viernes, marzo 27, 2026

ALGUNAS TRADICIONES DE TORREBELEÑA

 

ALGUNAS TRADICIONES DE TORREBELEÑA

La Mozas Ramas, con la Virgen de Peñamira, y la del Cerro

 

   Fray Juan de San Frutos, franciscano que marchó a ejercer su ministerio a Filipinas y por tierras asiáticas falleció el 20 de junio de 1693, es uno de los personajes más salientes nacido en Torrebeleña, el 17 de mayo de 1652, cuando Torrebeleña pertenecía, como una buena parte de esta parte de la provincia de Guadalajara, al arzobispado y reino de Toledo. Marchó a Filipinas en 1682, para pasar poco después a tierras chinas, a Chang-Cheu, en la provincia de Xan-tung, donde se dedicaría a ejercer la caridad, adquiriendo tal fama de santidad que habiendo fundado un hospital para leprosos en Cantón, y muerto él, tanta estima se le tenía que a su entierro acudieron con cruces y estandartes cientos de personas que le consideraban como hombre de santas virtudes, pasando a ser uno de los Venerables de la iglesia católica.

   También en Torrebeleña, donde había nacido, murió don Manuel Cañamares Fernández el 24 de enero de 1897. Don Manuel, hombre de fortuna ganada con la agricultura y la ganadería, ligado al partido liberal, alcanzó estudios superiores, licenciándose en derecho y especializándose en Jurisprudencia, siendo durante algún tiempo a lo largo del siglo XIX, presidente de la Diputación provincial de Guadalajara. A Don Manuel también lo nombró la reina regente Comisario de Agricultura, Industria y Comercio, para la provincia de Guadalajara, en 1893.




 

La Virgen de Peñamira

   Se levanta la actual ermita de la Virgen de Peñamira en un paisaje que domina parte de la que fue Tierra de Beleña, en término de la vecina Muriel; antaño fue romería y devoción común a los pueblos de la comarca. La tradición oral, puesto que la escrita si es que existió desapareció, da cuenta de que la primitiva ermita o santuario se levantó en el lejano siglo XII o XIII, poco tiempo después de la reconquista y de que se apareciese en el lugar la imagen de la Virgen que fue reuniendo en romería a sus devotos. La misma tradición habla de uno de aquellos caballeros medievales que, tratando de pasar las aguas crecidas del Sorbe, y a punto de fenecer en el intento, se encomendó a quien con el tiempo fue patrona del lugar, que se le apareció para librarle del mal y el caballero, en agradecimiento, mandó alzar aquella sencilla capilla o devocionario que, con el tiempo, se convirtió en ermita de más altos vuelos. Ermita que, como la inmensa mayoría de las que se conocieron en esta tierra, y siendo lugar de refugio de pastores y peregrinos, permaneció, por si se daba el caso de necesitar amparo ante la tempestad o el crudo invierno, con las puertas abiertas.

   No se conservan imágenes de la primitiva talla de la patrona, que sufrió, como el edificio, las consecuencias de la Guerra de 1936, quedando a continuación prácticamente abandonada, a pesar de que con el tiempo sería modestamente rehabilitada; el tiempo y la despoblación añadieron su parte, más aún cuando en la década de 1970 se iniciaron definitivamente las obras de construcción del embalse o pantano de Beleña, proyectado ya en los inicios del siglo, como uno de los que habían de aportar caudal al entonces conocido Canal de Riego del Henares. La imagen primitiva, probablemente románica, fue sustituida en la década de 1940 por otra, al parecer de yeso o escayola que quedó en la ermita cuando esta comenzó a ser anegada por las aguas. José Ramón López de los Mozos, al alzar la voz cuando la ermita, en 1976, comenzaba a perderse bajo los escombros, anotará que: “La de Peñamira era una imagen románica que se custodiaba en la iglesia de San Miguel de Beleña…”. Iglesia de San Miguel que en este tiempo también amenaza ruinas.

   Las aguas cubrieron definitivamente el entorno entre los últimos y los primeros meses de 1982/83, anegando no sólo la ermita, sino que también lo hicieron con lo que quedó dentro, incluida la talla de la patrona, que se trató de rescatar en los primeros días de junio de 1983, a pesar de que, quienes se sumergieron en las aguas, no la hallaron, suponiéndose que se había desecho la escayola o yeso de la que estaba formada. Para entonces había comenzado a construirse la nueva ermita, a quinientos metros de distancia de la primitiva, a la que se trasladó la devoción.

