viernes, mayo 15, 2026

RECORDANDO A DON TOMÁS BRAVO Y LECEA

 

RECORDANDO A DON TOMÁS BRAVO Y LECEA

En el centenario de su fallecimiento

 

   En el anochecer del martes 26 de mayo de 1926, en Cabanillas del Campo, se despidió del mundo de los vivos don Tomás Bravo y Lecea cuando contaba con sesenta años de edad, había nacido en Madrid en 1866, y se dedicó en Guadalajara, donde pasó la mayor parte de su vida, al mundo de la judicatura, la prensa, la novela o la literatura en general; siendo uno de los hombres más significativos en el mundo del periodismo en una provincia en la que, en este tiempo, abundaba la prensa escrita; en numerosas de sus páginas dejó Tomás Bravo y Lecea su firma, e incluso llegó a presidir en el segundo decenio del siglo, la Asociación de la Prensa de Guadalajara.




 

Bravo y Lecea, hombre de letras y de leyes

   El profesor Calero Delso, sin duda el más significativo de los biógrafos de Bravo y Lecea, nos indica que nació en Madrid, en el ya señalado año de 1866, y en la capital del reino dedicó los primeros años de su vida al estudio, en el Instituto del Cardenal Cisneros, por supuesto que con notable aplicación, ya que obtuvo varios premios cuando apenas contaba con 14 años de edad, destacando en él su pronta vena literaria: Con apenas veinte llevaría su nombre a los medios de prensa, apareciendo sus primeras líneas escritas en algunos medios de Valladolid, ciudad en la que concluyó sus estudios de derecho, dedicando los ratos de ocio a poner sus pensamientos en verso y prosa. Allí, en Valladolid, en el mes de julio de 1887, obtendría la licenciatura en Derecho civil y canónigo, continuando de esa manera la obra paterna. Su padre, Antonio Bravo Tudela, también llevó a cabo estudios legislativos, ejerciendo como abogado, dedicación que dejaría por la judicatura, llegando a ser nombrado en 1889 presidente de la Audiencia Provincial de Guadalajara, trasladándose a nuestra capital, a la que posteriormente le seguiría su hijo.

   Antonio Bravo sin embargo no ejercería su labor en Guadalajara durante mucho tiempo, ya que la muerte le sorprendió en Madrid el 18 de julio de 1891 cuando, tras pasar el verano en uno de los famosos balnearios nacionales, se disponía a regresar a nuestra capital.

 

Bravo y Lecea, en Guadalajara

   Como anteriormente apuntábamos, antes de llegar a Guadalajara, Bravo y Lecea era ya conocido en el mundo literario. Sus cuentos, relatos y poemas aparecían con relativa frecuencia en revistas literarias como La Ilustración Nacional, de Madrid; La Tempestad y El Faro de Castilla, de Segovia; El Norte de Castilla, de Burgos; o la Revista de Vizcaya, de Bilbao, entre otros numerosos medios de prensa castellanos y madrileños, en los que se llegó a forjar una pequeña fama literaria que le acompañaría a Guadalajara, en donde abrió gabinete jurídico en la calle Mayor cuando corría el año 1892, desde donde se ocupó de casos, civiles y penales de nombradía, entre ellos ejerciendo la defensa de uno de los acusados del famoso “crimen del ermitaño”, de Cifuentes; o de los encausados por el no menos conocido de los “muleteros de Maranchón”.

   En Guadalajara se encontraba al menos desde dos años atrás, pues desde aquí firmaba y enviaba sus colaboraciones de prensa a los medios. Y aquí en Guadalajara firmó, junto a nuestro buen sacerdote y arqueólogo, a más de gran escritor, natural de Horche, Ignacio Calvo y Sánchez, una de sus más reconocidas obras literarias en este tiempo, la novelita: “La Flor de la Alcarria”, que vería la luz primero en la prensa y posteriormente en libro, en 1890. Un año antes, en Valladolid, había dejado su primera recopilación de cuentos y artículos de prensa que llevaría el título de “Nubes y Celajes”. Sin que falten en este tiempo sus colaboraciones en la prensa de Guadalajara, principalmente en el semanario “El Eco”.

 

Bravo y Lecea, y sus publicaciones

   Para 1893 se pondría al frente de uno de sus primeros proyectos periodísticos, al dirigir un nuevo medio de prensa, La Ilustración, al servicio de los intereses políticos en la provincia de quien comenzaba a destacar en este mundo, Álvaro de Figueroa, nuestro Conde de Romanones quien, a través de este medio, trataría de convencer a su electorado alcarreño. La Ilustración, sin embargo, tan solo publicaría tres números, dedicando sus portadas al Sr. Conde, a D. Antonio Botija y a D. Diego García Martínez. Por supuesto que en sus páginas se ensalzaban la figura política, y los logros, de cada uno de ellos.

   No por ello, el cese de publicación de La Ilustración, dejó Bravo y Lecea de escribir en los medios provinciales, ya que inmediatamente comenzó a aparecer su firma en el semanario Flores y Abejas, al tiempo que se ocupaba de su bufete jurídico, interviniendo en cuantos eventos culturales tuvieron lugar en este tiempo en la ciudad, ante todo en el Ateneo Caracense, donde ofreció numerosas conferencias; estrenándose en algunos de los teatritos de la capital algunas de sus numerosas obras, o juguetes cómicos teatrales, de corta duración.

