argecilla, Villaviciosa…
La reliquia de Puebla sería dada a adorar a
botarga primero y después a las autoridades y pueblo en general, tras cuyo acto
tenía lugar la procesión que con el santo recorría las calles del pueblo, con
el botarga por cabeza tratando de poner orden en la marcha, como suele en este
tipo de actos, del mismo modo que, concluida la procesión, sería quien mantuviese
el orden en la subasta de palos y cintas, antes de que la imagen del santo
obispo de Sebaste regresase de nuevo al lugar que siempre ocupó, en el interior
del templo. Ahora es más o menos igual que en tiempo pasados, pero con los
toques modernos que acompañan la celebración; y el soniquete de la música de la
dulzaina y el tambor siguiendo la danza botera y saltona del, o la botarga.
Ya habían pasado con creces estas fechas, lo
mismo que las de San Pedro y San Pablo, de devoción agrícola y pastoril por
esta parte de la tierra en la que se ajustaron pastores, mozos, zagales y
segadores; sucedió en pleno verano, la tarde del 26 de julio de 1902, una tarde
que, acompañada de su noche, y de los días que siguieron, habría de pasar a la
historia local…
El incendio de Puebla de Beleña
El
periodista Luis Cordavias, quien accidentalmente se encontraba aquel día en el
Gobierno Civil de Guadalajara, sería uno de los primeros en conocer el suceso que
encogió el espíritu de la provincia, y quien, a través de sus escritos, dejará
constancia de lo ocurrido: Puebla de Beleña ardía por sus cuatro costados; allí
se dirigía el Gobernador civil de la provincia, con las primeras autoridades, para
conocer de primera mano lo que estaba acaeciendo, y ayudar en lo que posible
fuese, y allá se dirigió Cordavias: “A la una de la tarde y en el furgón de
un tren mercancías, salimos a toda máquina de esta ciudad, llegando un cuanto
de tiempo después a la estación de Humanes, donde nos aguardaban las
Autoridades de aquella localidad, juntamente con el acaudalado fabricante D.
Segundo de Grandes Merino, quien se ofreció a acompañarnos al lugar del
siniestro, poniendo a nuestra disposición una magnífica carretela de su
propiedad. En las calles de Humanes presenciaron el paso del Sr. Gobernador
todas las mujeres y niños del pueblo, saludándonos con simpatía. Los vecinos
estaban todos, desde el día anterior, en el lugar del siniestro”.
Una hora
de viaje en la carretela del seguntino don Segundo costó a las autoridades y
sus acompañantes llegar hasta la población, en la que no solo los vecinos de
Humanes se encontraban, sino que al igual que estos, desde Tamajón a Cogolludo,
corrida la voz, decenas de personas trataban de aliviar la triste situación en
la que Puebla de Beleña se encontraba desde horas atrás: “El cuadro no podía
ser más desconsolador, los hombres con las cabezas descubiertas nos estrechaban
las manos expresando su gratitud; las mujeres y los niños lloraban con
desconsuelo y allá en el fondo gran número de casas aparecían en ruinas.
Despidiendo sus humeantes escombros axfisiante calor…”
No había
que lamentar desgracias personales para la fortuna del municipio, como les
comentaría el cura de Robledillo, quien les daría cuenta imprecisa de lo que
estaba sucediendo, o de lo que había sucedido, puesto que el pueblo había sido
ya prácticamente devorado por las llamas; añadiendo que el fuego se inició a
horas indeterminadas de la tarde anterior, dándonos cuenta del aspecto que
ofrecía aquel día Puebla de Beleña: “El aspecto que ofrecía aquel reducido
pueblo no podía ser más desastroso. Casas hundidas; muebles, enseres y cereales
carbonizados; por todas partes montones de escombros y humeantes maderas. Una
pobre viuda, con cinco pequeñas criaturas nos salió al paso, lanzando
desconsoladores gritos; había perdido todo cuanto tenía y sus inocentes hijos
se morían de hambre. Más allá, un anciano impedido y ciego, lloraba como un
niño; no tenía más patrimonio que su casa y se le había quemado por completo.
Todos procurábamos alentarles y nuestras palabras llevaban algún consuelo a sus
atribulados espíritus”.
