MANDAYONA, EL AHORCADO Y LA VIRGEN DE LA PAZ
La Virgen de la Paz es una de las celebraciones invernales más
arraigadas en la provincia
Don Antonio Ponz, al pasar por Mandayona en la segunda mitad del siglo
XVIII, no pudo describir mejor la población, a la orilla del río y dentro de un
conjunto paisajístico inigualable: “Logra
este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas.
El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural
amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde
pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de
Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor.
También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en
él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…”
Los señores del lugar no eran otros que los duques del Infantado, que
aquí tuvieron casa palacio, a la vera del Henares, que es el río que don
Antonio nos describe; el obispo que siguió a Delgado Venegas sería don
Inocencio Bejarano quien aquí falleció el 13 de diciembre de 1818, y desde
aquí, en fúnebre procesión, fue trasladado a su reposo eterno de la catedral de
Sigüenza.
El
Señorío de Mandayona
Fue uno de los señoríos más señalados del entorno del Henares el que
tuvo por cabeza a Mandayona. Se compuso, además de por la villa cabecera, por
los, primero lugares y villas después, de Villaseca de Henares, Aragosa,
Mirabueno y la parte que le cupo de Algora (que fue la mitad de la población,
ya que la otra parte perteneció al ducado de Medinaceli). Teniendo por la villa
cabecera, Mandayona, especial predilección, tanto doña Brianda de Castro, tal
vez una de sus más significativas dueñas, como sus sucesores, ya que a través
de enlaces matrimoniales el señorío de Mandayona, con sus villas y lugares, fue
a parar a las manos de otra de nuestras grandes damas alcarreñas, doña Ana de
la Cerda, princesa de Éboli. Sus emblemas, o mejor, los de sus padres y
abuelos, todavía lucen al día de hoy con severa urbanidad sobre la elegante
portada renacentista de la iglesia parroquial, como que tomaron parte en su
construcción.
Mira Bueno…
No son pocas las tradiciones que nos hablan
de su pasado, histórico, cultural y etnográfico, entre ellas la que hace
referencia a una de las devociones de la comarca: la Virgen de Mirabueno.
Cuenta la tradición que el origen del nombre
de la población, de Mirabueno, se encuentra en esas dos sencillas palabras, la
del Bueno, nombre o apellido común en
algún tiempo en la zona, y la del mira, unidas
ambas a la sencilla frase que una chiquilla dirigiese a su hermano cuando, allá
por los años medios del siglo XIV, cuentan que se apareció en el entorno del
encinar una hermosa paloma, en historia que compuso don Luciano Ochoa: “… una pastora de Mandayona, según la
tradición, encuentra en el hueco de una encina una paloma que guarda en su
zurrón. De regreso a casa, va a enseñársela a su hermano diciéndole: “Mira
Bueno”, y nota que la paloma ha desaparecido. Vuelve al lugar en el que la
encontró viendo que, de nuevo, está allí en el hueco del tronco. La recogen
para presentársela a sus padres. Más, otra vez, al ir a enseñársela, ven que no
está en el saco. Ponen inmediatamente el hecho en conocimiento del cura del
pueblo y, comprobado después que se trata de una imagen de la Virgen, deciden
construir una ermita en el lugar donde la encontraron…”
Forma la leyenda parte de la tradición que
nos habla de la devoción del pueblo de Mirabueno y su vecino de Mandayona a la
venerada imagen a la que, desde aquel entonces, la fecha que se marca es la de
1350, se llamó Nuestra Señora de Mirabueno, a la que levantaron ermita o
Santuario y, desde aquellos siglos, hasta los presentes, acudieron en romería.
La de las Cruces a la Virgen.
Y la
Virgen de la Paz
Por aquí anduvieron los franceses en la Guerra de la Independencia dando
buenos palos a las guerrillas y a las gentes que buscaban que permaneciese lo
suyo en su lugar. En una de aquellas, a modo de castigo y según solían, los
gabachos prendieron fuego al caserío, después de cometer alguna que otra
tropelía por el mes de septiembre de 1809. Entre los excesos estuvo el
ahorcamiento público de alguno de sus vecinos. Quizá en ello esté una delas
tradiciones más curiosas que ha vivido el folclore provincial, y que el tiempo
denominó como “el ahorcado de Mandayona”,
que se conmemoró con motivo de la festividad de la Virgen de la Paz.
