lunes, agosto 03, 2026

UN ECLIPSE DE SOL, ENTRE ALMAZÁN Y SIGÜENZA

 

UN ECLIPSE DE SOL, ENTRE ALMAZÁN Y SIGÜENZA

El que tuvo lugar el 30 de agosto de 1905

 

   Fue el año de gloria de 1905, para la provincia de Guadalajara, uno de los que se marcan con líneas de colores en los calendarios; año en el que los eventos de todo tipo se prodigaron por lo largo y ancho de nuestro territorio, aderezados con el singular acontecimiento de celebrarse el tercer centenario de la publicación de la más que celebrada obra de Miguel de Cervantes, “Don Quijote de la Mancha” que, en numerosas poblaciones, cambió incluso el repertorio callejero, como sucedería en Atienza, donde una de sus principales calles, la de la Zapatería, antigua Mayor, pasó a denominarse: “de Cervantes”; poco después de que, hasta Atienza también, y procedente de Somolinos, en el mes de marzo de este mismo año llegase la electricidad. En este mismo año, el pintor Joaquín Sorolla retrató de cuerpo entero a la segunda mujer del hombre más poderoso de la tierra de Molina a través de las resineras, don Calixto Roríguez; mientras don Elías Bartolomé y Gil, hábil industrial de la ciudad de Sigüenza, registraba el 20 de noviembre de este particular año, en La Raposera de Sigüenza, un pozo de petróleo; también hubo nacimientos, como el que el 8 de agosto tuvo lugar en Jadraque, donde vio la luz del mundo nuestro poeta más cantarín, José Antonio Ochaíta, hijo del maestro de la localidad; y si de maestros y escuelas hablamos, digamos que en este año de 1905 desapareció la escuela de Casillas de Atienza devorada por el fuego; sucesos hubo, como el que causó la muerte en Cifuentes al famoso ermitaño Bibiano Gil, el 21 de febrero de ese año; poco después, el 19 de marzo, por vez primera que se tenga memoria, llegaban a Majaelrayo, algunos excursionistas de la Sociedad Pedad Madrileña; el 18 de junio quedaban inauguradas, en la calle del Horno de la Mata, de Madrid, las aulas del Centro Alcarreño, precursor de la Casa de Guadalajara; a la capital de la Alcarria accedía como alcalde don Ángel Campos García; el 11 de enero los jueces confirmaban el “error judicial” de Mazarete, por el crimen que nunca ocurrió y, claro está, el 30 de agosto… el eclipse.

 




La maestra de las estrellas

   Una de las personas que más entendió de eclipses y de todo lo que tiene algo que ver con el universo, allá por los últimos años del siglo XIX e inicios del XX, fue Isabel Muñoz-Caravaca y López de Acevedo, a la sazón maestra en Atienza, aunque dedicada a las clases particulares; pues para entonces había ya dejado la docencia municipal para la que llegó. Sus ideas, un tanto peculiares para la época la aconsejaron el retiro.

   Doña Isabel, nacida en 1848 en Madrid, contaba con 12 años de edad cuando se produjo el eclipse de sol más seguido de la historia hasta entonces, el del 18 de julio de 1860, escribiendo a su tiempo que: “hizo un día espléndido y vi maravillada aquella magnífica corona solar”; no opinarían lo mismo los astrónomos europeos que se desplazaron a España para seguirlo. A alguno de ellos, tal que Leon Foucault, el del péndulo, a causa de las inclemencias, se le arruinó la fiesta. Otros como Urbain Le Verrier o Hervé Faye, de la Academia de Ciencias del Imperio Francés; el egipcio Ismail Effendi; el astrónomo de Leipzig, Karl Brunhs, e incluso el Sr. Tissot, de la relojería suiza, lo verían con ojos más acordes al tiempo que les tocó vivirlo, sobre las cimas del Moncayo.

   Doña Isabel, que gustó siempre mirar las estrellas, y de ello dejó amplia muestra a través de sus escritos, solía acudir a uno de los parajes que ella encontró excepcionales para ello en la villa de Atienza: el pretil de la iglesia de la Santísima Trinidad. Sus aficiones a la astronomía tampoco serían entendidas en una Atienza, la de los últimos años del siglo XIX e inicios del XX, conservadora y, tal vez, anclada en tiempos remotos. Su afición la traspasaría a su hijo, el maestro y poeta Jorge Moya de la Torre y Muñoz-Caravaca; y la llevaría a viajar en numerosas ocasiones a Francia, de cuya Academia de Astronomía fue miembro de la mano de uno de sus directores y fundadores, Camille Flanmarión.

