viernes, octubre 09, 2026

JADRAQUE, CIEN AÑOS DESPUÉS

 

JADRAQUE, CIEN AÑOS DESPUÉS

Se cumplen cien años de la apertura de la central telefónica

 

     Don Alejo García Hernando fue tal vez uno de los maestros más populares que tuvo Jadraque a lo largo del siglo XX. A Jadraque llegó en 1913, después de pasar por Budia, y en Jadraque se quedó hasta que su trabajo, en 1933, le llevó a escalar posiciones y pasar a Guadalajara, donde ejerció, a más de como maestro, como Inspector de Primera Enseñanza; y en Jadraque, en el mismo espacio de tiempo, también ejerció de profesora su mujer, doña Lorenza Estremiana, con la que don Alejo contrajo matrimonio, en el mes de marzo de 1914, en Alhama de Aragón, donde entonces ejercía la docencia doña Lorenza, trasladándose a Jadraque al iniciarse el curso de aquel año.

   Don Alejo, en el mes de octubre de 1926, conociendo lo que estaba por llegar, puso a sus alumnos un ejercicio especial, la redacción de lo que ellos suponían que había de ser el teléfono, aquel aparato inventado a finales del siglo XIX del que tanto gustaron mujeres como la reina de Inglaterra o la Emperatriz de los franceses, Eugenia de Montijo.

   Y los alumnos, cumplieron, siguiendo los dictados de don Alejo, que fue presidente de la Asociación de Maestros de la zona y provincia y, también, cumplido corresponsal de prensa, para contar a la provincia lo que ocurría en un municipio que, a la fuerza, consideró como si fuese su pequeña patria natal. Aquí fue también concejal en su consistorio y, si lo hubiese querido, lo habrían votado como primera autoridad municipal cuando el año de 1923 amanecía. Por entonces se esperaba en Jadraque que la construcción de las nuevas escuelas nacionales se iniciase de una vez por todas, y nadie mejor que un maestro al frente del Ayuntamiento, para lograr el fin deseado. Cargo, el de alcalde, que don Alejo rechazó alegando sus años y estado de salud, a pesar de brindarse desde su concejalía para dar los pasos necesarios y allanar, o tratar de allanar los caminos antes las instituciones correspondientes. Don Alejo consiguió que, al menos de forma provisional, se creasen en 1924 las dos escuelas que Jadraque necesitaba con urgencia, una para niños y otra para niñas. El trabajo que impuso a sus alumnos aquel mes de octubre de 1926 consistía en levantar un acta imaginaria sobre la apertura de la Central Telefónica, por cuenta de la Compañía Nacional, que estaba por abrirse en la calle Mayor Baja número 16.

 

Una población en permanente progreso

   Jadraque había dado un importante paso hacia el futuro el 5 de octubre de 1860, cuando quedó abierta la vía férrea que desde Madrid llegaba hasta la villa del Cid, y que posteriormente continuaría hasta los Pirineos.

   A partir de aquella fecha a Jadraque comenzaron a llegar las novedades de la capital del reino; y también llegaron, a través de ferrocarril, los visitantes tanto como los veraneantes; ya que en aquellos lejanos tiempos del siglo XIX, e incluso hasta los primeros años del XX, los veraneantes no buscaban tostarse al sol sobre las arenas de la playa; sino sestear al arrullo de las alamedas circundantes de cauces de agua que, como Jadraque, y gracias al Henares, se lo podían permitir.

   A Jadraque llegó el Tren, y más tarde el telégrafo, la oficina de Correos o la Subalterna de Tabacos, ferias en mayo y septiembre, mercado los lunes, un casino de sociedad de recreo y los atractivos campestres bastantes para ser el punto de reunión de muchas distinguidas familias que, según parece, veranean deleitosamente a las orillas del Henares; que escribiría el famoso Médico y Pediatra don Manuel Tolosa Latour, uno de tantos visitantes.

   Por si todo lo anterior fuese poco, el 30 de enero de 1898, a Jadraque llegó también, como cosa de magia que aguardó con impaciencia el vecindario, la luz eléctrica, que desde la fábrica de harinas de don Antonio Botija, iluminó las noches de la villa.

