viernes, enero 15, 2010

DE LOS POBRES SERA EL REINO DEL ABSTRACTO

Alguien nos enseñó, desde que éramos niños, que todo aquello que no podíamos alcanzar, que no podía tocarse o que podía no ser real, formaba parte del abstracto, de lo irreal.
Ayer, en la televisión, en un magnífico documental rodado hace ya bastantes años “La ruta de Samarkanda”, hablaban de Laos, de Camboya y de Vietnam. Tres hermoso países, de una belleza sin igual en torno a montañas impresionantes y conductos de agua no menos inmensos. Inmensos campos de arroz y un río, el Mekong, poniendo vida a todo ello.
Son países pobres que tratan de escapar a la miseria de años de guerra y padecimientos a los que han sido sometidos, en unas ocasiones por sus propios dirigentes, y en otras por países desarrollados que han tratado, y tratan, de dominar el mundo.
En algún momento del documental se advertía que las increíbles bellezas de Laos y Camboya, la dulzura y conformidad de sus gentes, continuaba a pesar de aquellos años de bombardeos que asolaron sus campos, cuando lo de la famosa guerra de Vietnam, en la que el amigo americano se empeñó en que también, al igual que ya lo hacía con América, tenía la obligación de dominar Asia.
Todavía, contaban en el documental, se continuaban padeciendo los años aquellos en los que caían las bombas de los B-52. Dos bombas por minuto, durante veinticuatro horas al día, a lo largo de 9 años. Dieron cuenta del número de bombas que arrojaron sobre Laos y Camboya, y sobrecoge, porque las bombas caían sobre los pobres, sobre los campos de arroz, sobre los míseros caminos o carreteras en las que, después, se colocaban las minas anti persona, la bomba de los pobres que, con un costo de entre 3 y 20 euros, era, o es capaz, de matar a niños, a mujeres, a hombres, a animales… sin mayor riesgo. Y si no los mata, los deja inútiles. Como ha dejado a tantos. Una de las mayores industrias en esos países es la de la fabricación de sillas de ruedas, de piernas y manos artificiales…
Los propietarios de esas bombas son americanos, chinos, rusos… Las fábricas se extendieron por Europa, por Francia, España, Inglaterra… Se continúa matando con ese tipo de bombas, que son baratas y, después de todo, solo matan a los pobres y a los miserables.
En Hatí el terremoto no ha hecho distinciones, ha derribado palacios y casuchas. Ayer se preguntaban cómo era posible que las construcciones no resistiesen, y claro, se acudía a la miseria del país y la mala gestión de sus gobiernos. De esos gobiernos que fueron apadrinados por España, allá por el siglo XVII; por Francia después, hasta hace cuatro días; por Estados Unidos en tantas ocasiones y con tantos intereses.
Mientras los Duvalier y tantos otros se hacían impresionantemente ricos a cuenta de la miseria de su pueblo, con el beneplácito de los gobiernos franceses o americanos o vaticanos, el pueblo se resignaba a su miseria, y nadie decía nada.
Hoy asistimos a ver las impresionantes imágenes de la destrucción y el mundo entero acude en su socorro, también lo pudo hacer antes, mucho antes de que se condenase a un pueblo, por cuenta de los poderes terrenales de los países ricos, a su propia suerte, o la de sus gobernantes, que no podían alimentar al pueblo, pero a los que no faltaban créditos para armamento.
Esta madrugada daban cuenta del por qué ha ocurrido la desgracia, y se escuchaba de todo: “porque el pueblo de Haití hizo un pacto con el diablo en el siglo XVII y este es el castigo”, “porque se lo merece”, “porque…”, incluso un obispo español ha dicho algo así como que eso no es nada contra la falta de valores morales y espirituales… La mano de Dios, de los gobiernos del mundo, presente siempre en todo.
Alguien también nos dijo, cuando éramos niños, que de los pobres será el mundo de los cielos, que los pobres dominarán la tierra, que los ricos no entrarán en el reino de Dios, que…
Cabe una reflexión: ¿por qué, todo lo material, lo disfrutan los ricos de la tierra y todo lo abstracto, lo intocable, lo irreal, es una promesa para los pobres, que han de ver, incluso en la desgracia, la benevolencia humana y divina?