viernes, junio 19, 2026

LOS VIAJES DEL DOCTOR KAESTNER POR GUADALAJARA

 

LOS VIAJES DEL DOCTOR KAESTNER POR GUADALAJARA

De Cogolludo al Alto Rey, pasando por Hiendelaencina

 

   Hasta la cima del Alto Rey de la Majestad llegaron, ahora se cumple un siglo desde que lo conocimos, el alemán Doctor Kaestner y acompañantes en un recorrido que desde Guadalajara a Cogolludo; de Cogolludo a Hiendelaencina y de aquí a la cumbre, a lo largo de varios días, los llevó a conocer una parte de la Guadalajara serrana cuando echaba a andar el siglo XX.

   Para el mundo lo contó D. Joaquín Menéndez Ormaza y García Barzanallana quien, a más de ser uno de los más prestigiosos Ingenieros de Minas de su tiempo, fue personaje popular en el entorno de Hiendelaencina, en donde se centraron gran parte de sus trabajos; como lo fue en España a través de una importante obra literaria y periodística.




D. Joaquín Menéndez Ormaza

   A través del relato, publicado en un principio y antes de convertirse en libro en uno de los periódicos de mayor popularidad, el lector puede llegar a dudar de si en verdad existió o no el alemán Dr. Kaestner quien, al parecer, sí que lo hizo. Muy a pesar que tal y como Menéndez Ormaza nos lo presenta bien pudiera ser uno de aquellos caprichosos personajes que escapan de las novelas de Julio Verne para recorrer mundo, con escenas en ocasiones imposibles. Al lector dejó D. Joaquín el encargo de descubrir la realidad o fantasía de sus escritos.

   Pues la vida de Menéndez Ormaza también fue todo un relato de idas y vueltas a través de nuestros pueblos serranos, puesto que nacido en Madrid en 1875 y en Madrid fallecido el 23 de enero de 1938, por Hiendelaencina, Alcorlo, Villares y Gascueña de Jadraque, con algunos lugares más, a más de sacarlos al mundo literario, gastó parte de su vida. Y no le fue mal, como nos cuenta.

   A Hiendelaencina llegó en los años finales del siglo XIX recién concluidos sus estudios madrileños para convertirse en pocos años en uno de los principales hombres al mando de la Sociedad Minera La Plata, que por estos tiempos era ya una de las pocas que se mantenían firmes al pie del filón, en la pantorrilla de las estribaciones del Alto Rey. No solo a engrandecer la Sociedad minera para la que trabajó se dedicó D. Joaquín, puesto que modernizó sus instalaciones dotándolas, incluso, de luz eléctrica, la misma energía eléctrica que abasteció en los primeros tiempos a Hiendelaencina desde uno de los molinos entonces existentes en tierra de Villares de Jadraque, movidas las turbinas con aguas del río Bornoba, o Bornova, que tanto da. Fue aquello, lo de la luz en Hiendelaencina, en una de las fiestas locales, fiesta que fue el 5 de junio de 1910; presidido el evento por uno de los alcaldes más populares que Hiendelaencina conoció, D. Vicente Dulce Ibáñez, primer edil del municipio, entre 1910 y 1914.

    Menéndez Ormaza, al tiempo que a dirigir las obras de modernización de La Plata, y de alguna manera de Hiendelaencina, colaboró con numerosos medios de prensa y, por encima de ello, fue autor de un sinnúmero de obras literarias entre las que se cuentan la biografía, novela, relato o historia.

 

El Dr. Kaestner, en Cogolludo

   Ha de servir de guía, a juicio de Ormaza, a nuestro Dr. Kaestner en su aventurero viaje, un personaje natural de Atienza, arruinado en sus negocios y buen conocedor del terreno, a quien dieron el apodo de “El Arcipreste”, quien desde Atienza debía de viajar a Cogolludo donde en la posada, entonces ubicada en el señorial palacio de los Medinaceli, aguardarían Kaestner con su acompañamiento, dos muchachas a quienes presentándolas como sus sobrinas le servían de asistencia a la hora de la elaboración del menú del día o de los arreglos del vestuario. Pues en aquellos tiempos no viajan nuestros expedicionarios con la mochila a las espaldas, sino que en recua de mulas transportaban los caprichosos que les acompañarían en el viaje, desde una ligera biblioteca, a los trajes más elegantes por sí, en cualquier localidad, había que recurrir a ellos para la presentación en sociedad.

   Que Ormaza y Kaestner prepararon a conciencia el viaje nos lo hacen saber al darnos cuenta de una parte de la historia de la villa, de su palacio y, por supuesto, de los duques de Medinaceli; sin que falte el apunte de que por aquí anduvo, en representación teatral, Lope de Rueda, escribiendo D.  Joaquín: “Sirven los viajes, al que viajar sabe, para plasmar la belleza del recuerdo, esfumada en la neblina del pasado

   Cumplidos los primeros deberes partieron de Cogolludo camino de Veguillas a través de los empolvados senderos que circundaban la serranía, con la mirada puesta en la cima del Alto Rey, y la esperanza de encontrar a los míticos caballeros templarios que, según las leyendas conocidas, allí alzaron monasterio.