 

Y el 4 de noviembre, el Teléfono público

   Fue 1926 año de numerosas inauguraciones provinciales, principalmente de escuelas; como para que de alguna manera los provincianos nos olvidásemos de los numerosos problemas que aquejaban al reino. Que, salvo en las grandes poblaciones, pasaban desapercibidos, puesto que a ellas no llegaban los medios de prensa, ni la radio; casi únicos que trasmitían las noticias; al margen de quienes, de forma ocasional, viajaban a las capitales y de ellas traían las novedades.

   Entre los artífices de que el teléfono público hiciese su entrada en Jadraque se encontraron don Santos Sánchez Rodrigo, administrador de la Compañía Telefónica en la zona, y uno de los personajes más activos, en cuanto a promoción provincial, que conoció Guadalajara en este tiempo. Don Santos, junto a personajes como el librero de Miedes, Balbino Cerrada, y algunos más, estuvo en el origen de la exaltación alcarreña a través del Día de Guadalajara de 1928; e incluso fue uno de los fundadores de la Casa de Guadalajara en Madrid, entre otras dedicaciones.

   Sánchez Rodrigo se encontraba entre quienes, aquel 4 de noviembre de 1926, acompañaban al cura párroco de Jadraque, don Lorenzo Heredia Malo, y a su Alcalde, don Ernesto Pérez Sanz quien, henchido de orgullo y satisfacción, tras la bendición del local por parte del Sr. Heredia, y tomando la palabra cedida por don Manuel González, subadministrador comarcal de la Telefónica, invitó al acompañamiento a dirigir la palabra, desde Jadraque, a cualquier punto de la geografía nacional, el corresponsal de prensa en Jadraque, entre los primeros en tomar el teléfono, marcó a la redacción de su periódico, Flores y Abejas, para saludar por vez primera vía telefónica a su director que, casualmente, no se encontraba en las oficinas. El corresponsal no era otro que don Alejo.

   Eran poco más de la cinco de la tarde, comenzaba a oscurecer, pero ello no evitó que el público de la población se concentrase en la calle Mayor para escuchar cómo, desde el interior del local, salían las voces de lata del Alcalde saludando, vía telefónica, al Gobernador Civil o al Presidente de la Excma. Diputación provincial quienes, por aquellos misterios de la vida, a través de unos cables que el mecánico don Francisco Cubero instaló, y que parecían correr de un lado a otro a través de una bien organizada red, ponían en contacto directo a Jadraque con Guadalajara en un santiamén.

   Después la fiesta, el Ayuntamiento invitó a autoridades y asistentes a un tente en pie, vino español o, como de decía en aquel tiempo, lunch, en el establecimiento de don Regino Alonso Rebollo, quien al año siguiente relevó en la alcaldía a don Ernesto. Y, al final, los brindis, en los que la palabra del Sr. Alcalde se alzó por encima de las demás, dando cuenta de que sí, que antes de aquel día ya podían comunicarse de alguna manera con el exterior, pero de muy limitada manera. A partir de aquel Jadraque se encontraba unido al mundo, vía telefónica.

   Se daba una circunstancia para la mayor alegría del pueblo: Jadraque no contaba con el número de vecinos que la Compañía Telefónica exigía para la instalación de la oficina; y tampoco era cabeza de partido, como pedía el Gobierno. Miel sobre hojuelas.

   A partir de entonces, la conferencia, desde la central, llegaría a ser habitual para cualquiera que quisiese hablar con sus familias de más allá.

   A don Alejo, quien recibió el homenaje del pueblo de Jadraque y sus alumnos el 27 de noviembre de 1966, y se le premió con la Encomienda y Medalla de la Orden de Cisneros en 1959, tanto como a sus alumnos, les resultaría inimaginable el conocer que, cien años después de aquello, cualquiera, desde Jadraque, pueda conectarse con cualquier lugar del mundo, a través de un aparto, telefónico, guardado en el bolsillo, y sin cables ni zarandajas…

  

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 9 de octubre de 2026


JADRAQUE, CRÓNICAS DE UN SIGLO

JADRAQUE, CRÓNICAS DE UN SIGLO


Fue, y sigue siendo Jadraque, uno de los pueblos más significativos de la provincia de Guadalajara, en parte debido a su impresionante castillo, titulado del Cid, levantado sobre lo que ha sido definido como “el cerro más perfecto del mundo”, entre otros por don José Ortega y Gasset, quien en Jadraque, junto a su padre, don José Ortega y Munilla, pasó parte de su infancia en la década de 1880.

