lunes, marzo 09, 2026

DE LA DEHESA DE LA BRAGADERA, EN ATIENZA

 

DE LA DEHESA DE LA BRAGADERA, EN ATIENZA

Motivó el que, a los de Atienza, les apodasen “bragados”

 

 

   Don Gabriel María Vergara, maestro en tradiciones y lenguajes antiguos, cuando dio a la imprenta sus “Apodos que aplican a los naturales de algunas localidades de la provincia de Guadalajara los habitantes de los pueblos próximos a ellas”, uno sus numerosos estudios que, en este caso y de manera particular vio la luz en la Revista de Dialectología y Tradiciones Populares en 1947, al hablar de Atienza y los apodos de sus naturales, junto a otros señalados que recogieron autores como Baroja o Camilo José Cela, ya conocidos como: “los de la mala cabeza”, “jorobados” y “patituertos”; añadió que también son: “bragados, por alusión a la Bragadera, que es una fértil vega cercana a Atienza”. Más que cercana diríamos que se encuentra a las mismas puertas de la población, atravesada por los antiguos caminos, hoy la mayoría de ellos carreteras, que en su tiempo condujeron a Castilla por Ayllón; a Guadalajara por Hiendelaencina, y al Alto Rey por los pueblos que festonean su falda.




 

La antigua dehesa

   En la actualidad todo ello son campos de labor en los que el cereal en tiempos veraniegos, se tuesta al sol y ofrece su rubio tinte al paisaje; hasta el último tercio del siglo XIX todo ello fue un extenso monte poblado mayoritariamente de roble que dio alimento a parte de la innumerable cabaña ganadera de Atienza, lanar y mular, origen de algunos de los capitales serranos de mayor importancia. Siendo dos las dehesas unidas en su amplio territorio, La Parrancana y la ya más que famosa Bragadera. El término de dehesa deriva de la palabra latina “defesa” (defensa), ya que los pobladores medievales levantaban vallados para proteger sus ganados. Parte de las dehesas comunales tienen su origen en los tiempos medievales.

    Los límites de esta Bragadera atencina quedaron fijados más allá del siglo XVI: “desde la entrada de la villa, donde dicen el Cañizal y la Vega, el Recuero y Carboneras y Ocinillo y el Majano y cuesta de Valgrande, como va subiendo a la Peña del Pozo y con Valderrabido y Majadahonda el río adelante del cerro de las Peñas hasta llegar a la Punta de las Fuentes, en lo que llaman lo nuebo, por el camino arriba hasta los guertos”. Limítrofes estos con el monte Serrallo que divide Atienza de las vecinas poblaciones de Naharros, Robledo de Corpes y La Bodera.

     La totalidad del terreno podía rondar, en el más o menos que ajustaban nuestros antiguos, entre las 700 y las 1.000 hectáreas de terreno, acotadas desde 1532, en cuanto a las ya dichas, añadiéndose en 1584 los montes de Valdelacasa, que dirigen hacia el Alto Rey, y añadiendo a las dos anteriores dehesas la de Valderrabido. Todo ello vigilado por dos guardas pertenecientes al concejo, ambos con residencia, si no fija al menos eventual, en las propias dehesas, para los que se levantó lo que comúnmente se denomina “la cabaña”, edificación circular de piedra unida por argamasa que compone uno de los edificios de la arquitectura civil más curiosos y desconocidos de Atienza.

    Y, por supuesto, la dehesa contando con cumplidas ordenanzas, las primeras dictadas bajo el reinado de Carlos I, al momento de acotarse en 1532, y bajo el regimiento de Felipe II, en 1595, una vez fue acotado o delimitado la totalidad del terreno.

   De las ordenanzas entresacó el geógrafo Antonio López Gómez, al estudiar los montes de tierra de Atienza algunos jugosos párrafos: “Establecen que sus pastos quedasen para el aprovechamiento exclusivo del ganado de labor, negando absolutamente el uso en periodo de veda, desde el 1 de febrero hasta que la hierba estuviese crecida. Desde San Martín de noviembre, se autorizaba la entrada del vacuno de recría, pero en ningún caso el lanar y cabrío, excepción hecha de los carneros para la carnicería. El resto del terreno del monte quedaba abierto al lanar, cabrío y vacuno de todas clases, incluso de recría, pero de este hasta un máximo de doce cabras por vecino”.