   En Veguillas subieron a lomos de mula para encaminarse a través de La Nava, por Fraguas, a Villares de Jadraque, a donde habían de llegar a la conclusión del día.

   Un detalle nos deja el autor del relato en torno a la fecha exacta en la que se llevó a cabo el viaje. Nos lo cuenta a través de breves líneas: “Una complicada máquina, que me pareció un compresor de aire, sobre un enorme carretón atascado en un bache impedía el paso. La empujaban con gatos y palancas variedad de gente, azuzando al propio tiempo a un gran número de bueyes que por mediación de gruesas cuerdas tiraban del armatoste”.

   Se trataba de la máquina de vapor destinada a la mina La Vascongada que, llegada a la estación ferroviaria de Jadraque en la primavera de 1868, fue trasladada por carreteros de Condemios, abriendo camino por la hoy carretera de La Toba, a su destino final, donde fue puesta en funcionamiento en el mes de julio de aquel revolucionario año. La máquina procedía de Inglaterra.

 

Y, por fin, la cumbre

   Ya por entonces, retomando los trabajos que se iniciaron bajo la dominación romana, se horadaba la montaña en busca de un tesoro más valioso aún que el de la plata. Por La Nava de Jadraque se buscaba oro en la llamada “Mina Vieja”. Bajo las alturas dejaron las perforadas tierras de Alcorlo y Hiendelaencina para dirigirse de mañana hacia Villares, en su ánimo de alcanzar la cumbre serrana. Haciendo escala, a la hora del almuerzo, en Bustares: “convidándose y convidando a medio pueblo para marear a preguntas a todo bicho viviente; el ascenso se hizo penoso. No encontramos persona alguna en el camino, salvo un pordiosero que, retirándose a un lado, nos dejó paso alargando la mano en demanda de una limosna, sin hablar palabra”. Después conocieron que se trataba de un sordomudo, conocido en el entorno como “El Bafometo”.

   Al cabo de la tarde alcanzaron la cumbre, encontrando las ruinas del supuesto santuario templario: “Hoy refugio de mendigos. Antiguamente lugar de cruce de las andanzas guerreras medievales por las fronteras de Castilla. Allá a lo lejos, por donde el sol se pone, que dice nuestro guía, la sierra de Ayllón bifurca los silurianos picos rocosos empujando hacia el Norte el cauce del Duero. A levante Miedes nos separa de la medieval Atienza, alcanzándose a ver tan solamente de esta su derruido castillo sobre ingente roca. Ayllón y Atienza determinaban en aquellos tiempos el cordón de fortalezas moras que en acecho de los pasos del Duero constituían la cristiana frontera”.

   Capricho fue, sin duda, hacer semejante viaje para encontrar, en lo alto, la visión de una tierra que, incluso a través de relatos imaginados, invita a soñar con la grandeza de nuestra Serranía, siendo, los “Viajes y Andanzas del Dr. Kaestner”, una lectura siempre recomendable.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 19 de junio de 2026

 

COGOLLUDO (Guadalajara) Una Villa Ducal

 

COGOLLUDO (Guadalajara). Una Villa Ducal

 

   Cogolludo es, al día de hoy, una localidad con retroceso en su población, de la provincia de Guadalajara, a la sombra del que fuese uno de los castillos más enigmáticos que se conocieron por estas tierras; levantado sin duda en tiempos de la dominación árabe; en parte, olvidado por uno de los palacios más significativos de esta parte de la tierra castellana.

   El autor, en su recorrido a través de los pueblos de la provincia, llega a Cogolludo y a través de los testimonios escritos a lo largo del tiempo por cronistas e historiadores, entre los que cabe destacar a Francisco Layna Serrano, Juan-Catalina García López, nos adentra en el ayer de Cogolludo, su palacio y su castillo; tomando los textos publicados por aquellos, junto a otros muchos, para darnos cuenta de la importancia que Cogolludo y su tierra alcanzaron a través de los siglos; acompañando la obra con los textos de aquellos quienes, cada uno en su sentir, opinó en torno a lo que admiraron sus ojos y conocieron en su debido momento.

   Puede, en ocasiones, parecernos confuso el discurrir del texto de unos y otros; ha de ser el lector quien, observando y analizando, llegue a la conclusión que las páginas siguientes buscan.

   Junto al castillo, la villa o el palacio, y como parte de la propia obra, el autor nos lleva a conocer, siquiera de manera somera, los acontecimientos históricos del entorno; así como las costumbres que acompañaron la vida de esta parte de la provincia de Guadalajara; empleando investigaciones y fuentes propias.

   Sin duda, las páginas siguientes, como otras anteriormente escritas y publicadas, nos acercan a un entorno que siempre merece una atención; una detenida mirada…

 

 

 


 

 COGOLLUDO, UNA VILLA DUCAL, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

 

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