   En 1895 dará a la imprenta, en Guadalajara, su obra “La clase obrera”, y en el mes de junio de este mismo año pasará a ocupar el cargo de redactor jefe del semanario provincial “La Crónica”, que llegará a dirigir durante algún tiempo, siendo sus crónicas y opiniones no muy bien recibidas por algunos sectores políticos contrarios a sus ideas, lo que le llevarán a sentarse en el banquillo de los juzgados capitalinos; de los que saldrá libre de cargos.

   No faltarán en su vida los oficios que llevaba aparejada la existencia de un personaje de nuestra talla. Bravo y Lecea pasará por los juzgados municipales de la ciudad de Guadalajara, ocupando los cargos de juez y fiscal; por el Gobierno Civil, y no faltarán, en su larga lista de nombramientos y ocupaciones la secretaría de la administración provincial de la Beneficencia, la de cofradías, cátedras y reuniones culturales; añadiendo a su colección de nombramientos, incluso, la de Bibliotecario del Casino de Guadalajara, en 1900. Entre numerosos más.

   Iniciará, junto al también abogado José María Solano, en 1901, el que será uno de sus grandes proyectos y que mayor número de años permanecerá en el tiempo, la edición del Anuario Guía de Guadalajara, en principio dedicado a la ciudad, que por vez primera verá la luz en 1902, en el que se incluirán los principales datos de la industria, el comercio o los profesionales de la ciudad; que en años sucesivos irá ampliándose para abarcar a las principales poblaciones de la provincia; de periodicidad anual, con sucesivas ampliaciones a los partidos judiciales, y que será sustituida al final del decenio por la guía de la abogacía, “El Indispensable para el abogado, y útil para los demás”. Convertida en obra de referencia no sólo en Guadalajara, sino que su ámbito se extenderá a la totalidad del reino.

   Dejaría Guadalajara por Barcelona, acompañando a su hija Amparo en 1923, sin por ello olvidarse de la prensa y vida social de nuestra provincia. Allí sería redactor del “Diario de Barcelona”, compaginando a partir de entonces sus estancias catalanas con las provinciales en Guadalajara o Cabanillas, a cuya población se ligaría a través de su esposa, Adelaida de Bartolomé, manteniendo en ambas poblaciones sus amistades y vida sociales.

   A Guadalajara y Cabanillas regresó definitivamente en el mes de abril de 1926, con la intención de recuperarse de la afección que en aquellos momentos le aquejaba; enfermedad de la que no se repondría, alcanzándole la muerte en aquel anochecer del 26 de mayo de 1926, recibiendo sepultura al día siguiente en el cementerio municipal de Guadalajara. Cien años hace.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 15 de mayo de 2026


MUJERES EN GUADALAJARA

 

MUJERES EN GUADALAJARA

 

   El autor reúne, en esta obra, a una serie de mujeres que han formado, y forman, parte de la historia de Guadalajara y su provincia. Mujeres que pertenecieron a la nobleza; que tomaron parte de la vida política o cultural; escritores, poetisas, mujeres sencillas, y, por supuesto, maestras, cada una en su mundo.

   Semblanzas biográficas ampliadas en torno a las publicaciones del autor, algunas de las cuales han aparecido esbozadas en sus colaboraciones en la prensa provincial. Son, sin duda, mujeres que hicieron, y son historia.

 

MUJERES EN GUADALAJARA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

 

   En las páginas que componen esta obra encontraremos las semblanzas de: María Diega Desmassières y Sevillano; Luisa Bravo de Guzmán; Antonia Bronchalo Lopesino (Lupe Sino); Carmen Bueno Paz; Carmen de Burgos Seguí (Colombine);  Eva Cervantes (Esperanza Perales);  Mayor Guillén de Guzmán; Catalina de Lancaster; Luisa de Medrano; Ana de Mendoza y de la Cerda; Brianda de Mendoza y Luna; Mencía de Mendoza; Isabel Muñoz Caravaca; Vicenta Ortíz Cuesta; María Pacheco de Mendoza; María Pérez de Sotomayor; Elena Sánchez de Arrojo; Amelia de la Torre y Asunción Vela López.

 

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SUMARIO GENERAL

-I-

María Diega Desmassières y Sevillano, Condesa de la Vega del Pozo, Duquesa de Sevillano

Dedicó su vida a hacer, sobre todo, obras de caridad

Pág. 9

 

-II-

LUISA BRAVO DE GUZMÁN

Marquesa de Lanzarote; la mujer que ganó casi todas sus batallas

Pág. 19

 

-III-

LUPE SINO

(Antonia Bronchalo Lopesino)

La novia del torero

Pág. 31

 

-IV-

CARMEN BUENO PAZ, DE LAYNA

Detrás de un gran hombre…

Pág. 45

 

-V-

CARMEN DE BURGOS SEGUÍ,

“COLOMBINE”

Una dama de las letras, en Guadalajara

Pág. 65

 

-VI-

EVA CERVANTES

La poetisa que descubrió Jadraque

Pág. 75

 

-VII-

MAYOR GUILLÉN DE GUZMÁN

Señora de Palazuelos, Alcocer y el Infantado, y su descendencia

Pág. 87

 

-VIII-

CATALINA DE LANCASTER

Reina y Señora de Guadalajara

Pág. 115

 

-IX-

LUISA DE MEDRANO

¿La primer Catedrático?

