viernes, marzo 22, 2019

CANTALOJAS: NOTICIA DE PEDRO GORDO. Fue nombrado Benemérito de la Patria y Mártir de la Independencia por las Cortes de Cádiz


CANTALOJAS: NOTICIA DE PEDRO GORDO
Fue nombrado Benemérito de la Patria y Mártir de la Independencia por las Cortes de Cádiz


   Fue Cantalojas tierra de fronteras, de ahí el título del último libro que busca los renglones perdidos del pueblo, y de sus hijos ilustres más allá de aquel obispo que a la sombra de su tío heredó la mitra de Tortosa mediado el siglo XIX. Tierra de fronteras porque, según los tiempos han ido marcando su ritmo, ha pertenecido a las provincias de Segovia,  Burgos y finalmente Guadalajara. A Segovia cuando, tras la Reconquista de la tierra en el muy lejano siglo XII se incorporó al Común de Villa y Tierra de Ayllón y Ayllón a la de Segovia. De Burgos cuando en los inicios del siglo XIX se trató de poner orden al desorden provincial y fue incorporada al partido judicial de Aranda de Duero. A Guadalajara, después de que las anteriores líneas se borrasen, en 1833. Desde entonces es el último pueblo de Guadalajara, por el lado de sus sierras; y fue el último de la de Burgos; o de la de Segovia. La frontera, más allá de la marcada por los ríos, de las dos Castillas.



   Siempre perteneció al obispado de Sigüenza. Y contribuyó, como todos los pueblos de su obispado, al levantamiento de su catedral. La que por ahora está de fiesta por la cifra redonda de su cumpleaños y en la que, cosas del destino, descansa a la eternidad eterna de los siglos una mujer, a la que nuestro amigo Fernando Sotodosos Ramos ha dado el título de “Juana la Hidalga”. Una de las pocas mujeres enterradas en la catedral, si es que hay alguna más; doña Juana Antonia María Magdalena de Pacis Sáez Sánchez; cuya tumba se encuentra en el trascoro de la nave central, frente al altar de la Virgen de la Mayor, sin que se encuentre explicación a semejante enterramiento, que fue llevado a cabo a su muerte, el 4 de abril de 1829. Una explicación que vaya más de allá de ser la hermana del obispo de Tortosa don Víctor Damián Sáez Sánchez; o de don Tiburcio y don Antonio, curas párrocos de Cantalojas y Carabias antes de ocupar cargos en la catedral; y madre de don Damián Canuto, también obispo de Tortosa; y madre de don Ambrosio, don Víctor, don José, doña Andrea o doña Juana Francisca; magistrados, diputados y senadores los hijos; y entroncadas con la nobleza, las hijas; nacidos todos ellos en Cantalojas en los años últimos del siglo XVIII y los primeros del XIX. Doña Juana también fue cuñada de don Pedro Gordo Sierra, párroco de Santibáñez de Ayllón, Benemérito de la Patria y Mártir de la Independencia. Y abuela de don José Antonio de Oriol, marqués de Casa Oriol; a la larga, abuela, en tercera o cuarta o quinta línea de uno de los linajes más singulares de la industria española, Oriol y Urquijo, que ha eclipsado al original de la casa matriz, el Gordo Sáez.










   Doña Juana María Magdalena era nacida en Budia, lo mismo que su hermano don Damián, obispo de Tortosa y Secretario de Estado del rey Fernando VII, y hermana del cura de Cantalojas, don Tiburcio, con el que llegó al pueblo para casarse al poco de su llegada con don Juan Gordo Sierra, de los Gordo serranos de toda la vida. Ovejeros en Galve, los Condemios, Campisábalos, Villacadima y su entorno. Don Juan Gordo Sierra, hermano de don Pedro Gordo Sierra, el cura de Santibáñez de Ayllón y primo de don Francisco García Saínz, cura de Villacadima; y hermano de don Antonio Gordo Sierra, ovejero también.

