domingo, abril 12, 2026

LA IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA, EN ATIENZA

 

LA IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA, EN ATIENZA

Sin duda, la más moderna, que no por ello deja de sorprender

 

 

   Probablemente nunca conoceremos la fecha en que se levantó la primitiva iglesia de San Juan Bautista, en Atienza, de trazas románicas como apuntan los entendidos en este arte. Es lo cierto que debió de ser una de las últimas en alzarse en la época del auge atencino, llamada a estar entre las principales por su situación. Al menos desde el siglo XV cuando la parte alta de la villa quedó prácticamente arrasada, quedando el gran calvero despoblado que actualmente y desde aquel tiempo rodea al castillo. A partir de los años finales del siglo XV o inicios del XVI, cuando comenzó a tomar forma la entonces Plaza Mayor, en la que se ubicó este templo, comenzó a denominarse a la iglesia “del Mercado”; en la plaza se celebraban los mercados semanales, y no solo eso también las celebraciones de importancia e incluso los actos más significativos de la justicia ciudadana, real o local, puesto que en la plaza se centraban los poderes: el de la iglesia, el de la justicia y el del Concejo. Aquí se alzó la sede del Cabildo de Clérigos, la del Concejo, la del Corregidor, la cárcel…




 

Una iglesia en obras

   La primitiva iglesia, románica o de transición, fue derribada en torno al siglo XVI; para entonces a juzgar por los testimonios escritos ofrecía un estado lamentable, con amenaza de ruina en su interior. Nos cuenta el papeleo documental de sus archivos que para 1624 la mitad de la nueva iglesia ya se encontraba levantada tras 38 años de trabajos. Muy a pesar de que entre obra y obra continuaron los oficios litúrgicos, puesto que aquellas se llevaron a cabo por partes y mientras la capilla mayor se encontraba entre andamiajes, los oficios tenían lugar en alguna de las laterales. Cuando no quedaban, las obras, interrumpidas por la falta de dinero que fue una constante desde que se derrumbó la antigua. El mayor problema a la hora de alzar el edificio tal y como hoy lo conocemos siempre fue el económico, puesto que esta iglesia nunca estuvo entre las de mayor recaudación de Atienza, por lo que se recurrió a las arcas de Santa María del Rey, una de las de mayores posibles entonces, junto a la de San Salvador.

   De Santa María del Rey se tomaron en préstamo algunos cientos de fanegas de trigo a devolver en siete años, los que a partir de 1624 debían de ser los que viesen la obra concluida. Que lo estaba para 1665, fecha en la que se remató la torre de las campanas. No hubo dinero para más, ya que las iglesias de Santa María del Rey y de la Trinidad habían prestado la práctica totalidad de su grano, moneda de entonces, y dinero, para estas obras casi interminables, sin recuperar siquiera la mitad del préstamo, y no había ya de dónde sacar para dotar a la iglesia de una elegante torre campanera como hubiera sido deseable. A pesar de ello la mole parroquial, aún sin torre, ya que se aprovechó uno de los torreones de la muralla para albergarla, en poco desdice del urbanismo atencino.

   La remató el cantero Simón de Rioseco; las bóvedas las concluyó Fernando Álvarez; y tampoco conocemos con certera precisión, ni siquiera de forma aproximada, a cuanto se elevaron unas obras que en el tiempo se prolongaron finalmente por espacio de más de cincuenta años, con piedra del antiguo templo, y alguna carretada más traída de las canteras de la cercana población de Morenglos.

 

Un interior deslumbrante

   Concluida la caja fue necesario llenarla, para lo que de nuevo hubo de recurrirse a la voluntad del vecindario e iglesias de la villa. Algunas de las notables familias, la de Luis de Arias entre otras, aportó algunos cientos de maravedíes para la construcción del retablo mayor; el comendador del convento-hospital de San Antón unas fanegas de trigo; e incluso los párrocos de las vecinas poblaciones de Naharros, Jadraque o La Miñosa pusieron algo de su parte.

   Fue probablemente el retablo mayor una de las piezas más costosas, tasado en torno a los 15.900 reales, ajustado por el retablista seguntino Diego del Castillo, y concluido por el atencino Diego de Madrigal, tal vez el más aventajado de sus alumnos. Retablo que se ejecuta entre 1686 y 1714/16, cuando se concluye el dorado por Agustín Vázquez.