 

Sigüenza-Almazán, 1905

   Aquél de 1860 no fue el único eclipse que pudo contemplar doña Isabel, vivió y contó con precisión el de mayo de 1900, como acostumbraba a observar el ir y venir de las estrellas. Desde aquel año hasta el que relató su hijo Jorge Moya de la Torre, el de 1905, hubo algunos más, solares y lunares, totales y parciales. Hasta que llegó el de 1905 que, de nuevo, atrajo la atención de cuantos observadores de los fenómenos interestelares pisaban la tierra. Para este se convino desde la capital del reino que uno de los lugares desde donde mejor podría observarse era Sigüenza, y aquí, a la ciudad del Doncel, se dirigieron las miradas.

   Doña Isabel, en cambio, entendió que en lugar de Sigüenza el lugar más apropiado se encontraba en las alturas de la cercana Almazán y allá se dirigió con cuantos la quisieron seguir, entre ellos el flamante Camille Flammarion, quien con su esposa y desde su París de acogida atravesó una parte de Francia, y otra de España, para llegar hasta Atienza y desde aquí, con el cortejo que acompañó a doña Isabel, dirigirse a Almazán. Tanto ella como sus acompañantes fueron recibidos en la población como se recibe a las grandes personalidades, muy a pesar de que los científicos españoles desdeñaron los escritos de la Muñoz-Caravaca, por mujer; cierto, el Ministerio de la Gobernación había pedido oficialmente a las autoridades locales y provinciales que a quienes venían: “se les guarde toda suerte de respetos y consideraciones”; y en Almazán se cumplió con creces, siendo recibidos nuestros personajes por la representación municipal encabezada por su alcalde.

   Desde Almazán, Jorge Moya de la Torre contó a quienes lo quisieron leer, el sucedido. En los campos de Almazán se dieron cita los científicos americanos del Observatorio de Indiana; los franceses; los mejicanos del Observatorio de Tacubaya, y cuantos españoles de a pie siguieron sus pasos…, hasta que se hizo la noche y, después, volvió a amanecer: “… entre cánticos de gloria”.

   Mientras que la prensa se hacía bocas de lo vivido en Sigüenza, donde se puso el completo a hostales y casas de viajeros, recibidos estos en la estación a los acordes musicales de la banda; sobre todo a los viajeros de postín, ya que fueron numerosos los ministros que, invitados por el conde de Romanones, acudieron a la ciudad para presenciarlo. También hubo viajes en tren, de ida y vuelta, por el módico precio de 20 pesetas, más 5 por el almuerzo, en primera clase. Contaron que, en pleno apogeo eclipsal, se sintió un frío glaciar, y eso que era agosto. También comenzaron a cantar los gallos cuando se descorría la cortina solar. Contaron que Sigüenza fue, ese día, una sucursal de la corte real. Como que todo personaje de posibles se llegó hasta aquí.

   Seguro que, de este que nos viene, y que ampliamente podrá seguirse en la provincia, salvo que las nubes, como a los del Moncayo en 1860 hagan de las suyas; o como en Almazán lo haga la lluvia, que comenzó a caer a eso del mediodía, próximo a la cúpula solar.

   Las crónicas no dejarán de contarnos maravillas; eso sí, tras el celaje, la vida, como antes sucedió, continuará abriéndose camino y, como escribirse la Muñoz-Caravaca, todo es estudio y observación.

  

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 7 de agosto de 2026


ISABEL MUÑOZ CARAVACA. LA MUJER QUE SOÑÓ UN MUNDO JUSTO

 

 ISABEL MUÑOZ CARAVACA
La mujer que soñó un mundo justo
(Biografías de Guadalajara)

 

   Isabel Muñoz Caravaca, nacida en Madrid y surgida al mundo del periodismo en Guadalajara, fue una de las mujeres pioneras en la lucha por muchos derechos: la igualdad de la mujer; la abolición de la pena de muerte; el voto femenino; la dignidad de la profesión a la que pertenecía como maestra, etc.

   Fue la primera mujer en figurar en el mundo de la Astronomía, a la que dedicó una parte importante de su vida; y puede considerarse como una de las primeras mujeres que profesaron una ideología liberal en la provincia de Guadalajara, a pesar de que nunca estuvo afiliada a ningún partido político.


ISABEL MUÑOZ CARAVACA, LA MUJER QUE SOÑÓ UN MUNDO JUSTO, EL LIBRO, AQUÍ

   Su pensamiento quedó impreso a través de decenas de artículos periodísticos que nos muestran que fue, ante todo, una luchadora y, por qué no, una soñadora. Pensamientos que le granjearon, producto de los tiempos, la enemistad de algunos sectores de la sociedad.

   Hoy es un nombre respetado y, en algunos aspectos, desconocido.

   A través de las páginas siguientes nos introducimos en su vida, su mundo y sus escritos, tratando de llegar a conocer la humanidad de la persona por encima de todo.

 

 


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