   Fueron sin duda los curas los que por estos apartados pueblos movilizaron a las gentes cuando los franceses entraron en España con intención de quedarse, por aquellos primeros años del siglo XIX, los de la invasión francesa y Guerra de la Independencia. El de Villacadima alertó a sus feligreses, lo mismo que el de Cantalojas, y nuestro don Pedro Gordo, dejando el ministerio sacerdotal de Santibáñez de Ayllón corrió a presentarse al marqués de Barriolucio, en Salas de los Infantes, para formar parte, si ello era preciso, de la Junta Suprema de Defensa de Burgos, para organizar la resistencia. Su mano fue bien llegada, como la de su primo, el cura de Villacadima, también entonces en la provincia de Burgos. La Junta de Burgos, perseguida por los franceses, lo mismo que la de Guadalajara, anduvo de un lugar a otro hasta encontrar refugio casi seguro en los montes que median entre Villacadima, Cantalojas y Grado de Pico. Una seguridad que se fue achicando con el pasar de los meses y las delaciones de los afrancesados, lo que hizo que nuestros hombres cambiasen permanentemente de escondite para evitar su arresto y más que probable ejecución.

Un monolito recuerda en Soria la ejecución de los junteros


   Por la parte de Soria rayana con Guadalajara las tropas del general Hugo castigaron a los pueblos de lo lindo; por la parte de Burgos, rayana con Guadalajara, lo hizo el general Wandermausein, quien no daba descanso a sus tropas en el ánimo de tomar por sorpresa a quienes consideraban rebeldes. Por ello tuvo a sus hombres, la Nochebuena de 1811, cabalgando durante toda la noche para llegar desde Burgos a Cantalojas en la madrugada del 25, en la esperanza de pillar dormidos a los junteros y llevarlos ahítos de cadenas al cadalso. Cuando los cantalojeños despertaron al día de Navidad se encontraron con el pueblo rodeado por unos cuantos miles de hombres armados que, casa por casa, se dedicaron al saqueo, al robo, y a terminar con la resistencia a tiro de trabuco. Y como no aparecieron los hombres que buscaban, por si se encontraban escondidos como sospechaban, prendieron fuego al pueblo de extremo a extremo, de la primera a la última casa; desde la del alcalde mayor, que lo era don Antonio Gordo Sierra, a la iglesia.

   Tal fue la devastación que en el pueblo llevaron a cabo que  antes de la guerra contaba Cantalojas con algo más de cuatrocientos habitantes y a su término apenas eran un centenar. Ardió el pósito, el ayuntamiento, los archivos… Las casas se fueron recuperando, y la iglesia no vería terminadas sus obras de restauración hasta cincuenta años después, cuando el párroco que lo logró, don Antonio Matías Ruiz de la Peña puso la piedra en la que se lee … se terminó está obra en 1866…


Sobre la Puerta de Santa María de Burgos cuelga el homenaje a los héroes de la Patria

   Los miembros de la Junta de Burgos, con don Pedro Gordo Sierra a la cabeza, entonces vocal secretario, habían salido de Cantalojas antes de la llegada de las tropas, adentrándose en las frondosidades de Villacadima. Sus hermanos fueron los más castigados por los franceses, que los dejaron poco menos que en la miseria. El mal tiempo, el invierno duro y la nieve hizo que los franceses, en lugar de continuar batiendo los montes en persecución de los patriotas, retrocediesen a la seguridad de Burgos; y nuestros hombres a continuar con lo suyo.

   Hasta que llegó el mes de marzo de 1812; el tiempo mejoró y los gabachos recibieron un  nuevo soplo dando cuenta de que los junteros se encontraban al amparo del recién nombrado Vicepresidente de la Junta, nuestro buen don Pedro Gordo Sierra, en los montes de Grado. Y hasta allá de nuevo tuvo en danza a sus hombres nuestro general Wandermausein para que cuando despertasen las buenas gentes de Grado de Pico se encontrasen con el pueblo rodeado por 4.000 infantes de caballería dispuestos a no dejar títere con cabeza. Era el 21 de marzo. Como ya hiciesen en Cantalojas, registraron casa a casa; en el fragor de la batalla escaparon algunos valientes junteros; otros cayeron en manos de los franceses; el pueblo fue incendiado y demolido, en castigo por colaborar con la resistencia. Los archivos, la arcas, la imprenta… todo cayó en poder del invasor.

