viernes, octubre 09, 2026

JADRAQUE, CIEN AÑOS DESPUÉS

 

JADRAQUE, CIEN AÑOS DESPUÉS

Se cumplen cien años de la apertura de la central telefónica

 

     Don Alejo García Hernando fue tal vez uno de los maestros más populares que tuvo Jadraque a lo largo del siglo XX. A Jadraque llegó en 1913, después de pasar por Budia, y en Jadraque se quedó hasta que su trabajo, en 1933, le llevó a escalar posiciones y pasar a Guadalajara, donde ejerció, a más de como maestro, como Inspector de Primera Enseñanza; y en Jadraque, en el mismo espacio de tiempo, también ejerció de profesora su mujer, doña Lorenza Estremiana, con la que don Alejo contrajo matrimonio, en el mes de marzo de 1914, en Alhama de Aragón, donde entonces ejercía la docencia doña Lorenza, trasladándose a Jadraque al iniciarse el curso de aquel año.

   Don Alejo, en el mes de octubre de 1926, conociendo lo que estaba por llegar, puso a sus alumnos un ejercicio especial, la redacción de lo que ellos suponían que había de ser el teléfono, aquel aparato inventado a finales del siglo XIX del que tanto gustaron mujeres como la reina de Inglaterra o la Emperatriz de los franceses, Eugenia de Montijo.

   Y los alumnos, cumplieron, siguiendo los dictados de don Alejo, que fue presidente de la Asociación de Maestros de la zona y provincia y, también, cumplido corresponsal de prensa, para contar a la provincia lo que ocurría en un municipio que, a la fuerza, consideró como si fuese su pequeña patria natal. Aquí fue también concejal en su consistorio y, si lo hubiese querido, lo habrían votado como primera autoridad municipal cuando el año de 1923 amanecía. Por entonces se esperaba en Jadraque que la construcción de las nuevas escuelas nacionales se iniciase de una vez por todas, y nadie mejor que un maestro al frente del Ayuntamiento, para lograr el fin deseado. Cargo, el de alcalde, que don Alejo rechazó alegando sus años y estado de salud, a pesar de brindarse desde su concejalía para dar los pasos necesarios y allanar, o tratar de allanar los caminos antes las instituciones correspondientes. Don Alejo consiguió que, al menos de forma provisional, se creasen en 1924 las dos escuelas que Jadraque necesitaba con urgencia, una para niños y otra para niñas. El trabajo que impuso a sus alumnos aquel mes de octubre de 1926 consistía en levantar un acta imaginaria sobre la apertura de la Central Telefónica, por cuenta de la Compañía Nacional, que estaba por abrirse en la calle Mayor Baja número 16.

 

Una población en permanente progreso

   Jadraque había dado un importante paso hacia el futuro el 5 de octubre de 1860, cuando quedó abierta la vía férrea que desde Madrid llegaba hasta la villa del Cid, y que posteriormente continuaría hasta los Pirineos.

   A partir de aquella fecha a Jadraque comenzaron a llegar las novedades de la capital del reino; y también llegaron, a través de ferrocarril, los visitantes tanto como los veraneantes; ya que en aquellos lejanos tiempos del siglo XIX, e incluso hasta los primeros años del XX, los veraneantes no buscaban tostarse al sol sobre las arenas de la playa; sino sestear al arrullo de las alamedas circundantes de cauces de agua que, como Jadraque, y gracias al Henares, se lo podían permitir.

   A Jadraque llegó el Tren, y más tarde el telégrafo, la oficina de Correos o la Subalterna de Tabacos, ferias en mayo y septiembre, mercado los lunes, un casino de sociedad de recreo y los atractivos campestres bastantes para ser el punto de reunión de muchas distinguidas familias que, según parece, veranean deleitosamente a las orillas del Henares; que escribiría el famoso Médico y Pediatra don Manuel Tolosa Latour, uno de tantos visitantes.

   Por si todo lo anterior fuese poco, el 30 de enero de 1898, a Jadraque llegó también, como cosa de magia que aguardó con impaciencia el vecindario, la luz eléctrica, que desde la fábrica de harinas de don Antonio Botija, iluminó las noches de la villa.

 

Y el 4 de noviembre, el Teléfono público

   Fue 1926 año de numerosas inauguraciones provinciales, principalmente de escuelas; como para que de alguna manera los provincianos nos olvidásemos de los numerosos problemas que aquejaban al reino. Que, salvo en las grandes poblaciones, pasaban desapercibidos, puesto que a ellas no llegaban los medios de prensa, ni la radio; casi únicos que trasmitían las noticias; al margen de quienes, de forma ocasional, viajaban a las capitales y de ellas traían las novedades.

