BARBATONA,
PUEBLO Y ROMERÍA
En
torno a la Virgen de la Salud
Nunca fue la población de Barbatona
localidad que destacase por su número de habitantes, pues en raras ocasiones a
lo largo de la historia llegó siquiera al centenar, disponiendo de poco más de
una decena de casas que fueron las que históricamente compusieron la pequeña
aldea. Sin embargo, Barbatona acoge año a año, aunque sea por un día, al mayor
número de paisanos que, fuera de la capital de la provincia, se reúnen en torno
a una devoción, la Virgen de la Salud.
La
aparición de la Señora, entre la historia y la leyenda
Cuenta la historia, tejida al compás de la leyenda, que la imagen de
Nuestra Señora de la Salud se apareció en los lejanos siglos XII o XIII a unos
pastores. Que estos comunicaron el hecho y que por aquellos tiempos se alzó la
ermita primitiva, dándose inicio a la mayor devoción de nuestra provincia, al
menos del entorno de Sigüenza. También cuentan los entendidos en arte románico
que la imagen primitiva perteneció o pertenece a esta época, muy a pesar de que
no existan otros testimonios o escritos que los que a partir del siglo XVIII
llegan a nuestros días; cuando comenzó a contarse la historia, iniciándose de
una manera más seguida la devoción hacía el santo lugar. También cuenta la
historia, a mitad de camino entre la devoción y la leyenda, que a lo largo de
los siglos los comarcanos, junto con los paisanos de Sigüenza, Barbatona o su
entorno, se encomendaron a nuestra Señora ante la enfermedad, ante la sequía o
las penurias del pueblo, y nuestra Señora les respondió. Barbatona, el pueblo,
se encuentra prácticamente en la frontera de los dos grandes ducados
provinciales, los de Medinaceli y del Infantado; también del Señorío Episcopal
de Sigüenza. El pueblo, sus gentes, fueron servidores del duque de Medinaceli;
devotos de Nuestra Señora de la Salud. Por aquí se dividían las tierras de unos
y otros.
Una
cofradía, y una ermita
Es partir del siglo XVIII, año de 1734, cuando la documentación oficial
comienza a reflejar que en Barbatona se tenía devoción a la patrona de la
comarca, pues por tal se la puede considerar. En este año, a más de fundarse la
cofradía que llega a nuestros tiempos, se inició el proceso por el cual
terminaría edificándose el Santuario que hoy conocemos, tras sus dimes y
diretes con el Cabildo eclesiástico seguntino. La ermita de Barbatona fue,
desde que se tiene conocimiento, dependiente de la iglesia de Sigüenza, filial
de la de Santiago, conforme nos dejó escrito Fr. Toribio Minguella, obispo
diocesano; de San Pedro y San Vicente con antelación, afirmó también quien
fuese cronista de Sigüenza, Dr. Martínez Gómez-Gordo.
La cofradía la fundaron unos cuantos devotos seguntinos dotándola de
estatutos y contenido. Con el fin de dar y aumentar el culto a la Sagrada
imagen: “se reunieron varios vecinos de Sigüenza,
devotos de la Virgen, quienes acordaron fundarla para conservación y aumento de
su culto, así como para fomento de la devoción a tan venerada imagen, a la que
calificaban constantemente de milagrosa. Redactadas las Constituciones por los
mencionados piadosos seguntinos, merecieron la aprobación del entonces Provisor
y Vicario General del Obispado, Dr. D. Francisco Javier Montero, quien según
auto de 16-IX-1734, les dio fuerza y validez, nombrando como primer Abad al
Canónigo D. Diego Peñaranda, a la vez que disponía que habiendo entre los
cofrades eclesiásticos, dignidades, canónigos y otros prebendados de la iglesia
catedral, se eligiese por abad a uno de ellos. La cofradía, en número fijo de
hermanos, está compuesta por doce sacerdotes y veinticuatro seglares...”; dejó
escrito el cronista seguntino.
La ermita, para la que en principio pidieron permiso de ampliación para
la original, finalmente, y como ya se dijo, fue levantada de principio a fin,
quedando conclusa en 1754, a juzgar por las citas que de ello se hacen bajo la
tutela episcopal de don Francisco Díaz de Santos Bullón, en el pleito de
compromiso sobre “Diferentes puntos respectivos a la parroquialidad y cura
de almas, procesiones, presidencia y otros derechos”. El extenso documento
da a entender que para la festividad de ese año, celebrada en la primera decena
de septiembre, se colocó la imagen en su nueva ubicación; donde recibió culto
en su día y en su octava. Imagen que, con anterioridad a la fundación de la
cofradía hubo de llevar, de ello dan cuenta algunos documentos, el nombre de “Virgen
de los Remedios”. Que ya los venía procurando, como recogen algunos de los
“milagros” reflejados en tabla pictórica puesto que, como estudian
Eulalia Castellote y Juan A. Vallejo-Nájera, el primero del que queda
constancia escrita, o pictórica, se fecha el 8 de noviembre de 1717. En aquella
ocasión se trató de la curación de Mateo Blanco, hijo de Mateo Blanco y Ana
Pérez Cendejas, su mujer. El padre ofreció que, si el hijo curaba, lo llevaría
en brazos y descalzo, al Santuario; y al momento curó el hijo.
La
Coronación Canóniga
Que
la devoción a la imagen creció desde aquellos mediados del siglo XVIII no cabe
la menor duda. Tanto como que los milagros a ella atribuidos fueron en aumento.
