EL EREMITORIO DE LAS CUEVAS, EN ATIENZA (Eremitorios medievales en la villa de Atienza)
No falta quien opine que la definición
proviene del francés “hermitage”, y por supuesto, su referencia a las ermitas.
Numerosos
son los eremitorios que se han descrito a lo largo y ancho de la provincia de
Guadalajara en los últimos años, sobre todo en las falas de las sierras de
Miedes, Pela y Bulejo y, por encima de ellas, en el Desierto de Bolarque.
También
han sido numerosos los autores que se han ocupado de ellos, desde Francisco
Cortijo Ayuso (El Desierto de Bolarque), a autores más recientes que, al
hablarnos de la comarca alcarreña de Peñalver se han introducido en el mundo
del monasterio de La Salceda; entre ellos José Luis García de Paz o José Ramón
López de los Mozos, quienes nos descubrieron en aquellos parajes las famosas
cuevas o eremitorios de Los Hermanicos.
Conocidas
son, en tierras de Miedes, Ujados e Hijes, las también cuevas eremitorios de El
Espinarejo (Miedes); o las numerosas del entorno, en Albendiego o Romanillos.
Y, ante todo, las ubicadas en término de Ujados. Todas ellas orientadas
al Sur, y horadadas sobre la montaña de roca rojiza, las descritas y conocidas
en Ujados son cuatro, Peña Gorda, Puentecilla, del Tío Grillos y Mingolario.
Algunas más se hallan en tierra de Higes y otras continúan hacía
Albendiego, haciendo pensar que fueron excavadas por el hombre, bien para
servir de refugio habitacional o bien, como en otras partes de la provincia o
región, a modo de eremitorios.
La roca blanda, de fácil trabajo para horadar en ella las distintas
estancias, permitió dotarlas de una especie de sala o estancia principal, en la
mayoría de ellas, ensanchada en algunos casos por los derrumbes naturales. Casi
todas ellas constan de una única entrada, sin más orificios al exterior, lo que
permitía su fácil defensa, caso de tener que refugiarse en ellas ante el
peligro de ataque de algún animal; pues no cabe pensar que fuesen utilizadas
como defensa ante el ataque de otros humanos.
La creencia en cuanto a su construcción, ya que lo fueron indudablemente
por manos humanas, es que esta debió de llevarse a cabo entre los siglos V y
XI.
En las cercanías de cada una de ellas, para cubrir las necesidades del
más que probable eremita que las habitó, se encuentra una fuente de agua dulce.
E
igualmente en las cercanas poblaciones de Alcolea de las Peñas y el
desaparecido poblado de Morenglos se encuentran las allí conocidas como de La
Merendilla. Bajo la que fuese iglesia de Morenglos se encuentran las de dicho
nombre, quizá de las mayores que encontramos en la comarca.
No
se ha descrito por ninguno de los autores conocidos, ni se han publicado en
ninguno de los trabajos que recogen este tipo de edificaciones, si tal
denominación podemos dar a las cuevas edificadas en la roca, ninguna de las
existentes en el término municipal de Atienza, quizá por no encontrarse en
lugares elevados, o rocosos que llamen la atención. La principal de ellas se
localiza en medio de un valle, con agua dulce cercana, al igual que las
anteriormente conocidas, e igualmente orientada al Sur, o más bien Sur-Oeste.
Frente a estas cuevas-eremitorio, ubicadas en
el paraje denominado de Los Arroyuelos, y más comúnmente conocido en Atienza
como “Las Cuevas”, a mayor distancia de la villa, en las faldas del monte
Hontanar y lugar conocido como “El Nacedero”, se hallan otras de mayores
dimensiones orientadas en dirección a la villa, posición Norte.
El
porqué de estos lugares lo podríamos encontrar en la reseña que nos hace Carmen
Díez González (Los eremitorios en la Cuenca del Tajo): A la hora de buscar el retiro y alejamiento del mundo parece que las
fundaciones obedecen a tres estilos. La primera correspondería a la búsqueda de
parajes ocultos, verdaderamente escondidos donde poder desarrollar la oración
en silencio y en consonancia con una naturaleza propicia que insiste en la
imagen de ahondamiento espiritual. Por otra parte la que corresponde con una
vida de ascesis anímica en la que se asciende en grados de perfección
abandonando comodidades, elige lugares agrestes o las cimas de las montañas.
Por último, la busca el sosiego y la paz interior se corresponde con paisajes
suaves, abiertos, de carácter amable…
Este
último sería el caso de las cuevas-eremitorio de Atienza. Ubicadas en las
cercanías de la villa y sin embargo lo suficientemente alejadas para
encontrarse con el sosiego y reposo de la Naturaleza.
Desconocemos
desde cuando fueron habitadas, ya que indudablemente se excavaron en la roca
por la mano del hombre, probablemente en época visigoda, y seguramente
utilizadas con posterioridad a la Reconquista como lugar de reposo y oración
por las numerosas órdenes religiosas que pasaron por la comarca. Hasta que la
edificación de monasterios y conventos las hizo innecesarias, como sucedió en
otros lugares. Pasando a ser, en numerosas ocasiones, ermitas hoy distribuidas
por los cuatro puntos cardinales de España.
La
roca bajo la que se asientan, forma parte de una gran laja de arenisca roja, de
fácil excavación, lo que permitió a los primitivos constructores llevar a cabo
una gran obra, al descubrir una primera sala e ir ampliando con el paso del
tiempo, hasta llegar a descubrirse dos amplios espacios con cuatro entradas
diferentes, tres de ellas abiertas sin duda por la mano del hombre y la cuarta
provocada sin duda por un desprendimiento en la excavación. Desprendimiento que
unió en algún momento el conjunto.
Como bien indica Enrique Daza Pardo (La edilica Rupestre en el norte de
Guadalajara: Hábitat y eremitismo): Se
trata de rocas fácilmente moldeables, ya sea por la acción de los agentes
atmosféricos como por la mano humana, lo que favorece su elección como soporte
de cara a la excavación de una substructura.
Sobre la roca, en la actualidad cubierta de maleza, una conveniente
limpieza podría descubrirnos otras oquedades como, sin lugar a dudas, algún
tipo de tumba antropomorfa semejante a las halladas en Morenglos o Ujados.
El paso del tiempo, y las distintas utilizaciones que desde su abandono
como eremitorio, no permiten encontrar rastros de inscripciones, e incluso
podrían haber desaparecido algún tipo de hornacina que en este tipo de cuevas
fueron frecuentes. El espacio fue utilizado a lo largo del tiempo como refugio
de pastores y ganado. Pues su interior, de espaciosa anchura al igual que
altura, lo permitió.
A
pesar de ello, se trata de un espacio digno de estudio y conocimiento del que
no dudamos que estas primeras líneas en torno a él, serán preludio de otras
muchas y, sin duda, de mayor calado y ciencia.
No es el único; como sucede en otros puntos de importancia en la
provincia de Guadalajara, Atienza cuenta en sus alrededores con, al menos, tres
eremitorios más, si bien de menores dimensiones que el conocido de “Las Cuevas”.
Tomás Gismera Velasco/ Revista Digital “Atienza
de los Juglares” / Núm. 131. Noviembre 2020



No hay comentarios:
Publicar un comentario
No se admitirán mensajes obscenos, insultantes, de tipo político o que afecten a terceras personas.