Pág. 123

 

-X-

ANA DE ÉBOLI

La princesa cautiva de Pastrana y de Cifuentes

Pág. 131

 

-XI-

BRIANDA DE MENDOZA Y LUNA

Memoria de una dama, en la historia de Guadalajara

Pág. 139

 

-XII-

MENCÍA DE MENDOZA

Dama del Renacimiento

Pág. 147

 

-XIII-

ISABEL MUÑOZ CARAVACA

La mujer que soñó un mundo justo

Pág. 155

 

-XIV-

VICENTA ORTIZ CUESTA

Una mujer de medalla

Pág. 209

 

-XV-

MARÍA PACHECO

La Comunera Mendoza

Pág. 215

 

-XVI-

MARÍA PÉREZ DE SOTOMAYOR

La Varona de Paredes

Pág. 221

 

-XVII-

ELENA SÁNCHEZ DE ARROJO

La primera concejala

Pág. 229

 

-XVIII-

AMELIA DE LA TORRE

La actriz de Illana

Pág. 235

 

-XIX-

ASUNCIÓN VELA LÓPEZ

Maestra de maestras

Pág. 245

 

 

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  • ASIN ‏ : ‎ B0BNK7LKCT
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 257 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8366086028
  • Peso del producto ‏ : ‎ 399 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.65 x 21.59 cm 
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sábado, mayo 09, 2026

ROMERÍA A LA VIRGEN DE MONTESINOS, EN COBETA

 

ROMERÍA A LA VIRGEN DE MONTESINOS, EN COBETA

Conocida como de las Siete Banderas

 

   Dos ermitas llegó a tener Cobeta en el transcurso de su historia, la dedicada a San Antonio de Padua, con fiesta principal en la villa al igual que lo sería la de la Virgen de las Candelas, y la dedicada a Nuestra Sra. de Montesinos, o del Montesino, levantada en sus orígenes en el siglo XVI a consta de los señores de la Villa, quienes se erigieron en patronos de la fundación.

   El nombre de Cobeta tiene su origen en el castillo que se alzó dominando la población. Castillo que, sin duda, nació en torno a alguna de las torres que servían de vigía en tierra de fronteras. Antes de que Manrique de Lara fuese señor de Molina y por ende de Cobeta, señorío que pasó a las monjas de Buenafuente y a ellas se lo arrebató, junto a su tierra vecina del Villar, La Olmeda, Torrecilla y algunas más, la fuerza bruta de Íñigo López de Tovar, que fue en el sigo XV hombre de armas tomar.

   Su historia es densa, la de Cobeta y la de Íñigo López de Tovar en el transcurso de aquellos siglos y reinados, hasta que llegaron al trono los Reyes Católicos quienes siguieron el camino emprendido por sus antecesores, en aquello de no ganarse más enemigos de la cuenta, puesto que los López de Tovar fueron gentes de mucho rango, por ello sus católicas altezas legalizaron la situación y dejaron a las monjitas sin sus tierras que a partir de aquí pasaron de mano en mano a través de los López de Tovar. A cambio, a las monjitas les dieron las de Ciruelos del Pinar, para que no lo perdiesen todo, mientras que el señorío de Cobeta, que siempre presumió de ser tierra independiente del Señorío molinés, pasaba en tiempo de los católicos monarcas a Mencía de Tovar, casada ella con un Estúñiga, entroncando el señorío de Cobeta con el marquesado de Baides, a las orillas de Sigüenza. Ellos, los Estúñiga, erigieron en los primeros decenios del siglo XVI la famosa ermita de la Virgen de Montesinos, en la que colocaron sus armas, haciéndose como decimos patronos del santuario. Quien dio el paso fue Diego López de Estúñiga, hombre de rara virtud y vida ejemplar, como lo definió Alonso López de Haro en el siglo XVII.

   Claro que, con tantas torres, castillos y palacios a los que atender, los Estúñiga, tiempo más adelante condes de Salvatierra, dejaron olvidado el torreón de Cobeta que, poco a poco se fue perdiendo hasta quedar en lo hoy conocido: la hidalga torre que se yergue señorial sobre lo que fueron sus extensos dominios, en paraje sin igual.

 





La Virgen y el moro Montesinos

   La ermita o Santuario de Montesinos se alzó en torno a una de las numerosas leyendas de aparición mariana en la tierra molinesa surgidas a lo largo del lejano siglo XII, entroncada con el desaparecido castillo de Alpetea. Castillo al que va unida la leyenda que se inicia en torno a 1140, cuentan las crónicas antiguas, cuando Manrique, primer señor de Molina, batallaba con los moros de Cuenca. En aquel tiempo era señor de estas tierras y castillo de Alpetea un tal Montesinos, señor de guerra por aquellos términos, a quien conforme continúa la leyenda, temían por los contornos sus moradores, a los que aterrorizaba, tanto como a la comarca con crueldades sin cuento, robando rebaños, incendiando campos o poniendo a los moradores de las aldeas próximas contribuciones impagables que los harían recurrir a los poderes sobrenaturales, pidiendo el milagro con los ojos puestos en el firmamento.

   No pocos de quienes habitaron esta tierra optaron por dejarla atrás, en busca de aposento y vida más segura, fuera de los confines dominados por Montesinos: “…hasta el punto de dejarla poco menos que desierta”.