   Entre los artífices de que el teléfono público hiciese su entrada en Jadraque se encontraron don Santos Sánchez Rodrigo, administrador de la Compañía Telefónica en la zona, y uno de los personajes más activos, en cuanto a promoción provincial, que conoció Guadalajara en este tiempo. Don Santos, junto a personajes como el librero de Miedes, Balbino Cerrada, y algunos más, estuvo en el origen de la exaltación alcarreña a través del Día de Guadalajara de 1928; e incluso fue uno de los fundadores de la Casa de Guadalajara en Madrid, entre otras dedicaciones.

   Sánchez Rodrigo se encontraba entre quienes, aquel 4 de noviembre de 1926, acompañaban al cura párroco de Jadraque, don Lorenzo Heredia Malo, y a su Alcalde, don Ernesto Pérez Sanz quien, henchido de orgullo y satisfacción, tras la bendición del local por parte del Sr. Heredia, y tomando la palabra cedida por don Manuel González, subadministrador comarcal de la Telefónica, invitó al acompañamiento a dirigir la palabra, desde Jadraque, a cualquier punto de la geografía nacional, el corresponsal de prensa en Jadraque, entre los primeros en tomar el teléfono, marcó a la redacción de su periódico, Flores y Abejas, para saludar por vez primera vía telefónica a su director que, casualmente, no se encontraba en las oficinas. El corresponsal no era otro que don Alejo.

   Eran poco más de la cinco de la tarde, comenzaba a oscurecer, pero ello no evitó que el público de la población se concentrase en la calle Mayor para escuchar cómo, desde el interior del local, salían las voces de lata del Alcalde saludando, vía telefónica, al Gobernador Civil o al Presidente de la Excma. Diputación provincial quienes, por aquellos misterios de la vida, a través de unos cables que el mecánico don Francisco Cubero instaló, y que parecían correr de un lado a otro a través de una bien organizada red, ponían en contacto directo a Jadraque con Guadalajara en un santiamén.

   Después la fiesta, el Ayuntamiento invitó a autoridades y asistentes a un tente en pie, vino español o, como de decía en aquel tiempo, lunch, en el establecimiento de don Regino Alonso Rebollo, quien al año siguiente relevó en la alcaldía a don Ernesto. Y, al final, los brindis, en los que la palabra del Sr. Alcalde se alzó por encima de las demás, dando cuenta de que sí, que antes de aquel día ya podían comunicarse de alguna manera con el exterior, pero de muy limitada manera. A partir de aquel Jadraque se encontraba unido al mundo, vía telefónica.

   Se daba una circunstancia para la mayor alegría del pueblo: Jadraque no contaba con el número de vecinos que la Compañía Telefónica exigía para la instalación de la oficina; y tampoco era cabeza de partido, como pedía el Gobierno. Miel sobre hojuelas.

   A partir de entonces, la conferencia, desde la central, llegaría a ser habitual para cualquiera que quisiese hablar con sus familias de más allá.

   A don Alejo, quien recibió el homenaje del pueblo de Jadraque y sus alumnos el 27 de noviembre de 1966, y se le premió con la Encomienda y Medalla de la Orden de Cisneros en 1959, tanto como a sus alumnos, les resultaría inimaginable el conocer que, cien años después de aquello, cualquiera, desde Jadraque, pueda conectarse con cualquier lugar del mundo, a través de un aparto, telefónico, guardado en el bolsillo, y sin cables ni zarandajas…

  

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 9 de octubre de 2026


JADRAQUE, CRÓNICAS DE UN SIGLO

JADRAQUE, CRÓNICAS DE UN SIGLO


Fue, y sigue siendo Jadraque, uno de los pueblos más significativos de la provincia de Guadalajara, en parte debido a su impresionante castillo, titulado del Cid, levantado sobre lo que ha sido definido como “el cerro más perfecto del mundo”, entre otros por don José Ortega y Gasset, quien en Jadraque, junto a su padre, don José Ortega y Munilla, pasó parte de su infancia en la década de 1880.

La historia de Jadraque ha sido ampliamente tratada en sus aspectos generales por numerosos autores, que han dado a la imprenta títulos como “El Libro de Jadraque”; la “Historia de Jadraque y su Tierra”, “El castillo de Jadraque”, etc.

En ellos se ha tratado la historia desde los orígenes de la población hasta el presente, pasando por alto las noticias que hacen referencia a la población en general, a la gente cercana,  en los tiempos cercanos, que es de la que se ocupan estas “Crónicas de un siglo”, que en realidad es algo más de un siglo, casi dos, puesto que nuestras historias comienzan en 1807, con el informe jadraqueño del botánico Esteban Boutelou, y concluyen con la muerte del poeta José Antonio Ochaíta, el poeta que más relumbre dejó en la provincia de Guadalajara a lo largo del siglo XX.

