miércoles, mayo 27, 2009


VILLAESCUSA DE PALOSITOS, LA TRISTEZA DE UN PUEBLO.

Villaescusa de Palositos es uno de tantos pueblos que, en la provincia de Guadalajara quedaron despoblados a consecuencia de aquella feroz emigración que comenzó en la década de 1950 y continuó hasta dejar deshabitados un buen número de poblaciones.
El caso de Villaescusa de Palositos no es único, pero si llama la atención la lucha de sus descendientes por mantener las raíces de sus mayores.
Villaescusa ha saltado a la prensa nacional en múltiples ocasiones, y es habitual al menos desde hace cuatro o cinco años, desde que aquellos que dejaron la población y con ella sus recuerdos, han intentado regresar a él para encontrar que su población, aquella que dejaron atrás, en la que nacieron y crecieron sus mayores, se ha convertido en una especie de finca particular, y vallada, con la prohibición de paso, incluso a su cementerio. Gran parte del término municipal fue vendido por sus antiguos moradores y la población con su término, se dedica ala explotación agrícola y de caza.
Su actual propietario cercó y delimitó el término de Villaescusa de Palositos, una población que, junto a Torronteras y Hontanillas, nunca llegó a contar con carretera. Para llegar a estas poblaciones había que hacerlo a través de los antiguos caminos de herradura.
Fue la esencia de la charla que se ofreció en la tarde del martes en la Casa de Guadalajara en Madrid, charla coloquio, con proyección de imágenes, a cargo de Carlos Otero Rey y de Juan Antonio García Ramos, quienes fueron esbozando la vida de un pueblo, cuando este tenía vida. Y la vida de las gentes de este pueblo, cuando en este pueblo había gentes.
Nada hay más doloroso que tener que abandonar la tierra natal, eso lo conocían la mayoría de las personas que, en elevado número emigrantes en Madrid, llegaron a la capital de España a la búsqueda de una vida mejor, y se trasladaron a la Casa de Guadalajara en Madrid para escuchar hablar de su pueblo. Demostrando que la Casa de Guadalajara en Madrid continua siendo el eje sobre el que se mueve el mundo de la emigración provincial.
Pero lo que hace peculiar el caso de Villaescusa de Palositos no es que quedase despoblado, o que parte de su término municipal fuese adquirido por un único propietario, sino que ese propietario cercase el término municipal y haya incluso dificultado el acceso al cementerio de la población para todos aquellos que en aquella tierra mantienen sus recuerdos familiares de un tiempo que, tal vez no fue mejor, tal vez fuese diferente.
Año tras año se viene repitiendo la “marcha de las flores”, una reinvicación de quienes salieron por tener el derecho a llevar flores a sus mayores, a quienes allí descansan. En aquel cementerio no se entierra a nadie desde 1972, pero hasta esa fecha fueron muchas las personas quedaron en él.
Su acceso está vallado, lo mismo que el acceso a la iglesia, a los caminos, a las veredas aquellas de la ruta de la lana, caminos estatales, municipales, patrimoniales de todos.
¿Hay alguna solución para ello? Pues tal vez si, que lo que es de todos siga siendo de todos, y lo que es de propiedad particular continúe en la propiedad particular.
Fueron algunas de las cosas que se escucharon a lo largo de la tarde y, observando la tristeza en los ojos de muchos de los hijos de Villaescusa de Palositos, cuando se habla del traslado de la iglesia o de la desaparición o, también, traslado del cementerio, a cualquiera de quienes un buen día tuvimos que dejar nuestra tierra natal se nos ocurre pensar lo mismo: “dejadnos al menos mantener los recuerdos sobre la tierra que originó esos recuerdos”.
Fue una tarde intensa para muchas de las personas que se reconocieron en las imágenes que se fueron proyectando y que, tan solo piden el derecho de poder acudir, al menos una vez al año, sin que nadie se interponga en su camino, a depositar unas flores sobre el montículo de tierra bajo el que reposan sus antepasados.

