
VILLAESCUSA DE PALOSITOS, LA TRISTEZA DE UN PUEBLO.
Villaescusa de Palositos es uno de tantos pueblos que, en la provincia de Guadalajara quedaron despoblados a consecuencia de aquella feroz emigración que comenzó en la década de 1950 y continuó hasta dejar deshabitados un buen número de poblaciones.
El caso de Villaescusa de Palositos no es único, pero si llama la atención la lucha de sus descendientes por mantener las raíces de sus mayores.
Villaescusa ha saltado a la prensa nacional en múltiples ocasiones, y es habitual al menos desde hace cuatro o cinco años, desde que aquellos que dejaron la población y con ella sus recuerdos, han intentado regresar a él para encontrar que su población, aquella que dejaron atrás, en la que nacieron y crecieron sus mayores, se ha convertido en una especie de finca particular, y vallada, con la prohibición de paso, incluso a su cementerio. Gran parte del término municipal fue vendido por sus antiguos moradores y la población con su término, se dedica ala explotación agrícola y de caza.
Su actual propietario cercó y delimitó el término de Villaescusa de Palositos, una población que, junto a Torronteras y Hontanillas, nunca llegó a contar con carretera. Para llegar a estas poblaciones había que hacerlo a través de los antiguos caminos de herradura.
Fue la esencia de la charla que se ofreció en la tarde del martes en la Casa de Guadalajara en Madrid, charla coloquio, con proyección de imágenes, a cargo de Carlos Otero Rey y de Juan Antonio García Ramos, quienes fueron esbozando la vida de un pueblo, cuando este tenía vida. Y la vida de las gentes de este pueblo, cuando en este pueblo había gentes.
Nada hay más doloroso que tener que abandonar la tierra natal, eso lo conocían la mayoría de las personas que, en elevado número emigrantes en Madrid, llegaron a la capital de España a la búsqueda de una vida mejor, y se trasladaron a la Casa de Guadalajara en Madrid para escuchar hablar de su pueblo. Demostrando que la Casa de Guadalajara en Madrid continua siendo el eje sobre el que se mueve el mundo de la emigración provincial.
Pero lo que hace peculiar el caso de Villaescusa de Palositos no es que quedase despoblado, o que parte de su término municipal fuese adquirido por un único propietario, sino que ese propietario cercase el término municipal y haya incluso dificultado el acceso al cementerio de la población para todos aquellos que en aquella tierra mantienen sus recuerdos familiares de un tiempo que, tal vez no fue mejor, tal vez fuese diferente.
Año tras año se viene repitiendo la “marcha de las flores”, una reinvicación de quienes salieron por tener el derecho a llevar flores a sus mayores, a quienes allí descansan. En aquel cementerio no se entierra a nadie desde 1972, pero hasta esa fecha fueron muchas las personas quedaron en él.
Su acceso está vallado, lo mismo que el acceso a la iglesia, a los caminos, a las veredas aquellas de la ruta de la lana, caminos estatales, municipales, patrimoniales de todos.
¿Hay alguna solución para ello? Pues tal vez si, que lo que es de todos siga siendo de todos, y lo que es de propiedad particular continúe en la propiedad particular.
Fueron algunas de las cosas que se escucharon a lo largo de la tarde y, observando la tristeza en los ojos de muchos de los hijos de Villaescusa de Palositos, cuando se habla del traslado de la iglesia o de la desaparición o, también, traslado del cementerio, a cualquiera de quienes un buen día tuvimos que dejar nuestra tierra natal se nos ocurre pensar lo mismo: “dejadnos al menos mantener los recuerdos sobre la tierra que originó esos recuerdos”.
Fue una tarde intensa para muchas de las personas que se reconocieron en las imágenes que se fueron proyectando y que, tan solo piden el derecho de poder acudir, al menos una vez al año, sin que nadie se interponga en su camino, a depositar unas flores sobre el montículo de tierra bajo el que reposan sus antepasados.
El caso de Villaescusa de Palositos no es único, pero si llama la atención la lucha de sus descendientes por mantener las raíces de sus mayores.
Villaescusa ha saltado a la prensa nacional en múltiples ocasiones, y es habitual al menos desde hace cuatro o cinco años, desde que aquellos que dejaron la población y con ella sus recuerdos, han intentado regresar a él para encontrar que su población, aquella que dejaron atrás, en la que nacieron y crecieron sus mayores, se ha convertido en una especie de finca particular, y vallada, con la prohibición de paso, incluso a su cementerio. Gran parte del término municipal fue vendido por sus antiguos moradores y la población con su término, se dedica ala explotación agrícola y de caza.
Su actual propietario cercó y delimitó el término de Villaescusa de Palositos, una población que, junto a Torronteras y Hontanillas, nunca llegó a contar con carretera. Para llegar a estas poblaciones había que hacerlo a través de los antiguos caminos de herradura.
Fue la esencia de la charla que se ofreció en la tarde del martes en la Casa de Guadalajara en Madrid, charla coloquio, con proyección de imágenes, a cargo de Carlos Otero Rey y de Juan Antonio García Ramos, quienes fueron esbozando la vida de un pueblo, cuando este tenía vida. Y la vida de las gentes de este pueblo, cuando en este pueblo había gentes.
Nada hay más doloroso que tener que abandonar la tierra natal, eso lo conocían la mayoría de las personas que, en elevado número emigrantes en Madrid, llegaron a la capital de España a la búsqueda de una vida mejor, y se trasladaron a la Casa de Guadalajara en Madrid para escuchar hablar de su pueblo. Demostrando que la Casa de Guadalajara en Madrid continua siendo el eje sobre el que se mueve el mundo de la emigración provincial.
Pero lo que hace peculiar el caso de Villaescusa de Palositos no es que quedase despoblado, o que parte de su término municipal fuese adquirido por un único propietario, sino que ese propietario cercase el término municipal y haya incluso dificultado el acceso al cementerio de la población para todos aquellos que en aquella tierra mantienen sus recuerdos familiares de un tiempo que, tal vez no fue mejor, tal vez fuese diferente.
Año tras año se viene repitiendo la “marcha de las flores”, una reinvicación de quienes salieron por tener el derecho a llevar flores a sus mayores, a quienes allí descansan. En aquel cementerio no se entierra a nadie desde 1972, pero hasta esa fecha fueron muchas las personas quedaron en él.
Su acceso está vallado, lo mismo que el acceso a la iglesia, a los caminos, a las veredas aquellas de la ruta de la lana, caminos estatales, municipales, patrimoniales de todos.
¿Hay alguna solución para ello? Pues tal vez si, que lo que es de todos siga siendo de todos, y lo que es de propiedad particular continúe en la propiedad particular.
Fueron algunas de las cosas que se escucharon a lo largo de la tarde y, observando la tristeza en los ojos de muchos de los hijos de Villaescusa de Palositos, cuando se habla del traslado de la iglesia o de la desaparición o, también, traslado del cementerio, a cualquiera de quienes un buen día tuvimos que dejar nuestra tierra natal se nos ocurre pensar lo mismo: “dejadnos al menos mantener los recuerdos sobre la tierra que originó esos recuerdos”.
Fue una tarde intensa para muchas de las personas que se reconocieron en las imágenes que se fueron proyectando y que, tan solo piden el derecho de poder acudir, al menos una vez al año, sin que nadie se interponga en su camino, a depositar unas flores sobre el montículo de tierra bajo el que reposan sus antepasados.
Tomás Gismera Velasco.