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lunes, agosto 31, 2026

ALGUNOS NOMBRES EN LA HISTORIA DE PASTRANA

 

ALGUNOS NOMBRES EN LA HISTORIA DE PASTRANA

La villa ducal dejó para la historia algunos clérigos, médicos y escritores de renombre

 

   Sin duda, el personaje más popular de la ducal Pastrana, aun no habiendo nacido aquí, es la sin par modelo de princesas y mujeres libres Ana de Mendoza, princesa de Éboli, popular también por su parche en el ojo quien, nacida en Cifuentes, ha pasado a la historia como la duquesa de Pastrana más díscola que la novela pueda retratar. Doña Ana, esposa y madre, monja y mecenas, llevó a Pastrana toda una corte de servidores, hombres y mujeres que han pasado a la historia patria y, también, a la Santa de Ávila, Teresa de Jesús, quien aquí dejó, a pesar de todo, su huella.

   Pero Pastrana se nutre de muchos más nombres de gentes ilustres, religiosos en gran parte, como solían ser quienes accedían al conocimiento de las letras en siglos pasados, nombres que hicieron cosas y las dejaron inscritas en los anales del tiempo, como Alonso de los Ángeles, quien entró en el convento de los Carmelitas de Pastrana en 1571, diez años después era prior del convento de Daimiel, en 1585 del de Salamanca y más tarde pasó a ser Provincial de Cataluña, donde calmó al pueblo alzado prácticamente en armas contra el virrey, duque de Feria, en 1597. Murió en Barcelona, el 3 de abril de 1602.




   También fraile fue Francisco de Buencuchillo, nacido en la Pastrana de 1710, cuando España y la comarca se debatían entre situar la corona sobre las sienes de un Borbón o de un Austria, en aquella decisiva batalla que se libraría en Villaviciosa, a las puertas de Brihuega. Fray Francisco ingresó en el convento de San Felipe el Real cuando apenas contaba con dieciséis años de edad y, tras pasar por Salamanca y Toledo, con 22 años marchó a Filipinas donde aprendió la lengua tagala, fue maestro y Visitador, Procurador y Secretario de su orden religiosa. Por allí quedaron sus restos, luego que la muerte le llegase mientras viajaba de un lugar a otro, en 1776.

   Fabián Cano, a quien le disputan el nacimiento Sayatón y Pastrana, a pesar de que el propio Cano se confesó natural de la villa, se licenció en Artes por la Universidad de Alcalá en 1595; poco después ingresó en el Colegio de la Santa Cruz de Valladolid, concluyendo sus días el 1º de abril de 1622, en Coria (Cáceres), como magistral de su Catedral. En Pastrana nació el 27 de abril de 1577.

   Aquí nació Gaspar Caro del Arco el 4 de febrero de 1601, pasando a la posteridad como buen doctor y gran poeta; al igual que lo hizo Juan Caro del Arco y Loaisa, el 29 de agosto de 1613, siendo, a más de predicador de renombre, racionero de la Colegiata de la Villa y autor de una de las historias "del Monte Oliva y su Milagrosa Imagen”, más conocidas.

   Mateo Guindal fue franciscano en el convento de San Diego de Alcalá, y Manuel de León y Marchante, capellán real en el siglo XVII, a más de autor de renombre. En Pastrana nació el 15 de agosto de 1631 y en Alcalá de Henares murió el 15 de octubre de 1680, siendo enterrado en la Magistral, “en una punta del crucero, hacia la puerta del claustro”; dejó numerosas obras escritas, entre las que figuran: “La Comedia Famosa de las Dos Estrellas de Francia”; “No hay amar como fingir”; “La Virgen de la Salceda”; “Loa de Planetas y Signos”; o “La estrella de la Alcarria”.

   José del Olmo nació en Pastrana a las puertas del San Juan de junio de 1638, alcanzando a ser arquitecto de renombre en el ambiente cortesano madrileño, la historia nos dice que trabajó en la sacristía del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial; que a él se debe el palacio madrileño de los duques de Pastrana y una parte de la iglesia de las comendadoras de Santiago. De su taller salió otro gran arquitecto de su tiempo, Teodoro Ardemans. Murió en Madrid, al inicio del siglo XVIII.

   Teólogo distinguido y colegial mayor de San Ildefonso de Alcalá, fue José Ruiz de Miranda, quien ocupó varias cátedras en su Universidad, y en cuya ciudad falleció el 11 de abril de 1679, pasando a ocupar lugar en la historia de la magistral, en la que fue enterrado.

