MONTARRÓN, UNA CALLE Y UNA TELEVISIÓN
Devastado en 1936, el pueblo fue reconstruido en 1941
A Montarrón la historia no lo trató bien y mucho menos la que se desarrolló entre 1936 y 1939, cuando la población se encontró, a causa de la Guerra, inmersa entre dos frentes de batalla. Montarrón y sus gentes, sin saber cómo ni porqué asistieron al triste momento en el que al pueblo le llegó la lluvia de bombas; en el que sus vecinos tuvieron que abandonar sus casas que, al retorno, después de que la tormenta hubiese pasado encontraron sin vida; cadáveres vivientes de paredes y tejados desvanecidos. La guerra había terminado con toda una historia en la que sus gentes como en tantos otros lugares sucediese, no habían tenido nada que ver.
Una historia de tiempos lejanos
Montarrón perteneció en los lejanos tiempos que siguieron a la reconquista de la tierra y a su formación tal y como hoy aproximadamente la conocemos, a la tierra de Beleña, que se amparó bajo uno de los castillos más singulares y maltratados por el tiempo. Sirvió para defender la tierra y el tiempo terminó por abocarlo a la ruina, dejando para la leyenda las hermosas líneas que nos remiten a un tiempo perdido entre la realidad y la fantasía. Del mismo modo que nos remiten a las luchas familiares entre los descendientes del marqués más literario que nos ha legado Guadalajara el de Santillana. Beleña y su tierra cayó en los inicios del siglo XVI del lado de doña Juana de Mendoza, a cuya muerte volvería a suscitarse el pleito por la propiedad, volviendo a vivirse escena semejante a la que protagonizasen los hombres del primer Santillana con el Alcaide entonces de la fortaleza, Fernán Páez, hasta que llegó la paz, o el acuerdo, mediante la firma de la correspondiente concordia en Guadalajara a 22 de julio de 1525 por la cual el entonces duque del Infantado cedía “cuantos derechos pudiera alegar sobre Beleña”, quedando bajo la posesión del Conde de Coruña y Vizconde de Torija, del que fue pasando a sus sucesores hasta la extinción de los señoríos en el siglo XIX.
Estando formada la tierra o alfoz de Beleña, desde el lejano año de 1170, por las aldeas, lugares, villas o poblaciones de Aleas, La Mierla, Montarrón y Torrebeleña, incorporándose, o fundándose en el transcurso del tiempo algunas aldeas o lugares más como lo fueron los desaparecidos de Romerosa o La Torre e incorporándose Muriel.
En posesión de Doña Beatriz Enríquez de Mendoza se encontraba Montarrón en el momento de elaborarse las llamadas Relaciones Topográficas ordenadas por Felipe II, que tienen lugar en esta población en 1580, el 18 de diciembre se firmaron, sin que quede históricamente documentada la manera en que llega la población a doña Beatriz o, mejor aún, a sus padres, doña Petronila de Mendoza y don Benito de Cisneros, si bien todo hace pensar en que con motivo de aquellos pleitos hereditarios que se sucederán a lo largo de este siglo y parte del anterior, Montarrón caerá hereditariamente en una de las ramas femeninas del señor de Beleña, puesto que doña Petronila de Mendoza fue hija de Juan de Mendoza, hermanastro del duque del Infantado, entre quienes se entabló nuevamente largo pleito sucesorio.
El condado de Montarrón
Un siglo después de elaborarse las Relaciones Topográficas de Felipe II, Montarrón, bajo la denominación de Monterrón, fue creado condado en la cabeza de Juan de Andicano y Celáa, por el Hechizado rey Carlos II en 1689, y en cuya familia ya se encontraba la población como señorío.
Don Juan de Andicano, natural de la localidad guipuzcoana de Mondragón donde nació en 1638, desempeñó a lo largo de su vida numerosos cargos desde que llevó a cabo sus primeros estudios en las Universidades de Valladolid y Salamanca, siendo hijo de don Diego de Andicano y de doña Isabel López de Celáa, linajes oriundos del Valle de Bérriz. Montarrón llegaba a manos de don Juan de Andicano por compra a su anterior señor, D. Diego Ramírez de Vargas; compra que tendría lugar en 1687 y por la que pagaría la nada desdeñable cantidad de 60.000 reales, quedando las tierras a su fallecimiento en el mayorazgo fundado en su hija Isabel María, quien levantará en la localidad natal del padre, a su fallecimiento en Madrid en el mes de junio de 1691, el conocido palacio de Monterrón. Como tantos otros misterios, tampoco se conoce fielmente la manera en la que la población llegó a poder de los Ramírez.