   La dehesa comunal terminaría por roturarse definitivamente en torno a 1874, cuando ya los grandes apellidos ganaderos, Manrique, Carrillo, Lozano, Beladíez y otros, habían dejado los negocios lanares y la tierra de Atienza para asentarse en Madrid, al calor de negocios más prósperos; repartiéndose el antiguo terreno comunal entre los vecinos, que a partir de entonces lo dedicaron al cultivo del cereal.

 

La cabaña de la Bragadera, un edificio singular

    Quizá se trate de uno de los edificios más desconocidos del urbanismo campestre, o ganadero, de Atienza, a pesar de ser el último eslabón de un rico patrimonio que se ha ido perdiendo con el paso de los años y la adaptación a nuevas y más funcionales estructuras constructivas lo que en otros tiempos significaron este tipo de obras; destinadas al refugio de guardas o pastores, o al cobijo de ganado. Acostumbrados a observar la monumentalidad de grandes edificios, iglesias, murallas o castillos nos suele pasar desapercibida este tipo de arquitectura tradicional que pobló en tiempo pasado nuestros campos. La inmensa mayoría de ellos han ido desapareciendo, a pesar de que en numerosas poblaciones han comenzado a recuperarse algunas de estas estructuras como parte fundamental de un rico pasado ganadero o pastoril.

   Atienza contó con numerosas chozas, o chozos de campo; así como tainas o parideras que debieran de ser, al día de hoy, auténticas muestras arquitectónicas a tenerse en cuenta, ya que en algunas zonas del campo atencino estas se levantaron con pizarra, o piedra seca. La mayoría de ellas en la actualidad se encuentran abandonadas y ruinosas; de la misma manera en que se encuentran, abandonados y ruinosos, los numerosos chozos de pastores que poblaron estos campos, entre ellos el que coronaba el cerro Calvario, o el que daba acceso al monte Marojal en el antiguo camino de La Bodera. Sin embargo se mantiene en pie, desde hace seis o siete siglos el más representativo por sus características: el chozo conocido como “La Cabaña”, alzado en el altozano que lleva su nombre y desde el que se otean las que fuesen dehesas atencinas.

   Figura ya en las ordenanzas de la Dehesa de La Bragadera que se elaboran en el siglo XVI, manteniendo la estructura original que se daba a este tipo de edificaciones en esta misma época, de recia construcción, elevación, espesura de muros, etc.

   Dado lo curioso y desconocido de su edificación, única en la zona, detengámonos un momento en ella para dar sus datos: 16 metros de circunferencia, cuatro de alzada máxima y 70 centímetros de grosor medio en muro; construido en forma cónica con salida de humos en su cima. Puerta igualmente cónica abierta a oriente y tres miradores a norte, sur y este.

   Es sin duda una edificación singular, a proteger y tener en cuenta. Mucho más al advertir que se mantiene, quinientos, seiscientos o setecientos años después de que fuese levantada, en perfecto estado ya que, mientras otras muchas de estas edificaciones de mayor o menor magnitud han sido abandonadas o devastadas por el paso del tiempo, como decíamos, los propietarios de los terrenos sobre los que la Cabaña de la Bragadera se levanta la han ido conservando, o remodelando sin hacerla perder su estructura original, interior y exteriormente, lo que Atienza debe de agradecer a la familia Gismera Galán, propietarios de los terrenos, ya que costearon la obra, y costean el mantenimiento del singular edificio, sin ayudas de ningún tipo, desde que se tiene memoria.

   Como que hay historias, y monumentos, detrás de las cosas sencillas que, en ocasiones, tal vez demasiadas, nos pasan desapercibidas y merecen una mirada, y un agradecimiento.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 6 de marzo de 2026



viernes, febrero 27, 2026

EDUARDO CONTRERAS, EN SU CENTENARIO

 

EDUARDO CONTRERAS, EN SU CENTENARIO

Se cumplen cien años de su muerte en Brihuega

 

   Cien años se cumplen en estos días del fallecimiento de uno de los hombres que trató que nuestra tierra fuese conocida más allá de sus límites provinciales, Eduardo Contreras, hijo del conocido médico, natural de Torremocha del Campo y más tarde alcalde de Jadraque, Bibiano Contreras.