   La satisfacción francesa se colmó con el apresamiento de don Pedro Gordo Sierra, vicepresidente de la Junta, a quien cargado de cadenas y subido a un carro llevaron a Ayllón junto a los miembros de la Junta que pudieron apresar, los vocales José Ortiz de Covarrubias; Eulogio José Muro y José Gregorio Navas. En Ayllón el mayor castigo lo recibió don Pedro Gordo, quien fue azotado hasta la extenuación. De Ayllón a Aranda y de Aranda a Soria, donde tuvieron juicio sumarísimo y condena. Fueron ejecutados en las eras de Santa Bárbara, y después ahorcados en el lugar. Los sucesos que vinieron después son parte de otra historia, de valentía de los sorianos y vileza del invasor. También de ira descontrolada de Gerónimo Merino.

Cantalojas, la Patria de Pedro Gordo


   Tal el caso que, conocido que fue por los diputados reunidos en Cádiz, donde acababa de ser aprobada la Constitución, no dudaron las Cortes en nombrar a nuestros hombres “Beneméritos de la Patria”. Las ciudades de Castilla les dieron el título de “Mártires de la Independencia”. También las Cortes de Cádiz decretaron una ayuda extraordinaria de 8.000 reales para indemnizar a los hermanos Gordo Sierra; dinero que emplearon en parte en reconstruir Cantalojas.

   Hoy, en el muro de la Puerta de Santa María de Burgos, en la Plaza de San Fernando, una placa recuerda que nuestro paisano de Cantalojas, Don Pedro Gordo, dio su vida por la defensa de España. Un monolito en el centro de Soria recuerda también lo sucedido en las eras de Santa Bárbara. Sus restos descansan a la eternidad del tiempo de los héroes en el panteón de los Sotomayor de la Colegiata de Soria.

   Cantalojas, tierra de frontera. Un pueblo con libro que habla de gentes con buen corazón y que recuerda a un hombre del tiempo en el que los hombres eran héroes y entraban en la historia. Bueno es que también Cantalojas, como Burgos, o Soria, o las ciudades de Castilla, honre a su héroe.


Tomás Gismera Velasco
Guadalajara en la memoria
Periódico Nueva Alcarria.
Guadalajara, 22 de marzo de 2019








viernes, marzo 15, 2019

MEMORIA DE BRUNO PASCUAL RUILÓPEZ. El político que batalló por la Sierra de Guadalajara

MEMORIA DE BRUNO PASCUAL RUILÓPEZ.
El político que batalló por la Sierra de Guadalajara


   Tal vez uno de los personajes más desconocidos de Atienza y su comarca, a pesar de su reciente historia,  sea Bruno Pascual Ruilópez, nacido en la villa el 6 de octubre de 1858, y fallecido en Madrid el 13 de marzo de 1921. En Atienza se le recuerda, escasamente, por haber regalado un Rosario de faroles a la patrona, la Virgen de los Dolores, que acaba de cumplir 350 años de permanencia en la villa, y si se pregunta, pocos sabrán decirnos sobre él más allá de que es el nombre oficial de la Plaza de San Juan del Mercado, en la que nació.

Memoria de Bruno Pascual Ruilópez


   Sin embargo, a más del famoso Rosario de Faroles donó al pueblo y sus gentes algunas cosas más; entre ellas la restauración, a fin de convertirlo en colegio público, del viejo edificio del Hospital de Santa Ana. Fue el fundador de una institución de enseñanza para chiquillos sin recursos; luchador empedernido por las mejoras del distrito de Atienza-Sigüenza; y un ciento de iniciativas más que le valieron, entre otros, el título de Hijo Predilecto de Atienza, con placa sobre la fachada de su casa natal, desaparecida en la última reforma llevada a cabo en esta plaza en torno a los años de 1966-67.