Tomás Gismera Velasco.

lunes, mayo 25, 2009


El domingo de Pentecostés se viene celebrando en la villa de Atienza, año tras año desde hace más de ocho siglos, la conmemoración de un hecho histórico que figura en los anales de la Monarquía española. La Caballada, como popularmente se la conoce desde antiguo, no es una fiesta en el sentido que suele darse a la palabra. Es más bien un ceremonial destinado a recordar el salvamento del rey niño Alfonso VIII por los recuerdos o arrieros atencinos en el año 1163.
Un gran conocedor de ésta centenaria tradición, Tomás Gismera Velasco, cuenta en éste libro la historia de la liberación del futuro vencedor de la decisiva batalla de las Navas de Tolosa, quien se había refugiado tras los muros de Atienza cuando su tío, el rey Fernando de León, puso cerco a la villa para apoderarse de su persona y de su reino. Es una historia de banderías políticas y enfrentamientos armados entre dos poderosas familias, la de los Castro y la de los Lara. Una historia que termina cuando los atencinos, fieles a la Monarquía castellana, burlan a los soldados del ejército sitiador y conducen al rey niño a Avila, donde están sus partidarios, en un viaje que durará siete jornadas.
Gismera Velasco estudia los orígenes de la Cofradía, cuya fundación es anterior al “acto heroico” de 1163, y a la que Alfonso VIII, ya mayor de edad, concedió un fuero con ocasión de una de las visitas que hizo a la villa que le había sido leal. La Cofradía conserva una serie de valiosísimos documentos antiguos por los que sucesivos monarcas de Castilla confirmaron el Fuero de Alfonso, así como el pergamino de las Ordenanzas, fechado el año 1200, por las que se rige todavía La Caballada.
Lo extraordinario y también lo emocionante de éste ceremonial conmemorativo de la gloriosa efeméride, reside no solo en su antigüedad, sino en el hecho de que más de ocho siglos de existencia no han desvirtuado en lo esencial la pureza de la histórica celebración. Esta tradición atencina nunca se ha visto interrumpida y ha mantenido con rigor el solemne y complicado ceremonial que el lector podrá conocer a través de las páginas de este libro.
Para cuando en la mañana del domingo de Pentecostés el secretario o fiel de fechos transmite a los hermanos reunidos la orden de “¡A caballo!”, la Cofradía ha estado preparando durante todo el año la conmemoración. La Junta General se ha reunido el día de San Isidro, uno de los patrones de la Cofradía, y volverá a reunirse el domingo de Trinidad, su advocación principal, para “echar la vara” al nuevo Priostre, cargo que se renueva cada año. La Mesa de La Caballada, compuesta por el mismo Prioste, más comúnmente llamado Priostre, el Seis Principal que es el Priostre del año anterior y máxima autoridad de la Cofradía, los Seises, el Mayordomo y el Secretario, todos ellos convocados por el Manda, se ocupan, desde el mismo día en que termina la celebración de un año, de los preparativos conducentes al mayor esplendor de la conmemoración del año siguiente. El lector de éste libro podrá seguir paso a paso el ceremonial de La Caballada, Cofradía a la que pertenezco y de la que en la actualidad soy su Seis Principal. A la que agradezco el nombramiento que me hizo como “Caballero Honorario”, inmerecido honor que me llena de orgullo, con la circunstancia de que fue Tomás Gismera quien me impuso ese título, en su casa tomé por vez primera parte de La Caballada como hermano de ella, y de Gismera recibí la “vara” de Priostre y las sucesivas nociones históricas que, en torno a la Cofradía, fui conociendo.
A mi, por último, me toca tan solo llamar la atención sobre la pervivencia de la tradición varias veces centenaria de una Cofradía que se cuenta entre las más antiguas de España, y también recordar que La Caballada se celebra año tras año bajo lo que el Cantar del Mio Cid llamó “la peña mui fuort de Atienza”, en una villa que debió de ser ya ciudad importante de los arévacos, hace más de dos milenios y que, a lo largo de los siglos, acumuló, como puede verse en sus iglesias y en sus Museos, un incomparable tesoro de arte.




