sábado, agosto 29, 2009




















LOS FRANCESES, LAS OSTRAS Y LA TONTERIA DEL RATON.

A veces pensamos que lo nuestro, en España, es único, y que con nuestras particularidades nos sentimos más únicos todavía.
Pues bien, los franceses, que son muy cultos e inteligentes, también tiene sus particularidades. Nos sucedió el jueves, en la tierra de las ostras, la que va desde Arcachón a Cap Ferrer, y más allá. Donde se crían las ostras más apetecibles, eso si, sin perlas. Los criadores de ostras, que son muchos, están que trinan con una de esas costumbres que pertenece a la noche de los tiempos.
Os lo cuento:
Resulta que para comprobar si las ostras son o no comestibles antes se las dan a probar a un ratón, si el ratón se muere las ostras de ese día no se pueden comer, y hay que esperar al siguiente, a ver si hay suerte y el ratoncito Pérez particular de los franceses resiste la ingestión de ostras.
Pues el jueves se nos antojó darnos una merendola de ostras por esas tierras y, resulta que el ratoncito que las probó se murió y por esa ley de la costumbre, que está incluso aprobada por la Comunidad Europea, las ostras ese día no se podían comer, a menos que se hiciese de extranjis. El resultado es que nos hartamos de ostras, de extranjis claro, a 2 euros la docena. Riquísimas. Eso fue el jueves, día en que se murió el ratón. Hoy es sábado, y aquí seguimos, en Castillon de la Bataille, como si tal cosa, el tiempo está nublaete, hace una temperatura de 23 grados, llega la humedad de La Dordogna, la uva, con vino de Burdeos dentro, continúa madurando, las ardillas siguen saltando de roble en roble y yo aquí, escribiendo esto. Eso si, harto de ostras ¿o no? Esta tarde tomaremos otras tantas, hoy, por lo visto, no se murió el ratón.