viernes, julio 08, 2022

MARANCHÓN Y SUS CONSTANTES (y II)

 

MARANCHÓN Y SUS CONSTANTES (y II)

La Villa celebrará, por todo lo grande, su “II Feria del Tratante”

  

   Antes de que Maranchón comenzase a ser conocido a través de su comercio mular, ya había dado a la historia de España algunos nombres de interés, como Juan Francisco Sacristán, obispo de Santafé y Arzobispo del Nuevo Reino de Granada (Colombia), en los primeros años del siglo XIX, hijo de quien fuese alcaide de Maranchón y que a su vez recibió, en nombre de la población y para ella, el título de Villa, que le fue concedido por el Rey Carlos III el 30 de abril de 1769.

   Contaba entonces Maranchón, conforme al documento mediante el cual se le concede el villazgo, “ciento veinticinco vecinos útiles, con bastantes bienes raíces y haciendas”; maestro de primeras letras, herrero, carpintero y demás oficios necesarios para el desarrollo de una villa de cierta entidad, como lo era. 


 

   A partir de aquella fecha Maranchón podía administrar su justicia, desvinculándose en alguna medida de la villa de su cabecera, Medinaceli, y, como prueba de ello, levantó su rollo o picota jurisdiccional, cuyo texto transcribe el maranchonero Pedro José Serano Atance en su tesis doctoral, dándonos cuenta de que no sólo se alzó la picota, también la horca en el vecino Cerro del Llano: he visto fixada una horca, compuesta de tres palos, en el sitio que llaman el Cerro de Llano; Y también un Rollo o Picota, de un Madero Grande Redondo, con una Cruz de Yerro en lo alto, Cuchillo, cuatro Escarpias y una Argolla, en el sitio que dicen Las Heras… Decía el cronista.

 

Apellidos de Maranchón

   Por estos días, en los que de nuevo vuelve a celebrarse en Maranchón la “Feria del Tratante”, en su segunda edición, la primera fue en 2019 y las circunstancias de estos dos últimos años no han permitido, hasta ahora, su reanudación, los apellidos de los maranchoneros que dieron fama y riqueza a la villa saldrán a la luz por los cuatro horizontes de sus calles, plazas y paseos.

   Maranchón fue tierra de los Sacristán, Atance, Villavieja, Cosín, Tabernero, Bueno, Gaitán, Castellote, Albacete y… unas cuantas decenas más de apellidos que, unidos a nombres sonoros, en conjunto, forjaron un apodo: “Maranchonero”.

   Para las ferias y los mercados nacionales, sobre todo de media España hacía arriba, por Aragón, Cantabria, Galicia, León, Zamora o Salamanca, los apellidos de nuestras gentes poco contaban, salvo para distinguir a las sagas familiares que han llegado hasta nuestros días, pues quienes seguían el andurreo casi nómada por los caminos de España, guiando a sus mulas, a sus nombres, por lo general, tan solo añadían un apodo común, “el maranchonero”, y los tratantes y muleteros de la villa, por Huesca o Badajoz, Salamanca o Santiago de Compostela tan sólo eran “Juan el de Maranchón”, o “Nicanor el Maranchonero”.

   También es cierto que, por media España, acuñaron una frase: “palabra de maranchonero”, que era tanto como decir: ¡Puede usted fiarse de él! Porque la palabra de un tratante de Maranchón era, en la mayoría de las ocasiones, más firme que los propios códigos de las leyes.

 

La Migaña que no engaña, y cierra el trato

   La Migaña, más allá de ser jerga de esquiladores vecinos, de Fuentelsaz o Milmarcos, es también, lo fue, jerga común a los tratantes de Maranchón. La vecindad y el trato hizo que los gremios vecinos, que se encontraron por los caminos en muchas ocasiones, además de compartir paisanaje, compartiesen lengua, o trazas de un idioma que estas gentes se inventaron para dar, a las mismas cosas que todos conocemos, sentido distinto. La Migaña, o el chalaneo, el parloteo de los tratantes, tan similar a los de los esquiladores, o viceversa, está basado en códigos sencillos de palabras que, al final, tan sólo entienden ellos. Muy a pesar de que el significado que se ha dado a la palabra, a la “Migaña”, es el de “me engaña”.