Ninguna crónica pública nos dejará constancia de la celebración por
estos años de la tradición del “ahorcado”,
estudiada por López de los Mozos en 2006, quedando igualmente reflejo en “Botargas y enmascarados alcarreños. Carnaval
en Guadalajara”, resumiéndose su fiesta, tenida por ancestral, y
desconociéndose su origen en la población, en breves líneas: “El carácter de agravio e injuria del carnaval
queda reflejado en la provincia en dos ejemplos, "La Carta Candelas"
y "El Ahorcado", de ellos es éste último el más llamativo e incluso
cruel, seguido en otros puntos de la península y en la actualidad prácticamente
desaparecido en toda ella. Este ensañamiento, por extraño que resulte, también
se ejecutaba en ciudades populosas. En Oviedo, por ejemplo, se elegía entre los
pobres e indigentes el personaje en cuestión, que cubierto de andrajos era
paseado por las calles, cayendo sobre él toda clase de desperdicios, para
terminar la función arrojándolo a una alberca, un pozo o un charco de agua
sucia. Sin embargo éstos rituales, que hoy podemos considerar exagerados y sin
sentido, por supuesto, eran comunes en los pueblos primitivos englobados dentro
de las denominadas purificaciones. Estas eran de dos clases, generales y
particulares o extraordinarias y ordinarias”.
Las generales ordinarias se practicaban
cuando en una asamblea antes del sacrificio, un sacerdote después de haber
mojado una rama de laurel o un tronco de verbena, planta sagrada para los
celtas, en el agua lustral, hacia la aspersión al pueblo. Las purificaciones
generales extraordinarias se verificaban en las épocas de peste, hambre o
calamidad pública. Entonces eran crueles, especialmente en el pueblo griego.
Para llevarlas a cabo elegían a aquél de los habitantes de la ciudad que tenía
peor aspecto y destacaba por su fealdad o deformaciones y lo conducían con
pompa triste y fúnebre al lugar del sacrificio, donde era inmolado y quemado,
arrojando sus cenizas al mar.
En Mandayona el sujeto elegido, y dado su
conformidad, era mantenido a expensas del pueblo durante la semana previa a la
celebración de la Virgen de la Paz, 24 de enero, día en el que era paseado por
las calles de la población sobre unas parihuelas, recibiendo los insultos de la
comparsa acompañante, que iba a grandes voces dando cuenta de la sentencia de
ejecución:
Pobladores de la villa,/ venid a oír la sentencia/ que ha dictado la
justicia. / Por mangante y por tramposo, / por mujeriego y bribón, / del
holgazán que aquí veis, se ordena su ejecución.
De aquella manera llegaban hasta la plaza,
donde con gran pompa era manteado y posteriormente se procedía a su "ejecución", simulando su
ahorcamiento del árbol central, mientras la comparsa acompañante solicitaba de
los presentes un donativo para mantener a la viuda e hijos del
"ejecutado". La costumbre fue suprimida tras la guerra de 1936, si
bien permaneció en el recuerdo de un buen número de sus pobladores, y en las
coplillas que de aquella tradición se dedicaron, hasta su reciente
recuperación.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la
memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 23 de enero de 2026
MANDAYONA
Tomé mi ruta para la Villa de Mandayona (Guadalajara), quasi todo por entre monte de encinas, que la mayor parte, como el dicho pueblo, pertenecen al Duque del Infantado. Mandayona logra de una excelente situación en un valle, que aunque no muy ancho, ni largo, es a propósito para toda suerte de frutales, como se experimenta con los pocos que hay de camuesas, perales, cerezos, nogales… El Palacio del Señor (de los Mendoza) que estaba junto a la iglesia, y una famosa huerta que tuvo pegada a él, están hoy reducidos a nada, y el terreno de la huerta sirve para siembras.
Logra este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas. El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor. También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…
Antonio Ponz
“Viajes por España”
EL LIBRO DE LA HISTORIA DE MANDAYONA, PULSANDO AQUÍ
SUMARIO:
-I-
La tierra, la geografía y el entorno
Pág.9
-II-
Un repaso por la historia
Pág. 25
-III-
La Comunidad de Villa y Tierra de Atienza
Pág. 35
-IV-
Mandayona, entre Doña Urraca y María de Castilla
Pág. 45
V-
Las tierras de Gómez Carrillo
Pág. 55
-VI-
Íñigo de la Cerda y Brianda de Castro, Señores de Mandayona
Pág. 61
-VII-
La vida en Mandayona, entre los siglos XVI y XVIII
Pág. 73
-VIII-
Guerra por una Independencia
Pág. 91
-IX-
La vida municipal
Pág. 106
-X-
Mandayona Siglo XX . Las líneas que nos llevan al presente
Pág. 123
Apéndices
Pág. 133
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El Libro:
- ASIN : B09XZGTZDS
- Editorial : Independently published
- Idioma : Español
- Tapa blanda : 256 páginas
- ISBN-13 : 979-8805392369
- Peso del producto : 281 g
- Dimensiones : 15.24 x 0.94 x 22.86 cm
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