viernes, abril 17, 2026

PAREDES DE SIGÜENZA, CRUCE DE CAMINOS

 

PAREDES DE SIGÜENZA, CRUCE DE CAMINOS

Una pequeña villa cabeza de extensa tierra, y cruce de caminos

 

    Paredes de Sigüenza fue, desde que se tiene conocimiento del sentir de esta tierra, una parte más de la de Atienza a cuyo histórico partido judicial perteneció; muy a pesar de que las autoridades políticas, para distinguirla de otras “paredes”, la dieron el significativo apellido que ostenta; como si hubiesen tenido el presentimiento allá por el siglo XIX que uno más tarde, en el XX, se habría de convertir, efectivamente, en tierra de Sigüenza. Mucho antes, en el XIV, cuando fue desgajada del Común de Villa y Tierra de Atienza, fue su Señor natural don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla y poderoso caballero territorial por estos pagos, que fueron extensos desde estos límites de la episcopal Sigüenza hasta las torres de los castillos sorianos de la tierra de Gormaz.

   De Don Álvaro, tras los sinsabores que en presidió aragonés padeció don Gastón de la Cerda en cuya descendencia se crearía el ducado de Medinaceli, a él le dio la hoy tierra de Paredes el rey, Juan II, el 3 de agosto de 1453. Paredes con su extenso dominio territorial, pasando a ser cabeza de una serie de poblaciones que al día de hoy se encuentran en los límites de Guadalajara y Soria, vertebrando las alturas de estas tierras que no quedaron en los Medinaceli sino que estos, a poco de adquirir el ducado, las pasaron previo acuerdo económico de significación a quienes serían para el futuro los “Señores de la Tierra de Paredes”, a más de ostentar títulos tan significativos como Condes de Coruña, la Coruña de tierra de Soria, y el vizcondado de Torija: los Mendoza descendientes de don Lorenzo Suárez, hijo que fue de nuestro buen marqués de Santillana; a D. Lorenzo fueron Paredes con Bujalcayado, La Miñosa, Cercadillo, Cañamares, Madrigal, Morenglos, Alcolea de las Peñas, Cincovillas, Torrevicente, Barcones, Tordelrábano y algunas otras por las que en total pagó nuestro Mendoza una buena suma: 3.790.606 maravedíes.

   Paredes se convirtió en la capital de este pequeño o gran territorio, cuyos alcaides no gobernaron todo lo bien que cabría imaginar, teniendo en cuenta que numerosas de las poblaciones a la villa pertenecientes intentaron la independencia alegando el mal trato que desde aquí, en los límites castellanos, recibían de aquellos. Unos límites que con el tiempo pusieron a la sin duda elegante cabeza de villa y tierra, al pie de los caminos que dividieron Soria de Guadalajara y por donde como paso obligado discurrió el que desde Madrid llevó por esta parte a la frontera pirenaica.




 

Paredes, camino de paso

   Hubo de ser desde tiempos remotos un camino de paso obligado el de Paredes, puesto que por aquí se comienza a ascender a tierras superiores; las que llevan a Villasayas y Barahona (o Baraona, como gusta a muchos escribir), ya en tierra de Soria. De ahí que, junto a la hoy carretera, antiguo camino real, surgiesen paradores, mesones o ventas en los que los caminantes pudieron encontrar refugio, siendo lugar de frecuente paso entre las dos Castillas en su también camino hacía Aragón a través de la sin par villa soriana de Ágreda.

   Este camino real comenzará a alcanzar cierto relieve en los primeros años del siglo XIX, tras la ampliación y mejora que tiene lugar en los últimos años del siglo XVIII –a partir de 1779-, y al margen de la Guerra de la Independencia, siendo lugar de paso habitual para las tropas francesas, a pesar del mal estado en el que ya para entonces se encontraba, como nos recuerda Gaspar Melchor de Jovellanos en sus “Diarios”, cuando libertado de sus prisiones en Mallorca acudió a Jadraque, procedente de Barcelona, a donde llegó desde las islas, al encuentro con el atencino Juan José Arias de Saavedra; el paso por Paredes tuvo lugar el 31 de mayo de 1808: “… emprendimos la penosa jornada de la tarde atravesando a Villazayas (Villasayas)… Atravesamos luego los famosos campos de Barahona donde tenían sus congregaciones las brujas cuando se creyó que las había; pasando por el lugar del nombre caímos en Paredes, situada en una hermosa y fértil vega, entre alturas, al parecer, volcánicas. Hace frío, y el clima cambió…” Todo hace suponer que Jovellanos pasó la noche del 31 de mayo al 1º de junio en la venta o posada de Paredes, puesto que en su viaje, tras dar vista a la villa, torna su pensamiento a darnos cuenta de algunas costumbres de la tierra, emparentadas con las hoy sorianas de Almazán, como son el vestido de sus hombres, “la gente viste montera, chupa, justillo, calzas de lana y hasta corizies –zapatos de cuero-, como en Asturias.” Y nos habla de la limpieza de los centenos, que por aquí se extendió igualmente a los trigos y resto de cereales, en la limpieza previa de las malas hierbas, con anterioridad a la siega: “se escardan los centenos con dos palos con gancho y esta labor es principalmente de las mujeres. Así los centenares se ven en extremo limpios”.

