viernes, marzo 13, 2026

DEMETRIA LEAL, LA POETA DE BRIHUEGA

 

DEMETRIA LEAL, LA POETA DE BRIHUEGA

So obra: Hay un jardín en la Alcarria, la consagró en 1984

 

  Don José Jara Ortega, poeta briocense que se ganó la vida en Madrid, entre otras dedicaciones, como Procurador de los Tribunales, ejerciendo en ratos ociosos como poeta y contador de historias, fue tal vez uno de los primeros autores que dedicó un amplio espacio a glosar la obra poética de Demetria Leal y de quienes, desde Brihuega, salieron al mundo de la poesía para cantar los encantos de una tierra. El Jardín de la Alcarria, que ya rotulaban en sus obras cuando el siglo XX comenzaba el final de su andadura. Don José Jara, hijo de quien fuese secretario municipal de la villa, don Emilio, aprendió a caminar con una sola pierna, la derecha. La izquierda la perdió el 9 de septiembre de 1918 junto a la puerta de San Miguel de su Brihuega natal, cuando trató de subirse al carro de los Riaza, tropezó al hacerlo, cayó y una de las ruedas le pasó por encima, procediendo los médicos a su amputación. Contaba don José con siete años de edad; a pesar de ello estudió y ejerció el Magisterio y terminó su vida profesional, como decíamos, como Procurador de los Tribunales, al tiempo que administrador de un conocido condado provincial. Don José falleció en Madrid, en los últimos días de diciembre de 2003, a los noventa y cinco años de edad y marchó a descansar a las tierras que administraba. Cuando le amputaron la pierna apenas le daban unos meses de vida.

   Años antes de pasar a la historia nos legó una de sus mejores obras. Su: “Antología de Poetas Briocenses”, que vio la luz a través de los Cuadernos de Etnología de Guadalajara, en 1991.

   Por las páginas de la obra desfilan Matías Dioz, El Mona, Aurelio González “el Pelos”, Cepero “el Cavila”, María Victoria Viejo, José Magaña, Antonio Ruiz, Antonio del Cerro, Adelardo Caballero, Saturnino Ortega y Demetria Leal; poetas que don José conoció. Sazonadas las páginas poéticas con los recuerdos del chiquillo que corrió las calles de Brihuega con una sola pierna.



 

Demetria Leal Sanz

  En Brihuega nació Demetria Leal Sanz, el 2 de abril de 1912, siendo bautizada en la iglesia de San Miguel, a la que pertenecía, como residente en la calle de las Armas en la que su padre regentaba una zapatería; llevando a cabo en Brihuega sus primeros estudios, en el colegio de las Monjas Bernardas de la localidad. Dándose a conocer como hábil poeta con poco más de veinte años de edad, en 1926, en su propia localidad, recitando versos con motivo de los festejos populares de la Virgen de la Peña de Brihuega, cuya localidad estará presente en su larga trayectoria. Y a la que cantará poéticamente en todas sus facetas, monumental, histórica o urbana.

   El traslado de la industria familiar a la localidad de Tarancón (Cuenca), hará que Demetria se afinque en la localidad conquense en 1943, cuando ya se encontraba casada con el hijo de uno de los industriales más prestigiosos de la capital alcarreña, don Luis Domenech, titular de uno de los mejores comercios dedicados a los tejidos y la paquetería, ubicado en la Plaza Mayor. Demetria, con su marido, don José, llegarán a ser personajes populares en Tarancón, participando a partir de entonces en la vida cultural de la localidad.

   No sólo a la poesía, también al relato histórico dedicará tiempo Demetria Leal, centrando la mayor parte de sus trabajos en la historia de Brihuega, en torno a la cual escribirá la novela de este género, mitad en prosa, mitad en verso: “La Alcarria en el siglo XI” (Guadalajara, 1961), obra que fragmentada dará a conocer a través del semanario Flores y Abejas de Guadalajara.

 

Una obra de premio

   La obra literaria de Demetria Leal Sanz será galardonada con diferentes premios de poesía y narrativa, como el obtenido en 1956 con motivo de la festividad de la Virgen de la Paloma, de Madrid; participando en numerosos más, como el de poesía patrocinado por la Diputación Provincial de Albacete en 1960, al que concurrirá con la obra: “La tierra tiembla”, así como al patrocinado por la Diputación Provincial de Guadalajara en homenaje al periodista José de Juan García, en 1973, origen de los premios provinciales de periodismo.

