viernes, enero 23, 2026

MANDAYONA, EL AHORCADO Y LA VIRGEN DE LA PAZ

 

MANDAYONA, EL AHORCADO Y LA VIRGEN DE LA PAZ

La Virgen de la Paz es una de las celebraciones invernales más arraigadas en la provincia

 

   Don Antonio Ponz, al pasar por Mandayona en la segunda mitad del siglo XVIII, no pudo describir mejor la población, a la orilla del río y dentro de un conjunto paisajístico inigualable: “Logra este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas. El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor. También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…”

   Los señores del lugar no eran otros que los duques del Infantado, que aquí tuvieron casa palacio, a la vera del Henares, que es el río que don Antonio nos describe; el obispo que siguió a Delgado Venegas sería don Inocencio Bejarano quien aquí falleció el 13 de diciembre de 1818, y desde aquí, en fúnebre procesión, fue trasladado a su reposo eterno de la catedral de Sigüenza.



 

El Señorío de Mandayona

   Fue uno de los señoríos más señalados del entorno del Henares el que tuvo por cabeza a Mandayona. Se compuso, además de por la villa cabecera, por los, primero lugares y villas después, de Villaseca de Henares, Aragosa, Mirabueno y la parte que le cupo de Algora (que fue la mitad de la población, ya que la otra parte perteneció al ducado de Medinaceli). Teniendo por la villa cabecera, Mandayona, especial predilección, tanto doña Brianda de Castro, tal vez una de sus más significativas dueñas, como sus sucesores, ya que a través de enlaces matrimoniales el señorío de Mandayona, con sus villas y lugares, fue a parar a las manos de otra de nuestras grandes damas alcarreñas, doña Ana de la Cerda, princesa de Éboli. Sus emblemas, o mejor, los de sus padres y abuelos, todavía lucen al día de hoy con severa urbanidad sobre la elegante portada renacentista de la iglesia parroquial, como que tomaron parte en su construcción.

 

Mira Bueno…

   No son pocas las tradiciones que nos hablan de su pasado, histórico, cultural y etnográfico, entre ellas la que hace referencia a una de las devociones de la comarca: la Virgen de Mirabueno.

   Cuenta la tradición que el origen del nombre de la población, de Mirabueno, se encuentra en esas dos sencillas palabras, la del Bueno, nombre o apellido común en algún tiempo en la zona, y la del mira, unidas ambas a la sencilla frase que una chiquilla dirigiese a su hermano cuando, allá por los años medios del siglo XIV, cuentan que se apareció en el entorno del encinar una hermosa paloma, en historia que compuso don Luciano Ochoa: “… una pastora de Mandayona, según la tradición, encuentra en el hueco de una encina una paloma que guarda en su zurrón. De regreso a casa, va a enseñársela a su hermano diciéndole: “Mira Bueno”, y nota que la paloma ha desaparecido. Vuelve al lugar en el que la encontró viendo que, de nuevo, está allí en el hueco del tronco. La recogen para presentársela a sus padres. Más, otra vez, al ir a enseñársela, ven que no está en el saco. Ponen inmediatamente el hecho en conocimiento del cura del pueblo y, comprobado después que se trata de una imagen de la Virgen, deciden construir una ermita en el lugar donde la encontraron…”

   Forma la leyenda parte de la tradición que nos habla de la devoción del pueblo de Mirabueno y su vecino de Mandayona a la venerada imagen a la que, desde aquel entonces, la fecha que se marca es la de 1350, se llamó Nuestra Señora de Mirabueno, a la que levantaron ermita o Santuario y, desde aquellos siglos, hasta los presentes, acudieron en romería. La de las Cruces a la Virgen.

 

Y la Virgen de la Paz

   Por aquí anduvieron los franceses en la Guerra de la Independencia dando buenos palos a las guerrillas y a las gentes que buscaban que permaneciese lo suyo en su lugar. En una de aquellas, a modo de castigo y según solían, los gabachos prendieron fuego al caserío, después de cometer alguna que otra tropelía por el mes de septiembre de 1809. Entre los excesos estuvo el ahorcamiento público de alguno de sus vecinos. Quizá en ello esté una delas tradiciones más curiosas que ha vivido el folclore provincial, y que el tiempo denominó como “el ahorcado de Mandayona”, que se conmemoró con motivo de la festividad de la Virgen de la Paz.