    Por Pastrana pasó, Leandro Fernández de Moratín, y aquí escribió alguna de las obras que legó a la historia de la literatura universal, entre las que destacan: “La comedia nueva o el café”; y aquí vio la luz primera el que bien podría ser considerado como uno de los primeros pintores de la luz, puesto que la luminosidad ilumina sus lienzos, Juan Bautista Maíno. Su obra es sin duda una de las más coloristas del Siglo de Oro español. Siglo en el que dominaron de alguna manera escenas como las que nos retrata, representando los dos principales momentos de la Navidad: La Adoración de los Reyes, y la de los Pastores. Motivo pictórico ampliamente repetido y del que quedan en la provincia no pocas muestras, desde la catedral de Sigüenza, a las obras, casi maestras igualmente, del genial Matías Jimeno, cuyos lienzos quedaron en la grandeza de las iglesias de Arbancón, o de Santa María del Rey, de Atienza. Son, sin embargo, las obras de Juan Bautista Maíno, en contraste con las otras, de un colorido excepcional, que dan mayor grandeza a su composición, y llenan de luz unos días que contrastan con los grises invernales.

   Junto a los anteriores, destacan los nombres de José de Villarroel, “Encuentro que en 6 de julio de 1638 hizo tentativa de Medicina en Alcalá; otra en 30 de marzo de 1640, y que tomó el grado de licenciado en 13 de diciembre de 1641, diciéndose en los asientos universitarios que era natural de Pastrana”, contó el historiador por excelencia de Pastrana, Mariano Pérez Cuenca. Villarroel, Médico de Cámara del Rey, dejó extensa obra poética publicada, entre ella los que llamó “Romances de D. José de Villarroel”; o las “Redondillas de don José de Villarroel”.

    Personaje destacado ha de ser sin duda alguna, Mariano Pérez Cuenca, aquí nacido el 8 de diciembre de 1808 y fallecido el 2 de mayo de 1883, destacando como eclesiástico e historiador de la Pastrana inmortal. Don Mariano, hijo de familia modesta fue educado para seguir la carrera eclesiástica, que la siguió, llevando a cabo sus estudios en el colegio del convento de San Francisco de la villa, siendo nombrado presbítero en 1826, a los 18 años de edad, y trasladándose dos años después a Alcalá de Henares donde completó su formación. Regresó a Pastrana para ocuparse de la Colegiata, donde continuó hasta pocos meses antes de su muerte.

   Como historiador escribió la “Historia de Pastrana y sucinta noticia de los pueblos de su partido”, editado a su costa en 1858 en su primera edición y en 1871 en segunda. Igualmente fue autor de otras obras, entre las que figuran las Poesías y sentencias que se hallan en el convento del Monte Carmelo de Bolarque (1837), o la Novena a la Virgen del Saz de Alhóndiga (1859). Sin dejar atrás sus trabajos en torno a la España Mariana, dejando relación en su obra de los partidos y pueblos de Pastrana y Sacedón.

   Por sus trabajos de investigación histórica fue premiado por la Diputación de Guadalajara durante la Exposición Provincial de 1876 con una medalla de plata. Y, sin duda, gracias a él, conocemos una parte de la Pastrana, y de los nombres de sus hijos ilustres pasados que, como el propio Pérez Cuenca, merecen estar presentes en nuestra historia provincial.

 

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 28 de agosto de 2026

PASTRANA (Guadalajara) LA VILLA DE LA PRINCESA

 PASTRANA (Guadalajara) La Villa de la Princesa

 

   Pastrana es, al día de hoy, una localidad una hermosa población de la provincia de Guadalajara; unida a uno de los nombres más repetidos de la historia provincial en los últimos siglos: Ana de Mendoza, Princesa de Éboli.

   El autor, en su recorrido a través de los pueblos de la provincia, llega a Pastrana y a través de los testimonios escritos a lo largo del tiempo por cronistas e historiadores, entre los que cabe destacar a Mariano  Pérez Cuenca, Francisco Layna Serrano, Juan-Catalina García López, y numerosos más, nos adentra en el ayer de Pastrana, su palacio, historia, monumentos y gentes; tomando los textos publicados por aquellos, para darnos cuenta de la importancia que Pastrana y su tierra alcanzaron a través de los siglos; acompañando la obra con líneas de aquellos quienes, cada uno en su sentir, opinó en torno a lo que admiraron sus ojos y conocieron en su debido momento.

   Puede, en ocasiones, parecernos confuso el discurrir del texto de unos y otros; ha de ser el lector quien, observando y analizando, llegue a la conclusión que las páginas siguientes buscan.

   Junto a la villa o el palacio, y como parte de la propia obra, el autor nos lleva a conocer, siquiera de manera somera, los acontecimientos históricos del entorno; así como las costumbres que acompañaron la vida de esta parte de la provincia de Guadalajara; empleando investigaciones y fuentes propias.

   Sin duda, las páginas siguientes, como otras anteriormente escritas y publicadas, nos acercan a un entorno que siempre merece una atención; una detenida mirada…

 

 


 El libro de Pastrana, pulsando aquí

 


viernes, junio 12, 2026

HERAS DE AYUSO Y LOS CONEJOS DEL DUCADO

 

HERAS DE AYUSO Y LOS CONEJOS DEL DUCADO

En Heras tuvieron los del Infantado uno de sus mayores cazaderos

 

   Se tiende Heras de Ayuso a mitad de camino entre la Alcarria y la Campiña, con vistas a la Guadalajara ducal. Heras de Ayuso, crece. Muy a pesar de que históricamente nunca fue población de gran número de vecinos, arrojándonos los censos de los años finales del siglo XIX, cuando más, cifras por debajo de las que hoy presenta.