   Al tiempo colabora con los principales medios periodísticos de la provincia de Guadalajara, entre ellos los semanarios Flores y Abejas y Nueva Alcarria, en su conocida sección: “Alcarria Poética”.

   En ellas siempre tendrá presente, directa o indirectamente, una línea, o recuerdo, para cantar a la Brihuega de su nacimiento.

   Será asidua colaboradora de la revista cultural “Malena”, de su localidad de residencia, Tarancón, desde la fundación de la revista en 1981, en la que desarrollará la sección: “Retrotraer el tiempo”. Su firma y poemas tampoco faltarán en el Boletín “Arriaca”, de la Casa de Guadalajara en Madrid; así como en la revista de su localidad natal: “Gentes de Brihuega”; de manera ocasional también lo hará en el “Boletín de la Real Academia Conquense de Artes y Letras”; así como en la Revista de la Semana Santa de Daimiel (Ciudad Real). Tampoco faltará su firma en los programas festivos de Tarancón, a partir de 1965.

 

Hay un jardín en la Alcarria

   Su obra más significativa será: “Hay un jardín en la Alcarria”, dedicada a su natal Brihuega, que verá la luz en 1984, a pesar de que recorre las páginas periodísticas desde 1981, será pública y literariamente presentada a través de la Casa de Guadalajara en Madrid, en el mes de marzo de 1985, recibiendo el aplauso del mundo cultural de la provincia, y destacándose como uno de los libros líricos más reconocidos de Brihuega.

  Su lírica, a partir de aquí, irá en aumento, compaginando su vida familiar con la poética y literaria, que la llevarán a que el pueblo de Brihuega le rinda homenaje, agradeciendo el conjunto de su obra a la localidad, en el mes de julio de 2005, cuando los años comienzan a pesar; mientras que en Tarancón, y con motivo de la publicación de su libro: “Un rato con los niños”, recibió el homenaje de su Ayuntamiento.

   Igualmente, su localidad de residencia, Tarancón, dará su nombre a una de sus calles. Publicándose tras su fallecimiento algunos poemas de su autoría que permanecían inéditos, conformando los poemarios “Poemas al viento”, que vería la luz en 2012; “El niño que subió a la luna” (2009); así como “El libro del pensamiento” (2007).

   Demetria Leal Sanz fallecería en Madrid, el 25 de octubre de 2006, siendo sepultada en Tarancón (Cuenca); poco tiempo después; con motivo de la Semana del Libro de Tarancón, celebrada en el mes de abril de 2007, la localidad tributaría un gran homenaje póstumo en su memoria reconociendo su larga trayectoria literaria. Mientras que la Revista Malena dedicaría a homenajear su figura la editada en el mes de abril de 2007.

   Por Brihuega todavía resuenan sus versos:

 

Brihuega, pueblo querido,

alegría de la Alcarria,

coronado de laureles,

y cercado de murallas…

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria; Guadalajara, 13 de marzo de 2026


BRIHUEGA, CRÓNICAS DE UN SIGLO

 

A través de tres volúmenes: “Brihuega en los tiempos del cólera”; “La Razón de un Centenario” y “Brihuega Monumento Nacional”; el autor nos introduce en la historia de Brihuega, a través de crónicas y textos, de los último, prácticamente, doscientos años.

 Dan inicio las crónicas en 1808, coincidiendo con la declaración de Guerra que llevó a la de la Independencia, dándonos cuenta de todos los pormenores que, de relativa importancia, suceden en Brihuega a lo largo del siglo XIX, entre 1808 y 1894, a los que se dedica el primero de los volúmenes, dejando un amplio relato de los avatares que llevaron a Brihuega las epidemias de cólera que se sucedieron a lo largo del siglo.

 Entre 1895 y 1920 transcurre el segundo volumen, en cuyo tiempo se conmemorará de manera significativa el segundo centenario de las batallas de Brihuega y Villaviciosa, en 1710.

 En el tercer volumen, el autor nos conduce a través de cincuenta años de la historia del siglo XX, desde la Coronación de la Virgen de la Peña, a la declaración de Monumento Nacional de la Villa de Brihuega en 1973, dejando constancia de gran parte de los sucesos habidos en este tiempo.

    Crónicas, sucesos, biografías, historias grandes y pequeñas, se resumen en las, prácticamente mil páginas, que completan los tres volúmenes a través de los que conoceremos, con la crónica del tiempo, y sus cronistas, el devenir de una población a lo largo del tiempo que recorren.