   Las preces de quienes fueron quedando, finalmente, fueron escuchadas, ya que cierto día una pastorcilla se metió entre unos breñales y buscando algunas ovejas descarriadas tendría la dicha de hallarse con una extraña imagen que no tardó en reconocer como la Virgen María. Otras versiones de la misma leyenda nos dicen que no fue la pastora, sino el perro que la acompañaba el que lanzó sus ladridos al encontrarse aprisionado entre unas peñas, de las que lo rescataron los aldeanos vecinos y sintiendo que dentro sonaba como hueco, hicieron espacio para poder entrar una persona. Encendidas luces por ser aquello muy oscuro, hallaron en la peña una capilla rodeada de poyatos, algunos cascos de botijas quebrados, carbones y muchos huesos de hombres muertos. Entre tantos restos había una calavera tan grande que dos hombres juntos no podrían llegar a tal. Las cuencas de los ojos tan enormes que se podía introducir el puño de un hombre. Sin duda debió de pertenecer, pensaron, a algún gigante, que bien podría haber sido de aquel moro Zafra que había muerto por allí cerca…

   La otra leyenda dice que la Virgen ordenó a la chiquilla ir a buscar al moro Montesinos y lo trajeses a su presencia, curando a la pastorcilla a modo de carta de naturaleza del milagro de la aparición, cierta lesión que desde su nacimiento la acompañaba en un brazo; por lo que, al verla, y conociéndola, el mal moro no dudó de la veracidad del suceso; siguió el camino que la niñita le indicó y llegado al lugar la aparición mariana volvió a repetirse para pedirle a Montesinos su conversión, al tiempo que le ordenaba que, en aquel lugar, levantase santuario, lo que hizo; tornando al fin a los aldeanos comarcanos la paz.

 

La romería de Montesinos

   Año a año, solo Dios sabe desde cuándo, acudieron los vecinos del entorno de Cobeta a la ermita o santuario de Montesinos. En la actualidad la romería general se celebra el sábado anterior al Domingo de Pentecostés, y tiene el honroso apelativo en algunos lugares de “Fiesta de las Siete Banderas”, “o de las siete cruces” por los pueblos que acuden y acudieron con sus cruces parroquiales y pendones, Cobeta, Torremocha del Pinar, Selas, Anquela del Ducado, Aragoncillo, Olmeda y Villar de Cobeta, sin que falte la visita a la patrona a lo largo del año.

   El día de la fiesta suena la música y goza el entorno de un ambiente festivo, como sólo esta tierra sabe añadir a su entorno; con un señorío digno de contemplación, y de ver cómo van apareciendo en el paisaje, con sus cruces parroquiales, que como describiese el etnógrafo López de los Mozos entrechocan en señal de fraternal saludo y buena vecindad, las devotas y sencillas gentes de esta parte del entorno molinés; dando también, como la tradición pide, siete vueltas al entorno de la ermita, aquella que alzase primigenia el moro Montesinos y los Estúñiga reconvirtieron. Acuden a pedir y agradecer, como sucedió cuando en los inicios de junio de 1847 rogaron agua y… “Cuando tenía lugar la religiosa función, hacía un calor excesivo; infinita era la concurrencia, e innumerables los niños a quienes el excelente predicador don Manuel Estremera, cura de esta villa, les preguntó en medio de su entendida y patética oración: ¿Qué pedís a la Virgen? Agua, agua, con inocentes y continuados clamores y sentido lloro general, fue la contestación al inspirado ministro del altar. Agua, agua sobrada cayó del cielo a las dos horas de concluida la rogativa, que completamente mojados llegaron a sus casas los de los pueblos inmediatos, y aun los de esta villa, apenas dejaban a su milagrosa Virgen…”

   Y es que, como diría Francisco Checa, su último santero: Todos tenemos nuestra historia, pero los que tenemos más años, tienen más historia.

 

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 8 de mayo de 2026


HISTORIA DE COBETA (Guadalajara)

 

Historia de Cobeta, en texto y crónicas

 

   Las llamadas Sierras del Ducado de Medinaceli y de Molina, confundidas, inician su declive hacia el sur buscando el hondo valle del Tajo, arañadas por barrancadas profundas de abruptas laderas que coronan agudos peñascos calizos. Allí donde las cuestas se suavizan, el arado las ha ido adornando con el mosaico de las pequeñas propiedades labradas; en las estrechas vegas, los hortales ponen su nota haya por la primavera en el paisaje adusto, mientras los cuestarrones pendientes o las redondeadas lomas, se visten con el ropaje gris de las encinas centenarias, cuando no con el verde de los pinares espesísimos que llegan por un lado a Mazarete, por el otro pasan a través de la sierra de Molina, cruzan el Tajo e invaden la de Cuenca.

      La carretera que partiendo de Alcolea del Pinar cruza en la Riba de Saelices a la que va de Cifuentes a Mazarete, sigue por la hondonada del río Salado hasta el Ablanquejo, trepa a la izquierda hasta ganar la altura de los cerros circundantes, se aproxima al monasterio de Buenafuente, vuelve a retorcerse siempre subiendo entre encinares, hasta llegar a Cobeta, cuyo pueblo se recuesta en la falda meridional de un cerrillo asomándose al arroyo Arandilla que diez kilómetros más allá vierte en el Tajo su escaso caudal.

