EL CUADRO QUE LLORÓ EN TRAID
Sucedió durante la Guerra de Sucesión
Cuentan las crónicas que en el no tan lejano siglo XVIII que tantos quebrantos a causa de las guerras dio a los españoles de su tiempo, en Traid lloró San Francisco de Asís a través del lienzo que junto a la sala principal de su casa, y cercano a la alcoba en que dormía, tenía el clérigo del lugar, don Pedro López. Cuadro que junto a otros había adquirido, cuando los hechos saltaron a la fama, treinta años antes. Conforme a quien se escuche a través de las páginas de la historia, el hecho tuvo lugar entre 1706 y 1710, según unos, si bien otros lo atrasan a unos años antes, 1695, muy a pesar de que en este último año parece ser que las cosas estuvieron tranquilas por los reinos castellanos en asuntos guerreros.
UNA HISTORIA DE TRAID. EL LIBRO DE TRAID, PULSANDO AQUÍ
Traid, en el confín de la sal
Para conocer la población hay que trasladarse a uno de esos hermosos horizontes que nos ofrece la provincia de Guadalajara, dentro del Señorío de Molina de Aragón. Traid fue una de las numerosas poblaciones de crecido número de habitantes, y en consecuencia industriosas, de la comarca. En Traid se vivió siglos atrás del producto de los montes, de la misma manera que por esta tierra la sal tuvo parte importante en el desarrollo de algunas riquezas, principalmente de los señores molineses.
La sal, en Traid, queda documentada desde poco tiempo después de la reconquista. Pues el Señorío de Molina, como la tierra de Atienza, tuvo sus propias salinas que le sirvieron para alzarse un tanto más a la hora de reafirmar su independencia. La historia y sus cronistas nos indican que a pesar de que estos salinares fueron utilizados por los celtíberos primero y los romanos después, puesto que han sido encontrado numerosos restos arqueológicos de aquellos tiempos en las inmediaciones de alguna de estas explotaciones, fueron los señores de la Casa de Lara, que se alzarían con el Señorío de Molina, quienes comenzaron la explotación de la sal de una manera directa, en beneficio de sus haciendas y en torno al río Bullones.
Por aquí, en torno al río, y más lejanas a este, se conocieron y de alguna manera perdura el recuerdo de las salidas de Terzaga, Tierzo, Valsalobre y, por supuesto Traid. De algunas de las cuales se hace mención en el más que famoso Fuero de Molina, dado cuando mediaba el siglo XII: Do a vos en fuero que siempre todos los vecinos de Molina y su término, así caballeros, como clérigos, eclesiásticos y judíos, prendan sendos cafices de sal cada año e se den en precio de estos cafices, sendos mencales, et prendan estos cafices en Traid o Almallá...
Las salinas de Traid siguieron en el siglo XVI el mismo camino que la mayoría de las provinciales, tras la orden de Felipe II en 1564 de centrar la explotación de la sal en las cuatro principales de Saelices, Tierzo, La Olmeda e Imón, hasta que llegaron las últimas bocanadas del siglo XIX, se desestancó la sal y en Traid comenzaron a explotarse los antiguos y conocidos pozos a través de personajes con nombre propio en tierra de Molina, como el checano don Román Morancos quien, a más de industrial poderoso en el entorno, llegó a alcanzar la presidencia de la Diputación provincial en ese tiempo. Don Román registró la salina Santa Lucía, que poco después dejó abandonada; mientras que don Félix Llorente lo hizo y obtuvo algún que otro rendimiento con la San Jerónimo, de la que los papeles oficiales dejaron rastro, al menos, hasta 1914.
El cuadro de las lágrimas
No hay registro de que para ese año de 1914, el famoso cuadro de San Francisco de Asís, que para entonces se encontraba presidiendo una de las capillas de la iglesia parroquial, dejase escapar sus lágrimas a vista de lo que el año vaticinaba, puesto que fue el del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Con anterioridad lo había hecho, y con ganas, a juzgar por los escritos, en 1710; es el único año del que, al parecer, queda memoria.
