viernes, enero 23, 2026

MANDAYONA, EL AHORCADO Y LA VIRGEN DE LA PAZ

 

MANDAYONA, EL AHORCADO Y LA VIRGEN DE LA PAZ

La Virgen de la Paz es una de las celebraciones invernales más arraigadas en la provincia

 

   Don Antonio Ponz, al pasar por Mandayona en la segunda mitad del siglo XVIII, no pudo describir mejor la población, a la orilla del río y dentro de un conjunto paisajístico inigualable: “Logra este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas. El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor. También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…”

   Los señores del lugar no eran otros que los duques del Infantado, que aquí tuvieron casa palacio, a la vera del Henares, que es el río que don Antonio nos describe; el obispo que siguió a Delgado Venegas sería don Inocencio Bejarano quien aquí falleció el 13 de diciembre de 1818, y desde aquí, en fúnebre procesión, fue trasladado a su reposo eterno de la catedral de Sigüenza.



 

El Señorío de Mandayona

   Fue uno de los señoríos más señalados del entorno del Henares el que tuvo por cabeza a Mandayona. Se compuso, además de por la villa cabecera, por los, primero lugares y villas después, de Villaseca de Henares, Aragosa, Mirabueno y la parte que le cupo de Algora (que fue la mitad de la población, ya que la otra parte perteneció al ducado de Medinaceli). Teniendo por la villa cabecera, Mandayona, especial predilección, tanto doña Brianda de Castro, tal vez una de sus más significativas dueñas, como sus sucesores, ya que a través de enlaces matrimoniales el señorío de Mandayona, con sus villas y lugares, fue a parar a las manos de otra de nuestras grandes damas alcarreñas, doña Ana de la Cerda, princesa de Éboli. Sus emblemas, o mejor, los de sus padres y abuelos, todavía lucen al día de hoy con severa urbanidad sobre la elegante portada renacentista de la iglesia parroquial, como que tomaron parte en su construcción.

 

Mira Bueno…

   No son pocas las tradiciones que nos hablan de su pasado, histórico, cultural y etnográfico, entre ellas la que hace referencia a una de las devociones de la comarca: la Virgen de Mirabueno.

   Cuenta la tradición que el origen del nombre de la población, de Mirabueno, se encuentra en esas dos sencillas palabras, la del Bueno, nombre o apellido común en algún tiempo en la zona, y la del mira, unidas ambas a la sencilla frase que una chiquilla dirigiese a su hermano cuando, allá por los años medios del siglo XIV, cuentan que se apareció en el entorno del encinar una hermosa paloma, en historia que compuso don Luciano Ochoa: “… una pastora de Mandayona, según la tradición, encuentra en el hueco de una encina una paloma que guarda en su zurrón. De regreso a casa, va a enseñársela a su hermano diciéndole: “Mira Bueno”, y nota que la paloma ha desaparecido. Vuelve al lugar en el que la encontró viendo que, de nuevo, está allí en el hueco del tronco. La recogen para presentársela a sus padres. Más, otra vez, al ir a enseñársela, ven que no está en el saco. Ponen inmediatamente el hecho en conocimiento del cura del pueblo y, comprobado después que se trata de una imagen de la Virgen, deciden construir una ermita en el lugar donde la encontraron…”

   Forma la leyenda parte de la tradición que nos habla de la devoción del pueblo de Mirabueno y su vecino de Mandayona a la venerada imagen a la que, desde aquel entonces, la fecha que se marca es la de 1350, se llamó Nuestra Señora de Mirabueno, a la que levantaron ermita o Santuario y, desde aquellos siglos, hasta los presentes, acudieron en romería. La de las Cruces a la Virgen.

 

Y la Virgen de la Paz

   Por aquí anduvieron los franceses en la Guerra de la Independencia dando buenos palos a las guerrillas y a las gentes que buscaban que permaneciese lo suyo en su lugar. En una de aquellas, a modo de castigo y según solían, los gabachos prendieron fuego al caserío, después de cometer alguna que otra tropelía por el mes de septiembre de 1809. Entre los excesos estuvo el ahorcamiento público de alguno de sus vecinos. Quizá en ello esté una delas tradiciones más curiosas que ha vivido el folclore provincial, y que el tiempo denominó como “el ahorcado de Mandayona”, que se conmemoró con motivo de la festividad de la Virgen de la Paz.

