BAILES,
RONDAS Y MÚSICA POPULAR EN GUADALAJARA
El
baile y la danza son partes importantes en algunas de nuestras celebraciones
Tan sólo hay que echar un vistazo a algunos
de los libros que nuestra provincia tiene dedicados a algunos aspectos de la
tradición de nuestros pueblos para darnos cuenta de la importancia que tuvieron
las danzas y los danzantes en las festividades de cada uno de nuestros
municipios. No son pocas las páginas que nos hablan de ellas, si bien dos
destacan por encima de todas, la una por la distancia del tiempo en que vio la
luz: “Danzas, rondas y música popular en Guadalajara”, que en 1973 puso
en manos de los interesados Antonio Aragonés Subero; la otra, “Danzantes de
Guadalajara”, de Raúl Conde Suárez, aparecida en 2006.
Danzas, rondas y música popular
Algunos autores se dedicaron, con anterioridad a los dos mencionados, a
hablarnos de las danzas, las rondas o la música popular o tradicional, a su
manera de entenderla, principalmente en la mitad del siglo XX, cuando estas
tradicionales muestras de nuestro folclore comenzaron a ser vistas con buenos
ojos, pues tiempo hubo en el que la mirada torcida de algunos sectores de la
población las relegó a un segundo plano.
Entre ellos no hemos de dejar de mencionar a Sinforiano García Sanz,
quien ya nos dejó algunos rastros de ello en su “Cancionero de Guadalajara y
su Geografía Popular”, que fue desgranando a lo largo de varios años a
través de la prensa provincial y posteriormente se recopiló en dos obras, a
través de la revista cultural “Cuadernos de Etnología de Guadalajara”,
en 1993, y el libro en que se resumieron sus estudios: “Mi Obra”, que
vería la luz en 1996 dentro de la colección literaria “Arriaca” de la
Casa de Guadalajara en Madrid.
Nombre a tener en cuenta en aquel tiempo, centrándose un poco más en el
folclore, danzas y rondas molinesas será igualmente José Sanz y Díaz, cuya
extensa obra se pierde a través de los anaqueles de las bibliotecas, siempre
precisa de una revisión, por lo que muestra y descubre. Igualmente, Sanz y Díaz
desgranó su obra etnográfica y tradicional a través de la prensa provincial.
Sin que nos falte un nombre que, si bien siempre relacionaremos con la
historia, también dedicó líneas al folclore, danza y tradición: Francisco Layna
Serrano, quien a través de su obra, en libro y artículo de prensa, dejó
imperecederos recuerdos de sus propias vivencias al calor de la danza, la
fiesta o la música, con pasajes entrañablemente emotivos como se puede
descubrir, principalmente, a través de la revista “Nosotros”, que
también la Casa de Guadalajara en Madrid editó en los primeros años de la década
de 1930; Layna Serrano también recogió algunos instrumentos musicales que
posteriormente formaron parte de las colecciones del Museo Nacional de Artes y
Tradiciones Populares, del que fue patrono.
Sin dejar atrás la magnitud de la obra recopilatoria de Asunción
Lizarazu de Mesa y su enorme “Cancionero Popular Tradicional de Guadalajara”,
que, en sus tres tomos, legó a la posteridad provincial en 1995.
Aragonés Subero, y sus danzas provinciales
El de Antonio Aragonés Subero es quizá uno de los primeros libros que la
provincia de Guadalajara vio enteramente dedicado a este aspecto de nuestra
tradición, anteriormente algunos autores, como Gabriel María Vergara, dejaron
retazos a través de la Revista de Dialectología y Ciencias Populares. “La
danza -nos decía Aragonés Subero- nace como una necesidad anímica del hombre,
pero siempre acompasada por el ritmo de un movimiento originado por el día y la
noche, por creencias, por luchas o por la plástica que impone la propia
Naturaleza. Nace pues de la mano del ritmo sonoro, del mimetismo animal, de la
melodía de un canto o un conjunto de cantos animales o humanos. Así pues,
danza, ritmo y melodía se complementan”.
