lunes, junio 29, 2026

LOS HERMANOS PASCUAL RUILÓPEZ, PROTECTORES DE ATIENZA

 

LOS HERMANOS PASCUAL RUILÓPEZ, PROTECTORES DE ATIENZA

Bruno, Antonio y Francisca se convirtieron en una auténtica institución social

 

      Casi setenta años han pasado desde que abandonó estos mundos Francisca Pascual Ruilópez, última representante de una familia que dejó su nombre inscrito en la Atienza de la primera mitad del siglo XX; junto a ella destacaron dos de sus hermanos, Bruno y Antonio; a ellos se debe el que algunas de las tradiciones más significativas de la villa continúen vivas, o que a la entrada de la población se mantenga uno de los edificios más emblemáticos, el que fuese Hospital de Santa Ana.

 



Bruno Pascual, el político

   Sin duda, fue Bruno uno de los hombres más conocidos en el entorno de la Serranía desde la última década del siglo XIX hasta su fallecimiento, en Madrid, el 13 de marzo de 1921. Había nacido en Atienza el 6 de octubre de 1858, en una de las casas más significativas de la población, ya que antes de ser hogar para funcionarios municipales, su padre fue Secretario Municipal a lo largo de varias décadas, al igual que su abuelo, ostentó el honroso título de Casa del Concejo, o Ayuntamiento de la Villa.

   Destacó Bruno Pascual en Atienza por sus labores sociales, prestando dinero sin interés a los agricultores, enemistándose de esa manera con los prestamistas oficiales, o dotando a los colegios, iglesia u hospital de algunas de las cosas que necesitaban. Siendo protector del Hospital de Santa Ana, reparado en la década de 1915-25 gracias a su intervención, costeando las obras, a fin de dedicarlo a colegio infantil, creando junto a su hermana Francisca la primera fundación social para mantenerlo. Igualmente dotó a las parroquias de multitud de objetos sacros, principalmente a los patronos del pueblo, el Santo Cristo y la Virgen de los Dolores de Atienza, a cuya imagen donó en 1909 el famoso Rosario de Faroles que en la actualidad acompaña las procesiones de Semana Santa, estrenado el Viernes de Dolores de 1910.

   Atienza le rindió innumerables homenajes, nombrándole igualmente Hijo Predilecto de la localidad, y situando una placa en su casa natal, así como dando su nombre a la plaza de San Juan del Mercado, en la que vivió y nació.

 

Antonio Pascual Ruilópez

   Antonio nació en 1862 y, como su hermano, llevó a cabo estudios superiores tras su paso por el Instituto Provincial. En la Universidad madrileña cursaría Agronomía. Regresó a Guadalajara en 1891 para desempeñar el cargo de catedrático interino de agricultura en el Instituto, cargo que abandonó en 1896 al aprobar las oposiciones al cuerpo de Agrónomos del Estado, siendo destinado a Pontevedra y desempeñando diversos cargos en el Ministerio de Agricultura, alcanzando el de Ingeniero Jefe de segunda clase, del que se jubiló en el mes de marzo de 1924.

   Recorrió Logroño, Santander y Álava, para establecerse definitivamente en Madrid a partir del mes de octubre de 1911, tras ser nombrado profesor de Ampelografía, Viticultura y Enología de la escuela especial de Ingenieros Agrónomos. Posteriormente profesor de Horticultura y Jardinería de la Granja Central de Castilla, dependiente del Estado. En el tiempo que ocupó el cargo en las provincias de Logroño y Álava se mejoraron las plantaciones de viñedo, comenzando a experimentar sus productos una gran expansión. Siendo comisionado por el Gobierno para el estudio de la fabricación de vinos y plantación de viñedos en La Rioja.

   Falleció de forma repentina en Ávila, donde se encontraba pasando una temporada vacacional, el 29 de julio de 1930, siendo trasladado su cuerpo a Madrid para recibir sepultura en la sacramental de San Isidro.

 

Francisca Pascual Ruilópez

   Francisca nació en 1865, trasladándose a Madrid junto a su hermano Bruno en la década de 1890. En Madrid contrajo matrimonio en los primeros años del siglo XX con un prestigioso abogado, enviudando poco tiempo después del matrimonio. Persona, al igual que el resto de la familia, de marcadas creencias religiosas, guardó gran devoción al Santo Cristo de Atienza y la Virgen de los Dolores, a los que tanto ella como sus hermanos dotaron con diferentes obras, entre ellas la corona de plata de la patrona, acogiendo incluso la reforma de sus respectivas capillas.

   Desde muy joven se significó como una personalidad dentro de la sociedad atencina, así como de la de la provincia de Guadalajara, tanto por su elevada clase social como por la personalidad de sus hermanos; heredando a la muerte de Bruno la representatividad familiar en esos actos, religiosos y políticos en los que la familia se significó, señalándose como una firme defensora del gobierno de Miguel Primo de Rivera, hasta el punto de ser en Atienza la madrina de los somatenes. Fue aquel sin duda el acto formal en el que se convirtió en madrina del somaten atencino, al que pertenecía toda la alta clase social de Atienza, desde su alcalde a maestros o veterinarios, así como gran parte del pueblo, el acto más significativo que se vivió en Atienza en aquel periodo. La entrega y bendición de la bandera a los somatenes de Atienza tuvo lugar el 17 de septiembre de 1929 y traspasó los límites de la provincia, siendo recogida incluso por la prensa de Madrid.