   Habría que remontarse a 1847 para buscar su nacimiento, cuando su padre, Bibiano, comenzaba a ejercer como médico en Hiendelaencina. Su nombre, el de don Eduardo, aparece por vez primera en 1877, cuando ya era a pesar de su presunta juventud Administrador de Rentas Estancadas de la localidad minera. Por entonces andaba la relación con su padre un tanto tensa. Eduardo dejó los estudios de medicina, porque no le atrajo la profesión, lanzándose a recorrer mundos imaginarios, plasmando sus viajes en dos libros. Sus títulos: “Un viaje por Oriente, de Manila a Marianas”, y “Viajes y descubrimientos en el Polo Norte”.

 


Un nombre de acción

   Mientras andaba por Hiendelaencina ejerciendo como funcionario del Estado su padre se trasladó como médico a Jadraque, precisamente ese año, el de 1877, don Bibiano fue designado Alcalde de la villa, cargo que dejó dos años después en 1879.

   Eduardo Contreras, tras su paso por Hiendelaencina también se trasladó a Jadraque, cuando en los pueblos de cierta nombradía y mucho paso comenzaron a instalarse las primitivas estafetas de correos. Accedió por vez primera a desempeñar un cargo de cierta responsabilidad en Correos y Telégrafos, como oficial de correos, al final de la década de 1880. La vida, que para cualquier funcionario pudiera resultar tranquila en una población como Jadraque, entonces rondando los 2.000 habitantes, fue para nuestro hombre distinta. A tanto llegó su empeño por devolver a Jadraque un poco del esplendor pasado que una y otra vez insistió en la reconstrucción del castillo. Fue el primer personaje de los que tenemos memoria que se interesó en ello. Una curiosa carta, fechada en Jadraque el 23 de noviembre de 1881, hoy conservada en el Archivo de los Duques de Osuna, firmada por don Eduardo, instruye al entonces propietario, el duque de Osuna y a su vez del Infantado, de cómo había de llevarse a cabo la reconstrucción, recomendándole incluso el lugar del que podían acarrearse las piedras necesarias con el menor coste. Evidentemente el duque, en los revoltijos de su ruina, no estaba para gastos extras.

   Eran años, los de los ochenta del siglo XIX, en los que una serie de intelectuales con avanzadas ideas para la época ocupaban cargos de responsabilidad en la Serranía de Guadalajara, y por supuesto que no le costaría ningún trabajo entrar a formar parte del grupo de Jorge de la Guardia, médico en Miedes, o de Bruno Pascual Ruilópez, abogado en Atienza.

   Aunque eso será tras el paso del cólera por Jadraque, cuando en 1885 la población se vio sacudida por la epidemia y, echando mano de sus conocimientos médicos, trabajó de forma incansable junto a su padre y con Félix Layna Brihuega, padre de nuestro historiador, por toda la comarca.

 

Contreras en Atienza

   Don Eduardo Contreras dejó Jadraque poco después. De la estafeta de correos de esta localidad pasó a la de Atienza. Convirtiéndose en un adalid de la cultura de la villa. Junto a los nombrados y algunos otros fundó el Casino de la Unión; desempolvó la historia y se lanzó a predicar con el ejemplo del buen hacer. Junto a Jorge de la Guardia iniciaría la persecución de un sueño: tener su propio medio de difusión cultural, fundando en 1897 la revista “Atienza Ilustrada”. Para entonces ya estaba casado con María de los Ángeles Sepúlveda, natural de Brihuega, con la que tenía cuatro hijos, Arturo, Herminia, Blanca y Concepción. María Sepúlveda era sobrina de otro de esos personajes que dieron de qué hablar en la provincia, más en Brihuega, Ramón Casas Caballero. Lo malo es que su mujer lo dejó viudo muy pronto el 18 de julio de 1899. En Jadraque falleció, y en Jadraque la enterró. Lo tentaron para que entrase en política, pero prefirió mover los hilos de la política desde la sombra. A él se debe la irrupción de unos cuantos políticos que llegaron a sentarse en el Congreso de los Diputados y en el Senado, con eso se conformaba.

