viernes, febrero 13, 2026

CARNAVAL DE BOTARGAS Y ENMASCARADOS ALCARREÑOS

 

CARNAVAL DE BOTARGAS Y ENMASCARADOS ALCARREÑOS

Otra imagen del carnaval provincial

 

   El carnaval es tiempo de inversión, de confundir lo blanco con lo negro. Reír las penas transformándolas en alegrías, como escribiese el etnógrafo López de los Mozos. Atronar y, si llega el caso, molestar. Cosa que no gustó a nuestras autoridades civiles y eclesiásticas tiempo ah; de ahí que sacasen un estricto reglamento por el que se anunciaba que: “Próxima la fiesta de Carnaval, que si por su índole bulliciosa y expansiva permite alguna mayor libertad que la acostumbrada a los que toman parte en aquella, no puede sostenerse, sin embargo, que sea motivo de molestias para nadie y menos de que, a su amparo, se cometan verdaderos atropellos en pugilato de desatenciones, descortesías y mal intencionados actos rayanos, unos en lo grosero y en lo indecoroso otros, actos todos estos que no pueden escudarse, como se ha indicado, en el bullicioso y expansivo carácter de la fiesta”. En evitación en lo posible de esas consecuencias, quedaba regulado y prohibido los disfraces con uniformes, arrojar confeti al rostro, recogerlo del suelo para lanzarlo de nuevo, y, en general, emplear cualquier objeto que pudiese molestar al público.

   Claro está que en aquellos tiempos el público se decantaba más por el carnaval a la veneciana, con trajes de etiqueta y máscaras de ilusión que se lucían en bailes y casinos de sociedad, principalmente. Y quienes no disponían de caudal para ello salían a la calle echándose encima el primer trapajo o piel de carnero, que encontraban por la casa.

 


Prácticas de carnaval

  Y es que las prácticas carnavalescas conllevan una serie de acciones que a través de distintos personajes afines a éstos días se han mantenido: arrojar pelusa, ceniza, paja o harina; quemar trastos viejos; correr gallos; mantear animales, principalmente gatos y perros;  producir ruidos e incluso centrar las iras en un ensañamiento con determinadas personas, generalmente dispuestas para asumir el papel de víctimas y cargar con las culpas de una sociedad que se ve de esa manera liberada de faltas.

   Toda esta serie de actos llevaron a que a partir del siglo XVI se tratase de reconducir manteniendo la fiesta y anulando personajes, excesos y burlas, sin contar que hubo reiterados intentos para terminar con unas manifestaciones que eran consideradas como desorden colectivo. Carlos I en 1523; Felipe V en 1717, 1745 y 1746, y Carlos IV en 1797, entre otros, promulgaron medidas destinadas a impedir su desarrollo, aunque fue mucho más numerosa la legislación municipal en esta materia.

   La jerarquía eclesiástica, desde la Baja Edad Media, combatió los festejos populares centrados en este período como supervivientes de rituales paganos contrarios a la doctrina de la iglesia y por supuesto, en menoscabo de ella.

   Más recientemente, durante el largo periodo que medió entre 1937 y 1977, el carnaval y sus manifestaciones estuvieron prohibidos mediante la orden de 3 de febrero de 1937 dictada en Burgos y ratificada en Madrid el 22 de febrero de 1940, mediante la cual: queda prohibido el uso en la vía pública de disfraces, caretas y demás prendas de carácter similar, así como la organización de bailes o reuniones cuya modalidad tienda a conmemorar tales fiestas, quedando excluidas de la prohibición los bailes o reuniones que celebren aquellos centros que los organizan habitualmente, siempre que en ellos no se haga especial alusión al carnaval, así como los de trajes regionales, sin antifaz. La orden era recordaba año a año, por el Gobernador Civil de cada provincia todos los meses de enero.

   Por otra parte, los excesos también se regularon. Principalmente en los inicios del siglo XX, al menos para la provincia de Guadalajara, haciendo que algunas de aquellas acciones que trataban de humillar; así como cierto maltrato a los animales desapareciese o se reconvirtiera en otro tipo de actuación. De ahí la circular del Gobierno civil de Guadalajara de 22 de febrero de 1911 en la que acotaba los excesos y ponía las correspondientes penas de prisión, calabozo o multa, a los infractores.

 

Botargas y enmascarados alcarreños

     Así pues, las sucesivas prohibiciones y la consiguiente despoblación desterraron de numerosos de nuestros pueblos la costumbre ancestral de aquellos personajes que, pasado el tiempo, por estos días, y desde los pasados navideños, nos vienen a visitar, puesto que se ha demostrado la identidad del carnaval con otras festividades invernales: San Nicolás, Santos Inocentes, Reyes, San Antón, Candelaria, San Blas o Santa Águeda. En todas ellas se repiten actos similares: libertades y bromas; peticiones de aguinaldos; y ante todo las máscaras, las que nos traen representaciones y burlas que llevan en muchos casos añadida la tentación; el intento de romper las normas y por supuesto saltar la barrera de lo prohibido entregándose por unos días al exceso antes de entrar en la penitencia impuesta por la cuaresma que nos llega. Algunas fiestas son incluso comunes a las que se celebraban en otros períodos del año como herederas de hábitos que tuvieron asiento en nuestros pueblos.