   La nueva, con trazas distintas a la original, sería finalmente abierta al culto en 1997, algo más de diez años después de lo previsto. Regresando a la tierra de Beleña la romería de la Virgen de Peñamira, en el último sábado de mayo.

 

La Virgen del Cerro

   Patrona de la localidad, su festividad tuvo lugar tradicionalmente coincidiendo con la de la Virgen de Septiembre, el día 8; estando presente en su ermita, dominadora de un amplio panorama en una de las partes más altas del entorno, ermita ya existente en los primeros años del siglo XVI, y que será renovada en la década de 1940.

   El estudioso de la historia de Torrebeleña, Guillermo Yela Garralón, nos da cuenta de la celebración de la festividad, con la traída de la Virgen desde su ermita a la iglesia parroquial, donde tienen lugar los actos religiosos, antes de ser nuevamente devuelta a su lugar; si bien esta procesión de ida y vuelta es en parte simbólica. Siendo precedida la festividad por la tradicional novena, compuesta la actual por quien fuese párroco de la localidad, D. Calixto Sánchez Maldonado.

   Curiosamente, la Virgen del Cerro lució, desde poco después de mediar el siglo XIX, un manto que fue regalado por la reina Isabel II, conforme a las noticias que en aquel tiempo se hicieron circular, cuando corría el mes de febrero de 1864.

 

Las Ramas de Torrebeleña y el Niño Perdido

   Al respecto de las Ramas, o mozas de cuaresma, que aparecen por algunas poblaciones del entorno de la Campiña en las semanas anteriores a la Cuaresma con objeto de pedir dinero con el que mantener la cera y aceite del monumento cuaresmal, dejará escrito el estudioso Sinforiano García Sanz que: “No sé el origen que pueda tener esta costumbre cuyo objeto es pedir limosna para cera durante toda la Cuaresma”; hablándonos de las mozas ramas de Robledillo de Mohernando, su localidad natal, al tiempo que nos indica que también en Torrebeleña existe costumbre parecida, y tal vez por la proximidad de ambos lugares, sea del mismo origen.

   Que igualmente las hubo en tierras algo más metidas en la montaña, como Almiruete; grupos formados por tres mujeres generalmente, cinco en Torrebeleña, que con un ramo, de forma ovalada, adornado con cintas, medallas, cruces, abalorios, relicarios, miniaturas y tres ramitas de olivo en la parte superior, se dedican a llevar a cabo aquellas peticiones, al tiempo que entonan cantos relativos a la Semana Santa, siendo tradicionales en la comarca los que se refieren a la Pasión y muerte de Jesús, con títulos ampliamente conocidos, como la Baraja, o el Arado. En Torrebeleña salen por primera vez el primer domingo de Cuaresma, o domingo de Piñata.

   Entre sus obligaciones se encontraba la construcción y ornato del monumento, el miércoles santo, asistiendo a los actos del viernes de Pasión con el luto que acompaña la muerte y pasión de Cristo.

   Junto a la costumbre tradicional de las Mozas Ramas, se celebró, con idéntica o semejante puesta en escena que en algunos pueblos del entorno, como Valdenuño-Fernández, la fiesta del Niño Perdido, a continuación de la Epifanía, y en torno a la cual surgió la leyenda que fue recogida por algunos etnógrafos provinciales, entre ellos Sinforiano García Sanz, en “Los lobos del Carrascal”.

   Tradiciones y costumbres que llenan nuestro libro de etnografía provincial.

 

Tomás Gismera Velasco /Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 27 de marzo de 2026


TORREBELEÑA, EN TORNO A SU PASADO

 

Torrebeleña, en torno a su pasado

   Torrebeleña, o La Torre de Beleña, es uno más de los pueblos de Guadalajara, con una historia amena, y en muchos casos desconocida, a la que tratamos de acercarnos en las páginas siguientes. A través de las crónicas escritas, en muchas ocasiones, y siguiendo la línea de quienes antes, con mayor o menor extensión, se ocuparon de darlo a conocer, en la esperanza de que las páginas siguientes sirvan para que, en el futuro, alguien profundice un poco más en busca de sus raíces.

   Perteneció a la Tierra y Señorío de Beleña de Sorbe, al condado de Coruña y Vizcondado de Torija y mantiene un importante legado histórico, junto a las tierras de su entorno.