Tres son los volúmenes que se  dedican a reseñar las crónicas de este tiempo, puesto que la base de estos libros son las crónicas escritas en prensa, revistas y publicaciones, en torno a Jadraque. Crónicas que nos dan cuenta de cómo ha ido transcurriendo la  vida de la población; la de sus habitantes; los sucesos grandes y pequeños; sus festejos; los de sus vecinos…

Cerca de mil páginas las que nos retratan el cambio que ha ido experimentando la población desde que el referido Boutelou nos pintase las tierras de Jadraque como uno de los pueblos más míseros que ha conocido, hasta la actualidad, en que se ha convertido en uno de los más representativos de la provincia de Guadalajara.

Trata el primer volumen los años que median entre 1807 y 1898. Los años de la Guerra de la Independencia; de las Guerras Carlistas; de la llegada del tren y todo lo que aquello supuso para la población, con la presencia en su estación de príncipes y reyes; y lo que aquello supuso para los cambios futuros: desde ser una de las primeras poblaciones en contar con iluminación eléctrica, hasta convertirse, tras pasar por una de las mayores calamidades posibles, la epidemia de cólera de 1885 que prácticamente diezmó la población, en un centro vacacional que reunió en sus calles a una parte importante de industriales madrileños. Un volumen por el que pasan nombres como el conde de Fabraquer, Bretón de los Herreros, Mariano José de Larra, Ortega Munilla, Micaela Silva... y tantos más.



Nos introduce el segundo volumen en la primera mitad del siglo XX, a través, principalmente, de las crónicas de quien fuese farmacéutico de la población don Jacinto Abós. Años que van desde 1899, cuando el pueblo de Jadraque adquiere el ruinoso castillo de los Mendoza, hasta que por Jadraque, de regreso a sus provincias, pasan los miembros de la Generalitat de Cataluña que meses antes habían proclamado la República Catalana, y fueron detenidos y llevados a Madrid, para ser después indultados. Comienzan en este volumen, las noticias de las gentes, y los apellidos, de las familias que han llegado hasta el día de hoy.



El tercer volumen, que comienza en 1939 y concluye en aquel nefasto mes de julio de 1973, con un epílogo que conduce al siglo XXI, nos habla de la recuperación de Jadraque tras los desastres de la guerra. De la reconstrucción de sus monumentos, de su castillo, de sus fiestas, de sus gentes, de sus personajes…




El conjunto de las tres obras es un compendio de la historia de Jadraque, por descubrirse, y necesaria, que pone al día la historia  de un pueblo por los que pasan sus  festejos, sus tradiciones, sus gentes; el ayer que ha conducido al hoy. Tres libros que se leen como si fuesen una novela de aventuras, puesto que la historia que se cuenta es toda una aventura. La del ser, y el haber sido de esta gran población.


sábado, octubre 03, 2026

SANTOS BOZAL CASADO, MÁS QUE UN MAGISTRADO

 

SANTOS BOZAL CASADO, MÁS QUE UN MAGISTRADO

Hijo del periodista Santos Bozal Moreno, fue uno de los pioneros del periodismo en Guadalajara

 

   Santos Bozal Casado llegó al mundo en Guadalajara en 1887, hijo del entonces funcionario del Gobierno Civil y periodista vocacional Santos Bozal Moreno, quien fue fundador en la capital provincial de uno de los periódicos de aparición semanal más populares de los últimos años del siglo XIX e inicios del XX: “La Crónica”, cuyo primer número vería la luz apenas dos años antes del nacimiento de nuestro hombre, el 22 de octubre 1885.






 

Los inicios literarios y jurídicos

   Influenciado sin duda por la afición literaria de su padre, Santos Bozal Casado se entregó a la literatura a muy temprana edad, iniciándose en el mundo del relato y del cuento en los primeros años del siglo XX, colaborando con cuentecitos y narraciones de poca extensión tanto en el periódico dirigido por su padre, como en algunos más de tirada nacional como El Diario de Alicante, El Defensor de Córdoba o la revista, editada en Barcelona, Álbum Salón; en cuyas páginas verían la luz algunos de ellos, a lo largo de 1907, cuando su firma comenzaba a ser habitual en “La Crónica de Guadalajara”, periódico o semanario que seguía los dictados políticos del Conde de Romanones. No faltarán sus colaboraciones en el también periódico provincial: “La Torre de Aragón” junto a los periodistas y escritores Claro Abánades y Ángel Monterde; formando parte del equipo de redacción en 1908.

