BALBINO CERRADA,
EL LIBRERO DE MIEDES DE ATIENZA
Librero y editor,
fue uno de los más populares de Madrid
Ha pasado a la historia madrileña, como uno
de los grandes impresores de su tiempo, don Antonio de Sancha, natural de
Torija, donde nació en 1720. Su nombre, unido a los libros de los que participó
es memoria de la historia de España, como lo es de la de Madrid; al igual que
lo es la de don Nicolás Moya Jiménez. Don Nicolás, natural de Alovera, regentó
la que ha sido tenida por la librería más antigua de la capital de España,
ubicada, desde 1862, en la calle de Carretas. La librería se trasladó a esa nueva
sede desde la cercana Plaza de Matute, y en ella don Nicolás, fallecido en
1912, ejerció su labor de librero y editor. La librería cerró definitivamente
en 2019, después de que tras sus mostradores pasasen varias generaciones
familiares.
También en Madrid, en la calle de Fuencarral
número 156, se mantuvo hasta mediada que fue la década de 1930 la librería
Aceitero, regentada por don Federico Aceitero, natural de La Puerta. En los
inicios de la década de 1940 don Federico, junto a su esposa, doña Blanca
Amador, trasladaron la librería madrileña a la calle Mayor de Guadalajara.
Y también en Madrid, tras una vida un tanto
novelesca, regentó su librería en la calle de Los Libreros la única mujer que
conocemos dedicada a la industria del libro impreso, doña Felipa Polo Asenjo,
natural de Loranca de Tajuña y con fuertes raíces en otra de nuestras
poblaciones, en la que descansa a la eternidad desde el mes de abril de 2002,
Yélamos de Arriba.
Son solo cuatro de los numerosos nombres que
nos ha dejado la provincia dedicados en la capital del reino a imprimir y
vender libros; sin embargo, en esto de la letra impresa y del papel en el que
se imprimió, puede que a todos supere el nombre de Balbino Cerrada Sanz.
Balbino Cerrada, y Miedes de Atienza
Balbino Cerrada,
el librero de Miedes de Atienza
Don Balbino Cerrada Sanz, natural
de Miedes de Atienza, donde nació en 1857, es sin lugar a dudas el nombre que
en cuanto a libreros naturales de la provincia de Guadalajara asentados en
Madrid, merece figurar en un lugar de privilegio. Don Balbino abandonó su lugar
natal en 1879, cuando definitivamente y alegando la numerosa prole familiar
paterna, fue excluido del servicio militar para trasladarse a Madrid con el fin
de colaborar, a través de su trabajo, al sostenimiento familiar; algo así como
ocho o diez hermanos le quedaron en la localidad serrana.
Eran tiempos, los de finales de
la década de 1870 e inicios de la siguiente, en los que la vida española se
revolvió por los cuatro costados; y en los que la de Miedes de Atienza comenzó
a apagarse, después de que el siglo le diese alguno de los mayores logros, como
el de ser, siquiera por unos cuantos meses, cabeza de partido judicial, echando
a un lado la titularidad de la villa inmediata, y casi hermana, de Atienza.
Don Balbino entró como mozo de
almacén, o de todo, en la tipografía de don Nicolás González, en la calle de la
Magdalena número 17. Don Nicolás se estableció en aquel lugar como vendedor de
estampas, libros, devocionarios y todo aquello que algo tenía que ver con la
letra y el papel, en 1848; por este tiempo en el que nuestro paisano entró en
el negocio lo amplió con nuevo establecimiento en la calle de Jacometrezo, por
lo que don Nicolás decidió, en 1880, traspasar la enseña de la casa; un
traspaso que finalmente, y tras las ayudas que lo permitieron, quedó en manos
de Balbino Cerrada Sanz quien ya para 1881 lo regentaba con aumento de negocio
y clientela; contaba con 24 años de edad cuando se estableció por su cuenta en
ese local, como no podía ser de otra manera, situado en el Barrio de las
Letras; “Impresiones La Minerva”, lo rotuló, y aquí comenzó su larga
carrera en el mundo del libro y de la imprenta, creciendo en popularidad y
simpatía, tanta que unos años más tarde, en 1889, la tienda de la calle de la
Magdalena se le quedó pequeña; traspasó el local y se estableció en uno más
amplio, en el 18 de la misma calle, con vuelta a la del Olivar desde donde, a
punto de finiquitar el siglo, por el mes de junio de 1899 volvió a ampliar sus
instalaciones asentándose en un nuevo y más rutilante local, a no demasiada
distancia del anterior, en la Plaza de Matute número 6; local, por otro lado,
que en la actualidad, a más de cien años de la apertura de la librería del Sr.