   Heras estuvo al amparo del cerro de Hita, al que se mira de frente y a cuya tierra perteneció con Padilla, Valdearenas, Muduex, Caspueñas, Taragudo, Valdegrudas, Rebollosa, Cañizar, Ciruelas, Valdeancheta, Copernal, Alarilla, Torre del Burgo y Utande; contándose en estas tierras algunos despoblados como Majanan, Utabelino, Torrientes y Maluque, del que se cuenta que tuvo castillo alzado por los duques del que en el primer cuarto del siglo XIX ya no quedaba apenas nada. Como la tierra entera de Hita fue parte de los dominios de Íñigo López de Mendoza, y antes de Íñigo López de Orozco y, como toda esta tierra, devota a carta cabal de Nuestra Señora de Sopetrán.




 Nuestra Señora de Sopetrán en la devoción de Heras

   En Heras tuvieron los monjes de Sopetrán extensos dominios, algunos en el curioso paraje de Matafrailes, que vaya usted a saber el porqué de la nominación; del que dependió eclesiásticamente, mandándole fraile para decir misa, confesor y predicador; también era el monasterio propietario de uno de los mesones locales y sobre los vecinos de Heras obró la Virgen el milagro en 1509 de librar a la población de su desaparición a cuenta de la peste que, en ese año, según cuentas de Fray Antonio de Heredia y su Historia del Monasterio: “una gran peste y mortandad, que apenas quedó persona que no estuviese apestada. Morían muchos de los pocos vecinos que en él había. Atinaron con el remedio eficaz para tanto mal, que fue acudir a Nuestra Señora de Sopetrán suplicándole alcanzase salud para este pueblo, y que harían voto de venir a esta Casa cada año en Procesión el día de la Purísima Concepción, y que le ofrecerían un cirio de cera. Al punto cesó la peste, y los enfermos apestados se levantaron sanos y buenos…” Y desde entonces, hasta que de ello se perdió memoria, los de Heras acudieron a Sopetrán con su cirio cada día de la Purísima Concepción.

   Algunas cosas más llegaron desde Heras al Santo Monasterio puesto que, alzado que fue en tierras de la población el palacio señorial o pabellón de caza que por aquí dispusieron los duques del Infantado, palacio que fue casa de retiro de la duquesa doña Ana de Mendoza, hasta aquí se hizo traer una de las reliquias para ella más preciadas, que fue un huesecillo del brazo derecho del glorioso San Benito que, puesto “en una medalla de plata sobredorada, en forma de brazo muy grande, con su Viril de cristal que permite se vea la Reliquia”, hizo llegar al monasterio con cumplida procesión de gentes de bien, clérigos y, por supuesto, monjes: “Y su nieto, el Excelentísimo Señor Don Rodrigo de Mendoza, Duque del Infantado y primer patrón que fue después de este Convento, asistió personalmente acompañado de muchos caballeros, y los que tenían hábitos con sus mantos, como también su excelencia, y dispuso que se hiciese una solemnísima Procesión desde su Palacio de Heras, a la cual acudieron ochenta cruces de otros tantos lugares, con mucho número de personas eclesiásticas y seglares, que acompañaron la Santa Reliquia, la cual se trajo a este Convento año de 1633, con toda esta pompa y autoridad que dispuso este Gran Príncipe con su acostumbrada piedad y recurrencia a las Cosas Sagradas”.

 

El palacio de los duques

   Nos cuentan algunas crónicas que después de castillo fue el de Heras, o Maluque, palacio de caza de los señores del entorno; dejándonos el cronista Layna breve reseña al respecto cuando nos dice que por aquí tenía el Duque del Infantado anchurosa casona con visos de palacio; más un magnífico y bien cuidado coto de caza, en el que recibió en alguna de las ocasiones que por aquí pasaron, a los reyes de Castilla y Aragón, Don Fernando y Doña Isabel, a quienes, tanto como a su acompañamiento, el duque entretuvo en cacerías sin fin por este territorio y a quienes, se nos cuenta: “obsequió con espléndida comida, por la tarde con entretenida partida venatoria cobrándose numerosas piezas menores y mayores sin el menor cansancio por ser abundantísimas, y todavía después de la cena suculenta hubo músicas y danzas aunque la trasnochada fue corta, porque poco avanzada la mañana siguiente se emprendería la marcha a Guadalajara”. También aquí recibiría el duque al nieto de los Católicos monarcas, Carlos I de España, de camino hacia Jadraque, el 13 de marzo de 1529.