A juzgar por lo reseñado en el: “Resumen y Extracto de los Sacrilegios, profanaciones y excesos en lo Sagrado, que por las informaciones auténticas, ejecutadas de orden de los Ordinarios Eclesiásticos de los Obispados de Sigüenza, Cuenca, Osma y Arzobispado de Toledo, se justifica averse cometido por los Soldados y Tropas del Archiduque en los más de los Pueblos a donde llegaron, en las dos ocasiones que internaron en este Reyno de Castilla (por su desgracia) en los años 1706 y 1710”, recopilado por don Miguel Rubín de Noriega , se nos habla del milagro de Traid, bajo el epígrafe de “Caso prodigioso del Lugar de Traid”, el cuadro lloró, por vez primera, en los días en los que los seguidores del pretendiente al trono español por la casa de Austria, rondaban Molina de Aragón: “La noche del día 1 de noviembre de 1710 (en el cual entraron las tropas del Archiduque en la Villa de Molina y Lugares de su Partido, una criada de este Sacerdote (D. Pedro López), llegando a adorar al Santo, advirtió se le había humedecido el rostro, de que dio noticia a una cuñada viuda de su amo que habita en la misma casa. Las dos con una luz reconocieron el cuadro y vieron que por diferentes partes de la pintura y efigie del Santo corrían copiosas gotas de agua o sudor, y habiendo a breve rato ido a su casa Don Pedro López se lo participaron, y volviendo con ellas a reconocer el cuadro que no obstante haberles las dos mujeres limpiado con un lienzo se continuaba con el mismo sudor, y continuó por muchos días hasta los nueve y diez de diciembre, en que las Armas de Su Majestad Católica Don Felipe Quinto que Dios guarde, consiguieron las felices victorias de Brihuega y Villaviciosa, siendo en todo tiempo continuo este prodigio de sudar el cuadro del Santo por diversas partes, especialmente de las llagas del costado y mano izquierda, y de una calavera y disciplinas que están pintadas en el mismo cuadro, corriendo dichas gotas hasta el marco, y dejando señal en la parte del hábito y pintura por donde corrían”.
El fin de la batalla
Aquel año de 1710 se fijó la corona definitivamente, tras las batallas de Brihuega y Villaviciosa, sobre las sienes de Felipe V, y a partir de aquí se iniciaría el siempre engorroso asunto de autentificar el milagro del llanto del cuadro. En la verificación intervendrían los franciscanos de Molina, el obispado de Sigüenza e incluso los provinciales de la orden, puesto que esta tierra dependía eclesiásticamente, en el asunto monacal franciscano, de la provincia de Cartagena.
Hasta Traid, a pesar de lo apartado de su entorno, llegarían clérigos y políticos de cualquier parte del reino, a pedir al cuadro postrados de rodillas, y comprobar lo cierto o no de sus lamentos; trasladado que fue desde la casa del cura a la iglesia parroquial, donde se le dotó de retablo barroco y capilla propia al gusto de la época y disgusto de algunos historiadores patrios que determinaron aquel arte, el barroco, como del mal gusto. Quienes estudiaron la obra comprobaron que el cuadro, cuando las lágrimas, tenía por la parte de atrás rastros de polvo y telarañas, queriendo decir que no se encontraba expuesto a la humedad.
Traid saltó a las páginas de la historia religiosa patria, a pesar de que, al cuadro, desde que se ubicó en la iglesia, no le volvieron las lágrimas, muy a pesar de que las guerras, de entonces a nuestra reciente historia, continuaron su rumbo.
Sin duda, el recuerdo es una incitación más para conocer esta siempre hermosa y sin igual tierra molinesa.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 2 de enero de 2026
TRAID (Guadalajara)
UNA HISTORIA PARA TRAID (Guadalajara)
TRAID es, al día de hoy, una población en la comarca del Señorío de Molina-Alto Tajo, en la provincia de Guadalajara, con un proceso demográfico decreciente:
Muy próximo a los montes de sabinas y carrascas de Pinilla de la Vega (ahora de Molina), casi tocando con el término de Alcoroches y La Espineda Checana, hubo asentamientos visigóticos y visigodos, en pleno corazón de la serranía del Alto Tajo, tierras y gentes que formaron parte de una geografía céltica remotísima que aun perdura en cuanto a hábitat en las parideras (albergues pecuarios para pastores), construcciones cónicas de piedra y barda por los cerros aledaños de Terzaga a Chequilla y Mejina, lo mismo que en las fiestas lunarias cristianizadas donde se danza por San Juan en las noches magas en torno a los olmos como herencia inequívoca de los druidas.
Por estos caminos casi inéditos de gleba, pastoreo, caza y celaje visionario encontramos el pueblo de Traid, que ya figura en los anales cristianos del siglo XII. Por sus laderas y ásperas mesetas, propicias a la cabalgada medioeval de los guerreros que recorrían sin descanso poblados de piedra y tapial con tejado moro, donde a veces vivían místicos mozárabes en humildes cenobios apartados, descubre el caminante Traid, en una ladera, asomada a un vallejo, cuando llega entre un camino de pinos enanos, sabinas, enebros y monte bajo, señoreado por los escambrones y las aliagas. Contrasta el pequeño valle al que se asoma, buscando un fontarrón cercano, con la aspereza socarrada de las lomas estivales, cubiertas de nieve en los largos inviernos. El terreno es quebrado y de mala calidad, propio para cereales de secano, sembrándose también garbanzos, ajos y yeros.
Sobre un cerro se adivinan las ruinas del rudo castillete visigodo al que aludíamos, en el sitio o alcor que llaman La Bujeda, que moros y cristianos acondicionaron luego como atalaya o torreón de señales, indicando en la toponimia del lugar como la Humbría del Atalayón. Por allí andan los Pinarejos, Barranca del Molino, Torrejón y el despoblado de La Bujeda, sin duda un burgo que surgió al amparo de viejas fortificaciones de la línea estratégica hacia Levante.
José Sanz y Díaz


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