   Ninguna crónica pública nos dejará constancia de la celebración por estos años de la tradición del “ahorcado”, estudiada por López de los Mozos en 2006, quedando igualmente reflejo en “Botargas y enmascarados alcarreños. Carnaval en Guadalajara”, resumiéndose su fiesta, tenida por ancestral, y desconociéndose su origen en la población, en breves líneas: “El carácter de agravio e injuria del carnaval queda reflejado en la provincia en dos ejemplos, "La Carta Candelas" y "El Ahorcado", de ellos es éste último el más llamativo e incluso cruel, seguido en otros puntos de la península y en la actualidad prácticamente desaparecido en toda ella. Este ensañamiento, por extraño que resulte, también se ejecutaba en ciudades populosas. En Oviedo, por ejemplo, se elegía entre los pobres e indigentes el personaje en cuestión, que cubierto de andrajos era paseado por las calles, cayendo sobre él toda clase de desperdicios, para terminar la función arrojándolo a una alberca, un pozo o un charco de agua sucia. Sin embargo éstos rituales, que hoy podemos considerar exagerados y sin sentido, por supuesto, eran comunes en los pueblos primitivos englobados dentro de las denominadas purificaciones. Estas eran de dos clases, generales y particulares o extraordinarias y ordinarias”.

   Las generales ordinarias se practicaban cuando en una asamblea antes del sacrificio, un sacerdote después de haber mojado una rama de laurel o un tronco de verbena, planta sagrada para los celtas, en el agua lustral, hacia la aspersión al pueblo. Las purificaciones generales extraordinarias se verificaban en las épocas de peste, hambre o calamidad pública. Entonces eran crueles, especialmente en el pueblo griego. Para llevarlas a cabo elegían a aquél de los habitantes de la ciudad que tenía peor aspecto y destacaba por su fealdad o deformaciones y lo conducían con pompa triste y fúnebre al lugar del sacrificio, donde era inmolado y quemado, arrojando sus cenizas al mar.

   En Mandayona el sujeto elegido, y dado su conformidad, era mantenido a expensas del pueblo durante la semana previa a la celebración de la Virgen de la Paz, 24 de enero, día en el que era paseado por las calles de la población sobre unas parihuelas, recibiendo los insultos de la comparsa acompañante, que iba a grandes voces dando cuenta de la sentencia de ejecución:

 

Pobladores de la villa,/ venid a oír la sentencia/ que ha dictado la justicia. / Por mangante y por tramposo, / por mujeriego y bribón, / del holgazán que aquí veis, se ordena su ejecución.

 

   De aquella manera llegaban hasta la plaza, donde con gran pompa era manteado y posteriormente se procedía a su "ejecución", simulando su ahorcamiento del árbol central, mientras la comparsa acompañante solicitaba de los presentes un donativo para mantener a la viuda e hijos del "ejecutado". La costumbre fue suprimida tras la guerra de 1936, si bien permaneció en el recuerdo de un buen número de sus pobladores, y en las coplillas que de aquella tradición se dedicaron, hasta su reciente recuperación.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 23 de enero de 2026

 MANDAYONA

    Tomé mi ruta para la Villa de Mandayona (Guadalajara), quasi todo por entre monte de encinas, que la mayor parte, como el dicho pueblo, pertenecen al Duque del Infantado. Mandayona logra de una excelente situación en un valle, que aunque no muy ancho, ni largo, es a propósito para toda suerte de frutales, como se experimenta con los pocos que hay de camuesas, perales, cerezos, nogales… El Palacio del Señor (de los Mendoza) que estaba junto a la iglesia, y una famosa huerta que tuvo pegada a él, están hoy reducidos a nada, y el terreno de la huerta sirve para siembras.

   Logra este ameno pueblecito de un río no muy caudaloso, pero que cría buenas truchas. El Señor Delgado (Cardenal Delgado Venegas) conoció las ventajas y natural amenidad de él, y por tanto se mandó fabricar en Mandayona una casa donde pasaba con su familia buena parte del año. Promovido a la dignidad de Patriarca, hizo donación de dicha casa al señor Obispo actual su sucesor. También hubieron de agradarse los antiguos señores del pueblo, pues tenían en él su Palacio, y seguramente pasarían allí sus temporadas…

 Antonio Ponz
“Viajes por España”



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SUMARIO:
-I-
La tierra, la geografía y el entorno
Pág.9