   Dejó la estafeta de Atienza para dirigir la de Jadraque nuevamente llevándose su revista, que pasó a llamarse “Alcarria Ilustrada”. Comenzando a trabajar en Jadraque y por Jadraque, llegando incluso a montar un popular museo mineralógico, si bien era coleccionista de todo lo coleccionable: sellos, postales, fotos, libros, ex libris… Tan pequeñas se le quedaron sus salas que hubo de alquilar un local en la calle Mayor. El Museo Contreras, conocido en toda la provincia, fue muy visitado convirtiéndose, después de la iglesia, en el lugar más atrayente para los visitantes de aquellos años. Museo en el que se podían contemplar desde los fósiles coleccionados por su padre y hallados en los cuatro puntos cardinales de la provincia, a la más grande colección de taxidermia jamás habida en Guadalajara.

 

Entre Brihuega y Jadraque

   Libre la estafeta de correos de Brihuega, a Brihuega marchó, dejando al frente de la de Jadraque a su íntimo amigo, el farmacéutico Jacinto Abós.

    En Brihuega continuó su Alcarria Ilustrada, hasta que el 17 de mayo de 1902 se publicó la antesala de su último número, un especial de 88 páginas, dedicado íntegramente a Brihuega. Allí concluyó la aventura de la Alcarria Ilustrada, y junto a su tío, Ramón Casas, fundaría El Briocense, un periódico local y provincial que quedaría bajo la dirección de Antonio Pareja Serrada, flamante Cronista Provincial de Guadalajara.

   Ya en Brihuega, al tiempo de la dedicación a su habitual trabajo y a la edición del Briocense, tenía tiempo para viajar a Atienza, Jadraque y Madrid a desempeñar otro tipo de funciones. Incluso llegó a formar parte de la aventura del Centro Alcarreño de Madrid, precursor de la Casa de Guadalajara. Llamó de puerta en puerta en pro de la reconstrucción del castillo de Jadraque. Tomó parte activa en la vida cultural de Atienza y hasta en Brihuega anduvo en otra aventura, la fundación de la Filarmónica Briocense, de la que fue secretario. Sin contar que su firma fue habitual en la práctica totalidad de medios de prensa de la provincia, así como en numerosos de Madrid. Una pluma ligera, aguda, crítica en ocasiones. También fue un adalid en aquella famosa aventura del Centenario de la Batalla de Villaviciosa, colaborador necesario de Pareja Serrada, y coautor de aquella “Razón de un Centenario”, a la vez que secretario y anotador de todos los actos.

   Próximo a cumplir los ochenta años de edad le llegó la última hora, en plenitud de facultades, y con la mente tan lúcida que le permitía mantener sus innumerables compromisos y atender a sus colaboraciones periodísticas, en el mes de febrero de 1926, en Brihuega, donde vivía junto a sus hijas Blanca y Concepción, pues Herminia había fallecido y Arturo le había dado el mayor disgusto de su vida al dejar los estudios y casarse con la hija de una rico muletero de Maranchón con la que creó el madrileño Café Comercial de la Glorieta de Bilbao.

    Fue el 4 de marzo de 1926 cuando sufrió un desmayo, falleciendo en la madrugada del día 5. A la mañana siguiente, 6 de marzo, desde Brihuega, en coche de caballos, trasladaron su féretro para ser enterrado en la población que soñó, junto a la que fuese su esposa, en Jadraque, donde reposa a la eternidad su memoria.  Cien años se cumplen de aquello, de ahí la memoria.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria, Guadalajara, 27 de febrero de 2028


Y también:

El País de la Plata, de Bibiano Contreras

El Comercial, el café más alcarreño de Madrid

La Alcarria Ilustrada


HISTORIA DE JADRAQUE

 

 

HISTORIA DE JADRAQUE

  

   El nombre de Jadraque (Charadraque) suena arábigo; tanto por esto como por la abundancia de fértiles huertas, cabe asegurar que ya existió durante la dominación musulmana.

