lunes, agosto 24, 2026

EL CABILDO DE CLÉRIGOS DE ATIENZA

 

EL CABILDO DE CLÉRIGOS DE ATIENZA

Se convirtió en una de las instituciones más importantes de la Serranía

 

   Una de las instituciones más representativas y de mayor poder económico en la comarca serrana de Guadalajara, tras el propio obispado de la diócesis, fuese el desaparecido Cabildo de Clérigos de Atienza, surgido como hermandad gremial en los últimos años del siglo XII y que disminuido en funciones, poder y miembros, alcanzó hasta los primeros decenios del siglo XIX. Su poderío, a más del que le dieron sus propios fines religiosos, alcanzó a controlar tierras, casas, o industrias, pues por tales se tenían los entonces imprescindibles molinos harineros o batanes. Los testamentos eclesiásticos de los serranos, redactados bajo el consejo espiritual de sus confesores, tanto como las inversiones clericales, hicieron poderoso al gremio, que llegó a contar con un centenar de miembros, no sólo centrados en la villa de Atienza, también en las poblaciones vecinas.

   Su archivo documental es probable que sea, al día de hoy, uno de los más importantes de la diócesis seguntina, al margen siempre de los del propio obispado, comenzando por sus ordenanzas, redactadas en pergamino en los últimos años del siglo XII o inicios del XIII; tras ellas, decenas de documentos lo acompañan, desde los signados por los arzobispos de Toledo, entre ellos Rodrigo Jiménez de Rada, en 1219 o 1221; a los del papado de Gregorio IX, de 1234 y 1250; de prácticamente todos y cada uno de los obispos de Sigüenza; o de los reyes castellanos, comenzando por Alfonso X, llegando a Carlos I y, por supuesto, de una parte importante de quienes nacieron, vivieron y murieron en la Atienza, y su tierra,  desde nueve o diez siglos atrás.




   Su primitiva sede se ubicó en la iglesia de San Pedro de Moncalvillo, desaparecida en el transcurso de la guerra de los Infantes de Aragón, que prácticamente arrasó lo mejor de la población en el verano de 1446; pasando con posterioridad a la Santísima Trinidad, en la que, tras las obras de remodelación que le dieron el aspecto actual a lo largo del siglo XVI, en una entreplanta ubicada sobre la sacristía, a la parte posterior del templo todavía, gastada por el paso de los siglos, se encuentra su sala capitular, que estudiase el cronista provincial Layna Serrano: “De éstas, una pequeña hacía de antesala, la intermedia con honores de pasillo alojaba el archivo eclesiástico, y otra más amplia era la de juntas, proveyéndosela de severa sillería de tipo coral que hoy se conserva (1945), y merece ser colocada en el templo de manera que se luzca y aproveche; en tales estancias debieron celebrarse las sesiones destinadas a asuntos de índole económica o corporativa en cuanto atañera a incidentes o debates, pues las juntas para elegir abad o votar el ingreso de nuevos capitulares previo juramento, tenían lugar en la iglesia de San Juan”.

   En aquel siglo XVI levantarían en torno a la que fue plaza Mayor de la villa, sus propias y representativas casas de gobierno que, a través del tiempo, han llegado a nuestros días.

 

En torno al Cabildo

   El Dr. Ángel Riesco Terrero, al catalogar el Archivo de la Clerecía atencina en los últimos años de la década de 1980, escribirá al respecto de quienes lo formaban: “La Clerecía de Atienza y su comarca, formada al principio por el cabildo de párrocos-beneficiados y capellanes de la villa, con tal que estos fuesen nacidos y bautizados en ella, más las cofradías y hermandades anejas a sus iglesias y con el tiempo, un núcleo mayor integrado por prebendados y rectores de las principales parroquias y capellanías del arciprestazgo que acceden a la confraternidad ,mediante riguroso concurso oposición”.

   En sus orígenes no debió de tener demasiada trascendencia, el tiempo se la daría, principalmente a partir delsiglo XIV, cuando la hermandad era ya poseedora de numerosos bienes e incluso dictaba sus propias normas, manteniendo un abierto enfrentamiento con los frailes franciscanos asentados desde tiempo atrás extramuros de la población, los cuales tenían prohibido el acceso a la villa con cruz alzada. Para entonces, aquel siglo XIV, sus miembros, en líneas del Dr. Riesco, cada vez más numerosos y con mayor poder e influencia moral, económico-administrativa y señorial, intentarán por todos los medios la exención máxima posible: real, eclesiástica y señorial, de sus personas, bienes y haciendas y, en consecuencia, la de su confraternidad mediante privilegios y fueros. Que se cuentan, los privilegios y fueros, por decenas; reales, papales y obispales, como ya apuntamos.

