viernes, agosto 07, 2026

NAHARROS DE ATIENZA Y SU MAESTRO POETA

 

NAHARROS DE ATIENZA Y SU MAESTRO POETA

Que describió en verso la fiesta del lugar

 

   Naharros, o para mejor distinguirla de otras de las numerosas poblaciones que se denominan de la misma manera, Naharros de Atienza, se tiende en uno de esos ángulos de la Sierra Norte que quedaron alejados de cualquier parte del mundo. Desde allí, desde Naharros, asomando un poco la cabeza se atisban a ver las torres de Atienza, que dominan el paisaje por completo, y desde Naharros, el río Cañamares que pudo seguir en su destierro el Cid Ruy Díaz, debió de ir abriendo paso al Barranco del Hierro, que conduce a Hiendelaencina. Esta es tierra oscura, de pizarra negra, por donde la minería hizo de las suyas en el siglo XIX. Ahora otro tipo de minería se va comiendo, como si de un flan azucarado se tratase, las montañas que median entre la villa de la tierra, y Naharros. Por encima del altillo de Cerro Pozo ha cambiado el paisaje y la montonera de grava que empezó a salir de aquellos cerros en la década de 1960, y lo continúa haciendo, ha devorado ya los salientes y mudado el entorno, como el paisaje va cambiando con disgusto de quienes a diario lo miran y respiran.

   Cuando aquello no ocurría, cuando las máquinas no quitaban al monte nada de lo que no fuera suyo, a Naharros y su entorno lo cantaban los poetas; desde aquí firmó Gerardo Diego su incomparable “Atienza de los juglares, alto navío de ruinas…”, que lo era en aquel 1927 de la historia; y para las gentes de Naharros escribió, o describió, el entorno de la fiesta del pueblo, por San Roque, Modesto Manzanero Gismera: “Queridos padres y hermanos, y amigos en general, con cariño les saludo, en esa festividad…

 


Naharros de pizarra negra

   Cosa de ver, era hace cincuenta o sesenta años Naharros, cuando la pizarra negra cubría como boina eterna las techumbres de sus casas al deslizarse manso el coche de línea, dejándolo a un lado, con su aspecto pobretón, tras el paso del vehículo por la sin par Hiendelaencina al dirigirse a Atienza que, ya por esos años comenzaba a espabilar en cuanto a reconstrucciones se trataba. Mientras Naharros se mantenía como estampa del tiempo pasado; con la puerta abierta a una marcha incesante de sus habitantes, que iban dejando el rastro de su partida a través de las puertas y ventanas cerradas de sus casas que el tiempo fue llenando de heridas, de zarzales arañando sus paredes primero, y desgarrones de los muros y tejados después; hasta que llegó la hora de alzar la cabeza, coser los rasgaduras y volver a mostrar con aquella hidalguía que debió de tener cuando por aquí se fueron aposentando sus primeros pobladores, que debieron de venir, como tantos más, de las tierras norteñas.

   Naharros, o Narros, es nombre un tanto corriente en pueblos castellanos, fundados después de la reconquista de esta parte de la tierra por 1085, cuando Navarra, el origen de los pobladores de estos, también era Nafarra y, como nos dejase escrito don Antonio Llorente Maldonado, siguiendo las líneas de don Claudio Sánchez Albornoz: “se habían generalizado los nombres de Nafarra, Navarra, y nafarros, naharros o navarros”. Añadiendo que: “estos nombres de lugar de origen étnico o gentilicios, se deberían a repobladores navarros que llegarían a la Extremadura castellana y a la leonesa “tal vez bajo el reinado de Alfonso I de Aragón. Y, de aquí, los Narros, Naharros, Naharrillos, Nafarrillos, Navarrillos…

   Naharros (de Atienza) no fue nunca entidad de subido número de habitantes, puesto que desde que se tiene memoria censal no pasó por mucho del centenar; en ocasiones llegó hasta los ciento veinte y, poco más; unido desde la década de 1840 al municipio de La Miñosa, siendo anejo de este, con algunos otros de vecindad paisajística. Aún así, siempre tuvo su encanto, su historia y su iglesia de San Juan Bautista, como el municipio, aneja de la de La Miñosa. Iglesia que llegó a contar con una buena imagen mariana, de época románica; y cruz procesional de Mateo de Valdeolivas, tallada en plata en plena apoteosis del barroco; cofradías dedicadas a la Virgen del Rosario y a la Vera Cruz; y fiesta grande por San Roque.

 

Modesto Manzanero Gismera, maestro y poeta

   Modesto Manzanero Gismera, maestro que fue, natural de Naharros nació en los últimos años del decenio de 1880, hijo del matrimonio compuesto por Pedro Manzanero Somolinos y Nicanora Gismera Pérez, ambos naturales de Naharros, en donde Modesto fue bautizado en su iglesia parroquial de San Juan Bautista, llevando a cabo sus estudios, de Magisterio, en Guadalajara. Los concluyó al final de la década de 1910. Este año aspiraba a que se le concediese plaza como interino en algún pueblo cercano al suyo, en tierra de Atienza, aunque la mala suerte le alejó un tanto, pues se le concedió la escuela interina de Anquela del Ducado. De Anquela pasó a Sigüenza; de aquí regresó a Naharros, antes de partir para Paredes y seguir hacia Cardeñosa, hacer un alto en Hijes y marchar a Trillo; todo ello entre 1910 y 1912; en ese calvario viajero que tenían que seguir en este tiempo los maestros que no disponían de plaza fija en ninguna parte, y tenían que aguantar las idas y vueltas de numerosos ayuntamientos para los que el maestro, más que hombre de saber que mostraba el camino a los futuros descendientes de las poblaciones respectivas, era más que otra cosa un enemigo del pueblo, ya que sacaba a los chiquillos del trabajo, por más que les diese letras.