-II-
Un repaso por la historia
Pág. 25

-III-
La Comunidad de Villa y Tierra de Atienza
Pág. 35

-IV-
Mandayona, entre Doña Urraca y María de Castilla
Pág. 45

V-
Las tierras de Gómez Carrillo
Pág. 55

-VI-
Íñigo de la Cerda y Brianda de Castro, Señores de Mandayona
Pág. 61

-VII-
La vida en Mandayona, entre los siglos XVI y XVIII
Pág. 73

-VIII-
Guerra por una Independencia
Pág. 91

-IX-
La vida municipal
Pág. 106

-X-
Mandayona Siglo XX . Las líneas que nos llevan al presente
Pág. 123

Apéndices
Pág. 133


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El Libro:

  • ASIN ‏ : ‎ B09XZGTZDS
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 256 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8805392369
  • Peso del producto ‏ : ‎ 281 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 0.94 x 22.86 cm

 




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viernes, enero 16, 2026

MONTARRÓN, UNA CALLE Y UNA TELEVISIÓN

 

MONTARRÓN, UNA CALLE Y UNA TELEVISIÓN

Devastado en 1936, el pueblo fue reconstruido en 1941

 

   A Montarrón la historia no lo trató bien y mucho menos la que se desarrolló entre 1936 y 1939, cuando la población se encontró, a causa de la Guerra, inmersa entre dos frentes de batalla. Montarrón y sus gentes, sin saber cómo ni porqué asistieron al triste momento en el que al pueblo le llegó la lluvia de bombas; en el que sus vecinos tuvieron que abandonar sus casas que, al retorno, después de que la tormenta hubiese pasado encontraron sin vida; cadáveres vivientes de paredes y tejados desvanecidos. La guerra había terminado con toda una historia en la que sus gentes como en tantos otros lugares sucediese, no habían tenido nada que ver.

 


 

 

Una historia de tiempos lejanos

   Montarrón perteneció en los lejanos tiempos que siguieron a la reconquista de la tierra y a su formación tal y como hoy aproximadamente la conocemos, a la tierra de Beleña, que se amparó bajo uno de los castillos más singulares y maltratados por el tiempo. Sirvió para defender la tierra y el tiempo terminó por abocarlo a la ruina, dejando para la leyenda las hermosas líneas que nos remiten a un tiempo perdido entre la realidad y la fantasía. Del mismo modo que nos remiten a las luchas familiares entre los descendientes del marqués más literario que nos ha legado Guadalajara el de Santillana. Beleña y su tierra cayó en los inicios del siglo XVI del lado de doña Juana de Mendoza, a cuya muerte volvería a suscitarse el pleito por la propiedad, volviendo a vivirse escena semejante a la que protagonizasen los hombres del primer Santillana con el Alcaide entonces de la fortaleza, Fernán Páez, hasta que llegó la paz, o el acuerdo, mediante la firma de la correspondiente concordia en Guadalajara a 22 de julio de 1525 por la cual el entonces duque del Infantado cedía “cuantos derechos pudiera alegar sobre Beleña”, quedando bajo la posesión del Conde de Coruña y Vizconde de Torija, del que fue pasando a sus sucesores hasta la extinción de los señoríos en el siglo XIX.

   Estando formada la tierra o alfoz de Beleña, desde el lejano año de 1170, por las aldeas, lugares, villas o poblaciones de Aleas, La Mierla, Montarrón y Torrebeleña, incorporándose, o fundándose en el transcurso del tiempo algunas aldeas o lugares más como lo fueron los desaparecidos de Romerosa o La Torre e incorporándose Muriel.

   En posesión de Doña Beatriz Enríquez de Mendoza se encontraba Montarrón en el momento de elaborarse las llamadas Relaciones Topográficas ordenadas por Felipe II, que tienen lugar en esta población en 1580, el 18 de diciembre se firmaron, sin que quede históricamente documentada la manera en que llega la población a doña Beatriz o, mejor aún, a sus padres, doña Petronila de Mendoza y don Benito de Cisneros, si bien todo hace pensar en que con motivo de aquellos pleitos hereditarios que se sucederán a lo largo de este siglo y parte del anterior, Montarrón caerá hereditariamente en una de las ramas femeninas del señor de Beleña, puesto que doña Petronila de Mendoza fue hija de Juan de Mendoza, hermanastro del duque del Infantado, entre quienes se entabló nuevamente largo pleito sucesorio.