   Las calamidades de la Guerra de Sucesión, que por esta parte de Guadalajara se vivieron con aires de desgracia, ya que los perdedores se dedicaron a la destrucción y el saqueo cuando iban de retirada, debió de dar al traste con parte del palacio o resto del castillo que todavía pudo conocer en parte don Antonio Ponz cuando se echó al camino antes de concluir el siglo XVIII; de sus notas tomaron otras los cronistas que siguieron, incluso los que pasaron datos para que el geógrafo Pascual Madoz incluyese en su diccionario la correspondiente a Heras y el palacio de los duques, levantado en una finca de buena extensión. Palacio con su oratorio “10 casernas para criados, tres casas para guardas, pajares, caballerizas, una fragua, cocedero para el vino, una magnífica bodega; y a las inmediaciones del castillo un paseo poblado de plátanos, acacias y otros árboles, viéndose también dos grandes majuelos de viñas con olivos y nogales”.

 

Las cacerías ducales

   Desde que se tiene memoria fue la caza una de las aficiones preferidas por la alta nobleza para sus ratos ociosos, y en ello no desmerecieron los Infantado quienes, a más de la realeza que va dicha, aquí, en término de Heras, llegaron a reunir a cuantos grandes estuvieron a su alcance; entablándose, al hilo de la cacería, buenos negocios y relaciones matrimoniales.

   Los encargados de dar cuenta de lo habido en Heras a la hora de llevarse a cabo la relación catastral, que aquí se formalizó el 10 de mayo de 1751, cifraron en diez mil fanegas la posesión ducal, y en dos mil reales el producto que obtenían los señores de la caza del conejo, que se arrendaba anualmente a partir de San Miguel: “dando a S.E. por cada uno real y medio libre”.

   Aquí disponían, además, de los correspondientes guardas a fin de que los vecinos del entorno no osasen disparar a los conejos que, es de suponer que a cientos, se manejaban en el entorno, teniendo los lugareños prohibida la caza de conejos en diez leguas a la redonda de la posesión ducal.

   Por supuesto, los daños en los cultivos de los vecinos no son para cuento. De ellos se apiadó el 5º Duque, don Íñigo, quien consciente de los males que se ocasionaban ordenó comprar trigo y establecer pósitos en Taragudo, Heras, Cañizar y algunos lugares más a fin de que, las penas, con pan, fuesen menos.

   Agotándose el siglo XIX, el palacio ducal de Heras pasó, se dice, a propiedad de D. Saturio Ramírez, de quien pasaría a los marqueses de Casariego y condes de Maluque y en donde el gran pintor don José Moreno Carbonero, como padre del marqués consorte, puede que trazase alguno de sus más conocidos y hermosos lienzos historicistas.

   

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 12 de junio de 2026


HERAS DE AYUSO (Guadalajara)

 HERAS DE AYUSO (Guadalajara); Historia y Memoria

 

 

HERAS DE AYUSO, SUSO O DE ARRIBA es, al día de hoy, una población de la provincia de Guadalajara, situada en plena Alcarria, con un proceso demográfico decreciente, a pesar de que fue población de intensa vida.

   El autor, a través de los testimonios escritos a lo largo del tiempo por cronistas e historiadores, en su recorrido por los pueblos de Guadalajara, nos adentra en el ayer de Heras; tomando los textos publicados por aquellos, junto a otros que nos hablan de él, para darnos cuenta de la importancia que estas tierras alcanzaron a través de los siglos; acompañando la obra con los textos de aquellos quienes, cada uno en su sentir, opinó en torno a lo que admiraron sus ojos y conocieron en su debido momento.

   Puede, en ocasiones, parecernos confuso el discurrir del texto de unos y otros; ha de ser el lector quien, observando y analizando, llegue a la conclusión que las páginas siguientes buscan.

   Como parte de la propia obra, el autor nos lleva a conocer, siquiera de manera somera, los acontecimientos históricos del entorno; así como de las costumbres que acompañaron la vida de esta parte de la provincia de Guadalajara; empleando investigaciones y fuentes propias.

   Sin duda, las páginas siguientes, como otras anteriormente publicadas, nos acercan a un entorno que siempre merece una atención; una detenida mirada…

 

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 EL LIBRO

  • ASIN ‏ : ‎ B0DJD6K1ZF
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 215 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8340930729
  • Peso del producto ‏ : ‎ 340 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.37 x 21.59 cm

 

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viernes, mayo 15, 2026

RECORDANDO A DON TOMÁS BRAVO Y LECEA

 

RECORDANDO A DON TOMÁS BRAVO Y LECEA

En el centenario de su fallecimiento

 

   En el anochecer del martes 26 de mayo de 1926, en Cabanillas del Campo, se despidió del mundo de los vivos don Tomás Bravo y Lecea cuando contaba con sesenta años de edad, había nacido en Madrid en 1866, y se dedicó en Guadalajara, donde pasó la mayor parte de su vida, al mundo de la judicatura, la prensa, la novela o la literatura en general; siendo uno de los hombres más significativos en el mundo del periodismo en una provincia en la que, en este tiempo, abundaba la prensa escrita; en numerosas de sus páginas dejó Tomás Bravo y Lecea su firma, e incluso llegó a presidir en el segundo decenio del siglo, la Asociación de la Prensa de Guadalajara.




