LA CRISIS DE LAS GALLINAS
La noche del pasado martes, mientras celebrábamos algunas buenas noticias, todavía por confirmase de manera impresa, un buen amigo me recordó que tenía abandonados mis artículos de opinión, que fueron bastante celebrados tiempo atrás, hasta que alguien descubrió quien se escondía tras ellos y decidí plegar velas. Me recordó que tenía abandonado este blog, y es cierto, hacía tiempo que no lo tocaba, lo abrí para expresar mis sentimientos después de suspender una comparecencia que tenía prevista en la Televisión de Guadalajara el 28 de enero y después lo utilicé para otras cosas que, por supuesto, siempre son de provecho.
Le prometí que de vez en cuando escribiría algo y anoche me llamó a decirme que muy bien, lo de la reunión de los Gismera en Atienza, o en la Casa de Guadalajara en Madrid, está por definir.
Anoche, mientras regresaba a casa, iba pensando en lo que poner hoy en el blog, por supuesto algo ingenioso. Y como en aquellos artículos comencé hablando de la crisis, cuando la crisis no era tal crisis, o estaba por definirse si era crisis o recesión del consumo, problemas económicos o quien sabe el qué, encontré la solución a ella, a la crisis.
Tengo la solución para salir de ella, maíz.
Bueno, o trigo, depende. La solución debe de estar, de cualquier manera, en los cereales.
Desde hace unos años, cuando conocí a un productor de huevos alcarreño y me enseñó su granja con unos cuantos miles, bastantes, de gallinas, y le hice la broma fácil de “seguro que eres uno de los tíos con más huevos de España”, todos los años, por Navidad, nos manda a casa 48 huevos, de los de dos o tres yemas que luego repartímos entre la familia. Yo creo que por presumir de los mismos.
Para Semana Santa, por lo de las torrijas, nos manda 24, de los de una yema, que se perdona por lo del colesterol.
Pues al llegar a casa me dice mi mujer:
-Esta semana no hay que comprar huevos.
Desde luego que, digan lo que digan, el huevo es un arte. Porque, a ver, de no ser una hermosa, oronda y altanera gallina alcarreña, ¿Quién es capaz de poner un huevo de tres yemas con sabor a Guadalajara?
Me cené un huevo frito, con su apetitoso aceitito de oliva virgen extra (el domingo me trajeron una botella de Jaén, mal está decirlo porque en la Alcarria también tenemos buen aceite), sabía a Guadalajara, el huevo, claro.
Lástima que este año la dichosa crisis haya alcanzado también a las gallinas. ¿Tal mal anda la cosa?
Es que en la caja, con la clásica nota de felicidades habitual tan solo había doce huevos. ¿Y los otros 36?
Los míos, este año, se quedan sin huevos.
Me ha surgido la duda y es algo que un día de estos tengo que aclarar, ¿somos nosotros los que estamos en crisis, o son las gallinas?
A Curri Valenzuela se lo pregunto en cuanto la vea, que ella se lo sabe todo.
Quien manda, manda. ¿Certain ou non, monsieur le président? ¡Hay Sarkozy, cuánto vales y qué poco te quieres!
La noche del pasado martes, mientras celebrábamos algunas buenas noticias, todavía por confirmase de manera impresa, un buen amigo me recordó que tenía abandonados mis artículos de opinión, que fueron bastante celebrados tiempo atrás, hasta que alguien descubrió quien se escondía tras ellos y decidí plegar velas. Me recordó que tenía abandonado este blog, y es cierto, hacía tiempo que no lo tocaba, lo abrí para expresar mis sentimientos después de suspender una comparecencia que tenía prevista en la Televisión de Guadalajara el 28 de enero y después lo utilicé para otras cosas que, por supuesto, siempre son de provecho.
Le prometí que de vez en cuando escribiría algo y anoche me llamó a decirme que muy bien, lo de la reunión de los Gismera en Atienza, o en la Casa de Guadalajara en Madrid, está por definir.
Anoche, mientras regresaba a casa, iba pensando en lo que poner hoy en el blog, por supuesto algo ingenioso. Y como en aquellos artículos comencé hablando de la crisis, cuando la crisis no era tal crisis, o estaba por definirse si era crisis o recesión del consumo, problemas económicos o quien sabe el qué, encontré la solución a ella, a la crisis.
Tengo la solución para salir de ella, maíz.
Bueno, o trigo, depende. La solución debe de estar, de cualquier manera, en los cereales.
Desde hace unos años, cuando conocí a un productor de huevos alcarreño y me enseñó su granja con unos cuantos miles, bastantes, de gallinas, y le hice la broma fácil de “seguro que eres uno de los tíos con más huevos de España”, todos los años, por Navidad, nos manda a casa 48 huevos, de los de dos o tres yemas que luego repartímos entre la familia. Yo creo que por presumir de los mismos.
Para Semana Santa, por lo de las torrijas, nos manda 24, de los de una yema, que se perdona por lo del colesterol.
Pues al llegar a casa me dice mi mujer:
-Esta semana no hay que comprar huevos.
Desde luego que, digan lo que digan, el huevo es un arte. Porque, a ver, de no ser una hermosa, oronda y altanera gallina alcarreña, ¿Quién es capaz de poner un huevo de tres yemas con sabor a Guadalajara?
Me cené un huevo frito, con su apetitoso aceitito de oliva virgen extra (el domingo me trajeron una botella de Jaén, mal está decirlo porque en la Alcarria también tenemos buen aceite), sabía a Guadalajara, el huevo, claro.
Lástima que este año la dichosa crisis haya alcanzado también a las gallinas. ¿Tal mal anda la cosa?
Es que en la caja, con la clásica nota de felicidades habitual tan solo había doce huevos. ¿Y los otros 36?
Los míos, este año, se quedan sin huevos.
Me ha surgido la duda y es algo que un día de estos tengo que aclarar, ¿somos nosotros los que estamos en crisis, o son las gallinas?
A Curri Valenzuela se lo pregunto en cuanto la vea, que ella se lo sabe todo.
Quien manda, manda. ¿Certain ou non, monsieur le président? ¡Hay Sarkozy, cuánto vales y qué poco te quieres!