F. Layna Serrano

Castillos de Guadalajara, 1933

 

 

HISTORIA DE COBETA, el libro, pulsando aquí

 

SUMARIO:

 

-I-

COBETA

Pág. 9

 

-II-

Intermedio histórico de la tierra

Pág. 25

 

-III-

El devenir histórico de Cobeta

Pág. 41

 

-IV-

Cobeta, Siglo XVIII

Pág. 63

 

-V-

El Siglo XIX

Pág. 83

 

-VI-

El Patrimonio Histórico y el folclore

Pág. 129

 

-VII-

Santos López Pelegrín; Abenamar

Pág.  141

 

Apéndices

Descripción Geográfica de la Villa de Cobeta

Pág. 155

 

El libro:
  • ASIN ‏ : ‎ B0CKB5HYY2
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 164 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8863241890
  • Peso del producto ‏ : ‎ 272 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.07 x 21.59 cm

 

 

HISTORIA DE COBETA, el libro, pulsando aquí

jueves, abril 30, 2026

BARBATONA, PUEBLO Y ROMERÍA

 

BARBATONA, PUEBLO Y ROMERÍA

En torno a la Virgen de la Salud

 

    Nunca fue la población de Barbatona localidad que destacase por su número de habitantes, pues en raras ocasiones a lo largo de la historia llegó siquiera al centenar, disponiendo de poco más de una decena de casas que fueron las que históricamente compusieron la pequeña aldea. Sin embargo, Barbatona acoge año a año, aunque sea por un día, al mayor número de paisanos que, fuera de la capital de la provincia, se reúnen en torno a una devoción, la Virgen de la Salud.




 

La aparición de la Señora, entre la historia y la leyenda

   Cuenta la historia, tejida al compás de la leyenda, que la imagen de Nuestra Señora de la Salud se apareció en los lejanos siglos XII o XIII a unos pastores. Que estos comunicaron el hecho y que por aquellos tiempos se alzó la ermita primitiva, dándose inicio a la mayor devoción de nuestra provincia, al menos del entorno de Sigüenza. También cuentan los entendidos en arte románico que la imagen primitiva perteneció o pertenece a esta época, muy a pesar de que no existan otros testimonios o escritos que los que a partir del siglo XVIII llegan a nuestros días; cuando comenzó a contarse la historia, iniciándose de una manera más seguida la devoción hacía el santo lugar. También cuenta la historia, a mitad de camino entre la devoción y la leyenda, que a lo largo de los siglos los comarcanos, junto con los paisanos de Sigüenza, Barbatona o su entorno, se encomendaron a nuestra Señora ante la enfermedad, ante la sequía o las penurias del pueblo, y nuestra Señora les respondió. Barbatona, el pueblo, se encuentra prácticamente en la frontera de los dos grandes ducados provinciales, los de Medinaceli y del Infantado; también del Señorío Episcopal de Sigüenza. El pueblo, sus gentes, fueron servidores del duque de Medinaceli; devotos de Nuestra Señora de la Salud. Por aquí se dividían las tierras de unos y otros.

 

Una cofradía, y una ermita

   Es partir del siglo XVIII, año de 1734, cuando la documentación oficial comienza a reflejar que en Barbatona se tenía devoción a la patrona de la comarca, pues por tal se la puede considerar. En este año, a más de fundarse la cofradía que llega a nuestros tiempos, se inició el proceso por el cual terminaría edificándose el Santuario que hoy conocemos, tras sus dimes y diretes con el Cabildo eclesiástico seguntino. La ermita de Barbatona fue, desde que se tiene conocimiento, dependiente de la iglesia de Sigüenza, filial de la de Santiago, conforme nos dejó escrito Fr. Toribio Minguella, obispo diocesano; de San Pedro y San Vicente con antelación, afirmó también quien fuese cronista de Sigüenza, Dr. Martínez Gómez-Gordo.

   La cofradía la fundaron unos cuantos devotos seguntinos dotándola de estatutos y contenido. Con el fin de dar y aumentar el culto a la Sagrada imagen: “se reunieron varios vecinos de Sigüenza, devotos de la Virgen, quienes acordaron fundarla para conservación y aumento de su culto, así como para fomento de la devoción a tan venerada imagen, a la que calificaban constantemente de milagrosa. Redactadas las Constituciones por los mencionados piadosos seguntinos, merecieron la aprobación del entonces Provisor y Vicario General del Obispado, Dr. D. Francisco Javier Montero, quien según auto de 16-IX-1734, les dio fuerza y validez, nombrando como primer Abad al Canónigo D. Diego Peñaranda, a la vez que disponía que habiendo entre los cofrades eclesiásticos, dignidades, canónigos y otros prebendados de la iglesia catedral, se eligiese por abad a uno de ellos. La cofradía, en número fijo de hermanos, está compuesta por doce sacerdotes y veinticuatro seglares...”; dejó escrito el cronista seguntino.