   Llamado en un principio por la literatura y el periodismo se dedicaría en este tiempo a la prensa, al tiempo que llevaría a cabo estudios tendentes al ingreso en el Cuerpo de Vigilancia y Policía; trasladándose a Madrid en los inicios de la década de 1910 para seguir estudios de Derecho, que llevaría a cabo en la Universidad Central, licenciándose en el mes de junio de 1916, dejando atrás Madrid para instalarse en Guadalajara, en donde comenzará a ejercer la abogacía en el despacho profesional de su padre, en la calle de los Jáudenes. Compartiendo su dedicación al derecho con la literatura, puesto que no dejará sus colaboraciones en el periódico familiar, de cuya dirección se apartará su padre en 1915, pasando a dirigirlo el político y periodista, natural de Cifuentes, José Serrano Batanero, con quien Santos Bozal Casado codirigirá el semanario entre 1917 y su definitiva desaparición al año siguiente. Tras el cierre de “La Crónica”, Santos Bozal colaborará en alguno de los periódicos que se publican en la ciudad de Guadalajara, entre los que no faltan “Flores y Abejas” y “La Unión Alcarreña”. Integrándose en alguna de las sociedades existentes en este tiempo en la capital, entre ellas la Agrupación Mercantil de Guadalajara, de la que será Secretario bajo la presidencia de D. Antonio Sanz Vacas y vicepresidencia del también escritor y periodista Luis Cordavias Pascual, entre 1917 y 1919.

 

Manualista de oposiciones

   Regresará Santos Bozal entonces a Madrid, ocupando plaza de funcionario en el Cuerpo de Vigilancia; retornando nuevamente a Guadalajara en 1922.

   Para entonces había contraído matrimonio, en el mes de junio de 1920, con Antonia Gil Montero, hija de uno de los más populares industriales de la capital, y hermana del también escritor y periodista provincial Julián Gil Montero.

   A su regreso a la capital provincial se instalará junto a su padre, dedicado ya únicamente a su labor de funcionario en el Gobierno Civil, con quien dará a la imprenta una serie de “libros-programa”, para el acceso a oposiciones del funcionariado, tanto en los cuerpos de policía como en la administración del Estado. Con su padre ya había colaborado en 1920 en la edición del libro: “El Indicador Legislativo de Abastos”.

   Igualmente con la colaboración de su padre y del también funcionario, maestro y periodista, Jorge Moya de la Torre, dará a la imprenta en 1925 sus: “Contestaciones al programa para Secretarios de Ayuntamiento de 2ª Categoría”. Un año antes dio a la imprenta sus: “Apuntes de derecho e identificación ajustada al programa para las oposiciones al Cuerpo de Vigilancia”. En su producción preparatoria para oposiciones a la administración pública no faltan algunos otros manuales, como “Derecho e identificación”; “Derecho Municipal”; “Derecho Político Administrativo” y “Manual de Formularios Municipales”, en colaboración, este último, con su padre.

   Junto a Jorge Moya de la Torre, en el domicilio paterno, y con su colaboración, Moya de la Torre y Bozal Casado se dedicarán particularmente a la preparación de opositores a la administración.

   Santos Bozal Casado, en este tiempo, se verá también atraído por la política municipal, accediendo a presentar su candidatura en las elecciones llevadas a cabo en la ciudad en 1925 y 1926, logrando un acta de concejal y ocupando un puesto como segundo teniente de Alcalde de la capital de la Alcarria; quedando como diputado suplente en 1927 para la Diputación provincial. Encargándose en el Ayuntamiento de Guadalajara de la concejalía de festejos.

   No faltará su firma en los semanarios provinciales, incorporándose a la redacción del semanario “Flores y Abejas” en 1927, dando a conocer los entresijos de la historia de nuestra ciudad a través de los entonces poco conocidos archivos municipales; al tiempo que se prepara para su ingreso por oposición en la judicatura, logrando plaza de juez de Instrucción en el mes de julio de 1928.

 

Entre el juzgado y la magistratura

   Abandonará Guadalajara al año siguiente para encargarse del Juzgado de Primera Instancia de Sos del Rey Católico (Zaragoza), iniciándose a partir de aquí una nueva etapa en su vida, al compaginar la literatura con la judicatura. Ejerciendo posteriormente en Amurrio, Estepona, Arenas de San Pedro, Osma, Jarandilla (Cáceres), o Cartagena (Murcia), donde se vio sorprendido por la Guerra civil de 1936/39. Ocupando durante este tiempo, como escribiese su primer biógrafo, Sinforiano García Sanz, “el cargo de Capitán jurídico en el ejército de ocupación”.

   Durante su estancia en Cartagena vería la luz una de sus obras más populares: “Genio y Signo de la Rosa de los Vientos”, ensayo biográfico que recoge la historia y vicisitudes de la primera ambulancia marítima de la Cruz Roja Española salida del puerto de Cartagena, obra editada en esta ciudad en 1945. Con anterioridad, y centrada en su provincia de Guadalajara, había dado a la imprenta su obra: “Como las aguas del Tajo”, editada en 1940.

