GASCUEÑA, ENTRE EL BORNOVA Y EL ALTO REY
La que hoy es una población silenciosa fue, en el pasado, de las
más industriosas de la provincia
Acercándose ya a las cumbres del Alto Rey, Gascueña de Bornova, o de
Jadraque, es al día de hoy apenas una sombra de lo que fue hace poco más de un
siglo, cuando la minería de la plata en la comarca de Hiendelaencina cambió la
fisonomía de campos, montes y caminos. Campos que se vieron horadados por la
industria de la plata en busca de los mejores filones; montes que comenzaron a
desaparecer, para utilizar su madera en los hornos de función y caminos que
fueron transitados por decenas de aventureros en busca de una nueva suerte.
El
ayer de Gascueña de Bornova
No mucho es lo que puede conocerse del pasado remoto de una población
surgida sin duda en los dos primeros siglos que siguieron al de la reconquista
de esta tierra, después de que Atienza pasase a ser cabecera de una parte
importante de la provincia de Guadalajara. Escritos hay que nos hablan de sus
antiguos repobladores, teniéndolos unos por vascones (de vascueña: Gascueña), y
otros por franceses que desde la tierra gala de su nombre llegaron aquí con
quien fuese reina consorte de Castilla por mujer de Alfonso VIII, Leonor de Plantagenet,
duquesa de Aquitania, en tiempos tan remotos de los que por aquí no queda otra
memoria que la de las portadas románicas de las iglesias que han traspasado el
pasar del tiempo; desde la propia de Gascueña de Bornova, a la de Bustares;
pasando por la leyenda que se tejió y sigue vigente entorno a la cumbre que
domina a ambas poblaciones, la de la ermita del Santo Alto Rey de la Majestad,
cuyo ascenso año a año siguieron y continúan llevando a cabo los vecinos de la
comarca con la llegada de cada mes de septiembre.
El ayer de Gascueña de Bornova cambió cuando comenzaba a mediar el siglo
XIX, en 1842, cuando se registraron por aquí los primeros yacimientos mineros
en busca de una plata que forjaría fortunas; tras aquel primer registro,
llevado a cabo por D. José Martínez en el cerro del Collado de Mati-Ybáñez, en
término del vecino Villares, al que se dio el nombre de La Amistad, surgirían
numerosos más, tras los que en 1844 diesen nombre y fortuna a don Pedro Esteban
Górriz y compañía, después del nacimiento del sueño minero de Hiendelaencina.
Gascueña,
y su pasado minero
Tantas o más explotaciones que en Hiendelaencina, Alcorlo, Prádena o
Villares, se registraron en suelo de Gascueña de Bornova, en el que si no los
superó anduvo pareja en número de pozos como la vecina meca de la plata, con el
aliciente de que Gascueña se encontraba entonces rodeada de montes y por su
término discurría limpia y clara el agua que acompañó al río de la comarca, el
Bornova, a cuya vera se levantaron los lavaderos del mineral, de la misma
manera que se levantó andado el siglo el complejo de La Constante, que fue pueblo
minero industrioso al estilo de los que levantaron los ingleses en otras
partes de la tierra hispana.
La Constante contó con casas para los mineros y para los oficiales,
centros de ocio, de cultura y de religión. Sólo el tiempo y el agotamiento de
los filones de la plata, o el costo de los materiales empleados en la
extracción, dio al traste con aquel complejo industrial, modelo de su tiempo,
del que salieron camino del mundo miles de kilos de una plata que transformó la
comarca.
Al día de hoy los restos de aquella ciudadela se pierden entre la maraña
del monte, como un esqueleto de edificios roídos por los zarzales, en parajes
de difícil tránsito y escondidos caminos.
Vascos,
ingleses y franceses
Fueron los ingenieros que dirigieron las explotaciones mineras de
Gascueña, y el complejo de La Constante. Tal vez uno de los nombres que más
sonó por estos pagos fue el de John Taylor, un inglés nacido en el condado de
Holwell en 1808, asentado por aquí en 1845, año en el que sin duda, si no
comenzó, sí que saltó al mundo la fama de La Constante, puesto que fue diseño y
obra del propio Taylor quien, a poco de ponerse en movimiento, pondría al
frente de la industria a don Guillermo Pollard, recién llegado de Méjico;
hombre al que se define como alto, elegante, respetuoso y muy entendido en el
tratamiento de los metales.