 

 

 

 

EL LIBRO DE TORREBELEÑA, (Pulsando aquí)

 

 

SUMARIO GENERAL:

 

-I-

LA GEOGRAFÍA DE LA TORRE DE BELEÑA

Pág. 9

 

La tierra y el entorno

Demografía. Evolución de la población

Torrebeleña en los manuales: Los Diccionarios

 

-II-

TIEMPO DE HISTORIA

Pág. 27

 

Tiempos antiguos

 

-III-

TORREBELEÑA,

ENTRE EL MEDIEVO Y LA MODERNIDAD

Pág. 39

 

Los Señores de Beleña, Condes de Coruña y Vizcondes de Torija, en el tiempo

El Venerable Fr. Juan de San Frutos

 

-IV-

TORREBELEÑA, SIGLO XVIII

Pág. 57

 

El Catastro de Ensenada

 

-V-

ELSIGLO XIX EN TORREBELEÑA

Pág. 77

 

El 2 de mayo

Las guerras carlistas

La vida municipal

En torno al Pósito

La asistencia médica y farmacéutica

Horno de pan cocer

Zofra y adra o hacendera (prestación personal)

El fin de un siglo

 

 

-VI-

Torrebeleña, crónica del siglo XX

Pág. 107

 

Notas de etnografía y folclore: Las Ramas de Torrebeleña y el Niño Perdido

La Virgen de Peñamira y la del Cerro

 

 

Apéndices

Pág. 119

 

La Leyenda: Los Lobos del Carrascal

Respuestas al Interrogatorio para el Establecimiento de la Única Contribución (Catastro de Ensenada)

 

 

Detalles del libro

  • ASIN ‏ : ‎ B0BRYZNQKP
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 143 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8372939523
  • Peso del producto ‏ : ‎ 245 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 0.91 x 21.59 cm

 

 

EL LIBRO DE TORREBELEÑA, (Pulsando aquí)

 

lunes, marzo 23, 2026

GASCUEÑA, ENTRE EL BORNOVA Y EL ALTO REY

 

GASCUEÑA, ENTRE EL BORNOVA Y EL ALTO REY

La que hoy es una población silenciosa fue, en el pasado, de las más industriosas de la provincia

 

   Acercándose ya a las cumbres del Alto Rey, Gascueña de Bornova, o de Jadraque, es al día de hoy apenas una sombra de lo que fue hace poco más de un siglo, cuando la minería de la plata en la comarca de Hiendelaencina cambió la fisonomía de campos, montes y caminos. Campos que se vieron horadados por la industria de la plata en busca de los mejores filones; montes que comenzaron a desaparecer, para utilizar su madera en los hornos de función y caminos que fueron transitados por decenas de aventureros en busca de una nueva suerte.




 

El ayer de Gascueña de Bornova

   No mucho es lo que puede conocerse del pasado remoto de una población surgida sin duda en los dos primeros siglos que siguieron al de la reconquista de esta tierra, después de que Atienza pasase a ser cabecera de una parte importante de la provincia de Guadalajara. Escritos hay que nos hablan de sus antiguos repobladores, teniéndolos unos por vascones (de vascueña: Gascueña), y otros por franceses que desde la tierra gala de su nombre llegaron aquí con quien fuese reina consorte de Castilla por mujer de Alfonso VIII, Leonor de Plantagenet, duquesa de Aquitania, en tiempos tan remotos de los que por aquí no queda otra memoria que la de las portadas románicas de las iglesias que han traspasado el pasar del tiempo; desde la propia de Gascueña de Bornova, a la de Bustares; pasando por la leyenda que se tejió y sigue vigente entorno a la cumbre que domina a ambas poblaciones, la de la ermita del Santo Alto Rey de la Majestad, cuyo ascenso año a año siguieron y continúan llevando a cabo los vecinos de la comarca con la llegada de cada mes de septiembre.

   El ayer de Gascueña de Bornova cambió cuando comenzaba a mediar el siglo XIX, en 1842, cuando se registraron por aquí los primeros yacimientos mineros en busca de una plata que forjaría fortunas; tras aquel primer registro, llevado a cabo por D. José Martínez en el cerro del Collado de Mati-Ybáñez, en término del vecino Villares, al que se dio el nombre de La Amistad, surgirían numerosos más, tras los que en 1844 diesen nombre y fortuna a don Pedro Esteban Górriz y compañía, después del nacimiento del sueño minero de Hiendelaencina.