   Jadraque progresó desde que en 1434 Juan II creó con esta villa con esta villa, más las de Jirueque, Bujalaro, Alcorlo, Utande y los sesmos de Bornoba y el Henares, un rico señorío a favor de su sobrina doña María de Castilla, casada con Gómez Carrillo, de quien lo heredó Alfonso Carrillo de Acuña, Protonotario y Guarda Mayor de Enrique IV, que fue un caballero tarambana y manirroto cuyas franca-chelas y pésima administración le llevó a dilapidar año tras año el “grande estado (riqueza) en que sucedió a su madre”, según un antiguo cronista.

   Jadraque es una población de honrados trabajadores que crece y mejora, gracias al esfuerzo de sus hijos; además ofrece al visitante múltiples atractivos que, por sí solos merecen una visita.

   Y sí se acompaña del conocimiento de su historia…

 

F. Layna Serrano (Jadraque, 1949)

 

 

EL LIBRO DE JADRAQUE, PULSANDO AQUÍ

 

 

 

 

 

SUMARIO GENERAL:

 

-I-

JADRAQUE,

Y SU ENTORNO HISTÓRICO-GEOGRÁFICO

Pág. 9

La Geografía

Demografía

Un repaso por las fuentes escritas. Jadraque en los manuales: los Diccionarios

El topónimo

-II-

UNA INCURSIÓN EN LA HISTORIA

Pág. 23

Tiempos antiguos

El Cid, en Jadraque

 

-III-

LACOMUNIDAD DE VILLA Y TIERRA DE ATIENZA

Pág. 41

 

-IV-

LAS TIERRAS DE GÓMEZ CARRILLO

Pág. 51

 

-V-

EL CASTILLO DE JADRAQUE

LOS SEÑORES DEL CASTILLO

Pág. 65

Rodrigo de Vivar y Mendoza, Marqués del Cenete y conde del Cid

Mencía de Mendoza

El castillo de Doña Mencía de Mendoza

Jadraque en el Ducado del Infantado. Las Relaciones Topográficas

El invierno del rey. Felipe II en estas tierras

Fray Andrés de Jadraque

Juan Sedeño, militar y poeta

Fray Pedro de Urraca

José Gutiérrez Luna: “El Indiano de Jadraque”

La Iglesia Parroquial de San Juan Bautista

 

-VI-

JADRAQUE EN LA GUERRA DE SUCESIÓN

Pág. 113

Felipe V en Jadraque

El reino en Guerra

La Princesa de los Ursinos

El Catastro de Ensenada. Jadraque, 1752

El terremoto de Lisboa, de 1755

Diego Gutiérrez Coronel

 

-VII-

¡GUERRA A LOS FRANCESES!

Pág. 145

España en Guerra

Melchor Gaspar de Jovellanos, en Jadraque

La Guerra contra los franceses, en Jadraque

La Constitución de 1812

Juan José Arias de Saavedra

El rey “in-Deseado”

Los Capuchinos de Jadraque

 

-VIII-

¡EL REY HAMUERTO! ¡VIVA EL REY!

Pág. 203

La vida local y municipal en el siglo XIX

Los Hospitales de Jadraque

La Feria de Jadraque, hasta el siglo XIX

La feria en el siglo XIX

La llegada del ferrocarril

Jadraque, y el lienzo de Jovellanos

José Ortega Munilla; Benito Pérez Galdós, y Jadraque

La epidemia de cólera en Jadraque, en 1885

El año del cólera, 1885

El caso de Jadraque

El Cíngulo del Cristo de la Cruz a Cuestas. El robo de la iglesia

La compra del castillo

Jadraque en el final del siglo XIX

La Luz Eléctrica. El último avance del siglo

 

-IX-

JADRAQUE, SIGLO XX

Pág. 274

La fundación de La Benéfica

El despoblado de Salaices (o Saelices)

Jacinto Abós Valencia, más que un farmacéutico

Juan Ures Bermejo, el héroe del Rif

Antonio Botija Fajardo

Eduardo Contreras de Diego. El hombre de los mil sueños

Jadraque, entre la República y la Guerra

La reconstrucción

Jadraque 1959, homenaje por un castillo

Las ferias de Jadraque, en el siglo XX

José Antonio Ochaíta

 

 

EL LIBRO:

  • ASIN ‏ : ‎ B0CLKB4JCL
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published  
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 330 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8865113089
  • Peso del producto ‏ : ‎ 567 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 2.11 x 22.86 cm

 

