PEQUEÑAS, GRANDES… COSAS
Atardece en Madrid un mes de agosto, mientras en la televisión hablan, y no paran, de la visita a Marbella de la señora Obama e hija. El emperador nos envía a su delegada.
Hay cosas que llegan, y que hieren los sentimientos. El inmenso derroche de cuatro días de vacaciones, mientras el mundo se envuelve en una crisis imposible. El inmenso derroche de un país, nación o reino, que se vuelca en una visita de cuatro días de la señora emperadora universal consorte…, sin reparar en gastos.
Dicen, y será verdad, que esa visita produce un beneficio inmenso. Claro, que es para quienes con el agua del Tajo riegan los campos de golf… para quienes tienen hoteles de lujo… para las joyerías de marca… El currito de siempre, lo quieran o no, tendrá lo mismo, un sueldecito mileurista y… se acabó. Eso sí. tendrá que pagar la factura de seguridad exclusiva de quien nos visita, por aquello de la buena imagen de España. No tardará ZP en sacar el cuaderno de los números para darnos cuenta de la cantidad de beneficios que nos esperan. Sobre todo a Guadalajara, que presta su agua para regar los desiertos malagueños o murcianos por los que la emperatriz disfrutará de su reino de tres noches mientras el mundo se dedicará a sobrevivir.
Escuchó, a través de la televisión, que en los EEUU hay críticas a la emperatriz por el derroche. No me extraña. El Nobel de la Paz, que auspicia la guerra, hace unos meses no podría habérselo permitido. Puede que sea ese 3 o 4 por ciento que a un interés conveniente, produce beneficios interesantes. ¿Será cosa de las bombas de mariposa?
Pasan por alto otras cosas, lo interesante es la visita. Pero hablan del café que se tomó el pistolero. Y hay a quien le extrañan esas cosas. ¡Qué sangre fría…! Lo he escuchado en algún programa.
Hace ya unos cuantos años, en un octubre madrileño y lluvioso, tres hombres entraron en una cafetería de la calle de Hermosilla de Madrid y pidieron un chocolate con churros. Se retrataron frente al espejo que cubría el frontal de la cafetería. Cuando uno de ellos se dio cuenta de que los estaba mirando fijamente se marcharon. Pero aquellos ojos se quedaron grabados en el espejo. Medía hora más tarde, tras su desayuno con chocolate y churros en otra cafetería, asesinaron a un buen hombre en la esquina de Hermosilla con Alcalá.
Son cosas, grandes y pequeñas, que invitan a meditar, mientras Madrid anochece y el mundo se nos quiere hacer chico, o se nos quiere invitar al olvido, con anuncio de grandes visitas.
Hay cosas que están por encima de todas esas banalidades. Cosas importantes. Pero claro, nos interesa más salir en la televisión, o pensar que hacemos bien las cosas, o amenazar si nos critican, o vanagloriarnos de ser el hijo de…
Hoy, en ese registro de datos inconcretos, encontré que mi bisabuelo, Calixto Lázaro, entregó, en 1883, cincuenta céntimos, de peseta, para paliar los males del terremoto que asoló Málaga y Granada. En Atienza se recaudaron algo más de doscientas pesetas de la época.
Eso si que son cosas grandes. Porque probablemente quienes entregaron esos veinte o treinta o cincuenta céntimos, lo hacían de corazón, y se los quitaban de…. tal vez comer un día. Aunque al recaudador de contribuciones le importase un bledo. A los recaudadores de contribuciones les daban igual esas cosas, incluso que al padre de mi bisabuelo Calixto lo matasen en el camino de Sigüenza para robarte dos pesetas y treinta céntimos.
Atardece en Madrid un mes de agosto, mientras en la televisión hablan, y no paran, de la visita a Marbella de la señora Obama e hija. El emperador nos envía a su delegada.
Hay cosas que llegan, y que hieren los sentimientos. El inmenso derroche de cuatro días de vacaciones, mientras el mundo se envuelve en una crisis imposible. El inmenso derroche de un país, nación o reino, que se vuelca en una visita de cuatro días de la señora emperadora universal consorte…, sin reparar en gastos.
Dicen, y será verdad, que esa visita produce un beneficio inmenso. Claro, que es para quienes con el agua del Tajo riegan los campos de golf… para quienes tienen hoteles de lujo… para las joyerías de marca… El currito de siempre, lo quieran o no, tendrá lo mismo, un sueldecito mileurista y… se acabó. Eso sí. tendrá que pagar la factura de seguridad exclusiva de quien nos visita, por aquello de la buena imagen de España. No tardará ZP en sacar el cuaderno de los números para darnos cuenta de la cantidad de beneficios que nos esperan. Sobre todo a Guadalajara, que presta su agua para regar los desiertos malagueños o murcianos por los que la emperatriz disfrutará de su reino de tres noches mientras el mundo se dedicará a sobrevivir.
Escuchó, a través de la televisión, que en los EEUU hay críticas a la emperatriz por el derroche. No me extraña. El Nobel de la Paz, que auspicia la guerra, hace unos meses no podría habérselo permitido. Puede que sea ese 3 o 4 por ciento que a un interés conveniente, produce beneficios interesantes. ¿Será cosa de las bombas de mariposa?
Pasan por alto otras cosas, lo interesante es la visita. Pero hablan del café que se tomó el pistolero. Y hay a quien le extrañan esas cosas. ¡Qué sangre fría…! Lo he escuchado en algún programa.
Hace ya unos cuantos años, en un octubre madrileño y lluvioso, tres hombres entraron en una cafetería de la calle de Hermosilla de Madrid y pidieron un chocolate con churros. Se retrataron frente al espejo que cubría el frontal de la cafetería. Cuando uno de ellos se dio cuenta de que los estaba mirando fijamente se marcharon. Pero aquellos ojos se quedaron grabados en el espejo. Medía hora más tarde, tras su desayuno con chocolate y churros en otra cafetería, asesinaron a un buen hombre en la esquina de Hermosilla con Alcalá.
Son cosas, grandes y pequeñas, que invitan a meditar, mientras Madrid anochece y el mundo se nos quiere hacer chico, o se nos quiere invitar al olvido, con anuncio de grandes visitas.
Hay cosas que están por encima de todas esas banalidades. Cosas importantes. Pero claro, nos interesa más salir en la televisión, o pensar que hacemos bien las cosas, o amenazar si nos critican, o vanagloriarnos de ser el hijo de…
Hoy, en ese registro de datos inconcretos, encontré que mi bisabuelo, Calixto Lázaro, entregó, en 1883, cincuenta céntimos, de peseta, para paliar los males del terremoto que asoló Málaga y Granada. En Atienza se recaudaron algo más de doscientas pesetas de la época.
Eso si que son cosas grandes. Porque probablemente quienes entregaron esos veinte o treinta o cincuenta céntimos, lo hacían de corazón, y se los quitaban de…. tal vez comer un día. Aunque al recaudador de contribuciones le importase un bledo. A los recaudadores de contribuciones les daban igual esas cosas, incluso que al padre de mi bisabuelo Calixto lo matasen en el camino de Sigüenza para robarte dos pesetas y treinta céntimos.
A los recaudadores de contribuciones les interesan las visitas de las emperatrices... Todo lo demás.... lo paga el contribuyente.