RECORDANDO A LOS PEONES CAMINEROS EN GUADALAJARA
Durante tres siglos fueron los guardianes de nuestros caminos
carreteros
Don Epifanio Herranz Palazuelos, párroco que fue de Atienza en los
últimos años de la década de 1960, profundo recopilador de historias, escribió
unas líneas sobre los peones camineros que durante varios siglos recorrieron
nuestras carreteras de asfalto, antes camino de tierra y barro: “Siento
respeto por estos hombres, que con su cesto terrero, azadón y rastrillo,
cuidaban de los caminos…”
Caminos, antes que carreteras
Quien esto escribe ha recorrido decenas de veces, la antigua carretera
comarcal C-101, que tuvo doble denominación: “Guadalajara a Tafalla, por
Ágreda”; anteriormente fue camino real que desde la Corte madrileña conducía a
las altas tierras de Soria, La Rioja y, desde por aquí, a la frontera francesa.
Fue uno de los caminos más transitados de España, y de los principales de la
provincia de Guadalajara. Por aquí pasaron las caravanas reales que marcharon a
las fronteras pirenaicas; por aquí llegaron hasta Atienza las reales majestades
de Felipe II, III, IV y V; también la pateó el antepasado de todos ellos,
Carlos I, emperador del Sacro Imperio; y por aquí viajaron, e hicieron alto en
algunas ocasiones, los personajes más salientes de sus tiempos; desde el
erudito don Gaspar Melchor de Jovellanos, quien pernoctó en el parador de
Paredes de Sigüenza, al pintor de la corte, don Diego de Velázquez quien,
adelantándose a Su Majestad, y como aposentador real, le fue buscando acomodo
en los lugares más emblemáticos de la travesía, desde Madrid, hasta Atienza. La
majestad en este caso era la de don Felipe IV.
Los caminos, en aquellos lejanos siglos se abrían y cerraban, en muchas
ocasiones, con la llegada del invierno y los inicios de la primavera; con
anterioridad al paso del rey los vecinos de las poblaciones intermedias, en la
mayoría de los casos, habían de trabajar por espacio de unos días para abrirlos
y que sus majestades y compañía tuviesen un agradable pasar. Los concejos, es
de suponer que a campana repicada, llamaban y…, no había más remedio que acudir
a aquellas obligatorias zafras, zofras o ladras, que con muchos nombres fue
conocida la más sencilla de: “prestación personal”; de la que ya nos hablan por
este entorno las Relaciones Catastrales ordenadas por el Sr. Marques de la
Ensenada bajo el reinado de don Fernando VI en 1749.
Don Fernando VI fue quien, sin duda para evitar aquello y ordenar esto,
mandó crear el cuerpo de peones camineros cuando corría el año de gracia de
1759, dotándolos con un salario diario de cinco reales, y dando a cada uno una
legua de la que ocuparse; algo así como cinco kilómetros de trayecto, que
debían de tener, sino como los chorros del oro, al menos, transitable en
invierno y en verano. Dotándoseles de azadón con el que ir cubriendo las
rodadas de las carretas, cuando estas se hundían en el firme, o liberando las
alcantarillas y pasos de agua, cuando esta hacía de las suyas; entre otras
dedicaciones afines a una especie de autoridad en los caminos, puesto que de
tal estaban revestidos. Como guardias de caminos figuraban en 1767 y como
autoridad fueron tenidos a fines de ese mismo siglo, cuando recibían órdenes
municipales para perseguir o acompañar carros, carretas o carreteros.
Cierto es que también algunos munícipes del entorno, buscaron en estos
hombres una especie de servidor del municipio, hasta el punto de que en
ocasiones hubo de intervenir el jefe provincial, o Gobernador de la provincia,
para poner coto a desmanes que iban más allá de la labor de estos hombres. Y
tal hizo don José Luis Prades en 1873 cuando: “algunos alcaldes se han
permitido disponer de los peones camineros para la conducción de presos… sin
que puedan ni deban considerarse como fuerza armada…”, por lo que no debían
distraerse de su real oficio.
