viernes, junio 12, 2026

HERAS DE AYUSO Y LOS CONEJOS DEL DUCADO

 

HERAS DE AYUSO Y LOS CONEJOS DEL DUCADO

En Heras tuvieron los del Infantado uno de sus mayores cazaderos

 

   Se tiende Heras de Ayuso a mitad de camino entre la Alcarria y la Campiña, con vistas a la Guadalajara ducal. Heras de Ayuso, crece. Muy a pesar de que históricamente nunca fue población de gran número de vecinos, arrojándonos los censos de los años finales del siglo XIX, cuando más, cifras por debajo de las que hoy presenta.

   Heras estuvo al amparo del cerro de Hita, al que se mira de frente y a cuya tierra perteneció con Padilla, Valdearenas, Muduex, Caspueñas, Taragudo, Valdegrudas, Rebollosa, Cañizar, Ciruelas, Valdeancheta, Copernal, Alarilla, Torre del Burgo y Utande; contándose en estas tierras algunos despoblados como Majanan, Utabelino, Torrientes y Maluque, del que se cuenta que tuvo castillo alzado por los duques del que en el primer cuarto del siglo XIX ya no quedaba apenas nada. Como la tierra entera de Hita fue parte de los dominios de Íñigo López de Mendoza, y antes de Íñigo López de Orozco y, como toda esta tierra, devota a carta cabal de Nuestra Señora de Sopetrán.




 Nuestra Señora de Sopetrán en la devoción de Heras

   En Heras tuvieron los monjes de Sopetrán extensos dominios, algunos en el curioso paraje de Matafrailes, que vaya usted a saber el porqué de la nominación; del que dependió eclesiásticamente, mandándole fraile para decir misa, confesor y predicador; también era el monasterio propietario de uno de los mesones locales y sobre los vecinos de Heras obró la Virgen el milagro en 1509 de librar a la población de su desaparición a cuenta de la peste que, en ese año, según cuentas de Fray Antonio de Heredia y su Historia del Monasterio: “una gran peste y mortandad, que apenas quedó persona que no estuviese apestada. Morían muchos de los pocos vecinos que en él había. Atinaron con el remedio eficaz para tanto mal, que fue acudir a Nuestra Señora de Sopetrán suplicándole alcanzase salud para este pueblo, y que harían voto de venir a esta Casa cada año en Procesión el día de la Purísima Concepción, y que le ofrecerían un cirio de cera. Al punto cesó la peste, y los enfermos apestados se levantaron sanos y buenos…” Y desde entonces, hasta que de ello se perdió memoria, los de Heras acudieron a Sopetrán con su cirio cada día de la Purísima Concepción.

   Algunas cosas más llegaron desde Heras al Santo Monasterio puesto que, alzado que fue en tierras de la población el palacio señorial o pabellón de caza que por aquí dispusieron los duques del Infantado, palacio que fue casa de retiro de la duquesa doña Ana de Mendoza, hasta aquí se hizo traer una de las reliquias para ella más preciadas, que fue un huesecillo del brazo derecho del glorioso San Benito que, puesto “en una medalla de plata sobredorada, en forma de brazo muy grande, con su Viril de cristal que permite se vea la Reliquia”, hizo llegar al monasterio con cumplida procesión de gentes de bien, clérigos y, por supuesto, monjes: “Y su nieto, el Excelentísimo Señor Don Rodrigo de Mendoza, Duque del Infantado y primer patrón que fue después de este Convento, asistió personalmente acompañado de muchos caballeros, y los que tenían hábitos con sus mantos, como también su excelencia, y dispuso que se hiciese una solemnísima Procesión desde su Palacio de Heras, a la cual acudieron ochenta cruces de otros tantos lugares, con mucho número de personas eclesiásticas y seglares, que acompañaron la Santa Reliquia, la cual se trajo a este Convento año de 1633, con toda esta pompa y autoridad que dispuso este Gran Príncipe con su acostumbrada piedad y recurrencia a las Cosas Sagradas”.

 

El palacio de los duques

   Nos cuentan algunas crónicas que después de castillo fue el de Heras, o Maluque, palacio de caza de los señores del entorno; dejándonos el cronista Layna breve reseña al respecto cuando nos dice que por aquí tenía el Duque del Infantado anchurosa casona con visos de palacio; más un magnífico y bien cuidado coto de caza, en el que recibió en alguna de las ocasiones que por aquí pasaron, a los reyes de Castilla y Aragón, Don Fernando y Doña Isabel, a quienes, tanto como a su acompañamiento, el duque entretuvo en cacerías sin fin por este territorio y a quienes, se nos cuenta: “obsequió con espléndida comida, por la tarde con entretenida partida venatoria cobrándose numerosas piezas menores y mayores sin el menor cansancio por ser abundantísimas, y todavía después de la cena suculenta hubo músicas y danzas aunque la trasnochada fue corta, porque poco avanzada la mañana siguiente se emprendería la marcha a Guadalajara”. También aquí recibiría el duque al nieto de los Católicos monarcas, Carlos I de España, de camino hacia Jadraque, el 13 de marzo de 1529.