    Las “crónicas” que siguen, y que son parte de la historia de Brihuega a lo largo del siglo XIX han sido tomadas de la prensa, publicaciones, revistas y libros que se referencian. Entre los que no se hace mención, dado su elevado número son, principalmente, los semanarios de Guadalajara, publicados desde finales del siglo XIX, Flores y Abejas (a partir de 1894); Atienza Ilustrada (desde 1898); Boletín Eclesiástico del Obispado de Sigüenza (desde 1859); Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara (desde 1834); Crónica de la Exposición Provincial de Guadalajara (1876); La Educación Popular (1896); La Ilustración (desde 1893); Revista Popular (1890); La Crónica (desde 1897); así como la Gaceta de la Regencia; La Gaceta Oficial de España, y los numerosos diarios y semanarios publicados, principalmente, en Madrid.

   Cuanto se publica en letra menuda o cursiva es tomado textualmente de las noticias, crónicas, libros e informaciones a las que se hace referencia.

   Todas ellas sirven para componer lo que bien podría denominarse: “Historia de Brihuega, del siglo XIX y XX”.

   Son las vivencias de las gentes sencillas, de nuestros abuelos, de sus padres. La historia de las gentes cercanas cuyos apellidos nos llegan, y nos suenan. La historia de los nuestros; y la transformación y adecuación a los tiempos modernos de una industriosa población

 

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Sumario General:

BRIHUEGA CRÓNICAS DE UN SIGLO (I)

BRIHUEGA EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA

(1808-1894)

-I-

Una guerra para comenzar un siglo

Pág. 9

Juan Martín, el Empecinado; Brihuega en guerra

 

-II-

El trienio liberal

Pág. 41

Brihuega industrial; Los Cien Mil hijos de San Luis; En busca de una capital de provincia; Brihuega en un Diccionario, el de Sebastián Miñano, de 1827

 

-III-

Isabelinos y Carlistas

Pág. 73

Joaquín Béjar, Padre Eterno; Y los peligros de salir al camino…; Brihuega 1834: La guadaña de la muerte; Brihuega, 1838; José Cobeño

 

-IV-

Entre toros y telares

Pág. 105

Brihuega en un Diccionario, el Madoz; La feria de Brihuega; e la vida ordinaria; El crimen del Barbero; La Borriquilla; Y, de nuevo, la visita del cólera

 -V-

El buen Gobernador

Pág. 157

Matías Bedoya, el buen Gobernador; El cólera de 1865: La epidemia negada

 -VI-

Un Caballero de Brihuega

Pág. 189

Luis María Pastor. Un ministro en Brihuega; La gran tormenta

 -VII-

La Brihuega de Celso Gomis

Pág. 227

Fernando Sepúlveda y Lucio: La Ciencia en Brihuega

 -VIII-

Miel de la Alcarria

Pág. 245

El crimen de los serenos; José Sepúlveda y Lucio; La última noche de Manuel Parra, el de Valdearenas; Gumersindo del Moral; “Pocoseso”; Fernando Manzano Pastor: La primera zarzuela; Camilo Pérez Moreno; Entre la Historia y la Prensa; Miel de la Alcarria

 

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BRIHUEGA:

CRÓNICAS DE UN SIGLO (II)

LA RAZÓN DE UN CENTENARIO

(1895-1920)

 -I-

Los desastres del 98

Pág. 9

Felipe de Diego y Esteban. La Medicina en Brihuega; Enrique Pastor Bedoya. Alverico Perón; El engendro; Sin Perdón. El reo de Valdegrudas

 -II-

San Felipe en llamas

Pág. 61

¡A los toros de Brihuega! ¡Que torea La Reverte!; ¡A las eras!; San Felipe en llamas

 -III-

Fe y Tradición

Pág. 125

Jesús Gómez Marlasca

 -IV-

La razón de un centenario

Pág. 153

Don Antonio Hernández López; Juan-Catalina García López. El primer Cronista

 -V-

Misión cumplida

Pág.  207

 -VI-

Brihuega y su Partido

Pág. 235

Justo Hernández Gómez. La herencia de un apellido

 -VII-

José Jara Ortega

Pág. 255

Eugenio Bartolomé y Mingo, el gran pedagogo

 

 

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BRIHUEGA

CRÓNICAS DE UN SIGLO (III)

BRIHUEGA MONUMENTO NACIONAL

(1921-1973)

-I-

Un hombre sabio

Pág. 9

Justo Sanjurjo y López de Gómara, un cónsul para Brihuega; Antonio Pareja Serrada, el historiador de Brihuega

