sábado, abril 29, 2023

FUENTENOVILLA, LOS SITIOS DE ZARAGOZA Y UN GOLPE DE MAR

 FUENTENOVILLA, LOS SITIOS DE ZARAGOZA Y UN GOLPE DE MAR

Dos hijos naturales de la Villa, Ángel y Blas Salcedo, pasaron a la historia de España a través de la Guerra de la Independencia

 

   Es sin duda, lo más destacado de Fuentenovilla, su artística y emblemática picota que ha de aparecer, se quiera o no, en cualquier relato que sobre la hidalga villa alcarreña se escriba. Como que es una de las más artísticas y sin duda elegantes de las que se conservan en España, como resto de aquellas leyes que hicieron grandes a algunas poblaciones, significándolas como villas.

   Fuentenovilla adquirió el título, cuenta su historia, en pleno siglo XV, cuando el Maestre de la Orden de Calatrava, a cuyas encomiendas pertenecía, don Pedro Girón, la dio el título en 13 de junio de 1459; título de Villa que posteriormente sería confirmado por el monarca correspondiente, probablemente con posterioridad a que el rey de Castilla, don Carlos I, emperador del Sacro Imperio, desgajase la población de las posesiones calatravas para darla en venta al todopoderoso Marqués de Mondéjar, a la sazón don Luis Hurtado de Mendoza, II Marqués, a más de III Conde de Tendilla, Alcaide de la Alhambra, Gobernador del Reino de Granada, Virrey de Navarra y hermano de la desdichada María Pacheco, la Leona de Castilla que se enfrentó, tras la muerte de su marido, el capitán comunero toledano don Juan de Padilla, al todopoderoso emperador quien le quitó las pocas rentas que por estos pagos le legó su padre.

 

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   Don Luis, cuando sus hermanas y hermanos acudieron a él para tratar de librar a doña María de los peligros que la amenazaban fue quien les dijo aquello de que mejor era dejar las cosas como están que renovar con llagas viejas el ánimo del Emperador…

   La picota que hoy conocemos de Fuentenovilla se alzó bajo el reinado de Carlos III, por la misma época en la que, por poco más de 500 reales, se alzaron las casas consistoriales, y, tras la aprobación del renombrado don Ventura Rodríguez, por algo más de 800, se construyó el puente de tres ojos sobre el río Tajuña, y la posada a su vera. La villa, como pobre que era, no pudo aportar más que 16 reales a la empresa, y la mano de obra de sus gentes.

 

Ángel Salcedo, en los Sitios de Zaragoza

   No dejaron de ser voluntariosas las gentes de Fuentenovilla, ni en aquellos siglos ni en los que vendrían después; tampoco en los que quedaron atrás; más si una familia destacó por su arrojo por encima de las demás, fue la de los Salcedo. Antiguo apellido que llenó de glorias la historia local.

   De Fuentenovilla salió, en el último tercio del siglo XVIII, don Ángel Salcedo para ser uno de los héroes que en Zaragoza se enfrentaron a los franceses cuando los renombrados sitios, en aquellos inicios de la lucha por la Independencia de 1808.

   Su biografía la trazó con pluma ágil don Mario de la Sala para darnos cuenta de cómo nuestro hombre salió de la patria chica para estudiar en Segovia y dedicarse a la vida militar, a la que llegó retirado cuando aquello de los franceses. Para entonces residía en Aragón, dirigiendo su negocio, una fábrica de pólvora en Villafeliche, y no lo pensó dos veces, se enfundó el sable nuevamente y se dispuso a organizar a los Voluntarios de Daroca que se pondrían al servicio del General Palafox. Ostentaba el grado de Coronel cuando atacada Zaragoza por los franceses, y como tantos más, se aprestó al combate y la defensa de la ciudad en el primer “Sitio”, apenas iniciada la invasión; y más tarde, en el mes de diciembre del mismo 1808, en el Segundo, situándose al frente de la batería del Rastro de los Clérigos en el Arrabal de Altabás.