LUIS CARANDELL.
Julio 1994.

EL 31 DE MAYO. LA CABALLADA



… Y cuando cogió el cetro, quiso premiar la bizarría y tesón de los arrieros de Atienza concediéndoles el privilegio de llamarse caballeros, y el de constituirse en Hermandad o Cofradía, para practicar entre si la caridad y ayudarse en los trabajos de la vida. Desgastada por el tiempo, llega esta Hermandad a nuestros días y anualmente en el de Pentecostés, celebra su hazaña con como simulacro de ella a la que se da el nombre de La Caballada”.

Benito Pérez Galdós.
“Narváez”.

sábado, mayo 23, 2009

Atienza, calendario festivo tradicional:
Día 22 de mayo. Santa Quiteria. Se celebraba con Misa Mayor en la iglesia de la Trinidad. A la misa se llevaban panes y sal que habitualmente eran tendidos ante el altar, para recibir durante los oficios la bendición del abad y ser empleados posteriormente para dar de comer a los animales, como protección de enfermedades, ante todo a los perros, de la rabia.

jueves, mayo 21, 2009


Un lujazo, gracias Valeriano, por el detalle.


LA COMUNIDAD DEL TORO DE LA VILLA
Foto: T. Gismera.Cantalojas

La noble e hidalga villa de Atienza, como el buen vino, ha ganado en prestancia con el paso de los años, ahora, aunque mermada en oficios, funciones, hidalgos y habitantes, ya no es aquel misérrimo caserío que describen los viajantes del barroco, ni siquiera andado el tiempo los del siglo XIX, e incluso de los comienzos del XX. Durante este siglo, al mismo tiempo que mermaba en número de habitantes, crecía en algo tan importante como es la reconstrucción de sus más emblemáticas enseñas, castillo, murallas, plazas e iglesias. Hasta catorce o quince según las cuentas llegó a tener. Servidas por más de un centenar de clérigos quienes, reunidos en Cabildo, llegaron a ser tras el Obispado de Sigüenza y algún que otro señorío provincial, los más ricos terratenientes de la comarca, hasta que vinieron las desamortizaciones de la mitad del siglo XIX que les dejaron con lo puesto.
Gran parte de la culpa de ese empaque que hoy ostenta es debida a la incansable labor de uno de los más ilustres hijos que ha dado la provincia de Guadalajara, Francisco Layna Serrano, quien la conoció arrumbada y la dejó caminando con el orgullo erguido. Otros lo intentaron antes y otros lo intentarán después, y entre todos han dicho mucho sobre la villa, a pesar de que tanto queda por decir que necesita más de un libro de páginas sin numerar para dejar reflejo de sus cosas.
Cuatro molinos harineros, quince tenerías, siete hornos de poia, seis mercaderes de bayetas, ochenta y dos arrieros, siete tratantes de suela y cordobán, veinticinco tejedores de paños, trece tejedores de lienzos, veintisiete zapateros, una docena de fraguas, media de herrerías, batanes, bodegas, cuarenta telares en funcionamiento... Nada queda de todo aquello que el tiempo se llevó.
Sin embargo, y aún a pesar de esa ligera industria tan necesaria en población con crecido número de habitantes, contó con una comunidad de propietarios de las pocas provinciales, porque también las hubo en otros lugares, curiosa por sus fines, tanto como por su dedicación, La Comunidad de Propietarios del Toro Semental, constituida el día 13 de mayo de 1929 con un total de 81 ganaderos propietarios de ganado vacuno, excluyéndose, porque en sus orígenes no quisieron participar, los propietarios de vacas de leche. Unidos bajo un mismo reglamento:
Primero: Todos los ganaderos que posean vacas siendo partícipes o copropietarios del toro semental, quedan obligados al pago de la alimentación de dicha res, desde primeros de mayo de cada año hasta igual fecha del siguiente.
Segundo: Quedan obligados a pagar la cuota correspondiente...
Al día de hoy puede resultarnos harto curiosa esta comunidad de la que nunca antes se había escrito, sin embargo cubrió fines primordiales para los ganaderos, del mismo modo que sus libros de actas y cuentas son hoy el reflejo de una época que comenzó a marcar, como en otras muchas poblaciones el inicio de la modernidad.
El viajero, que ha tenido ocasión de tener en sus manos esos libros, no puede retraerse a dejar constancia escrita de la época reciente en la que en Atienza tan solo quedaban ya algo más de quinientas cabezas de ganado vacuno, en la actualidad no queda ninguna, como tampoco puede retraerse a consignar algunos acuerdos textuales que son fiel reflejo de vivencias, modismos y costumbres desaparecidas al día de hoy, pero indudablemente arraigadas a nuestras costumbres y nuestro particular vocabulario.
