domingo, febrero 14, 2010


DIAS DE CINE

Desfilan por la pasarela de las vanidades nuestras flamantes estrellas del panorama cinematográfico. La mayoría, todo hay que decirlo, haciendo el ridículo. Sobre todo esos actores/as que se piensan que son… la octava maravilla mundial, en fin.
Se habla de cine, de premios y de que, los españoles, vamos poco a ver cine español. A lo mejor, quien sabe, es porque el cine español, con eso de las subvenciones, se ha vuelto a mirar hacía donde le interesa, la mano que le da de comer.
Tal vez si, en lugar de tanta arrogancia, de tanta verdulería de saldo ofrecida al mejor postor en los programas de desecho de las televisiones privadas, de tanta venta de casquería fina y bajos fondos, (mejor) intimidades; si en lugar de eso se dedicasen nuestros grandes estrellos/as, a interpretar, y nuestros grandes directores/oras, a dirigir, el cine español iría tal vez un poco mejor.
No voy a hablar de grandes actores con nombre propio y que se dedican a su trabajo, que los hay, pero los que más (piiiiiii) son aquellos que creyéndose grandes, hacen el ridículo y meten en su saco del ridículo a quienes, iniciando su camino desde lo más humilde, llegan a la cumbre.
No os voy a hablar del primo de mi hijo, que no entra en ese perejileo de aturdidos deseosos de aparecer en los medios a consta de lo que sea, porque al primo de mi hijo no le gusta salir en los medios, se dedica a su trabajo, y es a lo que deberían dedicarse los grandes, en lugar de vender los entresijos y de sus tripas. Si no hay trabajo que se pongan a vender pipas, pero que no denigren a los auténticos y verdaderos actores, a las grandes figuras que, a consta de cuatro o seis u ocho, entran en ese saco que todos hemos definido despectivamente como “titiriteros”, y unos cuantos hay, desde Madrid hasta… el infinito y más allá.
Y como no quiero concluir sin un recuerdo, os hablo de José Antonio Ochaíta, si, ese que se inventó la letra del Porompompero, del Bienvenido Mister Marshall y de unas cuantas películas más, el mismo que, algunos, lo mismo que de los directores de películas como esas, dicen que aquello no era cine. Pues si hijos si, aquello era cine, del bueno y con riesgo, si no que le pregunten a Florián Rey, si pudiera responder, cuando presentó el guión de “Ronda ya tiene torero”, guión de José Antonio Ochaíta, el de Jadraque, y el ministerio correspondiente no dio el visto bueno para que se llevase a cabo la pelí y, tras los cortes precisos se quedó en una especie de comedia en dos actos que estrenó el “Príncipe Gitano”; lo malo es que, tras el éxito, el Príncipe Gítano se pensó que todas sus canciones las había escrito él, hasta el Porompompero.
Gloria, en esta noche del cine, a los grandes directores y guionistas de otros tiempos que, sin medios y sin ayudas, tan solo con su talento, sin recurrir a los entresijos de sus entrañas, lograron triunfar. Y gloria también a los que, como Félix Gómez, el primo de mi hijo, viven de su trabajo, sin recurrir a los inventos, ni siquiera de pintarse el pelo de amarillo, que anda qué…