jueves, abril 30, 2026

BARBATONA, PUEBLO Y ROMERÍA

 

BARBATONA, PUEBLO Y ROMERÍA

En torno a la Virgen de la Salud

 

    Nunca fue la población de Barbatona localidad que destacase por su número de habitantes, pues en raras ocasiones a lo largo de la historia llegó siquiera al centenar, disponiendo de poco más de una decena de casas que fueron las que históricamente compusieron la pequeña aldea. Sin embargo, Barbatona acoge año a año, aunque sea por un día, al mayor número de paisanos que, fuera de la capital de la provincia, se reúnen en torno a una devoción, la Virgen de la Salud.




 

La aparición de la Señora, entre la historia y la leyenda

   Cuenta la historia, tejida al compás de la leyenda, que la imagen de Nuestra Señora de la Salud se apareció en los lejanos siglos XII o XIII a unos pastores. Que estos comunicaron el hecho y que por aquellos tiempos se alzó la ermita primitiva, dándose inicio a la mayor devoción de nuestra provincia, al menos del entorno de Sigüenza. También cuentan los entendidos en arte románico que la imagen primitiva perteneció o pertenece a esta época, muy a pesar de que no existan otros testimonios o escritos que los que a partir del siglo XVIII llegan a nuestros días; cuando comenzó a contarse la historia, iniciándose de una manera más seguida la devoción hacía el santo lugar. También cuenta la historia, a mitad de camino entre la devoción y la leyenda, que a lo largo de los siglos los comarcanos, junto con los paisanos de Sigüenza, Barbatona o su entorno, se encomendaron a nuestra Señora ante la enfermedad, ante la sequía o las penurias del pueblo, y nuestra Señora les respondió. Barbatona, el pueblo, se encuentra prácticamente en la frontera de los dos grandes ducados provinciales, los de Medinaceli y del Infantado; también del Señorío Episcopal de Sigüenza. El pueblo, sus gentes, fueron servidores del duque de Medinaceli; devotos de Nuestra Señora de la Salud. Por aquí se dividían las tierras de unos y otros.

 

Una cofradía, y una ermita

   Es partir del siglo XVIII, año de 1734, cuando la documentación oficial comienza a reflejar que en Barbatona se tenía devoción a la patrona de la comarca, pues por tal se la puede considerar. En este año, a más de fundarse la cofradía que llega a nuestros tiempos, se inició el proceso por el cual terminaría edificándose el Santuario que hoy conocemos, tras sus dimes y diretes con el Cabildo eclesiástico seguntino. La ermita de Barbatona fue, desde que se tiene conocimiento, dependiente de la iglesia de Sigüenza, filial de la de Santiago, conforme nos dejó escrito Fr. Toribio Minguella, obispo diocesano; de San Pedro y San Vicente con antelación, afirmó también quien fuese cronista de Sigüenza, Dr. Martínez Gómez-Gordo.

   La cofradía la fundaron unos cuantos devotos seguntinos dotándola de estatutos y contenido. Con el fin de dar y aumentar el culto a la Sagrada imagen: “se reunieron varios vecinos de Sigüenza, devotos de la Virgen, quienes acordaron fundarla para conservación y aumento de su culto, así como para fomento de la devoción a tan venerada imagen, a la que calificaban constantemente de milagrosa. Redactadas las Constituciones por los mencionados piadosos seguntinos, merecieron la aprobación del entonces Provisor y Vicario General del Obispado, Dr. D. Francisco Javier Montero, quien según auto de 16-IX-1734, les dio fuerza y validez, nombrando como primer Abad al Canónigo D. Diego Peñaranda, a la vez que disponía que habiendo entre los cofrades eclesiásticos, dignidades, canónigos y otros prebendados de la iglesia catedral, se eligiese por abad a uno de ellos. La cofradía, en número fijo de hermanos, está compuesta por doce sacerdotes y veinticuatro seglares...”; dejó escrito el cronista seguntino.

   La ermita, para la que en principio pidieron permiso de ampliación para la original, finalmente, y como ya se dijo, fue levantada de principio a fin, quedando conclusa en 1754, a juzgar por las citas que de ello se hacen bajo la tutela episcopal de don Francisco Díaz de Santos Bullón, en el pleito de compromiso sobre “Diferentes puntos respectivos a la parroquialidad y cura de almas, procesiones, presidencia y otros derechos”. El extenso documento da a entender que para la festividad de ese año, celebrada en la primera decena de septiembre, se colocó la imagen en su nueva ubicación; donde recibió culto en su día y en su octava. Imagen que, con anterioridad a la fundación de la cofradía hubo de llevar, de ello dan cuenta algunos documentos, el nombre de “Virgen de los Remedios”. Que ya los venía procurando, como recogen algunos de los “milagros” reflejados en tabla pictórica puesto que, como estudian Eulalia Castellote y Juan A. Vallejo-Nájera, el primero del que queda constancia escrita, o pictórica, se fecha el 8 de noviembre de 1717. En aquella ocasión se trató de la curación de Mateo Blanco, hijo de Mateo Blanco y Ana Pérez Cendejas, su mujer. El padre ofreció que, si el hijo curaba, lo llevaría en brazos y descalzo, al Santuario; y al momento curó el hijo.