 -II-

Tiempo de silencio

Pág. 39

Eduardo Contreras. El hombre de los mil sueños

 -III-

La fiesta de la Coronación

Pág. 69

La Sociedad Benéfica y de Fomento Briocense

 -IV-

Brihuega en Guerra

Pág. 115

El Comercial, el café más alcarreño de Madrid; Pedro Marlasca Riaza. La Filarmónica de Brihuega: El Castillo de Brihuega, de Francisco Layna Serrano; Ramón Casas Caballero. Alma de Brihuega; Luis del Río y Lara. Un Académico de Medicina en Brihuega

 -V-

Los años del hambre

Pág. 171

 -VI-

El Jardín de la Alcarria

Pág. 217

Vicente Riaza, el barítono de Brihuega

 -VII-

Brihuega, Monumento Nacional

Pág.253

La feria de Brihuega, en sus últimos años; Ramón Medina Ortega. El Cantor de Córdoba; Jesús Cabezudo Barragán: ¡Suene la Banda!;Juan Elegido Millán: El Profesor Max

 

 


BRIHUEGA EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA

  • ASIN ‏ : ‎ B0CNH746P4
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 297 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8867810696
  • Peso del producto ‏ : ‎ 517 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.91 x 22.86 cm

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LA RAZÓN DE UN CENTENARIO

  • ASIN ‏ : ‎ B0CNH6V8LF
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 290 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8867812669
  • Peso del producto ‏ : ‎ 503 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.85 x 22.86 cm

 

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BRIHUEGA, MONUMENTO NACIONAL

  • ASIN ‏ : ‎ B0CNH87412
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published  
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 298 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8867814045
  • Peso del producto ‏ : ‎ 517 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.91 x 22.86 cm 
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lunes, marzo 09, 2026

DE LA DEHESA DE LA BRAGADERA, EN ATIENZA

 

DE LA DEHESA DE LA BRAGADERA, EN ATIENZA

Motivó el que, a los de Atienza, les apodasen “bragados”

 

 

   Don Gabriel María Vergara, maestro en tradiciones y lenguajes antiguos, cuando dio a la imprenta sus “Apodos que aplican a los naturales de algunas localidades de la provincia de Guadalajara los habitantes de los pueblos próximos a ellas”, uno sus numerosos estudios que, en este caso y de manera particular vio la luz en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares en 1947, al hablar de Atienza y los apodos de sus naturales, junto a otros señalados que recogieron autores como Baroja o Camilo José Cela, ya conocidos como: “los de la mala cabeza”, “jorobados” y “patituertos”; añadió que también son: “bragados, por alusión a la Bragadera, que es una fértil vega cercana a Atienza”. Más que cercana diríamos que se encuentra a las mismas puertas de la población, atravesada por los antiguos caminos, hoy la mayoría de ellos carreteras, que en su tiempo condujeron a Castilla por Ayllón; a Guadalajara por Hiendelaencina, y al Alto Rey por los pueblos que festonean su falda.




 

La antigua dehesa

   En la actualidad todo ello son campos de labor en los que el cereal en tiempos veraniegos, se tuesta al sol y ofrece su rubio tinte al paisaje; hasta el último tercio del siglo XIX todo ello fue un extenso monte poblado mayoritariamente de roble que dio alimento a parte de la innumerable cabaña ganadera de Atienza, lanar y mular, origen de algunos de los capitales serranos de mayor importancia. Siendo dos las dehesas unidas en su amplio territorio, La Parrancana y la ya más que famosa Bragadera. El término de dehesa deriva de la palabra latina “defesa” (defensa), ya que los pobladores medievales levantaban vallados para proteger sus ganados. Parte de las dehesas comunales tienen su origen en los tiempos medievales.

    Los límites de esta Bragadera atencina quedaron fijados más allá del siglo XVI: “desde la entrada de la villa, donde dicen el Cañizal y la Vega, el Recuero y Carboneras y Ocinillo y el Majano y cuesta de Valgrande, como va subiendo a la Peña del Pozo y con Valderrabido y Majadahonda el río adelante del cerro de las Peñas hasta llegar a la Punta de las Fuentes, en lo que llaman lo nuebo, por el camino arriba hasta los guertos”. Limítrofes estos con el monte Serrallo que divide Atienza de las vecinas poblaciones de Naharros, Robledo de Corpes y La Bodera.