De la importancia de esta asociación, que posteriormente amplió sus fines, da cuenta el hecho de que tan solo unos pocos años más tarde a su fundación, el número de afiliados prácticamente se doblase y llegase en semejante situación hasta mediados de los años sesenta del siglo XX, cuando la emigración barrió nuestros pueblos como si fuera un vendaval.
Sus fines, en principio limitados a la posesión entre todos los propietarios del llamado toro de la vacada, o semental, se fueron ampliando hasta convertirse en una especie de agencia de seguros para todos los propietarios de ganado vacuno, de forma que si una vaca de cualquiera de los asociados moría, lo que dadas las circunstancias podía llegar a ocasionar una verdadera ruina familiar, esta era tasada y su importe reintegrado al propietario a escote por el resto de los ganaderos. Ya que por aquellos años las agencias de seguros no se ocupaban de este tipo de menudencias, y si lo hacían, la inmensa mayoría de los propietarios de ganado, lo desconocía.
Ejemplo de corporativismo y por supuesto de unión vecinal, que quizá en la actualidad se eche a faltar, como sucede en otros lugares. Los tiempos modernos también han roto de alguna manera la unión vecinal.
Estaba compuesta por cinco directivos, presidente, secretario, contador y dos vocales, cuyos cargos se renovaban anualmente entre todos los asociados.
Costó el primer todo comunal la nada desdeñable cifra de 2.250 pesetas. Buen negocio, pues tras cubrir más de setecientas vacas fue vendido dos años más tarde por idéntica cifra.
Casi siempre fue así, el toro viejo se vendía o remataba en pública subasta entre los propietarios por una cantidad superior a la de su adquisición. El beneficio se repartía entre los copropietarios. Entre cinco y quince pesetas, según los tiempos, llegaron a percibir de beneficio, salvo en al menos una ocasión, 1939, año en el que los entonces componentes de la Junta decidieron regalar el toro de la vacada a los miembros del ejército que a las órdenes del capitán Héctor Vázquez y del comandante Melero, permanecieron en Atienza durante el tiempo de la contienda. El toro fue sacrificado en el matadero municipal, y cargado en un camión marchó a Guadalajara.
Se perdió la comunidad, y la vacada, con la emigración, como se perdieron en otros pueblos junto con la muletada o la cabrada.
He aquí algunas datas del libro de actas:
Mayo de 1947: más que se me olvidaba alpuntar que la noche que se llamó al vaquero nos gastamos cinco pesetas en vino.
Mayo 1949: la junta directiva toma el alcuerdo que A.C. a hechado los bueyes al monte y no ha querido pagar la entrada del dicho Toro porque tenía que pagar 99 pesetas, ahora que el día que este señor necesite del Toro ya lo esperamos, ya.
Mayo de 1953: Gastos de Benta y compra del toro, más una gratificación al que nos adelantó los cuartos pa comprarlo y del alboroque, 48 pesetas.
Mayo de 1957: Del traernos en su carro la Teresa cuando veníamos andando de la feria de Sigüenza y nos alcanzó por Angón, sesenta pesetas.
Mayo de 1960: De la botella de anís y las galletas del día que las vacas salen al monte, 52 pesetas.
Si algo llama la atención en Atienza, sobre todas las cosas conocidas, es el relicario en el que se conservan dos espinas de la corona de Cristo. Una más hay en Prados Redondos, y a la iglesia de San Nicolás de Guadalajara entregó una astilla de la cruz el conde de Coruña en el siglo XVI; la misma que todos los domingos de Lázaro era bañada en el río para prevenir las acometidas del agua. De los milagros de unas y otras queda registro en las correspondientes parroquias, y ciertos o no, pasaron a pertenecer al costumbrismo local a través de sus dichos, coplas y cantos:
Atienza tiene una espina,
Que cabe en una jinoja,
Más su poder es tan grande,
Que llena el mundo de gloria.
La posesión de reliquias fue una constante a partir de la Reconquista, y la villa de Atienza, tan poderosa en aquellos tiempos, no iba a quedarse atrás. Tan solo en la iglesia de San Juan del Mercado, que preside la impresionante plaza del Trigo, se contabilizaban siete. Un trozo de velo de la Santísima Virgen María. Una astilla de la verdadera cruz, así como huesos de San Plácido, San Cosme, San Anastasio, San Antonio, y Santa Lucía.