   Por lo que se refiere al carnaval propiamente dicho son muchos los estudios que le dan unas fechas fijas, determinadas en unos pocos días o llegando incluso a semanas: las anteriores a la Cuaresma; situando su inicio en el jueves llamado gordo, lardero o de comparsas, según las zonas. En algunos puntos de Guadalajara bien puede decirse que tiene su comienzo en los días posteriores a Navidad, fechas en las que hacen aparición las primeras máscaras (botargas) para terminar generalmente en las vísperas previas al Domingo de Ramos, día en el que siguen manteniéndose costumbres acordes a estas jornadas.

   En localidades, especialmente de las serranías del Ocejón y Alto Rey vieron éstos mismos personajes los días de Navidad, con anterioridad y después de la Misa del Gallo integrando comparsas de mozos. En algunas poblaciones ha desaparecido totalmente y en otras se han ido ajustando a festividades diferentes: San Sebastián, San Blas, la Candelaria...e incluso fiestas veraniegas o patronales. Principalmente para contar así con un mayor número de participantes o espectadores, puesto que la despoblación también afecta a la fiesta.

    Cada uno de aquellos, y en cada uno de sus lugares respectivos, tenían su propio cometido. En Robledillo de Mohernando y otros pueblos de la campiña arriacense cuando salían las vaquillas en carnaval iban vestidas de sacos, serillos, o alfombras de esparto deshilachadas; portando sobre los hombros unas amugas de las que se usaron para acarrear la mies, con unos cuernos de buey o de vaca clavados o sujetos en los dos extremos de delante y las grandes zumbas de las vacas al cuello o la cintura. Su misión era destrozar los vestidos de quienes se disfrazaban el martes de carnaval, entre otros. El toro de carnaval de Peralejos de las Truchas, costumbre que aún perduraba en el año 1930, era celebrado con un simulacro de corrida de toros el martes de carnaval, disfrazándose un hombre de la localidad. Toro de carnaval que era lidiado en la plaza del pueblo. Tras pasar por todas las fases de la lidia taurina le daban muerte para después llevarlo a la taberna donde le hacían beber hasta que resucitase.  En Cabanillas del Campo la botarga se llevaba los chorizos que encontraba, en Ujados salía la botarga junto a las máscaras correspondientes, recorriendo el pueblo haciendo sonar cencerros y campanillas; en Anguita acompañaba a la vaquilla; en Villares de Jadraque sus vaquillones hacen retemplar las entrañas del pueblo; y así por decenas de nuestros municipios de donde, de muchos de ellos se nos ha perdido la memoria, ya que este tipo de fiestas no solían quedar reflejados en los anales de su historia.

   Y después, todo pasado, el miércoles de ceniza, tras el entierro de la sardina, en 1877 se celebró por vez primera en Guadalajara, el silencio. De momento, ruido.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 13 de febrero de 2026

También puede interesarte:

Alarilla, la primera botarga

Tiempo de cuernos, diablos y cencerros

Carnaval bajo la montaña sagrada

A propósito de Carnaval


Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara

 

Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara

 

    La provincia de Guadalajara, sus pueblos, mantienen decenas de tradiciones enraizadas con su pasado histórico, folclórico y tradicional; algunas de ellas han pasado a pertenecer al calendario festivo.

   El autor rescata en este libro decenas de ellas que en ocasiones se confunden con la multitud de leyendas que jalonan los pueblos.

   Por las páginas de la obra desfilan las botargas; el toque de las campanas; el carnaval; la Semana Santa; las ferias; las romerías; los trajes tradicionales; las rondas; los danzantes; las tradiciones enraizadas con los difuntos; la matanza o la Navidad.

   En su mayoría son notas de folklore y tradiciones que el autor ha ido desgranando en sus artículos semanales en el periódico Nueva Alcarria, de Guadalajara, en el que desarrolla la página “Guadalajara en la Memoria” y que, en conjunto, conforman una serie de relatos que mantienen no solo la memoria, también la tradición etnográfica y folklórica de una provincia a través de sus tradiciones populares.

 

 


 El libro, pulsando aquí

 

 

 

SUMARIO:

BOTARGAS, PARA COMENZAR EL AÑO

 

ALARILLA: LA PRIMERA BOTARGA

 

EL NIÑO PERDIDO, DE VALDENUÑO-FERNÁNDEZ

 

SAN ANTÓN Y LOS SANTOS DEL FRÍO

 

LA BARBARIDAD DE HORCHE

 

LAS CAMPANAS DE SANTA ÁGUEDA

 

TIEMPO DE CUERNOS, DIABLOS Y CENCERROS

 

CARNAVAL, BAJO LA MONTAÑA SAGRADA

 

MEMORIA DE DON CARNAL Y SU SARDINA

 

LA PASIÓN, SEGÚN JADRAQUE

 

EL ROSARIO DE FAROLES DECRISTAL DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES, DE ATIENZA

 

LA CRUZ DE CRISTO, EN LA PROVINCIA DE GUADALAJARA

 

LAS SANTAS ESPINAS DE ATIENZA. EL GRIAL DE GUADALAJARA

 

LA SANTA ESPINA DE PRADOS REDONDOS

 

MAYO, DE CRUCES Y CAMPANAS

 

¿POR QUIÉN TOCAN LAS CAMPANAS?