     La totalidad del terreno podía rondar, en el más o menos que ajustaban nuestros antiguos, entre las 700 y las 1.000 hectáreas de terreno, acotadas desde 1532, en cuanto a las ya dichas, añadiéndose en 1584 los montes de Valdelacasa, que dirigen hacia el Alto Rey, y añadiendo a las dos anteriores dehesas la de Valderrabido. Todo ello vigilado por dos guardas pertenecientes al concejo, ambos con residencia, si no fija al menos eventual, en las propias dehesas, para los que se levantó lo que comúnmente se denomina “la cabaña”, edificación circular de piedra unida por argamasa que compone uno de los edificios de la arquitectura civil más curiosos y desconocidos de Atienza.

    Y, por supuesto, la dehesa contando con cumplidas ordenanzas, las primeras dictadas bajo el reinado de Carlos I, al momento de acotarse en 1532, y bajo el regimiento de Felipe II, en 1595, una vez fue acotado o delimitado la totalidad del terreno.

   De las ordenanzas entresacó el geógrafo Antonio López Gómez, al estudiar los montes de tierra de Atienza algunos jugosos párrafos: “Establecen que sus pastos quedasen para el aprovechamiento exclusivo del ganado de labor, negando absolutamente el uso en periodo de veda, desde el 1 de febrero hasta que la hierba estuviese crecida. Desde San Martín de noviembre, se autorizaba la entrada del vacuno de recría, pero en ningún caso el lanar y cabrío, excepción hecha de los carneros para la carnicería. El resto del terreno del monte quedaba abierto al lanar, cabrío y vacuno de todas clases, incluso de recría, pero de este hasta un máximo de doce cabras por vecino”.

   La dehesa comunal terminaría por roturarse definitivamente en torno a 1874, cuando ya los grandes apellidos ganaderos, Manrique, Carrillo, Lozano, Beladíez y otros, habían dejado los negocios lanares y la tierra de Atienza para asentarse en Madrid, al calor de negocios más prósperos; repartiéndose el antiguo terreno comunal entre los vecinos, que a partir de entonces lo dedicaron al cultivo del cereal.

 

La cabaña de la Bragadera, un edificio singular

    Quizá se trate de uno de los edificios más desconocidos del urbanismo campestre, o ganadero, de Atienza, a pesar de ser el último eslabón de un rico patrimonio que se ha ido perdiendo con el paso de los años y la adaptación a nuevas y más funcionales estructuras constructivas lo que en otros tiempos significaron este tipo de obras; destinadas al refugio de guardas o pastores, o al cobijo de ganado. Acostumbrados a observar la monumentalidad de grandes edificios, iglesias, murallas o castillos nos suele pasar desapercibida este tipo de arquitectura tradicional que pobló en tiempo pasado nuestros campos. La inmensa mayoría de ellos han ido desapareciendo, a pesar de que en numerosas poblaciones han comenzado a recuperarse algunas de estas estructuras como parte fundamental de un rico pasado ganadero o pastoril.

   Atienza contó con numerosas chozas, o chozos de campo; así como tainas o parideras que debieran de ser, al día de hoy, auténticas muestras arquitectónicas a tenerse en cuenta, ya que en algunas zonas del campo atencino estas se levantaron con pizarra, o piedra seca. La mayoría de ellas en la actualidad se encuentran abandonadas y ruinosas; de la misma manera en que se encuentran, abandonados y ruinosos, los numerosos chozos de pastores que poblaron estos campos, entre ellos el que coronaba el cerro Calvario, o el que daba acceso al monte Marojal en el antiguo camino de La Bodera. Sin embargo se mantiene en pie, desde hace seis o siete siglos el más representativo por sus características: el chozo conocido como “La Cabaña”, alzado en el altozano que lleva su nombre y desde el que se otean las que fuesen dehesas atencinas.

   Figura ya en las ordenanzas de la Dehesa de La Bragadera que se elaboran en el siglo XVI, manteniendo la estructura original que se daba a este tipo de edificaciones en esta misma época, de recia construcción, elevación, espesura de muros, etc.

   Dado lo curioso y desconocido de su edificación, única en la zona, detengámonos un momento en ella para dar sus datos: 16 metros de circunferencia, cuatro de alzada máxima y 70 centímetros de grosor medio en muro; construido en forma cónica con salida de humos en su cima. Puerta igualmente cónica abierta a oriente y tres miradores a norte, sur y este.