 

Gascueña, y su pasado minero

   Tantas o más explotaciones que en Hiendelaencina, Alcorlo, Prádena o Villares, se registraron en suelo de Gascueña de Bornova, en el que si no los superó anduvo pareja en número de pozos como la vecina meca de la plata, con el aliciente de que Gascueña se encontraba entonces rodeada de montes y por su término discurría limpia y clara el agua que acompañó al río de la comarca, el Bornova, a cuya vera se levantaron los lavaderos del mineral, de la misma manera que se levantó andado el siglo el complejo de La Constante, que fue  pueblo  minero industrioso al estilo de los que levantaron los ingleses en otras partes de la tierra hispana.

   La Constante contó con casas para los mineros y para los oficiales, centros de ocio, de cultura y de religión. Sólo el tiempo y el agotamiento de los filones de la plata, o el costo de los materiales empleados en la extracción, dio al traste con aquel complejo industrial, modelo de su tiempo, del que salieron camino del mundo miles de kilos de una plata que transformó la comarca.

   Al día de hoy los restos de aquella ciudadela se pierden entre la maraña del monte, como un esqueleto de edificios roídos por los zarzales, en parajes de difícil tránsito y escondidos caminos.

 

Vascos, ingleses y franceses

   Fueron los ingenieros que dirigieron las explotaciones mineras de Gascueña, y el complejo de La Constante. Tal vez uno de los nombres que más sonó por estos pagos fue el de John Taylor, un inglés nacido en el condado de Holwell en 1808, asentado por aquí en 1845, año en el que sin duda, si no comenzó, sí que saltó al mundo la fama de La Constante, puesto que fue diseño y obra del propio Taylor quien, a poco de ponerse en movimiento, pondría al frente de la industria a don Guillermo Pollard, recién llegado de Méjico; hombre al que se define como alto, elegante, respetuoso y muy entendido en el tratamiento de los metales.

   El Sr. Pollard falleció en 1849 siendo sustituido por Juan Trenear, otro hombre de ciencias, a camino entre sus orígenes franceses e Inglaterra que llegó, como Pollard, y junto a él, desde Méjico, alcanzando bajo su mando, en la década de 1850, la fábrica La Constante, su mayor esplendor, unido al que en estos años gozaban las explotaciones mineras.

   Trenear sería sustituido por quien sin duda fue todo un personaje de leyenda en estas tierras, Eduard Rowse, otro inglés, nacido en Chasewater, en la misma tierra original de los Taylor. Rowse llegó a tierras de Gascueña con toda su familia, su mujer, Elisabeth, y sus hermanos Thomas y Anthony, y por estas tierras echaría raíces; en Atienza, nacería su hija, Anita Rowse, quien vivió y se educó en la villa, de donde partiría hacia la inglesa tierra de sus mayores en los primeros años de la década de 1880. Don Eduard Rowse sería protagonista de uno de esos incidentes que pasan al mundo de la novela negra, una especie de secuestro exprés cuando dirigiéndose hacia sus posesiones de Gascueña, al paso por Alcorlo sería retenido, quedando libre unas horas después, tras concertarse el pago de una importante suma de dinero como rescate, en metálico, que permitió días después dar con los bandoleros que lo llevaron a cabo, casi todos ellos de origen inglés.

   Sin duda, el último de los grandes hombres de la minería en Gascueña lo sería D. Benito Ibave Cortázar, quien pertenecía a una adinerada familia de origen vasco que echó nuevas raíces por esta tierra, en la que quedaron sus descendientes, y en donde fue recordado durante largo tiempo como hombre generoso y de acendradas creencias religiosas. Como que su estampa quedó grabada en el paisaje de esta tierra, acudiendo los domingos a los servicios religiosos a lomos de su caballo, que dejaba a la entrada de la iglesia, a la que dotó de algún que otro objeto de plata; dejando a su muerte instituida una capellanía de misas que llegó hasta la década de 1950. Don Benito casó con doña Agustina Martín Municio, natural de Condemios de Arriba. Asociado en un principio con Juan Arroyo García para llevar mancomunadamente la dirección de La Constante tras la venta de la compañía a finales de la década de 1870, sostendría un farragoso pleito con este y los ingleses Walter Herbert Ingran y Gerald Perey Viviam Aylmer, sustentado en los juzgados de Atienza en 1883 que terminaría dejando la empresa en sus manos, tras el sucesivo abandono de aquellos.