 

LA ROMERÍA DE LA VIRGEN MIRABUENO

 

LA REINA DEL SEÑORÍO

 

LA MIGAÑA. LA FILA ROMA DE GUADALAJARA

 

EL DÍA DE LA ASCENSIÓN

 

MEMORIA DE UNAS FOTOS

 

BOINAS, GORRAS Y SOMBREROS.

 

LA IMPORTANCIA DE UN BUEN ALMIREZ

 

AGOSTO DE DANZAS Y DANZANTES, EN LA SERRANÍA

 

POR DECIR ¡VIVA SAN ROQUE!

 

EL ALTO REY SE VISTE DE ROMERÍA

 

UN SANTO EN EL CALENDARIO: SAN MIGUEL PAGADOR

 

TIEMPOS DE FERIA

 

HIENDELAENCINA

 

POR CANTALOJAS, DE FERIA

 

PARA MORIRSE COMO DIOS MANDA

 

ATIENZA, Y SU DANZA DE LA MUERTE

 

PAREDES DE SIGÜENZA, Y EL SECRETO DE SU CEMENTERIO

 

MAZUECOS Y LAS CALABAZAS DEL DÍA DE ÁNIMAS

 

DICIEMBRE, MES DE LA MATANZA EN LA SERRANÍA

 

NAVIDAD DE PASTORES, CENCERROS Y NOCHEBUENO

 

BUSTARES, NAVIDAD EN LAS ALTURAS

 

 

El libro, pulsando aquí


viernes, febrero 06, 2026

UN VOLUNTARIO REALISTA DE ATIENZA

 

UN VOLUNTARIO REALISTA DE ATIENZA

Dicha y desdicha de Manuel Sánchez Yagüe, natural de la villa

 

 

   De haberlo conocido no cabe la menor duda que don Benito Pérez Galdós hubiese incluido el nombre de Manuel Sánchez Yagüe en la exitosa novela de ese título, o quizá hubiera escrito con la desdichada carrera de nuestro paisano, un nuevo “Episodio Nacional” de quien siendo farmacéutico en su localidad natal, se integró en el Cuerpo de Voluntarias Realistas allá por el año de gracia de 1823, un año que tantos sinsabores dejó para la historia nacional.

 

Los Voluntarios Realistas

   El Cuerpo de Voluntarios Realistas fue una milicia que Fernando VII organizó por orden de 10 de junio de 1823, tras la caída del gobierno liberal en España, en lo que tanto colaboraron los “Cien Mil Hijos de San Luis”. Tenía como objetivo evitar el restablecimiento del gobierno constitucional y, en consecuencia, luchar contra los elementos liberales que habían estado a punto de derrocarlo.

   Se encontraba formado por los entonces elementos más intransigentes del absolutismo español. Dependiendo sus integrantes de los ayuntamientos y, en unión, bajo la autoridad de un capitán general; excepto en el País Vasco, en el que el control lo ejercían las diputaciones forales. En 1826 lo integraban 200.000 voluntarios, aunque al parecer solamente la mitad llegó a estar uniformado, y armado en 486 batallones de Infantería; 20 compañías de Artillería; 52 escuadrones de Caballería, y algunas compañías de zapadores. El cuerpo contaba con un inspector general, siendo el primero Don José María Carvajal. Se disolvió de manera oficial en 1833, sumándose una parte de sus integrantes a las fuerzas del infante Carlos María Isidro, durante la Primera Guerra Carlista.

   No faltaron en la comarca de Atienza personajes que se integraron en dicho cuerpo, uno de aquellos fue el ya citado boticario Manuel Sánchez Yagüe, quien pasó mil y una calamidades sirviendo en el cuerpo, puesto que el trato que esperaban recibir no fue, ni mucho menos, el que en la realidad tuvieron; como que una cosa son las promesas y otra muy distinta la realidad; pero mejor, ya que tenemos su testimonio, que sea él quien nos cuente su aventura, como lo hizo a través de un memorial que dirigió a quien lo quisiese escuchar.

 


Un voluntario Realista de Atienza


El memorial del Voluntario Realista

   De su aventura se hizo eco la prensa de la época, quien comenzó retratando al personaje: “Don Manuel Sánchez, vecino de la villa de Atienza, fue uno de los que habiendo intervenido en casi todas las tentativas de aquel heroico país en beneficio de S.M., abandonando sus comodidades y familia, se incorporaron desde el primer momento a las tropas realistas organizadas en Sigüenza en 1823. Constante en su resolución, las acompañó hasta el momento en que tuvo que pasar a Francia, en compañía de uno de los individuos de la Junta a implorar socorros para aquella provincia devastada por la rabia de los revolucionarios; regresando desde Bayona con una comisión importante fue aprendido por los voluntarios de Tarazona, y conducido a Zaragoza, de donde salió entre las filas constitucionales del general Ballesteros”.

   Corría el mes de abril de aquel año de gracia de 1823 cuando nuestro hombre partió con 700 más, de Zaragoza, en dirección con Santoña, “con el barro hasta las rodillas”; en el que perdieron incluso el calzado. Habían caído prisioneros de los liberales y como tales prisioneros fueron tratados. Las desgracias que llevaron los presos hasta Tarragona, donde habían de ser embarcados camino de Cartagena, son incontables, calculándose que en el camino murieron unos doscientos, de los setecientos que integraron en principio la comitiva. En Tarragona les dieron víveres para dos días y: “nos pusieron en un barco de pescador con dirección a Cartagena, colocándonos a 50 en la capacidad de 30, y escogiendo por patrón a un corsario constitucional”.

