CUANDO SE MURIO ELVIS PRESLEY…
Me causó mucha pena. Yo creo que tanta como a los mismísimos americanos.
Al menos los que se encontraban en la bolera aquella mañana en la que la foto del susodicho aparecía en portada de la prensa mundial. Me compré el New York Times por diez centavos, y con una Budweiser, quince centavos más, me senté a leer los periódicos. Yo y quienes me acompañaban, tres o cuatro amigos que, para no tener el mismo y comparar opiniones, buscaron en el catálogo del kiosco otros títulos.
Viendo aquellas crónicas nos mirábamos, incrédulos, sin querer admitir la noticia.
Es lo bueno que tiene saber idiomas, que puedes leer periódicos en francés o en inglés o en turco, o en lo que sea, y te enteras de las noticias.
Por eso es muy importante lo que hoy he escuchado en la radio, al hilo de no se qué de un acto de Montilla, y de que el Barcelona ha ganado el título que le faltaba. En los colegios de Cataluña se impone el bilingüismo. Bien está. El catalán como primer idioma, francés o inglés como alternativo.
Tengo un primejo (político, o sea por matrimonio), que habla el euskera a la perfección, se llama Erkaitz o Unaitz o algo así. El verano pasado su abuelo, el pobre Ezequiel, no sabía cómo entenderse con su nieto, porque el nieto no hablaba ni papa de castellano. Y el abuelo es de un pueblo de Avila y no habla ni papa de euskera.
¡Qué tiempos aquellos en los que, en los colegios, aprendíamos a hablar, primero en castellano, y luego en francés o en inglés! o en euskera, o en gallego, o en catalán…
Desde luego que los idiomas son importantes. Claro, hay uno que es universal, el de los signos. Pero cuando aparece una noticia en la prensa, y la tienes que leer, los signos no sirven para nada.
Me causó una gran pena que mi primejo político no pudiera hablar con su abuelo. Yo creo que, aunque Euskadi, o Cataluña, o Galicia o… traten de buscarse una identidad propia, a la que desde luego tienen derecho dentro de un orden, lo lógico, lo práctico, lo sensato, sería enseñar a los niños a dominar el bilingüismo, catalán/castellano, euskera/castellano…
¿De que le sirve a un catalán saber de carrerilla la lengua de Shakespeare para preguntar por la calle de las Huertas en la Puerta del Sol de Madrid?, o viceversa por su semejante en Barcelona.
Mi pregunta es: ¿Qué es más importante, que un niño aprenda castellano en cualquiera de las comunidades españolas para poder hablar y entenderse con su abuelo, o aprender inglés para enterarse de lo que pone la prensa inglesa o americana?
Es que claro, el día aquel en el que la prensa americana daba la noticia de la muerte de Elvis Presley tanto yo como mis amiguetes de mili, en la base aérea de Torrejón, nos quedamos con las ganas de saber lo que decían todas aquellas columnas impresas en letra diminuta, aunque podíamos entendernos a la perfección con nuestros abuelos.
Hoy, muchos chiquillos, pueden leer periódicos en francés o en inglés, pero no pueden entenderse con sus abuelos.
Supongo que alguien tendría que reflexionar un poco en torno a la materia, o inventar el castellacatalonio o el euskocastellano o el…
Lupe Sanz, que sabe un rato de estas cosas, tantas como de Uceda, me diría: “que aprendan todos el esperanto”. Es una opción.
El día aquél en el que nos enteramos de que se murió Elvis Presley, tras tomarnos las cervezas, salimos a la Avenida Colón; al otro lado, en la oficina de correos americana, la bandera ondeaba a media hasta. El sargento Rodríguez, ayudante del sheriff, un portorriqueño aspirante a dibujante de la Disney, nos dio la noticia en perfecto castellano.
-Ha muerto el rey del rock.
Lo entendimos a la perfección. La importancia de tener un idioma común y sin fronteras.
Después de hablar de los idiomas, en la radio, se pusieron a hablar del sorteo de la lotería de Navidad, lo que juega y cuántos números juega casa español.
No me salen las cuentas, o debo de ser la excepción a la regla, porque yo solo juego tres números, el de la Rampa de Sigüenza, el de la Barbacana de Torija y el de la Casa de Guadalajara en Madrid.
El viernes me trajeron los décimos del 21.884. Hice rápidas las cuentas, tantos talonarios, tantas papeletas por talonario… calculo que entre cuatro y cinco mil familias serían dichosas.
Si toca en la Rampa de Guadalajara, o en la Barbacana de Sigüenza, me tocará. Si sale el 21.884 estaré entre esas miles de familias a las que, sin jugar, nos tocará el martes la lotería, porque hay cosas que, por estar por encima del interés económico, no tienen precio.
Una de esas papeletas del 21.884, aunque no hizo el viaje, tiene por la parte de atrás una dirección, rue de Lacoste…. Moulliets et Villemartin… Hay amigos@ que traspasan fronteras y llegan al corazón, y junto al avellano, a la sombra del álamo blanco, el ordenador en el que esto escribo lo pasa genial.
Luego recibí una llamada para decirme que en Peñalver hacía un frío dulce de miel, y que había perdido la apuesta. A ojo le había calculado a Vicente del Bosque ocho arrobas y pico, erré en una. Qué le vamos a hacer…