Y... ATIENZA PERDIO EL TREN...
Son muchos los que piensan que la historia de Atienza ya está escrita. Que tras aquella magnífica, para su tiempo, "Historia de la Villa de Atienza", legada por el insigne historiador Layna Serrano, nada queda en el universo atencino por descubrir.
Hace tiempo, desde que comencé a publicar, aunque fuese a través de Internet la "Atienza delos Juglares", son muchas las cosas que sorprenden, porque no estaban escritas o habían pasado por alto, pero aguardaban ahí, agazapadas.
Claro, siempre hay historias que gustan más que otras, pero la historia reciente de Atienza, la íntima, la que más nos toca, está todavía por descubrirse.
Y en estos días en los que la calor, más que apretar oprime, rebuscando entre antiguos papeles, me he llevado otra de esas sorpresas que en ocasiones, cuando menos se las espera, te hacen sonreír. Para el investigador, el husmeador de datos, encontrar algo parecido es como si al buscador de oro del Bornoba o del Sorbe, en un momento determinado en la batea se le deposita una pepita de oro. Así son esas cosas de la busca y rebusca.
Todos sabíamos que en Atienza, a finales del siglo XIX se intentó poner el tren, o mejor dicho, llevar las vías del tren, intento que continuó en los comienzos del siglo XX, y siempre hemos escuchado en Atienza que fueron aquellos hombres propietarios de terrenos quienes se negaron a que aquellos ocurriese, por no perder un palmo más de tierra.
Ya, en Atienza de los Juglares conté aquello, de lo que se hizo eco un amigo y llegó a los periódicos de la vecina Soria.
El caso de ahora es excepcional. Supongo que ese dato ha de obrar en otros muchos archivos, y habrá eruditos en la historia patria de la villa natal que ya lo conozcan. Yo nunca lo había visto, ni oído, ni tenía referencia alguna. Pero ayer, en ese husmeo consciente a la espera de encontrar la peipta de oro encontré la mía.
Ayer ví una Real Orden de Su Majestad que Dios Guarde, autorizando los estudios preliminares para el establecimiento de una vía férrea que desde Atienza, y pasando por Hiendelaencina, enlazase con la línea en construcción entre Madrid y Zaragoza. La Real Orden está signada por Isabel II y su entonces ministro de Obras Públicas, Escosura, y el beneficiario de la construcción del ferrocarril era don José María de Torquemada. Es evidente que aquello no llegó a realizarse, probablemente porque las minas de plata de Hiendelaencina no rendían lo suficiente, o no se esperaba de ellas lo suficiente como para que se invirtiese en una línea férrea.
´Fue la primera vez que Atienza perdió el tren, no sabemos si del progreso o de... en la actualidad los trenes que atraviesan Guadalajara se nos pierden en la niebla de la crisis, así que...
Corría el año de gracia de 1856...