REDECORA TU INFANCIA
Confieso que no se cómo, ni cuando, ni por qué, entró Bibiana en el panorama nacional. Lo cierto es que Bibiana, ha dado, y está dando, mucho de qué hablar. Es el aire fresco que se cuela por los ventanales de la Moncloa en cada uno de los Consejos de Ministros, imagino.
Bibiana es joven. Con una juventud exultante y alborotadora que presume de lo que ahora presume la juventud, libertad, sobre todo de pensamiento. Algo que otras juventudes no tuvimos tan fácil. Por eso se le ocurrió aquello ya tan famoso que ha pasado a formar parte del clasicismo lingüístico español, lo de miembras y miembros, y paridas semejantes.
Es lo que tienen los ministerios de diseño. Que son, tal vez mal comparados, como la cocina moderna, la cocina de diseño. La decoración de diseño. Y es que el diseño a pasado a formar parte de nuestras vidas.
A Bibiana, en estos días de crisis, recién llegada de las vacaciones semanasanteras, se le ha ocurrido redecorar, diseñar una nueva infancia. Esos cuentos que quienes hoy rondamos el medio siglo de vida van a dar un cambio, al menos lo están dando en la escuela de diseño de la señora ministra. Es la última definición, lo que se lleva, lo snob, lo yeyé de los setenta.
Bibiana ha decidido que Caperucita Roja es una víctima del lobo feroz, y pretende darle la vuelta, a Caperucita, a Blancanieves, a la Bruja mala, a los tres cerditos, a…
Yo, en contra de cuantos la critican, le doy la razón. Sería un gran trabajo de diseño, de redecoración de las infancias y vidas ajenas. De reescribir las historias. Caperucita tragándose al lobo; los tres cerditos comiéndose al idem; la bruja mala echada a la hoguera; Blancanieves probando su zapato en el delicado pie de los príncipes europeos…
¡Ay Bibiana! Si los Andersen, Grimm y tantos más levantasen la cabeza…
Claro que, para la industria sería una revolución, aunque no creo que la Disney cambiase el final de sus películas, por muy machistas que a la ministra le parezcan.
¿No hay mayores problemas en España que idear un nuevo final para los cuentos de infancia?
¿Quo Vadis, Zapatero?