viernes, agosto 14, 2026

PÁLMACES DE JADRAQUE EN LA HISTORIA DEL AGUA

 

PÁLMACES DE JADRAQUE EN LA HISTORIA DEL AGUA

El embalse cambió el futuro de la población

 

   El 17 de julio de 1870 el diputado D. Estanislao Suárez Inclán tomó la palabra en el Congreso de los Diputados para hablar en nombre de los vecinos de Pálmaces de Jadraque a quienes, como a tantos otros españoles, preocupaban no sólo la situación que en este tiempo se vivía en España, inmersa en guerras y revoluciones, las habituales que acompañaron el siglo XIX. Para entonces España se encontraba en el abismo de la tercera Guerra Carlista, después de haberse iniciado el siglo con las que se siguieron contra Francia, y algunas más; y de haberse vivido unas cuantas situaciones que no solo empañaron la vida de los españoles, sino que, en muchos casos, los condujeron a la miseria. En aquel tiempo en el que los vecinos de Jadraque se dirigieron al Sr. Suárez Inclán, España buscaba rey, que lo encontraría en D. Amadeo I de Saboya. D. Estanislao pidió la palabra y, una vez en su uso, se dirigió a los congresistas diciendo:La he pedido para presentar a las Cortes una exposición de considerable número de vecinos de la villa de Pálmaces de Jadraque, provincia de Guadalajara, pidiendo a las Cortes se sirvan coronar la obra constituyente eligiendo Rey de España a una persona de talento, energía, independencia de fortuna, estirpe regia, y que haya probado contribuir al triunfo del alzamiento nacional”.

   Gobernaba el municipio don Hilario Andrés, quien continuaba en el cargo un año después, cuando también desde Pálmaces se solicitaba al Congreso de los Diputados que se nombrase rey de España a don Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, casado con la Infanta Luisa Fernanda de Borbón, considerado como uno de los personajes más intrigantes de la España de aquel tiempo, cuya ambición le llevó a pretender reinos tan lejanos y extraños como el del Ecuador, y cuyas intrigas llevaron de alguna manera al exilio a su cuñada, la reina Isabel II, encontrándose igualmente tras las que llevaron a la muerte al Jefe de Gobierno, General Prim, y que perdió todas las opciones al trono tras uno de los sucesos más significativos de aquellos días, el duelo a muerte que mantuvo con su primo don Enrique de Borbón, duque de Sevilla, quien también pretendiente al trono de España, ofendió al de Montpensier a través de algunos folletos, siendo retado al duelo en el que murió el 12 de marzo de 1870 en las cercanías de Madrid. Tal su genio.

   No sería la única acción que por estos años tendría Pálmaces de Jadraque ante la política española. Unos años antes de la proposición al trono del duque de Montpensier, los vecinos de Pálmaces firmaron, junto a otros muchos municipios españoles, una carta dirigida a los diputados del reino con motivo de la Revolución de 1868, en la que La Junta Superior de la Asociación de Católicos, presidida por el marqués de Viluma y el conde de Orgaz, pedían “a las Cortes Constituyentes se sirvan decretar que la Religión Católica apostólica romana, única verdadera, continúe siendo y será perpetuamente la Religión de la nación española, con exclusión de todo otro culto, y gozando de todos los derechos y prerrogativas de que debe gozar según la Ley de Dios y lo dispuesto en los sagrados cánones”. La petición por parte de Pálmaces la suscribían, junto a los miembros del Ayuntamiento, alrededor de doscientos cincuenta vecinos más.

   Y hace poco más de cien años, según nos contó el entonces profesor de Geografía don Alberto Blanco, Pálmaces era, además, a ojos de aquel hombre, la meca universal del esgrafiado. Tanto y gratamente le impresionó lo descubierto que lo lanzó al mundo del conocimiento arquitectónico el 13 de julio de 1919, dando cuenta de que: “Muchas de las casas de este pueblo tienen las portadas de sus casas, de tejas a zócalo, adornadas de figuras de animales, de plantas, de frutos, de utensilios comunes y de líneas curvas sinuosas. Estas figuras están utilizadas convencionalmente y las que más abundan son las de pájaros, peces, serpientes, ramas, cubos, etc. Algunas son tan caprichosas como una cigüeña con cuatro patas y un pico como de pelícano”.

   Había descubierto el esgrafiado de uno de nuestros pueblos. Un arte que por esta parte de Guadalajara entra por la provincia de Segovia a través de Grado de Pico, recorre ambos márgenes del antiguo Camino Salinero de Castilla; se ramifica a través de las poblaciones aledañas a Sigüenza y continúa hacia el Alto Tajo, no sin antes dejarnos en uno de los últimos pueblos de la raya de Guadalajara con Teruel, Prados Redondos, algunas de las más espléndidas muestras de un arte en proceso de extinción.

 





Pálmaces, una población industriosa

   Pálmaces era por entonces una industria población; alejados los tiempos en los que fue simple aldea de la tierra de Jadraque dependiente del condado del Cid y del ducado del Infantado, luego de haber pasado por la tierra de Atienza y las posesiones de Gómez Carrillo.

