
NUNCA NIEVA A GUSTO DE TODOS
Resulta que todo el mundo quería ver nevar, y ha nevado. Ahora resulta que todo el mundo se queja de que ha nevado. ¿No queríais nieve? ¿En qué quedamos?
Resulta que ver nevar, a través de los cristales, es muy hermoso, de la misma manera que lo es, viéndolo desde detrás de los cristales, el paisaje blanco que queda; en las calles, sobre las arboledas, encima de los tejados o, como es el caso de la fotografía, sobre los monumentos más significativos de Madrid.
Pero la nieve tiene unos cuantos inconvenientes, puede que el mayor es que, acostumbrados a que ya apenas nieva, no sabemos, en las capitales, vivir con nieve, o movernos con nieve. Ayer tarde se comprobó en la capital de las Españas, todo cubierto de blanco y centenares de madrileños pillados de improviso a la salida del cine o del centro comercial, tratando de llegar a casa.
La televisión ofrecía reportajes para... bueno, omito la palabra, pero los reporteros parecía que se dirigían a eso, a bobos que nunca vieron la nieve.
Lógico que nieve. Estamos en pleno invierno, y si nieva en invierno es lo más normal del mundo. Lo anormal es que, con un Madrid colapsado, cuando desde los ayuntamientos, las instituciones oficiales y los centros de poder se está pidiendo a la población que no utilicen vehículos particulares, es que, durante toda la noche, hubiese estado abierto el Metro de Madrid, de alguna manera tendrían que regresar a casa quienes quedaron abandonados a su suerte, y de alguna manera tendrían que ir a sus trabajos quienes comienzan a trabajar antes de las seis de la mañana, hora de apertura del Metro madrileño.
Vamos, digo yo.
Lo dicho, es muy bonito ver nevar, pero... nunca nieva a gusto de todos... o si, de los propietarios de estaciones de esquí.
Alguien tendrá que estar contento, ¿no?