   Retablo para el que se ajustó con el taller de Alonso del Arco la serie de pinturas que debían ornarlo, y que finalmente fueron: en la predela, a la izquierda, El Bautismo de Cristo; a la derecha La predicación del Bautista; en el segundo piso, en la calle izquierda, La Lapidación de San Esteban, y a la derecha, San Martín partiendo su capa con el pobre; por último, en el ático, en el lateral izquierdo, la Oración de Zacarías; en el centro la Asunción de la Virgen, y en el lateral derecho el Nacimiento de San Juan Bautista. Falta actualmente un octavo lienzo, el titulado el Banquete de Herodes, que se encuentra en el Museo de Arte Religioso de San Gil y que probablemente ocupó un lugar en el nicho central de la predela. Por el conjunto de la obra se pagó la nada desdeñable cifra de 4.140 reales, actuando de intermediario el corredor de pinturas Juan de Moya, a quien se envió, como recogen los libros de fábrica, es de suponer que a más de la cantidad correspondiente a la intermediación de su trabajo, dos perniles de tocino, dos quesos y cuatro pares de perdices, para que tuviera buen gusto a la hora de elegir las pinturas. Se encontrarían en Atienza en 1693, prácticamente diez años antes de la muerte del artista, en Madrid en 1704.

 

Hidalgos y caballeros

   Apellidos de sonoro lustre, como los Sopuerta; Vigil de Quiñones; Arias de Saavedra; Serantes de Sandoval; Elgueta, Olier, y una o dos docenas más, hallaron reposo eterno en las capillas laterales, actualmente alteradas y que tradicionalmente estuvieron dedicadas a San Antonio de Padua, con su imagen, buena escultura y arriba lienzo que representa a la Virgen poniendo la casulla a San Ildefonso; San José, con su imagen de talla, grupo moderno de la Sagrada Familia y otra escultura de un Santo; de la Virgen de los Dolores (labrado con posterioridad a 1700), con su imagen de muy buena escultura, y el Niño Jesús, talla de lo mejor de la iglesia, y escultura de San Joaquín y Santa Ana; El de La Virgen que llaman vulgarmente “de la Resurrección”, con su imagen; el Altar de San Francisco Javier, con lienzo del santo, imagen moderna de gran talla de La Milagrosa. Y arriba otro cuadro en lienzo de San Juan Evangelista; el Altar de la Virgen del Rosario, con su imagen, escultura de José Salvador Carmona, y arriba un lienzo de la Flagelación; y el Altar de la Inmaculada; con su imagen moderna y un lienzo arriba…; como reflejaron los inventaros del primer cuarto del siglo XX.

   La mayoría de los retablos primitivos que compusieron las llamadas “capillas” de la iglesia fueron labrados, o tallados, entre la mitad del siglo XVII (1666 el de la Inmaculada; 1670 el de la Virgen del Rosario, etc.) y parte del XVIII (altar de la Virgen de los Dolores). Años en los que Atienza es, de alguna manera, patria de grandes artistas en el arte del retablo, su escultura o su dorado, con nombres que sonarán para el futuro artístico de la diócesis, desde el ya dicho Diego de Madrigal a Lorenzo Forcada, Francisco Gonzalo, José de la Fuente o Francisco del Castillo.

   La visita siempre es una sorpresa.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 10 de abril de 2026

 

 

ATIENZA DE AYER A HOY, IMÁGENES DEL PASADO Y DEL PRESENTE

 ATIENZA DE AYER A HOY. IMÁGENES DEL PASADO Y DEL PRESENTE
La transformación de Atienza (Guadalajara), a lo largo del siglo XX, a través de la imagen.
Un libro de imágenes fotográficas que nos lleva al ayer y nos presenta, documentadamente, el hoy.
Fotos antiguas de Atienza (Guadalajara), y su versión actual, en el mejor libro de imágenes posible.


Atienza (Guadalajara), es una de las villas con más carácter, historia y monumentos, de la provincia de Guadalajara y, a su nivel, de Castilla. Su historia, ha sido tratada en numerosas ocasiones. Es grande. Como su paso a través de los siglos dejando, marcando, su huella. 




En el transcurso de ellos, de los siglos, y de ella, de la historia, Atienza fue creciendo, añadiendo obras a su monumentalidad, hasta llegar a nuestros días. 

La obra fotográfica de diversos autores, que ya fijaron su mirada en Atienza desde la mocedad de la fotografía hasta nuestros días, nos harán recrearnos en el pasado de nuestra villa y en su indudable transformación a través del siglo, hasta llegar a ser como hoy la conocemos. 




Transformaciones en muchas ocasiones acertadas, en otras tendrá que ser el lector, o el visitante, quien lo juzgue, ya que la crítica no es objeto de esta obra; sino la de mostrar, con imágenes del antes y el después, nuestra evolución. 

De cualquier modo, Atienza, siempre merece una mirada. Incluso comparativa.



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