 

El condado de Montarrón

   Un siglo después de elaborarse las Relaciones Topográficas de Felipe II, Montarrón, bajo la denominación de Monterrón, fue creado condado en la cabeza de Juan de Andicano y Celáa, por el Hechizado rey Carlos II en 1689, y en cuya familia ya se encontraba la población como señorío.

   Don Juan de Andicano, natural de la localidad guipuzcoana de Mondragón donde nació en 1638, desempeñó a lo largo de su vida numerosos cargos desde que llevó a cabo sus primeros estudios en las Universidades de Valladolid y Salamanca, siendo hijo de don Diego de Andicano y de doña Isabel López de Celáa, linajes oriundos del Valle de Bérriz. Montarrón llegaba a manos de don Juan de Andicano por compra a su anterior señor, D. Diego Ramírez de Vargas; compra que tendría lugar en 1687 y por la que pagaría la nada desdeñable cantidad de 60.000 reales, quedando las tierras a su fallecimiento en el mayorazgo fundado en su hija Isabel María, quien levantará en la localidad natal del padre, a su fallecimiento en Madrid en el mes de junio de 1691, el conocido palacio de Monterrón. Como tantos otros misterios, tampoco se conoce fielmente la manera en la que la población llegó a poder de los Ramírez.

   Las tierras y condado de Montarrón, o Monterrón, pasarán a la hermana de don Juan, doña María de Andicano, quien contraería nupcias con el capitán Mateo de Aranguren, en cuya línea sucesoria continuaría el condado. Así, el 20 de febrero de 1752, cuando se firman las respuestas catastrales conducentes al establecimiento de la Única Contribución, Montarrón pertenece a su señor conde, que lo era don Ignacio de Villarreal y Bérriz, quien recibía, a más de las contribuciones y alcabalas, como vasallaje de los monterronenses, en aguinaldo navideño, sesenta gallinas, a tres reales cada una, y doce perdices, a dos reales la pieza.

 

El tiempo en Montarrón

  No muchos más trajines tuvo la tierra hasta pasado que fue el siglo XIX y entrado que hubo el XX, sin más alteraciones que las de celebrar anualmente sus festejos en torno a la festividad de su Cristo de la Agonía, hasta que llegó aquel oscuro mes de julio de 1936 en el que nos cambió la historia.

   Años atrás, en el de 1927, también en el mes de julio, Montarrón rindió homenaje a uno de los hombres de nuestra ciencia médica patria, Don Santiago Ramón y Cajal, de los primeros honores que recibió en la provincia de Guadalajara; uniendo en homenaje conjunto al nombre del sabio aragonés el de quien por estas tierras andurreaba buscando dar a conocer alguna de sus historias, el Dr. D. Antonio Castillo de Lucas, quien ya figuraba entre los cronistas, etnógrafos e historiadores de nuestra tierra patria. A ambos les pusieron calle, y a Castillo de Lucas, ya que en Montarrón nacieron sus ancestros, lo nombraron Hijo Adoptivo. Descubrieron sus placas en memoria de ambos y fiesta hubo. Las placas se perdieron en aquellas del 36.

 

Y, de nuevo, fiesta

   La batalla terminó con la población, que fue nuevamente reconstruida unos cuantos cientos de metros más allá; en lugar más llano y soleado. Su arquitectura de calles rectas y casas prácticamente iguales se trazó en los despachos de los arquitectos, que dibujaron casas para los labradores pudientes, y para los menos; con iglesia en la plaza, escuela y nuevo ayuntamiento, siendo don Francisco Echenique uno de sus forjadores. El nuevo pueblo se trazó en 1941; y ahí sigue, de entonces a hoy.

   Y, una vez más, en los primeros días de julio de 1962, se repitió aquella historia de tornar a colocar en las esquinas de sus casas las placas perdidas, la de Ramón y Cajal y la de Castillo de Lucas. También, como invitados de honor, asistieron al acto quienes en aquel momento ostentaban el título heráldico de Condes de Montarrón. Ya no tenían en el pueblo otra memoria que la de la historia más a pesar de ello algo debió de hurgarles en el corazón; la señora Condesa, encargada de descubrir la placa, fue nombrada Alcaldesa Honoraria; y henchida de emoción, regaló al pueblo uno de los primeros aparatos de televisión por aquí conocidos; ocupó lugar preferente en el salón parroquial, donde el pueblo comenzó a reunirse. A los Condes también les pusieron calle.