   Tras once días de navegación, arribaron a puerto: “donde nos tuvieron a bordo 5 días, sin permitir que saliesen más de 10 de nuestro barco, y 50 de otros para el hospital. A los demás nos desembarcaron después con otros 450 que venían en diferentes barcos; los llamados cabecillas fuimos atados inhumanamente apenas saltamos a tierra; y con orden de fusilarnos al primer movimiento, emprendimos nuestra marcha para Málaga”.

   Durmiendo en los establos y tras las tapias de los cementerios; cambiando de rumbo unos días después de iniciado el camino; tomando el de Almería, para ser retenido en Motril desde donde, ayudado por uno de sus hijos que le siguió los pasos, pudo escapar ocultándose por caminos y veredas hasta poder cruzar la frontera francesa desde donde regresó con aquellos dichos “Cien Mil Hijos de San Luis”. Su relato, seguido al pie de la letra por quienes publicaron su historia, muy a pesar de que más se parecía a una novela que pudiera haber escrito don Pío Baroja, fue tenido por cierto ya que la expresión de su mirada no engañaba: “Vestido de arriero, con un sombrero redondo en la mano, amarillo su rostro, reducido ya a los huesos y el pellejo, la voz trémula y fatigosa le oímos referir una por una sus desgracias, a las que no llega con mucho esta relación que nos ha comunicado. Sentimos tener que rehacer el papel y angustiar el corazón de nuestra patria con la relación de unos horrores cometidos por hijos suyos contra sus propios hermanos; pero estas sombras realzan por otra parte la lealtad pura de sus verdaderos hijos, confundiendo la obra de esa filosofía enemiga de nuestro suelo, y dan margen a reflexiones profundas e interesantes. Lluvias, barros hasta la rodilla, desnudez, hambre, bayonetazos, sofocaciones en la habitación, fríos, naufragios, enfermedad, insultos padecidos por un realista que lucha a brazo partido con los sufrimientos y la muerte, son nada, son ambición, hambre de empleos, iniquidad a los ojos de la moral del siglo XIX”.

   Siglo que habría de perderse en el tiempo entre guerras e intereses sin cuento. Puesto que, como arriba indicábamos, a estas luchas seguirían las guerras carlistas que hasta en tres ocasiones, ensangrentaron el suelo patrio.

   No fueron menores los padecimientos que hubieron de soportar los vencidos constitucionalistas con su derrota, apoyado Fernando VII por los mismos franceses que años atrás habían arruinado prácticamente España con aquella guerra interminable de la Independencia. Los excesos de las venganzas reales contra sus opositores, de las que participaría nuestro paisano de Budia, Víctor Damián Sáez Sánchez, obispo de Tortosa y considerado como primer Presidente del Consejo de Ministros creado por el rey, quien desde su cargo promovió el decreto que condenaba a muerte a todo aquel que resultase sospechoso de liberal o masón; firmando la condena a muerte del General Riego para acto seguido llenar las cárceles con todo aquel que le pareció desleal.

   A tal grado llegaron sus desquites, condenas y represiones que, desde Francia, como cabeza de la Santa Alianza cuyas tropas al mando del duque de Angulema colaboraron a devolver el trono al rey Fernando, pidieron la destitución de su poderoso y sanguinario ministro de Estado, don Víctor Damián Sáez Sánchez, quien nombraba, condenaba y destituía a capricho.

   Aquel Voluntario Realista de Atienza, población en la que había nacido en torno a 1780, regresó de la guerra y sus penurias poco después de que aquellos sinsabores conociesen la luz; en Atienza tornó a su botica y aquí murió unos años después, sin duda acosado por los padecimientos de este tiempo, cuando la primera guerra carlista golpeaba la comarca.

   Su empeño guerrero fue seguido por alguno de los suyos, como que, a pesar de todos los pesares, como una constante que fue, la página guerrera continuaba y lo sigue haciendo, abierta. Como que, después de tantas como se han padecido a lo largo de la historia, todavía no hemos aprendido que las guerras matan.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 6 de febrero de 2026


HISTORIA DE LA VILLA DE ATIENZA


HISTORIA DE LA VILLA DE ATIENZA
DE LOS ORÍGENES AL SIGLO XIX

 

   Atienza, en el norte de la actual provincia de Guadalajara, fue desde siempre una villa con función defensiva, como ya recogiera el Cantar de Mío Cid. Emplazada en el extremo oriental de la divisoria entre el Tajo y el Duero, cerca también del sistema ibérico y de la raya de Aragón, ruta esta que guarda Sigüenza, sobre el Henares.  Tal función defensiva alcanzó gran importancia cuando la frontera cristiano-musulmana se situó por estas tierras, manteniéndose después por la oposición entre reinos cristianos hasta la unión de Castilla y Aragón. Convertida en centro comarcal, mantuvo su tono urbano durante siglos, perdurando su noble prestancia, su sobrecogedora belleza urbana, su historia… Como escribiese Antonio Lopez Gómez.