   De ello se quejó Modesto Manzanero, como lo hicieron multitud de docentes de aquel tiempo a través de la prensa a ellos dedicada; Modesto Manzanero fue habitual en las páginas de semanarios como La Orientación, a través de los que dejó retazos de sus traslados: “He solicitado cuantas vacantes se anunciaron en las provincias de Guadalajara, Madrid, Toledo, Soria, Ávila, Segovia, Zaragoza, Teruel y Valladolid y todas se han provisto antes de llegar a mi número. ¿No es esto para clamar al cielo? Cuatro años hace que estoy en este destierro… y sin poder salir de él. Como pensaba volver pronto a mi país (Guadalajara), dejé allí los cuatro muebles que tenía y esta es la fecha que ni he vuelto, ni se cuándo volveré. Lo que sí sé es que encontraré mis muebles ya podridos…” Escribía desde Lugo, a donde le mando el destino, en 1919; casado ya y padre de familia. Se le había adjudicado entonces la escuela de Peñalén, tras la renuncia de su maestro, pero hechas las maletas, el de Peñalén volvió sobre sus pasos y se anularon los sueños. Dejó definitivamente Lugo en 1923 y dos años después, en 1925, alcanzó su sueño: ser maestro de la escuela de su pueblo.

   Antes de ello, en 1921, dejó escrito su poema en torno a Naharros y sus fiestas, con esa alegría del mozo que parte a horizontes lejanos y añora la tierra madre:

 

Ruego a Dios paséis la fiesta,

buena, buena de verdad,

por arriba, por abajo,

por delante, y por detrás…

 

   No todo fue bueno en su vuelta a Naharros; primero llegó la muerte de su esposa; después la guerra; más tarde el pensamiento de que sus ideas no eran buenas para la chiquillería, lo que le llevaría a la inhabilitación en sentencia de juicio en Consejo de Guerra…

   Aventuras y desventuras de un maestro de pueblo en tiempos duros; que se despidió con alegría de sus paisanos, los mismos que celebraban la fiesta de San Roque, sin él: “un abrazo para todos, que les mando en general…”

  

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 7 de agosto 2026


NAHARROS DE ATIENZA

 

 NAHARROS; en Tierra de Atienza

 

   Los tres diccionarios de consulta para los pueblos de Guadalajara, publicados en el siglo XIX, el de Sebastián Miñano de 1827, Pascual Madoz de 1848, así como el Nomenclátor de la Diócesis de Sigüenza de 1886, hablan de Naharros con parquedad, si bien los tres coinciden en algo, en que “se halla situado en terreno áspero, con clima frío y excelente ventilación”.  

   No son muchos los datos históricos que se ofrecen, salvo el número de sus habitantes, o vecinos: 40 según el Nomenclátor, que equivaldrían a unos 120 habitantes; 137 cuenta Miñano que tenía en 1827 y en torno a los 100 son los que pone Madoz. Los tres señalan que depende del municipio de La Miñosa; y en cuanto al nombre igualmente le dan distintas acepciones: Narros para el Noménclator; Naharros para Miñano y Madoz.   


NAHARROS, EN TIERRA DE ATIENZA (El libro, pulsando aquí)

   En cualquier caso aclaremos un extremo: Naharros, como tantas otras poblaciones, ha cambiado mucho desde aquellos remotos tiempos a la actualidad. Un simple vistazo a su caserío nos lo muestra, si bien ha perdido algo de su identidad; hasta la década de 1960 era conocido en la comarca como “el de los tejados de pizarra”, cuando todavía no estaba descubierta la ruta de los pueblos negros y Naharros era uno de tantos, si bien algo alejado de aquellos, al pie de la carretera que desde Atienza conduce a Hiendelaencina, en un paraje de excepcional belleza, a pesar de la pobreza y aridez del terreno.  

   Su origen hay que buscarlo en las repoblaciones que se llevaron a cabo en Castilla tras la conquista de Toledo, avanzado el año 1100, y el topónimo del nombre ya nos da a entender quiénes fueron sus pobladores, originarios del entonces reino de Navarra, probablemente llegados a estas tierras, como tantos otros repobladores de la Vieja Castilla, atraídos por las exenciones de Alfonso VI y Raimundo de Borgoña.     

 

NAHARROS, EN TIERRA DE ATIENZA (El libro, pulsando aquí)

 

   Son muchos los estudios sobre la toponimia vasca en Castilla llevados a cabo a lo largo del siglo XX, y algunos señalados, como los Salvador de Madariaga o  Antonio Llorente Maldonado de Guevara, en los que se profundiza en la materia, dando cuenta de cómo, el origen del nombre, así como sus primitivos pobladores, llegan de aquella zona, anteriormente reino de Pamplona, así como de la multitud de poblaciones que, en Castilla, llevan un nombre semejante: Narros, Naharros, Narrillos, Naharrillos, etc., la mayor parte de ellos pertenecientes, al día de hoy, a las provincias de Avila, Segovia, Salamanca, Cuenca y, por supuesto, nuestro Naharros de Guadalajara.

 

NAHARROS, EN TIERRA DE ATIENZA (El libro, pulsando aquí)

 

   Algunos autores aseguran que esta repoblación de navarros al otro lado del Duero se produjo a partir de la batalla de Las Navas de Tolosa.

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