EL CABILDO DE CLÉRIGOS DE ATIENZA
Se convirtió en una de las instituciones más importantes de la
Serranía
Una de las instituciones más
representativas y de mayor poder económico en la comarca serrana de
Guadalajara, tras el propio obispado de la diócesis, fuese el desaparecido
Cabildo de Clérigos de Atienza, surgido como hermandad gremial en los últimos
años del siglo XII y que disminuido en funciones, poder y miembros, alcanzó
hasta los primeros decenios del siglo XIX. Su poderío, a más del que le dieron
sus propios fines religiosos, alcanzó a controlar tierras, casas, o industrias,
pues por tales se tenían los entonces imprescindibles molinos harineros o
batanes. Los testamentos eclesiásticos de los serranos, redactados bajo el
consejo espiritual de sus confesores, tanto como las inversiones clericales,
hicieron poderoso al gremio, que llegó a contar con un centenar de miembros, no
sólo centrados en la villa de Atienza, también en las poblaciones vecinas.
Su archivo documental es
probable que sea, al día de hoy, uno de los más importantes de la diócesis
seguntina, al margen siempre de los del propio obispado, comenzando por sus
ordenanzas, redactadas en pergamino en los últimos años del siglo XII o inicios
del XIII; tras ellas, decenas de documentos lo acompañan, desde los signados
por los arzobispos de Toledo, entre ellos Rodrigo Jiménez de Rada, en 1219 o
1221; a los del papado de Gregorio IX, de 1234 y 1250; de prácticamente todos y
cada uno de los obispos de Sigüenza; o de los reyes castellanos, comenzando por
Alfonso X, llegando a Carlos I y, por supuesto, de una parte importante de
quienes nacieron, vivieron y murieron en la Atienza, y su tierra, desde nueve o diez siglos atrás.
Su primitiva sede se ubicó en
la iglesia de San Pedro de Moncalvillo, desaparecida en el transcurso de la
guerra de los Infantes de Aragón, que prácticamente arrasó lo mejor de la
población en el verano de 1446; pasando con posterioridad a la Santísima
Trinidad, en la que, tras las obras de remodelación que le dieron el aspecto
actual a lo largo del siglo XVI, en una entreplanta ubicada sobre la sacristía,
a la parte posterior del templo todavía, gastada por el paso de los siglos, se
encuentra su sala capitular, que estudiase el cronista provincial Layna
Serrano: “De éstas, una pequeña hacía de
antesala, la intermedia con honores de pasillo alojaba el archivo eclesiástico,
y otra más amplia era la de juntas, proveyéndosela de severa sillería de tipo
coral que hoy se conserva (1945), y merece ser colocada en el templo de manera
que se luzca y aproveche; en tales estancias debieron celebrarse las sesiones
destinadas a asuntos de índole económica o corporativa en cuanto atañera a
incidentes o debates, pues las juntas para elegir abad o votar el ingreso de
nuevos capitulares previo juramento, tenían lugar en la iglesia de San Juan”.
En aquel siglo XVI levantarían
en torno a la que fue plaza Mayor de la villa, sus propias y representativas
casas de gobierno que, a través del tiempo, han llegado a nuestros días.
En torno al Cabildo
El Dr. Ángel Riesco Terrero, al
catalogar el Archivo de la Clerecía atencina en los últimos años de la década
de 1980, escribirá al respecto de quienes lo formaban: “La Clerecía de Atienza y su comarca, formada al principio por el
cabildo de párrocos-beneficiados y capellanes de la villa, con tal que estos
fuesen nacidos y bautizados en ella, más las cofradías y hermandades anejas a
sus iglesias y con el tiempo, un núcleo mayor integrado por prebendados y
rectores de las principales parroquias y capellanías del arciprestazgo que
acceden a la confraternidad ,mediante riguroso concurso oposición”.
En sus orígenes no debió de
tener demasiada trascendencia, el tiempo se la daría, principalmente a partir
delsiglo XIV, cuando la hermandad era ya poseedora de numerosos bienes e
incluso dictaba sus propias normas, manteniendo un abierto enfrentamiento con
los frailes franciscanos asentados desde tiempo atrás extramuros de la
población, los cuales tenían prohibido el acceso a la villa con cruz alzada. Para
entonces, aquel siglo XIV, sus miembros, en líneas del Dr. Riesco, cada vez más
numerosos y con mayor poder e influencia moral, económico-administrativa y
señorial, intentarán por todos los medios la exención máxima posible: real,
eclesiástica y señorial, de sus personas, bienes y haciendas y, en
consecuencia, la de su confraternidad mediante privilegios y fueros. Que se
cuentan, los privilegios y fueros, por decenas; reales, papales y obispales,
como ya apuntamos.