   En Gascueña fundó don Benito el Sindicato Agrícola; y descendientes suyos fueron, en Cercadillo, hábiles industriales de la sal, a través de las salinas del Gormellón.

   Con su muerte en 1914 se cerraba no sólo una página, tal vez de las más importantes de la historia de Gascueña de Bornova en los últimos siglos; también una gran parte de la historia de la minería de la plata en la provincia de Guadalajara.

   Hoy Gascueña de Bornova apenas es una sombra de lo que ayer fue, sin embargo la belleza del paisaje que rodea la población es merecedor, sin duda, de la visita, y, por supuesto, de la memoria.

 

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 20 de marzo de 2023


GASCUEÑA DE BORNOVA

 

 GASCUEÑA DE BORNOVA



Gascueña de Bornova se asiento en las faldas de la montaña  sagrada por excelencia de la provincia de Guadalajara. El Santo Alto Rey de la Majestad. Su fundación se remonta  a la Reconquista Cristiana del territorio,  figurando en  documentos del siglo XIII, que nos dan cuenta de una existencia anterior.

En las páginas siguientes nos adentramos en su ayer y su hoy; su historia, sus gentes y su siglo minero.

 

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SUMARIO:

 -I-

LA GEOGRAFÍA

Pág. 9

 -II-

La Historia

Pág. 23

 -III-

La Edad Media

Pág. 31

 

-IV-

La Edad Moderna

Pág. 41

 -V-

El siglo XVIII

Pág. 49

 -VI-

El Siglo XIX

Pág. 57

 -VII-

Crónica del Siglo XX

Pág.75

LA MINERÍA DE LA PLATA, EN GASCUEÑA

Pág. 87

 

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EL LIBRO:

  • ASIN : B08WYG54CX
  • Editorial : Independently published 
  • Idioma : Español
  • Tapa blanda : 117 páginas
  • ISBN-13 : 979-8711544920
  • Peso del producto : 209 g
  • Dimensiones : 13.97 x 0.69 x 21.59 cm

 

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viernes, marzo 13, 2026

DEMETRIA LEAL, LA POETA DE BRIHUEGA

 

DEMETRIA LEAL, LA POETA DE BRIHUEGA

So obra: Hay un jardín en la Alcarria, la consagró en 1984

 

  Don José Jara Ortega, poeta briocense que se ganó la vida en Madrid, entre otras dedicaciones, como Procurador de los Tribunales, ejerciendo en ratos ociosos como poeta y contador de historias, fue tal vez uno de los primeros autores que dedicó un amplio espacio a glosar la obra poética de Demetria Leal y de quienes, desde Brihuega, salieron al mundo de la poesía para cantar los encantos de una tierra. El Jardín de la Alcarria, que ya rotulaban en sus obras cuando el siglo XX comenzaba el final de su andadura. Don José Jara, hijo de quien fuese secretario municipal de la villa, don Emilio, aprendió a caminar con una sola pierna, la derecha. La izquierda la perdió el 9 de septiembre de 1918 junto a la puerta de San Miguel de su Brihuega natal, cuando trató de subirse al carro de los Riaza, tropezó al hacerlo, cayó y una de las ruedas le pasó por encima, procediendo los médicos a su amputación. Contaba don José con siete años de edad; a pesar de ello estudió y ejerció el Magisterio y terminó su vida profesional, como decíamos, como Procurador de los Tribunales, al tiempo que administrador de un conocido condado provincial. Don José falleció en Madrid, en los últimos días de diciembre de 2003, a los noventa y cinco años de edad y marchó a descansar a las tierras que administraba. Cuando le amputaron la pierna apenas le daban unos meses de vida.

   Años antes de pasar a la historia nos legó una de sus mejores obras. Su: “Antología de Poetas Briocenses”, que vio la luz a través de los Cuadernos de Etnología de Guadalajara, en 1991.

   Por las páginas de la obra desfilan Matías Dioz, El Mona, Aurelio González “el Pelos”, Cepero “el Cavila”, María Victoria Viejo, José Magaña, Antonio Ruiz, Antonio del Cerro, Adelardo Caballero, Saturnino Ortega y Demetria Leal; poetas que don José conoció. Sazonadas las páginas poéticas con los recuerdos del chiquillo que corrió las calles de Brihuega con una sola pierna.