   Ninguna crónica pública nos dejará constancia de la celebración por estos años de la tradición del “ahorcado”, estudiada por López de los Mozos en 2006, quedando igualmente reflejo en “Botargas y enmascarados alcarreños. Carnaval en Guadalajara”, resumiéndose su fiesta, tenida por ancestral, y desconociéndose su origen en la población, en breves líneas: “El carácter de agravio e injuria del carnaval queda reflejado en la provincia en dos ejemplos, "La Carta Candelas" y "El Ahorcado", de ellos es éste último el más llamativo e incluso cruel, seguido en otros puntos de la península y en la actualidad prácticamente desaparecido en toda ella. Este ensañamiento, por extraño que resulte, también se ejecutaba en ciudades populosas. En Oviedo, por ejemplo, se elegía entre los pobres e indigentes el personaje en cuestión, que cubierto de andrajos era paseado por las calles, cayendo sobre él toda clase de desperdicios, para terminar la función arrojándolo a una alberca, un pozo o un charco de agua sucia. Sin embargo éstos rituales, que hoy podemos considerar exagerados y sin sentido, por supuesto, eran comunes en los pueblos primitivos englobados dentro de las denominadas purificaciones. Estas eran de dos clases, generales y particulares o extraordinarias y ordinarias”.

   Las generales ordinarias se practicaban cuando en una asamblea antes del sacrificio, un sacerdote después de haber mojado una rama de laurel o un tronco de verbena, planta sagrada para los celtas, en el agua lustral, hacia la aspersión al pueblo. Las purificaciones generales extraordinarias se verificaban en las épocas de peste, hambre o calamidad pública. Entonces eran crueles, especialmente en el pueblo griego. Para llevarlas a cabo elegían a aquél de los habitantes de la ciudad que tenía peor aspecto y destacaba por su fealdad o deformaciones y lo conducían con pompa triste y fúnebre al lugar del sacrificio, donde era inmolado y quemado, arrojando sus cenizas al mar.

   En Mandayona el sujeto elegido, y dado su conformidad, era mantenido a expensas del pueblo durante la semana previa a la celebración de la Virgen de la Paz, 24 de enero, día en el que era paseado por las calles de la población sobre unas parihuelas, recibiendo los insultos de la comparsa acompañante, que iba a grandes voces dando cuenta de la sentencia de ejecución:

 

Pobladores de la villa,/ venid a oír la sentencia/ que ha dictado la justicia. / Por mangante y por tramposo, / por mujeriego y bribón, / del holgazán que aquí veis, se ordena su ejecución.

 

   De aquella manera llegaban hasta la plaza, donde con gran pompa era manteado y posteriormente se procedía a su "ejecución", simulando su ahorcamiento del árbol central, mientras la comparsa acompañante solicitaba de los presentes un donativo para mantener a la viuda e hijos del "ejecutado". La costumbre fue suprimida tras la guerra de 1936, si bien permaneció en el recuerdo de un buen número de sus pobladores, y en las coplillas que de aquella tradición se dedicaron, hasta su reciente recuperación.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 23 de enero de 2026

 MANDAYONA

    Tomé mi ruta para la Villa de Mandayona (Guadalajara), quasi todo por entre monte de encinas, que la mayor parte, como el dicho pueblo, pertenecen al Duque del Infantado. Mandayona logra de una excelente situación en un valle, que aunque no muy ancho, ni largo, es a propósito para toda suerte de frutales, como se experimenta con los pocos que hay de camuesas, perales, cerezos, nogales… El Palacio del Señor (de los Mendoza) que estaba junto a la iglesia, y una famosa huerta que tuvo pegada a él, están hoy reducidos a nada, y el terreno de la huerta sirve para siembras.

   Logra este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas. El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor. También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…

 Antonio Ponz
“Viajes por España”



EL LIBRO DE LA HISTORIA DE MANDAYONA, PULSANDO AQUÍ



SUMARIO:
-I-
La tierra, la geografía y el entorno
Pág.9

-II-
Un repaso por la historia
Pág. 25

-III-
La Comunidad de Villa y Tierra de Atienza
Pág. 35

-IV-
Mandayona, entre Doña Urraca y María de Castilla
Pág. 45

V-
Las tierras de Gómez Carrillo
Pág. 55

-VI-
Íñigo de la Cerda y Brianda de Castro, Señores de Mandayona
Pág. 61

-VII-
La vida en Mandayona, entre los siglos XVI y XVIII
Pág. 73

-VIII-
Guerra por una Independencia
Pág. 91

-IX-
La vida municipal
Pág. 106

-X-
Mandayona Siglo XX . Las líneas que nos llevan al presente
Pág. 123

Apéndices
Pág. 133


EL LIBRO DE LA HISTORIA DE MANDAYONA, PULSANDO AQUÍ

 

 

El Libro:

  • ASIN ‏ : ‎ B09XZGTZDS
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 256 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8805392369
  • Peso del producto ‏ : ‎ 281 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 0.94 x 22.86 cm

 




EL LIBRO DE LA HISTORIA DE MANDAYONA, PULSANDO AQUÍ

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

No se admitirán mensajes obscenos, insultantes, de tipo político o que afecten a terceras personas.