Las tierras y condado de Montarrón, o Monterrón, pasarán a la hermana de don Juan, doña María de Andicano, quien contraería nupcias con el capitán Mateo de Aranguren, en cuya línea sucesoria continuaría el condado. Así, el 20 de febrero de 1752, cuando se firman las respuestas catastrales conducentes al establecimiento de la Única Contribución, Montarrón pertenece a su señor conde, que lo era don Ignacio de Villarreal y Bérriz, quien recibía, a más de las contribuciones y alcabalas, como vasallaje de los monterronenses, en aguinaldo navideño, sesenta gallinas, a tres reales cada una, y doce perdices, a dos reales la pieza.
El tiempo en Montarrón
No muchos más trajines tuvo la tierra hasta pasado que fue el siglo XIX y entrado que hubo el XX, sin más alteraciones que las de celebrar anualmente sus festejos en torno a la festividad de su Cristo de la Agonía, hasta que llegó aquel oscuro mes de julio de 1936 en el que nos cambió la historia.
Años atrás, en el de 1927, también en el mes de julio, Montarrón rindió homenaje a uno de los hombres de nuestra ciencia médica patria, Don Santiago Ramón y Cajal, de los primeros honores que recibió en la provincia de Guadalajara; uniendo en homenaje conjunto al nombre del sabio aragonés el de quien por estas tierras andurreaba buscando dar a conocer alguna de sus historias, el Dr. D. Antonio Castillo de Lucas, quien ya figuraba entre los cronistas, etnógrafos e historiadores de nuestra tierra patria. A ambos les pusieron calle, y a Castillo de Lucas, ya que en Montarrón nacieron sus ancestros, lo nombraron Hijo Adoptivo. Descubrieron sus placas en memoria de ambos y fiesta hubo. Las placas se perdieron en aquellas del 36.
Y, de nuevo, fiesta
La batalla terminó con la población, que fue nuevamente reconstruida unos cuantos cientos de metros más allá; en lugar más llano y soleado. Su arquitectura de calles rectas y casas prácticamente iguales se trazó en los despachos de los arquitectos, que dibujaron casas para los labradores pudientes, y para los menos; con iglesia en la plaza, escuela y nuevo ayuntamiento, siendo don Francisco Echenique uno de sus forjadores. El nuevo pueblo se trazó en 1941; y ahí sigue, de entonces a hoy.
Y, una vez más, en los primeros días de julio de 1962, se repitió aquella historia de tornar a colocar en las esquinas de sus casas las placas perdidas, la de Ramón y Cajal y la de Castillo de Lucas. También, como invitados de honor, asistieron al acto quienes en aquel momento ostentaban el título heráldico de Condes de Montarrón. Ya no tenían en el pueblo otra memoria que la de la historia más a pesar de ello algo debió de hurgarles en el corazón; la señora Condesa, encargada de descubrir la placa, fue nombrada Alcaldesa Honoraria; y henchida de emoción, regaló al pueblo uno de los primeros aparatos de televisión por aquí conocidos; ocupó lugar preferente en el salón parroquial, donde el pueblo comenzó a reunirse. A los Condes también les pusieron calle.
Y ahí sigue Montarrón, con sus historias, entre botargas cascaruleras y recuerdos hermosos que desdibujan los malos momentos.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 16 de enero de 2026
HISTORIA DE MONTARRÓN (Guadalajara)
HISTORIA DE MONTARRÓN
MONTARRÓN es uno más de los pueblos de Guadalajara, perteneciente al antiguo partido judicial de Cogolludo.
Dependiente en tiempos medievales de aquella ciudad, tiene tras de sí una larga historia unida a las poblaciones del entorno, hasta la adquisición de su título de Villa y marquesado.
A través de las páginas siguientes tratamos de acercarnos a su pasado.
EL LIBRO DE MONTARRÓN (Pulsando aquí)
EL LIBRO DE MONTARRÓN
- ASIN : B0C1J1PC2T
- Editorial : Independently published
- Idioma : Español
- Tapa blanda : 177 páginas
- ISBN-13 : 979-8390582657
- Peso del producto : 290 g
- Dimensiones : 13.97 x 1.14 x 21.59 cm
EL LIBRO DE MONTARRÓN (Pulsando aquí)


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