
NULIDAD MATRIMONIAL
Hace tantos años que por Madrid todavía circulaban los autobuses urbanos con conductor, cobrador y revisor, cuando, por vez primera, y recién aterrizado en la capital del reino, tuve que hacer una visita, por encargo de mis superiores, al Tribunal de la Rota, en la confluencia de las calles del Cordón con la del Nuncio, donde me esperaba un señor con sotana dispuesto a recoger el sobre que le llevaba, en el interior una suculenta “astilla”, unos cuantos cientos de miles de pesetas (en billetes de a mil) que avivasen el ascua de la lumbre, y aquel orondo sacerdote se dignase firmar el expediente de nulidad matrimonial de ciertas personas de reconocido prestigio. Padres de un conocido abogado barcelonés que, por cierto, y por delegación suya, años después otro encargo me llevaría a la cárcel de Carabanchel, a llevar el auto de libertad provisional a cierto pobre diablo que, por aquello de que se aproximaba la Navidad, deseaba pasarla en familia y en su casa de Barcelona. Lo bueno del caso es que aquél pobre diablo dos meses después capitaneaba el famoso asalto al Banco Central de Barcelona. Cosas que pasan.
En aquellos años, de recién aterrizado en la capital del reino, lo del divorcio no se llevaba, y la nulidad matrimonial era únicamente cosa de la alta sociedad, la que podía costearse un proceso que, por aquel entonces, podía alcanzar a varios millones de pesetas en papeleo, astillas (compra de voluntades) y demás procesos lógicos de un pleito judicial de la época.
Por supuesto que se firmó la nulidad matrimonial de doña Amalia a la que el señor notario concedió una mensualidad de 25.000 pesetas de la época con la que podía vivir plácidamente en su hotelito de El Escorial (todavía recuerdo el número de expediente 25/72), y una duda siempre me acompañó a lo largo del tiempo: Si se anula el matrimonio, y por ello se suspende la convivencia, es decir, no ha existido, ¿existirán los hijos? ¿O se anulan también? Duda existencial.
Viene al caso del divorcio de la hija del Rey. Siguiente proceso, nulidad matrimonial, o sea que el matrimonio no ha existido, y supongo que, por esa misma regla, también dejarán de existir los hijos. Sigue la duda existencial.
Y es que el matrimonio ha dado un vuelco, lo comenzó a dar con la ley del divorcio, que todos los abogados esperaban avalancha y luego resultó que no fue para tanto, hasta en el bufete en el que yo trabajaba hicimos acopio de carpetillas verdes, las dedicadas a procesos de nulidad y divorcio, el primer año apenas tres o cuatro se llevaron a cabo. Hoy es seguro que se llevarán muchos más.
Y viene el caso a que hoy los matrimonios han dejado de ser para toda la vida y han pasado a ser uniones de hecho, a veces de derecho y en otras muchas ocasiones, matrimonios de conveniencia, como el que acaban de protagonizar Rodríguez Zapatero y Rajoy a las puertas del Congreso, ambos con nueva imagen, los dos peinados a raya y sonrientes.
No le veo futuro yo a este matrimonio. Cuando lo queramos ver presentan el expediente de nulidad, suerte que ya lo del Tribunal de la Rota ha quedado para tapar agujeros “rotos”, entre la rancia nobleza europea y las cabezas coronadas de ducados, condados y marquesados que quieren, todavía, mantener su estatus de nobleza rancia.
Conmigo que no cuenten para comprar voluntades perdidas. Seguro que algún aspirante a obispillo, de los que firmaban por aquellos tiempos nulidades, echa de menos el sobre.
Y lo de Rajoy y Zapatero, en esa especie de unión de voluntades para ver si se sale de la crisis, no se, dentro de tres o cuatro días vemos estamparse la vajilla de la abuela contra la cara de los leones. Y seguro que encima, siguiendo la moda, se comunican la ruptura por mensaje de móvil.
Luego nos enteramos de que Tutankamón se murió de malaria. Lástima que la noticia llegue con un retraso de treinta siglos, porque a ver ahora como le comunicamos a sus descendientes que no fue castigo divino ni envenenamiento de la corte. Seguro que cambiaron de dirección.
Para la última, para eso de que en la gala de los oscar se prohíbe el que los galardonados dediquen el premio tengo la solución, llevar al alcalde de la Novilis Nundaugusta. Es el primero, y único, en resumir discursos. Entreguen el oscar al galardonado y cedan la palabra al edil, con un gracias y adiós, lo resume todo. Un genio el susodicho. A veces añade: “es que ya lo han dicho todo estos señores”. Lo dicho.
Raúl, ( a pesar de su insultante juventud gloria patria del periodismo y las letras patrias), me escribe y felicita por el último número de Atienza de los Juglares, pregunta cómo hago para hacer tantas cosas, ¿y tú me lo preguntas?, luego añade: “espero que ese pueblo sepa reconocerte como mereces”. Raúl, como buen serrano de Cataluña sabe una cosa, que Roma no paga a traidores, o a quienes no están de acuerdo con las señales que marcan algunos caminos….