EL LIBRO DE JADRAQUE, PULSANDO AQUÍ






viernes, febrero 20, 2026

BALBINO CERRADA, EL LIBRERO DE MIEDES DE ATIENZA

 

BALBINO CERRADA, EL LIBRERO DE MIEDES DE ATIENZA

Librero y editor, fue uno de los más populares de Madrid

 

 

   Ha pasado a la historia madrileña, como uno de los grandes impresores de su tiempo, don Antonio de Sancha, natural de Torija, donde nació en 1720. Su nombre, unido a los libros de los que participó es memoria de la historia de España, como lo es de la de Madrid; al igual que lo es la de don Nicolás Moya Jiménez. Don Nicolás, natural de Alovera, regentó la que ha sido tenida por la librería más antigua de la capital de España, ubicada, desde 1862, en la calle de Carretas. La librería se trasladó a esa nueva sede desde la cercana Plaza de Matute, y en ella don Nicolás, fallecido en 1912, ejerció su labor de librero y editor. La librería cerró definitivamente en 2019, después de que tras sus mostradores pasasen varias generaciones familiares.

   También en Madrid, en la calle de Fuencarral número 156, se mantuvo hasta mediada que fue la década de 1930 la librería Aceitero, regentada por don Federico Aceitero, natural de La Puerta. En los inicios de la década de 1940 don Federico, junto a su esposa, doña Blanca Amador, trasladaron la librería madrileña a la calle Mayor de Guadalajara.

   Y también en Madrid, tras una vida un tanto novelesca, regentó su librería en la calle de Los Libreros la única mujer que conocemos dedicada a la industria del libro impreso, doña Felipa Polo Asenjo, natural de Loranca de Tajuña y con fuertes raíces en otra de nuestras poblaciones, en la que descansa a la eternidad desde el mes de abril de 2002, Yélamos de Arriba.

   Son solo cuatro de los numerosos nombres que nos ha dejado la provincia dedicados en la capital del reino a imprimir y vender libros; sin embargo, en esto de la letra impresa y del papel en el que se imprimió, puede que a todos supere el nombre de Balbino Cerrada Sanz.



Balbino Cerrada, y Miedes de Atienza

 

Balbino Cerrada, el librero de Miedes de Atienza

  Don Balbino Cerrada Sanz, natural de Miedes de Atienza, donde nació en 1857, es sin lugar a dudas el nombre que en cuanto a libreros naturales de la provincia de Guadalajara asentados en Madrid, merece figurar en un lugar de privilegio. Don Balbino abandonó su lugar natal en 1879, cuando definitivamente y alegando la numerosa prole familiar paterna, fue excluido del servicio militar para trasladarse a Madrid con el fin de colaborar, a través de su trabajo, al sostenimiento familiar; algo así como ocho o diez hermanos le quedaron en la localidad serrana.

   Eran tiempos, los de finales de la década de 1870 e inicios de la siguiente, en los que la vida española se revolvió por los cuatro costados; y en los que la de Miedes de Atienza comenzó a apagarse, después de que el siglo le diese alguno de los mayores logros, como el de ser, siquiera por unos cuantos meses, cabeza de partido judicial, echando a un lado la titularidad de la villa inmediata, y casi hermana, de Atienza.

   Don Balbino entró como mozo de almacén, o de todo, en la tipografía de don Nicolás González, en la calle de la Magdalena número 17. Don Nicolás se estableció en aquel lugar como vendedor de estampas, libros, devocionarios y todo aquello que algo tenía que ver con la letra y el papel, en 1848; por este tiempo en el que nuestro paisano entró en el negocio lo amplió con nuevo establecimiento en la calle de Jacometrezo, por lo que don Nicolás decidió, en 1880, traspasar la enseña de la casa; un traspaso que finalmente, y tras las ayudas que lo permitieron, quedó en manos de Balbino Cerrada Sanz quien ya para 1881 lo regentaba con aumento de negocio y clientela; contaba con 24 años de edad cuando se estableció por su cuenta en ese local, como no podía ser de otra manera, situado en el Barrio de las Letras; “Impresiones La Minerva”, lo rotuló, y aquí comenzó su larga carrera en el mundo del libro y de la imprenta, creciendo en popularidad y simpatía, tanta que unos años más tarde, en 1889, la tienda de la calle de la Magdalena se le quedó pequeña; traspasó el local y se estableció en uno más amplio, en el 18 de la misma calle, con vuelta a la del Olivar desde donde, a punto de finiquitar el siglo, por el mes de junio de 1899 volvió a ampliar sus instalaciones asentándose en un nuevo y más rutilante local, a no demasiada distancia del anterior, en la Plaza de Matute número 6; local, por otro lado, que en la actualidad, a más de cien años de la apertura de la librería del Sr. Cerrada, continúa dedicado al mundo del libro.