 

Demetria Leal Sanz

  En Brihuega nació Demetria Leal Sanz, el 2 de abril de 1912, siendo bautizada en la iglesia de San Miguel, a la que pertenecía, como residente en la calle de las Armas en la que su padre regentaba una zapatería; llevando a cabo en Brihuega sus primeros estudios, en el colegio de las Monjas Bernardas de la localidad. Dándose a conocer como hábil poeta con poco más de veinte años de edad, en 1926, en su propia localidad, recitando versos con motivo de los festejos populares de la Virgen de la Peña de Brihuega, cuya localidad estará presente en su larga trayectoria. Y a la que cantará poéticamente en todas sus facetas, monumental, histórica o urbana.

   El traslado de la industria familiar a la localidad de Tarancón (Cuenca), hará que Demetria se afinque en la localidad conquense en 1943, cuando ya se encontraba casada con el hijo de uno de los industriales más prestigiosos de la capital alcarreña, don Luis Domenech, titular de uno de los mejores comercios dedicados a los tejidos y la paquetería, ubicado en la Plaza Mayor. Demetria, con su marido, don José, llegarán a ser personajes populares en Tarancón, participando a partir de entonces en la vida cultural de la localidad.

   No sólo a la poesía, también al relato histórico dedicará tiempo Demetria Leal, centrando la mayor parte de sus trabajos en la historia de Brihuega, en torno a la cual escribirá la novela de este género, mitad en prosa, mitad en verso: “La Alcarria en el siglo XI” (Guadalajara, 1961), obra que fragmentada dará a conocer a través del semanario Flores y Abejas de Guadalajara.

 

Una obra de premio

   La obra literaria de Demetria Leal Sanz será galardonada con diferentes premios de poesía y narrativa, como el obtenido en 1956 con motivo de la festividad de la Virgen de la Paloma, de Madrid; participando en numerosos más, como el de poesía patrocinado por la Diputación Provincial de Albacete en 1960, al que concurrirá con la obra: “La tierra tiembla”, así como al patrocinado por la Diputación Provincial de Guadalajara en homenaje al periodista José de Juan García, en 1973, origen de los premios provinciales de periodismo.

   Al tiempo colabora con los principales medios periodísticos de la provincia de Guadalajara, entre ellos los semanarios Flores y Abejas y Nueva Alcarria, en su conocida sección: “Alcarria Poética”.

   En ellas siempre tendrá presente, directa o indirectamente, una línea, o recuerdo, para cantar a la Brihuega de su nacimiento.

   Será asidua colaboradora de la revista cultural “Malena”, de su localidad de residencia, Tarancón, desde la fundación de la revista en 1981, en la que desarrollará la sección: “Retrotraer el tiempo”. Su firma y poemas tampoco faltarán en el Boletín “Arriaca”, de la Casa de Guadalajara en Madrid; así como en la revista de su localidad natal: “Gentes de Brihuega”; de manera ocasional también lo hará en el “Boletín de la Real Academia Conquense de Artes y Letras”; así como en la Revista de la Semana Santa de Daimiel (Ciudad Real). Tampoco faltará su firma en los programas festivos de Tarancón, a partir de 1965.

 

Hay un jardín en la Alcarria

   Su obra más significativa será: “Hay un jardín en la Alcarria”, dedicada a su natal Brihuega, que verá la luz en 1984, a pesar de que recorre las páginas periodísticas desde 1981, será pública y literariamente presentada a través de la Casa de Guadalajara en Madrid, en el mes de marzo de 1985, recibiendo el aplauso del mundo cultural de la provincia, y destacándose como uno de los libros líricos más reconocidos de Brihuega.

  Su lírica, a partir de aquí, irá en aumento, compaginando su vida familiar con la poética y literaria, que la llevarán a que el pueblo de Brihuega le rinda homenaje, agradeciendo el conjunto de su obra a la localidad, en el mes de julio de 2005, cuando los años comienzan a pesar; mientras que en Tarancón, y con motivo de la publicación de su libro: “Un rato con los niños”, recibió el homenaje de su Ayuntamiento.