   La ermita, para la que en principio pidieron permiso de ampliación para la original, finalmente, y como ya se dijo, fue levantada de principio a fin, quedando conclusa en 1754, a juzgar por las citas que de ello se hacen bajo la tutela episcopal de don Francisco Díaz de Santos Bullón, en el pleito de compromiso sobre “Diferentes puntos respectivos a la parroquialidad y cura de almas, procesiones, presidencia y otros derechos”. El extenso documento da a entender que para la festividad de ese año, celebrada en la primera decena de septiembre, se colocó la imagen en su nueva ubicación; donde recibió culto en su día y en su octava. Imagen que, con anterioridad a la fundación de la cofradía hubo de llevar, de ello dan cuenta algunos documentos, el nombre de “Virgen de los Remedios”. Que ya los venía procurando, como recogen algunos de los “milagros” reflejados en tabla pictórica puesto que, como estudian Eulalia Castellote y Juan A. Vallejo-Nájera, el primero del que queda constancia escrita, o pictórica, se fecha el 8 de noviembre de 1717. En aquella ocasión se trató de la curación de Mateo Blanco, hijo de Mateo Blanco y Ana Pérez Cendejas, su mujer. El padre ofreció que, si el hijo curaba, lo llevaría en brazos y descalzo, al Santuario; y al momento curó el hijo.

 

La Coronación Canóniga

   Que la devoción a la imagen creció desde aquellos mediados del siglo XVIII no cabe la menor duda. Tanto como que los milagros a ella atribuidos fueron en aumento. Varias decenas de tablillas pintadas con sus respectivas representaciones ornamentaron las paredes del Santuario, del mismo modo que lo hicieron todo tipo de ofrendas, hasta el punto de que, en los inicios del siglo XX llegaría a pedirse un ordenamiento de todo ello: “con objeto de que se ejerza la más rigurosa censura en la admisión de ofrendas a la Virgen, pues en no pocos cuadros de los que aparecen en las paredes del templo, hemos tenido ocasión de leer algunos rótulos plagados de disparates, que más que otra cosa, constituyen una irreverencia en tan sagrado lugar”. Llamativo fue el que, en 1811, propició el que las tropas de Juan Martín el Empecinado no fuesen derrotadas en sus cercanías por las francesas, atribuyéndose a la imagen la prematura oscuridad de los cielos, lo que habría hecho que los napoleónicos se retirasen del campo de batalla. Unos napoleónicos que, en su voraz rapiña, se llevaron las joyas de la patrona. Entre ellas, su corona de plata.

   Si bien lucirá, a partir de 1955, en lugar de una de plata, una de oro, ya que este año, el 8 de septiembre, le será impuesta por el Nuncio de Su Santidad en España, Cardenal Antoniutti, en el Paseo de la Alameda de Sigüenza. La imagen fue trasladada a la capital del obispado, para la Coronación Canónica el 29 de agosto; luego regresaría a su Santuario.

   Por supuesto que no era la primera vez que Nuestra Señora de la Salud visitaba Sigüenza, ya lo había hecho en 1833, cuando la provincia se vio acometida por la peste del cólera que llevó a la muerte a varios miles de paisanos. A Nuestra Señora la hicieron sitio en la catedral, para que a ella acudiesen los seguntinos a pedir salud. La peste dejó en aquel año 17 muertos en la capital del obispado; y casi un centenar en 1855 cuando, en lugar de la Virgen de la Salud, el consistorio seguntino mandó acogerse al patronazgo de San Roque.

   Cerca de veinte mil personas se reunieron en Sigüenza para acompañar el acto; y algunos miles más, se cifra incluso en cincuenta mil, los devotos que a partir de 1965, tras la primera “Marcha Diocesana a Barbatona”, en el mes de mayo, han llegado a pasar, en aquellos días, por el venerado Santuario de la Salud.

   Su pradera es punto de encuentro, en mayo y septiembre, para una de las romerías más populares de esta tierra. A nuestro paso la tenemos, en unos días.

 

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 1 de mayo de 2026


BARBATONA (Guadalajara)

 

UNA MEMORIA DE BARBATONA (Guadalajara), y la VIRGEN DE LA SALUD

 

   Junto a Sigüenza, hoy pedanía de esta, se encuentra el pequeño lugar de Barbatona, crecido en torno ala pequeña ermita, posteriormente convertida en Santuario que, año a año, atrae a miles de peregrinos y creyentes.

   En él se encuentra la imagen de Nuestra Señora dela Salud, que ya, en el siglo XVIII atraía las miradas de los guadalajareños de esta parte provincial, y que más tarde llevaba a que escritores y periodistas se ocupasen de ella:

   “He retrocedido en mi excursión veraniega para asistir a la peregrinación anual de Nuestra Señora de la Salud de Barbatona, celebrada el día del Dulce nombre de María en el Santuario de este título, en el Obispado de Sigüenza. La fiesta de este año ha sido solemnísima, porque las buenas cosechas han aumentado la concurrencia, que no habrá bajado de 8 a 10.000 almas.

   Puedo decir a usted, mi querido amigo, que no he visto otra peregrinación más piadosa, ni que haya arrancado a mis ojos más lágrimas de ternura y edificación, porque allí todo, absolutamente todo, es piedad, sin que los goces mundanos, aún los más lícitos y tolerables, tengan parte ninguna en la solemnidad y en la alegría de la fiesta. El pueblo en donde se halla situado el santuario es pobre, árido, sin alamedas que engalanen sus montes ni ríos que fertilicen sus angostos valles; se halla formado por veinte casas miserables, mal agrupadas sobre una colina, la cual se ve rodeada de incultas cañadas, que por carecer de bellezas naturales no tienen ni la severidad de los grandes riscos ni la melancólica perspectiva de los hondos barrancos sombreados por altos montes o por bosques seculares. Si entre los santuarios de España merece la primacía en lo pintoresco el de Monserrat, yo aseguro a usted que el de Barbatona ocupa el último lugar, porque difícilmente se citará otro que tenga menos atractivos naturales. Y, sin embargo, por mucho amor, por intensa devoción que inspire a los catalanes el bellísimo santuario de Monserrat, bien puede afirmarse, sin exageración, que no inspira más que a los hijos de este país el oscuro lugar de Barbatona…”

   Ha Barbatona nos dirigimos a través de estas páginas.