   En 1945 se despedirá de Cartagena, al ser nombrado para ocupar un puesto de magistrado en la Audiencia Territorial de Sevilla, en donde permanecerá el resto de su vida, sin dejar sus colaboraciones en la prensa de Guadalajara, escribiendo alternativamente en los dos semanarios que en este tiempo se publican: “Flores y Abejas” y “Nueva Alcarria”, con artículos en torno a la historia y personajes de la provincia, popularizándose como historiador del remoto pasado de la ciudad. En Sevilla escribirá su obra más popular: “El toro de Viandar”.

   Compaginará sus ocupaciones en los tribunales con la literatura, las charlas docentes y algunas conferencias en torno a la historia o personajes míticos como Rodrigo de Vivar; llegándole la muerte, de manera prácticamente imprevista, en Sevilla, el 31 de octubre de 1960.

   Casualmente, en el mismo número del semanario en el que en Guadalajara se daba a conocer su fallecimiento, publicado el 2 de noviembre de 1960, aparecía en el semanario “Flores y Abejas” su última colaboración, centrada en recordar sus años de concejal en el Ayuntamiento de Guadalajara presidiendo la comisión de fiestas. El artículo llevará el título de: “Las corridas de ferias”.

   Uno de sus hijos, Santos Bozal Gil, continuaría sus pasos en la magistratura, alcanzando a ser Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.

   Gentes de esta tierra que son seña de identidad más allá de nuestros confines.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria; periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 2 de octubre de 2026


NOMBRES PARA UNA LEYENDA DE GUADALAJARA

 

Nombres para una leyenda de Guadalajara

 

   Continuando con sus “Semblanzas de Guadalajara”, biografías y memorias de personajes que habitaron la provincia, el autor nos trae en esta ocasión una selección de nombres, de personajes, que fueron historia en la provincia de Guadalajara, cuyos hechos y vidas pudieran pertenecer al mundo de la leyenda.

   Son biografías y memorias de Lino Bueno Utrilla, que vació una roca para hacerse una “Casa de Piedra” en Alcolea del Pinar; de Mariano Barberán, que llevó a cabo el primer vuelo transoceánico a bordo del avión “Cuatro Vientos”; de José Serrano Batanero, defensor del Capitán Sánchez y de sí mismo; de Narciso Martínez Izquierdo, primer Obispo de Madrid, asesinado por el cura Galeote; de Wenceslao Argumosa, que ideó el monumento a los héroes del 2 de mayo en Madrid; de Luisa Bravo de Guzmán, que gobernó Lanzarote sin haber pisado nunca las islas; de Damián Sáez, un Obispo al que, tras su muerte, conservaron en una barrica de aguardiente; Bibiano Gil, un desconocido ermitaño que llegó a Cifuentes en vísperas de una Navidad; o de Benito Hernando, que puso cara al rey moro Boabdil en el famoso cuadro de la Rendición de Granada.

   Nombres y semblanzas que vieron su luz en el periódico Nueva Alcarria, de Guadalajara, en la página que el autor mantiene bajo el título de “Guadalajara en la Memoria” y que, en conjunto, nos ofrecen una serie de relatos dignos de conocer.

 

 

 NOMBRES PARA UNA LEYENDA DE GUADALAJARA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

 

Sumario:

 

LINO BUENO UTRILLA

El hombre de la Casa de Piedra

Pág. 9

 

JUAN BAUTISTA SACRISTÁN

El Obispo que salió de Maranchón

Pág. 16

 

MARIANO BARBERÁN

El héroe del Cuatro Vientos

Pág. 20

 

JOSÉ SERRANO BATANERO

El Crimen del Capitán Sánchez, y algunos más

Pág. 29

 

GABRIEL DE LA PUERTA Y RÓDENAS

Un sabio de Mondéjar

Pág. 39

 

MANUEL PÉREZ VILLAMIL

En la catedral de Sigüenza

Pág. 43

 

SINFORIANO GARCÍA SANZ

El Señor de las Botargas

Pág. 49

 

NARCISO MARTÍNEZ IZQUIERDO

Que fue el primer Obispo de Madrid, y nació en Rueda de la Sierra.

Pág. 58

 

WENCESLAO ARGUMOSA BOURKE

El hombre del 2 de mayo

Pág. 68

 

ANTONIO PEREZ DEL HIERRO

El villano de la historia

Pág. 73

 

ANTONIO ORFILA

El Señor de la Plata

Pág.78

 

LUISA BRAVO DE GUZMÁN.

La Cleopatra de aquí.

Pág. 85

 

PEDRO ESTEBAN GÓRRIZ

El Marqués de Hiendelaencina

Pág. 93

 

DAMIÁN SÁEZ SÁNCHEZ

Un Obispo en aguardiente

Pág. 99

 

JULIÁN SAINZ MARTÍNEZ, “SALERI II”.

