viernes, enero 22, 2010


POBRE KARMELE

Recuerdo una canción, hermosa, “esta España mía, esta España nuestra…” todos sabéis quien la cantaba y la desgracia que tuvo aquella mujer, fallecida en pleno éxito a consecuencia de un accidente de automóvil, Cecilia. Era, y sigue siendo, una de mis cantantes favoritas, tengo toda su discografía y, de vez en cuando, me pongo sus discos.
Pues esta España nuestra, que a veces se despierta con aires de poeta, hace tiempo que despertó a lo que yo llamaría el “tontoperiodismo”, una nueva asignatura que debería estudiarse en la Universidad, y que, por supuesto, daría tema.
Hay televisiones que usan de ella a cualquier hora, y la asignatura ha creado escuela. Ahí tenemos a las nuevas glorias nacionales, llámense Jordis, Karmeles, Estébanes, Lequios, Grandeshermanos a trocheymuche….
Es la nueva cultura que trata de enseñarse al pueblo a través del negocio televisivo. Personajes y personajillos que viven de sacar las tripas al respetable, y que el respetable los sigue por aquello de ver si es verdad que los unos a los otros se destripan cuando inician la saña de insultos entre advocaciones marianas que tratan de representar a las madres de cada cual.
Vergonzoso. Porque esas mentes pensantes deberían, con un poco de ética y moral, medir la consecuencia de sus actos o de sus palabras, o al menos, tratar de no poner en ridículo al país que representan, o ponerse en ridículo ellos/as mismos/as.
Hemos visto, y hemos asistido, a lo largo de los últimos años, a toda una sucesión de petardos/as a través de la televisión. De esos que venden los entresijos de sus interioridades, desde el intento de suicidio al momento en el que los parió su madre. Desde el momento en el que salen de sus casas, al encontronazo, supuestamente (porque ahora todo es supuesto hasta que se demuestre lo contrario) con la prensa que los trata de asediar.
En medio provocaciones a gente respetable. Insultos. Malas palabras… Cuando llega el caso, la querella, que los juzgados deben de estar repletos de querellas de esta, digamos gentucilla….
Luego con cuatro lágrimas lo arreglamos todo, antes el insulto y el daño.
La ínclita de la foto no creo que sea de esas que pasen a la historia del periodismo por su trabajo diario. Por su ridiculez (presunta) puede que si.
La pobre se ha quedado sin su momento estelar en Eurovisión. Lo malo es que sin Eurovisión, se hará de oro paseando de plató en plató, contando su historieta entre el aplauso berridosatisfactorio de sus congéneres de jaula. Lastimoso.
Los llevaría al zoo y, en jaula aparte, los mostraría a todos ellos, seguro que yo también sacaba cacho.
Suerte que, aunque ella se haga víctima y engorde su bolsillo con nuevos insultos y descalificaciones, alguien, con un poco de sensatez dijo eso de… pero en qué país estamos…
¡Qué vuelvan todas las Cecilias que se fueron..!