Una casilla por casa
Las líneas de don Epifanio Herranz venían a cuento cuando escribió sobre
nuestros hombres, en 1992, de haber pasado por delante de la casilla de
camineros del Buen Desvío, en la carretera de Mazarete a Cifuentes. En este
tiempo todavía se mantenían al pie de las carreteras decenas de ellas.
Comenzaron a levantarse cuando mediaba el siglo XIX; con anterioridad las casas
de camineros eran simples casillas en las que apenas se tenían comodidades de
clase alguna. A partir de entonces, del mediados del XIX, comenzaron a tener
tapial por paredes, tejado, habitaciones en su interior, corral, cuadra y hasta
un pequeño huerto. En ellas vivieron familias enteras durante más de un siglo.
En la actualidad la inmensa mayoría de las casas de camineros de nuestras
carreteras se dejan ver entre muros arrumbados, arboledas crecidas en su
interior y zarzales asomando por lo que fueron sus ventanas. En algunos
municipios se han conservado, como rareza del tiempo que pasó, y en la mayoría
han sido suplidas por los “Parques de Obras Públicas” que a la entrada de
algunos municipios de consideración anuncian que allí vive el personal de
carreteras. Que ya pasaron de ser camineros a ser “funcionarios de Obras
Públicas”.
Don Epifanio nos recordaba, al paso de la del Buen Desvío: “No se
porque su silencio dolorido me hizo reflexionar: aquí vivió alguna familia que
no he conocido, y dentro de sus paredes quedarán momentos de gozo, sacrificio y
soledad. Seguro que estas casillas, colocadas al borde de las carreteras,
habrán servido también de refugio transitorio a pastores, carreteros,
menestrales y mendigos…” Por su
parte, don Antonio Berlanga Santamaría dedicó un amplio estudio al que dio el
título de: “Las Casillas de Peones Camineros en la Provincia de Guadalajara”,
que vio la luz en la Revista Cuadernos de Etnología de la Diputación
Provincial.
De las pocas que van quedando, convertida en almacén de sal invernal,
este cronista recuerda con simpatía la de Cantaperdiz, a un paso del cruce que
desde la C-101 conduce hasta Atienza; en ella todavía cree recordar, que el
paso de los años altera la memoria, a su último vecino, el tío Vicente, quien
hacía el recorrido caminero desde por aquí hasta Cincovillas, donde nació.
La casilla de Cantaperdiz fue, y tal vez lo sigue siendo, un referente
en la comarca; hasta aquí llegó el personal para tomar el coche de línea del
trayecto Madrid a Soria, y aquí se refugió, quien más, quien menos, en día de
mal agüero.
También aquí encontró la muerte algún que otro caminante que desde
Atienza caminaba a Riofrío; como junto a una casilla caminera, por tierras de
Sigüenza, la encontró un mendigo de oficio, quien llevaba por apodo “Zarabaya”.
Y
es que las casillas, como los camineros, fueron gentes de mano abierta y
abierto refugio. Por estas fechas, pronto hará un siglo, los camineros de la
casilla de La Azeña, a las puertas de Guadalajara, fueron los primeros en
socorrer a nuestro gran cronista provincial, don Francisco Layna cuando el
coche conducido por su esposa, doña Carmen Bueno tuvo el fatal accidente que le
costó la vida. Como que los camineros fueron también esa especie de ángel de la
guarda que, cuando los vehículos comenzaron a poblar nuestras carreteras,
también estuvieron al quite.
Gentes a las que, con el paso del tiempo, no conviene olvidar; de ahí el
recuerdo de estas líneas inspiradas por ellos. Dedicadas a Enmanuel Molinero,
hijo de Gumersindo Molinero y nieto de Antonio Molinero; los tres
pertenecientes al cuerpo, hoy, de funcionarios de Carreteras del Estado, o
similar. La dedicación, por supuesto, también ha de ir al padre del autor,
Tomás Gismera Galán; quien también fue parte de él.