   A sus primitivas ordenanzas de finales del siglo XII o comienzos del XIII, en las que como es habitual en estos tiempos miran hacia la vida espiritual y religiosa, uniéndose “a honor de Dios, de la Virgen y de todos los santos, por la salvación de sus almas, las de todos los fieles difuntos, perdón de sus pecados mediante oraciones y para obtener (gracias a la mutua ayuda) defensa contra los enemigos y adversidades del siglo”, les sustituirán unas nuevas a finales del siglo XIV o inicios del XV y a estas, cuando ya el Cabildo-Hermandad había perdido no poco de su poder, las más recientes, datadas en 1789.

 

Religión y negocio

   Fueron los clérigos atencinos promotores del mercado y feria de Atienza, “velando eficazmente, junto con la justicia, por la paz y seguridad de compradores y vendedores”, ya que en la afluencia de público a la villa se encontraban parte de sus ingresos; ejerciendo al tiempo, como es habitual en estos siglos en las instituciones religiosas, como banqueros, ofreciendo préstamos con los que incrementar su patrimonio, cobrando el regulado interés del tres por ciento, al menos durante el reinado de los Reyes Católicos, como lo continuarán haciendo dos o tres siglos después.

   Sin duda, también fueron quienes instaron al obispo seguntino Lope de Haro a instituir la Cátedra de Gramática que obligó a las poblaciones del Común a sostener a partir de 1269, lo que igualmente nos da imagen de que, de alguna manera, velaron por la cultura de los vecinos de la villa. En la misma que promovieron hospitales, hospicios y fundaciones de caridad o asistencia.

   Determinado día del año se congregarían los capitulares en su primitiva sede, la iglesia de San Pedro de Moncalvillo, provistos de sobrepelliz, para celebrar un solemne oficio de difuntos. El cabildo se reuniría en comida fraternal dos días al año con motivo de la festividad de San Lucas, quedando establecido en las Ordenanzas la ayuda mutua, la caridad entre sus miembros, el socorro y, por supuesto, cierta obligatoriedad de pertenencia al cabildo por parte de los clérigos de las distintas parroquias a quienes a su vez les quedaba vedado enterrarse en el convento franciscano. Así como asistir a entierros en él. Algo que únicamente permitirían con posterioridad al siglo XVI, si bien doblando y en algunos casos triplicando, el cobro de derechos.

 

Una institución en el recuerdo

   Su final se iniciaría en el siglo XVIII, cuando gran parte de las familias hidalgas atencinas comenzaron a abandonar la villa para establecerse en lugares más a propósito para sus fines: Alcalá de Henares o Madrid, principalmente. De la misma manera que la desaparición de algunas iglesias en el siglo XV mermó sus funciones. Al XVIII llegarían con apenas una cuarentena de capitulares, que seguirían reduciéndose en años posteriores.

      El siglo XIX tuvo para el Cabildo nefastas consecuencias, perdiendo en primer lugar parte de sus bienes personales expoliados por las tropas francesas; posteriormente sus posesiones, casas y tierras, a raíz de las leyes desamortizadoras de 1835, saliendo a subasta pública sus pertenencias. Lo que de alguna manera originaría su disolución.

   No obstante ello es, sin duda, por poco conocida y emblemática, una de las instituciones más significativas de la histórica Atienza, siempre por descubrirse.

  

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 21 de agosto de 2026

ATIENZA DE AYER A HOY, IMÁGENES DEL PASADO Y DEL PRESENTE

 ATIENZA DE AYER A HOY. IMÁGENES DEL PASADO Y DEL PRESENTE
La transformación de Atienza (Guadalajara), a lo largo del siglo XX, a través de la imagen.
Un libro de imágenes fotográficas que nos lleva al ayer y nos presenta, documentadamente, el hoy.
Fotos antiguas de Atienza (Guadalajara), y su versión actual, en el mejor libro de imágenes posible.


Atienza (Guadalajara), es una de las villas con más carácter, historia y monumentos, de la provincia de Guadalajara y, a su nivel, de Castilla. Su historia, ha sido tratada en numerosas ocasiones. Es grande. Como su paso a través de los siglos dejando, marcando, su huella. 




En el transcurso de ellos, de los siglos, y de ella, de la historia, Atienza fue creciendo, añadiendo obras a su monumentalidad, hasta llegar a nuestros días. 

La obra fotográfica de diversos autores, que ya fijaron su mirada en Atienza desde la mocedad de la fotografía hasta nuestros días, nos harán recrearnos en el pasado de nuestra villa y en su indudable transformación a través del siglo, hasta llegar a ser como hoy la conocemos. 




Transformaciones en muchas ocasiones acertadas, en otras tendrá que ser el lector, o el visitante, quien lo juzgue, ya que la crítica no es objeto de esta obra; sino la de mostrar, con imágenes del antes y el después, nuestra evolución. 

De cualquier modo, Atienza, siempre merece una mirada. Incluso comparativa.

 
 





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