CON MI GRATITUD AL PUEBLO DE CAÑETE.
Soberana y alta señora:
Dolorido del corazón, que es el mayor y más grave de los dolores del hombre en padecimiento de amor, pues el corazón que no se adolece en ese sentimiento no es corazón, heme venido a estas cuevas que horadan la peña sobre la que se yergue la fortaleza de Cañete, al recuerdo del más galán caballero que en vida fuese don Alvaro de Luna, tan diestro a la espada, la adarga y la conquista de corazones, por aprender y sentirlo, pues aquí debió de ocultar sus embelesos, y aquí me hallo, preso del arrullo de los mirlos y el despeñarse de las aguas, cómo mi padecimiento se despeña, envuelto en la fragancia de las higueras, que paréceme es fragancia de amor. Al embrujo de esta umbría de pasiones, desde la que los pajarillos al saludar la venida de la aurora, parecen saludar vuestra presencia, que del mal de amores me viene a liberar.
Si gustases, como espero, socorrer este dolorido corazón que por vos padece, aquí me has de encontrar, suspirando como es ley de caballero andante, pues aquí he de permanecer hasta recibir la noticia que me libre y diga que vuestro corazón al mío asiste, y no es locura este retiro desde el que, con las mismas aguas que de lo profundo escapan, derramándose mundo adelante, escapan mis suspiros, para que los escuche el mundo y al hacerlo, sepa la pasión que siento. De no venir a socorrerme, como aquellos otros que antes por penar pena de amores se encerraron, aquí me encerraré, embrujando este pozo, para que escuchen los siglos venideros, cuando el cierzo apriete y silbe el viento, los ayes de vuestro ardiente y enamorado caballero, pues aguardaré, como a la aurora de vuestra presencia aguardo, a que las peñas se me cierren, encantando la cueva en encanto amoroso, por no ser de otra señora sino lo soy de vos, que en las cosas del amor no manda la razón, sino el sentimiento que enloquece a este dolorido corazón que por vos palpita, siente y escucho padecer, y el rescate de vuestros brazos impaciente aguarda para servir, amar y ser amado de su otro corazón que en vuestro pecho late y al mío ha de asistir.
Tuyo hasta la muerte.
El Caballero de la Triste Figura.
En Cañete a catorce de enero del año del Señor de 1605.
Dolorido del corazón, que es el mayor y más grave de los dolores del hombre en padecimiento de amor, pues el corazón que no se adolece en ese sentimiento no es corazón, heme venido a estas cuevas que horadan la peña sobre la que se yergue la fortaleza de Cañete, al recuerdo del más galán caballero que en vida fuese don Alvaro de Luna, tan diestro a la espada, la adarga y la conquista de corazones, por aprender y sentirlo, pues aquí debió de ocultar sus embelesos, y aquí me hallo, preso del arrullo de los mirlos y el despeñarse de las aguas, cómo mi padecimiento se despeña, envuelto en la fragancia de las higueras, que paréceme es fragancia de amor. Al embrujo de esta umbría de pasiones, desde la que los pajarillos al saludar la venida de la aurora, parecen saludar vuestra presencia, que del mal de amores me viene a liberar.
Si gustases, como espero, socorrer este dolorido corazón que por vos padece, aquí me has de encontrar, suspirando como es ley de caballero andante, pues aquí he de permanecer hasta recibir la noticia que me libre y diga que vuestro corazón al mío asiste, y no es locura este retiro desde el que, con las mismas aguas que de lo profundo escapan, derramándose mundo adelante, escapan mis suspiros, para que los escuche el mundo y al hacerlo, sepa la pasión que siento. De no venir a socorrerme, como aquellos otros que antes por penar pena de amores se encerraron, aquí me encerraré, embrujando este pozo, para que escuchen los siglos venideros, cuando el cierzo apriete y silbe el viento, los ayes de vuestro ardiente y enamorado caballero, pues aguardaré, como a la aurora de vuestra presencia aguardo, a que las peñas se me cierren, encantando la cueva en encanto amoroso, por no ser de otra señora sino lo soy de vos, que en las cosas del amor no manda la razón, sino el sentimiento que enloquece a este dolorido corazón que por vos palpita, siente y escucho padecer, y el rescate de vuestros brazos impaciente aguarda para servir, amar y ser amado de su otro corazón que en vuestro pecho late y al mío ha de asistir.
Tuyo hasta la muerte.
El Caballero de la Triste Figura.
En Cañete a catorce de enero del año del Señor de 1605.