    Una población por la que se paseó la historia de España. Coronada por su imponente castillo; elevada a la cima del arte por su multitud de iglesias románicas; por la corona de su muralla.

   Todo hace que, Atienza, sea admirada, y admirable.

EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ
 

 

 

HISTORIAS DE LA VILLA DE ATIENZA

 

   Tendríamos que remontarnos a los albores del siglo XVII para encontrar la primera “Historia de la Villa de Atienza”, escrita y documentalmente preparada por quien fuera en aquel tiempo escribano del Concejo de Atienza, don Francisco de Soto y Vergara.

   Poco conocemos de la obra de Soto y Vergara, salvo que a partir de entonces sería utilizada por numerosos autores que, a partir del siglo siguiente, escribirían sobre la Villa de Atienza.

   Su densa historia, su entrada por la puerta grande de la historia de Castilla y por ende de España, la hicieron siempre apetecible a los escritores, literatos o historiadores.

   En la obra de Francisco de Soto basó numerosas de sus citas el clérigo e historiador Francisco Flórez, y la obra de Soto y Vergara se tomó como base de los escritos del “anónimo” beneficiado de la Iglesia Parroquial de Santa María del Rey, que dio a la luz, siquiera local, su “Breve Relación Historial de la Villa de Atienza”; a la par que esta salió la que escribió, relacionó y remitió al geógrafo Tomás López, en 1786, el también clérigo, arcipreste de la iglesia parroquial de San Juan del Mercado, don Joaquín de Iturmendi.


EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

    Las nociones históricas del Sr. Iturmendi servirían, tiempo adelante, para nuevas historias, y citas en los diccionarios y enciclopedias que, a partir de los años finales del siglo XVIII se dieron a conocer en España, entre ellos los llamados de Sebastián Miñano (1827) y Pascual Madoz (1847).

 


 ATIENZA, CRÓNICAS DEL SIGLO XX (Pulsando aquí)


viernes, enero 30, 2026

RETIENDAS POR LA CANDELARIA

 

RETIENDAS POR LA CANDELARIA

Con su botarga y sus tradiciones, es una de las fiestas tradicionales de invierno más significativas de la provincia

 

   El mes de julio de 1818 fue uno de los más importantes en la historia de Retiendas, puede que el que más. Ese mes cambió su historia. Al fin, tras un largo proceso, la población alcanzaba su soñada independencia de Tamajón y se convertía en Villa, con la alegría de los propios y el disgusto de los ajenos.

   Los últimos pasos para llevar a cabo la segregación jurisdiccional los comenzaron a dar los representantes del común de la localidad cuatro años antes, en 1814, apenas concluida la guerra contra los franceses; muy a pesar de que desde el siglo anterior se habían dado algunos avances tendentes al fin perseguido. En el último cuarto del siglo XVIII la población logró contar con cura propio que les dijese misa y los asistiese espiritualmente, pues hasta 1793 fueron asistidos por el párroco de Tamajón quien en ocasiones, según los vecinos de Retiendas, no llegaba a tiempo para administrar a los moribundos los últimos sacramentos; desde entonces contaron, por facultad real, con herrero propio e incluso con toro padre, mantenido por los ganaderos de la población. No fueron pocas las localidades que por estos siglos, y hasta bien avanzado el XX, contaron con toro y cerdo semental para la cubrición de sus ganados respectivos, como una más de las ventajas de ser población populosa. Toro o cerdo semental que periódicamente se renovaban, a fin de mantener en perfecto estado de salud la cabaña ganadera.




   

La Villa de Retiendas

   Hasta aquel mes de julio de 1818 fue Retiendas uno más de los lugares de la tierra de Tamajón, creada en la cabeza de los Mendoza; y fue Tamajón, por esta parte de la provincia, con Beleña y Cogolludo, una de las villas de más histórica raigambre en todos los aspectos; tanto que la historia cuenta que a punto estuvo la majestad de Felipe II de elegir estas tierras para su reposo eterno.

   También fue Retiendas uno de los lugares más significativos de la tierra de Tamajón, con una población que hasta bien entrado el siglo XX rondó los quinientos habitantes e incluso en algunas épocas estuvo por encima. Nada que ver con los tiempos actuales en los que la despoblación la ha llegado a situar en torno al medio centenar de censados, que no de vecinos.

   Unos vecinos que a lo largo de la historia vivieron de la agricultura y más aún de la ganadería, caprina principalmente, pues fue la cabra serrana uno de los principales productos de por aquí; como que es animal que todo lo aprovecha y pone pocos peros a lo escabroso o improductivo del terreno. En aquel tiempo en el que Retiendas se propuso la meta de llegar a ser villazgo, declaró que en su suelo pastaban nada menos que 1.200 cabezas de caprino, que ya son. El vacuno alcanzaba al medio centenar y el lanar, tan delicado como su apariencia, estaba por debajo de las doscientas cabezas. Fue uno de los avales que los de Retiendas pusieron a la hora de adquirir el título al que aspiraban, puesto que, por cada uno de sus sesenta vecinos, debían dejar en las arcas reales algo así como 7.500 maravedíes que, en total, superaban los 450.000, o lo que es lo mismo, en torno a los 14.000 reales. Mucho dinero a pesar de la lejanía de los tiempos. Pueblos hubo que para pagar los derechos de villazgo se hipotecaron por dos o tres siglos.