Cerrada, continúa dedicado al mundo del libro.
Guadalajara en la
sangre
En la trastienda de la librería
del Sr. Cerrada, en la Plaza de Matute, se formalizó, en los inicios del siglo
XX, el Centro Alcarreño de Madrid, del que tomaron parte la flor y nata de la
cultura provincial; y concluido el corto recorrido del Centro Alcarreño, de la
trastienda de la librería del Sr. Cerrada surgió la Casa de Guadalajara en
Madrid, tras las llamadas para su fundación hechas desde la capital del reino,
y desde Guadalajara; el Sr. Cerrada puso libro, lápiz y papel para escribir sus
primeras líneas, sus estatutos, y cuanto fue necesario. La desgracia no lo dejó
ver cumplido el momento en el que, en la calle de Alcalá, abría sus puertas, el
4 de junio de 1933, la Casa de Guadalajara en Madrid.
Para entonces era uno de los más
importantes hombres dedicados al negocio de la imprenta y la venta del libro,
con talleres tipográficos abiertos a los madrileños, el más importante al otro
lado del río Manzanares, por donde Madrid crecía hacia los Carabancheles, en la
calle de Antonio López número 41, que se convertiría en la joya de su corona, “La
Paquita”, que hacía referencia y homenaje a su fallecida esposa, doña
Francisca, hija de don Francisco Alberto Val, Alcalde que fue de Pastrana en
los últimos años del siglo XIX. La fábrica de “La Paquita”, abierta en
1924, abastecería de papel de imprenta a la mayoría de las madrileñas, así como
de las provincias limítrofes; por lo que no fue de extrañar ver a don Balbino
por aquellos tiempos en los lugares más cultos de Madrid, escuchándose su
nombre desde el Ateneo, a la Universidad. Llegando desde Madrid a su localidad
natal en su flamante vehículo Essex, matrícula de Madrid, M-30.138.
Don Balbino Cerrada Sanz
pertenecía entonces a los gremios de libreros e impresores de Madrid; durante
largo tiempo el papel con el que se imprimió el Boletín Oficial de la Provincia
de Guadalajara, tanto como la Gaceta madrileña y las letras de cambio del Banco
de España salió de su fábrica; y su nombre estuvo ligado a cuanto tuvo algo que
ver con la exaltación de Guadalajara en Madrid, formando parte de la Asociación
de Amigos de Guadalajara que creó el “Día de la exaltación alcarreña”, encontrándose
tras la coronación canónica de la Virgen de la Antigua; también en Madrid fundó
la llamada “Asociación de Amigos de los Pobres”, entre otras.
En Madrid, falleció un frío 9 de
febrero de 1933, sucediéndole en el mundo de sus negocios su único yerno, don
Julián Gil Reina, casado con su única hija, Guadalupe Cerrada. Don Balbino
salió por última vez de su casa, en la calle de Alcalá número 87, para quedarse
a residir a la eternidad de los siglos en el cementerio madrileño de la
Almudena.
Un hombre que, como editor, dejó
profunda huella en los estantes de los libros de Madrid.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva
Alcarria/ Guadalajara, 20 de febrero de 2026
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UN LIBRO SOBRE MIEDES DE ATIENZA
El libro que cuenta el hoy y el ayer de la localidad serrana
También ha dado personajes de novela negra este Miedes que hoy es sombra de lo que fue, pues de aquí salió uno de los personajes más curiosos, y novelescos, que ha dado el siglo XX español, Laureano que murió como los grandes espías de novela policiaca; acribillado a tiros a las puertas de un café de París el día de su cumpleaños. La causa de la muerte: ajuste de cuentas.
Este, es su sumario:






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