   Hijo de hacendada familia, y huérfano a temprana edad, se trasladó muy joven a Madrid, donde estudió Derecho y posteriormente se hizo Notario, estableciendo su gabinete en la calle Núñez de Arce, en el número 17. Al parecer se trató de un hombre serio y formal, de ideas fijas y buena presencia; integrado en su juventud en una logia masónica que no le impidió mantener sus acendradas creencias religiosas a los patronos de Atienza. Murió sin herederos forzosos y sus bienes, bastante cuantiosos, se perdieron en legados, donaciones y obras de caridad que llegaron hasta cincuenta o sesenta años después de su muerte.


EL CASTILLO DE JADRAQUE. LAS TORRES DEL CARNAVAL. EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ


   Su reconocida labor jurídica en la provincia lo llevó a la política, presentándose por vez primera a unas elecciones generales, como Diputado a Cortes por la provincia de Guadalajara y el distrito Sigüenza-Atienza, en 1886, sin obtener la representación, ya que obtuvo un número muy contado de votos. Competía con Antonio Botija Fajardo, Ramón de Lorite, el Marqués de Retortillo, Francisco Ruíz Fuentes, Ildefonso Fernández, Antonio María Ballesteros y Rafael Gutiérrez. De los 2.882 votos emitidos en la zona, 1.779 fueron para Botija –candidato por Jadraque. Don Bruno tan solo obtuvo 35 votos.

   Volvió a presentarse nuevamente en 1893, obteniendo el acta de Diputado, que conservó en sucesivas elecciones, hasta que en 1898 se presentó al Senado, obteniendo el acta, que renovaría en sucesivas batallas electorales hasta 1919. Representando a la provincia y al partido de Atienza-Sigüenza, salvo entre los años 1914-17, que representó como Senador a la provincia de Córdoba.  Igualmente, y desde 1904, en que fue elegido, hasta pocos meses antes de su fallecimiento, fue Decano Presidente del Colegio de Notarios de Madrid. 

Gracias a Bruno Pascual se reconstruyó el viejo Hospital de Santa Ana


   Su paso por el Congreso de los Diputados resultó bastante anodino en cuanto a intervenciones, sin embargo logró una serie de objetivos. La mayoría de las carreteras que unen Jadraque, Atienza y Sigüenza con los pueblos del entorno se deben a su directa intervención, y como Miembro de la Comisión de Ferrocarriles, trató de enlazar por trenes de vía estrecha primero, y por la red nacional de ferrocarriles después, a un buen número de pueblos. Batalla perdida que dio comienzo con su llegada al Congreso de los Diputados en 1893 y concluyó pocos meses antes de su muerte, con lo que podríamos definir como una de las mayores “travesuras”, por decirlo de alguna manera, del Conde de Romanones, quien aseguró a los comarcanos de Cogolludo, Hiendelaencina o Atienza que por sus términos pasaría el tren internacional Madrid-París, y luego de obtener sus votos sacó el proyecto de la provincia para trazar la línea por la de Segovia.

   Aquellos fueron tiempos en los que la oratoria parlamentaria estaba muy por encima de lo que estamos acostumbrados a ver en nuestros actuales políticos. Aquellos utilizaban un léxico digno de figurar en todos los manuales, y digno también de mostrarse, por aprender de aquella fácil oratoria. La de nuestro paisano, recogida en los diarios de ambas cámaras es digna de estudio, como la de sus coetáneos. Por la fácil dicción y la exclusión de ataques y descalificaciones verbales a que nuestros políticos de hoy en día nos tienen acostumbrados.

   Presidía el Senado don Arsenio Martínez Campos el 6 de noviembre de 1899 cuando don Bruno Pascual pidió por vez primera la palabra. En la Cámara Alta hizo su entraba el Ministro de Gracia y Justicia, al que interpeló, durante 17 minutos, para que solucionase, de una vez por todas, un serio problema surgido en la localidad serrana de Hijes, a cuenta de la construcción de la fuente pública. El Ministro de Gobernación había dictado una ley condenando al pueblo a pagar unas obras que no habían llevado a efecto, en favor de un constructor portugués, relacionado con el Gobierno. El pueblo de Hijes ganó la batalla.

