martes, junio 09, 2009


LOS SOCIOS FUERON LOS PROTAGONISTAS EN LA JORNADA DE ANIVERSARIO DE LA CASA DE GUADALAJARA EN MADRID.

Dentro de los actos del 76 aniversario que desde comienzos del mes de junio viene desarrollando la Casa de Guadalajara en Madrid, la jornada del martes se dedicó a la historia de la Casa a través de los socios.
En un acto presentado y moderado por el vocal de Cultura, Javier Lizón, se propuso dar la palabra a quienes desde sus orígenes son la fuente y esencia del centro guadalajareño en Madrid, desechando la iniciativa inicial de ofrecer una conferencia histórica sobre los orígenes de la Casa, historia harto conocida por cuantos a diario pasan por ella.
Los asombrados concurrentes, en un principio reacios a contar sus propias historias, y tras romper la barrera, comenzaron a desgranar las historias de sus propias vivencias en una tarde que se llenó de amenidad, y que se hizo corta, a pesar de que se extendió mucho más allá de los límites que imponen los horarios culturales.
La tarde, comenzó con los recuerdos del socio con carnet número 1 de la Casa, Manuel López Villalba quien, rebasada la línea de los ochenta años de edad, fue desgranando, con la emoción que se añade a los recuerdos de juventud, cuales fueron los primeros pasos para la reapertura de la Casa en su actual sede de la plaza de Santa Ana. Comentó López Villalba cómo, en aquellos difíciles finales años de la década de 1950, se fueron reuniendo algunos guadalajareños en los comercios de Madrid, pertenecientes a gentes de Guadalajara, hasta formar una peña en la portería de un paisano de Gajanejos, en la calle, precisamente, del conde de Romanones, de donde surgió la idea de reconstituir esa Casa que quedó en el aire de las tertulias de café. De sus charlas con doña Casilda, condesa viuda de Romanones, para “que nos echase una mano en la aventura”, y de esos difíciles y complicados comienzos que dieron origen a la actual sede.
La emoción de López Villalba dio paso a los recuerdos de cómo conoció la Casa uno de los asociados más antiguos, Alejandro Henche, carnet número 247, cuando con quince o dieciséis años entró por vez primera en la sede de la Casa. De los recuerdos de Esteban Palazuelos quien, en uno de aquellos bailes dominicales conoció a su esposa; de Victoria, que la conoció recientemente y se convirtió en asidua de tertulias y conferencias y eso que “llegué tarde a pesar de ser de Mondéjar”; de Rosario, que llegó con su marido, y continúa en la Casa sin él, y en homenaje a él; del maestro Rafael Pedrós,, con más de cuarenta retablos en las iglesias de nuestros pueblos, y que llegó de la mano del doctor Castillo de Lucas, de Montarrón, y de Aragonés Subero, uno de los grandes etnógrafos que nos vive en la provincia; de los recuerdos de Rafael Velasco junto a Sinforiano García Sanz, “Sinfo”, aquel que hizo revivir el espíritu de las botargas; de Pilar Abad, recordando que tiene el corazón dividido entre dos poblaciones punteras, Hita y Fuentelencina; de Mari Carmen Cogolludo, de…. Los recuerdos de Manuel Martínez Morales, de Milmarcos, de quien se afirmó que hubiese sido el mejor ministro de Economía del reino, ya que ha sido, durante más de diez años, responsable de la contaduría de la Casa; de aquellas mujeres que vieron un día como su pueblo, Alcorlo, lo cubrían las aguas. Una tarde de recuerdos, de sentimientos y de memorandas.
Al final la tarde quedó corta. Quienes estaban presentes, relatando el momento del encuentro con la Casa de Guadalajara, lo que les unió a ella, lo que sienten por ella, lo que viven en ella, forjó un embrujo de sentimientos que dieron a los organizadores, Tomás Gismera y Javier Lizón, la sensación de que, pese a quien pese, hay una Guadalajara que vive en Madrid, que quiere ser Guadalajara, y que la quiere vivir; aunque las circunstancias les obliguen a residir en la capital de España, aunque, como bien se apuntó, la mayoría de los presentes estaban empadronados, ya, en sus pueblos de origen, por ser más Guadalajara.
La tarde-noche concluyó con un brindes, por el aniversario de la Casa de Guadalajara, con ese sentimiento de que, una historia tan personal y prolongada en el tiempo no debería terminarse nunca.
Había emoción cuando los socios, tras una tarde tan agradable, abandonaban el salón Cardenal Mendoza, donde habían dejado los sentimientos de sus primeras evocaciones en el “exilio” emigratorio de las décadas de 1950 y 1960, y que deseaban, y desean, tener su rinconcito de Guadalajara en Madrid.
Las festividades el aniversario continúan, es la fiesta de todos los guadalajareños residentes en Madrid, con el corazón, y el sentimiento, en Guadalajara.