 

Bravo y Lecea, hombre de letras y de leyes

   El profesor Calero Delso, sin duda el más significativo de los biógrafos de Bravo y Lecea, nos indica que nació en Madrid, en el ya señalado año de 1866, y en la capital del reino dedicó los primeros años de su vida al estudio, en el Instituto del Cardenal Cisneros, por supuesto que con notable aplicación, ya que obtuvo varios premios cuando apenas contaba con 14 años de edad, destacando en él su pronta vena literaria: Con apenas veinte llevaría su nombre a los medios de prensa, apareciendo sus primeras líneas escritas en algunos medios de Valladolid, ciudad en la que concluyó sus estudios de derecho, dedicando los ratos de ocio a poner sus pensamientos en verso y prosa. Allí, en Valladolid, en el mes de julio de 1887, obtendría la licenciatura en Derecho civil y canónigo, continuando de esa manera la obra paterna. Su padre, Antonio Bravo Tudela, también llevó a cabo estudios legislativos, ejerciendo como abogado, dedicación que dejaría por la judicatura, llegando a ser nombrado en 1889 presidente de la Audiencia Provincial de Guadalajara, trasladándose a nuestra capital, a la que posteriormente le seguiría su hijo.

   Antonio Bravo sin embargo no ejercería su labor en Guadalajara durante mucho tiempo, ya que la muerte le sorprendió en Madrid el 18 de julio de 1891 cuando, tras pasar el verano en uno de los famosos balnearios nacionales, se disponía a regresar a nuestra capital.

 

Bravo y Lecea, en Guadalajara

   Como anteriormente apuntábamos, antes de llegar a Guadalajara, Bravo y Lecea era ya conocido en el mundo literario. Sus cuentos, relatos y poemas aparecían con relativa frecuencia en revistas literarias como La Ilustración Nacional, de Madrid; La Tempestad y El Faro de Castilla, de Segovia; El Norte de Castilla, de Burgos; o la Revista de Vizcaya, de Bilbao, entre otros numerosos medios de prensa castellanos y madrileños, en los que se llegó a forjar una pequeña fama literaria que le acompañaría a Guadalajara, en donde abrió gabinete jurídico en la calle Mayor cuando corría el año 1892, desde donde se ocupó de casos, civiles y penales de nombradía, entre ellos ejerciendo la defensa de uno de los acusados del famoso “crimen del ermitaño”, de Cifuentes; o de los encausados por el no menos conocido de los “muleteros de Maranchón”.

   En Guadalajara se encontraba al menos desde dos años atrás, pues desde aquí firmaba y enviaba sus colaboraciones de prensa a los medios. Y aquí en Guadalajara firmó, junto a nuestro buen sacerdote y arqueólogo, a más de gran escritor, natural de Horche, Ignacio Calvo y Sánchez, una de sus más reconocidas obras literarias en este tiempo, la novelita: “La Flor de la Alcarria”, que vería la luz primero en la prensa y posteriormente en libro, en 1890. Un año antes, en Valladolid, había dejado su primera recopilación de cuentos y artículos de prensa que llevaría el título de “Nubes y Celajes”. Sin que falten en este tiempo sus colaboraciones en la prensa de Guadalajara, principalmente en el semanario “El Eco”.

 

Bravo y Lecea, y sus publicaciones

   Para 1893 se pondría al frente de uno de sus primeros proyectos periodísticos, al dirigir un nuevo medio de prensa, La Ilustración, al servicio de los intereses políticos en la provincia de quien comenzaba a destacar en este mundo, Álvaro de Figueroa, nuestro Conde de Romanones quien, a través de este medio, trataría de convencer a su electorado alcarreño. La Ilustración, sin embargo, tan solo publicaría tres números, dedicando sus portadas al Sr. Conde, a D. Antonio Botija y a D. Diego García Martínez. Por supuesto que en sus páginas se ensalzaban la figura política, y los logros, de cada uno de ellos.

   No por ello, el cese de publicación de La Ilustración, dejó Bravo y Lecea de escribir en los medios provinciales, ya que inmediatamente comenzó a aparecer su firma en el semanario Flores y Abejas, al tiempo que se ocupaba de su bufete jurídico, interviniendo en cuantos eventos culturales tuvieron lugar en este tiempo en la ciudad, ante todo en el Ateneo Caracense, donde ofreció numerosas conferencias; estrenándose en algunos de los teatritos de la capital algunas de sus numerosas obras, o juguetes cómicos teatrales, de corta duración.

   En 1895 dará a la imprenta, en Guadalajara, su obra “La clase obrera”, y en el mes de junio de este mismo año pasará a ocupar el cargo de redactor jefe del semanario provincial “La Crónica”, que llegará a dirigir durante algún tiempo, siendo sus crónicas y opiniones no muy bien recibidas por algunos sectores políticos contrarios a sus ideas, lo que le llevarán a sentarse en el banquillo de los juzgados capitalinos; de los que saldrá libre de cargos.