   Es sin duda una edificación singular, a proteger y tener en cuenta. Mucho más al advertir que se mantiene, quinientos, seiscientos o setecientos años después de que fuese levantada, en perfecto estado ya que, mientras otras muchas de estas edificaciones de mayor o menor magnitud han sido abandonadas o devastadas por el paso del tiempo, como decíamos, los propietarios de los terrenos sobre los que la Cabaña de la Bragadera se levanta la han ido conservando, o remodelando sin hacerla perder su estructura original, interior y exteriormente, lo que Atienza debe de agradecer a la familia Gismera Galán, propietarios de los terrenos, ya que costearon la obra, y costean el mantenimiento del singular edificio, sin ayudas de ningún tipo, desde que se tiene memoria.

   Como que hay historias, y monumentos, detrás de las cosas sencillas que, en ocasiones, tal vez demasiadas, nos pasan desapercibidas y merecen una mirada, y un agradecimiento.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 6 de marzo de 2026



viernes, febrero 27, 2026

EDUARDO CONTRERAS, EN SU CENTENARIO

 

EDUARDO CONTRERAS, EN SU CENTENARIO

Se cumplen cien años de su muerte en Brihuega

 

   Cien años se cumplen en estos días del fallecimiento de uno de los hombres que trató que nuestra tierra fuese conocida más allá de sus límites provinciales, Eduardo Contreras, hijo del conocido médico, natural de Torremocha del Campo y más tarde alcalde de Jadraque, Bibiano Contreras.

   Habría que remontarse a 1847 para buscar su nacimiento, cuando su padre, Bibiano, comenzaba a ejercer como médico en Hiendelaencina. Su nombre, el de don Eduardo, aparece por vez primera en 1877, cuando ya era a pesar de su presunta juventud Administrador de Rentas Estancadas de la localidad minera. Por entonces andaba la relación con su padre un tanto tensa. Eduardo dejó los estudios de medicina, porque no le atrajo la profesión, lanzándose a recorrer mundos imaginarios, plasmando sus viajes en dos libros. Sus títulos: “Un viaje por Oriente, de Manila a Marianas”, y “Viajes y descubrimientos en el Polo Norte”.

 


Un nombre de acción

   Mientras andaba por Hiendelaencina ejerciendo como funcionario del Estado su padre se trasladó como médico a Jadraque, precisamente ese año, el de 1877, don Bibiano fue designado Alcalde de la villa, cargo que dejó dos años después en 1879.

   Eduardo Contreras, tras su paso por Hiendelaencina también se trasladó a Jadraque, cuando en los pueblos de cierta nombradía y mucho paso comenzaron a instalarse las primitivas estafetas de correos. Accedió por vez primera a desempeñar un cargo de cierta responsabilidad en Correos y Telégrafos, como oficial de correos, al final de la década de 1880. La vida, que para cualquier funcionario pudiera resultar tranquila en una población como Jadraque, entonces rondando los 2.000 habitantes, fue para nuestro hombre distinta. A tanto llegó su empeño por devolver a Jadraque un poco del esplendor pasado que una y otra vez insistió en la reconstrucción del castillo. Fue el primer personaje de los que tenemos memoria que se interesó en ello. Una curiosa carta, fechada en Jadraque el 23 de noviembre de 1881, hoy conservada en el Archivo de los Duques de Osuna, firmada por don Eduardo, instruye al entonces propietario, el duque de Osuna y a su vez del Infantado, de cómo había de llevarse a cabo la reconstrucción, recomendándole incluso el lugar del que podían acarrearse las piedras necesarias con el menor coste. Evidentemente el duque, en los revoltijos de su ruina, no estaba para gastos extras.

   Eran años, los de los ochenta del siglo XIX, en los que una serie de intelectuales con avanzadas ideas para la época ocupaban cargos de responsabilidad en la Serranía de Guadalajara, y por supuesto que no le costaría ningún trabajo entrar a formar parte del grupo de Jorge de la Guardia, médico en Miedes, o de Bruno Pascual Ruilópez, abogado en Atienza.

   Aunque eso será tras el paso del cólera por Jadraque, cuando en 1885 la población se vio sacudida por la epidemia y, echando mano de sus conocimientos médicos, trabajó de forma incansable junto a su padre y con Félix Layna Brihuega, padre de nuestro historiador, por toda la comarca.

