lunes, marzo 01, 2010

TERREMOTOS Y OTRAS TORMENTAS

Probablemente, si lo que ahora está sucediendo en torno al clima, hubiese ocurrido hace cien años, quienes entonces los contemplasen dirían aquello de que el mundo se ha vuelto loco. Probablemente así lo entenderían nuestros pasados y es más que seguro que lo pensamos más de cuatro. Si, tal vez el mundo se ha vuelto loco, y por eso se desprenden los grandes terrones de hielo de la Antártida, soplan vientos que se llevan todo por delante, llueve a mares durante semanas, deja de llover durante años, o la tierra se sacude una y otra vez provocando mil y un desastres.
Por supuesto que alguna de estas cosas se deba al famoso cambio climático, que ha calentado el ambiente y hecho que los azúcares de hielo se deshagan sobre la salada mar. Y que los vientos y las aguas nos castiguen a su antojo, y cuando se les antoja.
Lo de los terremotos es ya una cuestión más compleja, vienen porque tienen que venir, porque se supone que la tierra se mueve y al moverse pues pasa lo que pasa.
Hay igualmente quien dice que eso del cambio climático es una chorrada, y que siempre hubo periodos de sequía y de mucha agua, e incluso que en tiempos soplaron los vientos con más fuerza de lo que lo hicieron estos días.
Puede que haya quien piense que eso de probar armamento atómico a muchos kilómetros bajo tierra provoque los terremotos, y todavía habrá quien nos diga que todo proviene del castigo divino porque nos estamos volviendo ateos del todo.
Está clara una cosa, los desastres naturales siempre existieron, lo peor del caso es que esos desastres sacan lo bueno de las personas, y también lo malo, y los noticieros nos muestran siempre, una y otra vez, las escenas más lastimosas. En este caso tratan de concienciar y reclamar la atención, que no está nada mal.
Hoy escuché, al hilo de estos desastrosos eventos, que deberíamos rezar mucho más, para evitar cosas parecidas y, por aquello de recordar, la cabeza se me fue al primero de noviembre de 1755, cuando a eso de las diez de la mañana, la tierra se alborotó desde Lisboa a Kelsinki. El gran terremoto provocó cuantiosos desastres en España, Portugal y parte de Francia, y más lejos dicen que llegó.
A España a la hora de la misa mayor. Cuentan que, de la inmensa mayoría de las iglesias, los primeros en salir corriendo fueron, precisamente, quienes debían dar consuelo a las almas.
Es cierto, la tierra, lo mismo que los cielos, se han vuelto locos.