Una placa señaló, desde la casa natal de Bruno Pascual, Hijo Predilecto de la Villa de Atienza

   Tal vez uno de sus mayores quebrantos, fue tener que responder en 1920, a las interpelaciones que otros senadores hicieron al entonces Ministro de Gracia y Justicia, señor Garnica, a cuenta del injusto desahucio del que fue objeto don Bruno de su bufete de Notario. Le aumentaron la renta de 300 a 3.000 pesetas mensuales, ¡que atrocidad!, gritaron sus señorías al conocer el dato. Buscaba el casero, un renombrado general de Ejército español, su desahucio, por lo que, además, no le pasaron los recibos al cobro. El caso fue comparado en la prensa de la época con el crimen de la calle de Fuencarral, que por entonces tenía alterada la vida madrileña. Don Bruno Pascual, tras escuchar cuanto se dijo en torno a la justicia, y en uso de la palabra, concluyó su discurso con algo que hizo pensar a quienes lo escuchaban:

   -Si esto se hace con una persona de posibles, que puede pagar la renta o comprar la casa, ¿qué no hará la justicia con los humildes y con aquellos que no tienen recursos?

   La respuesta del señor Ministro fue digna de enmarcarse más allá del Diario de Sesiones, pues le vino a decir que:

   -Entonces no se queje su Señoría si tiene para pagarlo, el problema de la vivienda tiene esas cosas en Madrid, y la justicia actúa mal en medio mundo, y no se queja nadie.

   Sin embargo, aquella sesión, en la que la oposición abucheó al señor Ministro, y que duró casi tres horas, no tiene cuenta en este caso, puesto que don Bruno fue uno de los ponentes en la Ley de Sucesiones de comienzos del siglo XX. Se expusieron los articulados, y pidió la palabra para defender sus alegaciones a aquella Ley, que al parecer constaba de 57 artículos, en los que a su juicio se trataba al contribuyente como un defraudador en potencia.

   Su primera intervención duró cosa de tres horas, al cabo de las cuales, el señor Presidente de la Cámara, Marqués de Aguilar, pidió que se cumpliese, y continuase en el uso de la palabra.

   Atestigua el Diario de Sesiones, que lo hizo durante dos horas más. El Presidente, tal vez aburrido, preguntó a nuestro paisano ilustre:

   - ¿Por qué no hace su Señoría una alegación a la totalidad y concluimos antes?

   La respuesta:

   -Resulta, señorías, que el primer y último artículo, son correctos, más si lo desean, visto que me restan 17 alegaciones y estamos fuera de reglamento, por no cansarles a ustedes, y estimando que tienen cosas mejores que hacer, mañana continúo.

   Don Bruno Pascual Ruilópez fue en Atienza y su comarca uno de sus grandes valedores; auxilió al necesitado, y batalló en todo momento por los pueblos a los que políticamente representaba, sin importarle los colores de sus banderas políticas. Su muerte, a los 62 años de edad, fue sentida en toda la Serranía.


Tomás Gismera Velasco
Guadalajara en la memoria
Periódico Nueva Alcarria
Guadalajara, 15 de marzo de 2019






viernes, marzo 08, 2019

VICENTA ORTIZ CUESTA, UNA MUJER DE MEDALLA. Natural de Sotodosos, fue la primera mujer de la provincia de Guadalajara en recibir la Medalla al Mérito en el Trabajo.


VICENTA ORTIZ CUESTA, UNA MUJER DE MEDALLA.
Natural de Sotodosos, fue la primera mujer de la provincia de Guadalajara en recibir la Medalla al Mérito en el Trabajo.


   Puede que en la actualidad, por aquello de la igualdad, no resulte llamativo el que una mujer tenga los mismos derechos que un hombre, que lógicamente los debe de tener, pues iguales somos ante Dios y la Ley. O que reciba el mismo trato en todas las instituciones; o que se la conceda una medalla. No una cualquiera, sino la Medalla al Mérito en el Trabajo. Y es que las Medallas al Mérito siempre han sido cosa que colgar de la solapa de los grandes personajes de nuestra historia; como si  el matachín, el cedadero o el cardador no hubiesen hecho méritos a lo largo de una vida como para recibir un homenaje.


