UN DIA COMO TANTOS
Anoche, al abrir el correo, me encuentro con el de un amigo que me invita a no se qué y me pregunta ¿cómo lo haces para que el día te cunda, yo no llego?
Pues yo tampoco.
Mi día de ayer:
A las 4,25 de la madrugada apagué el despertador antes de que sonase a las 4,30, porque ya estaba despierto y esperando a que sonase.Me levanto, lavoteo, primer café de la mañana, lloviznea en Madrid, miro a la avenida, apenas hay tráfico, los jardines continúan con nieve, escucho el ascensor que sube hasta el noveno, el vecino de abajo se marcha, compruebo que llevo todas las cosas en la cartera, vuelvo a por el móvil, a las 4,55 salgo de casa. El ascensor sube rápido porque el del noveno tiene la costumbre de llamarlos a todos, sigue lloviznando, voy al coche, salgo a la avenida, pasa el autobús, como siempre a falta de dos minutos para las cinco de la mañana, el termómetro marca 0 grados, a las cinco en punto en la rotonda la radio da cuenta de lo acaecido en Haití, la avenida sin tráfico, me para el semáforo del cruce de la M-30, a las 5,06 en el trabajo. Escribo la crónica de prensa que no escribí la noche anterior, la mando a los medios y cuando me quiero dar cuenta son casi las siete, un segundo café, mirada a la televisión, repaso por las tertulias, casi las nueve. Una vuelta, repaso de trabajos pendientes, a las 13,14 llega el relevo y camino de casa, tardo como es lógico unos minutos más, la salida de Conde de Casal la complican los semáforos. Sigue lloviznando en Madrid. A las 13,27 entro en casa, no hay nadie, repaso rápido a la prensa de la provincia. Hay que hacer la comida antes de que llegue Sergio. Cuando llega está casi hecha, una sopa y unos filetes, a punto de sentarnos llega Ana Mari. A las dos en punto comemos. Postre y café, a las 14,27 me tumbo en el sofá mientras escribo mi entraba al blog. Repaso al correo, son las tres, hora del telediario, no hay tiempo para verlo, lo escucho mientras me cambio. A las 15,14 salgo de casa. El metro llega puntual, a las 15,44 recojo el correo ordinario de la Casa de Guadalajara, repaso rápido, hay que ir a correos a depositar las revistas. El taxi pasa, lo tomo al vuelo, cinco minutos a Cibeles, cuatro euros el contador. La responsable de publicorreo de cháchara, me hace perder cuatro minutos. Cinco más y está hecha la gestión. Regreso andando, la Carrera de San Jerónimo hecha un cirio a cuenta de las obras del aparcamiento del Congreso. Sigue lloviznando cuando entro de nuevo en la Casa de Guadalajara, son las 16,21, entro en la oficina, el fax ha escupido tres hojas con problemas imprevistos que hay que solucionar. Me invitan a un café, lo tomo rápido mientras trato de descifrar el contenido del fax, primera llamada telefónica, no hay tiempo que perder, segunda llamada, una visita, otra llamada de consulta, suena el móvil, ya te llamaré. Compruebo que no he recibido la entrevista que esperaba, nueva llamada, suspendo mi desayuno con el concejal de distrito, lo dejamos para otro día, el viernes por la mañana me ha surgido un imprevisto y esa entrevista la pondré otro mes. Sigue el lío a cuenta de lo del fax, dos o tres llamadas más, el problema se remonta a 27 años atrás, hay que revisar todos los archivos. La colaboración que esperaba no llega, llamada de teléfono, el responsable está en Bruselas, ya te llamará, mañana cierro edición con lo que tenga, tú verás, sigue el lío, dos o tres llamadas más, Conchi suspende la conferencia, ya lo podías haber dicho antes, la gente espera, alguien me dice que son las 19,30, se me ha pasado la hora, dejo todo patas arriba, recojo el ordenador, lo meto en la cartera, se me olvida el paraguas, sigue lloviznando, pongo una nota a Mica, no me toque nada, deje todo como está, al retirar el cenicero me doy cuenta de que a lo largo de la tarde me he fumado un cigarro, debo de haber estado muy liado, aunque me tomé tres cafés, Gloria se despide, se terminó su contrato, la veo triste y le doy ánimos, no se preocupe ya saldrá otra cosa. Cierro la oficina, tomo el metro a las 19,47, a las 20,12 estoy en casa. Ana Mari está hablando por teléfono, pongo el ordenador, abro el correo, respondo, repaso, organizo, una cerveza. A las nueve la cena. Vuelta al ordenador, cuatro cosas más, tengo que cerrar la programación y me faltan cuatro páginas para completar, teléfono, te olvidaste, no me di cuenta, repaso la página de Atienza de los Juglares, compruebo que el nuevo buscador que me dio Agueda es un éxito, dos mil lecturas en cuatro días. A las 23,30 desenchufo el ordenador, sigo hasta que se agota la batería, son las 00,34 del jueves cuando miro por la ventana del dormitorio. Madrid al fondo, sigue lloviznando.
Me doy cuenta, ya en la cama, de que no recibí dos llamadas que esperaba. El móvil está sin batería. Conecto la radio, hablan de que el Barcelona ha quedado eliminado de la Copa del Rey, lo escucho mientras me colocó los cascos, compruebo que el despertador marca las 4,30 como hora de aviso. Me quedé dormido antes de conocer el resultado y qué equipo lo apeó del trofeo…
Y luego se confirma la desgracia de Haití, Santiago Arribas abre en teleaguirre “unos cien mil muertos, más de tres millones de afectados…, pero lo que más preocupa ahora mismo a España son los diez españoles desaparecidos…” Los otros 99.990 no preocupan, son ciudadanos de tercera, o cuarta, o quinta… después de todo, no son españoles…
Anoche, al abrir el correo, me encuentro con el de un amigo que me invita a no se qué y me pregunta ¿cómo lo haces para que el día te cunda, yo no llego?