A sus primitivas ordenanzas de
finales del siglo XII o comienzos del XIII, en las que como es habitual en
estos tiempos miran hacia la vida espiritual y religiosa, uniéndose “a honor de Dios, de la Virgen y de todos los
santos, por la salvación de sus almas, las de todos los fieles difuntos, perdón
de sus pecados mediante oraciones y para obtener (gracias a la mutua ayuda)
defensa contra los enemigos y adversidades del siglo”, les sustituirán unas
nuevas a finales del siglo XIV o inicios del XV y a estas, cuando ya el
Cabildo-Hermandad había perdido no poco de su poder, las más recientes, datadas
en 1789.
Religión y negocio
Fueron los clérigos atencinos
promotores del mercado y feria de Atienza, “velando
eficazmente, junto con la justicia, por la paz y seguridad de compradores y
vendedores”, ya que en la afluencia de público a la villa se encontraban
parte de sus ingresos; ejerciendo al tiempo, como es habitual en estos siglos
en las instituciones religiosas, como banqueros, ofreciendo préstamos con los
que incrementar su patrimonio, cobrando el regulado interés del tres por
ciento, al menos durante el reinado de los Reyes Católicos, como lo continuarán
haciendo dos o tres siglos después.
Sin duda, también fueron
quienes instaron al obispo seguntino Lope de Haro a instituir la Cátedra de
Gramática que obligó a las poblaciones del Común a sostener a partir de 1269,
lo que igualmente nos da imagen de que, de alguna manera, velaron por la
cultura de los vecinos de la villa. En la misma que promovieron hospitales,
hospicios y fundaciones de caridad o asistencia.
Determinado día del año se
congregarían los capitulares en su primitiva sede, la iglesia de San Pedro de
Moncalvillo, provistos de sobrepelliz, para celebrar un solemne oficio de
difuntos. El cabildo se reuniría en comida fraternal dos días al año con motivo
de la festividad de San Lucas, quedando establecido en las Ordenanzas la ayuda
mutua, la caridad entre sus miembros, el socorro y, por supuesto, cierta
obligatoriedad de pertenencia al cabildo por parte de los clérigos de las
distintas parroquias a quienes a su vez les quedaba vedado enterrarse en el
convento franciscano. Así como asistir a entierros en él. Algo que únicamente
permitirían con posterioridad al siglo XVI, si bien doblando y en algunos casos
triplicando, el cobro de derechos.
Una institución en
el recuerdo
Su final se iniciaría en el
siglo XVIII, cuando gran parte de las familias hidalgas atencinas comenzaron a
abandonar la villa para establecerse en lugares más a propósito para sus fines:
Alcalá de Henares o Madrid, principalmente. De la misma manera que la
desaparición de algunas iglesias en el siglo XV mermó sus funciones. Al XVIII
llegarían con apenas una cuarentena de capitulares, que seguirían reduciéndose
en años posteriores.
El siglo XIX tuvo para el Cabildo nefastas
consecuencias, perdiendo en primer lugar parte de sus bienes personales
expoliados por las tropas francesas; posteriormente sus posesiones, casas y
tierras, a raíz de las leyes desamortizadoras de 1835, saliendo a subasta
pública sus pertenencias. Lo que de alguna manera originaría su disolución.
No obstante ello es, sin duda,
por poco conocida y emblemática, una de las instituciones más significativas de
la histórica Atienza, siempre por descubrirse.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva
Alcarria/ Guadalajara, 21 de agosto de 2026
ATIENZA DE AYER A HOY, IMÁGENES DEL PASADO Y DEL PRESENTE
ATIENZA DE AYER A HOY. IMÁGENES DEL PASADO Y DEL PRESENTE
La transformación de Atienza (Guadalajara), a lo largo del siglo XX, a través de la imagen.
Un libro de imágenes fotográficas que nos lleva al ayer y nos presenta, documentadamente, el hoy.
Fotos antiguas de Atienza (Guadalajara), y su versión actual, en el mejor libro de imágenes posible.