Varias decenas de tablillas pintadas con sus respectivas representaciones
ornamentaron las paredes del Santuario, del mismo modo que lo hicieron todo tipo
de ofrendas, hasta el punto de que, en los inicios del siglo XX llegaría a
pedirse un ordenamiento de todo ello: “con objeto
de que se ejerza la más rigurosa censura en la admisión de ofrendas a la
Virgen, pues en no pocos cuadros de los que aparecen en las paredes del templo,
hemos tenido ocasión de leer algunos rótulos plagados de disparates, que más
que otra cosa, constituyen una irreverencia en tan sagrado lugar”. Llamativo fue el que, en 1811, propició el que
las tropas de Juan Martín el Empecinado no fuesen derrotadas en sus cercanías por
las francesas, atribuyéndose a la imagen la prematura oscuridad de los cielos,
lo que habría hecho que los napoleónicos se retirasen del campo de batalla.
Unos napoleónicos que, en su voraz rapiña, se llevaron las joyas de la patrona.
Entre ellas, su corona de plata.
Si bien lucirá, a partir de 1955, en lugar de una de plata, una de oro,
ya que este año, el 8 de septiembre, le será impuesta por el Nuncio de Su
Santidad en España, Cardenal Antoniutti, en el Paseo de la Alameda de Sigüenza.
La imagen fue trasladada a la capital del obispado, para la Coronación Canónica
el 29 de agosto; luego regresaría a su Santuario.
Por supuesto que no era la primera vez que Nuestra Señora de la Salud
visitaba Sigüenza, ya lo había hecho en 1833, cuando la provincia se vio
acometida por la peste del cólera que llevó a la muerte a varios miles de
paisanos. A Nuestra Señora la hicieron sitio en la catedral, para que a ella
acudiesen los seguntinos a pedir salud. La peste dejó en aquel año 17 muertos
en la capital del obispado; y casi un centenar en 1855 cuando, en lugar de la
Virgen de la Salud, el consistorio seguntino mandó acogerse al patronazgo de
San Roque.
Cerca de veinte mil personas se reunieron en Sigüenza para acompañar el
acto; y algunos miles más, se cifra incluso en cincuenta mil, los devotos que a
partir de 1965, tras la primera “Marcha Diocesana a Barbatona”, en el
mes de mayo, han llegado a pasar, en aquellos días, por el venerado Santuario
de la Salud.
Su pradera es punto de encuentro, en mayo y septiembre, para una de las
romerías más populares de esta tierra. A nuestro paso la tenemos, en unos días.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la
memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 1 de mayo de 2026
BARBATONA (Guadalajara)
UNA MEMORIA DE BARBATONA (Guadalajara), y la VIRGEN DE LA SALUD
Junto a Sigüenza, hoy pedanía de esta, se encuentra el pequeño lugar de Barbatona, crecido en torno ala pequeña ermita, posteriormente convertida en Santuario que, año a año, atrae a miles de peregrinos y creyentes.
En él se encuentra la imagen de Nuestra Señora dela Salud, que ya, en el siglo XVIII atraía las miradas de los guadalajareños de esta parte provincial, y que más tarde llevaba a que escritores y periodistas se ocupasen de ella:
“He retrocedido en mi excursión veraniega para asistir a la peregrinación anual de Nuestra Señora de la Salud de Barbatona, celebrada el día del Dulce nombre de María en el Santuario de este título, en el Obispado de Sigüenza. La fiesta de este año ha sido solemnísima, porque las buenas cosechas han aumentado la concurrencia, que no habrá bajado de 8 a 10.000 almas.
Puedo decir a usted, mi querido amigo, que no he visto otra peregrinación más piadosa, ni que haya arrancado a mis ojos más lágrimas de ternura y edificación, porque allí todo, absolutamente todo, es piedad, sin que los goces mundanos, aún los más lícitos y tolerables, tengan parte ninguna en la solemnidad y en la alegría de la fiesta. El pueblo en donde se halla situado el santuario es pobre, árido, sin alamedas que engalanen sus montes ni ríos que fertilicen sus angostos valles; se halla formado por veinte casas miserables, mal agrupadas sobre una colina, la cual se ve rodeada de incultas cañadas, que por carecer de bellezas naturales no tienen ni la severidad de los grandes riscos ni la melancólica perspectiva de los hondos barrancos sombreados por altos montes o por bosques seculares. Si entre los santuarios de España merece la primacía en lo pintoresco el de Monserrat, yo aseguro a usted que el de Barbatona ocupa el último lugar, porque difícilmente se citará otro que tenga menos atractivos naturales. Y, sin embargo, por mucho amor, por intensa devoción que inspire a los catalanes el bellísimo santuario de Monserrat, bien puede afirmarse, sin exageración, que no inspira más que a los hijos de este país el oscuro lugar de Barbatona…”
Ha Barbatona nos dirigimos a través de estas páginas.
EL LIBRO DE BARBATONA, PULSANDO AQUÍ
EL LIBRO:
- ASIN : B0DW83G27Y
- Editorial : Independently published
- Idioma : Español
- Tapa blanda : 184 páginas
- ISBN-13 : 979-8309522774
- Peso del producto : 299 g
- Dimensiones : 13.97 x 1.17 x 21.59 cm
EL LIBRO DE BARBATONA, PULSANDO AQUÍ


No hay comentarios:
Publicar un comentario
No se admitirán mensajes obscenos, insultantes, de tipo político o que afecten a terceras personas.