ALGUNAS TRADICIONES DE TORREBELEÑA
La Mozas Ramas, con la Virgen de Peñamira, y la del Cerro
Fray Juan de San Frutos, franciscano que
marchó a ejercer su ministerio a Filipinas y por tierras asiáticas falleció el
20 de junio de 1693, es uno de los personajes más salientes nacido en
Torrebeleña, el 17 de mayo de 1652, cuando Torrebeleña pertenecía, como una
buena parte de esta parte de la provincia de Guadalajara, al arzobispado y
reino de Toledo. Marchó a Filipinas en 1682, para pasar poco después a tierras
chinas, a Chang-Cheu, en la provincia de Xan-tung, donde se dedicaría a ejercer
la caridad, adquiriendo tal fama de santidad que habiendo fundado un hospital
para leprosos en Cantón, y muerto él, tanta estima se le tenía que a su
entierro acudieron con cruces y estandartes cientos de personas que le
consideraban como hombre de santas virtudes, pasando a ser uno de los
Venerables de la iglesia católica.
También en Torrebeleña, donde había nacido,
murió don Manuel Cañamares Fernández el 24 de enero de 1897. Don Manuel, hombre
de fortuna ganada con la agricultura y la ganadería, ligado al partido liberal,
alcanzó estudios superiores, licenciándose en derecho y especializándose en
Jurisprudencia, siendo durante algún tiempo a lo largo del siglo XIX,
presidente de la Diputación provincial de Guadalajara. A Don Manuel también lo
nombró la reina regente Comisario de Agricultura, Industria y Comercio, para la
provincia de Guadalajara, en 1893.
La Virgen de Peñamira
Se levanta la actual ermita de la Virgen de
Peñamira en un paisaje que domina parte de la que fue Tierra de Beleña, en
término de la vecina Muriel; antaño fue romería y devoción común a los pueblos
de la comarca. La tradición oral, puesto que la escrita si es que existió
desapareció, da cuenta de que la primitiva ermita o santuario se levantó en el
lejano siglo XII o XIII, poco tiempo después de la reconquista y de que se
apareciese en el lugar la imagen de la Virgen que fue reuniendo en romería a
sus devotos. La misma tradición habla de uno de aquellos caballeros medievales
que, tratando de pasar las aguas crecidas del Sorbe, y a punto de fenecer en el
intento, se encomendó a quien con el tiempo fue patrona del lugar, que se le
apareció para librarle del mal y el caballero, en agradecimiento, mandó alzar
aquella sencilla capilla o devocionario que, con el tiempo, se convirtió en
ermita de más altos vuelos. Ermita que, como la inmensa mayoría de las que se
conocieron en esta tierra, y siendo lugar de refugio de pastores y peregrinos,
permaneció, por si se daba el caso de necesitar amparo ante la tempestad o el
crudo invierno, con las puertas abiertas.
No se conservan imágenes de la primitiva
talla de la patrona, que sufrió, como el edificio, las consecuencias de la
Guerra de 1936, quedando a continuación prácticamente abandonada, a pesar de
que con el tiempo sería modestamente rehabilitada; el tiempo y la despoblación
añadieron su parte, más aún cuando en la década de 1970 se iniciaron
definitivamente las obras de construcción del embalse o pantano de Beleña,
proyectado ya en los inicios del siglo, como uno de los que habían de aportar
caudal al entonces conocido Canal de Riego del Henares. La imagen primitiva,
probablemente románica, fue sustituida en la década de 1940 por otra, al
parecer de yeso o escayola que quedó en la ermita cuando esta comenzó a ser
anegada por las aguas. José Ramón López de los Mozos, al alzar la voz cuando la
ermita, en 1976, comenzaba a perderse bajo los escombros, anotará que: “La
de Peñamira era una imagen románica que se custodiaba en la iglesia de San
Miguel de Beleña…”. Iglesia de San Miguel que en este tiempo también amenaza
ruinas.
Las aguas cubrieron definitivamente el
entorno entre los últimos y los primeros meses de 1982/83, anegando no sólo la
ermita, sino que también lo hicieron con lo que quedó dentro, incluida la talla
de la patrona, que se trató de rescatar en los primeros días de junio de 1983,
a pesar de que, quienes se sumergieron en las aguas, no la hallaron,
suponiéndose que se había desecho la escayola o yeso de la que estaba formada.
Para entonces había comenzado a construirse la nueva ermita, a quinientos
metros de distancia de la primitiva, a la que se trasladó la devoción.
La nueva, con trazas distintas a la
original, sería finalmente abierta al culto en 1997, algo más de diez años
después de lo previsto. Regresando a la tierra de Beleña la romería de la
Virgen de Peñamira, en el último sábado de mayo.
La Virgen del Cerro
Patrona de la localidad, su festividad tuvo
lugar tradicionalmente coincidiendo con la de la Virgen de Septiembre, el día
8; estando presente en su ermita, dominadora de un amplio panorama en una de
las partes más altas del entorno, ermita ya existente en los primeros años del
siglo XVI, y que será renovada en la década de 1940.
El
estudioso de la historia de Torrebeleña, Guillermo Yela Garralón, nos da cuenta
de la celebración de la festividad, con la traída de la Virgen desde su ermita
a la iglesia parroquial, donde tienen lugar los actos religiosos, antes de ser
nuevamente devuelta a su lugar; si bien esta procesión de ida y vuelta es en
parte simbólica. Siendo precedida la festividad por la tradicional novena,
compuesta la actual por quien fuese párroco de la localidad, D. Calixto Sánchez
Maldonado.