miércoles, mayo 20, 2009

Tan atrasado estoy en noticias que me llegó tarde la muerte de Mario Benedetti. Me enteré anoche. Me encantaba Mario Benedetti, su sencillez, la de los grandes personajes, por encima de todo. Hace unos años coincidimos en un acto, tuve el privilegio de dedicarle uno de mis libros "para el maestro, con sonido de bandoleon", le puse.
Por siempre Benedetti. Por siempre Mario.

domingo, mayo 17, 2009


Está claro que Atienza necesita una casa de la cultura,donde si viva la cultura, se sienta la cultura y se respire un aire cultural, Me uno a la Asociación Sibilas de Atienza en esa petición que hacen de que la antigua Posada del Cordón, ahora cerrada y en probable proceso de deterioro interior se dedique, entre otras cosas, a CASA DE CULTURA.

lunes, mayo 11, 2009

Atienza es.... Atienza

La Virgen de los Dolores es la patrona de la Villa de Atienza. Es un patronazgo reciente, de hace apenas tres siglos. Tomás Gismera nos desvela cómo llegó la imagen a la villa, cómo se fue convirtiendo en una de las principales devociones de los atencinos; cómo sus hijos fueron haciendo que esa devoción llegase hasta nuestros días, incluyendo entre la obra un ligero esbozo de la biografía de Bruno Pascual Ruilópez, ilustre atencino y mecenas de algunas ofrendas, como su famoso "Rosario de faroles".

Tomás Gismera Velasco es uno de los etnógrafos que más ha seguido el devenir del as costumbres festivas en la Serranía de Atienza, a través de esta conferencia, pronunciada en Guadalajara,conmotivo del carnaval, nos retrata la vivencia y nos acerca, a las diferentes muestras carnavaleras de la Serranía.

La Santas Espinas de Atienza es una de las devociones más sentidas de la villa medieval, a través de este estudio Tomás Gismera nos acerca a la devoción, a las costumbres, a los sentimientos de un pueblo que tiene, en la reliquia, una de sus identidades más solemnes.
Santiago de Compostela.
Ayer recibí los libros suyos sobre Ochaíta y Layna, la presentación de este último es por cierto impecable, y los he devorado con verdadero gusto y regusto, evocando vivencias de mi infancia. Soy hijo de Juan Manuel Pardo Gayoso, gobernador de esa provincia durante aquellos años.
Por estas líneas quiero expresarle mi felicitación por el acierto con que ha materializado estos dos empeños justísimos.
Mi padre nos transmitió a todos los hermanos un especial afecto por Guadalajara y la Alcarria entera. Libros como estos dos suyos que rinden homenaje a dos hombres buenos, defensores de su tierra, me reafirman todavía más si cabe, en mis sentimientos.
Eduardo Pardo de Guevara y Valdés. Director del Instituto de Estudios Gallegos "Padre Sarmiento".