   A la mañana siguiente, saliendo de la venta de Paredes a eso de las cinco de la mañana, inicio del día, “a la media legua se empieza a descubrir la villa de Atienza…” Villa que se situaba a escasas dos leguas de Paredes; por la que años antes, en 1592, tendremos también el paso del rey Felipe II cuando de regreso de las Cortes de Tarazona descienda por los altos para dirigirse con el príncipe heredero, Felipe III, hasta Atienza, enviando a la guardia que los acompañaba a buscar cobijo en los lugares del entorno en el mes de diciembre de aquel año. El paso de la comitiva real nos lo describe el capitán de los archeros del rey, Enrique Cook, en 1592.

   Años después el mismo camino llevarían a cabo sus herederos, Felipe III y Felipe IV, y por él llegó a Atienza en el mes de enero de 1792 el primer rey de la dinastía Borbón, Felipe V.

   Son sólo dos de las numerosas citas que quedarán para la posteridad del paso de gentes principales por el lugar; que se incrementarán con el paso de los siglos, y más cuando a partir de 1862 las vías férreas crucen por sus cercanías, primero por Jadraque y dos años más tarde por Sigüenza.

   En 1853 se abrió la llamada carretera, tal y como hoy la conocemos, más bien camino de carretas, que conduce desde Madrid a Pamplona por Guadalajara y Soria, y que será en el futuro la que, asfaltada o alquitranada, una estas tierras con las del norte, siendo camino prácticamente obligado para todo aquel que desde la frontera francesa trate de llegar a Madrid por la vía más rápida o más cómoda, hasta que en la década de 1870 llega el ferrocarril a Zaragoza.

   Con el fin de obtener algunos ingresos para mantener el camino-carretera, e ir ensanchándolo con el pasar del tiempo, se crearán una serie de portazgos para cobrar el correspondiente peaje a los viajeros. Serán siete en total entre Madrid y Logroño, ubicándose el tercero saliendo de Madrid, en esta villa; el primero se encontraba en Sopetrán.

   Con posterioridad a esta se abrirá, a partir de 1860 el proyecto de una nueva carretera, la que desde Paredes lleve a través de Riba de Santiuste hasta Sigüenza. Obra que llevará a cabo el contratista Tomás Sandoval, empleando a numerosos trabajadores, hombres, mujeres y niños, así como animales de carga; asignándose a cada persona, o caballería, el correspondiente jornal diario: hombres a 8 reales; mujeres y chicos de 4 a 6 reales y caballerías a 5 reales.

   Carretera que sería mejorada en 1919, quedando desde entonces Paredes surcada por dos reales caminos que, al día de hoy, tan solo ocasionalmente son transitados.

   Como que el tiempo todo lo muda, a veces el paisaje también.

 

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 17 de abril de 2026


UN LIBRO SOBRE PARADES DE SIGÜENZA

PAREDES DE SIGÜENZA. CRUCE DE CAMINOS. Aportes para una historia

   Se encuentra Paredes de Sigüenza en el extremo norte de la provincia de Guadalajara, al pie de los altos de su nombre que separan las actuales provincias de Guadalajara y Soria, dentro de la amplitud de la llanura conocida como “Valle del Salado”, por discurrir a lo largo de este el río que con sus aguas dio pie a la formación en el valle de decenas de explotaciones salineras producto de la desecación de las aguas cuando todo este territorio se encontraba ocupado por ellas. Un mar que llegaba hasta el interior de la península y que dejó en las entrañas de esta tierra, con su desecación, lo que habría de ser con el pasar de los siglos una de las riquezas principales, no sólo del valle, también de la provincia.
      Los estudiosos de la materia, al hablarnos de las salinas de la provincia de Guadalajara y concretar sobre las que se sitúan en torno al valle del río Salado y comarcas de Atienza-Sigüenza, nos dan cuenta de que los terrenos se encuentran formados por consecutivos depósitos de margas, yesos y arcillas: 