El torero

Pág. 106

 

ROMÁN ATIENZA BALTUEÑA.

Un médico contra la epidemia, y mucho más

Pág. 112

 

CALIXTO RODRÍGUEZ GARCÍA

El Rey de la Resina

Pág.117

 

ANDRÉS ANTÓN SÁNCHEZ

El cantor de Iriépal

Pág. 123

 

URBANO ASPA Y ARNAO

El compositor de Sigüenza

Pág. 128

 

LORENZO ARRAZOLA GARCÍA

El primer caballero

Pág. 132

 

BIBIANO GIL

El ermitaño que llegó a Cifuentes en vísperas de Navidad

Pág. 136

 

BENITO HERNANDO ESPINOSA

Boabdil de Guadalajara

Pág. 140

 

LAUREANO CERRADA

El gran falsificador

Pág.145

 

EUSEBIO BALLESTEROS CERRADA

Y el hojaldre de Torrelavega

Pág. 150

 

JUAN DE DIOS BLAS MARTÍN

Y una ermita por amor

Pág. 155

 

LORENZO DE SERANTES

El Carcelero de Riperdá

Pág. 161

 

GUMERSINDO DEL MORAL

Mal llamado “Pocoseso”, de Brihuega

Pág. 166

 

JUAN FRANCISCO MARINA ENCABO

El Cid en los Tribunales

Pág.  172

 

PEDRO GORDO

Un mártir para Cantalojas

Pág. 179

 

FULGENCIO DE MIGUEL

El Concejal de los Chisperos de Madrid

Pág. 185

 

JOSÉ DE SALAMANCA

Esquilmando de las salinas provinciales

Pág. 191

 

FRANCISCO FERNÁNDEZ IPARRAGUIRRE

El Apóstol del Volapük

Pág. 197

 

JUAN BALLESTEROS

Los tiradores de Luzaga

Pág. 202

 

FÉLIX BADILLO Y RODRIGO

El Príncipe del retrato

 

Detalles del Libro

  • ASIN ‏ : ‎ B0C6C6263R
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 217 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8396105140
  • Peso del producto ‏ : ‎ 345 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.4 x 21.59 cm

 

 

NOMBRES PARA UNA LEYENDA DE GUADALAJARA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ





viernes, septiembre 25, 2026

BAILES, RONDAS Y MÚSICA POPULAR EN GUADALAJARA

 

BAILES, RONDAS Y MÚSICA POPULAR EN GUADALAJARA

El baile y la danza son partes importantes en algunas de nuestras celebraciones

 

    Tan sólo hay que echar un vistazo a algunos de los libros que nuestra provincia tiene dedicados a algunos aspectos de la tradición de nuestros pueblos para darnos cuenta de la importancia que tuvieron las danzas y los danzantes en las festividades de cada uno de nuestros municipios. No son pocas las páginas que nos hablan de ellas, si bien dos destacan por encima de todas, la una por la distancia del tiempo en que vio la luz: “Danzas, rondas y música popular en Guadalajara”, que en 1973 puso en manos de los interesados Antonio Aragonés Subero; la otra, “Danzantes de Guadalajara”, de Raúl Conde Suárez, aparecida en 2006.

 


Danzas, rondas y música popular

   Algunos autores se dedicaron, con anterioridad a los dos mencionados, a hablarnos de las danzas, las rondas o la música popular o tradicional, a su manera de entenderla, principalmente en la mitad del siglo XX, cuando estas tradicionales muestras de nuestro folclore comenzaron a ser vistas con buenos ojos, pues tiempo hubo en el que la mirada torcida de algunos sectores de la población las relegó a un segundo plano.

   Entre ellos no hemos de dejar de mencionar a Sinforiano García Sanz, quien ya nos dejó algunos rastros de ello en su “Cancionero de Guadalajara y su Geografía Popular”, que fue desgranando a lo largo de varios años a través de la prensa provincial y posteriormente se recopiló en dos obras, a través de la revista cultural “Cuadernos de Etnología de Guadalajara”, en 1993, y el libro en que se resumieron sus estudios: “Mi Obra”, que vería la luz en 1996 dentro de la colección literaria “Arriaca” de la Casa de Guadalajara en Madrid.

   Nombre a tener en cuenta en aquel tiempo, centrándose un poco más en el folclore, danzas y rondas molinesas será igualmente José Sanz y Díaz, cuya extensa obra se pierde a través de los anaqueles de las bibliotecas, siempre precisa de una revisión, por lo que muestra y descubre. Igualmente, Sanz y Díaz desgranó su obra etnográfica y tradicional a través de la prensa provincial.