José Antonio Ochaíta es una de las voces más personales de la poesía española del siglo XX. Esta afirmación que aparece en la contraportada del libro es la esencia de la biografía que ha escrito Tomás Gismera Velasco, y que viene a poner en su lugar exacto la figura y la obra de ese jadraqueño irrepetible.

A Tomás Gismera Velasco le ha salido una biografía redonda. Sencilla, sin alharacas de notas bibliográficas; con el dedo limpio de la prosa legible y el sentimiento hondo de la humanidad que desborda.

Un libro estupendo que se lee de un tirón, y que se guarda, porque siempre apatecerá releer sus coplas, sus piropos, su dramático "Manos nuevas para tierra vieja..." con el que murió, puesto en los labios, una noche de verano en Pastrana.

Antonio Herrera Casado. Cronista Provincial.

Este libro es, simple y llanamente, una biografía de don Francisco Layna Serrano. El médico que desde su juventud supo combinar la ciencia sanadora con el esfuerzo estuidioso de analizar la historia de su tierra natal.

En él, Tomás Gismera demuestra que ha llegado a la hondura de la persona, una talla altísima que en esta obra de Tomás Gismera cuaja, y demuestra la categoría de escritor que tiene quien ha concluido una obra de quien fuera, durante cuarenta años Cronista Provincial, y hombre volcado, sin esperar nada a cambio, en la defensa de esta tierra.

Libros Uno por Uno.


Guadalajara, crónicas de un siglo, es una nueva aportación, y muy valiosa, en esa oferta provincial, cada día más cuidada y más intensa, de lo que fue, es, o quiere ser esta tierra a la que Cela califica de "hermoso país al que a la gente no le da la gana de ir".

Se ha dicho que los buenos libros, como los corazones, tienen pulso y latido. Y lo tienen a despecho de tamaños, formatos y presentación editorial. Los libros que no laten, los libros fríos, sin temperatura propia, conducen al hastío del lector y al abandono. Tomás Gismera ha escrito un libro con pulso porque lo ha hecho con el corazón, con sensibilidad exquisita, con amor, con respeto casi reverencial a las tierras, las vivencias y las gentes que por él desfilan.

Me atrevería a decir que Gismera, desde la atalaya bravía de su Atienza, se ha asomado al balcón de cien años de toda una provincia, aupado a un trabajo de investigación laborioso, de paciente manejo de documentos y periódicos, pero sazonando cada relato con la aportación personal de lo directo o de la referencia próxima del terreno que pisa y de las gentes que trata.

No busquemos en el libro la historia rigurosa y exigente del transcurso de un siglo. Gismera, yo creo que de una manera acertada, ha huido de ello y nos ha servido su trabajo en forma de crónicas, donde hasta lo heterogéneo, el juego con los años, el relato o la cita aparentemente inconexo, prestan contagiosa amenidad, gratificante soltura y admirable desparpajo.

Sería un placer entrar en un análisis más detallado, pero el protagonista, en la presentación de un libro, siempre es el autor. He disfrutado con esemodo de sístole y diástole del corazón denuestra provincia, humilde hasta el ventaval de la guerra, encogido con una recuperación difícil, desnortado y sin pulso en buena parte cuando la despoblación de los cincuenta y los sesenta, y esperanzado en una recuperación que Gismera hace aparecer, como una bocanada de aire fresco, en la última década.

No están ya para verlo los que un día aciago tuvieron que marchar, ni las lágrimas de los que, impotentes para la aventura, se resignaban con la despedida.

Ni están Layna Serrano, defensor apasionado de nuestra historia y nuestras piedras; ni José Antonio Ochaíta, que se murió con un puñado de versos junto a los muros de la Colegiata de Pastrana; ni Buero Vallejo, ni Lera, ni Alonso Gamo, ni Ramón de Garciasol, ni José de Juan, ni García Perdices, ni tantos otros que Gismera ha traído a su libro y su recuerdo.