 


    Entre los no pocos actos o entretenimientos que a lo largo del fin de semana, de este sábado 9 y domingo 10 se han de vivir en Maranchón, uno de ellos estará centrado en una representación teatral que, en Mingaña maranchonera, representará el trato, la compra y venta de una mula. Allá saldrán a relucir los términos que lo acompañaron. Seguirlo, entenderlo, representarlo, es un arte. Y a descubrirlo invito. A descubrir el arte de la palabra que nos lleva a introducirnos, ¿por qué no?, en los libros romances de nuestra literatura del Siglo de Oro.

 

La Feria del Tratante

   Dos eran las festividades que, a lo largo del año, quienes se encontraban lejos, por mucho que lo estuviesen, no se dejaban perder. Las dos fiestas grandes de Maranchón, San Pascual, el 17 de mayo, y la Virgen de los Olmos, el 8 de septiembre. Dos festividades en las que Maranchón brilló por todo lo alto, desde más allá de la mitad del siglo XIX, hasta los días presentes.

   Los tratantes de Maranchón, que recorrieron las principales ferias de España, tenían estas dos fechas marcadas en rojo en sus calendarios. En esos días, la llegada de quienes andaban al trato era esperada y recibida con las lógicas alegrías. Además, de los lugares más remotos traían las novedades, las golosinas, las telas, los dijes… y, por supuesto, el dinerillo en la cartera.

   Ya, mediado el siglo XIX, el más que famoso Diccionario Madoz daba cuenta de que una parte importante de la población, prácticamente la mitad de sus hombres, se dedicaban al tráfico de mulas, cera, y jabón, recorriendo diferentes puntos del interior.

   Y es que, antes de que el trato mular se convirtiese en el filón que dio la vuelta a la villa, los de Maranchón comerciaron con cera, y lo hicieron con el jabón, ese jabón de pueblo, que todavía nuestras abuelas emplearon, porque como ese, ninguno.

 

Maranchón será una fiesta

   Con identidad propia. Ya lo fue en su anterior edición, y se repetirá en esta. En sus salas se expondrán las imágenes de un tiempo que no volverá; y los ropajes, y todo aquello que nos hará recordar la vida de nuestros antepasados.

   Y en las eras se volverá a trillar, con mulas maranchoneras; y la dulzaina y el tambor, como en los grandes días de fiesta, ambientará sus calles; y tendrá la gastronomía su lugar especial; se visitarán sus museos y edificios emblemáticos; y las casas de aquellos muleteros que presumieron de pueblo, lucirán los gallardetes de quienes las habitaron.

   Los maranchoneros también, como en los grandes días de San Pascual y Nuestra Señora de los Olmos, bailarán su “Pollo”, y las rondallas acompañarán a cuantos este fin de semana, acudan a Maranchón, a conocer un pueblo como hay pocos, y a entender un oficio, el de tratante, que engrandeció a la provincia de Guadalajara, y a la comarca molinesa.

   Sí, también habrá charlas culturales, con la ambientación de la muletería. Hasta Maranchón llegará el cronista de Campanario (Badajoz), D. Bartolomé Díaz, de tierra también de muleteros; y D. Javier Tabernero nos rememorará los recuerdos de su familia, tratantes que fueron; este humilde relator hablará… de los muleteros de Maranchón.

   Después, al anochecer, será el Grupo Mayalde quien, con su música tradicional, nos hará sentir que sí, que Maranchón, mañana sábado, y pasado mañana, domingo, será una fiesta. A lo largo y ancho de la Alameda de Maranchón. Allí nos vemos.

 

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 8 de julio de 2022

 


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

No se admitirán mensajes obscenos, insultantes, de tipo político o que afecten a terceras personas.