   Sin que nos falte un nombre que, si bien siempre relacionaremos con la historia, también dedicó líneas al folclore, danza y tradición: Francisco Layna Serrano, quien a través de su obra, en libro y artículo de prensa, dejó imperecederos recuerdos de sus propias vivencias al calor de la danza, la fiesta o la música, con pasajes entrañablemente emotivos como se puede descubrir, principalmente, a través de la revista “Nosotros”, que también la Casa de Guadalajara en Madrid editó en los primeros años de la década de 1930; Layna Serrano también recogió algunos instrumentos musicales que posteriormente formaron parte de las colecciones del Museo Nacional de Artes y Tradiciones Populares, del que fue patrono.

   Sin dejar atrás la magnitud de la obra recopilatoria de Asunción Lizarazu de Mesa y su enorme “Cancionero Popular Tradicional de Guadalajara”, que, en sus tres tomos, legó a la posteridad provincial en 1995.

 

Aragonés Subero, y sus danzas provinciales

   El de Antonio Aragonés Subero es quizá uno de los primeros libros que la provincia de Guadalajara vio enteramente dedicado a este aspecto de nuestra tradición, anteriormente algunos autores, como Gabriel María Vergara, dejaron retazos a través de la Revista de Dialectología y Ciencias Populares. “La danza -nos decía Aragonés Subero- nace como una necesidad anímica del hombre, pero siempre acompasada por el ritmo de un movimiento originado por el día y la noche, por creencias, por luchas o por la plástica que impone la propia Naturaleza. Nace pues de la mano del ritmo sonoro, del mimetismo animal, de la melodía de un canto o un conjunto de cantos animales o humanos. Así pues, danza, ritmo y melodía se complementan”.

   Pasando a estudiar, o describir, en su obra, los danzantes y aspectos de danza que entonces teníamos a la orden del día, que para las décadas de 1950-60, cuando Aragonés Subero puso en orden su obra no eran demasiadas, y muchas de ellas confundidas en festividades, para mantener su permanencia.

   Por la obra desfilan los imperecederos danzantes de Galve de Sorbe, Valverde de los Arroyos, Valdenuño-Fernández, Utande, Condemios de Arriba; o las jotas de Molina de Aragón; las seguidillas de Horche; los boleros de Azuqueca; las serranas de El Cardoso; las Olivareras, de El Olivar; o las más que tradicionales del “Pollo” de Maranchón; “La Paletilla de Alcoroches”, o tantas otras muestras más.

   Por nuestra parte añadiremos, en torno al baile de la “Paletilla”, que esta fue costumbre de bodas en algunas poblaciones del entorno molinés de la que nos dejó cumplida reseña en 1923 quien fuese maestra de Valhermoso, Julia Ochaíta Muñoyerro, natural de Trillo y casada con el entonces maestro de la localidad, Francisco Rello. Maestra ella también puso letra a la tradición: “Después de suculenta comida, el pueblo todo se traslada a la plaza, y allí en original carrera pedestre, se disputan los mozos la pierna de un tierno cordero, mientras la novia va invitando a las mozas con torta de huevos y azúcar. Y con un animado baile, en el cual cada invitado ha de bailar con la desposada, terminan estas ceremonias tradicionales que acaso no estén exentas de poesía para las gentes sencillas del lugar”.

 

Danzantes de Guadalajara

   La obra de Conde Suárez nos acerca en el tiempo a los danzantes que ya, en los inicios del siglo XX, recorrían la provincia, manteniendo en unos casos la tradición, y recuperándola en otros.

   Por la obra vuelven a desfilar los danzantes de Valdenuño, los de la Virgen de la Hoz, Utande, Valverde de los Arroyos, La Huerce, Condemios, Galve y Majaelrayo, añadiéndonos sus cantos, su indumentaria y calendario festivo.

   La mayor parte de los grupos danzantes se hacen acompañar por un botarga, que aleja a los curiosos de los danzantes, al tiempo que los dirige y, al igual que las invernales del periodo carnavales, hace de las suyas.

   Al ritmo de la danza los bailarines nos irán trenzando cordones y, ante todo, como muestra llamativa de su repertorio, ejecutarán las danzas de paloteo o espadas, ampliamente estudiada por el insigne Julio Caro Baroja en su magnífico “Estío Festivo”.

   Costumbre imperecedera, al margen de los grupos de danzantes organizados en torno a un patrón local, o patrona, fue el que, en numerosas poblaciones, durante la procesión patronal, el pueblo dance por delante de la imagen, al ritmo que marca gaita y tambor; a cabo se llevan estas danzas en algunas poblaciones serranas, y ampliamente extendida está la tradición por las vecinas poblaciones de Soria, Segovia, Ávila y su aledaña Salamanca. Sin que nos falte la danza individual, ejecutada claro está por un solo danzante, en contraposición a los grupos; un danzante “que, como David, bailara”, ante el patrón o, generalmente, patrona, como nos afirmase Caro Baroja.