   Y ahí sigue Montarrón, con sus historias, entre botargas cascaruleras y recuerdos hermosos que desdibujan los malos momentos.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 16 de enero de 2026

 

 

HISTORIA DE MONTARRÓN (Guadalajara)


HISTORIA DE MONTARRÓN

MONTARRÓN es uno más de los pueblos de Guadalajara, perteneciente al antiguo partido judicial de Cogolludo.

   Dependiente en tiempos medievales de aquella ciudad, tiene tras de sí una larga historia unida a las poblaciones del entorno, hasta la adquisición de su título de Villa y marquesado.

   A través de las páginas siguientes tratamos de acercarnos a su pasado.

 

EL LIBRO DE MONTARRÓN (Pulsando aquí)

 

EL LIBRO DE MONTARRÓN

  • ASIN ‏ : ‎ B0C1J1PC2T
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 177 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8390582657
  • Peso del producto ‏ : ‎ 290 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.14 x 21.59 cm

 

 

 

EL LIBRO DE MONTARRÓN (Pulsando aquí)

 

viernes, enero 09, 2026

CRÓNICAS DE LA CABALLADA DE ATIENZA

 

CRÓNICAS DE LA CABALLADA DE ATIENZA

A través de la prensa escrita podemos seguir la evolución de una de las tradiciones más antiguas de la provincia

 

   Las crónicas del siglo XX nos han ido dado cuenta del paso a través de sus años de una de las tradiciones festivas con tintes históricos más antiguas de la provincia de Guadalajara y puede que de Castilla, si hacemos caso a algunos escritores e historiadores que aun a pesar de que documentos escritos no lo reflejen, nos remiten al lejano siglo XII. Hasta él nos llevó el soriano Santiago Arambilet para retratarnos de manera magistral a su “Rey Pequeño”, que no era otro que Alfonso VIII, el Noble, el de Las Navas o, con más propiedad para esta página, “el de La Caballada de Atienza”. El relato de Santiago Arambilet vio la luz en 1906, en unos años en los que La Caballada de Atienza ya galopaba largo y tendido a través de las páginas periodísticas.

 


 

 

Las crónicas de don Antonio Pareja Serrada

   Eran los tiempos, cuando Santiago Arambilet escribió sobre el pequeño rey Alfonso, en los que brillaba por derecho propio en el mundo histórico y literario uno de los cronistas e historiadores más prestigiosos que ha conocido la provincia de Guadalajara, Antonio Pareja Serrada. Don Antonio, Secretario Perpetuo de la Real Academia de la Historia, acababa por aquel tiempo, 1906, de fundar en Brihuega, con la colaboración de algunos intelectos más de la comarca, su periódico más significativo: “El Briocense”, en el que casi a la par que sobre Alfonso VIII escribiesen en Soria, Pareja Serrada desgranaba en las páginas de su periódico la ya popular “Caballada de Atienza”, que conocía de tiempo atrás. Don Antonio escribía, desde la década de 1870, en los periódicos más conocidos de Madrid. El 15 de octubre de aquel 1906, dedicaba un par de folios a hablarnos de Atienza y su Caballada, nombre, el de “Caballada”, que sin lugar a dudas comenzaría a acuñarse en el siglo XIX; parece que no son demasiadas las ocasiones en las que con anterioridad aparece la denominación, como nos cuenta en su historia de la Cofradía, recogiendo su devenir a través de los siglos, su actual “Fiel de Fechos”, o Secretario, Jesús de la Vega García. A don Antonio Pareja Serrada le antecederían, escribiendo sobre La Caballada de Atienza, algún que otro paisano, entre ellos el también briocense Alfonso Jara, quien lo haría a punto de agotarse el siglo XIX, el 30 de enero de 1900, a través de uno de los medios más populares de la España de su tiempo: “La Ilustración Española y Americana”; también lo hizo en otros. Ambos autores con mejor o peor estilo nos dan cuenta de cómo se viene celebrando de antiguo la tradición, que coincide en la mayoría de sus aspectos con lo que en estos tiempos se vive el domingo de Pentecostés.

 

Luis Cordavias, maestro de periodistas

   El nombre de Luis Cordavias ha quedado unido desde los años finales del siglo XIX hasta que casi se dobló el XX, a la prensa de Guadalajara; como uno de los integrantes de Flores y Abejas, primero; y como sabio tejedor de letras provinciales, en Nueva Alcarria, después.