 

 

EL LIBRO DE BARBATONA, PULSANDO AQUÍ

 

EL LIBRO:

 

  • ASIN ‏ : ‎ B0DW83G27Y
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 184 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8309522774
  • Peso del producto ‏ : ‎ 299 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.17 x 21.59 cm

 

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viernes, abril 24, 2026

FELIPA POLO, LA LIBRERA DE MADRID

 

FELIPA POLO, LA LIBRERA DE MADRID

Regentó en la calle Libreros una de las más populares librerías madrileñas

 

   Nació Felipa Polo Asenjo en Loranca de Tajuña (Guadalajara) el 6 de junio de 1911, destinada a ser una de las libreras más populares de Madrid en las últimas décadas del siglo XX. Al término del decenio de su nacimiento perdió a sus padres y, con nueve años y hermanos a los que cuidar, las autoridades provinciales buscaron para ellos acogida en una de aquellas casas de “Misericordia”, o Inclusas, que tanto abundaban en la capital del reino. Se trataba de un convento del viejo Madrid en el que se acogía a huérfanos y en él entró Felipa con sus hermanos, y del que salió para labrarse la vida.



 

La librera de la calle de Jacometrezo

   Felipa salió de la casa de Misericordia para servir de criadita y chica de los recados, con apenas doce años, de una dama que con el tiempo fue poseedora de una librería en la calle de Jacometrezo. Doña Pepita, o mejor Josefa Borrás Ballester; valenciana de origen, a más de gustarle el libro tenía otras aficiones y oficios en los que gastar el tiempo, a pesar de que lo que en realidad hacía era dedicarse a los demás como maestra de sordomudos. Con ella aprendió Felipa el oficio de comprar libros de segunda mano y venderlos como nuevos, tras darles el repaso necesario y restallarles las heridas.

   La apertura de la Gran Vía y el derribo de algunos edificios, entre ellos parte de la calle de Jacometrezo en donde se encontraba el negocio de doña Pepita las trasladó a la otra acera, a la calle de los Libreros, y allí, años después, tras la muerte de la mujer que la acogió, Felipa Polo abrió su librería propia en el número 16. Justo encima de la librería tenía su domicilio con lo que el olor a papel y libro viejo ascendía por las escaleras interiores que comunicaban tienda y casa, uniéndose en una sola vida el libro y la esperanza de futuro.

   Pudiera pensarse que muchos negocios en una misma calle dedicada a lo mismo era una ruina. Sin embargo no era así. De cualquier punto de España, sabiendo que allí se encontraría lo buscado, se acudía a la calle de los Libreros. Y cuando era conocido que uno de los titulares era de una provincia en cuestión, a ella acudían sus naturales con la confianza que da el paisanaje. Que en ocasiones suele tener sus consecuencias; Felipa llegó a conocerse a muchos de los estudiantes guadalajareños que acudían a la universidad madrileña o a la de Alcalá. Y conoció a quienes eran buenos y malos, por aquello de que buscaban nuevos o viejos manuales.

 

Los dichos de Felipa Polo

   En ocasiones tener una vida dura marca el camino. Se lo marcó a Felipa. Por ello era de esa clase de personas que ante la necesidad soltaban aquello de: “… anda, anda, ya me pagarás cuando acabes la carrera…”. Al término de la carrera el estudiante en cuestión acudía con ese orgullo del recién licenciado a depositar sobre el mostrador los billetes de los libros. No pocos de aquellos que terminaron carreras, hijos de labradores en busca de fortuna en el Madrid de la posguerra y sin recursos propios para comprar los necesarios códigos pudieron tener libros gracias a ella, que se las apañaba para que sin ver heridos sus sentimientos se los llevasen a pago aplazado

   Felipa disfrutaba con eso, que su clientela aprobase la carrera. Es quizá por eso que en más de cuatro ocasiones soltó a algún que otro repetidor y zoquete en el estudio lo dicho de no vuelvas, a menos que fuese en busca de los libros de un curso superior. En su librería, de éxito, empleó a sus hermanos, después pasó el relevo a los descendientes de aquellos.

   Sus broncas se hicieron populares hasta el punto de reconocer algunos de sus clientes que sin aquellas no hubiesen logrado terminar la carrera. Era mujer; como buena mujer de un tiempo que marcó una época, de dichos, refranes y decires. Po ello llenó su librería con sentencias que nos parecerían bufas y entonces tenían su sentido:

   -Si no tienes nada que hacer, no lo vengas a hacer aquí…

   -Quien se hace miel, se lo comen las moscas…

   Esos, y muchos otros que llenarían las páginas de un libro, como ella llenó las páginas de la historia del Madrid, mejor que de los libreros, de las libreras, por espacio de más de cincuenta años. Los que estuvo al frente de su vieja librería. La pudieron las nuevas tecnologías, como a todas, aunque resistió con ella hasta el fin del primer milenio, y arrancó el segundo, ya con sus achaques, hasta que el tiempo se la llevó por razón de edad.