Pasando
a estudiar, o describir, en su obra, los danzantes y aspectos de danza que
entonces teníamos a la orden del día, que para las décadas de 1950-60, cuando
Aragonés Subero puso en orden su obra no eran demasiadas, y muchas de ellas
confundidas en festividades, para mantener su permanencia.
Por la obra desfilan los imperecederos danzantes de Galve de Sorbe,
Valverde de los Arroyos, Valdenuño-Fernández, Utande, Condemios de Arriba; o
las jotas de Molina de Aragón; las seguidillas de Horche; los boleros de
Azuqueca; las serranas de El Cardoso; las Olivareras, de El Olivar; o las más
que tradicionales del “Pollo” de Maranchón; “La Paletilla de
Alcoroches”, o tantas otras muestras más.
Por nuestra parte añadiremos, en torno al baile de la “Paletilla”,
que esta fue costumbre de bodas en algunas poblaciones del entorno molinés de
la que nos dejó cumplida reseña en 1923 quien fuese maestra de Valhermoso,
Julia Ochaíta Muñoyerro, natural de Trillo y casada con el entonces maestro de
la localidad, Francisco Rello. Maestra ella también puso letra a la tradición:
“Después de suculenta comida, el pueblo todo se traslada a la plaza, y allí
en original carrera pedestre, se disputan los mozos la pierna de un tierno
cordero, mientras la novia va invitando a las mozas con torta de huevos y
azúcar. Y con un animado baile, en el cual cada invitado ha de bailar con la
desposada, terminan estas ceremonias tradicionales que acaso no estén exentas
de poesía para las gentes sencillas del lugar”.
Danzantes de Guadalajara
La obra de Conde Suárez nos acerca en el tiempo a los danzantes que ya,
en los inicios del siglo XX, recorrían la provincia, manteniendo en unos casos
la tradición, y recuperándola en otros.
Por la obra vuelven a desfilar los danzantes de Valdenuño, los de la
Virgen de la Hoz, Utande, Valverde de los Arroyos, La Huerce, Condemios, Galve
y Majaelrayo, añadiéndonos sus cantos, su indumentaria y calendario festivo.
La mayor parte de los grupos danzantes se hacen acompañar por un
botarga, que aleja a los curiosos de los danzantes, al tiempo que los dirige y,
al igual que las invernales del periodo carnavales, hace de las suyas.
Al ritmo de la danza los bailarines nos irán trenzando cordones y, ante
todo, como muestra llamativa de su repertorio, ejecutarán las danzas de paloteo
o espadas, ampliamente estudiada por el insigne Julio Caro Baroja en su
magnífico “Estío Festivo”.
Costumbre imperecedera, al margen de los grupos de danzantes organizados
en torno a un patrón local, o patrona, fue el que, en numerosas poblaciones,
durante la procesión patronal, el pueblo dance por delante de la imagen, al
ritmo que marca gaita y tambor; a cabo se llevan estas danzas en algunas
poblaciones serranas, y ampliamente extendida está la tradición por las vecinas
poblaciones de Soria, Segovia, Ávila y su aledaña Salamanca. Sin que nos falte
la danza individual, ejecutada claro está por un solo danzante, en
contraposición a los grupos; un danzante “que, como David, bailara”,
ante el patrón o, generalmente, patrona, como nos afirmase Caro Baroja.
La
mayoría de los danzantes de Guadalajara se apoyan, a la hora de seguir el ritmo
musical, en la dulzaina y el tambor, como recoge Conde Suárez, formando al
propio tiempo parte de la cultura y tradición de nuestros pueblos. Claro está
que los tiempos han cambiado, al igual que el modo de vivir y sentir nuestras
fiestas, muy a pesar de que los sonidos, del entrechocar de los palos de los
danzantes, de la gaita o del tambor, nos llevarán en muchos casos a volver la
vista a través para, de alguna manera, encontrarnos con nuestro pasado, el de
nuestros pueblos, hoy en silencio a lo largo del año, bulliciosos en torno a
los danzarines.