Hace tantos años que por Madrid todavía circulaban los autobuses urbanos con conductor, cobrador y revisor, cuando, por vez primera, y recién aterrizado en la capital del reino, tuve que hacer una visita, por encargo de mis superiores, al Tribunal de la Rota, en la confluencia de las calles del Cordón con la del Nuncio, donde me esperaba un señor con sotana dispuesto a recoger el sobre que le llevaba, en el interior una suculenta “astilla”, unos cuantos cientos de miles de pesetas (en billetes de a mil) que avivasen el ascua de la lumbre, y aquel orondo sacerdote se dignase firmar el expediente de nulidad matrimonial de ciertas personas de reconocido prestigio. Padres de un conocido abogado barcelonés que, por cierto, y por delegación suya, años después otro encargo me llevaría a la cárcel de Carabanchel, a llevar el auto de libertad provisional a cierto pobre diablo que, por aquello de que se aproximaba la Navidad, deseaba pasarla en familia y en su casa de Barcelona. Lo bueno del caso es que aquél pobre diablo dos meses después capitaneaba el famoso asalto al Banco Central de Barcelona. Cosas que pasan.
En aquellos años, de recién aterrizado en la capital del reino, lo del divorcio no se llevaba, y la nulidad matrimonial era únicamente cosa de la alta sociedad, la que podía costearse un proceso que, por aquel entonces, podía alcanzar a varios millones de pesetas en papeleo, astillas (compra de voluntades) y demás procesos lógicos de un pleito judicial de la época.
Por supuesto que se firmó la nulidad matrimonial de doña Amalia a la que el señor notario concedió una mensualidad de 25.000 pesetas de la época con la que podía vivir plácidamente en su hotelito de El Escorial (todavía recuerdo el número de expediente 25/72), y una duda siempre me acompañó a lo largo del tiempo: Si se anula el matrimonio, y por ello se suspende la convivencia, es decir, no ha existido, ¿existirán los hijos? ¿O se anulan también? Duda existencial.
Viene al caso del divorcio de la hija del Rey. Siguiente proceso, nulidad matrimonial, o sea que el matrimonio no ha existido, y supongo que, por esa misma regla, también dejarán de existir los hijos. Sigue la duda existencial.
Y es que el matrimonio ha dado un vuelco, lo comenzó a dar con la ley del divorcio, que todos los abogados esperaban avalancha y luego resultó que no fue para tanto, hasta en el bufete en el que yo trabajaba hicimos acopio de carpetillas verdes, las dedicadas a procesos de nulidad y divorcio, el primer año apenas tres o cuatro se llevaron a cabo. Hoy es seguro que se llevarán muchos más.
Y viene el caso a que hoy los matrimonios han dejado de ser para toda la vida y han pasado a ser uniones de hecho, a veces de derecho y en otras muchas ocasiones, matrimonios de conveniencia, como el que acaban de protagonizar Rodríguez Zapatero y Rajoy a las puertas del Congreso, ambos con nueva imagen, los dos peinados a raya y sonrientes.
No le veo futuro yo a este matrimonio. Cuando lo queramos ver presentan el expediente de nulidad, suerte que ya lo del Tribunal de la Rota ha quedado para tapar agujeros “rotos”, entre la rancia nobleza europea y las cabezas coronadas de ducados, condados y marquesados que quieren, todavía, mantener su estatus de nobleza rancia.
Conmigo que no cuenten para comprar voluntades perdidas. Seguro que algún aspirante a obispillo, de los que firmaban por aquellos tiempos nulidades, echa de menos el sobre.
Y lo de Rajoy y Zapatero, en esa especie de unión de voluntades para ver si se sale de la crisis, no se, dentro de tres o cuatro días vemos estamparse la vajilla de la abuela contra la cara de los leones. Y seguro que encima, siguiendo la moda, se comunican la ruptura por mensaje de móvil.
Luego nos enteramos de que Tutankamón se murió de malaria. Lástima que la noticia llegue con un retraso de treinta siglos, porque a ver ahora como le comunicamos a sus descendientes que no fue castigo divino ni envenenamiento de la corte. Seguro que cambiaron de dirección.
Para la última, para eso de que en la gala de los oscar se prohíbe el que los galardonados dediquen el premio tengo la solución, llevar al alcalde de la Novilis Nundaugusta. Es el primero, y único, en resumir discursos. Entreguen el oscar al galardonado y cedan la palabra al edil, con un gracias y adiós, lo resume todo. Un genio el susodicho. A veces añade: “es que ya lo han dicho todo estos señores”. Lo dicho.
Raúl, ( a pesar de su insultante juventud gloria patria del periodismo y las letras patrias), me escribe y felicita por el último número de Atienza de los Juglares, pregunta cómo hago para hacer tantas cosas, ¿y tú me lo preguntas?, luego añade: “espero que ese pueblo sepa reconocerte como mereces”. Raúl, como buen serrano de Cataluña sabe una cosa, que Roma no paga a traidores, o a quienes no están de acuerdo con las señales que marcan algunos caminos….