   No faltarán en su vida los oficios que llevaba aparejada la existencia de un personaje de nuestra talla. Bravo y Lecea pasará por los juzgados municipales de la ciudad de Guadalajara, ocupando los cargos de juez y fiscal; por el Gobierno Civil, y no faltarán, en su larga lista de nombramientos y ocupaciones la secretaría de la administración provincial de la Beneficencia, la de cofradías, cátedras y reuniones culturales; añadiendo a su colección de nombramientos, incluso, la de Bibliotecario del Casino de Guadalajara, en 1900. Entre numerosos más.

   Iniciará, junto al también abogado José María Solano, en 1901, el que será uno de sus grandes proyectos y que mayor número de años permanecerá en el tiempo, la edición del Anuario Guía de Guadalajara, en principio dedicado a la ciudad, que por vez primera verá la luz en 1902, en el que se incluirán los principales datos de la industria, el comercio o los profesionales de la ciudad; que en años sucesivos irá ampliándose para abarcar a las principales poblaciones de la provincia; de periodicidad anual, con sucesivas ampliaciones a los partidos judiciales, y que será sustituida al final del decenio por la guía de la abogacía, “El Indispensable para el abogado, y útil para los demás”. Convertida en obra de referencia no sólo en Guadalajara, sino que su ámbito se extenderá a la totalidad del reino.

   Dejaría Guadalajara por Barcelona, acompañando a su hija Amparo en 1923, sin por ello olvidarse de la prensa y vida social de nuestra provincia. Allí sería redactor del “Diario de Barcelona”, compaginando a partir de entonces sus estancias catalanas con las provinciales en Guadalajara o Cabanillas, a cuya población se ligaría a través de su esposa, Adelaida de Bartolomé, manteniendo en ambas poblaciones sus amistades y vida sociales.

   A Guadalajara y Cabanillas regresó definitivamente en el mes de abril de 1926, con la intención de recuperarse de la afección que en aquellos momentos le aquejaba; enfermedad de la que no se repondría, alcanzándole la muerte en aquel anochecer del 26 de mayo de 1926, recibiendo sepultura al día siguiente en el cementerio municipal de Guadalajara. Cien años hace.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 15 de mayo de 2026


MUJERES EN GUADALAJARA

 

MUJERES EN GUADALAJARA

 

   El autor reúne, en esta obra, a una serie de mujeres que han formado, y forman, parte de la historia de Guadalajara y su provincia. Mujeres que pertenecieron a la nobleza; que tomaron parte de la vida política o cultural; escritores, poetisas, mujeres sencillas, y, por supuesto, maestras, cada una en su mundo.

   Semblanzas biográficas ampliadas en torno a las publicaciones del autor, algunas de las cuales han aparecido esbozadas en sus colaboraciones en la prensa provincial. Son, sin duda, mujeres que hicieron, y son historia.

 

MUJERES EN GUADALAJARA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

 

   En las páginas que componen esta obra encontraremos las semblanzas de: María Diega Desmassières y Sevillano; Luisa Bravo de Guzmán; Antonia Bronchalo Lopesino (Lupe Sino); Carmen Bueno Paz; Carmen de Burgos Seguí (Colombine);  Eva Cervantes (Esperanza Perales);  Mayor Guillén de Guzmán; Catalina de Lancaster; Luisa de Medrano; Ana de Mendoza y de la Cerda; Brianda de Mendoza y Luna; Mencía de Mendoza; Isabel Muñoz Caravaca; Vicenta Ortíz Cuesta; María Pacheco de Mendoza; María Pérez de Sotomayor; Elena Sánchez de Arrojo; Amelia de la Torre y Asunción Vela López.

 

 MUJERES EN GUADALAJARA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

 

 

 

SUMARIO GENERAL

-I-

María Diega Desmassières y Sevillano, Condesa de la Vega del Pozo, Duquesa de Sevillano

Dedicó su vida a hacer, sobre todo, obras de caridad

Pág. 9

 

-II-

LUISA BRAVO DE GUZMÁN

Marquesa de Lanzarote; la mujer que ganó casi todas sus batallas

Pág. 19

 

-III-

LUPE SINO

(Antonia Bronchalo Lopesino)

La novia del torero

Pág. 31

 

-IV-

CARMEN BUENO PAZ, DE LAYNA

Detrás de un gran hombre…

Pág. 45

 

-V-

CARMEN DE BURGOS SEGUÍ,

“COLOMBINE”

Una dama de las letras, en Guadalajara

Pág. 65

 

-VI-

EVA CERVANTES

La poetisa que descubrió Jadraque

Pág. 75

 

-VII-

MAYOR GUILLÉN DE GUZMÁN

Señora de Palazuelos, Alcocer y el Infantado, y su descendencia

Pág. 87

 

-VIII-

CATALINA DE LANCASTER

Reina y Señora de Guadalajara

Pág. 115

 

-IX-

LUISA DE MEDRANO

¿La primer Catedrático?