   Su nombre quedó grabado para la historia de la defensa aragonesa, a pesar de caer prisionero, ser deportado a Francia y, al fin, retornado a la Patria, donde desempeñó algún que otro cargo, como el de la Comandancia de Armas de Tortosa y de Santoña; abandonó este mundo, con el grado de Brigadier, en 1827, dejando viuda a doña María Felipa Garcés, la mujer que lo esperó al término de cada batalla.

 

Blas de Salcedo, la desdicha de un marino

   A don Blas de Salcedo y Salcedo Gutiérrez del Pozo y del Teso Bronchalo, no le acompañó la suerte. Ambos fueron familia, y ambos nacieron por el mismo tiempo. Don Blas en 1758, para forjarse una brillante carrera en la Marina española; en 1775 ya era Alférez de Fragata; en 1779, de Navío; en 1782, Teniente; llegando a 1808 con el grado de Capitán de Navío.

   Para entonces ya se había batido en unos cuantos encuentros con los piratas y corsarios ingleses, siempre al acecho de los buques que hicieron la travesía de Indias; entre sus inicios como guardiamarina y aquella desgraciada guerra que ensangrentaría al pueblo español a causa de sus malos gobernantes tuvo la dicha de hacer varios viajes al Nuevo Mundo, y regresar, al frente de su flota. Para aquel año de 1808 y los siguientes le tocó navegar por las costas cántabras, desde El Ferrol a Santander, para proteger sus puertos de las invasiones. Al mando de la fragata Magdalena navegó por el Cantábrico, llegó a Cádiz y dio la vuelta; hasta que llegó la gran desdicha.

   Se inició en el mes de octubre de 1810, mientras al frente de la Magdalena se encontraba cumpliendo su misión en torno a las costas Cántabras de nuevo; tomó fondo en la ría de Vivero el 1º de noviembre de aquel año y, cuando se desató el temporal, la Magdalena, junto a algunos otros navíos se encontraban navegando; la historia de aquella desdichada noche nos dice que: Reinaba un fuerte temporal de travesía, tan comunes en aquella estación y paraje; arreciando por la noche, naufragó la Magdalena y pereció toda su tripulación, no encontrándose al amanecer del día 2 más que cortos vestigios del buque, y también del bergantín Palomo, y algunos cadáveres que la mar arrojó a la playa

 

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   Lo sucedido a raíz de aquello cambió las normas de la navegación, pues entre los cadáveres que el mar fue arrojando a la playa, y que las gentes de la costa fueron cristianamente enterrando, vuelve a decirnos la historia que en número superior a los ochocientos marinos, significando el hundimiento de la Magdalena y el Palomo el mayor naufragio de aquellas costas, arrojaron las aguas el cuerpo de nuestro capitán, héroe de Fuentenovilla, quien apareció abrazado a su hijo, guardiamarina en la misma fragata, y muerto al lado de su padre, ambos del mismo nombre. A partir de entonces se previno de Real orden que ni pudiesen navegar en un mismo buque los padres con los hijos, ni los hermanos unos con otros.

   No conoció enteramente don Blas de Salcedo, el futuro que aguardó a su numerosa descendencia; pues la mayoría de sus hijos trataron de dedicar su vida, como el padre, a la Marina Española.

   Toribio Salcedo, alférez de fragata, pereció en octubre de 1804 en la voladura de la fragata Mercedes, en combate con otra inglesa sobre el cabo de Santa María, a su recalada a la península procedente de América.

   José Salcedo, hijo también de D. Blas, siendo alférez de Navío y destinado en el sexto regimiento de Marina, murió en la acción que en 1823 tuvo dicho cuerpo con el cabecilla Bessieres en los campos de Armenta.

   Eusebio Salcedo, igualmente hijo de D. Blas, que llegó a Jefe de Escuadra, cuando regresaba de Filipinas, falleció en el estrecho de Babelmandel en 1863, a la entrada del Mar Rojo, asfixiado.

   Y, por último, Don José Bedoya y Salcedo, teniente de navío y nieto de D. Blas, fue herido de gravedad en la última guerra carlista, muriendo a consecuencia de las heridas en 1874.

   Nombres de tierra adentro que inscribieron sus nombres en las glorias patrias.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 28 de abril de 2023

 

 


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