EL PRECIO DE MIS DEDOS
En estos días que ando algo atolondrado, con pocas ganas de nada y tratando de olvidar los malos ratos que causan los arreglos del cuerpo, me ha dado por pensar, tras recibir la noticia, lo que, en caso de asegurarse, valdrían mis dedos.
Ya he descubierto que mis muelas no valen nada, bueno, algo es algo, valen para darme padecimientos, los pasados y los que, según me aseguran, están por venir. Cosas de la genética, según los doctores, que hoy todo lo avalan con la genética o el colesterol o el ritmo de vida.
Pues los pulgares de Fernando Alonso valen diez millones de euros. La garganta de no se quien otro tanto, la nariz de la mejor perfumera ni siquiera la aseguran, no tiene precio, según dicen.
¿Y los dedos de cualquiera? ¿Cuánto valen?
Los míos, puestos a pensar, tampoco habrá quien me los asegure, aunque eso si, me sirven para escribir, para rascarme la cabeza, para hurgarme la nariz, si llega el caso…
¡Qué mala suerte! los pulgares únicamente los utilizo para sujetarme la barbilla.
¿Alguien me los aseguraría?