Vicenta Ortiz Cuesta, una mujer de medalla

   Guadalajara, pueblos y provincia, han sido y lo siguen siendo poco dados a esto de los reconocimientos de los propios; suele suceder que se admira más al que viene de fuera que al vecino de al lado, que puede ser por aquello de que al que viene de fuera hay que adularlo y el vecino, como lo conocemos de toda la vida no necesita coba.

   Tampoco, si echamos la mirada al glosario de concesiones de medallas encontraremos que las hayan recibido muchas mujeres a lo largo de la historia. Y no es culpa de estos tiempos que vivimos, que han ido evolucionando hasta hacernos iguales; a lo largo del transcurso de la historia la mujer, por aquello de que según la Biblia fue creada de una costilla del varón, ha estado relegada a la voluntad del hombre, y por ello escasamente figura, en relación con el varón, en ciertos asuntos patrios. Pero no vamos a enredarnos en algo que daría mucho de qué hablar y que, al final no llevaría a muchas conclusiones, pues de lo que aquí tratamos es de hacer memoria de la Medalla al Mérito en el Trabajo, en coincidencia con estos días en los que se celebra el de la mujer trabajadora. Una Medalla, la del Mérito en el Trabajo, que fue creada, según su historia, por real decreto de 1926 para premiar una conducta útil y ejemplar en el desempeño de cualquier trabajo, profesión o servicio, habitualmente ejercido.

   Quienes por aquellos años, va para cien, recibieron estos honores en cualquiera de sus tres categorías, oro, plata o bronce, fueron personajes relacionados con la política, la cultura o el mundo empresarial; en esto ha cambiado poco la sociedad, y los otorgantes. 

Vicenta Ortiz Cuesta fue la primera mujer de Guadalajara en recibir la Medalla al Mérito en el Trabajo


   La provincia de Guadalajara recibió alguna de ellas para premiar la labor de algunas de nuestras gentes, mayoritariamente, como anteriormente se decía, de fuera de la provincia, aunque residentes en ella.

   Con motivo de los fastos celebrados en Guadalajara en el mes de septiembre de 1927, en aquella magna empresa de exaltación provincial que se llamó “El Día de Guadalajara”, y que daría origen a la creación de la “Casa de Guadalajara en Madrid”, dos obreros de la capital recibieron el tributo municipal con la concesión de una Medalla del Trabajo, no otorgada por el Ministerio ni el Gobierno. Fueron los obreros Antonio Olmeda y Juan Granizo Alcolea, de 74 y 75 años de edad, en quienes se quiso reconocer a los trabajadores guadalajareños.

    Un mes después, entrando ya en la oficialidad ministerial, se solicitó, y concedería, dicha Medalla, a don Francisco Aritio, como vicepresidente de La Hispano-Suiza; dos o tres meses después para D. Ernesto Villar, coronel director de la Academia de Ingenieros, ambos la colgaron en sus solapas en la categoría de plata, con el tratamiento de ilustrísimos señores; y se solicitó, aunque le llegó la muerte antes de que se formalizase el expediente, para D. Ramón Corrales, que fue secretario del Ayuntamiento de Guadalajara por espacio de cerca de cincuenta años, entre los últimos del siglo XIX y los comienzos del XX; y en junio de este año del que hacemos memoria, 1928, le fue prometida, aunque de bronce y tercera clase, a Lino Bueno, el picador de la roca que se convirtió en la Casa de Piedra de Alcolea del Pinar, en este caso llevaba el tratamiento de “Caballero”, la recibiría en septiembre de 1929. Este mismo año, 1928, en el mes de octubre, se solicitó para quien era médico de Jadraque, aunque natural de Barcelona, D. Domingo Bris Castellet, a quien se le concedió meses después. En los meses finales de 1929 se le concedió a don Cayo Vela, ilustre compositor quien, a pesar de haber nacido en tierras aragonesas pasó casi toda su infancia en la localidad de Horche, donde su padre ejerció de zapatero; meses, los últimos del año 29, en los que también se solicitó para el director de la banda provincial, don Román García Sanz. El Ayuntamiento de Guadalajara la solicitó para el inspector municipal, veterinario de profesión, don Narciso Valle, a los cincuenta años del ejercicio de su profesión, en 1930, y por fin, en el mes de enero de 1931 llegará la primera medalla conocida en Guadalajara, para colgar en la solapa de una  mujer, en la de doña Elena Sánchez de Arrojo, Presidenta de la Comisión Provincial de la Cruz Roja, entre otras muchas cosas.