   A la muerte de sus hermanos continuó sosteniendo las capillas de la Virgen de los Dolores y del Santo Cristo, a las que Bruno Pascual había beneficiado en su testamento, al igual que ella haría en el suyo propio, dictado en Madrid, ante el notario Rafael Núñez Lagos, el 18 de febrero de 1958.

   El testamento, extenso en dotaciones de misas y legados, contenía alguna que otra cláusula de obligado cumplimiento por sus testamentarios contadores; lo eran su abogado de Madrid, don Francisco García Astigarraga, y su administrador en Atienza. Tras dar cumplimiento al legado familiar dejando su parte a los herederos que consideraba forzosos, descendientes de su hermano Antonio y su sobrina Loreto, hacía diversas particiones entre gentes de la villa, reservando una parte de su capital para continuar manteniendo otra de las instituciones que habían sido emblemáticas para la familia, desde que su hermano decidiera invertir parte de su capital en su rehabilitación en el primer decenio del siglo XX: el hospital de Santa Ana.

    Ordenando y dotando económicamente una fundación que, a perpetuidad, mantuviese aquella dedicación, un colegio de párvulos para niños de ambos sexos, hasta los ocho años de edad. Fundación compuesta por un Patronato del que formaban parte como vocales, de forma vitalicia, y con derecho a sucesión por sus hijos varones, sus dos contadores, formando igualmente parte de dicho Patronato el Alcalde de Atienza que lo fuese en cada momento, así como la Reverenda Madre Superior de Religiosas de la Divina Pastora en Atienza, a cuyo cargo se encontraban las aulas.

   La fundación, en principio, estaba destinada a “restaurar y mejorar el edificio y servicios del Hospital de Atienza y sostenimiento de enfermos ingresados en dicho Hospital”, así como mantener las aulas y facilitar el estudio a cuantos naturales de Atienza acudían a aquellas clases, en las que era obligatoria la enseñanza católica “y buenos modales y costumbres”. Fueron gran número los hijos de Atienza que, gracias a Francisca Pascual Ruilópez, puesto que con anterioridad a su fallecimiento ya mantenía el establecimiento de estas aulas, accedieron a la enseñanza. Un día se cerró aquel hospital, del mismo modo que se cerraron sus aulas, tal vez por falta de alumnos. De la fundación “benéfico-particular de carácter puro”, instituida por doña Francisca Pascual Ruilópez, tal y como se recoge en la escritura de su fundación, y que todavía figuraba en algunos documentos oficiales en épocas recientes, nunca más se supo. Falleció en Madrid el 10 de abril de 1958, recibiendo sepultura junto a sus hermanos en la Sacramental de San Isidro.

   Sin duda, tres nombres para no olvidar.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 26 de junio de 2026


LA VIRGEN DE LOS DOLORES, PATRONA DE ATIENZA

 

 LA VIRGEN DE LOS DOLORES, PATRONA DE ATIENZA

El libro:


El 12 de enero de 1669 llegó a Atienza (Guadalajara), una imagen de la Virgen de la Soledad, copia de la entonces existente en el convento de la Victoria, de Madrid, tallada cien años atrás por Gaspar Becerra.

La imagen fue recibida en la villa con todo el cumplimiento que su devoción merecía, siendo depositada de forma provisional en la iglesia de San Juan del Mercado, entonces en obras. Venía para ser, con toda probabilidad, la imagen que presidiese la capilla funeraria de su donante, Juan de las Huertas, con alto cargo en los oficios del Real Alcázar.






Poco después de su llegada se la dotó de capilla, siendo el hijo de Atienza, Diego de Madrigal, el autor de su retablo. Ya que era, dn Diego, uno de los mejores artífices en aquel arte, de la diócesis de Sigüenza.

A mediados del siglo XVIII la imagen cambió de denominación para ser Nuestra Señora de los Dolores, o de los Siete Dolores, y convertirese en la Patrona de la Villa.







Desde aquellos orígenes, en los que la Condesa de Ureña puso de moda el vestir a estas imágenes a imitación de las viudas nobles castellamas; o que Gaspar Becerra impusiese la de las imágenes “de vestir”, o la reina Isabel de Valois extendiese la devoción por España, han pasado casi quinientos años; de la llegada de la Virgen de la Soledad, más tarde de los Dolores a Atienza, se cumplirán 350.

Es por ello que en este libro hacemos reseña de toda esa historia, o parte de ella, pasada en Atienza; desde la llegada de la imagen a la de su Rosario de Faroles de Cristal que desde el 18 de marzo de 1910 acompaña su procesión.




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