Curiosamente, la Virgen del Cerro lució,
desde poco después de mediar el siglo XIX, un manto que fue regalado por la
reina Isabel II, conforme a las noticias que en aquel tiempo se hicieron
circular, cuando corría el mes de febrero de 1864.
Las Ramas de Torrebeleña y el Niño Perdido
Al respecto de las Ramas, o mozas de
cuaresma, que aparecen por algunas poblaciones del entorno de la Campiña en las
semanas anteriores a la Cuaresma con objeto de pedir dinero con el que mantener
la cera y aceite del monumento cuaresmal, dejará escrito el estudioso
Sinforiano García Sanz que: “No sé el origen que pueda tener esta costumbre
cuyo objeto es pedir limosna para cera durante toda la Cuaresma”;
hablándonos de las mozas ramas de Robledillo de Mohernando, su localidad natal,
al tiempo que nos indica que también en Torrebeleña existe costumbre parecida, y tal vez por la proximidad de ambos
lugares, sea del mismo origen.
Que igualmente las
hubo en tierras algo más metidas en la montaña, como Almiruete; grupos formados
por tres mujeres generalmente, cinco en Torrebeleña, que con un ramo, de forma ovalada, adornado con cintas,
medallas, cruces, abalorios, relicarios, miniaturas y tres ramitas de olivo en
la parte superior, se dedican a llevar a cabo aquellas peticiones, al
tiempo que entonan cantos relativos a la Semana Santa, siendo tradicionales en
la comarca los que se refieren a la Pasión y muerte de Jesús, con títulos
ampliamente conocidos, como la Baraja, o el Arado. En Torrebeleña salen por
primera vez el primer domingo de Cuaresma, o domingo de Piñata.
Entre sus obligaciones se encontraba la
construcción y ornato del monumento, el miércoles santo, asistiendo a los actos
del viernes de Pasión con el luto que acompaña la muerte y pasión de Cristo.
Junto a la costumbre tradicional de las
Mozas Ramas, se celebró, con idéntica o semejante puesta en escena que en algunos
pueblos del entorno, como Valdenuño-Fernández, la fiesta del Niño Perdido, a
continuación de la Epifanía, y en torno a la cual surgió la leyenda que fue
recogida por algunos etnógrafos provinciales, entre ellos Sinforiano García
Sanz, en “Los lobos del Carrascal”.
Tradiciones y costumbres que llenan nuestro
libro de etnografía provincial.
Tomás Gismera
Velasco /Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 27
de marzo de 2026
TORREBELEÑA, EN TORNO A SU PASADO
Torrebeleña, en torno a su pasado
Torrebeleña, o La Torre de Beleña, es uno más de los pueblos de Guadalajara, con una historia amena, y en muchos casos desconocida, a la que tratamos de acercarnos en las páginas siguientes. A través de las crónicas escritas, en muchas ocasiones, y siguiendo la línea de quienes antes, con mayor o menor extensión, se ocuparon de darlo a conocer, en la esperanza de que las páginas siguientes sirvan para que, en el futuro, alguien profundice un poco más en busca de sus raíces.
Perteneció a la Tierra y Señorío de Beleña de Sorbe, al condado de Coruña y Vizcondado de Torija y mantiene un importante legado histórico, junto a las tierras de su entorno.
EL LIBRO DE TORREBELEÑA, (Pulsando aquí)
SUMARIO GENERAL:
-I-
LA GEOGRAFÍA DE LA TORRE DE BELEÑA
Pág. 9
La tierra y el entorno
Demografía. Evolución de la población
Torrebeleña en los manuales: Los Diccionarios
-II-
TIEMPO DE HISTORIA
Pág. 27
Tiempos antiguos
-III-
TORREBELEÑA,
ENTRE EL MEDIEVO Y LA MODERNIDAD
Pág. 39
Los Señores de Beleña, Condes de Coruña y Vizcondes de Torija, en el tiempo
El Venerable Fr. Juan de San Frutos
-IV-
TORREBELEÑA, SIGLO XVIII
Pág. 57
El Catastro de Ensenada
-V-
ELSIGLO XIX EN TORREBELEÑA
Pág. 77
El 2 de mayo
Las guerras carlistas
La vida municipal
En torno al Pósito
La asistencia médica y farmacéutica
Horno de pan cocer
Zofra y adra o hacendera (prestación personal)
El fin de un siglo
-VI-
Torrebeleña, crónica del siglo XX
Pág. 107
Notas de etnografía y folclore: Las Ramas de Torrebeleña y el Niño Perdido
La Virgen de Peñamira y la del Cerro
Apéndices
Pág. 119
La Leyenda: Los Lobos del Carrascal
Respuestas al Interrogatorio para el Establecimiento de la Única Contribución (Catastro de Ensenada)
Detalles del libro
- ASIN : B0BRYZNQKP
- Editorial : Independently published
- Idioma : Español
- Tapa blanda : 143 páginas
- ISBN-13 : 979-8372939523
- Peso del producto : 245 g
- Dimensiones : 13.97 x 0.91 x 21.59 cm
EL LIBRO DE TORREBELEÑA, (Pulsando aquí)


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