   No debió de ser el caso de Retiendas, puesto que en los dos plazos que se le marcaron pagó los derechos y el 11 de julio de 1818, a eso de las once y media de la mañana, don José Riegas en nombre del Rey declaró que Retiendas dejaba de ser lugar y se convertía en Villa; y allá juraron cargos sus alcaldes y regidores, Diego del Olmo, Manuel de Santa María, Leandro Merino, Valentín Robledillo, Manuel y Domingo Gamo, y quienes ejercieron de secretario y alguacil, Facundo Robledillo y Facundo Gamo, por cada uno de los cargos. Después juraron y prometieron desempeñarlos y “administrar justicia sin excepción de personas, mirando por los huérfanos, viudas, y pobres, defendiéndolos, y el Misterio de la Inmaculada Concepción de María Santísima Madre de Dios y Señora nuestra, como también los privilegios de este pueblo”. A continuación, se repitió a voz en grito, conforme a la costumbre y tradición, por tres veces, lo de ¡Viva el Rey!, que era don Fernando VII de mal recuerdo. Y concluyó el acto con fiesta de altas miras.

   Con ello se adquiría el derecho a levantar horca, que se alzó en el cerro de la Nevera; y picota con argolla y cuchillo, a 22 pasos de la iglesia, porque entonces no había todavía plaza pública ni casa de Ayuntamiento, dándoseles tres años de plazo para levantarla, y se levantó.

   En los días siguientes se procedería al deslinde y amojonamiento de las tierras, señalando los límites con Tamajón y poblaciones vecinas. Aquí hubo sus más y sus menos, pero al fin hubo acuerdo y de entonces a hoy.

 

La Candelaria

   Ya se celebraba en aquel tiempo la festividad de la Virgen de las Candelas, con algunas más invernales y las clásicas veraniegas para celebrar el final de la cosecha. Muy a pesar de que es sin lugar a dudas la fiesta de las Candelas la más tradicional de Retiendas, asistida por su singular figura de la Botarga; sin que conozcamos desde cuándo por aquí o por cualquiera otro de nuestros rincones provinciales, la figura diablesca y colorida del personaje hace su representación; situando su aparición en el siglo XVI a manera de referencia, puesto que los escritos pasados, que tanto se ocuparon de nuestras devociones o castillos, apenas nos dejaron reseña de las muestras festivas o folclóricas que se nos asoman a los calendarios al día de hoy; añadiendo al personaje en cuestión la antigüedad o caracteres que más se adaptan a la tierra o celebración. Por aquí se contaba, y así lo recogió Sinforiano García Sanz cuando la dio a conocer mediada la década de 1940, que la botarga de Retiendas tenía su origen en un gracioso que para que la Virgen María no sintiese vergüenza cuando salió por vez primera de la casa, tras la cuarentena maternal, fue con ella haciendo gracias a su paso. Sea como fuere, la botarga de Retiendas, al contrario de lo que sucediese con otras del entorno, se mantuvo firme a lo largo del siglo, a pesar de que sus diabluras, como las de otros lugares, llevaron a que curas y autoridades civiles prohibiesen este tipo de representaciones durante algún tiempo, puesto que las vieron los unos como irrespetuosas ante la sagrada divinidad, y otros como germen de disturbios propios de un tiempo que no se quería recordar.

   Nuestro recordado García Sanz nos dice en sus trabajos que: “algunos años los desmanes de este enmascarado han rayado en lo monstruoso”; y es que el botarga, o la botarga, tenía, o se tomaba, la libertad de robar: “pues algunos años, en combinación con los mozos del lugar y aprovechando el descuido de alguna ama de casa, ha hurtado las suculentas comidas festeras, y alegremente ha dado fin de ellas al calor de la hoguera. Como goza de libertad para entrar en las casas, obtiene bollos, rosquillas, magdalenas, orejones, etc.”

   Con el tiempo, la botarga se ha ido moderando, y al día de hoy es uno más de nuestros emblemas invernales, de las fiestas previas al carnaval, o del sentir tradicional de una tierra que respira historia y folklore por los poros de sus montes y el silencio de sus calles.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 30 de enero de 2026


RETIENDAS (Guadalajara)

 

 

RETIENDAS (Guadalajara) Notas para una memoria

 

   Se encuentra Retiendas en la provincia de Guadalajara, a la vera del macizo de Ayllón, a la sombra del pico Ocejón; una población en retroceso en cuanto a su población, que destacó en tiempo pasado por su monasterio de Bonaval, en lo religioso, y destaca por su botarga en lo tradicional.

   Delayer y del hoy de Retiendas van las páginas siguientes.  Descubriendo los renglones de la historia, en un entorno descubierto en los inicios del siglo XX por escritores y periodistas:

   “Abrese a nuestros pies, en las arcillas bermejas de diluvial, el valle de Retiendas, y en un bello rincón, como detalle de ornamentación, el caserío de Retiendas… Y aquí y allá, decorando el paisaje, las encinas verdinegras, los robles gallardos. Todo está luminoso y transparente y es un deleite bajar por la senda tortuosa que desciende rápida hasta el arroyo de las Huertas, donde los sauces inclinan sus ramas.