   Las calamidades de la Guerra de Sucesión, que por esta parte de Guadalajara se vivieron con aires de desgracia, ya que los perdedores se dedicaron a la destrucción y el saqueo cuando iban de retirada, debió de dar al traste con parte del palacio o resto del castillo que todavía pudo conocer en parte don Antonio Ponz cuando se echó al camino antes de concluir el siglo XVIII; de sus notas tomaron otras los cronistas que siguieron, incluso los que pasaron datos para que el geógrafo Pascual Madoz incluyese en su diccionario la correspondiente a Heras y el palacio de los duques, levantado en una finca de buena extensión. Palacio con su oratorio “10 casernas para criados, tres casas para guardas, pajares, caballerizas, una fragua, cocedero para el vino, una magnífica bodega; y a las inmediaciones del castillo un paseo poblado de plátanos, acacias y otros árboles, viéndose también dos grandes majuelos de viñas con olivos y nogales”.

 

Las cacerías ducales

   Desde que se tiene memoria fue la caza una de las aficiones preferidas por la alta nobleza para sus ratos ociosos, y en ello no desmerecieron los Infantado quienes, a más de la realeza que va dicha, aquí, en término de Heras, llegaron a reunir a cuantos grandes estuvieron a su alcance; entablándose, al hilo de la cacería, buenos negocios y relaciones matrimoniales.

   Los encargados de dar cuenta de lo habido en Heras a la hora de llevarse a cabo la relación catastral, que aquí se formalizó el 10 de mayo de 1751, cifraron en diez mil fanegas la posesión ducal, y en dos mil reales el producto que obtenían los señores de la caza del conejo, que se arrendaba anualmente a partir de San Miguel: “dando a S.E. por cada uno real y medio libre”.

   Aquí disponían, además, de los correspondientes guardas a fin de que los vecinos del entorno no osasen disparar a los conejos que, es de suponer que a cientos, se manejaban en el entorno, teniendo los lugareños prohibida la caza de conejos en diez leguas a la redonda de la posesión ducal.

   Por supuesto, los daños en los cultivos de los vecinos no son para cuento. De ellos se apiadó el 5º Duque, don Íñigo, quien consciente de los males que se ocasionaban ordenó comprar trigo y establecer pósitos en Taragudo, Heras, Cañizar y algunos lugares más a fin de que, las penas, con pan, fuesen menos.

   Agotándose el siglo XIX, el palacio ducal de Heras pasó, se dice, a propiedad de D. Saturio Ramírez, de quien pasaría a los marqueses de Casariego y condes de Maluque y en donde el gran pintor don José Moreno Carbonero, como padre del marqués consorte, puede que trazase alguno de sus más conocidos y hermosos lienzos historicistas.

   

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 12 de junio de 2026


HERAS DE AYUSO (Guadalajara)

 HERAS DE AYUSO (Guadalajara); Historia y Memoria

 

 

HERAS DE AYUSO, SUSO O DE ARRIBA es, al día de hoy, una población de la provincia de Guadalajara, situada en plena Alcarria, con un proceso demográfico decreciente, a pesar de que fue población de intensa vida.

   El autor, a través de los testimonios escritos a lo largo del tiempo por cronistas e historiadores, en su recorrido por los pueblos de Guadalajara, nos adentra en el ayer de Heras; tomando los textos publicados por aquellos, junto a otros que nos hablan de él, para darnos cuenta de la importancia que estas tierras alcanzaron a través de los siglos; acompañando la obra con los textos de aquellos quienes, cada uno en su sentir, opinó en torno a lo que admiraron sus ojos y conocieron en su debido momento.

   Puede, en ocasiones, parecernos confuso el discurrir del texto de unos y otros; ha de ser el lector quien, observando y analizando, llegue a la conclusión que las páginas siguientes buscan.

   Como parte de la propia obra, el autor nos lleva a conocer, siquiera de manera somera, los acontecimientos históricos del entorno; así como de las costumbres que acompañaron la vida de esta parte de la provincia de Guadalajara; empleando investigaciones y fuentes propias.

   Sin duda, las páginas siguientes, como otras anteriormente publicadas, nos acercan a un entorno que siempre merece una atención; una detenida mirada…

 

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 EL LIBRO

  • ASIN ‏ : ‎ B0DJD6K1ZF
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 215 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8340930729
  • Peso del producto ‏ : ‎ 340 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.37 x 21.59 cm

 

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