La historia de Jadraque ha sido ampliamente tratada en sus aspectos generales por numerosos autores, que han dado a la imprenta títulos como “El Libro de Jadraque”; la “Historia de Jadraque y su Tierra”, “El castillo de Jadraque”, etc.

En ellos se ha tratado la historia desde los orígenes de la población hasta el presente, pasando por alto las noticias que hacen referencia a la población en general, a la gente cercana,  en los tiempos cercanos, que es de la que se ocupan estas “Crónicas de un siglo”, que en realidad es algo más de un siglo, casi dos, puesto que nuestras historias comienzan en 1807, con el informe jadraqueño del botánico Esteban Boutelou, y concluyen con la muerte del poeta José Antonio Ochaíta, el poeta que más relumbre dejó en la provincia de Guadalajara a lo largo del siglo XX.

Tres son los volúmenes que se  dedican a reseñar las crónicas de este tiempo, puesto que la base de estos libros son las crónicas escritas en prensa, revistas y publicaciones, en torno a Jadraque. Crónicas que nos dan cuenta de cómo ha ido transcurriendo la  vida de la población; la de sus habitantes; los sucesos grandes y pequeños; sus festejos; los de sus vecinos…

Cerca de mil páginas las que nos retratan el cambio que ha ido experimentando la población desde que el referido Boutelou nos pintase las tierras de Jadraque como uno de los pueblos más míseros que ha conocido, hasta la actualidad, en que se ha convertido en uno de los más representativos de la provincia de Guadalajara.

Trata el primer volumen los años que median entre 1807 y 1898. Los años de la Guerra de la Independencia; de las Guerras Carlistas; de la llegada del tren y todo lo que aquello supuso para la población, con la presencia en su estación de príncipes y reyes; y lo que aquello supuso para los cambios futuros: desde ser una de las primeras poblaciones en contar con iluminación eléctrica, hasta convertirse, tras pasar por una de las mayores calamidades posibles, la epidemia de cólera de 1885 que prácticamente diezmó la población, en un centro vacacional que reunió en sus calles a una parte importante de industriales madrileños. Un volumen por el que pasan nombres como el conde de Fabraquer, Bretón de los Herreros, Mariano José de Larra, Ortega Munilla, Micaela Silva... y tantos más.



Nos introduce el segundo volumen en la primera mitad del siglo XX, a través, principalmente, de las crónicas de quien fuese farmacéutico de la población don Jacinto Abós. Años que van desde 1899, cuando el pueblo de Jadraque adquiere el ruinoso castillo de los Mendoza, hasta que por Jadraque, de regreso a sus provincias, pasan los miembros de la Generalitat de Cataluña que meses antes habían proclamado la República Catalana, y fueron detenidos y llevados a Madrid, para ser después indultados. Comienzan en este volumen, las noticias de las gentes, y los apellidos, de las familias que han llegado hasta el día de hoy.



El tercer volumen, que comienza en 1939 y concluye en aquel nefasto mes de julio de 1973, con un epílogo que conduce al siglo XXI, nos habla de la recuperación de Jadraque tras los desastres de la guerra. De la reconstrucción de sus monumentos, de su castillo, de sus fiestas, de sus gentes, de sus personajes…




El conjunto de las tres obras es un compendio de la historia de Jadraque, por descubrirse, y necesaria, que pone al día la historia  de un pueblo por los que pasan sus  festejos, sus tradiciones, sus gentes; el ayer que ha conducido al hoy. Tres libros que se leen como si fuesen una novela de aventuras, puesto que la historia que se cuenta es toda una aventura. La del ser, y el haber sido de esta gran población.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

No se admitirán mensajes obscenos, insultantes, de tipo político o que afecten a terceras personas.