Pues yo tampoco.
Mi día de ayer:
A las 4,25 de la madrugada apagué el despertador antes de que sonase a las 4,30, porque ya estaba despierto y esperando a que sonase.Me levanto, lavoteo, primer café de la mañana, lloviznea en Madrid, miro a la avenida, apenas hay tráfico, los jardines continúan con nieve, escucho el ascensor que sube hasta el noveno, el vecino de abajo se marcha, compruebo que llevo todas las cosas en la cartera, vuelvo a por el móvil, a las 4,55 salgo de casa. El ascensor sube rápido porque el del noveno tiene la costumbre de llamarlos a todos, sigue lloviznando, voy al coche, salgo a la avenida, pasa el autobús, como siempre a falta de dos minutos para las cinco de la mañana, el termómetro marca 0 grados, a las cinco en punto en la rotonda la radio da cuenta de lo acaecido en Haití, la avenida sin tráfico, me para el semáforo del cruce de la M-30, a las 5,06 en el trabajo. Escribo la crónica de prensa que no escribí la noche anterior, la mando a los medios y cuando me quiero dar cuenta son casi las siete, un segundo café, mirada a la televisión, repaso por las tertulias, casi las nueve. Una vuelta, repaso de trabajos pendientes, a las 13,14 llega el relevo y camino de casa, tardo como es lógico unos minutos más, la salida de Conde de Casal la complican los semáforos. Sigue lloviznando en Madrid. A las 13,27 entro en casa, no hay nadie, repaso rápido a la prensa de la provincia. Hay que hacer la comida antes de que llegue Sergio. Cuando llega está casi hecha, una sopa y unos filetes, a punto de sentarnos llega Ana Mari. A las dos en punto comemos. Postre y café, a las 14,27 me tumbo en el sofá mientras escribo mi entraba al blog. Repaso al correo, son las tres, hora del telediario, no hay tiempo para verlo, lo escucho mientras me cambio. A las 15,14 salgo de casa. El metro llega puntual, a las 15,44 recojo el correo ordinario de la Casa de Guadalajara, repaso rápido, hay que ir a correos a depositar las revistas. El taxi pasa, lo tomo al vuelo, cinco minutos a Cibeles, cuatro euros el contador. La responsable de publicorreo de cháchara, me hace perder cuatro minutos. Cinco más y está hecha la gestión. Regreso andando, la Carrera de San Jerónimo hecha un cirio a cuenta de las obras del aparcamiento del Congreso. Sigue lloviznando cuando entro de nuevo en la Casa de Guadalajara, son las 16,21, entro en la oficina, el fax ha escupido tres hojas con problemas imprevistos que hay que solucionar. Me invitan a un café, lo tomo rápido mientras trato de descifrar el contenido del fax, primera llamada telefónica, no hay tiempo que perder, segunda llamada, una visita, otra llamada de consulta, suena el móvil, ya te llamaré. Compruebo que no he recibido la entrevista que esperaba, nueva llamada, suspendo mi desayuno con el concejal de distrito, lo dejamos para otro día, el viernes por la mañana me ha surgido un imprevisto y esa entrevista la pondré otro mes. Sigue el lío a cuenta de lo del fax, dos o tres llamadas más, el problema se remonta a 27 años atrás, hay que revisar todos los archivos. La colaboración que esperaba no llega, llamada de teléfono, el responsable está en Bruselas, ya te llamará, mañana cierro edición con lo que tenga, tú verás, sigue el lío, dos o tres llamadas más, Conchi suspende la conferencia, ya lo podías haber dicho antes, la gente espera, alguien me dice que son las 19,30, se me ha pasado la hora, dejo todo patas arriba, recojo el ordenador, lo meto en la cartera, se me olvida el paraguas, sigue lloviznando, pongo una nota a Mica, no me toque nada, deje todo como está, al retirar el cenicero me doy cuenta de que a lo largo de la tarde me he fumado un cigarro, debo de haber estado muy liado, aunque me tomé tres cafés, Gloria se despide, se terminó su contrato, la veo triste y le doy ánimos, no se preocupe ya saldrá otra cosa. Cierro la oficina, tomo el metro a las 19,47, a las 20,12 estoy en casa. Ana Mari está hablando por teléfono, pongo el ordenador, abro el correo, respondo, repaso, organizo, una cerveza. A las nueve la cena. Vuelta al ordenador, cuatro cosas más, tengo que cerrar la programación y me faltan cuatro páginas para completar, teléfono, te olvidaste, no me di cuenta, repaso la página de Atienza de los Juglares, compruebo que el nuevo buscador que me dio Agueda es un éxito, dos mil lecturas en cuatro días. A las 23,30 desenchufo el ordenador, sigo hasta que se agota la batería, son las 00,34 del jueves cuando miro por la ventana del dormitorio. Madrid al fondo, sigue lloviznando.
Me doy cuenta, ya en la cama, de que no recibí dos llamadas que esperaba. El móvil está sin batería. Conecto la radio, hablan de que el Barcelona ha quedado eliminado de la Copa del Rey, lo escucho mientras me colocó los cascos, compruebo que el despertador marca las 4,30 como hora de aviso. Me quedé dormido antes de conocer el resultado y qué equipo lo apeó del trofeo…
Y luego se confirma la desgracia de Haití, Santiago Arribas abre en teleaguirre “unos cien mil muertos, más de tres millones de afectados…, pero lo que más preocupa ahora mismo a España son los diez españoles desaparecidos…” Los otros 99.990 no preocupan, son ciudadanos de tercera, o cuarta, o quinta… después de todo, no son españoles…