    Cordavias se hizo eco de la tradición atencina en el lejano año de 1922, añadiendo retazos de la historia de Atienza e incorporando a la crónica algunos detalles que han ido conformando la fiesta actual. Luis Cordavias dará cuenta en su escrito que: “Como particularidad, los nuevos cofrades de la Hermandad de la Virgen de la Estrella, llevaban el día de La Caballada una chaquetilla sin cuello”. La bordada que hoy caracteriza a los cofrades; ya que hasta entonces cada cual vistió con la decencia precisa, y, claro está, sin uniformidad conocida. Luis Cordavias continuaba el empeño de quienes, antes que él, habían desgranado en la prensa nuestra tradición; el gran historiador Narciso Sentenach lo hizo largo y tendido en el Boletín de la Real Academia de la Historia seis años antes; y, entre otros más, en 1915 el gallego Ramón Villar Santaló, mientras ejerciendo el cargo de Registrador de la Propiedad en Guadalajara, dedicaba los ocios a escribir.

 

El presbítero La Llana

   Al precio de 75 céntimos (de peseta), se anunció en algunos medios de la prensa nacional el que sin duda debió de ser el primer folleto que, en breves páginas, describía la tradición de Atienza, en 1934. A los interesados en adquirirlo lo remitía quien a la sazón era presbítero en la villa, Julio de la Llana Hernández, quien al igual que los anteriores, escribió largo y tendido sobre la “carnavalesca procesión”, como coloquialmente la definió el gran escritor Benito Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales. El Sr. La Llana no solamente daría a la imprenta el folleto dicho bajo el título de: “La Caballada de Atienza, su fiesta anual histórica”, también relató el acontecimiento en una obrita de teatro: “El ramillete de Alhelíes”.

   Sus glosas se han repetido, desde la década de 1930 siempre antiguas y siempre nuevas. El propio presbítero, adaptando su obra a la ocasión, manteniendo el punto fuerte de sus textos, añadía o restaba, según la ocasión lo requiriese.

 

De la Semana de Guadalajara, al Globo de Madrid

   El informativo La Semana vio la luz en Guadalajara en el último tercio del siglo XIX, su primer número se puso en las manos de los guadalajareños el 1º de septiembre de 1877; tuvo una muy corta vida, puesto que desapareció apenas un año después, en los preludios del verano de 1878.

   Su aparición semanal, como la mayoría de este tipo de medio en la provincia, los domingos, fue durante algún tiempo esperada por los interesados en leer sus cuatro páginas, tres de texto y una de anuncios, en la que colaboraron algunos de los escritores que en este tiempo comenzaban a florecer en Guadalajara; con algunas firmas más de quienes, naturales de la provincia, en Madrid desarrollaban labores literarias e históricas, como nuestro cronista e historiador de cabecera, don Antonio Pareja Serrada, una de las numerosas firmas que aparecieron, en nuestra “Semana de Guadalajara”; impresa en la Tipografía Provincial.

  No es difícil aventurar, vista la trayectoria de quien terminaría siendo primer Cronista Oficial de la Provincia de Guadalajara, que a través de La Semana diese a conocer la tradición atencina. El artículo, primero que conocemos, aparecido en Guadalajara glosando La Caballada de Atienza, vio la luz en la revista que se publicó el 16 de junio de 1878, número 36 de la publicación.

   Y aquí nuestro hombre desató todos los sabores de la tierra de Atienza, describiendo, paso a paso, lo que entonces era la hoy conocida “Caballada de Atienza”. Nos guía por las calles atencinas, nos conduce hasta le ermita de la Estrella a lomos de las gallardas mulas de la época; muestra el baile de los cofrades a su patrona; sirve la mesa en el austero comedor en el que los hermanos confraternizan y, de regreso a la población, los hace galopar a través del paraje por el que, en este tiempo, las galopadas parecen eternizarse: desde la entrada del barrio de Portacaballos, a la ermita de la Soledad, en el antiguo camino, hoy carretera, que desde Atienza conduce a Riaza.

  No gustó la sabrosura del artículo a quien, oculto bajo el seudónimo de “Bruno Bruni”, examinó, con regusto amargo, la crónica de Guadalajara a través de uno de los diarios de mayor tirada nacional: El Globo; definió nuestra tradición como: “Gran función, borrachera y baile público”. Se entiende que ocultase su nombre, puesto que también escribía desde Guadalajara.

