
PRESIDENTE ROLDAN
Hace ya unos años, tantos que el mundo casi se olvidó de la cuestión, en los que sucedieron algunas cosas curiosas:
Un director general de la guardia civil engañó a toda una nación, se hizo pasar por lo que no era, y alcanzó los más altos grados y honores y, además, se hizo rico.
No fue el único.
Eran los años en los que la corrupción política alcanzó la cima. Ahora también hay corrupción, de esa de guante blanco, pero ya es como si nos hubiésemos acostumbrado a que algunos políticos, sobre todo municipales, una vez sentados en la poltrona se dediquen, en lugar de a gobernar, a llenarse los bolsillos con billetes de quinientos euros. Luego se convierten en figuras mediáticas y tienen a su alrededor al coro de cantagallos que se los llevan a los programas de la tele para ensalzarlos y poder continuar viviendo del cuento, los unos y los otros.
Aquellos años en los que, desde una ferretería o una dirección general cualquiera podía hacerse multimillonario han pasado, al parecer, a la historia. El presidente del Gobierno de la época se enteró por la prensa de lo que estaba sucediendo y, cuando sucedió que se descubrió al impostor, este se largó con sus maletas repletas de dinero.
La vida de Luis Roldán, al parecer libre desde hoy, puesto que ya ha cumplido su pena, seguro que llenará a partir de hoy decenas de programas basura en las teles. Lo mismo ahora va y cuenta donde dejó las miguitas del dinero. Dicen que está arruinado, aunque nadie lo crea.
El famoso Dioni, al que, desde su salto a la fama tras el robo del furgón de la pasta, abrió la veda para el ensalzamiento al delincuente de guante blanco. Y tenemos unas cuantas figuras.
Hoy Luis Roldán ya es un hombre libre, y una víctima, seguro, de las circunstancias de la época. Seguro que se nos vende como un pobre inocente, jubilado y arruinado.
Suerte que, al menos, es presidente, aunque sea de su comunidad de vecinos. Lo que muchos nos preguntamos sin encontrar respuesta, es qué hizo con todo el dinero que se llevó, con los apartamentos que se compró, con… Seguro que, de aquello, algo le queda.
Es lo que tiene el robo de guante blanco. Te lo llevas crudo, pasas cuatro días en la cárcel y tienes toda la vida por delante para disfrutar el fruto de la cosecha.
Algo debe de estar mal en la justicia.