EL CASTILLO DE JADRAQUE. LAS TORRES DEL CARNAVAL. EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ


   Había pasado desapercibido para la provincia el que, a poco de que se crease la condecoración, una guadalajareña, Vicenta Ortiz Cuesta, natural de la pequeña población alcarreña de Sotodosos, la llevaba colgada. Vicenta fue una de aquellas mujeres que en los últimos años del siglo XIX salieron del pueblo con dirección a cualquiera de las capitales próximas a la provincia, para “servir”, como solía acontecer, hasta que el paso del tiempo las concediese un novio, después marido, que las retirase del oficio.

   Vicenta fue a servir a la casa de un conocido periodista don Manuel Troyano, director de alguno de los periódicos de postín de su tiempo, además de diputado, senador y unas cuantas cosas más, que contrajo matrimonio con doña Rita  Mellado, a su vez hermana de otro ilustre de las letras, don Andrés Mellado.

   Vicenta entró a servir en la casa de doña Rita y don Manuel, en la calle de Alcalá número 89, en el año de gracia de 1888, cuando contaba con diecinueve años de edad y llevaba cuatro ejerciendo el oficio en Madrid. Por la casa de los señores de Troyano ya había pasado otra de sus hermanas, que emigró a la Argentina, dejándole el puesto.

   Cuarenta años después los hijos de don Manuel Troyano solicitaron para la mujer que cuidaba de su madre la Medalla al Mérito en el Trabajo, y se la concedieron, en el apartado de bronce y para llevar el honroso título de “Señora”. Le fue impuesta por el entonces ministro de Trabajo, don Eduardo Aunós, en el mes de septiembre de 1929. El mismo mes en el que se la enviaron a Lino Bueno.

Vicenta pasó casi toda su vida en la casa de doña Rita Mellado


   Se había casado treinta años atrás con un obrero a quien terminaron colocando en la Casa de la Moneda, Felipe Hernández, y sin hijos que los sucedieran, a la muerte de ambos, Felipe en 1940 y Vicenta a los 86 años de edad, en 1957, sus sobrinos recibieron en herencia una casita en el número 44 de la carretera de Aragón, en el entonces pueblo de Vicálvaro, a donde el matrimonio, tras la muerte de doña Rita y la jubilación de Felipe, se retiró a vivir la soledad de sus últimos años de vida.

   Y la provincia nunca supo, quizá su pueblo tampoco lo conociese, que esta mujer, Vicenta Ortiz Cuesta, de profesión criada, o doncella, fue la primera mujer guadalajareña que, sin estar emparentada con la política, la cultura de las academias o la nobleza, recibió la primera Medalla al Mérito en el Trabajo que llegó a manos de una mujer de Guadalajara. Y su nombre saltó a las páginas de muchos de los periódicos nacionales. Lo mismo que su pueblo.

   Con ella se reconocía, o debía de reconocerse, a todas aquellas que  por aquellos, y los años que siguieron, salieron de sus pueblos a buscarse la vida de la única manera que pudieron, de criadas, cocineras o chicas del servicio. Las primeras que mandaron a sus pueblos y familias las primeras pesetas con las que las familias comenzaron a prosperar y que, habitualmente, no suelen ocupar titulares de prensa.     

Tomás Gismera Velasco
Guadalajara en la memoria
Periódico Nueva Alcarria
Guadalajara, 8 de marzo de 2019




EL CASTILLO DE JADRAQUE. LAS TORRES DEL CARNAVAL. EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