   Igualmente, su localidad de residencia, Tarancón, dará su nombre a una de sus calles. Publicándose tras su fallecimiento algunos poemas de su autoría que permanecían inéditos, conformando los poemarios “Poemas al viento”, que vería la luz en 2012; “El niño que subió a la luna” (2009); así como “El libro del pensamiento” (2007).

   Demetria Leal Sanz fallecería en Madrid, el 25 de octubre de 2006, siendo sepultada en Tarancón (Cuenca); poco tiempo después; con motivo de la Semana del Libro de Tarancón, celebrada en el mes de abril de 2007, la localidad tributaría un gran homenaje póstumo en su memoria reconociendo su larga trayectoria literaria. Mientras que la Revista Malena dedicaría a homenajear su figura la editada en el mes de abril de 2007.

   Por Brihuega todavía resuenan sus versos:

 

Brihuega, pueblo querido,

alegría de la Alcarria,

coronado de laureles,

y cercado de murallas…

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria; Guadalajara, 13 de marzo de 2026


BRIHUEGA, CRÓNICAS DE UN SIGLO

 

A través de tres volúmenes: “Brihuega en los tiempos del cólera”; “La Razón de un Centenario” y “Brihuega Monumento Nacional”; el autor nos introduce en la historia de Brihuega, a través de crónicas y textos, de los último, prácticamente, doscientos años.

 Dan inicio las crónicas en 1808, coincidiendo con la declaración de Guerra que llevó a la de la Independencia, dándonos cuenta de todos los pormenores que, de relativa importancia, suceden en Brihuega a lo largo del siglo XIX, entre 1808 y 1894, a los que se dedica el primero de los volúmenes, dejando un amplio relato de los avatares que llevaron a Brihuega las epidemias de cólera que se sucedieron a lo largo del siglo.

 Entre 1895 y 1920 transcurre el segundo volumen, en cuyo tiempo se conmemorará de manera significativa el segundo centenario de las batallas de Brihuega y Villaviciosa, en 1710.

 En el tercer volumen, el autor nos conduce a través de cincuenta años de la historia del siglo XX, desde la Coronación de la Virgen de la Peña, a la declaración de Monumento Nacional de la Villa de Brihuega en 1973, dejando constancia de gran parte de los sucesos habidos en este tiempo.

    Crónicas, sucesos, biografías, historias grandes y pequeñas, se resumen en las, prácticamente mil páginas, que completan los tres volúmenes a través de los que conoceremos, con la crónica del tiempo, y sus cronistas, el devenir de una población a lo largo del tiempo que recorren.

    Las “crónicas” que siguen, y que son parte de la historia de Brihuega a lo largo del siglo XIX han sido tomadas de la prensa, publicaciones, revistas y libros que se referencian. Entre los que no se hace mención, dado su elevado número son, principalmente, los semanarios de Guadalajara, publicados desde finales del siglo XIX, Flores y Abejas (a partir de 1894); Atienza Ilustrada (desde 1898); Boletín Eclesiástico del Obispado de Sigüenza (desde 1859); Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara (desde 1834); Crónica de la Exposición Provincial de Guadalajara (1876); La Educación Popular (1896); La Ilustración (desde 1893); Revista Popular (1890); La Crónica (desde 1897); así como la Gaceta de la Regencia; La Gaceta Oficial de España, y los numerosos diarios y semanarios publicados, principalmente, en Madrid.

   Cuanto se publica en letra menuda o cursiva es tomado textualmente de las noticias, crónicas, libros e informaciones a las que se hace referencia.

   Todas ellas sirven para componer lo que bien podría denominarse: “Historia de Brihuega, del siglo XIX y XX”.

   Son las vivencias de las gentes sencillas, de nuestros abuelos, de sus padres. La historia de las gentes cercanas cuyos apellidos nos llegan, y nos suenan. La historia de los nuestros; y la transformación y adecuación a los tiempos modernos de una industriosa población

 

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Sumario General:

BRIHUEGA CRÓNICAS DE UN SIGLO (I)

BRIHUEGA EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA

(1808-1894)

-I-

Una guerra para comenzar un siglo

Pág. 9

Juan Martín, el Empecinado; Brihuega en guerra

 

-II-

El trienio liberal

Pág. 41

Brihuega industrial; Los Cien Mil hijos de San Luis; En busca de una capital de provincia; Brihuega en un Diccionario, el de Sebastián Miñano, de 1827

 