   He aquí Retiendas. Es un verdadero pueblo de tipo alpino como las aldeas que yo vi en Saboya y en Suiza. El lecho pedregoso de un torrente corta en dos al pueblo y así es su calle Mayor el propio canturral. Don Jacinto, el maestro amable, es nuestro patrón y se desvive por que estemos bien.

   ¡Cuán limpia, tranquila y serena su casita! Y al final de la comida inolvidable, la miel de ámbar que las abejas obtuvieron de las jarras silvestres y las nueces bulliciosas que la hija desprendió del nogal paterno. Y mientras como, pienso conmovido en estas santas mujeres castellanas que se dan íntegras al hogar y a la virtud sin alarde ninguno del sacrificio.

   A la comida disponemos la excursión. Hoy veremos y estudiaremos el carbonífero de Bonaval; mañana el cretáceo de Tamajón y el silúrico del Pico Ocejón formidable….”

   A ello vamos.

 

 

EL LIBRO DE RETIENDAS, PULSANDO AQUÍ

 

 EL LIBRO:

  • ASIN ‏ : ‎ B0DW7P5D5X
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 196 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8309520718
  • Peso del producto ‏ : ‎ 313 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.24 x 21.59 cm

 

 

EL LIBRO DE RETIENDAS, PULSANDO AQUÍ

 

viernes, enero 23, 2026

MANDAYONA, EL AHORCADO Y LA VIRGEN DE LA PAZ

 

MANDAYONA, EL AHORCADO Y LA VIRGEN DE LA PAZ

La Virgen de la Paz es una de las celebraciones invernales más arraigadas en la provincia

 

   Don Antonio Ponz, al pasar por Mandayona en la segunda mitad del siglo XVIII, no pudo describir mejor la población, a la orilla del río y dentro de un conjunto paisajístico inigualable: “Logra este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas. El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor. También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…”

   Los señores del lugar no eran otros que los duques del Infantado, que aquí tuvieron casa palacio, a la vera del Henares, que es el río que don Antonio nos describe; el obispo que siguió a Delgado Venegas sería don Inocencio Bejarano quien aquí falleció el 13 de diciembre de 1818, y desde aquí, en fúnebre procesión, fue trasladado a su reposo eterno de la catedral de Sigüenza.



 

El Señorío de Mandayona

   Fue uno de los señoríos más señalados del entorno del Henares el que tuvo por cabeza a Mandayona. Se compuso, además de por la villa cabecera, por los, primero lugares y villas después, de Villaseca de Henares, Aragosa, Mirabueno y la parte que le cupo de Algora (que fue la mitad de la población, ya que la otra parte perteneció al ducado de Medinaceli). Teniendo por la villa cabecera, Mandayona, especial predilección, tanto doña Brianda de Castro, tal vez una de sus más significativas dueñas, como sus sucesores, ya que a través de enlaces matrimoniales el señorío de Mandayona, con sus villas y lugares, fue a parar a las manos de otra de nuestras grandes damas alcarreñas, doña Ana de la Cerda, princesa de Éboli. Sus emblemas, o mejor, los de sus padres y abuelos, todavía lucen al día de hoy con severa urbanidad sobre la elegante portada renacentista de la iglesia parroquial, como que tomaron parte en su construcción.

 

Mira Bueno…

   No son pocas las tradiciones que nos hablan de su pasado, histórico, cultural y etnográfico, entre ellas la que hace referencia a una de las devociones de la comarca: la Virgen de Mirabueno.

   Cuenta la tradición que el origen del nombre de la población, de Mirabueno, se encuentra en esas dos sencillas palabras, la del Bueno, nombre o apellido común en algún tiempo en la zona, y la del mira, unidas ambas a la sencilla frase que una chiquilla dirigiese a su hermano cuando, allá por los años medios del siglo XIV, cuentan que se apareció en el entorno del encinar una hermosa paloma, en historia que compuso don Luciano Ochoa: “… una pastora de Mandayona, según la tradición, encuentra en el hueco de una encina una paloma que guarda en su zurrón. De regreso a casa, va a enseñársela a su hermano diciéndole: “Mira Bueno”, y nota que la paloma ha desaparecido. Vuelve al lugar en el que la encontró viendo que, de nuevo, está allí en el hueco del tronco. La recogen para presentársela a sus padres. Más, otra vez, al ir a enseñársela, ven que no está en el saco. Ponen inmediatamente el hecho en conocimiento del cura del pueblo y, comprobado después que se trata de una imagen de la Virgen, deciden construir una ermita en el lugar donde la encontraron…”

   Forma la leyenda parte de la tradición que nos habla de la devoción del pueblo de Mirabueno y su vecino de Mandayona a la venerada imagen a la que, desde aquel entonces, la fecha que se marca es la de 1350, se llamó Nuestra Señora de Mirabueno, a la que levantaron ermita o Santuario y, desde aquellos siglos, hasta los presentes, acudieron en romería. La de las Cruces a la Virgen.

 

Y la Virgen de la Paz

   Por aquí anduvieron los franceses en la Guerra de la Independencia dando buenos palos a las guerrillas y a las gentes que buscaban que permaneciese lo suyo en su lugar. En una de aquellas, a modo de castigo y según solían, los gabachos prendieron fuego al caserío, después de cometer alguna que otra tropelía por el mes de septiembre de 1809. Entre los excesos estuvo el ahorcamiento público de alguno de sus vecinos. Quizá en ello esté una delas tradiciones más curiosas que ha vivido el folclore provincial, y que el tiempo denominó como “el ahorcado de Mandayona”, que se conmemoró con motivo de la festividad de la Virgen de la Paz.