 

Contreras en Atienza

   Don Eduardo Contreras dejó Jadraque poco después. De la estafeta de correos de esta localidad pasó a la de Atienza. Convirtiéndose en un adalid de la cultura de la villa. Junto a los nombrados y algunos otros fundó el Casino de la Unión; desempolvó la historia y se lanzó a predicar con el ejemplo del buen hacer. Junto a Jorge de la Guardia iniciaría la persecución de un sueño: tener su propio medio de difusión cultural, fundando en 1897 la revista “Atienza Ilustrada”. Para entonces ya estaba casado con María de los Ángeles Sepúlveda, natural de Brihuega, con la que tenía cuatro hijos, Arturo, Herminia, Blanca y Concepción. María Sepúlveda era sobrina de otro de esos personajes que dieron de qué hablar en la provincia, más en Brihuega, Ramón Casas Caballero. Lo malo es que su mujer lo dejó viudo muy pronto el 18 de julio de 1899. En Jadraque falleció, y en Jadraque la enterró. Lo tentaron para que entrase en política, pero prefirió mover los hilos de la política desde la sombra. A él se debe la irrupción de unos cuantos políticos que llegaron a sentarse en el Congreso de los Diputados y en el Senado, con eso se conformaba.

   Dejó la estafeta de Atienza para dirigir la de Jadraque nuevamente llevándose su revista, que pasó a llamarse “Alcarria Ilustrada”. Comenzando a trabajar en Jadraque y por Jadraque, llegando incluso a montar un popular museo mineralógico, si bien era coleccionista de todo lo coleccionable: sellos, postales, fotos, libros, ex libris… Tan pequeñas se le quedaron sus salas que hubo de alquilar un local en la calle Mayor. El Museo Contreras, conocido en toda la provincia, fue muy visitado convirtiéndose, después de la iglesia, en el lugar más atrayente para los visitantes de aquellos años. Museo en el que se podían contemplar desde los fósiles coleccionados por su padre y hallados en los cuatro puntos cardinales de la provincia, a la más grande colección de taxidermia jamás habida en Guadalajara.

 

Entre Brihuega y Jadraque

   Libre la estafeta de correos de Brihuega, a Brihuega marchó, dejando al frente de la de Jadraque a su íntimo amigo, el farmacéutico Jacinto Abós.

    En Brihuega continuó su Alcarria Ilustrada, hasta que el 17 de mayo de 1902 se publicó la antesala de su último número, un especial de 88 páginas, dedicado íntegramente a Brihuega. Allí concluyó la aventura de la Alcarria Ilustrada, y junto a su tío, Ramón Casas, fundaría El Briocense, un periódico local y provincial que quedaría bajo la dirección de Antonio Pareja Serrada, flamante Cronista Provincial de Guadalajara.

   Ya en Brihuega, al tiempo de la dedicación a su habitual trabajo y a la edición del Briocense, tenía tiempo para viajar a Atienza, Jadraque y Madrid a desempeñar otro tipo de funciones. Incluso llegó a formar parte de la aventura del Centro Alcarreño de Madrid, precursor de la Casa de Guadalajara. Llamó de puerta en puerta en pro de la reconstrucción del castillo de Jadraque. Tomó parte activa en la vida cultural de Atienza y hasta en Brihuega anduvo en otra aventura, la fundación de la Filarmónica Briocense, de la que fue secretario. Sin contar que su firma fue habitual en la práctica totalidad de medios de prensa de la provincia, así como en numerosos de Madrid. Una pluma ligera, aguda, crítica en ocasiones. También fue un adalid en aquella famosa aventura del Centenario de la Batalla de Villaviciosa, colaborador necesario de Pareja Serrada, y coautor de aquella “Razón de un Centenario”, a la vez que secretario y anotador de todos los actos.

   Próximo a cumplir los ochenta años de edad le llegó la última hora, en plenitud de facultades, y con la mente tan lúcida que le permitía mantener sus innumerables compromisos y atender a sus colaboraciones periodísticas, en el mes de febrero de 1926, en Brihuega, donde vivía junto a sus hijas Blanca y Concepción, pues Herminia había fallecido y Arturo le había dado el mayor disgusto de su vida al dejar los estudios y casarse con la hija de una rico muletero de Maranchón con la que creó el madrileño Café Comercial de la Glorieta de Bilbao.

    Fue el 4 de marzo de 1926 cuando sufrió un desmayo, falleciendo en la madrugada del día 5. A la mañana siguiente, 6 de marzo, desde Brihuega, en coche de caballos, trasladaron su féretro para ser enterrado en la población que soñó, junto a la que fuese su esposa, en Jadraque, donde reposa a la eternidad su memoria.  Cien años se cumplen de aquello, de ahí la memoria.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria, Guadalajara, 27 de febrero de 2028


Y también:

El País de la Plata, de Bibiano Contreras

El Comercial, el café más alcarreño de Madrid

La Alcarria Ilustrada


HISTORIA DE JADRAQUE

 

 

HISTORIA DE JADRAQUE

  

   El nombre de Jadraque (Charadraque) suena arábigo; tanto por esto como por la abundancia de fértiles huertas, cabe asegurar que ya existió durante la dominación musulmana.