   …reductos de un mar primigenio que anegó las tierras del interior peninsular; aparecen surcados en sentido más o menos norte-sur, por diferentes cuencas tributarias de los rebordes del Sistema Central que buscan verter sus aguas sobre una de las principales redes hidrográficas de España: el Tajo. Un tributario de esta red es el río Henares, y a su vez el río Salado lo es del anterior. Su nombre indica su principal característica: desde sus orígenes en torno a la Laguna de “El Madrigal”, discurre cargado de sales procedentes del tajo que el curso de las aguas produjo en las arcillas del Keuper, masivas de este territorio[1].

   Continúan estos autores describiéndonos el terreno, dándonos cuenta de que el río Salado nace en el término de Paredes de Sigüenza, a los pies de la Sierra Gorda, conformando el conjunto del valle un peculiar trazado en zig-zag, al que se adapta el propio río conformado por varios tramos de norte a sur: el valle de Bochones, el valle de los Prados o de Atienza, el valle de Valdelcubo, el valle de la Riba, el valle del Salado-Vadillo, el valle del Atance y el valle de la Paramera de Baides. Siendo sus principales afluentes, salvo el Gormellón que lo hace por la derecha, el resto por la izquierda, el Berral, Querencia, Bretes y Vadillo.
   Justo es, en este punto, dejar constancia de la denominación de “Salado” para un buen número de ríos y arroyos a lo largo de la Península; incluso en la provincia de Guadalajara son numerosas las denominaciones si bien tal vez la más significativa sea la del río Linares, al que igualmente se le denominó “Salado”. Igualmente encontraremos la misma denominación en riachuelos y arroyos que bordean o bordearon las salinas provinciales.
   Hoy la población se encuentra en uno de esos puntos centrales de nuestra España vaciada, en la que domina el silencio.
   Pero, a pesar de ese silencio a que nuestros pueblos, y con ellos Paredes, han quedado condenados, la villa se mantendrá viva, mientras alguien la recuerde y nos quede un testimonio para poder dar fe de que tuvo una historia, unas vivencias, muchas cosas que contar de las que, las páginas que componen esta obra, pueden ser el comienzo.


 
 
ÍNDICE:

-I-
PAREDES DE SIGÜENZA
Pág. 9
Orígenes, Geografía y Población
Demografía

-II
LA HISTORIA
Pág. 17
La Reconquista
La Varona de Paredes
La Comunidad de Villa y Tierra de Atienza

-III-
PAREDES EN LA EDAD MEDIA
Pág. 27
Los Señores de Paredes
Gastón de la Cerda, Señor de Paredes
Paredes en el Condado de Coruña y Vizcondado de Torija

-IV-
EL PASO DE LOS SIGLOS
Pág. 39
El Catastro de Ensenada
El Siglo XIX
Paredes, cruce de caminos
Paredes y la muletería
El Mercado de los Viernes
La Cárcel
El Municipio, el urbanismo y el Concejo
El Pósito
El Médico-Cirujano
Sacristán, Maestro y Secretario Municipal
El horno de pan cocer, u horno de poia
La taberna y la posada
La segregación de Rienda

-V-
PAREDES SIGLO XX
Pág. 69

-VI-
La Iglesia y el Hospital
Pág. 75

-VII-
LAS SALINAS
Pág. 85

VIII-
Entre la historia y la leyenda
Pág. 95
La Laguna del Madrigal de Paredes
La Leyenda de la Laguna de Paredes
El caso de Ángel Cabellos de Francisco
María Pérez, La Varona

APÉNDICES:
Pág. 107
Luis de la Cerda, V conde de Medinaceli, vende a Lorenzo Suárez de Mendoza, I conde de Coruña, Paredes de Sigüenza y su tierra. Sigüenza, 25 de agosto de 1473.
Concierto entre Lorenzo Suárez de Mendoza, I conde de Coruña, y el concejo de Atienza sobre Cincovillas, Madrigal y Vesperinas. Toledo, 9 de febrero de 1480.
Real Orden Sobre Sepulturas, en torno al proceso de exhumación del suicida Ángel Cabellos
PAREDES DE SIGÜENZA, EN LOS DICCIONARIOS
Paredes de Sigüenza, en los anuarios
Condiciones bajo las cuales ha de sacarse a pública subasta la conducción diaria del correo de ida y vuelta entre Paredes y Atienza.

BIBLIOGRAFÍA PRINCIPAL

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