lunes, julio 20, 2026

EL INCENDIO DE PUEBLA DE BELEÑA

 

EL INCENDIO DE PUEBLA DE BELEÑA

El fuego terminó, en 1902, con la mayor parte de la población

 

   La botarga de Puebla de Beleña acostumbraba a salir la mañana de San Blas, que fue santo de amplia devoción en la provincia, al que aquí rindieron culto desde que se alzó su iglesia, a él dedicada, levantada tal y como hoy la conocemos a partir del siglo XVI. Y rindiendo cuenta a la tradición lo hizo en honor a San Blas, aunque ya no en el día de su Santo, sino en el domingo más próximo a la festividad. Y es que la despoblación obliga a amoldar las fiestas al día en el que los de fuera pueden llegar con más facilidad al pueblo.

   Puebla de Beleña, que llegó a contar en sus buenos tiempos con trescientos habitantes de vida y residencia, en la actualidad apenas tiene medio centenar de censados que, llevados a habitantes de población fija podría reducirse a la mitad.

   Antaño, en su día, la botarga aparecía recorriendo la población desde las primeras horas de la mañana, tocando a la puerta de los vecinos a fin de que estos despertasen al día festivo hasta que las campanas anunciaban la llegada de la hora de la misa mayor, en cuyo transcurso se exhibía la reliquia del Santo. San Blas, patrono de la garganta, es Santo de mucha devoción, y reliquias, en la provincia; con estancias de su vida en Albalate, Budia, Brihuega, Cifuentes, Escamilla, Pareja, Sigüenza, Sotodosos, Tortuero, Atienza, Uceda, Villanueva de Argecilla, Villaviciosa…

   La reliquia de Puebla sería dada a adorar a botarga primero y después a las autoridades y pueblo en general, tras cuyo acto tenía lugar la procesión que con el santo recorría las calles del pueblo, con el botarga por cabeza tratando de poner orden en la marcha, como suele en este tipo de actos, del mismo modo que, concluida la procesión, sería quien mantuviese el orden en la subasta de palos y cintas, antes de que la imagen del santo obispo de Sebaste regresase de nuevo al lugar que siempre ocupó, en el interior del templo. Ahora es más o menos igual que en tiempo pasados, pero con los toques modernos que acompañan la celebración; y el soniquete de la música de la dulzaina y el tambor siguiendo la danza botera y saltona del, o la botarga.

   Ya habían pasado con creces estas fechas, lo mismo que las de San Pedro y San Pablo, de devoción agrícola y pastoril por esta parte de la tierra en la que se ajustaron pastores, mozos, zagales y segadores; sucedió en pleno verano, la tarde del 26 de julio de 1902, una tarde que, acompañada de su noche, y de los días que siguieron, habría de pasar a la historia local…




 

El incendio de Puebla de Beleña

      El periodista Luis Cordavias, quien accidentalmente se encontraba aquel día en el Gobierno Civil de Guadalajara, sería uno de los primeros en conocer el suceso que encogió el espíritu de la provincia, y quien, a través de sus escritos, dejará constancia de lo ocurrido: Puebla de Beleña ardía por sus cuatro costados; allí se dirigía el Gobernador civil de la provincia, con las primeras autoridades, para conocer de primera mano lo que estaba acaeciendo, y ayudar en lo que posible fuese, y allá se dirigió Cordavias: “A la una de la tarde y en el furgón de un tren mercancías, salimos a toda máquina de esta ciudad, llegando un cuanto de tiempo después a la estación de Humanes, donde nos aguardaban las Autoridades de aquella localidad, juntamente con el acaudalado fabricante D. Segundo de Grandes Merino, quien se ofreció a acompañarnos al lugar del siniestro, poniendo a nuestra disposición una magnífica carretela de su propiedad. En las calles de Humanes presenciaron el paso del Sr. Gobernador todas las mujeres y niños del pueblo, saludándonos con simpatía. Los vecinos estaban todos, desde el día anterior, en el lugar del siniestro”.

   Una hora de viaje en la carretela del seguntino don Segundo costó a las autoridades y sus acompañantes llegar hasta la población, en la que no solo los vecinos de Humanes se encontraban, sino que al igual que estos, desde Tamajón a Cogolludo, corrida la voz, decenas de personas trataban de aliviar la triste situación en la que Puebla de Beleña se encontraba desde horas atrás: “El cuadro no podía ser más desconsolador, los hombres con las cabezas descubiertas nos estrechaban las manos expresando su gratitud; las mujeres y los niños lloraban con desconsuelo y allá en el fondo gran número de casas aparecían en ruinas. Despidiendo sus humeantes escombros axfisiante calor…”

   No había que lamentar desgracias personales para la fortuna del municipio, como les comentaría el cura de Robledillo, quien les daría cuenta imprecisa de lo que estaba sucediendo, o de lo que había sucedido, puesto que el pueblo había sido ya prácticamente devorado por las llamas; añadiendo que el fuego se inició a horas indeterminadas de la tarde anterior, dándonos cuenta del aspecto que ofrecía aquel día Puebla de Beleña: “El aspecto que ofrecía aquel reducido pueblo no podía ser más desastroso. Casas hundidas; muebles, enseres y cereales carbonizados; por todas partes montones de escombros y humeantes maderas. Una pobre viuda, con cinco pequeñas criaturas nos salió al paso, lanzando desconsoladores gritos; había perdido todo cuanto tenía y sus inocentes hijos se morían de hambre. Más allá, un anciano impedido y ciego, lloraba como un niño; no tenía más patrimonio que su casa y se le había quemado por completo. Todos procurábamos alentarles y nuestras palabras llevaban algún consuelo a sus atribulados espíritus”.