 

Guadalajara en la sangre

   En la trastienda de la librería del Sr. Cerrada, en la Plaza de Matute, se formalizó, en los inicios del siglo XX, el Centro Alcarreño de Madrid, del que tomaron parte la flor y nata de la cultura provincial; y concluido el corto recorrido del Centro Alcarreño, de la trastienda de la librería del Sr. Cerrada surgió la Casa de Guadalajara en Madrid, tras las llamadas para su fundación hechas desde la capital del reino, y desde Guadalajara; el Sr. Cerrada puso libro, lápiz y papel para escribir sus primeras líneas, sus estatutos, y cuanto fue necesario. La desgracia no lo dejó ver cumplido el momento en el que, en la calle de Alcalá, abría sus puertas, el 4 de junio de 1933, la Casa de Guadalajara en Madrid.

   Para entonces era uno de los más importantes hombres dedicados al negocio de la imprenta y la venta del libro, con talleres tipográficos abiertos a los madrileños, el más importante al otro lado del río Manzanares, por donde Madrid crecía hacia los Carabancheles, en la calle de Antonio López número 41, que se convertiría en la joya de su corona, “La Paquita”, que hacía referencia y homenaje a su fallecida esposa, doña Francisca, hija de don Francisco Alberto Val, Alcalde que fue de Pastrana en los últimos años del siglo XIX. La fábrica de “La Paquita”, abierta en 1924, abastecería de papel de imprenta a la mayoría de las madrileñas, así como de las provincias limítrofes; por lo que no fue de extrañar ver a don Balbino por aquellos tiempos en los lugares más cultos de Madrid, escuchándose su nombre desde el Ateneo, a la Universidad. Llegando desde Madrid a su localidad natal en su flamante vehículo Essex, matrícula de Madrid, M-30.138.

   Don Balbino Cerrada Sanz pertenecía entonces a los gremios de libreros e impresores de Madrid; durante largo tiempo el papel con el que se imprimió el Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara, tanto como la Gaceta madrileña y las letras de cambio del Banco de España salió de su fábrica; y su nombre estuvo ligado a cuanto tuvo algo que ver con la exaltación de Guadalajara en Madrid, formando parte de la Asociación de Amigos de Guadalajara que creó el “Día de la exaltación alcarreña”, encontrándose tras la coronación canónica de la Virgen de la Antigua; también en Madrid fundó la llamada “Asociación de Amigos de los Pobres”, entre otras.

   En Madrid, falleció un frío 9 de febrero de 1933, sucediéndole en el mundo de sus negocios su único yerno, don Julián Gil Reina, casado con su única hija, Guadalupe Cerrada. Don Balbino salió por última vez de su casa, en la calle de Alcalá número 87, para quedarse a residir a la eternidad de los siglos en el cementerio madrileño de la Almudena.

   Un hombre que, como editor, dejó profunda huella en los estantes de los libros de Madrid.

 

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 20 de febrero de 2026

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Memoria de don Jorge de la Guardia, Médico de Miedes

Miedes de Atienza, la tierra que el Cid cabalgó

Memoria de la iglesia de Miedes

Laureano Cerrada, el gran falsificador


UN LIBRO SOBRE MIEDES DE ATIENZA

 

MIEDES DE ATIENZA.
La tierra que el Cid cabalgó
El libro que  cuenta el hoy y el ayer de la localidad serrana

      Tiene, Miedes de Atienza, un cierto aire de ciudad en miniatura. De pueblo grande con historia escondida tras cada una de las grandes casonas que orlan la gran plaza en la que ahora se sitúa su Ayuntamiento, y en torno a la cual, actualmente, se desarrolla gran parte de su vida. A don José de Veladíez y Ortega de Castro le hubiese gustado verlo. Ver cómo todo gira, en Miedes de Atienza, en torno a su gran casa; como cuando él se encontraba entre los vivos y se asomaba a sus balcones para dirigirlo todo desde ellos; lo de acá, y lo de allá.