Ni Lino Bueno, el de la Casa de Piedra de Alcolea del Pinar, ni los muchos alcaldes, secretarios, Obispos y curas o modestos vecinos que se han quedado para siempre en el libro.

El ayer remoto, el ayer inmediato y el hoy, tienen tratamiento prolijo en la obra de Gismera. Es un contar vivencias que recorren y perfuman la transformación paulatina de todo ese acerbo y que a la fuerza de próximo y humano sigue oliendo a verdad, como laleña verde de las chimeneas, el pan que ya no se hace en el horno comunal; la cera delaprocesión del día de la fiesta o el inconfundible paso de la dula de las cabras a la vuelta del careo.

De todo eso, de cómo era, de cuándo y por qué dejo de ser, y por qué se ha transformado nuestra provincia, hay mucha huella feliz en el libro de Gismera.

Gracias, por haber consentido que yo pudiera proclamarlo.

Salvador Toquero Cortés.


CULTURA AERONÁUTICA/HOMENAJE A UNA GESTA. "El vuelo del Cuatro Vientos. La última hazaña" de Tomás Gismera, fué ayer presentado en la Casa de Guadalajara de Madrid
Aviaciondigit@l
El trabajo que ayer se presentó en la Casa de Guadalajara, culmina un año repleto de conmemoraciones en el 75 Aniversario del vuelo del Cuatro Vientos. Como si tambien quisiera hacer partícipe de aquel trágico destino, los ejemplares recién salidos de la imprenta sevillana, viajaron por error a Guadalajara en México, donde se celebrará en estos días la Feria del libro. Una premonición sobre el pasado, los primeros ejemplares están en América, y su autor, tiene que presentar su obra con unas copias realizadas a matacaballo aquí en España. Cosas del directo. Merece la pena poder leer noveladamente, cómo se abrió la ruta latinoamericana, desde España. Las compañías aéreas españolas deberían agradecer esta gesta una vez al año.


El mérito de una obra histórica, novelada, como es el caso, es acercarnos a los protagonistas, a los personajes que vivieron esta epopeya aeronáutica, una de las últimas hazañas aeronáuticas de todos los tiempos, protagonizada por un guadalajareño y un catalán de Figueras, apoyados por un toledano, como mecánico del vuelo.
Las circunstancias convulsas en los prolegómenos políticos de la Guerra Civil en España, así como la situación en México y Cuba, tambien convulsa, nos sitúan historicamente en las circunstancias que rodearon el hecho aéreo.
Las intrahistorias de Barberán, Collar y Madariaga, nos indican que independientemente de lo institucional, de lo oficial que en la historia trasciende, las personas cuentan y lo hacen mucho, en cualquier acontecimiento histórico. Esta "aventura" tenía su cerebro gris, su ímpetu y sus manos ejecutoras. Así es como se perciben a los personajes que la hicieron posible.
Efectivamente piloto y navegante, cruzaron el Atlántico por primera vez abriendo esta ruta, y sellaron un importante activo para la aviación comercial, que hoy en día sigue explotando alguna compañía española con éxito indudable. Esta nueva ruta hace buena la idea de la practicidad de la historia aeronáutica, de la rentabilidad de esa historia.
La novela de Gismera se basa en la repercusión mediática que tuvo en su momento la gesta aérea. Pero Gismero, una vez documentados los datos de la historia, es capaz de trascender al diálogo de los personajes, convirtiendo un volumen histórico, en un guión cinematográfico para el lector. Es de agradecer en aras a la comodidad y a la comprensión del hito que protagonizaron estas personas de carne y hueso.
No se ha centrado en el trágico final, ni apoya una u otra tésis -la caída al mar o el asesinato indígena-, lo deja abierto. Lo que consigue con su novela es un atrezzo consistente para entender el conjunto y el detalle. En cualquier caso, una idea que surgió ayer en la presentación del libro, es que lo que mantiene viva la leyenda del Cuatro Vientos, es ese final sin cerrar. Probablemente si todo hubiera discurrido, según lo previsto, incluso terminando la gesta en Chicago, desfilando sus protagonistas por una gran avenida de la "Ciudad del Viento", hoy ya estaría inmersa en la amnesia colectiva de lo positivo de nuestro pasado común. Quizás el que siga volando aún la leyenda, es lo que la mantiene viva.
Tomás Gismero, con su trabajo, contribuye a que la llama al aviador, que hoy celebra su Patrona, siga ardiendo.