 

El fuego, y sus consecuencias

   El incendio comenzó a mediodía del sábado 26 de julio de manera casual, en tiempo en el que la lumbre permanecía encendida en la cocina noche y día, en una de las casas situadas en el centro de la población, desde donde, con la fuerza del viento que entonces soplaba, se fue extendiendo a las vecinas; siendo las mujeres y los niños los primeros en acudir a sofocar las llamas, puesto que la inmensa mayoría de los hombres se encontraban atentos a las faenas de recolección del cereal, en los campos cercanos.

   En total, al término del voraz suceso, más de una veintena de casas habían quedado reducidas a escombros, poco menos que la mitad de la población, y otras tantas familias quedaban prácticamente en la indigencia, siendo socorridas en las primeras horas por quienes pudieran salvar sus haciendas, y por los pueblos vecinos, iniciándose a continuación y a iniciativa de los periódicos provinciales una campaña de recogida de fondos para ayuda a los necesitados, en tanto desde el Gobierno civil se ponían a disposición de aquellos algunos de los pocos socorros que el tiempo y las circunstancias permitían. La campaña de recogida de fondos llegaría incluso a conocimiento de la Casa Real, remitiendo el Rey Alfonso XIII, desde su lugar de descanso veraniego, San Sebastián, mil pesetas que incrementar a las otras tantas que en los inicios del mes de agosto se llevaban recogidas.

   La tasación pericial llegaría a la conclusión de que los gastos ocasionados por el siniestro ascendían a algo más de cinco mil pesetas de la época, centradas: en las propiedades de Miguel Blas, Manuel Ramiro, Anastasia Cañeque y Joaquín de la Torre, que lo tenían todo asegurado, ascendiendo sus pérdidas a 5.228 pesetas con 50 céntimos, que el seguro puso inmediatamente a disposición de los siniestrados…

   Nada se nos decía de quienes no contaban con seguro de incendios, que eran la mayoría de los afectados. Que serían socorridos con lo recaudado en las suscripciones públicas, que alcanzaría a algo más de tres mil seiscientas pesetas.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 17 de julio de 2026


PUEBLA DE BELEÑA: PÁGINAS PARA SU HISTORIA

 PUEBLA DE BELEÑA: PÁGINAS PARA SU HISTORIA

 

   A las puertas de la Sierra Norte de Guadalajara, entre las importantes e históricas villas de Tamajón y Cogolludo se formó, poco después de la Reconquista, en torno al imponente y enriscado castillo de Beleña de Sorbe, la tierra de Beleña. Tierra de la que formaron parte la propia villa de Beleña de Sorbe con sus vecinas de La Puebla de Beleña, la Torre de Beleña, Aleas, Muriel y algunas otras, hoy en la memoria.

   A través de las páginas siguientes tratamos de acercarnos a la historia común de esta tierra y, en particular, a Puebla de Beleña.

 

 El libro, pulsando aquí

SUMARIO GENERAL:

-I-

LA GEOGRAFÍA DE PUEBLA DE BELEÑA

Pág. 9

La tierra y el entorno

Demografía. Evolución de la población

Puebla de Beleña en los manuales: Los Diccionarios

 

-II-

TIEMPO DE HISTORIA

Pág. 25

Tiempos antiguos

 

-III-

PUEBLA DE BELEÑA

ENTRE EL MEDIEVO Y LA MODERNIDAD

Pág. 37

Los Señores de Beleña, en el tiempo

 

-IV-

PUEBLA DE BELEÑA, SIGLO XVIII

Pág. 53

El Catastro de Ensenada

 

-V-

ELSIGLO XIX EN PUEBLA DE BELEÑA

Pág. 69

El 2 de mayo

Las guerras carlistas

La vida municipal

En torno al Pósito

La asistencia médica y farmacéutica

Horno de pan cocer

Zofra y adra o hacendera (prestación personal)

El fin de un siglo

 

-VI-

PUEBLA DE BELEÑA EN EL SIGLO XX

Pág. 97

El incendio de Puebla

Unas notas festivas

Misiones Pedagógicas

LA TRADICIÓN: La Botarga de San Blas, en Puebla de Beleña

 

Apéndices

Pág.127

Respuestas al Interrogatorio para el Establecimiento de la Única Contribución (Catastro de Ensenada)




No hay comentarios:

Publicar un comentario

No se admitirán mensajes obscenos, insultantes, de tipo político o que afecten a terceras personas.