   Jadraque progresó desde que en 1434 Juan II creó con esta villa con esta villa, más las de Jirueque, Bujalaro, Alcorlo, Utande y los sesmos de Bornoba y el Henares, un rico señorío a favor de su sobrina doña María de Castilla, casada con Gómez Carrillo, de quien lo heredó Alfonso Carrillo de Acuña, Protonotario y Guarda Mayor de Enrique IV, que fue un caballero tarambana y manirroto cuyas franca-chelas y pésima administración le llevó a dilapidar año tras año el “grande estado (riqueza) en que sucedió a su madre”, según un antiguo cronista.

   Jadraque es una población de honrados trabajadores que crece y mejora, gracias al esfuerzo de sus hijos; además ofrece al visitante múltiples atractivos que, por sí solos merecen una visita.

   Y sí se acompaña del conocimiento de su historia…

 

F. Layna Serrano (Jadraque, 1949)

 

 

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SUMARIO GENERAL:

 

-I-

JADRAQUE,

Y SU ENTORNO HISTÓRICO-GEOGRÁFICO

Pág. 9

La Geografía

Demografía

Un repaso por las fuentes escritas. Jadraque en los manuales: los Diccionarios

El topónimo

-II-

UNA INCURSIÓN EN LA HISTORIA

Pág. 23

Tiempos antiguos

El Cid, en Jadraque

 

-III-

LACOMUNIDAD DE VILLA Y TIERRA DE ATIENZA

Pág. 41

 

-IV-

LAS TIERRAS DE GÓMEZ CARRILLO

Pág. 51

 

-V-

EL CASTILLO DE JADRAQUE

LOS SEÑORES DEL CASTILLO

Pág. 65

Rodrigo de Vivar y Mendoza, Marqués del Cenete y conde del Cid

Mencía de Mendoza

El castillo de Doña Mencía de Mendoza

Jadraque en el Ducado del Infantado. Las Relaciones Topográficas

El invierno del rey. Felipe II en estas tierras

Fray Andrés de Jadraque

Juan Sedeño, militar y poeta

Fray Pedro de Urraca

José Gutiérrez Luna: “El Indiano de Jadraque”

La Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

 

-VI-

JADRAQUE EN LA GUERRA DE SUCESIÓN

Pág. 113

Felipe V en Jadraque

El reino en Guerra

La Princesa de los Ursinos

El Catastro de Ensenada. Jadraque, 1752

El terremoto de Lisboa, de 1755

Diego Gutiérrez Coronel

 

-VII-

¡GUERRA A LOS FRANCESES!

Pág. 145

España en Guerra

Melchor Gaspar de Jovellanos, en Jadraque

La Guerra contra los franceses, en Jadraque

La Constitución de 1812

Juan José Arias de Saavedra

El rey “in-Deseado”

Los Capuchinos de Jadraque

 

-VIII-

¡EL REY HAMUERTO! ¡VIVA EL REY!

Pág. 203

La vida local y municipal en el siglo XIX

Los Hospitales de Jadraque

La Feria de Jadraque, hasta el siglo XIX

La feria en el siglo XIX

La llegada del ferrocarril

Jadraque, y el lienzo de Jovellanos

José Ortega Munilla; Benito Pérez Galdós, y Jadraque

La epidemia de cólera en Jadraque, en 1885

El año del cólera, 1885

El caso de Jadraque

El Cíngulo del Cristo de la Cruz a Cuestas. El robo de la iglesia

La compra del castillo

Jadraque en el final del siglo XIX

La Luz Eléctrica. El último avance del siglo

 

-IX-

JADRAQUE, SIGLO XX

Pág. 274

La fundación de La Benéfica

El despoblado de Salaices (o Saelices)

Jacinto Abós Valencia, más que un farmacéutico

Juan Ures Bermejo, el héroe del Rif

Antonio Botija Fajardo

Eduardo Contreras de Diego. El hombre de los mil sueños

Jadraque, entre la República y la Guerra

La reconstrucción

Jadraque 1959, homenaje por un castillo

Las ferias de Jadraque, en el siglo XX

José Antonio Ochaíta

 

 

EL LIBRO:

  • ASIN ‏ : ‎ B0CLKB4JCL
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published  
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 330 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8865113089
  • Peso del producto ‏ : ‎ 567 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 2.11 x 22.86 cm

 

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