Como que la fiesta en torno al titular del municipio se festeja en todos
sus ámbitos, y, especialmente, con danza y música.
Tomás
Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ periódico Nueva Alcarria,
Guadalajara, 25 de septiembre de 2026
Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara
Notas de Etnografía, Folklore y Tradiciones Populares de Guadalajara
La provincia de Guadalajara, sus pueblos, mantienen decenas de tradiciones enraizadas con su pasado histórico, folclórico y tradicional; algunas de ellas han pasado a pertenecer al calendario festivo.
El autor rescata en este libro decenas de ellas que en ocasiones se confunden con la multitud de leyendas que jalonan los pueblos.
Por las páginas de la obra desfilan las botargas; el toque de las campanas; el carnaval; la Semana Santa; las ferias; las romerías; los trajes tradicionales; las rondas; los danzantes; las tradiciones enraizadas con los difuntos; la matanza o la Navidad.
En su mayoría son notas de folklore y tradiciones que el autor ha ido desgranando en sus artículos semanales en el periódico Nueva Alcarria, de Guadalajara, en el que desarrolla la página “Guadalajara en la Memoria” y que, en conjunto, conforman una serie de relatos que mantienen no solo la memoria, también la tradición etnográfica y folklórica de una provincia a través de sus tradiciones populares.
SUMARIO:
BOTARGAS, PARA COMENZAR EL AÑO
ALARILLA: LA PRIMERA BOTARGA
EL NIÑO PERDIDO, DE VALDENUÑO-FERNÁNDEZ
SAN ANTÓN Y LOS SANTOS DEL FRÍO
LA BARBARIDAD DE HORCHE
LAS CAMPANAS DE SANTA ÁGUEDA
TIEMPO DE CUERNOS, DIABLOS Y CENCERROS
CARNAVAL, BAJO LA MONTAÑA SAGRADA
MEMORIA DE DON CARNAL Y SU SARDINA
LA PASIÓN, SEGÚN JADRAQUE
EL ROSARIO DE FAROLES DECRISTAL DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES, DE ATIENZA
LA CRUZ DE CRISTO, EN LA PROVINCIA DE GUADALAJARA
LAS SANTAS ESPINAS DE ATIENZA. EL GRIAL DE GUADALAJARA
LA SANTA ESPINA DE PRADOS REDONDOS
MAYO, DE CRUCES Y CAMPANAS
¿POR QUIÉN TOCAN LAS CAMPANAS?
LA ROMERÍA DE LA VIRGEN MIRABUENO
LA REINA DEL SEÑORÍO
LA MIGAÑA. LA FILA ROMA DE GUADALAJARA
EL DÍA DE LA ASCENSIÓN
MEMORIA DE UNAS FOTOS
BOINAS, GORRAS Y SOMBREROS.
LA IMPORTANCIA DE UN BUEN ALMIREZ
AGOSTO DE DANZAS Y DANZANTES, EN LA SERRANÍA
POR DECIR ¡VIVA SAN ROQUE!
EL ALTO REY SE VISTE DE ROMERÍA
UN SANTO EN EL CALENDARIO: SAN MIGUEL PAGADOR
TIEMPOS DE FERIA
HIENDELAENCINA
POR CANTALOJAS, DE FERIA
PARA MORIRSE COMO DIOS MANDA
ATIENZA, Y SU DANZA DE LA MUERTE
PAREDES DE SIGÜENZA, Y EL SECRETO DE SU CEMENTERIO
MAZUECOS Y LAS CALABAZAS DEL DÍA DE ÁNIMAS
DICIEMBRE, MES DE LA MATANZA EN LA SERRANÍA
NAVIDAD DE PASTORES, CENCERROS Y NOCHEBUENO
BUSTARES, NAVIDAD EN LAS ALTURAS
El libro, pulsando aquí



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