Pues como dijo don Epifanio: “aunque solo sea por conservar la
memoria de los camineros de ayer, merecen escribirse estas líneas”.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 6 de noviembre de 2026
Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara
Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara
La provincia de Guadalajara, sus pueblos, mantienen decenas de tradiciones enraizadas con su pasado histórico, folclórico y tradicional; algunas de ellas han pasado a pertenecer al calendario festivo.
El autor rescata en este libro decenas de ellas que en ocasiones se confunden con la multitud de leyendas que jalonan los pueblos.
Por las páginas de la obra desfilan las botargas; el toque de las campanas; el carnaval; la Semana Santa; las ferias; las romerías; los trajes tradicionales; las rondas; los danzantes; las tradiciones enraizadas con los difuntos; la matanza o la Navidad.
En su mayoría son notas de folklore y tradiciones que el autor ha ido desgranando en sus artículos semanales en el periódico Nueva Alcarria, de Guadalajara, en el que desarrolla la página “Guadalajara en la Memoria” y que, en conjunto, conforman una serie de relatos que mantienen no solo la memoria, también la tradición etnográfica y folklórica de una provincia a través de sus tradiciones populares.
SUMARIO:
BOTARGAS, PARA COMENZAR EL AÑO
ALARILLA: LA PRIMERA BOTARGA
EL NIÑO PERDIDO, DE VALDENUÑO-FERNÁNDEZ
SAN ANTÓN Y LOS SANTOS DEL FRÍO
LA BARBARIDAD DE HORCHE
LAS CAMPANAS DE SANTA ÁGUEDA
TIEMPO DE CUERNOS, DIABLOS Y CENCERROS
CARNAVAL, BAJO LA MONTAÑA SAGRADA
MEMORIA DE DON CARNAL Y SU SARDINA
LA PASIÓN, SEGÚN JADRAQUE
EL ROSARIO DE FAROLES DECRISTAL DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES, DE ATIENZA
LA CRUZ DE CRISTO, EN LA PROVINCIA DE GUADALAJARA
LAS SANTAS ESPINAS DE ATIENZA. EL GRIAL DE GUADALAJARA
LA SANTA ESPINA DE PRADOS REDONDOS
MAYO, DE CRUCES Y CAMPANAS
¿POR QUIÉN TOCAN LAS CAMPANAS?
LA ROMERÍA DE LA VIRGEN MIRABUENO
LA REINA DEL SEÑORÍO
LA MIGAÑA. LA FILA ROMA DE GUADALAJARA
EL DÍA DE LA ASCENSIÓN
MEMORIA DE UNAS FOTOS
BOINAS, GORRAS Y SOMBREROS.
LA IMPORTANCIA DE UN BUEN ALMIREZ
AGOSTO DE DANZAS Y DANZANTES, EN LA SERRANÍA
POR DECIR ¡VIVA SAN ROQUE!
EL ALTO REY SE VISTE DE ROMERÍA
UN SANTO EN EL CALENDARIO: SAN MIGUEL PAGADOR
TIEMPOS DE FERIA
HIENDELAENCINA
POR CANTALOJAS, DE FERIA
PARA MORIRSE COMO DIOS MANDA
ATIENZA, Y SU DANZA DE LA MUERTE
PAREDES DE SIGÜENZA, Y EL SECRETO DE SU CEMENTERIO
MAZUECOS Y LAS CALABAZAS DEL DÍA DE ÁNIMAS
DICIEMBRE, MES DE LA MATANZA EN LA SERRANÍA
NAVIDAD DE PASTORES, CENCERROS Y NOCHEBUENO
BUSTARES, NAVIDAD EN LAS ALTURAS
El libro, pulsando aquí
Detalles del Libro
- ASIN : B0C6BQW34Q
- Editorial : Independently published
- Idioma : Español
- Tapa blanda : 237 páginas
- ISBN-13 : 979-8396102606
- Peso del producto : 372 g
- Dimensiones : 13.97 x 1.52 x 21.59 cm