Pág. 123

 

-X-

ANA DE ÉBOLI

La princesa cautiva de Pastrana y de Cifuentes

Pág. 131

 

-XI-

BRIANDA DE MENDOZA Y LUNA

Memoria de una dama, en la historia de Guadalajara

Pág. 139

 

-XII-

MENCÍA DE MENDOZA

Dama del Renacimiento

Pág. 147

 

-XIII-

ISABEL MUÑOZ CARAVACA

La mujer que soñó un mundo justo

Pág. 155

 

-XIV-

VICENTA ORTIZ CUESTA

Una mujer de medalla

Pág. 209

 

-XV-

MARÍA PACHECO

La Comunera Mendoza

Pág. 215

 

-XVI-

MARÍA PÉREZ DE SOTOMAYOR

La Varona de Paredes

Pág. 221

 

-XVII-

ELENA SÁNCHEZ DE ARROJO

La primera concejala

Pág. 229

 

-XVIII-

AMELIA DE LA TORRE

La actriz de Illana

Pág. 235

 

-XIX-

ASUNCIÓN VELA LÓPEZ

Maestra de maestras

Pág. 245

 

 

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  • ASIN ‏ : ‎ B0BNK7LKCT
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 257 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8366086028
  • Peso del producto ‏ : ‎ 399 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.65 x 21.59 cm 
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viernes, enero 23, 2026

MANDAYONA, EL AHORCADO Y LA VIRGEN DE LA PAZ

 

MANDAYONA, EL AHORCADO Y LA VIRGEN DE LA PAZ

La Virgen de la Paz es una de las celebraciones invernales más arraigadas en la provincia

 

   Don Antonio Ponz, al pasar por Mandayona en la segunda mitad del siglo XVIII, no pudo describir mejor la población, a la orilla del río y dentro de un conjunto paisajístico inigualable: “Logra este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas. El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor. También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…”

   Los señores del lugar no eran otros que los duques del Infantado, que aquí tuvieron casa palacio, a la vera del Henares, que es el río que don Antonio nos describe; el obispo que siguió a Delgado Venegas sería don Inocencio Bejarano quien aquí falleció el 13 de diciembre de 1818, y desde aquí, en fúnebre procesión, fue trasladado a su reposo eterno de la catedral de Sigüenza.



 

El Señorío de Mandayona

   Fue uno de los señoríos más señalados del entorno del Henares el que tuvo por cabeza a Mandayona. Se compuso, además de por la villa cabecera, por los, primero lugares y villas después, de Villaseca de Henares, Aragosa, Mirabueno y la parte que le cupo de Algora (que fue la mitad de la población, ya que la otra parte perteneció al ducado de Medinaceli). Teniendo por la villa cabecera, Mandayona, especial predilección, tanto doña Brianda de Castro, tal vez una de sus más significativas dueñas, como sus sucesores, ya que a través de enlaces matrimoniales el señorío de Mandayona, con sus villas y lugares, fue a parar a las manos de otra de nuestras grandes damas alcarreñas, doña Ana de la Cerda, princesa de Éboli. Sus emblemas, o mejor, los de sus padres y abuelos, todavía lucen al día de hoy con severa urbanidad sobre la elegante portada renacentista de la iglesia parroquial, como que tomaron parte en su construcción.

 

Mira Bueno…

   No son pocas las tradiciones que nos hablan de su pasado, histórico, cultural y etnográfico, entre ellas la que hace referencia a una de las devociones de la comarca: la Virgen de Mirabueno.

   Cuenta la tradición que el origen del nombre de la población, de Mirabueno, se encuentra en esas dos sencillas palabras, la del Bueno, nombre o apellido común en algún tiempo en la zona, y la del mira, unidas ambas a la sencilla frase que una chiquilla dirigiese a su hermano cuando, allá por los años medios del siglo XIV, cuentan que se apareció en el entorno del encinar una hermosa paloma, en historia que compuso don Luciano Ochoa: “… una pastora de Mandayona, según la tradición, encuentra en el hueco de una encina una paloma que guarda en su zurrón. De regreso a casa, va a enseñársela a su hermano diciéndole: “Mira Bueno”, y nota que la paloma ha desaparecido. Vuelve al lugar en el que la encontró viendo que, de nuevo, está allí en el hueco del tronco. La recogen para presentársela a sus padres. Más, otra vez, al ir a enseñársela, ven que no está en el saco. Ponen inmediatamente el hecho en conocimiento del cura del pueblo y, comprobado después que se trata de una imagen de la Virgen, deciden construir una ermita en el lugar donde la encontraron…”

   Forma la leyenda parte de la tradición que nos habla de la devoción del pueblo de Mirabueno y su vecino de Mandayona a la venerada imagen a la que, desde aquel entonces, la fecha que se marca es la de 1350, se llamó Nuestra Señora de Mirabueno, a la que levantaron ermita o Santuario y, desde aquellos siglos, hasta los presentes, acudieron en romería. La de las Cruces a la Virgen.

 

Y la Virgen de la Paz

   Por aquí anduvieron los franceses en la Guerra de la Independencia dando buenos palos a las guerrillas y a las gentes que buscaban que permaneciese lo suyo en su lugar. En una de aquellas, a modo de castigo y según solían, los gabachos prendieron fuego al caserío, después de cometer alguna que otra tropelía por el mes de septiembre de 1809. Entre los excesos estuvo el ahorcamiento público de alguno de sus vecinos. Quizá en ello esté una delas tradiciones más curiosas que ha vivido el folclore provincial, y que el tiempo denominó como “el ahorcado de Mandayona”, que se conmemoró con motivo de la festividad de la Virgen de la Paz.