   La mayoría de los danzantes de Guadalajara se apoyan, a la hora de seguir el ritmo musical, en la dulzaina y el tambor, como recoge Conde Suárez, formando al propio tiempo parte de la cultura y tradición de nuestros pueblos. Claro está que los tiempos han cambiado, al igual que el modo de vivir y sentir nuestras fiestas, muy a pesar de que los sonidos, del entrechocar de los palos de los danzantes, de la gaita o del tambor, nos llevarán en muchos casos a volver la vista a través para, de alguna manera, encontrarnos con nuestro pasado, el de nuestros pueblos, hoy en silencio a lo largo del año, bulliciosos en torno a los danzarines.

   Como que la fiesta en torno al titular del municipio se festeja en todos sus ámbitos, y, especialmente, con danza y música.

  

   Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ periódico Nueva Alcarria, Guadalajara, 25 de septiembre de 2026


Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara

 

Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara

 

    La provincia de Guadalajara, sus pueblos, mantienen decenas de tradiciones enraizadas con su pasado histórico, folclórico y tradicional; algunas de ellas han pasado a pertenecer al calendario festivo.

   El autor rescata en este libro decenas de ellas que en ocasiones se confunden con la multitud de leyendas que jalonan los pueblos.

   Por las páginas de la obra desfilan las botargas; el toque de las campanas; el carnaval; la Semana Santa; las ferias; las romerías; los trajes tradicionales; las rondas; los danzantes; las tradiciones enraizadas con los difuntos; la matanza o la Navidad.

   En su mayoría son notas de folklore y tradiciones que el autor ha ido desgranando en sus artículos semanales en el periódico Nueva Alcarria, de Guadalajara, en el que desarrolla la página “Guadalajara en la Memoria” y que, en conjunto, conforman una serie de relatos que mantienen no solo la memoria, también la tradición etnográfica y folklórica de una provincia a través de sus tradiciones populares.

 

 


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SUMARIO:

BOTARGAS, PARA COMENZAR EL AÑO

 

ALARILLA: LA PRIMERA BOTARGA

 

EL NIÑO PERDIDO, DE VALDENUÑO-FERNÁNDEZ

 

SAN ANTÓN Y LOS SANTOS DEL FRÍO

 

LA BARBARIDAD DE HORCHE

 

LAS CAMPANAS DE SANTA ÁGUEDA

 

TIEMPO DE CUERNOS, DIABLOS Y CENCERROS

 

CARNAVAL, BAJO LA MONTAÑA SAGRADA

 

MEMORIA DE DON CARNAL Y SU SARDINA

 

LA PASIÓN, SEGÚN JADRAQUE

 

EL ROSARIO DE FAROLES DECRISTAL DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES, DE ATIENZA

 

LA CRUZ DE CRISTO, EN LA PROVINCIA DE GUADALAJARA

 

LAS SANTAS ESPINAS DE ATIENZA. EL GRIAL DE GUADALAJARA

 

LA SANTA ESPINA DE PRADOS REDONDOS

 

MAYO, DE CRUCES Y CAMPANAS

 

¿POR QUIÉN TOCAN LAS CAMPANAS?

 

LA ROMERÍA DE LA VIRGEN MIRABUENO

 

LA REINA DEL SEÑORÍO

 

LA MIGAÑA. LA FILA ROMA DE GUADALAJARA

 

EL DÍA DE LA ASCENSIÓN

 

MEMORIA DE UNAS FOTOS

 

BOINAS, GORRAS Y SOMBREROS.

 

LA IMPORTANCIA DE UN BUEN ALMIREZ

 

AGOSTO DE DANZAS Y DANZANTES, EN LA SERRANÍA

 

POR DECIR ¡VIVA SAN ROQUE!

 

EL ALTO REY SE VISTE DE ROMERÍA

 

UN SANTO EN EL CALENDARIO: SAN MIGUEL PAGADOR

 

TIEMPOS DE FERIA

 

HIENDELAENCINA

 

POR CANTALOJAS, DE FERIA

 

PARA MORIRSE COMO DIOS MANDA

 

ATIENZA, Y SU DANZA DE LA MUERTE

 

PAREDES DE SIGÜENZA, Y EL SECRETO DE SU CEMENTERIO

 

MAZUECOS Y LAS CALABAZAS DEL DÍA DE ÁNIMAS

 

DICIEMBRE, MES DE LA MATANZA EN LA SERRANÍA

 

NAVIDAD DE PASTORES, CENCERROS Y NOCHEBUENO

 

BUSTARES, NAVIDAD EN LAS ALTURAS

 

 

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