La Caballada de Atienza es una de las fiestas castellanas más conocidas. Tiene más de 800 años de existencia, y recuerda con su celebración el sacrificio que hizo la gente de Atienza, particularmente sus recueros o transportistas de mercancías con mula, al salvar la vida del joven rey Alfonso VIII cuando estando en la villa fue sometido a un acoso por parte de su tío el rey de León.Memorando aquella actitud de todo un pueblo, quedó la costumbre de reunirse, el domingo de Pentecostés, los hombres de la cofradía de la Santísima Trinidad, montados a caballo y vestidos con sus capas pardas, para peregrinar a la ermita de la Virgen de la Estrella, y en los alrededores del castillo-fortaleza entretenerse echando carreras.De aquella costumbre derivó la actual fiesta, más compleja de ritos, de búsquedas, de proclamas y subir y bajar por las calles. La esencia, que es el compañerismo de los cofrades, su ideal de salvar Castilla, su elegancia en el vestir y en la carrera, eso ha quedado y se mantienen incólume por los miembros de la Cofrafía.Uno de ellos, que ha sido muchos años su prioste, ha escrito un libro magnífico, entretenido y útil. Tomás Gismera Velasco ha escrito una “Guía de la Caballada” que supone decir con detalle la sucesión de ritos de la fiesta, desde el viernes tarde hasta el domingo. Y que cuenta su historia, sus costumbres, sus nombres antiguos, dando además un conglomerado denso y hermoso de fotografías y grabados de los personajes que identifican a la fiesta.Este libro es de AACHE, la editorial de Guadalajara, y aunque tiene 88 páginas solamente, y muchas fotos en color, da la noticia justa, fundamental y suficiente para con ella ir a contemplar, en la próxima primavera, el correr de caballos y caballeros por las cuestudas callejas de esta medieval villa.

Una Revista que nos habla y nos hablará delo que importa en Atienza: cultura, memoria, historia y vidaDesde Atienza nos llega la noticia y la evidencia de una nueva voz. Atienza tiene voz, tiene gentes que la gritan. Tras siglos de decadencia, tras años de sueño, tras dormir entre las sábanas de la historia, Atienz resulta estar viva, y un buen grupo de sus vecinos, y naturales, proclaman a los cuatro vientos su viveza y su realidad.Acaba de aparecer la Revista "Atienza de los Juglares" que dirige y promueve Tomás Gismera Velasco. Escritor e investigador, activo animador de la cultura en Atienza y en la Casa de Guadalajara de Madrid, ahora nos regala las páginas de esta Revista que, -dados los tiempos- solamente aparecerá en forma digital. Pero así de fácil nos lo pone que desde aquí se puede leer, con un simple click de ratón.Además de las palabras introductorias de Tomás Gismera, su director, aparecen páginas con interesante contenido, como el retrato de la Caballada que hace José Antonio Ochaita (un escrito suyo de 1956), la Crónica de la Semana Santa 2009 por Andrés Yagüe, análisis de un personaje, Don Bruno Pascual Ruilopez, a quien está dedicada la plaza del Trigo, "Atienza en el ayer" de Tomás Gismera, buen inicio para una crónica que promete ser interesante, y la conferencia titulada "Guadalajara, presente y futuro" que el 14 de abril de 2009 dictó en la Casa de Guadalajara el joven periodista Raul Conde Suárez. Con imágenes, buena maquetación, y sobre todo fervor atencino, esta Revista "Atienza de los Juglares" promete ser una nueva voz que nos recuerda que Atienza está viva.