   Ninguna crónica pública nos dejará constancia de la celebración por estos años de la tradición del “ahorcado”, estudiada por López de los Mozos en 2006, quedando igualmente reflejo en “Botargas y enmascarados alcarreños. Carnaval en Guadalajara”, resumiéndose su fiesta, tenida por ancestral, y desconociéndose su origen en la población, en breves líneas: “El carácter de agravio e injuria del carnaval queda reflejado en la provincia en dos ejemplos, "La Carta Candelas" y "El Ahorcado", de ellos es éste último el más llamativo e incluso cruel, seguido en otros puntos de la península y en la actualidad prácticamente desaparecido en toda ella. Este ensañamiento, por extraño que resulte, también se ejecutaba en ciudades populosas. En Oviedo, por ejemplo, se elegía entre los pobres e indigentes el personaje en cuestión, que cubierto de andrajos era paseado por las calles, cayendo sobre él toda clase de desperdicios, para terminar la función arrojándolo a una alberca, un pozo o un charco de agua sucia. Sin embargo éstos rituales, que hoy podemos considerar exagerados y sin sentido, por supuesto, eran comunes en los pueblos primitivos englobados dentro de las denominadas purificaciones. Estas eran de dos clases, generales y particulares o extraordinarias y ordinarias”.

   Las generales ordinarias se practicaban cuando en una asamblea antes del sacrificio, un sacerdote después de haber mojado una rama de laurel o un tronco de verbena, planta sagrada para los celtas, en el agua lustral, hacia la aspersión al pueblo. Las purificaciones generales extraordinarias se verificaban en las épocas de peste, hambre o calamidad pública. Entonces eran crueles, especialmente en el pueblo griego. Para llevarlas a cabo elegían a aquél de los habitantes de la ciudad que tenía peor aspecto y destacaba por su fealdad o deformaciones y lo conducían con pompa triste y fúnebre al lugar del sacrificio, donde era inmolado y quemado, arrojando sus cenizas al mar.

   En Mandayona el sujeto elegido, y dado su conformidad, era mantenido a expensas del pueblo durante la semana previa a la celebración de la Virgen de la Paz, 24 de enero, día en el que era paseado por las calles de la población sobre unas parihuelas, recibiendo los insultos de la comparsa acompañante, que iba a grandes voces dando cuenta de la sentencia de ejecución:

 

Pobladores de la villa,/ venid a oír la sentencia/ que ha dictado la justicia. / Por mangante y por tramposo, / por mujeriego y bribón, / del holgazán que aquí veis, se ordena su ejecución.

 

   De aquella manera llegaban hasta la plaza, donde con gran pompa era manteado y posteriormente se procedía a su "ejecución", simulando su ahorcamiento del árbol central, mientras la comparsa acompañante solicitaba de los presentes un donativo para mantener a la viuda e hijos del "ejecutado". La costumbre fue suprimida tras la guerra de 1936, si bien permaneció en el recuerdo de un buen número de sus pobladores, y en las coplillas que de aquella tradición se dedicaron, hasta su reciente recuperación.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 23 de enero de 2026

 MANDAYONA

    Tomé mi ruta para la Villa de Mandayona (Guadalajara), quasi todo por entre monte de encinas, que la mayor parte, como el dicho pueblo, pertenecen al Duque del Infantado. Mandayona logra de una excelente situación en un valle, que aunque no muy ancho, ni largo, es a propósito para toda suerte de frutales, como se experimenta con los pocos que hay de camuesas, perales, cerezos, nogales… El Palacio del Señor (de los Mendoza) que estaba junto a la iglesia, y una famosa huerta que tuvo pegada a él, están hoy reducidos a nada, y el terreno de la huerta sirve para siembras.

   Logra este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas. El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor. También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…

 Antonio Ponz
“Viajes por España”



EL LIBRO DE LA HISTORIA DE MANDAYONA, PULSANDO AQUÍ



SUMARIO:
-I-
La tierra, la geografía y el entorno
Pág.9

-II-
Un repaso por la historia
Pág. 25

-III-
La Comunidad de Villa y Tierra de Atienza
Pág. 35

-IV-
Mandayona, entre Doña Urraca y María de Castilla
Pág. 45

V-
Las tierras de Gómez Carrillo
Pág. 55

-VI-
Íñigo de la Cerda y Brianda de Castro, Señores de Mandayona
Pág. 61

-VII-
La vida en Mandayona, entre los siglos XVI y XVIII
Pág. 73

-VIII-
Guerra por una Independencia
Pág. 91

-IX-
La vida municipal
Pág. 106

-X-
Mandayona Siglo XX . Las líneas que nos llevan al presente
Pág. 123

Apéndices
Pág. 133


EL LIBRO DE LA HISTORIA DE MANDAYONA, PULSANDO AQUÍ

 

 

El Libro:

  • ASIN ‏ : ‎ B09XZGTZDS
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 256 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8805392369
  • Peso del producto ‏ : ‎ 281 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 0.94 x 22.86 cm

 




EL LIBRO DE LA HISTORIA DE MANDAYONA, PULSANDO AQUÍ