El fuego, y sus consecuencias
El
incendio comenzó a mediodía del sábado 26 de julio de manera casual, en tiempo
en el que la lumbre permanecía encendida en la cocina noche y día, en una de
las casas situadas en el centro de la población, desde donde, con la fuerza del
viento que entonces soplaba, se fue extendiendo a las vecinas; siendo las
mujeres y los niños los primeros en acudir a sofocar las llamas, puesto que la
inmensa mayoría de los hombres se encontraban atentos a las faenas de
recolección del cereal, en los campos cercanos.
En total,
al término del voraz suceso, más de una veintena de casas habían quedado
reducidas a escombros, poco menos que la mitad de la población, y otras tantas
familias quedaban prácticamente en la indigencia, siendo socorridas en las
primeras horas por quienes pudieran salvar sus haciendas, y por los pueblos
vecinos, iniciándose a continuación y a iniciativa de los periódicos
provinciales una campaña de recogida de fondos para ayuda a los necesitados, en
tanto desde el Gobierno civil se ponían a disposición de aquellos algunos de
los pocos socorros que el tiempo y las circunstancias permitían. La campaña de
recogida de fondos llegaría incluso a conocimiento de la Casa Real, remitiendo
el Rey Alfonso XIII, desde su lugar de descanso veraniego, San Sebastián, mil
pesetas que incrementar a las otras tantas que en los inicios del mes de agosto
se llevaban recogidas.
La
tasación pericial llegaría a la conclusión de que los gastos ocasionados por el
siniestro ascendían a algo más de cinco mil pesetas de la época, centradas: en las propiedades de Miguel Blas, Manuel
Ramiro, Anastasia Cañeque y Joaquín de la Torre, que lo tenían todo asegurado,
ascendiendo sus pérdidas a 5.228 pesetas con 50 céntimos, que el seguro puso
inmediatamente a disposición de los siniestrados…
Nada se
nos decía de quienes no contaban con seguro de incendios, que eran la mayoría
de los afectados. Que serían socorridos con lo recaudado en las suscripciones
públicas, que alcanzaría a algo más de tres mil seiscientas pesetas.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la
Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 17 de julio de 2026
PUEBLA DE BELEÑA: PÁGINAS PARA SU HISTORIA
PUEBLA DE BELEÑA: PÁGINAS PARA SU HISTORIA
A las puertas de la Sierra Norte de Guadalajara, entre las importantes e históricas villas de Tamajón y Cogolludo se formó, poco después de la Reconquista, en torno al imponente y enriscado castillo de Beleña de Sorbe, la tierra de Beleña. Tierra de la que formaron parte la propia villa de Beleña de Sorbe con sus vecinas de La Puebla de Beleña, la Torre de Beleña, Aleas, Muriel y algunas otras, hoy en la memoria.
A través de las páginas siguientes tratamos de acercarnos a la historia común de esta tierra y, en particular, a Puebla de Beleña.
SUMARIO GENERAL:
-I-
LA GEOGRAFÍA DE PUEBLA DE BELEÑA
Pág. 9
La tierra y el entorno
Demografía. Evolución de la población
Puebla de Beleña en los manuales: Los Diccionarios
-II-
TIEMPO DE HISTORIA
Pág. 25
Tiempos antiguos
-III-
PUEBLA DE BELEÑA
ENTRE EL MEDIEVO Y LA MODERNIDAD
Pág. 37
Los Señores de Beleña, en el tiempo
-IV-
PUEBLA DE BELEÑA, SIGLO XVIII
Pág. 53
El Catastro de Ensenada
-V-
ELSIGLO XIX EN PUEBLA DE BELEÑA
Pág. 69
El 2 de mayo
Las guerras carlistas
La vida municipal
En torno al Pósito
La asistencia médica y farmacéutica
Horno de pan cocer
Zofra y adra o hacendera (prestación personal)
El fin de un siglo
-VI-
PUEBLA DE BELEÑA EN EL SIGLO XX
Pág. 97
El incendio de Puebla
Unas notas festivas
Misiones Pedagógicas
LA TRADICIÓN: La Botarga de San Blas, en Puebla de Beleña
Apéndices
Pág.127
Respuestas al Interrogatorio para el Establecimiento de la Única Contribución (Catastro de Ensenada)