El Sr. Pollard falleció en 1849 siendo sustituido por Juan Trenear, otro
hombre de ciencias, a camino entre sus orígenes franceses e Inglaterra que
llegó, como Pollard, y junto a él, desde Méjico, alcanzando bajo su mando, en
la década de 1850, la fábrica La Constante, su mayor esplendor, unido al que en
estos años gozaban las explotaciones mineras.
Trenear sería sustituido por quien sin duda fue todo un personaje de
leyenda en estas tierras, Eduard Rowse, otro inglés, nacido en Chasewater, en
la misma tierra original de los Taylor. Rowse llegó a tierras de Gascueña con
toda su familia, su mujer, Elisabeth, y sus hermanos Thomas y Anthony, y por
estas tierras echaría raíces; en Atienza, nacería su hija, Anita Rowse, quien
vivió y se educó en la villa, de donde partiría hacia la inglesa tierra de sus
mayores en los primeros años de la década de 1880. Don Eduard Rowse sería
protagonista de uno de esos incidentes que pasan al mundo de la novela negra,
una especie de secuestro exprés cuando dirigiéndose hacia sus posesiones de
Gascueña, al paso por Alcorlo sería retenido, quedando libre unas horas
después, tras concertarse el pago de una importante suma de dinero como
rescate, en metálico, que permitió días después dar con los bandoleros que lo
llevaron a cabo, casi todos ellos de origen inglés.
Sin duda, el último de los grandes hombres de la minería en Gascueña lo
sería D. Benito Ibave Cortázar, quien pertenecía a una adinerada familia de
origen vasco que echó nuevas raíces por esta tierra, en la que quedaron sus
descendientes, y en donde fue recordado durante largo tiempo como hombre
generoso y de acendradas creencias religiosas. Como que su estampa quedó
grabada en el paisaje de esta tierra, acudiendo los domingos a los servicios
religiosos a lomos de su caballo, que dejaba a la entrada de la iglesia, a la
que dotó de algún que otro objeto de plata; dejando a su muerte instituida una
capellanía de misas que llegó hasta la década de 1950. Don Benito casó con doña
Agustina Martín Municio, natural de Condemios de Arriba. Asociado en un
principio con Juan Arroyo García para llevar mancomunadamente la dirección de
La Constante tras la venta de la compañía a finales de la década de 1870,
sostendría un farragoso pleito con este y los ingleses Walter Herbert Ingran y
Gerald Perey Viviam Aylmer, sustentado en los juzgados de Atienza en 1883 que
terminaría dejando la empresa en sus manos, tras el sucesivo abandono de
aquellos.
En Gascueña fundó don Benito el Sindicato
Agrícola; y descendientes suyos fueron, en Cercadillo, hábiles industriales de
la sal, a través de las salinas del Gormellón.
Con su muerte en 1914 se cerraba no sólo una página, tal vez de las más
importantes de la historia de Gascueña de Bornova en los últimos siglos;
también una gran parte de la historia de la minería de la plata en la provincia
de Guadalajara.
Hoy Gascueña de Bornova apenas es una sombra de lo que ayer fue, sin
embargo la belleza del paisaje que rodea la población es merecedor, sin duda,
de la visita, y, por supuesto, de la memoria.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la
Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 20 de marzo de 2023
GASCUEÑA DE BORNOVA
GASCUEÑA DE BORNOVA
Gascueña de Bornova se asiento en las faldas de la montaña sagrada por excelencia de la provincia de Guadalajara. El Santo Alto Rey de la Majestad. Su fundación se remonta a la Reconquista Cristiana del territorio, figurando en documentos del siglo XIII, que nos dan cuenta de una existencia anterior.
En las páginas siguientes nos adentramos en su ayer y su hoy; su historia, sus gentes y su siglo minero.
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SUMARIO:
-I-
LA GEOGRAFÍA
Pág. 9
-II-
La Historia
Pág. 23
-III-
La Edad Media
Pág. 31
-IV-
La Edad Moderna
Pág. 41
-V-
El siglo XVIII
Pág. 49
-VI-
El Siglo XIX
Pág. 57
-VII-
Crónica del Siglo XX
Pág.75
LA MINERÍA DE LA PLATA, EN GASCUEÑA
Pág. 87
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EL LIBRO:
- ASIN : B08WYG54CX
- Editorial : Independently published
- Idioma : Español
- Tapa blanda : 117 páginas
- ISBN-13 : 979-8711544920
- Peso del producto : 209 g
- Dimensiones : 13.97 x 0.69 x 21.59 cm
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