    La de don José de Veladíez era quizá una de las casas más grandes de la villa, y puede que de la comarca; sin que quedasen atrás las de sus hijos, que custodian la primitiva; la de don Francisco, por la izquierda y la de don Roque, por la derecha.

   Los tiempos de estos personajes coinciden con el del auge del precio de la lana, que fue el sostén de su fortuna. Don José, que paralizó las obras de la iglesia cuando se reconstruyó de nueva planta en el último tercio del siglo XVIII, para mayor gloria de su apellido se hizo construir una capilla, en pugna con otro de los potentados del lugar, don Juan Recacha.
   Nada que ver,  estos prohombres de apellido ilustre en la serranía, con don Lucas González, otro de los nacidos en la villa con anhelo de capital serrana. Don Lucas, que se hizo sacerdote en Sigüenza y encargó a sus testamentarios la fundación de un colegio en Alcalá de Henares para que estudiasen sus paisanos.


   También ha dado personajes de novela negra este Miedes que hoy es sombra de lo que fue, pues de aquí salió uno de los personajes más curiosos, y novelescos, que ha dado el siglo XX español, Laureano que murió como los grandes espías de novela policiaca; acribillado a tiros a las puertas de un café de París el día de su cumpleaños. La causa de la muerte: ajuste de cuentas.

   Aunque sin duda el gran personaje que ha marcado para los restos este entorno no es otro que Rodrigo de Vivar, a quien nadie, con anterioridad a la primavera de 1903 conocía por estos pagos.

   Son, qué duda cabe, memoria, historias, recuerdos de un pueblo. Páginas de un libro que traza su vida pasada y rememora la de quienes lo habitaron. Y es que, como tantos otros, Miedes de Atienza,  tiene ya el trazo de su vida recogida en papel de libro, conese sugestivo subtítulo: “La tierra que el Cid cabalgó”. Donde caben el ayer y el hoy, la villa y su tierra, y hacen presente, para quienes no lo conocieron, el pasado de una tierra hermosa. De una solemne villa que, un día no tan lejano, soñó con ser ciudad.







Este, es su sumario:


LA HISTORIA  / 11

Un apunte geográfico, y algo más / 11

Sobre los tiempos primitivos / 15

La Reconquista / 18



EL SEÑORÍO DE MIEDES  / 27

Iñigo López de Orozco. ¿Primer Señor de Miedes? /27

Gastón de la Cerda, Señor de Miedes /32

El Señorío de Miedes en el tiempo / 35



TIEMPOS RECIENTES  / 47
La Época Moderna /47
La Época Contemporánea / 53
Miedes, cabeza de partido judicial / 57
Un mercado para Miedes / 59
Miedes y las Guerras Carlistas / 61
El censo de población en el transcurso del tiempo / 65
EL PATRIMONIO RELIGIOSO  / 67
La Iglesia / 67

LOS SERVICIOS CONCEJILES Y ASISTENCIALES  / 99
El Hospital de la Santa Cruz /99
La fragua o herrería / 102
El molino harinero / 104
El horno de pan cocer, u horno de poia / 106
La carnicería /107
Las fuentes /108
El Pósito /109
La Cátedra de Gramática y Latinidad y la Obra Pía de Don Francisco Somolinos /111
Memoria de Don Domingo Aparicio /114

ARQUITECTURA CIVIL  / 119
Las Casonas /119

LOS VELADÍEZ, O BELADÍEZ / 129
Noticia General /129
Beladíez, o Veladíez, que fueron historia /135
José María Beladíez Herrera /135
Joaquín María Beladíez Herrera /137
Roque María Beladíez Herrera /140

 


PERSONAJES PARA LA HISTORIA DE MIEDES  / 143

EL CID EN MIEDES  / 177

UN TEATRO PARA MIEDES  / 187

MIEDES, CRÓNICA DEL SIGLO XIX  / 197

MIEDES, CRÓNICA DEL SIGLO XX  / 209



BIBLIOGRAFÍA BÁSICA  / 295