
SAN ROQUE EN ATIENZA
Día 16. San Roque. (Sobre este festejo ver: Tomás Gismera Velasco, “San Antón y San Roque, el cochino y el boto, en el folclore atencino. Cuadernos de Etnología, nº 39).
No obstante, vuelvo a Isabel Muñoz Caravaca para hacer un reflejo de la cotidianidad de la fiesta:
“El día 15 de agosto por la noche todo el pueblo se congrega en esta calle, (la de Cervantes, donde se encuentra la capilla de San Roque), hombres y muchachos provistos de palos, mejor cuanto mas largos y gruesos, en un extremo de los cuales ponen un boto, esto es, un cuero viejo de vino, los prenden fuego y los pasean a todo lo largo de la calle llena de gente, ardiendo, chorreando pez hirviente en gruesas gotas que caen donde caen, yo no se como no se abrasan diez o doce personas todos los años. Un humo irrespirable de pellejos y pez quemados llena la calle y el lugar. Al empezar la fiesta los chicos van cantando los estribillos corrientes y vulgares, incongruentes o licenciosos después el tufo y la conciencia de “a lo que estamos”, enardecen los ánimos; cesan las canciones y sobre la algarabía de la concurrencia solo se escuchan voces formidables, ¡viva San Roque!, y al fin, ¡viva Roque!, que el entusiasmo acaba por apear el tratamiento. Esto dura mientras duran los cueros de desecho. Tal es el homenaje al santo para que libre a las personas y a los ganados, antes a los ganados, de la peste. Llega el día 16 y el culto especial consiste en pasear los bueyes de labranza por delante de la capillita, después en la plaza capea por la mañana y por la tarde, es indispensable; si los bueyes no pasaran y los mozos no los torearan el santo se enfadaría y vendría la zootia…
Esto es rigurosamente exacto, yo lo oí contar un año en que estos bichos padecieron no se que alife, que la culpa fue que se suspendió la capea del año anterior.
Yo vi desfilar por delante de mi ventana a los últimos espectadores para pasar por ante el altar, cuya contemplación en aquel momento hacia mas retroceder y retroceder a la Edad Media, y en el último grupo un hombre con voz potente y entonación seria y tranquila, como quien cumple un deber, con la fe, convicción profunda que vale mas que la efervescente exaltación, exclamó ¡Viva San Roque!, y alguien que venia detrás contestó con el mismo acento, ¡Viva!”
Cabe destacar que la festividad era una a las que tanto el Concejo primero, como el Ayuntamiento después, asignaban fondos de las arcas municipales para su celebración. Tal y como consta en algunas anotaciones de los archivos municipales. Tanto para la cera, como para los toros y novenas que tenían lugar en la iglesia de San Juan del Mercado, y para las que asignó, como ejemplo, en 1752, 233 reales.
No obstante, vuelvo a Isabel Muñoz Caravaca para hacer un reflejo de la cotidianidad de la fiesta:
“El día 15 de agosto por la noche todo el pueblo se congrega en esta calle, (la de Cervantes, donde se encuentra la capilla de San Roque), hombres y muchachos provistos de palos, mejor cuanto mas largos y gruesos, en un extremo de los cuales ponen un boto, esto es, un cuero viejo de vino, los prenden fuego y los pasean a todo lo largo de la calle llena de gente, ardiendo, chorreando pez hirviente en gruesas gotas que caen donde caen, yo no se como no se abrasan diez o doce personas todos los años. Un humo irrespirable de pellejos y pez quemados llena la calle y el lugar. Al empezar la fiesta los chicos van cantando los estribillos corrientes y vulgares, incongruentes o licenciosos después el tufo y la conciencia de “a lo que estamos”, enardecen los ánimos; cesan las canciones y sobre la algarabía de la concurrencia solo se escuchan voces formidables, ¡viva San Roque!, y al fin, ¡viva Roque!, que el entusiasmo acaba por apear el tratamiento. Esto dura mientras duran los cueros de desecho. Tal es el homenaje al santo para que libre a las personas y a los ganados, antes a los ganados, de la peste. Llega el día 16 y el culto especial consiste en pasear los bueyes de labranza por delante de la capillita, después en la plaza capea por la mañana y por la tarde, es indispensable; si los bueyes no pasaran y los mozos no los torearan el santo se enfadaría y vendría la zootia…
Esto es rigurosamente exacto, yo lo oí contar un año en que estos bichos padecieron no se que alife, que la culpa fue que se suspendió la capea del año anterior.
Yo vi desfilar por delante de mi ventana a los últimos espectadores para pasar por ante el altar, cuya contemplación en aquel momento hacia mas retroceder y retroceder a la Edad Media, y en el último grupo un hombre con voz potente y entonación seria y tranquila, como quien cumple un deber, con la fe, convicción profunda que vale mas que la efervescente exaltación, exclamó ¡Viva San Roque!, y alguien que venia detrás contestó con el mismo acento, ¡Viva!”
Cabe destacar que la festividad era una a las que tanto el Concejo primero, como el Ayuntamiento después, asignaban fondos de las arcas municipales para su celebración. Tal y como consta en algunas anotaciones de los archivos municipales. Tanto para la cera, como para los toros y novenas que tenían lugar en la iglesia de San Juan del Mercado, y para las que asignó, como ejemplo, en 1752, 233 reales.
(De:APUNTES SOBRE EL CALENDARIO FESTIVO TRADICIONAL EN ATIENZA Y NOTICIAS SOBRE SUS CELEBRACIONES, de Tomás Gismera Velasco).