   Sin duda las crónicas del tiempo que pasó nos conducen a las vivencias del día de hoy, a la estampa primaveral de nuestra historia, desde el inicio de este nuevo año.

  

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 9 de enero de 2026

 

 

CABALLADA DE ATIENZA

 ATIENZA Y SU CABALLADA


   Te presentamos este libro sobre La Caballada de Atienza,  Un libro que ha sido, y sigue siendo considerado como lo mejor que se ha escrito en torno a esta centenaria tradición castellana.

Un libro que nos habla de Atienza, su historia y su tradición más emblemática: LA CABALLADA DE ATIENZA. A través de su vocabulario, de sus actos, de sus personajes.

Una guía para entender su significado, su historia, sus gestos, todo lo que está detrás y todo lo que se quiere conocer.


Con un exteenso vocabulario en el que se da cuenta de qué significa cada acto; qué se hace cada día; qué fiestas se celebran por la hermandad...


LA CABALLADA DE ATIENZA Paso a paso. El libro, pulsando aquí




Que puedes ver pulsando AQUÍ

Este es su...

ÍNDICE


Unas líneas previas sobre La Caballada de Atienza
13
I.I.
La Caballada de Atienza, su origen histórico
19
II
Los símbolos
27
II-I
Las Ordenanzas
27
II-II
Los Privilegios
28
II.III
La Bandera
30
III
La Caballada de Atienza en su desarrollo anual
35
III.I
San Isidro
35
III.II
Sábado víspera de Pentecostés
39
III.III
Domingo de Pascua de Pentecostés
43
III.IV
Domingo de Trinidad
53
III.V
Lunes de Cernina
56

La Caballada de Atienza paso a paso. La Caballada de Atienza a través de sus términos, vocablos y expresiones
59

Abad

Acompañar las Insignias


Acta

Ágape

Alboreada, o Alborada

Arroba

Baile ante la Virgen

Bandera

Banzo

Bara o Vara

Baticola

Bendición de las roscas

Bendición del pan

Borregos o corderos

Cabalgada
Cabalgadura

Caballada

Cabeza de formación

Cabildo

Capa

Caridad

Carreras

Carta de Seguro

Carta cuenta o carta quenta

Casa del Prioste

Cata de la miel

Cata de la rosca

Celemín

Cera

Cernina, o Lunes de Cernina

Chaquetilla

Cofrade

Cofradía

Colación

Comida ritual

Cruz de plata del pedón

Cruz procesional

Cuarterón


 Y así, hasta decenas de palabras más, con su significado correspondiente.




   Gismera está considerado al día de hoy como el  auténtico Cronista de la villa de Atienza y analista de su historia, y de su Serranía, habiendo participado en numerosos encuentros, dado charlas y conferencias en torno a esta festividad, así como también ha incluído su visión de La Caballada de Atienza, en otros libros, foros y debates; entre ellos el gran libro etnográfico en torno a las festividades ibéricas "Máscaradas de la Península Ibérica"; el reciente "Cien propuestas para conocer Guadalajara", o el ya clásico album recopilatorio de la obra del fotógrafo Santiago Bernal.








De La Caballada de Atienza paso a paso se ha dicho: "Es lo mejor que se ha escrito sobre esta centenaria tradición (J.R. López de los Mozos".



LA CABALLADA DE ATIENZA Paso a paso. El libro, pulsando aquí


   Gimera ha  dado a la imprenta otros volúmenes y estudios en torno a La Caballada de Atienza. Entre ellos, el más clásico "La Caballada de Atienza, historia y tradición", o el más complejo de "Arrieros, muleteros y mercaderes", en el que estudia este oficio para la comarca de Atienza, y provincia de Guadalajara. Al tiempo que la ha dado a conocer a través de numerosos encuentros, foros, y artículos de prensa, en todos sus aspectos.



   El libro que ahora nos llega es, por tanto, la suma de una obra que comenzó a estudiarse en la década de 1990, y, en cuanto a su estudio, continúa.  Libro que ha sido adaptado a los tiempos modernos.