 

Una mujer en el recuerdo

   Felipa, quien a muchos ayudó, y muchos más se esforzaron en el estudio por no escuchar sus consabidas broncas, murió en Madrid, de donde era si no de nacimiento, al menos de voluntad y hábitos de trabajo, puesto que en Madrid pasó más tiempo que en la Alcarria, a pesar de que a sus pueblos dedicó parte de su vida. A su natal de Loranca de Tajuña y al de adopción, donde iría su cadáver luego que fuese muerta, Yélamos de Arriba (Guadalajara), de donde era originaria la familia. En Yélamos, sin que muchos de sus vecinos lo llegasen en su momento a conocer, costeó numerosas obras de caridad. Allí siempre tuvo un rincón en el que “invertir” de alguna manera el dinero que ganaba en su librería madrileña. En Yélamos también quiso que sus ahorros fuesen restallando las heridas que en la iglesia dejó la guerra, o ayudando con libros a escolares y universitarios. Dicen quienes la conocieron y trataron que Felipa fue una mujer: “vanguardista, emprendedora, lideresa generosa, trabajadora incansable y posgraduada en ese completo máster que llamamos vida. Conseguidora de los títulos más inaccesibles, cualquier libro estaba inventariado en su memoria prodigiosa…”

   Y aún dicen de ella dicen más, que “como buena castellana, era de una gran austeridad, carente de ambiciones materiales, altruista, especialmente con aquellos clientes o estudiantes que conocía que se hallaban en dificultades económicas, prestándoles los libros que precisaban para que pudieran examinarse o en regalar bocadillos a aquellos que se encontraban en apuros. Por ello, su tienda era cita obligada para determinados colectivos, como estudiantes, proveedores y editoriales, con los que siempre mantuvo una excelente relación…”

   Tanto fue su mérito en vida que, en vida, recibió la gratitud de números madrileños, y por supuesto de hijos naturales de su provincia de Guadalajara. Pasando a ser parte de la historia del viejo Madrid. Tanto que años después de su muerte todavía se la recuerda. Siendo homenajeada a su tiempo por los cronistas madrileños y por los guadalajareños en Madrid, donde falleció el 25 de abril de 2002. Desde el día siguiente sus restos reposan a la eternidad en el cementerio de su casi localidad natal de Yélamos de Arriba.

   Más tarde, el Ayuntamiento de Madrid situó, sobre la fachada de la casa en la que trabajó y vivió la mayor parte de su vida, una de esas placas que hacen memoria de un tiempo vivido entre libros, papel viejo y letra de imprenta.

   Como que la vida es como la vamos escribiendo día a día y al final, al pasar la última página del libro en el que se va plasmando, encontramos el resumen que, desde la primera, andamos buscando. Pudiera ser lo que Felipa Polo Asenjo buscó y dejó para el futuro de su recuerdo.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 24 de abril de 2026


LORANCA DE TAJUÑA EN EL TIEMPO

LORANCA DE TAJUÑA en el Tiempo

 

   El pasado de LORANCA DE TAJUÑA (Guadalajara), es denso. Desde los tiempos primitivos a la actualidad, la historia ha ido pasando y dejando un poso inmenso en sus calles, sus personajes o su patrimonio.

   Forma parte de la Alcarria, a medio camino estuvo entre la actual provincia de Guadalajara y la de Cuenca, quedando incluida finalmente en el siglo XIX en la primera.

   Por aquí pasó Álvar Fáñez de Minaya cuando, junto al Cid Rodrigo de Vivar marchó camino de Valencia, y antes de ello reconquistó la Alcarria. Por aquí pasaron los Mendoza y en Jesús del Monte hicieron un alto los maestros jesuitas de Alcalá.

   Con concisión, las páginas siguientes repasan una importante parte de la historia, el costumbrismo y el patrimonio histórico de Loranca de Tajuña.

 

 

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SUMARIO GENERAL:

 

-I-

Loranca de Tajuña

Pág. 9

La Situación, la Geografía, los Orígenes

El partido de Pastrana

Demografía

Loranca de Tajuña en los manuales

Los Diccionarios

Algunos topónimos del término

Callejero tradicional

 

-II-

Entre los tiempos remotos, y la reconquista

Pág. 29

Páginas para la Historia

Alvar Fáñez de Minaya

Loranca de Tajuña, aldea de Guadalajara. Señorío de los Mendoza

 

-III-

Loranca de Tajuña, Siglo XVI

Pág. 53

Las Relaciones Topográficas de Felipe II

 

-IV-

Loranca, entre los siglos XVII y XVIII

Pág. 67

El Catastro de Ensenada

Un personaje del siglo, Manuel Justo Martínez Galiano

El Colegio de Jesús del Monte

 

-V-

Guerra por una Independencia

El Siglo XIX

Pág. 101

El 2 de mayo

Las guerras carlistas

 

-VI-

Loranca de Tajuña, entre el ayer y el hoy

Pág. 121

El Pósito

La asistencia médica y farmacéutica

Loranca de Tajuña s en los tiempos del Cólera

Zofra y ladra o hacendera (prestación personal)

La llegada del Siglo XX

La fiesta, en Loranca de Tajuña

En torno a los Mayos en Loranca

 

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