   La minería, con la cercanía a la capital de los sexmos del Henares y del Bornova, Jadraque, dotaban a la población de un encanto especial para los inversores. Por aquí, por Pálmaces, comenzándose a agotar los filones de plata de Hiendelaencina y alrededores, se buscaban nuevos metales siguiendo las inversiones que dos o tres decenios atrás iniciase el Sr. Cura párroco, D. Galo Vallejo, socio en su tiempo de los promotores de Hiendelaencina, de Górriz, Orfila o Ignacio Contreras; al tiempo que comenzaba a hablarse de las ventajas que proporcionarían las aguas de un pantano o embalse que por aquel tiempo comenzaba a flotar en la idea de algunas mentes prodigiosas. Todo ello hacía que la población creciese, de tal manera que incluso se unió para adquirir al Estado la Dehesa, que costó 59.000 pesetas de las de 1904. Cuando la población rondaba los quinientos habitantes, que todavía subirían un poco más con los obreros que comenzaron a llegar para llevar a cabo las obras del embalse dicho. Obreros que, como desde al menos el siglo XVI, celebraron en Pálmaces las festividades de San Roque y Santa Quiteria.

  El pantano estaba llamado a resolver las crecientes necesidades de agua de los regantes del Canal del Henares. El 2 de febrero de 1930, con el proyecto ya prácticamente concluido, don Fernando Palanca, presidente de la Comunidad de Regantes, dará cuenta de lo que se esperaba de él, así como de los beneficios y progresos que reportaría al pueblo de Pálmaces, indicando que: “El Patriotismo de los vecinos de Pálmaces no necesita acicates. Sabemos y es muy de lamentar que las mejores tierras de la vega de Pálmaces tienen que ser expropiadas… Pálmaces encontrará la compensación en la construcción del camino vecinal, tan necesario para el pueblo, y en la abundancia de jornales que una obra de este calibre les ha de proporcionar…

   Poco después comenzarían las obras, que interrumpiría la Guerra Civil de 1936, reanudándose a partir de 1940 y quedando apto para el servicio tras su inauguración oficial el 28 de junio de 1954. A partir de aquí la emigración sería una constante hasta llegar a nuestros días, muy a pesar de que el espejuelo del agua atrae, verano a verano, a no pocos de los que marcharon, como atrajo a un nuevo vecindario que se asoma, a las caídas de la tarde, al remanso de aquellas aguas en las que se parecen reflejar los picachos de las próximas serranías del Alto Rey de la Majestad, como señalaron los responsables de Pálmaces en el siglo XVI.

   Y es que, bien mirado y si se busca, todo tiene su encanto.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 14 de agosto de 2026


 UN LIBRO SOBRE PÁLMACES DE JADRAQUE

PÁLMACES DE JADRAQUE EN LA HISTORIA



   Por vez primera suena en la historia el nombre de Pálmaces de Jadraque (Guadalajara) con motivo de las incursiones cristianas en tierras árabes, en los primeros decenios del siglo X. Después de que la invasión del año 711 dominasen completamente la hoy provincia de Guadalajara, creándose por estas tierras una especie de línea defensiva ante las incursiones provenientes desde el Norte; desde la frontera del Duero tras la que se encontraban los reinos cristianos.






   Una red de torres y castilletes levantada entre el Duero y el Tajo formaba igualmente una especie de línea defensiva, a la vez que eran utilizadas las torres como puntos de vigilancia y aviso desde los que controlar al enemigo y anunciar unas a otras las incursiones las sucesivas incursiones, que hubieron de ocurrir desde poco después de que los reyes godos fuesen empujados a sus refugios norteños, desde los que iniciaron la larga e interminable reconquista de las tierras perdidas.

   Al día de hoy Pálmaces es uno más de los muchos pueblos que permanecen prácticamente deshabitados a lo largo del año. El Pantano de su nombre forzó de alguna manera la emigración. No obstante, antes y después tuvo cosas que contar, quizá no sean demasiadas las que se recogen a lo largo de las páginas siguientes. Probablemente sirvan para que se recupere su larga  historia, no se pierda su memoria y tengan las futuras generaciones el recuerdo de lo que fue la tierra de sus mayores.






Sumario:

-I-
Pálmaces, el marco geográfico
Pág. 9

-II-
El Arte, en Pálmaces
Pág. 17

-III-
Pálmaces en la Historia
Pág. 27

-IV-
La Reconquista
Pág. 33

-V-
La Tierra y Sexmos de Jadraque
Pág. 39

-VI-
La Edad Moderna
Pág. 45

-VII-
Pálmaces y los Diccionarios
Pág. 53

-VIII-
Pálmaces en el Siglo XIX
Pág. 59

-IX-
Pálmaces en el Siglo XX
Pág. 73

-X-
Pálmaces 1936/1945
Pág. 87

-XI-
Pálmaces
Pág.96

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