Y también


   La obra,con multitud de imágenes, mantiene la esencia de la primera edición. Con decenas de fotografías, en blanco y negro, que conservan y es su fin, el sentir de una fiesta tradicional; quizá la más arraigada de la villa natal del autor. Que fue, en tiempo pasado, por encima de todo, una hermandad en la que destacó el respeto a la opinión y conocimiento de sus mayores, a través del llamado "Consejo o Mesa de Seises"; en la actualidad, de alguna manera, representativo, como todo su contenido.

ATIENZA Y SU CABALLADA. El libro, pulsando aquí


   Al libro accedes pulsando aquí, o sobre los títulos de: "La Caballada de Atienza".  Cómodamente y sin molestías, en dos o tres días, lo tienes en tu casa. Forma parte de la nueva forma de edición coonocida como "Impresión bajo demanda", ya que de otra forma no sería posible, como no lo ha sido hasta ahora, poner a disposición del curioso, estudioso o lector, este tipo de obras.

   Y, si así lo quieres, también puedes acceder, a partir de ahora, a aquella gran obra en torno  a La Caballada, que dejó escrita en la década de 1940 el historiador Francisco Layna Serrano: La Histórica Cofradía de La Caballada de Atienza. Tan sólo tienes que pulsar aquí.  

  De quien, Gismera, es su biógrafo oficial, habiendo dado a la imprenta la gran biografía que reúne el conocimiento en torno a Francisco Layna Serrano: "El Señor de los Castillos", entre otros trabajos en torno al gran historiador provincial.

   Gismera, y su obra, han sido reconocidos en numerosas ocasiones, destacando premios recibidos como el "Alvaro de Luna", de historia, de la provincia de Cuenca, ( en dos ocasiones); "Eugenio Hermoso" (de Badajoz); "Serrano del Año" de la Asociación Serranía de Guadalajara", "Popular en Historia", del Semanario Nueva Alcarria; "Melero Alcarreño", de la desaparecida Casa de Guadalajara en Madrid; Alonso Quijano de Castilla la Mancha; Turismo Medioambiental del Moncayo, de Zaragoza; Paradores Nacionales; Radio Nacional de España;  Primer Encuentro Nacional de Novela Histórica; Recreación Literaria de Córdoba; Hispania de novela histórica; Federación Madrileña de Casas Regionales; etc.


 También a tu disposición:
 LA CABALLADA DE ATIENZA. El libro, pulsando aquí

   En la actualidad es colaborador ocasional de varios medios de prensa, radio y televisión de Castilla-La Mancha y Castilla-León;  siendo habitual su firma, semanal, en el bisemanario de Guadalajara "Nueva Alcarria", edición papel, en donde lleva a cabo la sección "Guadalajara en la memoria"; así como en el digital "Henares al Día"; donde tiene a su cargo la sección "Gentes de Guadalajara"; igualmente colabora en la emisora radiofónia ESRADIO, así como en la provincial ALCARRIA TV; habiendo sido colaborador de otros medios como "Cultura en Guada"; "Arriaca", Cuadernos de etnología de Guadalara, de donde ha sido vocal del Consejo de Redacción; etc. Siendo fundador, coordinador y director de la revista digital Atienza de los Juglares, de periodicidad mensual, fundada en 2009, y reconocida como una de las mejores, en este contexto, editadas en la provincia de Guadalajara, de repercusión nacional y carácter altruista.

   Para acceder a cualquiera de las obras, tan sólo tienes que pulsar sobre los enlaces.
 
 
 
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 CRÓNICAS DE LA CABALLADA DE ATIENZA, de Tomás Gismera Velasco


Un nuevo lbro en torno a La Caballada de Atienza, que puede adquirirse a través de Amazón, pinchando aquí.

La visión ocho veces centenaria de una de las tradiciones castellanas con mayor historia, en la pluma de escritores y periodistas de los siglos XIX y XX.

Las diferentes formas de verla, sentirla y los cambios que ha ido experimentando a través del tiempo.

Un documento único.



 
 
 
  • Editorial ‏ : ‎ CreateSpace Independent Publishing Platform
  • Fecha de publicación ‏ : ‎ 30 enero 2016
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Longitud de impresión ‏ : ‎ 150 páginas
  • ISBN-10 ‏ : ‎ 1523748761
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 978-1523748761
  • Peso del producto ‏ : ‎ 220 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 0.86 x 21.59 cm
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       Mientras, disfruta de La Caballada de Atienza, en libro, o presenciándola. Si la presencias, conociéndola a través de cualquiera de las obras publicadas, la entenderás mucho mejor.