   Ninguna crónica pública nos dejará constancia de la celebración por estos años de la tradición del “ahorcado”, estudiada por López de los Mozos en 2006, quedando igualmente reflejo en “Botargas y enmascarados alcarreños. Carnaval en Guadalajara”, resumiéndose su fiesta, tenida por ancestral, y desconociéndose su origen en la población, en breves líneas: “El carácter de agravio e injuria del carnaval queda reflejado en la provincia en dos ejemplos, "La Carta Candelas" y "El Ahorcado", de ellos es éste último el más llamativo e incluso cruel, seguido en otros puntos de la península y en la actualidad prácticamente desaparecido en toda ella. Este ensañamiento, por extraño que resulte, también se ejecutaba en ciudades populosas. En Oviedo, por ejemplo, se elegía entre los pobres e indigentes el personaje en cuestión, que cubierto de andrajos era paseado por las calles, cayendo sobre él toda clase de desperdicios, para terminar la función arrojándolo a una alberca, un pozo o un charco de agua sucia. Sin embargo éstos rituales, que hoy podemos considerar exagerados y sin sentido, por supuesto, eran comunes en los pueblos primitivos englobados dentro de las denominadas purificaciones. Estas eran de dos clases, generales y particulares o extraordinarias y ordinarias”.

   Las generales ordinarias se practicaban cuando en una asamblea antes del sacrificio, un sacerdote después de haber mojado una rama de laurel o un tronco de verbena, planta sagrada para los celtas, en el agua lustral, hacia la aspersión al pueblo. Las purificaciones generales extraordinarias se verificaban en las épocas de peste, hambre o calamidad pública. Entonces eran crueles, especialmente en el pueblo griego. Para llevarlas a cabo elegían a aquél de los habitantes de la ciudad que tenía peor aspecto y destacaba por su fealdad o deformaciones y lo conducían con pompa triste y fúnebre al lugar del sacrificio, donde era inmolado y quemado, arrojando sus cenizas al mar.

   En Mandayona el sujeto elegido, y dado su conformidad, era mantenido a expensas del pueblo durante la semana previa a la celebración de la Virgen de la Paz, 24 de enero, día en el que era paseado por las calles de la población sobre unas parihuelas, recibiendo los insultos de la comparsa acompañante, que iba a grandes voces dando cuenta de la sentencia de ejecución:

 

Pobladores de la villa,/ venid a oír la sentencia/ que ha dictado la justicia. / Por mangante y por tramposo, / por mujeriego y bribón, / del holgazán que aquí veis, se ordena su ejecución.

 

   De aquella manera llegaban hasta la plaza, donde con gran pompa era manteado y posteriormente se procedía a su "ejecución", simulando su ahorcamiento del árbol central, mientras la comparsa acompañante solicitaba de los presentes un donativo para mantener a la viuda e hijos del "ejecutado". La costumbre fue suprimida tras la guerra de 1936, si bien permaneció en el recuerdo de un buen número de sus pobladores, y en las coplillas que de aquella tradición se dedicaron, hasta su reciente recuperación.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 23 de enero de 2026

 MANDAYONA

    Tomé mi ruta para la Villa de Mandayona (Guadalajara), quasi todo por entre monte de encinas, que la mayor parte, como el dicho pueblo, pertenecen al Duque del Infantado. Mandayona logra de una excelente situación en un valle, que aunque no muy ancho, ni largo, es a propósito para toda suerte de frutales, como se experimenta con los pocos que hay de camuesas, perales, cerezos, nogales… El Palacio del Señor (de los Mendoza) que estaba junto a la iglesia, y una famosa huerta que tuvo pegada a él, están hoy reducidos a nada, y el terreno de la huerta sirve para siembras.

   Logra este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas. El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor. También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…

 Antonio Ponz
“Viajes por España”



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SUMARIO:
-I-
La tierra, la geografía y el entorno
Pág.9

-II-
Un repaso por la historia
Pág. 25

-III-
La Comunidad de Villa y Tierra de Atienza
Pág. 35

-IV-
Mandayona, entre Doña Urraca y María de Castilla
Pág. 45

V-
Las tierras de Gómez Carrillo
Pág. 55

-VI-
Íñigo de la Cerda y Brianda de Castro, Señores de Mandayona
Pág. 61

-VII-
La vida en Mandayona, entre los siglos XVI y XVIII
Pág. 73

-VIII-
Guerra por una Independencia
Pág. 91

-IX-
La vida municipal
Pág. 106

-X-
Mandayona Siglo XX . Las líneas que nos llevan al presente
Pág. 123

Apéndices
Pág. 133


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El Libro:

  • ASIN ‏ : ‎ B09XZGTZDS
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 256 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8805392369
  • Peso del producto ‏ : ‎ 281 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 0.94 x 22.86 cm

 




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