 

La Coronación Canóniga

   Que la devoción a la imagen creció desde aquellos mediados del siglo XVIII no cabe la menor duda. Tanto como que los milagros a ella atribuidos fueron en aumento. Varias decenas de tablillas pintadas con sus respectivas representaciones ornamentaron las paredes del Santuario, del mismo modo que lo hicieron todo tipo de ofrendas, hasta el punto de que, en los inicios del siglo XX llegaría a pedirse un ordenamiento de todo ello: “con objeto de que se ejerza la más rigurosa censura en la admisión de ofrendas a la Virgen, pues en no pocos cuadros de los que aparecen en las paredes del templo, hemos tenido ocasión de leer algunos rótulos plagados de disparates, que más que otra cosa, constituyen una irreverencia en tan sagrado lugar”. Llamativo fue el que, en 1811, propició el que las tropas de Juan Martín el Empecinado no fuesen derrotadas en sus cercanías por las francesas, atribuyéndose a la imagen la prematura oscuridad de los cielos, lo que habría hecho que los napoleónicos se retirasen del campo de batalla. Unos napoleónicos que, en su voraz rapiña, se llevaron las joyas de la patrona. Entre ellas, su corona de plata.

   Si bien lucirá, a partir de 1955, en lugar de una de plata, una de oro, ya que este año, el 8 de septiembre, le será impuesta por el Nuncio de Su Santidad en España, Cardenal Antoniutti, en el Paseo de la Alameda de Sigüenza. La imagen fue trasladada a la capital del obispado, para la Coronación Canónica el 29 de agosto; luego regresaría a su Santuario.

   Por supuesto que no era la primera vez que Nuestra Señora de la Salud visitaba Sigüenza, ya lo había hecho en 1833, cuando la provincia se vio acometida por la peste del cólera que llevó a la muerte a varios miles de paisanos. A Nuestra Señora la hicieron sitio en la catedral, para que a ella acudiesen los seguntinos a pedir salud. La peste dejó en aquel año 17 muertos en la capital del obispado; y casi un centenar en 1855 cuando, en lugar de la Virgen de la Salud, el consistorio seguntino mandó acogerse al patronazgo de San Roque.

   Cerca de veinte mil personas se reunieron en Sigüenza para acompañar el acto; y algunos miles más, se cifra incluso en cincuenta mil, los devotos que a partir de 1965, tras la primera “Marcha Diocesana a Barbatona”, en el mes de mayo, han llegado a pasar, en aquellos días, por el venerado Santuario de la Salud.

   Su pradera es punto de encuentro, en mayo y septiembre, para una de las romerías más populares de esta tierra. A nuestro paso la tenemos, en unos días.

 

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 1 de mayo de 2026


BARBATONA (Guadalajara)

 

UNA MEMORIA DE BARBATONA (Guadalajara), y la VIRGEN DE LA SALUD

 

   Junto a Sigüenza, hoy pedanía de esta, se encuentra el pequeño lugar de Barbatona, crecido en torno ala pequeña ermita, posteriormente convertida en Santuario que, año a año, atrae a miles de peregrinos y creyentes.

   En él se encuentra la imagen de Nuestra Señora dela Salud, que ya, en el siglo XVIII atraía las miradas de los guadalajareños de esta parte provincial, y que más tarde llevaba a que escritores y periodistas se ocupasen de ella:

   “He retrocedido en mi excursión veraniega para asistir a la peregrinación anual de Nuestra Señora de la Salud de Barbatona, celebrada el día del Dulce nombre de María en el Santuario de este título, en el Obispado de Sigüenza. La fiesta de este año ha sido solemnísima, porque las buenas cosechas han aumentado la concurrencia, que no habrá bajado de 8 a 10.000 almas.

   Puedo decir a usted, mi querido amigo, que no he visto otra peregrinación más piadosa, ni que haya arrancado a mis ojos más lágrimas de ternura y edificación, porque allí todo, absolutamente todo, es piedad, sin que los goces mundanos, aún los más lícitos y tolerables, tengan parte ninguna en la solemnidad y en la alegría de la fiesta. El pueblo en donde se halla situado el santuario es pobre, árido, sin alamedas que engalanen sus montes ni ríos que fertilicen sus angostos valles; se halla formado por veinte casas miserables, mal agrupadas sobre una colina, la cual se ve rodeada de incultas cañadas, que por carecer de bellezas naturales no tienen ni la severidad de los grandes riscos ni la melancólica perspectiva de los hondos barrancos sombreados por altos montes o por bosques seculares. Si entre los santuarios de España merece la primacía en lo pintoresco el de Monserrat, yo aseguro a usted que el de Barbatona ocupa el último lugar, porque difícilmente se citará otro que tenga menos atractivos naturales. Y, sin embargo, por mucho amor, por intensa devoción que inspire a los catalanes el bellísimo santuario de Monserrat, bien puede afirmarse, sin exageración, que no inspira más que a los hijos de este país el oscuro lugar de Barbatona…”

   Ha Barbatona nos dirigimos a través de estas páginas.

 

 

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EL LIBRO:

 

  • ASIN ‏ : ‎ B0DW83G27Y
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 184 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8309522774
  • Peso del producto ‏ : ‎ 299 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.17 x 21.59 cm

 

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