-III-

Isabelinos y Carlistas

Pág. 73

Joaquín Béjar, Padre Eterno; Y los peligros de salir al camino…; Brihuega 1834: La guadaña de la muerte; Brihuega, 1838; José Cobeño

 

-IV-

Entre toros y telares

Pág. 105

Brihuega en un Diccionario, el Madoz; La feria de Brihuega; e la vida ordinaria; El crimen del Barbero; La Borriquilla; Y, de nuevo, la visita del cólera

 -V-

El buen Gobernador

Pág. 157

Matías Bedoya, el buen Gobernador; El cólera de 1865: La epidemia negada

 -VI-

Un Caballero de Brihuega

Pág. 189

Luis María Pastor. Un ministro en Brihuega; La gran tormenta

 -VII-

La Brihuega de Celso Gomis

Pág. 227

Fernando Sepúlveda y Lucio: La Ciencia en Brihuega

 -VIII-

Miel de la Alcarria

Pág. 245

El crimen de los serenos; José Sepúlveda y Lucio; La última noche de Manuel Parra, el de Valdearenas; Gumersindo del Moral; “Pocoseso”; Fernando Manzano Pastor: La primera zarzuela; Camilo Pérez Moreno; Entre la Historia y la Prensa; Miel de la Alcarria

 

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BRIHUEGA:

CRÓNICAS DE UN SIGLO (II)

LA RAZÓN DE UN CENTENARIO

(1895-1920)

 -I-

Los desastres del 98

Pág. 9

Felipe de Diego y Esteban. La Medicina en Brihuega; Enrique Pastor Bedoya. Alverico Perón; El engendro; Sin Perdón. El reo de Valdegrudas

 -II-

San Felipe en llamas

Pág. 61

¡A los toros de Brihuega! ¡Que torea La Reverte!; ¡A las eras!; San Felipe en llamas

 -III-

Fe y Tradición

Pág. 125

Jesús Gómez Marlasca

 -IV-

La razón de un centenario

Pág. 153

Don Antonio Hernández López; Juan-Catalina García López. El primer Cronista

 -V-

Misión cumplida

Pág.  207

 -VI-

Brihuega y su Partido

Pág. 235

Justo Hernández Gómez. La herencia de un apellido

 -VII-

José Jara Ortega

Pág. 255

Eugenio Bartolomé y Mingo, el gran pedagogo

 

 

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BRIHUEGA

CRÓNICAS DE UN SIGLO (III)

BRIHUEGA MONUMENTO NACIONAL

(1921-1973)

-I-

Un hombre sabio

Pág. 9

Justo Sanjurjo y López de Gómara, un cónsul para Brihuega; Antonio Pareja Serrada, el historiador de Brihuega

 -II-

Tiempo de silencio

Pág. 39

Eduardo Contreras. El hombre de los mil sueños

 -III-

La fiesta de la Coronación

Pág. 69

La Sociedad Benéfica y de Fomento Briocense

 -IV-

Brihuega en Guerra

Pág. 115

El Comercial, el café más alcarreño de Madrid; Pedro Marlasca Riaza. La Filarmónica de Brihuega: El Castillo de Brihuega, de Francisco Layna Serrano; Ramón Casas Caballero. Alma de Brihuega; Luis del Río y Lara. Un Académico de Medicina en Brihuega

 -V-

Los años del hambre

Pág. 171

 -VI-

El Jardín de la Alcarria

Pág. 217

Vicente Riaza, el barítono de Brihuega

 -VII-

Brihuega, Monumento Nacional

Pág.253

La feria de Brihuega, en sus últimos años; Ramón Medina Ortega. El Cantor de Córdoba; Jesús Cabezudo Barragán: ¡Suene la Banda!;Juan Elegido Millán: El Profesor Max

 

 


BRIHUEGA EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA

  • ASIN ‏ : ‎ B0CNH746P4
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 297 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8867810696
  • Peso del producto ‏ : ‎ 517 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.91 x 22.86 cm

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LA RAZÓN DE UN CENTENARIO

  • ASIN ‏ : ‎ B0CNH6V8LF
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 290 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8867812669
  • Peso del producto ‏ : ‎ 503 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.85 x 22.86 cm

 

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BRIHUEGA, MONUMENTO NACIONAL

  • ASIN ‏ : ‎ B0CNH87412
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published  
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 298 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8867814045
  • Peso del producto ‏ : ‎ 517 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.91 x 22.86 cm 
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